domingo, 27 de septiembre de 2009

EL ACOSO DE LOS CACHORROS

La jauría y la niebla, Martín Casariego, Algaida, 2009, II Premio Logroño de Novela

Martín Casariego (Madrid, 1962) trata en su última novela un tema de bastante actualidad: el acoso escolar y sus consecuencias. La jauría y la niebla se ambienta en una pequeña población vasca y cuenta tres historias paralelas que transcurren en un solo día y cuyos relatos confluyen en algunos momentos del libro.

Son las historias de Ander, Leandro e Ignacio Mayor. Ander es un estudiante de bachillerato que siempre ha estado integrado con sus compañeros de clase pero que, de repente y por motivos que el autor sólo apunta para que el lector vaya adivinando, comienza a ser hostigado y marginado por ellos. Ander vive en silencio esa tortura sin que nadie externo al grupo –ni sus agobiados padres ni los profesores del centro- sea capaz de detectarla e impedirla. Leandro es el hermano pequeño de Ander y su mayor preocupación es resolver una duda que lo angustia: si los Reyes Magos son o no los padres. Una metáfora que simboliza claramente el final de la inocencia. Ignacio (o Iñaki) Mayor es un escritor ya entrado en años que ese día visita la escuela y el instituto de la localidad para hablar a los alumnos sobre el libro que acaba de publicar.

Como telón de fondo de la novela aparece la situación en el País Vasco. Se puede observar en algunos pasajes del libro la intolerancia que sufren, aunque quienes la ejercen crean paradójicamente lo contrario, los que no se muestran como nacionalistas vascos. Entre ellos están los padres de Ander. La denuncia de esa situación no es aquí tan evidente como en el magnífico libro de relatos Los peces de la amargura, de Fernando Aramburu, pero se adivina su presencia decisiva y se muestra explícitamente en algunas situaciones: la madre que abofetea a su hijo por hablar en castellano, el monitor que vigila que los niños sólo hablen eusquera en el patio o el escritor Ignacio Mayor que ya no puede volver a visitar el instituto porque no escribe en vasco.

Las tres historias se van contando en paralelo alternándose en los sucesivos capítulos, de manera ágil y fluida. El tema del acoso escolar, cuyo tratamiento en algunas ocasiones puede derivar hacia un cierto sensacionalismo, es tratado aquí con bastante rigor y verosimilitud. Todo ello hace de la “La jauría y la niebla” una novela de lectura recomendable.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 20 de septiembre de 2009

INDIGNACIÓN Y CASTIGO

Indignación, Philip Roth, Mondadori, 2009, 165 páginas

Philip Roth (Newark, 1933) es una de las grandes voces de la narrativa estadounidense actual. Su última novela, Indignación, es otra muestra más de su enorme talento literario, que se mantiene intacto con el paso de los años.

Indignación es un relato breve, aparentemente una simple novela de iniciación que transcurre en los primeros años cincuenta del pasado siglo XX. Sin embargo, en las pocas páginas del libro se condensan algunos grandes temas, muchos de ellos ya presentes en otras obras del autor: la necesidad de emanciparse de la familia, la fuerza casi incontenible del sexo, los primeros amores, las relaciones del individuo con la sociedad, el afán del poder de manipular al individuo en nombre de los intereses del grupo inmiscuyéndose en los aspectos privados de su vida, la dificultad de ser y mostrarse independiente, el imparable deterioro que produce la edad, las reacciones impulsivas y sus consecuencias, la angustia existencial o el temor a la muerte. Y, como telón de fondo, el puritanismo de la sociedad americana entre la Segunda Guerra Mundial y la llegada de John Kennedy a la presidencia del país.

El protagonista de Indignación es Marcus Messner, un joven judío de Newark, en Nueva Jersey. Marcus es el único hijo de una familia trabajadora y honrada que regenta una carnicería. Ante la agobiante preocupación de su padre por evitarle cualquier riesgo, el joven decide ir a estudiar a la lejana universidad de Winesburg, en Ohio, en la America más rural y puritana. Marcus sólo se preocupa por aplicarse y conseguir unas notas brillantes que le permitan mejorar la situación social de su familia y evitar ser enviado como soldado a la guerra de Corea. Sin embargo, su vida solitaria y su rechazo a formar parte de cualquier asociación, a realizar deportes de grupo o a participar en las ceremonias religiosas obligatorias hacen que el decano de los alumnos lo llame a su despacho. Las dos entrevistas, sobre todo la primera, entre el decano Caudwell y Marcus son dos de los mejores momentos de la novela. El joven estudiante hace una argumentada defensa de la individualidad y de la independencia de criterio, con citas a Bertrand Rusell, frente a los intentos de injerencia en la privacidad que cercenan la libertad del individuo. La aparición de la joven y compleja Olivia y las consecuencias de sus indignadas respuestas a Caudwell complicarán aún más las cosas a Marcus y precipitarán su desgraciado final.

La lectura de los libros de Philip Roth no suele dejar indiferente. De alguna manera consigue siempre agitar la conciencia del lector. Ese es, sin duda, uno de sus mayores logros.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 13 de septiembre de 2009

CIEN AÑOS DE "LAS TARDES DEL SANATORIO" DE SILVIO KOSSTI

Silvio Kossti fue el pseudónimo utilizado por Manuel Bescós en sus escritos literarios. Con él publicó en 1909 su primer libro, una obra miscelánea, sorprendente y algo extraña titulada “Las tardes del sanatorio”. El propio Bescós costeó con 968,45 pesetas de su bolsillo la impresión de 1300 ejemplares del libro en la sucursal que tenía en Huesca la imprenta zaragozana Tipografía Blasco. Desde su publicación, hace ahora cien años, sólo una vez ha sido reeditada esa obra. Fue en 1981 en la Nueva Biblioteca de Autores Aragoneses de Guara Editorial, con una magnífica introducción del profesor José Carlos Mainer.

Manuel Bescós Almudévar había nacido en Escanilla en 1866. Aunque su familia tenía su domicilio en Huesca, vino al mundo en esa pequeña localidad sobrarbense porque su padre dirigía en aquel tiempo las obras de la carretera entre Naval y Mediano. Don Francisco Bescós era un destacado carlista que acabó exiliándose en Francia, donde montó un próspero negocio de exportación e importación de vinos y aceites. El pequeño Manuel pasó en el país vecino los años de la infancia y después fue enviado a Zaragoza a continuar sus estudios con los jesuitas. Licenciado en Derecho, Manuel Bescós fue un hombre activo y emprendedor, ejemplo de una burguesía productiva que históricamente ha sido muy poco frecuente en nuestra tierra. Como hijo primogénito, heredó los negocios de su padre, que supo ampliar y reconvertir, y disfrutó de una desahogada situación económica. En lo político fue un regeneracionista, deseoso de acabar con el caciquismo y la corrupción política tan arraigados en nuestra provincia. Se mostró siempre como un acérrimo defensor de las ideas de Joaquín Costa, al que idolatraba y con quien mantuvo una interesante correspondencia que fue publicada hace unos años por George J. G. Cheyne (“Epistolario Joaquín Costa – Manuel Bescós (1899-1910)”, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1979). Bescós llegó a ser alcalde de Huesca en 1923. Fue una experiencia breve y poco feliz, pues dimitió a los cuatro meses de haber ocupado el cargo. Murió en la capital altoaragonesa en 1928.

Manuel Bescós fue un hombre con una gran formación cultural y literaria. Viajó por gran parte de Europa y fue un ávido lector, sobre todo de los clásicos, tanto antiguos como modernos. Dominaba el latín y algunos idiomas vivos como el francés, el inglés o el italiano. Tenía también conocimiento de materias tan diversas como la filosofía, la medicina, la electricidad, la física o el cine. En lo religioso se mostró siempre, desde posturas polemistas, irónicas e iconoclastas, como anticlerical y ateo. Y, de manera menos clara y explícita, como defensor de un vitalismo entre hedonista y epicúreo, próximo al nietzschismo finisecular tan presente en algunos autores del Modernismo y el 98.

Además de “Las tardes del sanatorio”, Silvio Kossti publicó otros dos libros: “La gran guerra” (1917) y “Epigramas” (1920). Él mismo mandó retirar esta última obra tras su publicación por temor a que su contenido pudiera dañar la carrera de dos hijos suyos que habían entrado en el ejército. De estos “Epigramas” existe una edición moderna de 1999, publicada en Huesca por La Val de Onsera con prólogo de Juan Carlos Ara. Kossti es también autor de un pequeño cuento titulado “Los espirituados de Santa Orosia”, editado en Zaragoza en 1910 dentro del libro colectivo “Cuentistas aragoneses”.

Manuel Bescós propuso a Joaquín Costa escribir conjuntamente una novela que se titularía “El último tirano”. Llegó a enviar incluso a su admirado amigo un amplio plan del argumento del libro, que se puede leer en la correspondencia entre ambos publicada por Cheyne. Por distintos motivos el proyecto no llegó a cuajar. Además, Bescós escribió multitud de artículos en diversos diarios y publicaciones de su tiempo. La mayoría de tipo político, pero también algunos de crítica literaria y de otros temas.

Silvio Kossti pertenece a un cierto renacimiento de la literatura aragonesa que se produjo a finales del siglo XIX y principios del XX y que ha sido bien estudiado por el profesor José Luis Calvo Carilla en su libro “El Modernismo literario en Aragón” (Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1989). Sobre la interesante figura de Manuel Bescós ha escrito la profesora Carmen Nueno Carrera el excelente trabajo “Aproximación a la vida y la obra de Manuel Bescós (Silvio Kossti)”, publicado en el libro “Homenaje a José Manuel Blecua” (Instituto de Estudios Altoaragoneses, Huesca, 1986). De la misma autora es el texto “Los artículos políticos de Manuel Bescós” (Revista Argensola, n. 93, Huesca, 1983). Estas dos últimas referencias pueden consultarse también a través de Internet.

“Las tardes del sanatorio” tuvo una gestación lenta y difícil. Como su título indica fue escrito con motivo de la convalecencia de Bescós tras ser sometido a una delicada operación quirúrgica. Los médicos que lo operaron fueron Joaquín Montestruc y Ricardo Royo Villanova, ambos eran amigos del autor y a ellos corresponden las iniciales de la dedicatoria del libro.

“Las tardes del sanatorio” no tuvo demasiado éxito cuando apareció, aunque disfrutó de alguna crítica favorable. Se trata sin duda de un libro original y bien escrito, donde el autor muestra su amplia cultura y su gran erudición, pero de lectura hoy algo pesada en algunas de sus páginas. Silvio Kossti mezcla elementos muy variados en los 18 textos que componen la obra. Hay una parte más científica y filosófica y otra más narrativa y literaria que es la que se lee hoy con mayor gusto. Este cierto desequilibrio ya fue observado por Costa, a quien su amigo envió enseguida el libro para someterlo a su juicio, que fue en general muy favorable. Sin embargo, Don Joaquín, mucho más recatado en esos temas, criticó la excesiva impudicia erótica de algún texto de la obra (“El Pithecanthropos”) y la utilización de algunos arcaísmos y galicismos innecesarios y algo pedantes. El autor defendió su uso apoyándose en que escritores de renombre, como su admirado Valle-Inclán, también los habían utilizado en sus obras.

En la contraportada de la edición moderna de 1981 hay un párrafo que a mi parecer resume perfectamente el heterogéneo contenido del libro. Lo transcribo en su integridad: “‘Las tardes del sanatorio’ es un libro misceláneo donde se habla con desenvoltura de antropología criminal y de experimentos médicos, se defiende un ateísmo combativo y se postula una curiosa filosofía vitalista y “científica”, apoyada en referencias a Darwin, Kropotkin, Spencer, Faure, y todo un significativo parnaso finisecular. Y todo ello, al modo de un moderno “Decamerón”, se ilustra con chistes e historietas picantes, poemas y dramatizaciones, y hasta con una novela corta de lubricidad tan sabrosa como la que componen el cuadrilátero erótico de un sabio antropólogo alemán, su mujer criolla, un criado negro… y un orangután de Borneo”. Una mezcla de elementos que dan al libro su innegable originalidad pero también una cierta falta de unidad entre materiales tan diversos. Entre ellos aparece incluso el relato de la famosa “justicia de Almudévar”, que procede de la tradición popular y que ya encontramos en el “Pedro Saputo” de Braulio Foz. Tampoco faltan en el libro referencias a ciertos temas de moda entre los círculos modernistas de la época. Así ocurre, por ejemplo, con la sugestión mediante hipnosis o la alusión a la existencia de enfermedades físicas producidas por el nerviosismo o la histeria.

En cuanto a su pensamiento religioso, éste aparece algo más explícito en el “Epílogo” del libro. En él Kossti rechaza el dualismo cristiano que distingue entre la materia y el espíritu y aboga por una concepción unitaria del Universo, una “Verdad Monista”, tal vez próxima al panteísmo, que supere en el futuro lo que él llama “el error religioso en sus diferentes ramas aberrantes”. Bescós cree firmemente en el futuro y en el progreso científico y social de la humanidad. Si bien no tanto en el campo de la Belleza, la sensibilidad y el arte, donde coincide con Heinrich Heine a quien cita: “Siempre la Humanidad estará dividida en dos enormes bandos: los Bárbaros y los Helenos”.
El libro del escritor oscense, como era de prever, no gustó nada a la jerarquía eclesiástica provincial y regional. En el Boletín Eclesiástico del Obispado de Huesca del 15 de junio de 1909 puede leerse lo siguiente: “Habiendo sido examinado el libro titulado “Las tardes del sanatorio” impreso y publicado en esta ciudad; su autor, Silvio Kossti, pseudónimo de persona a quien muy bien conocemos; libro cuyo asunto es la negación del alma y del libre albedrío, la afirmación y defensa del materialismo, la necia pretensión de prescindir de Dios y de toda religión positiva, la burla de cuanto se refiere a la Iglesia e institutos religiosos, cuentos y situaciones pornográficos, y el desatinado empeño de convertir al mundo al antiguo paganismo, doctrina contraria al dogma católico, venimos en condenarlo y prohibir su lectura a todos nuestros diocesanos, y mandamos entregar los ejemplares que alguno tuviese, a su confesor o párroco para ser inmediatamente destruidos”. El Boletín del Arzobispado de Zaragoza repetía dos días más tarde la misma condena.

Manuel Bescós (Silvio Kossti) fue un hombre moderno y avanzado en todos los terrenos, abierto a las innovaciones científicas y culturales de su tiempo, al que tocó vivir en una sociedad todavía muy reacia a unos cambios que el país necesitaba con urgencia. Hace cien años publicó “Las tardes del sanatorio”. Ni el libro ni su autor merecen quedar del todo en el olvido.

Carlos Bravo Suárez

DOS SOLEDADES

La soledad de los números primos, Paolo Giordano, Salamandra, 2009, 281 páginas

La soledad de los números primos está siendo uno de los éxitos editoriales del año. El joven italiano Paolo Giordano (Turín, 1982), licenciado en Física Teórica, ha sorprendido a todos con su primera novela, muy premiada en su país y triunfadora en toda Europa. Una novela que trata principalmente de la soledad de dos personajes, Mattia y Alice, marcados por sendos sucesos ocurridos en su infancia.

Con esos dos hechos determinantes comienza la novela. La narración va dando después sucesivos saltos en el tiempo siguiendo a los personajes en su difícil peripecia vital. Compleja en sus relaciones con los demás, en su incapacidad para comunicarse, para alcanzar el amor, para salir de sí mismos y de su cerrado mundo. Son dos almas gemelas que se reconocen y atraen, pero cuyo acercamiento se presenta complicado y difícil.

El autor, físico él y brillante matemático el protagonista masculino de su novela, recurre desde el título a la metáfora de los números primos, aquéllos que no pueden ser descompuestos en otros, que son diferentes a los demás, distintos a la mayoría. A veces, en la larga serie numérica, encontramos parejas de números primos muy próximos, pero siempre separados por otros, como dos líneas paralelas muy cercanas pero incapaces de converger. Así son, en su singularidad definitiva, Mattia y Alice.

La historia está contada a un ritmo fácil y atractivo. Con capítulos cortos, lenguaje cotidiano y situaciones cargadas de emotividad. De esas que atrapan a la mayoría de los lectores, deseosos de seguir la peripecia sentimental de unos personajes a quienes toma cariño desde el principio y acompaña en su sufrimiento. Porque, aunque desea que esos seres desvalidos y solitarios salgan de su agonía, también sabe que nunca podrán escapar a la trágica fatalidad que su destino les depara.

El autor busca atrapar al lector tocando sus fibras más sensibles. Esas que casi siempre por desgracia se van perdiendo con el paso de los años y que la literatura, sobre todo buena parte de la literatura de éxito, se encarga en ocasiones de hacer que afloren a la superficie. Por eso, esta novela gustará a la mayoría y emocionará a muchos. Discutir sobre si en ella hay o no determinados rasgos de la mejor literatura sería entrar en cuestiones más específicas y restringidas. Y probablemente menos importantes.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 6 de septiembre de 2009

DESUNIÓN EN EL FRENTE

Cartas de Grossi, Sariñena Editorial, Salvador Trallero Editor, 2009.

Las Cartas de Grossi constituyen un interesante documento sobre algunos aspectos de la pasada guerra civil en el frente de Huesca. Su reciente publicación se debe al loable empeño personal de Salvador Trallero y su Sariñena Editorial.

Manuel Grossi Mier (Oviedo, 1905 – Brignoles, 1989) era un combativo minero asturiano que emigró a Barcelona donde se convirtió en destacado militante del POUM, partido comunista de inspiración trotskista. Al estallar la guerra civil, fue uno de los cabecillas de la milicia de su partido que se dirigió al frente de Aragón. Posteriormente, escribió una serie de notas sobre aquellos terribles días que él vivió en primera línea de combate. Esas notas, que conforman un interesante diario de guerra, se encontraban olvidadas en el Instituto de Historia Social Europea de Ámsterdam. De allí las ha rescatado Salvador Trallero para su publicación en el libro que aquí nos ocupa.

El libro se abre con una espléndida introducción histórica a cargo de Pelai Pagès, profesor de la Universidad de Barcelona, y una breve biografía de Grossi del historiador asturiano Ernesto Burgos, y se cierra con una galería de personajes y otra fotográfica.

Grossi insiste en sus notas en que su versión constituye la verdad de lo ocurrido en el frente en aquellos días de guerra. Sin duda se trata de su propia verdad. Son opiniones sinceras y sentidas pero también subjetivas y personales. El asturiano es un hombre de partido y defiende siempre las actuaciones de los milicianos del POUM. No así las de sus líderes militares, a algunos de los cuales critica abiertamente. Censura asimismo la actitud de los anarquistas, a quienes considera demasiado arrogantes por creer que ellos solos podían ganar la guerra. Así se lo manifestó Durruti a Grossi al inicio de la contienda. También el PSUC es blanco de sus críticas. Aunque este partido hizo al principio buenas migas con el POUM, se convirtió después en su enemigo al ponerse los comunistas españoles al servicio de la estrategia de Stalin, que pretendía deshacerse de los trotskistas, acusándolos de vendidos y traidores. A ello achaca Grossi la continua marginación sufrida por sus milicianos en los repartos de armas. Objeto de críticas es también el coronel Villalba, jefe de la guarnición de Barbastro, considerado culpable de algunos de los reveses militares de los republicanos.

Hay en el libro muchas referencias a poblaciones como Sariñena, Grañén, Robres, Leciñena, Huesca o Siétamo. Cartas de Grossi es una obra interesante, que aporta, desde una perspectiva personal y subjetiva, nuevos datos sobre la guerra civil en nuestra provincia.

Carlos Bravo Suárez

jueves, 3 de septiembre de 2009

ELOGIO DE CERVANTES A LOS HERMANOS ARGENSOLA

Como es sabido, celebramos este año el 450 aniversario del nacimiento de Lupercio Leonardo de Argensola, el mayor de los dos hermanos Argensola, ilustres poetas y escritores nacidos en Barbastro en el siglo XVI. En relación con esta efemérides quiero referirme aquí a la alabanza que Miguel de Cervantes, el más ilustre de los escritores españoles, hizo de ambos hermanos en algunas de sus obras literarias.

Miguel de Cervantes y Lupercio y Bartolomé Leonardo de Argensola fueron coetáneos. El autor de El Quijote había nacido en 1547, doce y quince años antes que Lupercio y que Bartolomé respectivamente. Sin embargo, Lupercio fue el primero en morir, en 1613, tres años antes que Cervantes y dieciocho antes que su hermano pequeño. Los tres pertenecen a ese momento de máximo esplendor de nuestras letras que hemos venido en llamar Siglo de Oro, que abarca fundamentalmente la segunda mitad del siglo XVI y la primera del XVII. Cervantes probó fortuna en el teatro y en la poesía y la halló, rebotado de esos géneros en los que no pudo triunfar, en la novela. Su extraordinario Quijote, con el que logró la gloria literaria, es, sin embargo, un libro tardío: su primera parte vio la luz cuando el escritor tenía ya 58 años, y diez años más tarde apareció su continuación. Los Argensola destacaron sobre todo como poetas en un siglo en que la poesía alcanzó muy elevadas cimas.

Nacieron Lupercio y Bartolomé Leonardo de Argensola en la ciudad de Barbastro. Su primer apellido, Leonardo, es de origen italiano; el segundo, Argensola, por el que son conocidos, es el materno. Lupercio estudio en Huesca y Zaragoza. Trabajó en la corte y fue secretario del duque de Villahermosa y de la emperatriz María de Austria. También, más tarde, del conde de Lemos, virrey de Nápoles. En esta ciudad vivió varios años y en ella fundó la llamada Academia de los ociosos. Fue allí donde murió y donde, según Bartolomé, hizo quemar antes sus poemas. Tradujo del latín la poesía de Horacio, cuya lectura siempre recomendaba. Bartolomé estudió en las universidades de Zaragoza y Salamanca, hizo carrera eclesiástica, fue rector de la capilla de los duques de Villahermosa y confesor de la emperatriz María de Austria. Vivió en Madrid, en Nápoles, donde fue capellán del conde de Lemos, y pasó los últimos años de su vida en Zaragoza, ciudad en la que murió. Fue Gabriel Leonardo, hijo de Lupercio, quien en 1634 publicó en Zaragoza en un libro titulado Rimas los poemas de su padre que se salvaron de la quema y los de Bartolomé, que nunca quiso imprimir en vida, muy retocados. Sus versos fueron muy elogiados por Lope de Vega. Ambos practican una poesía de similar estilo, marcado corte clásico y gran perfección formal, aunque alejados del culteranismo gongorino; tal vez algo fría -más la de Lupercio- pero con momentos brillantes y vigorosos. Destacan los dos en el cultivo de la sátira y de la epístola poéticas, y dominan el soneto con maestría. Ambos fueron también historiadores: Lupercio escribió Información de los sucesos del reino de Aragón en los años de 1590 y 1591 y Bartolomé fue autor de La conquista de las islas Malucas, Alteraciones populares de Zaragoza en 1591 y continuador, como cronista de Aragón durante los años 1516 a 1520, de los Anales de Alonso de Zurita. Lupercio, como veremos luego, escribió también tres piezas teatrales alabadas por Cervantes en la primera parte de El Quijote.

En 1585, aparece publicada en Alcalá de Henares La Galatea, primera novela cervantina, del género pastoril entonces tan en boga. Casi al final del libro, en un largo poema escrito en octavas reales y titulado Canto de Calíope, se alaba a una serie de ingenios de la época entre los que están los hermanos Argensola. Cervantes les dedica dos estrofas:

Serán testigos de esto dos hermanos,
dos luceros, dos soles de poesía,
a quien el cielo con abiertas manos
dio cuanto ingenio y arte dar podía.
Edad temprana, pensamientos canos,
maduro trato, humilde fantasía,
labran eterna y digna laureola
a Lupercio Leonardo de Argensola.
Con santa envidia y competencia santa
parece que el menor hermano aspira
a igualar al mayor, pues se adelanta
y sube do no llega humana mira.
Por eso escribe y mil sucesos canta
con tan suave y acordada lira,
que este Bartolomé menor merece,
lo que al mayor, Lupercio, se le ofrece.

Veinte años más tarde, en 1605, se publica en Madrid la segunda novela cervantina, la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. En ella, en el Capítulo XLVIII, el titulado Donde prosigue el canónigo la materia de los libros de caballerías, con otras cosas dignas de ingenio, Cervantes pone en boca del cura una nueva alabanza del mayor de los Argensola. No cita su nombre, pero sí los títulos de tres de sus tragedias. En la continuación de su magnífica y juiciosa crítica literaria, el canónigo dice que él ha tenido la tentación de escribir un libro de caballerías e incluso tiene más de cien hojas escritas, pero que, no obstante, decidió dejarlo por el motivo que a continuación explica y que reproduzco en una larga cita, en mi opinión muy ilustrativa de los gustos literarios del momento, que termina en una loa a la obra teatral de Lupercio Leonardo de Argensola:

"Pero, con todo esto, no he proseguido adelante, así por parecerme que hago cosa ajena a mi profesión como por ver que es más el número de simples que el de los prudentes, y que, puesto que es mejor ser loado de los pocos sabios que burlado de los muchos necios, no quiero sujetarme al confuso juicio del desvanecido vulgo, a quien por la mayor parte toca leer semejantes libros. Pero lo que más me lo quitó de las manos y aún del pensamiento de acabarle fue un argumento que hice conmigo mesmo, sacado de las comedias que ahora se representan, diciendo 'Si todas estas que ahora se usan, así las imaginadas como las de historia, todas o las más son conocidos disparates y cosas que no llevan ni pies ni cabeza, y, con todo eso, el vulgo las oye con gusto, y las tiene y las aprueba por buenas, estando tan lejos de serlo, y los autores que las componen y los actores que los representan dicen que así han de ser, porque así las quiere el vulgo, y no de otra manera, y que las llevan traza y siguen la fábula como el arte pide no sirven sino para cuatro discretos que las entienden, y todos los demás se quedan ayunos de entender su artificio, y que a ellos les esta mejor ganar de comer con los muchos que no opinión con los pocos, deste modo vendrá a ser mi libro, al cabo de haberme quemado las cejas por guardar los preceptos referidos y vendré a ser el sastre del cantillo [Se refiera Cervantes al refrán "como el sastre del cantillo, que cosía de balde y ponía el hilo]. Y aunque algunas veces he procurado persuadir a los actores que se engañan en tener la opinión que tienen, y que más gente atraerán y más fama cobrarán representando comedias que sigan el arte que no con las disparatadas, ya están tan asidos y encorpados en su parecer, que no hay razón ni evidencia que dél los saque. Acuérdome que un día dije a uno de esos pertinaces: 'Decidme, ¿no os acordáis que ha pocos años que se representaron en España tres tragedias que compuso un famoso poeta destos reinos, las cuales fueron tales que admiraron, alegraron y suspendieron a todos cuantos las oyeron, así simples como prudentes, así del vulgo como de los escogidos, y dieron más dinero a los representantes ellas tres solas que treinta de las mejores que después se han hecho?. 'Sin duda - respondió el autor que digo - que debe de decir vuestra merced por "la Isabela", "la Filis" y "La Alejandra" 'Por esa digo - le repliqué yo -, y mirad si guardan bien los preceptos del arte, y si por guardarlos dejaron de parecer lo que eran y de agradar a todo el mundo. Así que no está la falta en el vulgo que pide disparates, sino en aquellos que no saben representar otra cosa".

Las citadas Filis, Alejandra e Isabella son tres obras teatrales del mayor de los Argensola. Se trata de tragedias de corte humanista y senequista, escritas en la primera mitad de la década de los ochenta del siglo XVI. El texto de Filis se ha perdido, las otras dos tienen tres actos. Alejandra se desarrolla en el antiguo Egipto y trata sobre intrigas cortesanas. Tiene un momento de máxima tensión cuando la reina Alejandra, envenenada por orden de su esposo, antes de morir, se muerde la lengua hasta cortársela y la arroja sobre el marido asesino. Isabella transcurre en la Zaragoza musulmana, en la corte del rey moro Alboacén. El personaje protagonista es una doncella cristiana, que debe decidir si acepta entregarse y sacrificar su virginidad a la lujuria del rey moro para salvar de la persecución y la muerte a los cristianos de la ciudad. Al mostrarle Alboacén los cadáveres ensangrentados de sus padres y su hermana, Isabela decide morir como mártir. Según se desprende de las palabras del canónigo en El Quijote, estas obras obtuvieron gran éxito entre el público de la época cuando fueron representadas. Pese a ello y a las loas cervantinas no presentan gran calidad ni interés para los lectores actuales y están muy por debajo de la poesía de los dos hermanos.

Hemos visto el aprecio que Cervantes sentía por los Argensola, a los que posiblemente trató directamente. De la frase "maduro trato" de su alabanza a Lupercio tal vez pueda deducirse relación personal con él. Es muy posible que conociera a Bartolomé en el tiempo en que éste vivió en Madrid, donde trató, entre otros, a Lope de Vega. En el capítulo III de Viaje al Parnaso, libro de poesía escrito años antes pero publicado en 1614 tras el éxito de El Quijote, Cervantes hace otra referencia a los hermanos Argensola. Aunque de forma no del todo clara, parece dolido con Bartolomé porque éste no habría intervenido suficientemente en su favor ante el conde de Lemos para que lo llevara con él a Nápoles como era su deseo.

Sea como fuere, el escritor alcalaíno apreciaba la obra de los barbastrenses, y por ello los elogia en La Galatea y en la primera parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, el más universal e importante de todos los libros que a lo largo de la historia nuestra literatura ha dado.

Carlos Bravo Suárez

(Artículo publicado en el número especial de El Cruzado Aragonés con motivo de las Fiestas de Barbastro, septiembre 2009)

martes, 1 de septiembre de 2009

JOAQUÍN COSTA Y LA FAMILIA MACHADO


Celebramos este año el setenta aniversario de la muerte del gran escritor Antonio Machado. Nacido en Sevilla en 1875, Machado es autor de dos de los mejores libros de la poesía española del siglo XX: Soledades, más tarde ampliado en Soledades, galerías y otros poemas, y Campos de Castilla. Su vida y su obra se vieron marcadas, entre otras cosas, por su educación en la Institución Libre de Enseñanza, su juventud algo bohemia, sus viajes a París, su estancia en Soria -donde conoció a su esposa Leonor de la que enviudó muy pronto -, su tardío amor por Pilar Valderrama -la Guiomar de sus poemas- y la tragedia de una guerra civil que precipitó su muerte. Sus restos reposan en el cementerio de la pequeña localidad francesa de Collioure, donde el poeta acabó sus días el 22 de febrero de 1939.

Machado fue un hombre austero y digno, influenciado literariamente por el Modernismo y la Generación del 98 pero con una voz poética diferenciada y propia, que prefería la naturaleza al arte y la sencillez al boato y la apariencia. Nunca apreció el dinero y las riquezas, y murió, como había profetizado en su Autorretrato, ligero de equipaje.

Los Machado constituyen una importante familia en la España cultural de la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX. La gran fama del autor de Campos de Castilla ha eclipsado quizás los méritos de otros destacados miembros de la familia. Es conocida la importancia literaria de su hermano Manuel, figura destacada de la poesía modernista y coautor con Antonio de algunas obras de teatro de cierto éxito en su momento aunque de escaso interés en la actualidad. Se conocen menos la faceta de pintor y dibujante de José y los pinitos como poeta, tal vez no demasiado afortunados, del hermano pequeño Francisco. Es sin duda más injusto el olvido que se tiene de Antonio Machado Núñez y de Antonio Machado Álvarez, respectivos abuelo y padre de los hermanos que acabamos de citar.

Tanto en la reciente biografía del gran poeta sevillano Ligero de equipaje. La vida de Antonio Machado (Aguilar, 2006), del conocido hispanista irlandés Ian Gibson, como en el menos conocido libro de Enrique Baltanás Los Machado. Una familia, dos siglos de cultura en España (Fundación José Manuel Lara, 2006) se destaca la importancia y la talla cultural y humana de ambos personajes, muertos en los estertores del siglo XIX sin poder sospechar siquiera la fama imperecedera que alcanzaría el tercer Antonio de la ilustre saga familiar.

Conoció nuestro gran Joaquín Costa a las tres generaciones de los Machado homónimos y estableció con ellos una relación destacada. El principal nexo de unión en los tres casos fue el estrecho vínculo de todos ellos con la Institución Libre de Enseñanza y con su fundador Francisco Giner de los Ríos. Por razones de edad, fue con el padre del gran poeta sevillano con quien Costa tuvo un mayor trato a lo largo de su vida.

He rastreado las referencias a Costa en las obras citadas de Gibson y Baltanás. También las que, en menor medida, hay sobre los Machado en algunos libros del hispanista inglés y gran costista George J. G. Cheyne. Señalaré estas alusiones, y algunas extraídas de otros lugares, y la relación de nuestro gran polígrafo con cada uno de los miembros de esa ilustre familia andaluza.

El abuelo del poeta, Antonio Machado Núñez (Cádiz, 1815 - Madrid, 1896), fue antropólogo, zoólogo y geólogo, realizó estudios en París y ejerció como catedrático de Ciencias Naturales en las universidades de Sevilla y Madrid. Como Costa, estuvo vinculado a la Institución Libre de Enseñanza y fue librepensador y krausista. Fue, además, uno de los primeros defensores del evolucionismo y de las teorías de Darwin en nuestro país, lo que le ocasionó las antipatías de los sectores clericales y de la iglesia sevillana, que incluso llegó a amenazar de excomunión a quienes leyeran sus obras. Participó activamente en la revolución liberal de 1868, conocida como "La Gloriosa", y fue gobernador civil de Sevilla durante ese periodo. Machado Núñez murió en Madrid el 24 de julio de 1896 y recibió sepultura en el cementerio civil de esa ciudad. En la ceremonia estuvieron presentes algunos destacados miembros de la Institución Libre de Enseñanza, pero al parecer el acto no contó con demasiada asistencia. Así se deduce de la nota enviada a Giner por Joaquín Costa, quien sí asistió al sepelio. Según recoge Gibson, Costa al informar al pedagogo malagueño del entierro de Machado escribe que el finado, "como presumía, fue casi solo", y añade que "por eso fui yo, sobre todo". El diario republicano y anticlerical "El País" se quejaba de la ausencia al acto de las autoridades académicas, porque "el Sr. Machado era una de las figuras más sobresalientes del profesorado del más alto centro docente de la nación", y se explicaba esa falta de asistencia por el carácter estrictamente civil de la ceremonia funeraria.

Destacado personaje fue también Antonio Machado Álvarez (Santiago de Compostela, 1848 - Sevilla, 1893), hijo del anterior y padre del poeta. Fue un importante folclorista y antropólogo, autor de numerosos libros y trabajos que firmaba con el seudónimo "Demófilo" ("el amigo del pueblo"). Como su padre, estuvo muy ligado a la Institución Libre de Enseñanza, de la que fue profesor de Folclore. También su admirado Joaquín Costa ejerció como profesor de Derecho Político y de Historia de España en la Institución. Próximo al krausismo, "Demófilo" fue librepensador, liberal y republicano y, como su padre, defensor del positivismo y de las teorías de Darwin. Para intentar resolver sus continuas estrecheces económicas, en 1892 marchó a Puerto Rico, de donde regresó a España gravemente enfermo. En 1893 murió en Sevilla a los 45 años de edad.

En su biografía Joaquín Costa, el gran desconocido, George J.G. Cheyne, en un apéndice del libro, recoge un largo artículo titulado La Universidad Libre de Madrid que fue publicado en dos números por el Diario de Huesca en septiembre de 1877. Es un trabajo en el que Costa pretende dar a conocer a los oscenses la labor y los objetivos de la Institución Libre de Enseñanza e intenta recabar apoyos para la misma en la capital altoaragonesa. Entre la larga lista de personas que le han prestado su colaboración moral y material figura un Machado, sin nombre de pila ni segundo apellido. Parece seguro que se trataría de Antonio Machado Álvarez.

En una carta de Giner a Costa fechada en 1879 y reproducida por Cheyne en el epistolario entre ambos que el inglés publicó en 1983, puede leerse que "Antonio Machado (hijo), dedicado al estudio de la literatura popular, y que parece tener a él vocación decidida, está encantado con sus Dialectos, que publica en la Enciclopedia de Sevilla, y desea ponerse en relación con usted para trabajos comunes, como ya lo está con algunos extranjeros". Giner se refiere al trabajo Los dialectos de transición en general y los celtibericolatinos en particular, que Costa había publicado el año anterior en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza (BILE). En otra carta del mismo epistolario, posiblemente de 1887, se hace referencia a Machado como miembro habitual del grupo constituido en torno a Giner de los Ríos.

Además de colaborar en sus estudios respectivos, Machado Álvarez y Joaquín Costa establecieron una estrecha y sólida amistad. Así lo demuestran dos referencias de tipo familiar citadas en el libro de Gibson. En julio de 1879 muere una niña de nueve meses del matrimonio Machado, y Antonio alude a esa desgracia en una carta a su amigo Costa. Asimismo, cuando en octubre de ese mismo año nace su quinto hijo José, Machado contesta a la felicitación de Costa haciendo profesión de sus ideas y expresando su deseo de que el niño sea "propagandista acérrimo, ya que no otra cosa; que queden Machados en el mundo para combatir la tiranía y el oscurantismo".

La ironía y sentido del humor de "Demófilo" se ponen de manifiesto en una carta a Costa en que expresa su conversión al darwinismo en detrimento de su krausismo inicial: "Dé usted un abrazo de medía hora a mi querido amigo Giner, a quien dirá usted que estoy hecho un renegado, un apóstata, pues he dicho en público (...) que me inclino más al utilitarista Herbert Spencer que a Krause".

También hay alusiones a Costa en el libro de Gibson que parten del más ilustre representante de la familia Machado: el gran poeta Antonio Machado Ruiz. Antonio se educó, como no podía ser de otra manera, en la Institución Libre de Enseñanza. De ella tomó, sin duda, su amor por los pueblos y las tierras de España, su afición a los paseos y excursiones, su sensibilidad ante el paisaje y la naturaleza y su laicismo y su integridad ética y moral que le acompañaron a lo largo de su vida. En una nota de 1913, el poeta, evocando esos años, recuerda con "gran amor" a algunos de sus profesores en la Institución: a Francisco Giner de los Ríos, "el imponderable", a Manuel Bartolomé de Cossío y también a Joaquín Costa. En sus Páginas escogidas de 1917, Machado dice guardar "vivo afecto y profunda gratitud" a los maestros que tuvo en la Institución.

Según relata M. Pérez Ferrero en su Vida de Antonio Machado y Manuel (Rialp, Madrid, 1947), la noticia de la declaración de guerra de Estados Unidos a España tras el hundimiento del "Maine" llegó a los hermanos Machado en plena feria de Sevilla, en abril de 1898. Manuel y Antonio, escribe Pérez Ferrero, "saben que ha sonado una hora de desgracia nacional, cuya magnitud aún no pueden conocer, pero tienen la certeza de la adversidad, porque recuerdan lo que oyeron decir tantas veces a Benot, a Costa, a Cossío, al mismo Giner. Van de un lado para otro, entre el bullicio, como si tuviesen fuerzas o autoridad para detener la algazara, que no se ha resentido ni ha menguado".

En octubre de 1901 aparece el primer número de la revista Juventud, en la que participan, entre otros, Baroja, Maeztu, el oscense Llanas Aguilaniedo, Valle Inclán, Rafael Altamira y Manuel Machado. Aunque Antonio no escribe en ella, en ese primer número hay un artículo de su hermano Manuel sobre la literatura modernista hispánica. Y otro de Joaquín Costa, titulado Buena nueva, en el que el aragonés insiste en sus tesis regeneracionistas y defiende que "el gran problema español actual es nivelarnos con Europa".

En 1913, Antonio Machado envía a Juan Ramón Jiménez una nota autobiográfica para una antología que está preparando Azorín y que nunca llegaría a publicarse. Gibson reproduce casi íntegras esas líneas que son de gran interés y un complemento al magnífico poema Autorretrato que abre el libro Campos de Castilla. No es éste el lugar de comentar la visión que allí ofrece Machado de sí mismo, pero, resumiendo algunas de las ideas que ha expuesto previamente, el poeta concluye con esta significativa frase: "Admiro a Costa, pero mi maestro es Unamuno".

Antonio Machado, como en gran medida los miembros de su familia aquí citados y su admirado Joaquín Costa, vivió y murió "ligero de equipaje"; sin embargo, también como ellos, rebosó siempre pensamiento y reflexión, bondad y sabiduría, y unos principios éticos que para algunos de sus lectores constituirán siempre un ejemplo imperecedero.

Carlos Bravo Suárez

(Artículo publicado en El Llibré de las Fiestas de Graus. Septiembre 2009)
(En las fotos, Joaquín Costa y el poeta Antonio Machado Ruiz)

EL CENTRO EXCURSIONISTA DE LA RIBAGORZA Y EL GR-11

Como en ediciones anteriores, acudimos a nuestra cita anual con El Llibré de las Fiestas de Graus. Y lo hacemos otra vez con buenas noticias y un balance muy positivo para nuestro centro excursionista ribagorzano.

En el último año, el CER ha seguido aumentando su número de socios hasta superar ya los trescientos. Hemos realizado un buen número de excursiones por diferentes lugares de la Ribagorza y de toda la cordillera pirenaica, con predominio del senderismo popular, pero también con ascensiones y travesías de alta montaña y excursiones con raquetas de nieve. La participación en nuestras actividades ha continuado la progresión ascendente de los últimos años. Personas de edades diferentes, de procedencias y condiciones diversas, a quienes une la afición a la naturaleza y a la actividad física al aire libre, hemos pasado juntos muchos momentos agradables, disfrutando en armonía de unos bellos paisajes y de una sana y alegre convivencia. Desde estas páginas queremos mostrar nuestro agradecimiento a todas esas personas que han participado en nuestras actividades y que son la razón de ser y el fundamento principal de nuestro club. Agradecemos también al Servicio Comarcal y al Patronato Municipal de Deportes su colaboración y apoyo, imprescindibles para el buen desarrollo y organización de nuestras excursiones.

En el año transcurrido, además de las actividades organizadas por nuestro club, hemos colaborado desinteresadamente con otras entidades locales. Con la Asamblea de la Cruz Roja en la realización de excursiones para las personas mayores y con el Ayuntamiento de Graus en la Redolada, con el diseño del itinerario y posterior guía de una multitudinaria excursión a La Puebla de Fantova en la que participó más de un centenar de personas.

Pero el principal acontecimiento de esta temporada para nuestro club ha sido la culminación del tramo navarro del GR-11 o Senda Pirenaica. El GR-11 es un largo itinerario de montaña que atraviesa los Pirineos uniendo los mares Cantábrico y Mediterráneo, en un recorrido que lleva del Cabo de Híguer en Hondarribia hasta el Cabo de Creus en la costa catalana.

El CER comenzó hace unos años a recorrer este largo sendero en dirección al este. Las dos primeras etapas llevaron desde la localidad navarra de Isaba hasta la ansotana de Zuriza y desde aquí a la Selva de Oza. En los años posteriores, a razón de dos etapas por año, el CER completó el tramo aragonés del GR-11. Se decidió entonces continuar el Sendero Pirenaico en dirección a los dos mares. El pasado mes de mayo culminamos con tres etapas el tramo navarro y llegamos al Cantábrico. En los años venideros continuaremos el tramo catalán, del que aún nos queda mucho recorrido hasta alcanzar el Mediterráneo.

Haremos aquí un rápido resumen de las etapas de los tramos aragonés y navarro que hemos realizado en estos años. Tras las ya citadas primeras etapas, continuamos nuestro recorrido por el GR-11 aragonés en dirección al este. Las dos excursiones siguientes fueron Selva de Oza-Candanchú y Candanchú-Formigal. En la primera, pasamos por lugares tan hermosos como Aguas Tuertas y el ibón de Estanés. En la segunda, por la Canal Roya. Las dos etapas del siguiente verano fueron de gran dureza y transcurrieron por lugares muy agrestes. Nos llevaron desde Sallent de Gállego al Balneario de Panticosa y desde éste hasta Bujaruelo. En las dos etapas posteriores caminamos desde Bujaruelo al refugio de Góriz, por el hermoso valle de Ordesa, y desde Góriz a Pineta. Continuamos al verano siguiente con las etapas Pineta - Parzán y Parzán - Biadós. Y terminamos el tramo aragonés con el itinerario Biadós - Benasque, recorriendo todo el valle de Estós, y con una etapa en la que desde los ibones de Ballibierna nos dividimos en dos grupos, cada uno de los cuales transitó por un ramal distinto del GR-11: unos por los ibones de Anglios hasta el Puente de Salenques y otros hasta el ibón represado de Llauset.

Los recorridos del GR-11 navarro en dirección al mar Cantábrico han sido, en general, más cómodos y suaves. Empezamos hace tres años con dos etapas entre Isaba y Ochagavía, pasando del valle del Roncal al de Salazar, y entre Ochagavía y las Casas de Irati. Volvimos al año siguiente a los extraordinarios bosques de Irati para llegar a la antigua fábrica de armas de Orbaiceta y desde allí continuar hasta Roncesvalles y Burguete, coincidiendo con un tramo del histórico Camino de Santiago. Y la primavera pasada, desde El Espinal fuimos a Elizondo, capital del valle del Baztán o Bidasoa, desde donde llegamos a Vera de Bidasoa y fuimos a dormir a Lesaka y, al siguiente día, salimos de Lesaka y alcanzamos Irún y el cabo de Híguer en Hondarribia. Allí las montañas de los Pirineos se sumergen en las aguas del Cantábrico y el GR-11 que veníamos siguiendo termina su recorrido occidental.

También acaba aquí nuestra colaboración de este año en El Llibré y nuestra despedida no puede ser otra, además de invitar a todos a participar en nuestras próximas actividades, que la de desear a los grausinos y a los ribagorzanos en general unas muy felices Fiestas Mayores.

(Artículo publicado en "El Llibré" de las Fiestas de Graus. Septiembre 2009)

FOTOS: Parte del grupo en una etapa del GR-11 navarro y faro del cabo de Híguer en Hondarribia, punto final del recorrido)

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