domingo, 25 de enero de 2009

REFLEXIONES SOBRE ESPAÑA

De nuevo el tema de España. De Unamuno a Azaña pasando por Ortega, sin olvidar a nuestros Costa y Mallada, el asunto parece no perder nunca actualidad. Reaparece en “España al desnudo”, una brillante y personal reflexión de Manuel Ramírez, catedrático de Derecho Político de la Universidad de Zaragoza y autor de un buen número de ensayos y artículos periodísticos.

El libro es una sugerente reflexión sobre el periodo que va desde la proclamación de la Segunda República hasta nuestros días. El autor analiza los últimos años de nuestra historia alejándose de la vigente dictadura de la corrección política, que tan difícil hace cualquier discrepancia sin que los “correctos” maniqueos sitúen de inmediato al discrepante en el bando contrario al suyo. Pese a ello, tampoco el libro está en la línea del reciente revisionismo que parece querer darle la vuelta al estudio de la historia como si fuera un calcetín. Las argumentaciones de Ramírez, con las que el lector podrá estar más o menos de acuerdo, parecen casi siempre, desde la subjetividad y la moderación, sólidas, sensatas y bien fundamentadas.

En los inicios del libro el autor muestra entre sus deseos el de “una España que, como en el verso de León Felipe, se supiera todos los cuentos y detestara a todos los cuentistas”. Después declara su independencia con cita de Camus: “Se podría formar el partido de los que no están seguros de tener razón, sería el mío”.

Antes de entrar más a fondo en el periodo objeto de su estudio, el profesor Ramírez se refiere a tres ocasiones históricas que España no supo aprovechar: la Constitución de 1812 -del “Viva la Pepa” se pasó enseguida al “Vivan las caenas”-, el sexenio revolucionario de 1868 a 1874 y la Segunda Republica de 1931. Esta última se analiza con más detalle y se muestran sus aciertos y sus errores, entre los que destaca su incapacidad para el consenso y la integración.

El Franquismo se presenta como un sistema autoritario y dictatorial pero no fascista ni totalitario, pues sacrificó la ideología falangista inicial a su deseo de permanencia a toda costa. En sus últimos años surgió una amplia clase media que rechazaba cualquier aventura política y que fue clave para el triunfo de la transición posterior. Esta fue un éxito porque logró superar el pasado sin revanchismos, a través del acuerdo y de la concordia.

Y de la España actual del “pan y todos los deportes” el autor ve con preocupación el afán por desenterrar el pasado, el reparto de cuotas entre partidos que no premia los méritos sino el servilismo, el auge de lo mediocre al igualarlo todo por abajo o el problema autonómico nunca del todo resuelto. A veces asoma una excesiva nostalgia por algunos valores del pasado, pero parece indudable que la pérdida de algunos de elos no ha tenido buenas consecuencias para el presente.

El libro se lee con facilidad por su lenguaje sencillo y su tono didáctico. Y, sobre todo, invita a la reflexión y, en todo caso, al debate sereno.

España al desnudo (1931-2007). Manuel Ramírez. Editorial Encuentros, Madrid, 2008, 204 páginas

Carlos Bravo Suárez



domingo, 18 de enero de 2009

UNA BUENA NOVELA HISTÓRICA

El último templario de Aragón. José Antonio Adell. Editorial Pirineo. 2008

En este año que acabamos de comenzar se celebra el setecientos aniversario de la caída del castillo templario de Monzón en manos de las tropas del rey aragonés Jaime II. Cuando en mayo de 1309 se produjo su rendición, dicha fortaleza constituía el último reducto de la orden religioso-militar en el Reino de Aragón. Con motivo de tal efemérides, el escritor José Antonio Adell acaba de publicar El último templario de Aragón, una muy interesante y bien construida novela histórica que intenta recrear el largo asedio al que el ejército real sometió al enclave templario montisonense.

José Antonio Adell es un escritor con una larga trayectoria literaria que ha escrito numerosas obras -muchas de ellas junto a Celedonio García-, principalmente sobre costumbres, leyendas y otros temas aragoneses. Esta es, sin embargo, su primera novela. Y el escritor literano supera la prueba con buena nota. El último templario de Aragón es una bien ambientada novela que intenta reproducir con fidelidad el contexto histórico en que se produjeron los hechos que se narran. Escribir el libro ha supuesto sin duda un importante esfuerzo de investigación y documentación. La detallada ambientación geográfica de la novela es consecuencia del conocimiento directo que el autor tiene sobre los lugares, muchos y precisos, que aparecen en el libro. Sobre todo la ciudad de Monzón, pero también Binéfar y otras muchas poblaciones de las comarcas del Cinca Medio y la Litera, y, en menor medida, de las vecinas tierras de Lérida y de algunos lugares ribagorzanos como Estopiñán. Los nombres de los personajes, según se explica al final del libro, son también reales en su mayor parte.

Pero además de esa detallada ambientación el libro, como novela que es, tiene un adecuado desarrollo narrativo y logra un difícil equilibrio entre su parte más puramente histórica y la más novelesca y ficticia. El relato está narrado en primera persona por el joven Arnau Guillén. El joven binefarense es ordenado caballero de la orden al inicio de la novela y vive el largo asedio al castillo montisonense dando numerosas muestras de entereza y valentía. El joven Arnau es presentado como un templario íntegro, que se debate entre sus inclinaciones humanas y el sometimiento a los estrictos votos de pobreza, obediencia y castidad que acaba de jurar. La orden del Temple, acusada de diversos delitos sobre todo por quienes ambicionaban sus posesiones y riquezas y por aquellos que esperaban librarse de pagar sus diezmos, es tratada en general con simpatía en el libro, destacándose sobre todo su labor de ayuda a los más pobres y necesitados. Pese a ello, también se muestran las divisiones y envidias existentes entre los templarios de Monzón y su manifiesta misoginia. Además, el libro narra una apasionada e intensa historia de amor. Un amor que acaba triunfando sobre todas las adversidades.

En fin, El último templario de Aragón permite conocer mejor un episodio histórico del que se cumplen ahora setecientos años y pasar un buen rato leyendo una entretenida novela.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 11 de enero de 2009

ENSAYOS DEL JOVEN SENDER

En su encomiable labor de reeditar a Sender, Larumbe ha publicado recientemente otro libro del prolífico escritor altoaragonés. En este caso, Proclamación de la sonrisa, una colección de ensayos que desde su aparición en 1934 no había vuelto a editarse. El libro reúne un total de cincuenta y siete artículos de opinión y un prólogo del propio autor. Casi todos habían sido publicados los años anteriores en el diario La Libertad y sólo unos pocos lo habían hecho en algunos periódicos provinciales.

Como de costumbre, la edición de Larumbe es espléndida. Magnífica y didáctica la introducción del experto senderiano José Domingo Dueñas Lorente, y de gran valor informativo las notas a pie de página. Una edición crítica modélica, que permite contextualizar perfectamente los artículos del escritor de Chalamera.

Sender, que había nacido en 1901, acababa de cumplir los treinta años cuando escribió los ensayos que componen el libro. Era ya entonces un periodista activo, un prolífico escritor y un joven combativo. Justo en esos años se alejaba de los anarquistas para aproximarse al comunismo. Esa actitud política, que no se nota en exceso en el libro, se observa sin embargo casi siempre en los criterios por los que juzga los temas que trata. Sender se muestra seguro de poseer la verdad, cree que la sociedad burguesa está a punto de desaparecer y que será sustituida en breve por un mundo nuevo. El adjetivo burgués, que el escritor usa con reiteración, sirve para designar a todo lo que se estima caduco. La cultura burguesa defiende lo “fáustico”, lo puramente esteticista, lo “espiritual”, lo religioso, el dinero y los privilegios de clase. Frente a ella emerge un nuevo orden: lo proletario y el materialismo marxista. Como sabemos, Sender no tardará mucho en renegar de esos principios en los que, sin embargo, creía ciegamente en esos años.

Ha sido una experiencia interesante leer este libro poco después de Álbum de radiografías secretas, sobre el que escribí aquí hace unas semanas. Uno no puede evitar recordar a Sender en Estados Unidos, sus opiniones sobre el estado soviético y su amistad con muchos exiliados rusos cuando lee algunas páginas de admiración y simpatía por la revolución bolchevique e incluso por Stalin. Se comprueba una vez más que, para bien o para mal, las personas cambiamos mucho con el paso del tiempo.

Sin embargo, Proclamación de la sonrisa no es un libro político. En sus ensayos se tocan muchos temas y la literatura es uno de los principales. Ese es para mí el aspecto más interesante de la obra. Hay muchas reseñas de libros, muchas opiniones sobre escritores y mucha cultura literaria en los artículos de Sender. Referencias a Goethe, Cervantes, Garcilaso, Teresa de Jesús, Nietzsche, Bernard Shaw, André Gide o Rabelais. Y a autores del 98. Sobre todo a los que despiertan en el autor reacciones encontradas: el admirado Valle-Inclán y el siempre denostado Unamuno.

Hay también destacables referencias a la sierra de Guara, como en Sierra niña, bonito artículo que cierra el libro. Y por encima de todo, se coincida o no con sus opiniones, está la magnífica escritura de Sender. Eso sí que no cambió a lo largo de su extensa obra literaria.

Proclamación de la sonrisa. Ramón J. Sender, Larumbe, 2008.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 4 de enero de 2009

ISIDRO COMAS MACARULLA, "ALMOGÁVAR", UN ARAGONESISTA LITERANO EN BARCELONA

Editado por Rolde de Estudios Aragoneses con la colaboración del Centro Aragonés y la Casa de Aragón de Barcelona, ha sido publicado recientemente el libro “Isidro Comas, Almogávar. La poética vida de un aragonesista de Tamarite de Litera”. Su autor, al que me he referido en alguna otra ocasión en estas páginas, es Valeriano C. Labara Ballestar, natural de Candasnos y afincado en Cataluña, donde trabaja como profesor. Labara ha publicado varios trabajos relacionados con diversos personajes de su villa natal y de la comarca del Bajo Cinca. Además, es un destacado heraldista, en la actualidad representante de la provincia de Huesca en la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía.

El libro pretende dar a conocer, de manera rigurosa y amena, la vida y el pensamiento de una de las principales figuras del aragonesismo en Cataluña durante el primer tercio del siglo XX. A lo largo de los diez capítulos de la obra, conocemos con detalle la biografía y la actividad literaria de Comas y su vinculación a las diferentes entidades aragonesas que se crearon en esos años en la ciudad condal. Se hace referencia a su relación con un buen número de personajes aragoneses de la época, afincados en Cataluña en unos casos y residentes en Aragón en otros, y se muestran algunos rasgos del ideario de Almogávar a través de sus colaboraciones periodísticas, sus conferencias y sus poesías. El libro se ilustra con un buen número de fotografías y se cierra con una pequeña selección de textos “de obligada lectura”.

Aunque Isidro Comas usó otros pseudónimos en sus numerosas colaboraciones escritas, fue el de Almogávar su preferido y por el que se le conoció como escritor. La elección del apodo ya es significativa de su espíritu combativo y de su pasión por el pasado esplendor de Aragón, que tanto añoraba y que con tanto anhelo deseó ver algún día resurgir.

Isidro Comas Macarulla nació en Tamarite de Litera en 1878. Tanto su abuelo como su padre ejercieron en la capital literana el oficio de zapatero. Fue en los años ochenta del siglo XIX cuando sus padres emigraron a Barcelona. Sabemos que Isidro recibió su primera educación con los escolapios de Tamarite y que después ingresó en el seminario de Zaragoza con intención de seguir estudios religiosos, que más tarde abandonó. Primero en Zaragoza y después en Barcelona, se ganó la vida como empleado de banca. Almogávar se casó en primeras nupcias con Encarnación Cuartero Paco, nacida en Zaragoza y muerta de manera repentina a los 36 años. Al quedar viudo, Isidro contrajo matrimonio con Julia Cuartero, hermana menor de la difunta. De su primer matrimonio nacieron el pequeño Ángel, que falleció a los ocho meses, y su hija Pilar. Con su segunda mujer tuvo otra hija llamada Enriqueta. Isidro Comas murió en Barcelona en 1932 tras una dolorosa enfermedad. Está enterrado en el cementerio de Montjuic.

La actividad literaria y aragonesista de Isidro Comas está absolutamente ligada a las diversas asociaciones creadas por la numerosa colonia aragonesa residente en Barcelona. El propio Comas cifraba en 1918 en 45000 el número de paisanos suyos establecidos en la capital catalana. La cifra había aumentado a unos 120000 en 1930, dos años antes de la muerte de Almogávar. Varias fueron las entidades aragonesas creadas en la ciudad condal en el primer tercio del siglo XX. La más importante fue el Centro Aragonés de Barcelona, fundado en 1909, del que Comas fue uno de sus socios iniciales, primer bibliotecario y principal redactor de su Boletín durante sus primeros años de existencia. Fue también uno de los principales animadores de las Tertulias Aragonesas que se celebraban en el Centro semanalmente. Sin embargo, tal vez por discrepancias insalvables, Almogávar se dio de baja en el Centro Aragonés en 1919 y ya nunca más volvió a pertenecer a la entidad. Aunque no sabemos si formó parte de él, mantuvo una estrecha relación con el Centro Obrero Aragonés de Barcelona que se había creado en 1913 y que tras la Guerra Civil se convirtió en la Casa de Aragón.

Como el Centro Aragonés no colmaba las cada vez mayores aspiraciones aragonesistas de algunos emigrantes aragoneses en la ciudad condal, surgió la Unión Regionalista Aragonesa de Barcelona, que más tarde se denominó Unión Aragonesista. Una de las diez personas que se reunieron en Barcelona el 1 de diciembre de 1917 para fundar la URA fue Isidro Comas, que fue también su primer presidente. No estaban entre ellas ni Gaspar Torrente ni Julio Calvo Alfaro, quienes se incorporaron más tarde convirtiéndose en las figuras más conocidas del aragonesismo en Cataluña. Como bien resume Labara, las principales preocupaciones de la URA eran la regeneración de Aragón, la lucha contra el caciquismo, las buenas relaciones con Cataluña y la pronta consecución de la autonomía aragonesa. Un rasgo destacado es el carácter apolítico que se pretende dar en un principio a la entidad. Poco después, bajo el impulso inicial del benabarrense Manuel Cosials, nació también en Barcelona la Juventud Regionalista Aragonesa.

El órgano de expresión de la URA fue la revista “El Ebro”. Almogávar fue su primer director en los años 1917 y 1918 y volvió a serlo desde 1925 hasta 1932, año de su muerte. Fueron muchos los colaboradores de esta importante revista. La mayor parte residía en Barcelona o Zaragoza; pero también los había de otras poblaciones aragonesas. De la lista que establece Labara, reproduzco aquí los nombres de los colaboradores que “El Ebro” tuvo en la provincia de Huesca. Cinco de ellos eran de Graus: Vicente Barrós, Joaquín Español, José María Pérez Bufill, Vicente Salinas y Joaquín Samblancat. Desde Huesca colaboraban Vicente Cajal, Ramón Casaus, José María España y Vicente Tena. Además, lo hacían también Manuel Cosialls (de Benabarre), Miguel Blanchs (de Campo), Ramón Menac Pallars (de Boltaña) y Sebastián Amella (de Tamarite). Almogávar fue el principal colaborador de la revista “El Ebro”, escribió en ella multitud de artículos sobre diversos temas. Como se decía en una nota necrológica que apareció tras su muerte, “El Ebro” y Comas Macarulla fueron “carne de la misma carne”.

Destaca en Isidro Comas su gran afición a la Historia y su defensa de un estudio de la misma que beba, siempre que sea posible, de las fuentes y los documentos originales. En cuanto a su aragonesismo, podríamos decir que es de cariz moderado. Comas, aunque continúa en la URA cuando ésta da un cierto giro del regionalismo al nacionalismo, sobre todo con Gaspar Torrente, no se identifica con esa corriente algo más exaltada y vinculada a tendencias nacionalistas catalanas de sesgo más radical. Almogávar se muestra próximo al pensamiento costista -en 1929 asiste a la inauguración del monumento a Joaquín Costa que se levantó en Graus-, tanto en su anticaciquismo como en un regeneracionismo que se circunscribe sobre todo a Aragón. Como literano se muestra claramente identificado con la política hidráulica del León de Graus. Además, el aragonesismo de Comas tiende a lo apolítico, a una defensa de Aragón por encima de cualquier partidismo. En muchos de sus escritos se observa un claro escepticismo respecto a la política y los políticos, cuando no un cierto rechazo teñido de amargura y desencanto.

Otra faceta interesante de Isidro Comas fue su afición al excursionismo y su promoción de los atractivos turísticos de Aragón. Estuvo siempre muy vinculado al Centro Excursionista de Cataluña y mantuvo amistad con algunos divulgadores del patrimonio cultural y paisajístico del Alto Aragón, como mosén José Castán, cura párroco de Benasque y autor de un libro sobre los atractivos de ese rincón pirenaico. El propio Isidro Comas creó un grupo excursionista llamado Ordesa, por ser este valle uno de sus lugares preferidos del Pirineo. En 1931,fue nombrado Delegado en Barcelona del Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Aragón.

En lo que respecta a las relaciones entre Aragón y Cataluña, Almogávar, que admiró siempre la pujanza y la laboriosidad de los catalanes, muestra su claro rechazo ante las ideas expansionistas de algunos nacionalistas extremos que pretenden incluir en Cataluña los territorios orientales de Aragón. Llega a dudar de que sea catalán el idioma hablado en esas tierras limítrofes, y considera que, aunque así fuera, eso no puede significar que esos territorios dejen de ser aragoneses, pues lo son por su historia y por el deseo de sus habitantes.

Es destacable el hecho de que ya en 1922 la URA, la JAB y el Grupo Ordesa enviaran un telegrama al obispo de Lérida protestando por el “continuo extrañamiento del patrimonio artístico-arqueológico aragonés”. Se reclamaban en concreto el retablo de Estopiñán y el tesoro de San Valero y San Vicente de Roda de Isábena.

La magnífica labor investigadora de Valeriano Labara ha dado como resultado un libro interesante que nos permite conocer a una de las más importantes figuras del aragonesismo en Cataluña. Un hombre que puso su amor a Aragón y a lo aragonés por encima de todo lo demás.

Carlos Bravo Suárez

“LOS GUERREROS DEL IMAM”, UNA NOVELA AMBIENTADA EN GRAUS Y SU COMARCA

Los guerreros del imam es una interesante novela que podría incluirse en el género narrativo de la ciencia-ficción. La encontré en una librería de Graus y me llamó la atención que en su portada apareciera la peña del Morral de la capital ribagorzana. Sobre la característica silueta de la basílica de la Virgen de la Peña, en la cima de la montaña, puede verse una fortaleza en el lugar donde en tiempos medievales estuvo el castillo grausino.

La lectura del libro transporta a una situación ficticia en la que Graus, como mil años atrás, es de nuevo la frontera entre los mundos musulmán y cristiano. En el relato, el Islam ha conquistado el mundo, Estados Unidos incluidos, y sólo una pequeña parte de Europa -Free Europe - ha quedado a salvo de la expansión musulmana. España vuelve a ser Al-Ándalus y Barbastro es una de las poblaciones más importantes de su frontera norte. Graus está en la primera línea defensiva de los cristianos españoles, cuyo rey se ha refugiado en Alemania. En Graus y sus alrededores va a librarse una importante batalla, tal vez decisiva, entre los dos ejércitos enfrentados.

El autor del libro es Francisco Pedro Castaño, nacido en Vitoria y residente en Barcelona. Según los datos de la contraportada, está casado con una grausina y, como se demuestra en el relato, conoce bien la geografía ribagorzana. También el mundo musulmán, que al parecer ha estudiado y visitado con frecuencia. Creo que es ésta su primera novela, editada, más de veinte años después de ser escrita, en una editorial modesta.

La mayor parte de la narración transcurre en Graus y sus alrededores. Aparecen muchos de los pueblos de los contornos de la villa ribagorzana: Pueyo de Marguilén, Torres del Obispo, Aguinalíu, Estadilla, Capella, Panillo y, sobre todo, aunque no se cita por su nombre, la pequeña aldea de Puycremat, en un montículo cercano a Graus que corona la pequeña ermita románica de Santa Clara. También el pantano de Barasona adquiere un destacado protagonismo en el desarrollo de la novela. Y algunos pueblos de la Ribagorza Oriental y de La Litera, como Baldellou o Baells. La ambientación geográfica de la narración parte, por tanto, de un conocimiento directo, minucioso y preciso, de la situación real de los lugares que se nombran.

El libro se divide en treinta capítulos y un epílogo, y mantiene, como las buenas novelas de aventuras, la tensión y la intriga hasta el final. Sólo hay que ponerle una pequeña pega ortográfica: la frecuente ausencia de tilde diacrítica en algunos monosílabos que la precisan. Pero en conjunto la novela se lee con agrado y logra captar la atención del lector. Creo que gustará sobre todo a quienes conozcan el territorio en que se desarrollan los hechos. Y además, ¿acaso la situación que el libro plantea -Dios y Alá no lo permitan- no podría llegar a producirse alguna vez en el futuro?

Los guerreros del imam. Francisco Pedro Castaño. Andrés Morón Editor. Barcelona, 2008, 285 páginas, 9 €.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 28 de diciembre de 2008

PERSONAJES QUE SENDER CONOCIÓ

Ramón J. Sender escribió mucho a lo largo de su vida. Sobre todo, novelas y artículos periodísticos. Pero también cultivó otros géneros literarios. Entre ellos el ensayo. El año de su muerte, 1982, se publicó en España Álbum de radiografías secretas, en Destino, su editorial de siempre. El libro fue un encargo de su editor José Vergés, quien creía interesante que Sender escribiera sobre algunas de las personas que había conocido en los diferentes lugares en que vivió. Por diversos motivos, la obra no tuvo entonces una buena acogida. Ahora Tropo Editores la rescata en una magnífica edición, con breve y espléndido prólogo del especialista senderiano José Domingo Dueñas Lorente.

Por las 500 páginas del libro desfilan multitud de personajes. Unos famosos y otros no tanto. La escritora francesa Simone Weil es quien recibe mayores alabanzas. Sender la conoció en Barcelona durante la Guerra Civil. “Tenía aquella mujer un don sobrenatural de renuncia a todas las tentaciones del bienestar, de la vanidad y del amor y una aptitud excepcional para ver la entraña de las cosas, de los seres y de los acontecimientos”. También muy favorable es la opinión sobre Picasso, que ocupa el último capítulo del libro. Todo lo contrario ocurre con Hemingway, de quien Sender ya había escrito en Nocturno de los 14, libro sobre suicidas que va a cumplir cuarenta años y que quizás merecería una reedición: “Yo no hice buenas migas con Hemingway tal vez porque no tomaba, como él, la literatura por el lado deportivo, ni crematístico”. Hay opiniones literarias que quizás sorprendan a lectores de hoy: “Al fin, el tiempo sitúa a cada uno en su lugar y el de Neruda es y será el de un poeta menor, discípulo politizado del gran Rubén”. Por el contrario se destaca a “los verdaderos poetas líricos, y los místicos de cualquier iglesia, aunque a veces, creo que los verdaderos no tienen Iglesia alguna y han sido mirados con recelo y escama siempre por todas ellas”.

Aparecen algunos otros grandes nombres de la literatura universal. Como Albert Camus, “un mestizo iluminado” al que se dedica un capítulo. O Louis-Ferdinand Céline. El relato de la visita que Sender en compañía de un amigo hizo al escritor francés y sus opiniones sobre el autor de Viaje al fin de la noche son para mí una de las mejores “radiografías” del libro que nos ocupa.
Entre los políticos, las mejores opiniones se las llevan algunos anarquistas, sobre todo el sindicalista Cipriano Mera. Conocemos también a unos cuantos exiliados rusos en Estados Unidos. Y a algunas ricas damas norteamericanas, amigas de nuestro autor, que compiten entre sí en gastar en acontecimientos culturales una parte de sus fortunas.

Sender desgrana en el libro interesantes opiniones sobre temas literarios, políticos, sociales, sexuales e incluso astronómicos. Siempre con su prosa espléndida, fácil y fluida. En fin, Álbum de radiografías secretas se lee con amenidad y agrado y nos ayuda a conocer mejor al más importante de los escritores altoaragoneses.

Álbum de radiografías secretas, Ramón J. Sender, Tropo editores, 2008

Carlos Bravo Suárez

jueves, 25 de diciembre de 2008

MONCLÚS: CASTILLO, PUENTE Y JUDERÍA

Monclús no existe en la actualidad. Hace mucho tiempo, y por motivos no del todo conocidos, el pueblo desapareció. Sin embargo, en la Edad Media, el lugar tuvo una considerable importancia. Estaba situado en el valle sobrarbense de La Fueva, a unos diez kilómetros de Aínsa, junto al río Cinca, al pie de una colina sobre la que todavía queda algún pequeño resto de su viejo castillo. No sabemos cuándo fue abandonado, pero en 1610 el geógrafo Juan Bautista Labaña no menciona ni la población ni su castillo. Si algún resto quedara de su existencia, se hallaría hoy sumergido bajo las aguas del pantano de Mediano.

Según explica Jaume Riera en su reciente libro sobre la entrada de los "pastorellos" en Aragón en 1320 (1), al que dedicamos un artículo en este diario hace unas semanas, Monclús debería su importancia, además de a su estratégico castillo sobre un cerro desde el que se dominaba el valle, al hecho de ser lugar por donde, a través de un puente de madera o de una barca, se atravesaba el río Cinca.

El castillo de Monclús -"monte cluso", esto es, "monte cerrado"- aparece documentado desde muy pronto. Quizás fuera ya un enclave árabe (al-Muns) en la parte más septentrional de la Barbitania. Según Antonio Ubieto (2), figuraba entre las fortalezas cristianas del rey Sancho el Mayor y tuvo tenentes entre 1036 y 1206. A finales del siglo XIV, seguía siendo uno de los más fuertes castillos de la zona. Tomando como núcleo pueblo y castillo, se creó la baronía de Monclús, que incluía varios lugares próximos, alguno de los cuales, como Murillo de Monclús, aún muestra en su topónimo esa antigua dependencia. Cuando en 1460 Juan II vendió el castillo y el lugar a Rodrigo de Rebolledo, de la familia Palafox, los vasallos se rebelaron y tomaron con violencia la fortaleza. Ésta fue reconquistada, pero siguió el descontento y en 1519 el castillo fue destruido por los aldeanos. Parece que en 1583 Guillén de Palafox aceptó a cambio de dinero la restitución de la baronía a la corona. Esta revuelta antiseñorial es, con las de Ariza, Ayerbe y Ribagorza, una de las principales alteraciones que se producen en Aragón en el siglo XVI. Es probable que el linaje de los Monclús, familia infanzona documentada en Capella desde ese siglo, proceda de este lugar. Adolfo Castán, en su magnífico libro "Torres y castillos del Alto Aragón"(3), realiza una minuciosa y precisa descripción de los escasos restos que todavía quedan de la antigua fortaleza.

No sabemos si en estas feroces luchas el pueblo vería afectada también su integridad, pero, como indica Riera, en un momento indeterminado de los siglos XV o XVI, Monclús deja de ser un lugar de paso obligado y pierde su importancia. Desconocemos la causa; tal vez una riada modificó el curso del río, o quizás resultara decisiva la construcción, algo más abajo, de otros puentes sobre el Cinca. Uno de piedra empezó a levantarse en El Grado en 1405, y Labaña nombra el de Mediano en 1610. Monclús perdió su condición estratégica y eso precipitó su decadencia.

Riera aporta documentos que permiten situar el pueblo con cierta precisión en el valle de La Fueva. En 1314 se produce una disputa entre las gentes de Monclús y las de los vecinos Palo, Samitier, Coscujuela y Muro. En 1391, Juan I, para satisfacer sus deudas, concede a Pere d'Esplugues la jurisdicción sobre Palo, Trillo y Murillo, y dice que los rodeaban Ligüerre, Clamosa, Pano, Troncedo, Salinas, Formigales, Arcusa, Muro y Monclús. En 1460, Juan II vende a Rodrigo de Rebolledo los lugares y castillos de Olsón, Arcusa, Castellazo, Mediano, Plampalacios, Monclús, Palo, Trillo, Murillo y Arasanz. De Monclús se dice que confrontaba con Palo y Muro. Parece que los lugares citados constituyeron la baronía. En 1610, Labaña sitúa Mediano como cabecera de la misma y no nombra ya a Monclús.

En Monclús existía una comunidad judía que fue atacada por los llamados "pastores" que procedentes de Francia cruzaron la frontera en 1320. Al parecer, los judíos se habían ido estableciendo en el lugar desde mediados del siglo XIII. Las principales poblaciones del reino contaban con aljamas judías: eran las más importantes las de Zaragoza, Calatayud y Huesca; también numerosas fueron las de Alagón, Daroca, Teruel y Barbastro; y, un poco menos, las de Jaca, Tarazona, Uncastillo, Ejea, Monzón o Fraga. Tras éstas, en algún momento casi equiparable a ellas, estaba la de Monclús, por encima de las más reducidas de Borja, Sos, Ruesta, Biel, Tauste, Luna o de las oscenses de Pomar, Albalate y Estadilla, aún menores y adscritas a la de Monzón. La de Monclús estaba muy relacionada con esta última y con la de Barbastro, y con ambas compartía intereses.

No tenemos datos del censo de judíos de estos lugares y medimos su importancia por los tributos que pagaban. De Monclús sólo conocemos que en un documento real se dice que los judíos muertos por los "pastores" en 1320 fueron 337. Riera rechaza esa cifra: según dice, no había ningún lugar en Aragón donde los judíos superaran 12% de la población total. Si la cifra de muertos fuera cierta, el conjunto de habitantes de Monclús sería desmesurado para su importancia y situación. Estima, incluso haciendo del lugar una excepción, que en el momento de la matanza no habría allí más de 120 judíos y que los habitantes del pueblo no superarían los 400. Si bien en el documento referido se citan los nombres de los 337 asesinados, el historiador catalán cree que es falso y que el número de muertos se incrementó para que la corona -que había impuesto a los encausados el pago de 500 sueldos por judío asesinado- pudiera recaudar más dinero.

Sin embargo, otros historiadores -aunque ninguno de los que he leído presenta tantos argumentos como Riera- dan por buena la cifra de muertos y consideran que en Monclús podía haber más judíos que cristianos (4). Aducen que aquéllos pagaban más impuestos que éstos, si bien ello podría deberse a sus mayores rentas. Hay otro hecho que puede considerarse importante: Monclús era una judería bastante próxima a la frontera francesa. En el país vecino, los judíos sufrían persecuciones y matanzas, y algunos pasaban a España porque en el reino de Aragón se sentían protegidos. Durán Gudiol (5) escribe que en 1293 un grupo de judíos franceses fue detenido en Bielsa y que, unos años más tarde, cuatro familias judías expulsadas de Francia se refugiaron en Monclús. Aunque en principio no se autorizase a los desterrados a instalarse en el reino, vemos que en ocasiones se toleraba. Incluso durante el año 1306 el rey Jaime II permitió que los judíos expulsados de Francia por Felipe IV fueran acogidos en aljamas de Aragón y Cataluña. La casa real aragonesa mantenía buenas relaciones con la comunidad judía, de la que, además de percibir elevados impuestos, recibía préstamos y los servicios de sus prestigiosos médicos. En esos años, los "pastores" realizaron tremendas matanzas en el mediodía francés -las mayores, en Toulouse y sus alrededores- y parece lógico pensar que muchos hebreos escaparan pasando a España. La proximidad de la frontera de la judería de Monclús y su alejamiento de los lugares más poblados pudo hacer de ella un refugio que pareciera seguro. Lo que no podían sospechar los huidos era que las huestes de fanáticos llegarían hasta allí y que, antes de que las autoridades aragonesas pudieran reaccionar, acabarían con casi todos ellos.

Los judíos de Monclús se dedicaban exclusivamente al préstamo de dinero. Riera señala que realizaban dos tipos de cesiones económicas: aquéllas en las que el solicitante empeñaba a cambio algo de mayor valor que la cantidad prestada, y las que se hacían con acta notarial sobre las cantidades y los plazos de devolución. Los intentos de la corona por cobrar para las arcas reales los préstamos concedidos por los judíos degollados en Monclús permiten destapar la extensa red de deudores existente en toda la comarca. Tan intrincada y compleja que el poder real tuvo que desistir de su empeño. Se descubre que a la aljama de Monclús, asociada en su actividad económica con la de Barbastro, se le debía dinero desde muchos lugares del contorno. Riera cita, además del propio Monclús, localidades como Aínsa, Mipanas, Salinas, Paúl, Crostán (Grustán), Olsón, Nocito, Bara, Formigales, Banesco (¿Banastón?), Buil, Naval y más. Como dice el historiador catalán, "el capital que los judíos de Monclús movían y dirigían no era cosa de broma".

Es evidente que los "pastores" que los asesinaron no les debían dinero y que actuaron por fanatismo religioso, y porque uno de sus principios era eliminar a los infieles y apoderarse de sus bienes. Pero a su ataque se sumaron de muy buen grado muchas gentes de los alrededores, sobre todo -como se observa por el número de encausados- de la vecina villa de Aínsa, donde habían pernoctado los "pastores" que llegaron a Monclús. Los judíos intentaron refugiarse en el castillo, pero tampoco allí encontraron protección. El alcalde de la fortaleza estaba ausente y los dos subordinados que debían custodiarla no movieron un dedo en su favor. Los tres fueron acusados por los hechos y los tres escaparon a Francia. Volvieron años más tarde y consiguieron evitar su condena. Riera da la lista de los lugares de procedencia de los encausados del país que acompañaron a los "pastores" en sus desmanes: veintiséis de Aínsa (al parecer, todos huyeron a Francia), diez de Puértolas, siete del propio Monclús, seis de Boltaña (uno, notario), cuatro de Olsón (uno, el alcalde), tres de Silves, Sieste y Espierlo (¿Espierba?), dos de Naval (uno, notario) y de Estaso (tal vez Ascaso), y uno de Troncedo (el alcalde), de Buil, de Arcusa y de Aineto. En la lista faltan eclesiásticos y militares, más que probables participantes en los hechos, que por pertenecer a jurisdicciones especiales no aparecen en los documentos estudiados. Todos consiguieron, de una manera u otra, evitar su condena física. Lo que a la corona le interesaba era cobrar fuertes multas o confiscar los bienes de los que huían o no podían pagar.

Judíos de Barbastro, Monzón y Lérida acudieron a Monclús a enterrar a los muertos y a tomar represalias. Al parecer destruyeron un puente, cortaron árboles e hicieron varios destrozos más. En Monclús quedaron algunos que habían escapado a la matanza y siguieron residiendo en el lugar. Los niños bautizados por la fuerza fueron considerados como cristianos por orden real. Tal vez se mantuviera allí una pequeña comunidad judía hasta su expulsión definitiva de 1492. Un tiempo después, también el pueblo que había vivido aquella terrible matanza desapareció del mapa para siempre.

NOTAS
(1) "Fam i fe (L'entrada dels pastorells)". Jaume Riera, Pagès editors, Lleida, 2004.
(2) "Historia de Aragón" . A. Ubieto Arteta, Anúbar Ediciones, Zaragoza,1981.
(3) "Torres y castillos del Alto Aragón". Adolfo Castán, Alto Aragón, Huesca, 2004
(4) Así, en "Historia del Alto Aragón". D. Buesa Conde, Editorial Pirineo, Huesca, 2000.
(5) "La judería de Huesca". A. Durán Gudiol, Guara Editorial, Huesca, 1984. Existe una pequeña monografía, en catalán, dedicada a la judería de Monclús: "Montclús: una aljama jueva a la capçelera del Cinca", J. Boix Pociello, en "Homenatge a J. Lladonosa", Barcelona, 1985.

Carlos Bravo Suárez
(Artículo publicado en Diario del Alto Aragón el 20 de marzo de 2005)
(Foto: El tozal de Monclús reflejado en el pantano de Mediano. Vista tomada desde el castillo de Samitier)

http://carlosbravosuarez.blogspot.com.es/2008/12/la-entrada-de-los-pastores-franceses-en.html

http://caminosdebarbastro.blogspot.com.es/2013/03/castillo-y-juderia-de-monclus.html