Olivier
Guez (Estrasburgo, 1974) es escritor y periodista, colaborador en grandes
medios internacionales, como “The New York Times”, “Le Monde” o “Frankfurter
Allgemeine Zeitung”. Es autor de varios ensayos geopolíticos y guionista de la
película “El caso Fritz Bauer”, en torno al fiscal alemán que persiguió a
numerosos nazis. En 2017 publicó “La
desaparición de Josef Mengele”, gran éxito de ventas y reseñada en su momento
en esta sección, donde aborda la vida clandestina del médico y criminal de
guerra nazi desde que llegó al Buenos Aires peronista hasta su muerte. Ahora,
también en Tusquets, y con traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona,
vuelve a la novela histórica con una monumental biografía de Gertrude Bell, una
intrépida y fascinante mujer que, al servicio de la corona británica,
contribuyó de manera decisiva a la configuración de las fronteras de Oriente
Próximo tras la Primera Guerra Mundial.
Gertrude
Bell (Durham, Inglaterra,1868 - Bagdad,1926) fue arqueóloga, viajera
impenitente, geógrafa y escritora. Nacida en una rica familia de la alta
burguesía industrial inglesa, viajó desde muy joven por buena parte del mundo
y, principalmente, por los extensos territorios árabes de Oriente Próximo.
Participó en excavaciones arqueológicas en Mesopotamia, donde hizo amistad con
su compatriota T. E. Lawrence (Lawrence de Arabia) y conoció profundamente la
geografía y las costumbres de las tribus árabes que, secularmente enfrentadas
entre sí, habitaban la zona. Por ello, puso sus conocimientos al servicio de la
Corona y trabajó denodadamente en defensa de los intereses del imperio
británico, como espía en un principio y como miembro destacado de la
administración inglesa después. Bell se debatió siempre entre sus simpatías por
los árabes y el servicio a los intereses de su país. Y aunque intentó conciliar
ambas tendencias, la segunda siempre acabó prevaleciendo sobre la primera.
Tras
el final de la Primera Guerra Mundial, los extensos territorios árabes que
habían pertenecido al desmoronado imperio turco otomano fueron controlados por
Gran Bretaña y -en menor medida- por Francia. Gertrude Bell fue la única mujer
que participó en la Conferencia de El Cairo de 1921, organizada por Winston
Churchill, y contribuyó destacadamente en la configuración de las fronteras de
los nuevos países árabes que se crearon en aquel momento y han llegado a
nuestros días. Especialmente obra suya fue la creación de Irak, nuevo país en
el que, por insistencia suya, se incluyeron tres zonas tan diferentes y
enfrentadas como el norte kurdo, el centro sunita y el sur chiita, con capitales respectivas en
Mosul, Bagdad y Basora. También contribuyó decisivamente a coronar al rey Faisal
como primer monarca del recién creado país.
Olivier
Guez ha logrado en “Mesopotamia” un perfecto equilibrio entre la composición
biográfica, con evidentes toques novelescos, y el ensayo histórico, fielmente
documentado, sobre los intereses geopolíticos del imperio británico, en su afán
por controlar a las diferentes facciones árabes y mitigar sus crecientes deseos
de emanciparse de la tutela inglesa. En lo biográfico, aparte de la
intervención política, conocemos muchos aspectos de su vida más íntima y
personal de Gertrude Bell. La prematura muerte de la madre y su estrecha
relación con su padre, cuyo consejo siempre solicita y acepta; su soltería
permanente, a pesar de algunos romances infructuosos; su osadía viajera al
adentrarse en zonas del desierto arábigo a las que pocos occidentales, y mucho
menos mujeres, se habían atrevido a penetrar; la aparente contradicción entre
su actitud independiente y pionera (fue la primera mujer licenciada, con
matrícula de honor, en Historia Moderna por la Universidad de Oxford) y su
conservadurismo político que la llevó a estar en contra del sufragio femenino...
Escrita
en tercera persona en una prosa nítida, amena y precisa, la novela va
alternando, de manera aleatoria, lugares y fechas en la vida de Gertrude. Los
hechos transcurren entre 1871 y 1926 y los lugares de referencia, además de
algunos ingleses, son Basora, Persia, Ispahán, Bagdad, Región del Éufrates
Medio, Konya, El Cairo, Desierto del Néyed y la isla de Lemnos. Un aspecto
interesante de la novela es la comparación entre Gertrud Bell y Lawrence de
Arabia, cuya amistad se mantuvo inalterada desde sus tiempos jóvenes. En el
epílogo, Olivier Guez destaca cómo el éxito comercial de su libro
“Los siete pilares de la sabiduría” y su posterior adaptación cinematográfica
convirtieron a Lawrence en una leyenda que eclipsó durante décadas la de
Gertrude Bell. También de la vida de esta se hizo, en 2015, una película
titulada “La reina del desierto” que, a pesar de estar dirigida por Werner
Herzog y protagonizada por Nicole Kidman, no resultó demasiado afortunada y
pasó prácticamente desapercibida.
“Mesopotamia”,
que se lee con la intriga y el interés de una novela, pone en el lugar que se
merece la vida y la importancia de una mujer excepcional, que supo abrirse
camino, sin renunciar nunca a sí misma ni a sus principios, en un mundo
absolutamente dominado por los hombres.

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