jueves, 11 de julio de 2019

UNA COMIDA EN INVIERNO


Con motivo de otras reseñas publicadas en esta sección, se ha comentado aquí el auge de novelas europeas recientes cuya acción se desarrolla durante la Segunda Guerra Mundial o tiene relación directa con esta contienda bélica. La más reciente ha sido la magnífica “Voluntad”, del escritor belga Jeroen Olyslaegers, publicada el pasado año por Seix Barral. Pero si hay un  país donde encontramos este fenómeno literario con mayor profusión ese es Francia. Novelas destacadas de los últimos años han sido “Las benévolas” (RBA, 2007), de Jonathan Litell; “HHhH” (Seix Barral, 2011), de Laurent Vinet; “El orden del día” (Tusquets, 2018), de Eric Vuillard; o “La desaparición de Josef Mengele” (Tusquets, 2018), de Olivier Guez. Ahora nos llega “Una comida en invierno”, de Hubert Mingarelli (Mont-Saint-Martin, 1956), escritor francés de origen italiano, autor de una docena de novelas y varias colecciones de cuentos. “Una comida en invierno” es su primera obra traducida al español y ha sido editada por Siruela en su colección Tiempos Nuevos con traducción de Laura Salas.

“Una comida en invierno” cuenta una historia en la que prácticamente solo aparecen cinco personajes y que, en su mayor parte, transcurre durante una comida en una vieja casa abandonada en plena Segunda Guerra Mundial en el crudo invierno polaco. Tres soldados alemanes hartos de fusilar prisioneros judíos piden a su jefe que los libre de esa ingrata rutina diaria. Este les concede el permiso a condición de que ellos vayan a buscar más judíos por las proximidades y los lleven al campamento alemán para que los fusilen otros. Así empieza una jornada en la que los tres compañeros conversan sobre las preocupaciones familiares de uno de ellos mientras caminan por los nevados senderos de la región polaca de Galitzia. En un escondrijo encuentran a un judío al que detienen y se llevan con ellos. Topan más tarde con una casucha abandonada en la que, con lo que uno de ellos ha conseguido robar y con la sémola que les dieron unos soldados italianos y quemando sillas y puertas para encender el fuego, van a hacer una sopa para comer y saciar su hambre atrasada. A la comida se les une un polaco que aparece por allí con su perro y que muestra ante el prisionero judío un antisemitismo mucho mayor y visceral que el de los soldados alemanes. El polaco ofrece a los alemanes un orujo de patata y estos acaban invitándolo a comer, aunque a él le cuesta hacerlo junto al judío, al que también permiten participar en parte en la comida. En ella se plantearán algunos dilemas y la necesidad de tomar decisiones que los comensales deberán resolver.

Detrás de su breve envoltura y de su aparente sencillez y simplicidad, la novela esconde una sorprendente solidez y enjundia literarias. “Una comida en invierno” tiene una estructura casi teatral, pues buena parte del relato transcurre en el interior de la casucha abandonada en la que convergen los cinco personajes. Cinco hombres sencillos y hambrientos a los que la guerra y el fanatismo ha llevado de manera cruel y caprichosa a tener que matar, a odiar o a ser ejecutado, según el lado, el país o la etnia a la que pertenecen en ese momento de la historia. Es impresionante, en el sentido literal del término, seguir a los tres soldados alemanes en su deambular entre el frío, el hielo y la nieve, hambrientos, hablando de las preocupaciones que uno de ellos tiene sobre su hijo al que no sabe que no volverá a ver, aterrados por tener que fusilar prisioneros pero obligados a detener a otros que igualmente serán ejecutados. O ver al judío escondido como una bestia en su madriguera a la que el cazador acabará localizando o al hambriento polaco que odia a la judío de manera irracional con un odio inculcado. Lo terrible de la guerra está condensado en las 120 páginas de esta novela de sencillez profunda. El escritor británico Ian McEwan lo ha resumido perfectamente en una frase: “La ‘banalidad del mal’ encuentra su más desnuda y bella expresión en esta estremecedora, concisa y extraordinaria novela”. 

Un ejercicio de concisión y sencillez para contar una historia dramática y compleja. La tragedia de la guerra encarnada en cinco personajes que la sufren directamente en sus carnes. Una novela muy recomendable.

“Una comida en invierno”. Hubert Mingarelli. Siruela. 2019. 120 páginas.

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