martes, 1 de septiembre de 2009

JOAQUÍN COSTA Y LA FAMILIA MACHADO


Celebramos este año el setenta aniversario de la muerte del gran escritor Antonio Machado. Nacido en Sevilla en 1875, Machado es autor de dos de los mejores libros de la poesía española del siglo XX: Soledades, más tarde ampliado en Soledades, galerías y otros poemas, y Campos de Castilla. Su vida y su obra se vieron marcadas, entre otras cosas, por su educación en la Institución Libre de Enseñanza, su juventud algo bohemia, sus viajes a París, su estancia en Soria -donde conoció a su esposa Leonor de la que enviudó muy pronto -, su tardío amor por Pilar Valderrama -la Guiomar de sus poemas- y la tragedia de una guerra civil que precipitó su muerte. Sus restos reposan en el cementerio de la pequeña localidad francesa de Collioure, donde el poeta acabó sus días el 22 de febrero de 1939.

Machado fue un hombre austero y digno, influenciado literariamente por el Modernismo y la Generación del 98 pero con una voz poética diferenciada y propia, que prefería la naturaleza al arte y la sencillez al boato y la apariencia. Nunca apreció el dinero y las riquezas, y murió, como había profetizado en su Autorretrato, ligero de equipaje.

Los Machado constituyen una importante familia en la España cultural de la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX. La gran fama del autor de Campos de Castilla ha eclipsado quizás los méritos de otros destacados miembros de la familia. Es conocida la importancia literaria de su hermano Manuel, figura destacada de la poesía modernista y coautor con Antonio de algunas obras de teatro de cierto éxito en su momento aunque de escaso interés en la actualidad. Se conocen menos la faceta de pintor y dibujante de José y los pinitos como poeta, tal vez no demasiado afortunados, del hermano pequeño Francisco. Es sin duda más injusto el olvido que se tiene de Antonio Machado Núñez y de Antonio Machado Álvarez, respectivos abuelo y padre de los hermanos que acabamos de citar.

Tanto en la reciente biografía del gran poeta sevillano Ligero de equipaje. La vida de Antonio Machado (Aguilar, 2006), del conocido hispanista irlandés Ian Gibson, como en el menos conocido libro de Enrique Baltanás Los Machado. Una familia, dos siglos de cultura en España (Fundación José Manuel Lara, 2006) se destaca la importancia y la talla cultural y humana de ambos personajes, muertos en los estertores del siglo XIX sin poder sospechar siquiera la fama imperecedera que alcanzaría el tercer Antonio de la ilustre saga familiar.

Conoció nuestro gran Joaquín Costa a las tres generaciones de los Machado homónimos y estableció con ellos una relación destacada. El principal nexo de unión en los tres casos fue el estrecho vínculo de todos ellos con la Institución Libre de Enseñanza y con su fundador Francisco Giner de los Ríos. Por razones de edad, fue con el padre del gran poeta sevillano con quien Costa tuvo un mayor trato a lo largo de su vida.

He rastreado las referencias a Costa en las obras citadas de Gibson y Baltanás. También las que, en menor medida, hay sobre los Machado en algunos libros del hispanista inglés y gran costista George J. G. Cheyne. Señalaré estas alusiones, y algunas extraídas de otros lugares, y la relación de nuestro gran polígrafo con cada uno de los miembros de esa ilustre familia andaluza.

El abuelo del poeta, Antonio Machado Núñez (Cádiz, 1815 - Madrid, 1896), fue antropólogo, zoólogo y geólogo, realizó estudios en París y ejerció como catedrático de Ciencias Naturales en las universidades de Sevilla y Madrid. Como Costa, estuvo vinculado a la Institución Libre de Enseñanza y fue librepensador y krausista. Fue, además, uno de los primeros defensores del evolucionismo y de las teorías de Darwin en nuestro país, lo que le ocasionó las antipatías de los sectores clericales y de la iglesia sevillana, que incluso llegó a amenazar de excomunión a quienes leyeran sus obras. Participó activamente en la revolución liberal de 1868, conocida como "La Gloriosa", y fue gobernador civil de Sevilla durante ese periodo. Machado Núñez murió en Madrid el 24 de julio de 1896 y recibió sepultura en el cementerio civil de esa ciudad. En la ceremonia estuvieron presentes algunos destacados miembros de la Institución Libre de Enseñanza, pero al parecer el acto no contó con demasiada asistencia. Así se deduce de la nota enviada a Giner por Joaquín Costa, quien sí asistió al sepelio. Según recoge Gibson, Costa al informar al pedagogo malagueño del entierro de Machado escribe que el finado, "como presumía, fue casi solo", y añade que "por eso fui yo, sobre todo". El diario republicano y anticlerical "El País" se quejaba de la ausencia al acto de las autoridades académicas, porque "el Sr. Machado era una de las figuras más sobresalientes del profesorado del más alto centro docente de la nación", y se explicaba esa falta de asistencia por el carácter estrictamente civil de la ceremonia funeraria.

Destacado personaje fue también Antonio Machado Álvarez (Santiago de Compostela, 1848 - Sevilla, 1893), hijo del anterior y padre del poeta. Fue un importante folclorista y antropólogo, autor de numerosos libros y trabajos que firmaba con el seudónimo "Demófilo" ("el amigo del pueblo"). Como su padre, estuvo muy ligado a la Institución Libre de Enseñanza, de la que fue profesor de Folclore. También su admirado Joaquín Costa ejerció como profesor de Derecho Político y de Historia de España en la Institución. Próximo al krausismo, "Demófilo" fue librepensador, liberal y republicano y, como su padre, defensor del positivismo y de las teorías de Darwin. Para intentar resolver sus continuas estrecheces económicas, en 1892 marchó a Puerto Rico, de donde regresó a España gravemente enfermo. En 1893 murió en Sevilla a los 45 años de edad.

En su biografía Joaquín Costa, el gran desconocido, George J.G. Cheyne, en un apéndice del libro, recoge un largo artículo titulado La Universidad Libre de Madrid que fue publicado en dos números por el Diario de Huesca en septiembre de 1877. Es un trabajo en el que Costa pretende dar a conocer a los oscenses la labor y los objetivos de la Institución Libre de Enseñanza e intenta recabar apoyos para la misma en la capital altoaragonesa. Entre la larga lista de personas que le han prestado su colaboración moral y material figura un Machado, sin nombre de pila ni segundo apellido. Parece seguro que se trataría de Antonio Machado Álvarez.

En una carta de Giner a Costa fechada en 1879 y reproducida por Cheyne en el epistolario entre ambos que el inglés publicó en 1983, puede leerse que "Antonio Machado (hijo), dedicado al estudio de la literatura popular, y que parece tener a él vocación decidida, está encantado con sus Dialectos, que publica en la Enciclopedia de Sevilla, y desea ponerse en relación con usted para trabajos comunes, como ya lo está con algunos extranjeros". Giner se refiere al trabajo Los dialectos de transición en general y los celtibericolatinos en particular, que Costa había publicado el año anterior en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza (BILE). En otra carta del mismo epistolario, posiblemente de 1887, se hace referencia a Machado como miembro habitual del grupo constituido en torno a Giner de los Ríos.

Además de colaborar en sus estudios respectivos, Machado Álvarez y Joaquín Costa establecieron una estrecha y sólida amistad. Así lo demuestran dos referencias de tipo familiar citadas en el libro de Gibson. En julio de 1879 muere una niña de nueve meses del matrimonio Machado, y Antonio alude a esa desgracia en una carta a su amigo Costa. Asimismo, cuando en octubre de ese mismo año nace su quinto hijo José, Machado contesta a la felicitación de Costa haciendo profesión de sus ideas y expresando su deseo de que el niño sea "propagandista acérrimo, ya que no otra cosa; que queden Machados en el mundo para combatir la tiranía y el oscurantismo".

La ironía y sentido del humor de "Demófilo" se ponen de manifiesto en una carta a Costa en que expresa su conversión al darwinismo en detrimento de su krausismo inicial: "Dé usted un abrazo de medía hora a mi querido amigo Giner, a quien dirá usted que estoy hecho un renegado, un apóstata, pues he dicho en público (...) que me inclino más al utilitarista Herbert Spencer que a Krause".

También hay alusiones a Costa en el libro de Gibson que parten del más ilustre representante de la familia Machado: el gran poeta Antonio Machado Ruiz. Antonio se educó, como no podía ser de otra manera, en la Institución Libre de Enseñanza. De ella tomó, sin duda, su amor por los pueblos y las tierras de España, su afición a los paseos y excursiones, su sensibilidad ante el paisaje y la naturaleza y su laicismo y su integridad ética y moral que le acompañaron a lo largo de su vida. En una nota de 1913, el poeta, evocando esos años, recuerda con "gran amor" a algunos de sus profesores en la Institución: a Francisco Giner de los Ríos, "el imponderable", a Manuel Bartolomé de Cossío y también a Joaquín Costa. En sus Páginas escogidas de 1917, Machado dice guardar "vivo afecto y profunda gratitud" a los maestros que tuvo en la Institución.

Según relata M. Pérez Ferrero en su Vida de Antonio Machado y Manuel (Rialp, Madrid, 1947), la noticia de la declaración de guerra de Estados Unidos a España tras el hundimiento del "Maine" llegó a los hermanos Machado en plena feria de Sevilla, en abril de 1898. Manuel y Antonio, escribe Pérez Ferrero, "saben que ha sonado una hora de desgracia nacional, cuya magnitud aún no pueden conocer, pero tienen la certeza de la adversidad, porque recuerdan lo que oyeron decir tantas veces a Benot, a Costa, a Cossío, al mismo Giner. Van de un lado para otro, entre el bullicio, como si tuviesen fuerzas o autoridad para detener la algazara, que no se ha resentido ni ha menguado".

En octubre de 1901 aparece el primer número de la revista Juventud, en la que participan, entre otros, Baroja, Maeztu, el oscense Llanas Aguilaniedo, Valle Inclán, Rafael Altamira y Manuel Machado. Aunque Antonio no escribe en ella, en ese primer número hay un artículo de su hermano Manuel sobre la literatura modernista hispánica. Y otro de Joaquín Costa, titulado Buena nueva, en el que el aragonés insiste en sus tesis regeneracionistas y defiende que "el gran problema español actual es nivelarnos con Europa".

En 1913, Antonio Machado envía a Juan Ramón Jiménez una nota autobiográfica para una antología que está preparando Azorín y que nunca llegaría a publicarse. Gibson reproduce casi íntegras esas líneas que son de gran interés y un complemento al magnífico poema Autorretrato que abre el libro Campos de Castilla. No es éste el lugar de comentar la visión que allí ofrece Machado de sí mismo, pero, resumiendo algunas de las ideas que ha expuesto previamente, el poeta concluye con esta significativa frase: "Admiro a Costa, pero mi maestro es Unamuno".

Antonio Machado, como en gran medida los miembros de su familia aquí citados y su admirado Joaquín Costa, vivió y murió "ligero de equipaje"; sin embargo, también como ellos, rebosó siempre pensamiento y reflexión, bondad y sabiduría, y unos principios éticos que para algunos de sus lectores constituirán siempre un ejemplo imperecedero.

Carlos Bravo Suárez

(Artículo publicado en El Llibré de las Fiestas de Graus. Septiembre 2009)
(En las fotos, Joaquín Costa y el poeta Antonio Machado Ruiz)

EL CENTRO EXCURSIONISTA DE LA RIBAGORZA Y EL GR-11

Como en ediciones anteriores, acudimos a nuestra cita anual con El Llibré de las Fiestas de Graus. Y lo hacemos otra vez con buenas noticias y un balance muy positivo para nuestro centro excursionista ribagorzano.

En el último año, el CER ha seguido aumentando su número de socios hasta superar ya los trescientos. Hemos realizado un buen número de excursiones por diferentes lugares de la Ribagorza y de toda la cordillera pirenaica, con predominio del senderismo popular, pero también con ascensiones y travesías de alta montaña y excursiones con raquetas de nieve. La participación en nuestras actividades ha continuado la progresión ascendente de los últimos años. Personas de edades diferentes, de procedencias y condiciones diversas, a quienes une la afición a la naturaleza y a la actividad física al aire libre, hemos pasado juntos muchos momentos agradables, disfrutando en armonía de unos bellos paisajes y de una sana y alegre convivencia. Desde estas páginas queremos mostrar nuestro agradecimiento a todas esas personas que han participado en nuestras actividades y que son la razón de ser y el fundamento principal de nuestro club. Agradecemos también al Servicio Comarcal y al Patronato Municipal de Deportes su colaboración y apoyo, imprescindibles para el buen desarrollo y organización de nuestras excursiones.

En el año transcurrido, además de las actividades organizadas por nuestro club, hemos colaborado desinteresadamente con otras entidades locales. Con la Asamblea de la Cruz Roja en la realización de excursiones para las personas mayores y con el Ayuntamiento de Graus en la Redolada, con el diseño del itinerario y posterior guía de una multitudinaria excursión a La Puebla de Fantova en la que participó más de un centenar de personas.

Pero el principal acontecimiento de esta temporada para nuestro club ha sido la culminación del tramo navarro del GR-11 o Senda Pirenaica. El GR-11 es un largo itinerario de montaña que atraviesa los Pirineos uniendo los mares Cantábrico y Mediterráneo, en un recorrido que lleva del Cabo de Híguer en Hondarribia hasta el Cabo de Creus en la costa catalana.

El CER comenzó hace unos años a recorrer este largo sendero en dirección al este. Las dos primeras etapas llevaron desde la localidad navarra de Isaba hasta la ansotana de Zuriza y desde aquí a la Selva de Oza. En los años posteriores, a razón de dos etapas por año, el CER completó el tramo aragonés del GR-11. Se decidió entonces continuar el Sendero Pirenaico en dirección a los dos mares. El pasado mes de mayo culminamos con tres etapas el tramo navarro y llegamos al Cantábrico. En los años venideros continuaremos el tramo catalán, del que aún nos queda mucho recorrido hasta alcanzar el Mediterráneo.

Haremos aquí un rápido resumen de las etapas de los tramos aragonés y navarro que hemos realizado en estos años. Tras las ya citadas primeras etapas, continuamos nuestro recorrido por el GR-11 aragonés en dirección al este. Las dos excursiones siguientes fueron Selva de Oza-Candanchú y Candanchú-Formigal. En la primera, pasamos por lugares tan hermosos como Aguas Tuertas y el ibón de Estanés. En la segunda, por la Canal Roya. Las dos etapas del siguiente verano fueron de gran dureza y transcurrieron por lugares muy agrestes. Nos llevaron desde Sallent de Gállego al Balneario de Panticosa y desde éste hasta Bujaruelo. En las dos etapas posteriores caminamos desde Bujaruelo al refugio de Góriz, por el hermoso valle de Ordesa, y desde Góriz a Pineta. Continuamos al verano siguiente con las etapas Pineta - Parzán y Parzán - Biadós. Y terminamos el tramo aragonés con el itinerario Biadós - Benasque, recorriendo todo el valle de Estós, y con una etapa en la que desde los ibones de Ballibierna nos dividimos en dos grupos, cada uno de los cuales transitó por un ramal distinto del GR-11: unos por los ibones de Anglios hasta el Puente de Salenques y otros hasta el ibón represado de Llauset.

Los recorridos del GR-11 navarro en dirección al mar Cantábrico han sido, en general, más cómodos y suaves. Empezamos hace tres años con dos etapas entre Isaba y Ochagavía, pasando del valle del Roncal al de Salazar, y entre Ochagavía y las Casas de Irati. Volvimos al año siguiente a los extraordinarios bosques de Irati para llegar a la antigua fábrica de armas de Orbaiceta y desde allí continuar hasta Roncesvalles y Burguete, coincidiendo con un tramo del histórico Camino de Santiago. Y la primavera pasada, desde El Espinal fuimos a Elizondo, capital del valle del Baztán o Bidasoa, desde donde llegamos a Vera de Bidasoa y fuimos a dormir a Lesaka y, al siguiente día, salimos de Lesaka y alcanzamos Irún y el cabo de Híguer en Hondarribia. Allí las montañas de los Pirineos se sumergen en las aguas del Cantábrico y el GR-11 que veníamos siguiendo termina su recorrido occidental.

También acaba aquí nuestra colaboración de este año en El Llibré y nuestra despedida no puede ser otra, además de invitar a todos a participar en nuestras próximas actividades, que la de desear a los grausinos y a los ribagorzanos en general unas muy felices Fiestas Mayores.

(Artículo publicado en "El Llibré" de las Fiestas de Graus. Septiembre 2009)

FOTOS: Parte del grupo en una etapa del GR-11 navarro y faro del cabo de Híguer en Hondarribia, punto final del recorrido)

http://www.centroexcursionistaribagorza.com/

domingo, 30 de agosto de 2009

LA VOZ DE LA CONCIENCIA

Hirbet Hiza. Un pueblo árabe, S. Yizhar, Editorial Minúscula, 2009, 127 páginas.

Hirbet Hiza es una de los principales relatos de S. Yizhar, pseudónimo del gran escritor israelí Yizhar Smilansky (1916 - 2006). La novela, a cuyo título se ha añadido en su versión española la frase aclaratoria Un pueblo árabe, fue escrita y publicada en Israel en 1949. A pesar de los sesenta años transcurridos desde entonces, el contenido del libro mantiene una absoluta vigencia. Tanto en lo que se refiere al conflicto árabe-israelí, que perdura desde aquellas fechas, como en su intención más universal, que transciende la época y la geografía concretas en que suceden los hechos narrados.

La narración está escrita en primera persona. El narrador es uno de los soldados israelíes que participan en el desalojo y la destrucción de Hirbet Hiza, un pueblo árabe imaginario que podría ser cualquiera de los que sufrieron esa contingencia durante la primera guerra entre árabes y judíos que se produjo en los años 1948 y 1949. Una vez destruido Hirbert Hiza, se instalará en su lugar una nueva colonia judía. En un principio, el narrador no se cuestiona las órdenes de sus mandos y participa con indiferencia y rutina en la operación encomendada. Los soldados muestran en sus comentarios su desprecio por los deportados, considerados inferiores e incapaces, y a quienes, en una transmutación del enemigo en no persona tan frecuente en las guerras, llegan a tratar como subhumanos. En su papel de guerreros no hay lugar para la compasión ni la sensibilidad hacia los vencidos.

Sin embargo, la conciencia del narrador va despertando y empieza a pensar que el ejército no tiene derecho a esa ocupación injusta. Primero es un debate que lo tortura por dentro. Después se afianza en él esa opinión que al ser tímidamente exteriorizada es rechazada con contundencia por sus compañeros.

Los argumentos interiores del narrador van transcendiendo del caso concreto a una reflexión más general sobre cómo el pueblo hebreo, que ha sido tan perseguido a lo largo de su historia, ha invertido la situación sin que nadie desde dentro cuestione ese perverso cambio de papeles.

Un libro espléndido, con una magnífica prosa de frases largas y descripciones minuciosas de la naturaleza en que transcurre la narración. Con más valor por ser una de las pocas voces críticas que desde las filas de un pueblo que ha sufrido como pocos a lo largo de la historia es capaz de ponerse en la piel y en el sufrimiento del otro.

Carlos Bravo Suárez

jueves, 27 de agosto de 2009

LA ERMITA DE SAN MARTÍN DE CAPELLA Y SUS ALREDEDORES

Hace unos meses fue señalizado el acceso a la ermita de San Martín en la sierra de Capella. Se procedió a la colocación de varios postes indicadores a lo largo de un corto itinerario que arranca del magnífico puente medieval, en cuya entrada, junto al merendero, se instaló un pequeño panel informativo con algunos datos sobre la ermita y sus alrededores. Los trabajos fueron realizados por la empresa Prames y forman parte de un programa de señalización de ermitas rupestres en la comunidad aragonesa. Se consideran rupestres aquellas construcciones que aprovechan las rocas naturales como paredes o techumbres. En ese sentido, San Martín no es propiamente una ermita rupestre, pero sí lo son las cuevas cerradas que se encuentran próximas a ella.

La ermita románica de San Martín se sitúa debajo del llamado tozal del Soldau, de 834 metros de altitud. Desde hace mucho tiempo se halla en estado de ruina y envuelta en maleza. Se levanta sobre un pequeño espolón rocoso cuyo acceso suele estar resbaladizo. Se trata de un edificio de nave rectangular única con un ábside semicircular, canónicamente orientado al este, que se conserva íntegro. Su cubierta está totalmente hundida, aunque permanece el cuarto de esfera que cubre el hemiciclo absidial. Algunos sillares caídos fueron aprovechados para acortar la nave, cerrando con un muro la parte más próxima al ábside. Por debajo de éste, otro muro con una puerta de arco de medio punto cierra lo que sería probablemente la entrada al recinto. Los estudiosos suelen fechar la construcción de la ermita en el siglo XII, aunque algunos la adelantan a finales del XI.

Junto al templo, unas cuevas excavadas en la roca han sido cerradas con paredes de mampostería quedando convertidas en abrigos naturales, usados durante tiempo por los pastores para resguardar el ganado. En las paredes de estas cuevas se observan entalladuras que indican que en algún momento hubo en ellas varios pisos o plantas. En el segundo abrigo y a la altura del primer piso, pueden verse unos curiosos grabados que probablemente no tengan demasiada antigüedad. Fueron dibujados en la pared rocosa sobre la superficie oscurecida por el humo. Pueden adivinarse dos posibles escenas de adoración con algunas figuras postradas ante lo que parecen imágenes de Cristo y de la Virgen.

Un poco antes de llegar a la ermita, a la izquierda del camino, hay una pequeña fuente. Encima de la arruinada construcción religiosa, en un hueco de la roca al que se puede acceder por un paso bastante peligroso, fue excavado un pequeño aljibe que serviría para recoger el agua que se escorre por las paredes de las rocas. El paraje de la sierra en que se ubica la ermita es bastante húmedo y en él suele haber musgo y una vegetación frondosa.

Antes de llegar a San Martín, muy cerca de la bifurcación del sendero que lleva a La Canal y a la derecha del que conduce a la ermita, en el lugar denominado Santa Eulalia, quedan algunos restos de lo que probablemente fue otra construcción religiosa o tal vez defensiva. Se trata de los cimientos de unos gruesos muros que quedan hoy ocultos por numerosos matorrales y arbustos.

Poco antes de llegar al depósito de aguas, sale una pista a la derecha que lleva a unos campos de labor. Atravesándolos se llega a un cerro conocido como Corona Castiella. Allí, entre arbustos, se esconden los restos de muros que tal vez correspondan a otra vieja ermita. El lugar se conoce como San Chulíán, topónimo que aparece en documentos medievales para referirse a una de las varias aldeas de las proximidades de Capella. Antes de llegar a estas ruinas, pueden verse algunas oquedades excavadas en un suelo rocoso que quizás pudieran ser en su momento tumbas antropomórficas.

Aunque nos movemos en parte en el terreno de las hipótesis, no hay duda de que la ladera de la sierra que va desde el puente románico de Capella hasta las ruinas de la ermita de San Martín contiene numerosos vestigios históricos que parecen indicar su importancia estratégica en épocas pasadas.

La excursión hasta la ermita de San Martín desde el puente de Capella es corta y no supone mucho esfuerzo para el caminante. Resulta muy recomendable no sólo por el valor histórico que el enclave tiene, sino también por las espléndidas vistas que desde él se contemplan. Llegar hasta allí resulta ahora más fácil, sólo hay que seguir los sucesivos indicadores que nos conducen, sin posibilidad de pérdida, hasta las ruinas de la vieja ermita.

Debo buena parte del conocimiento de la zona descrita en este artículo a Joaquín Sesé, quien amablemente me ha enseñado algunos de los lugares citados. Sin su acompañamiento y ayuda yo nunca hubiera sabido encontrarlos.

Antes de terminar esta colaboración quiero recordar también a Fernando Calvera, con quien durante varios años compartí las páginas de este Llibré y que lamentablemente nos ha abandonado en fechas recientes. Pero como la vida sigue, terminaré estas líneas deseando a todas las gentes de Capella que pasen una felices Fiestas Mayores.

Carlos Bravo Suárez
(Artículo publicado en "El Llibré" de las Fiestas de Capella, Agosto 2009)
(Fotos: Abrigos en la roca, restos de la ermita, interior del ábside, aljibe, ermita desde el aljibe y Capella desde San Martín)

domingo, 23 de agosto de 2009

UN ESPAÑOL EN GUINEA

Una historia africana, Javier Reverte, Círculo de lectores, 2009, 155 páginas

Además de autor de varias novelas y de algún libro de poesía, Javier Reverte es probablemente en la actualidad el mejor escritor español de literatura de viajes. Reverte es un gran conocedor de África, continente que ha recorrido en numerosas ocasiones y cuyas experiencias viajeras ha contado en algunos libros inolvidables. Como ya hiciera en El médico de Ifni, el escritor madrileño ha ambientado su última novela, Una historia africana, en una de las antiguas colonias españolas en África. En esta ocasión en Guinea Ecuatorial.

Allí transcurre la historia del médico Luis Urzaiz entre los años 1967 y 2004. Procedente de una familia pamplonesa bien situada, Urzaiz llega a Guinea en las vísperas de su independencia. Dos años después, en medio de una fuerte reacción antiespañola, su esposa, también perteneciente a una rica y católica familia navarra, con su hijo de un año y otro en camino, debe abandonar apresuradamente el país. Urzaiz, sin embargo, permanecerá en la excolonia donde vivirá las vicisitudes históricas que allí se suceden. Instalado en la ciudad meridional de Cogo -Puerto Iradier en época española-, el médico se mantiene al frente de su hospital pero no puede escapar a la vorágine política que se apodera del país. Los cadáveres que descienden por los ríos que forman el estuario de Río Muni indican las sucesivas oleadas de violencia desencadenadas primero por Macías y luego por su sobrino Obiang.

La novela muestra también la evolución personal de Urzaiz, que va desprendiéndose de sus creencias religiosas, fuertemente arraigadas en su mujer y en sus respectivas familias con quienes acaba rompiendo sus vínculos. Eso hará que su relación con el Padre Diego, el otro español que queda en Cogo, sufra diversos altibajos. La novela muestra fielmente diferentes aspectos del país ecuatorial. Sobre todo la corrupción y la violencia políticas, pero también otros como la fuerte presencia de la sexualidad y las frecuentes relaciones con mujeres muy jóvenes, prácticamente niñas. Por otro lado, el supuesto papel de ayuda desinteresada del médico queda empañado por su vanidad, puesta de manifiesto en su reacción al no obtener el premio Nobel de la Paz para el que es propuesto en tres ocasiones. El nuevo encuentro entre Urzaiz y Mbama, antiguo policía de Macías, hace que la novela gane en tensión e intriga en sus páginas finales.

Una novela que se lee casi de un tirón, muy bien documentada, que ayuda a conocer mejor la dramática historia reciente de un país durante mucho tiempo estrechamente vinculado al nuestro.

Carlos Bravo Suárez

viernes, 21 de agosto de 2009

LA REVOLUCIÓN DE 1868 Y EL SEXENIO DEMOCRÁTICO EN RIBAGORZA

El pasado año se celebró el 140 aniversario de la Revolución de 1868, conocida como “la revolución de septiembre” o, más pomposamente, como “la Gloriosa”. El estallido revolucionario de septiembre de 1868 supuso el inicio de uno de los periodos más convulsos de la historia de nuestro país: el sexenio democrático o revolucionario. Durante seis años se sucedieron en España una revolución que obligó a huir al extranjero a la reina Isabel II (1868), la promulgación de una constitución muy liberal y progresista (1869), el breve reinado de Amadeo I de Saboya (1871-1873), el corto y agitado periodo de la I República (1873-1874) y la vuelta al trono de la dinastía borbónica con Alfonso XII que supuso el inicio de la llamada Restauración (1874).

Sobre este intenso periodo histórico pueden consultarse diferentes libros de Historia, tanto de España como de Aragón. En el ámbito provincial, hay un interesante capítulo dedicado a estos vertiginosos años en “Historia del Alto Aragón”, de Domingo Buesa. Sin embargo, quien mejor ha estudiado la repercusión de “la Gloriosa” en la provincia de Huesca ha sido Alberto Gil Novales. Fue hace ya algunos años en el interesante libro “La Revolución de 1868 en el Alto Aragón”, publicado en 1980 dentro la Colección Básica Aragonesa de Guara Editorial. De este libro extraigo buena parte de la información sobre la incidencia que “la Gloriosa” tuvo en la comarca oscense de la Ribagorza.

Las causas del estallido revolucionario de 1868 fueron varias y complejas. A la crisis económica que sacudió España se añadió la crisis política y el aumento del rechazo popular hacia la reina Isabel II. Los partidos progresistas, democráticos y liberales, excluidos del poder, aunaron en un principio sus esfuerzos, pese a las notables diferencias que existían entre ellos, no sólo contra el gobierno moderado de Narváez, sino también contra la propia reina. Desde el exilio europeo, estos grupos establecieron diversos pactos para aumentar la agitación contra la monarquía borbónica. Llegaron a plantearse incluso una entrada en España a través de los Pirineos que finalmente no llegó a producirse. Eran cada vez más los jefes militares que apoyaban esos intentos y los generales Prim y Serrano se pusieron a la cabeza de la conspiración. El día 17 de septiembre de 1868, las fuerzas navales al mando del brigadier Topete se amotinaron en Cádiz. Era la señal para el inicio de la revolución. El día 19 todos los generales sublevados hicieron público un comunicado que terminaba con la famosa frase “¡Viva España con honra!” El día 28, el ejército realista que intentaba sofocar la rebelión fue derrotado en la batalla del puente de Alcolea (Córdoba). Al día siguiente la reina Isabel II, que todavía estaba veraneando en San Sebastián, decidió huir a Francia.

La Revolución de 1868 llegó a todos los lugares de España. En Aragón comenzó a extenderse a partir del día 21. En todas las poblaciones se crearon las llamadas Juntas Revolucionarias, que en algunos casos ya existían en la clandestinidad y que constituyeron el nuevo poder. La de Huesca ya estaba formada el día 30 de septiembre. Dos días después se ordenó la destitución de todos los ayuntamientos de la provincia anteriores a la revolución y su sustitución por las Juntas Municipales Revolucionarias. Asimismo, se solicitó a las Juntas de Barbastro, Benabarre, Fraga y Sariñena que enviaran un representante a la de Huesca para establecer así un poder provincial. Por algunos documentos existentes sabemos que antes del decreto obligatorio del 2 de octubre ya se habían constituido las juntas de Almudévar, Ayerbe, Barbastro, Benabarre, Jaca y Sariñena. Y probablemente las de Tamarite, Grañén, Graus, Laluenga y Sangarrén. Todas las restantes de la provincia se crearon tras el citado decreto.

Por lo que respecta a Ribagorza, Alberto Gil Novales aporta en su libro noticias algo más extensas de las Juntas Revolucionarias de Graus y Benabarre, principales municipios de la comarca que según el censo de 1860 contaban con 3242 y 2397 habitantes respectivamente. También incluye algunos datos sobre Estopiñán (986 habitantes en 1860), Laguarres (574), y Roda (487). Aunque hoy ya no formen parte de la comarca ribagorzana, incluiremos aquí a Estadilla (1920) y Olvena (495).

Si el objetivo de la Revolución del 68 y de las juntas revolucionarias era cambiar el orden social del país, eso no se consiguió en muchos lugares. Tal vez más en las grandes o medianas poblaciones, pero no tanto en el mundo rural donde la existencia de estructuras sociales muy consolidadas y de un arraigado caciquismo no era fácil de modificar. La constitución de las juntas fue al parecer bastante caótica e irregular. Las hubo muy exaltadas y anticlericales, algunas propugnaban la revolución social, otras eran estricta y radicalmente liberales y varias fueron rápidamente controladas por los caciques o terratenientes, incluso por los aristócratas, que se integraron en ellas con el fin de que nada cambiara del todo. Es curioso el caso de Altorricón, en La Litera, donde el barbero del pueblo y algunos amigos salieron a la calle gritando “Abajo los Borbones” y fueron reducidos por un hombre (al parecer el propio alcalde) y su hijo armados. Aún más escandaloso fue el caso de Candasnos, donde la Junta quedó integrada por un rico propietario, dos criados suyos y el alguacil, quien iba por la noche pidiendo a los vecinos el apoyo para el presidente recordándoles que eran sus acreedores, sus arrendatarios o sus jornaleros. En Anzánigo, el cura, del que se decía que era más tirano que el zar de Rusia, se puso al frente de la Junta. Ante el vacío de poder existente en los primeros días de la revolución, cada pueblo fue más o menos por libre y en bastantes lugares parece que hubo mucha picaresca y algunos rápidos cambios de chaqueta. Además del oportunismo y del afán de medro personal que suele esconderse en estos casos detrás de la grandilocuencia y de la demagogia políticas. De todas maneras, el nuevo gobierno, temeroso de perder el control de la situación y del extremismo de algunas de ellas, desactivó en cuanto pudo a las juntas revolucionarias que habían surgido de manera más o menos espontánea en los primeros días de la revolución. El 26 de octubre se autodisolvió la Junta de Huesca, que además tuvo que dar explicaciones sobre su verdadera lealtad a la Revolución. Poco más durarían las demás de la provincia.

Veamos cómo funcionaron estas juntas revolucionarias en los pueblos ribagorzanos de los que tenemos algunas informaciones históricas gracias al libro de Gil Novales. Empezaremos por Graus, cuya junta se constituyó con prontitud y fue considerada por algunos como ejemplar, recibiendo incluso la felicitación de la de Huesca. El día 8 de octubre quedó definitivamente constituida por unanimidad y con un respaldo de más quinientos votos. En su declaración de principios declara su radicalismo liberal, es decir, la defensa absoluta de todas las libertades: “Nuestro lema es: Radicalismo absoluto. Esto es: desde la más completa libertad individual hasta la abolición del más ínfimo impuesto indirecto”. En defensa de esa libertad se critica la decisión de la Junta de Huesca, que en realidad fue de la de Zaragoza, de expulsar a los jesuitas, que en Graus tenían un colegio desde hacia tiempo y que ahora acababa de abrir por tercera vez. Según la Junta grausina esa decisión iba contra la libertad de culto, la seguridad personal, la inviolabilidad de domicilio y la libertad de enseñanza. A los autores de la orden de expulsión de los jesuitas les acusa de ser “antimoderados, pero no liberales”. Advierte a la Junta provincial que no defender todas las libertades “sería dar una prueba de que la gran causa de la libertad dependía de la influencia personal”. Se siente respaldada por la población en sus principios y asegura que sólo por la fuerza podrá ser disuelta. Expresa también sus temores de que la revolución termine en “una constitución raquítica e impropia de la patria de los Riego y Mendizábal, Orense y Sixto Cámara”. La Junta de Graus estaba presidida por Antonio Monclús Balaguer y sus vocales eran Faustino Lacambra Gambón, Justo Lacambra Naval, Teodosio Dumas Lobera y Domingo Lacambra Naval.

Más complicadas y menos unánimes fueron las cosas en Benabarre. La Junta fue nombrada el 30 de septiembre, pero el anterior alcalde, Medardo Guardia Serra, y el juez del partido judicial se opusieron a ella y huyeron a Graus donde fueron acogidos. Además, la nueva junta destituyó a todos los funcionarios del término y nombró otros nuevos. La junta de Barbastro protestó ante la provincial por los alborotos que se habían producido en Benabarre, aunque la junta de Huesca aceptó la nueva situación. Desde Graus, el anterior alcalde de Benabarre se adhirió a la Revolución y denunció que se había allanado su despacho del que se habían robado más de setenta duros. La huida del juez y del fiscal de Benabarre a Graus hizo que se reclamara el traslado de los juzgados a esta población. Como representante de la junta benabarrense en Huesca fue nombrado José Clemente Piniés, de la familia Piniés, que ya empezaba a adquirir protagonismo político. El presidente de la Junta de Benabarre fue Federico Martínez, el vicepresidente José Balaguer Ferrando y los vocales Medardo Facerías, Manuel Saura y Pedro Radigales.

También hubo problemas en Estopiñán, donde se planteó un conflicto entre la Junta y el Ayuntamiento, cuyo alcalde era Ramón Quintilla. Integraban la Junta el presidente Jaime Sisón, el vicepresidente Francisco Camón y los vocales José Vives, Antonio Guillén y Miguel Recarte. Dentro del término de Estopiñán, en las minas de Tragó, se produjeron graves enfrentamientos en varias ocasiones. Al proclamarse la Revolución, trescientas personas armadas procedentes de Estopiñán, Tragó de Noguera, Camporrells y Alcampell ocuparon el lugar y estuvieron explotando las minas durante dos meses y medio. El concesionario de la explotación consiguió que acudiera en su ayuda el ejército, que las recuperó sin resistencia. Cuando la tropa se retiró los lugareños volvieron a ocupar las minas. Regresó el ejército y construyó una casa-castillo para proteger el lugar. El 6 de febrero de 1869 ciento cincuenta hombres armados volvieron a apoderarse de las minas y destruyeron la casa-castillo.

Los miembros de la Junta de Estadilla fueron acusados de carlistas a través de una carta anónima enviada a Huesca. El argumento con el que se defienden resulta sorprendente y contradictorio: no pueden ser carlistas porque son los primeros contribuyentes del pueblo. El presidente de esa junta era Pedro Abbad y Gabriel Subías uno de sus vocales.

En Laguarres parece que se presentaron cargos contra el maestro del pueblo, que se defendió diciendo que sólo había obedecido a la Junta, pero no sabemos nada más del asunto. De la de Roda conocemos que José Llamas era su presidente y Juan Antonio Pablo uno de los vocales. En Olvena, el presidente fue Antonio Carmen Arnal y los vocales José Cambra Vidal, Pedro Ardanuy Ferrando, Jaime Cambra, Blas Puzo y Francisco Santamaría.

En las elecciones celebradas a finales de 1868 triunfaron los partidos que propugnaban una monarquía que excluyera la continuidad borbónica. Sin embargo, los republicanos ganaron en muchas provincias, entre ellas en las tres aragonesas. En la de Huesca los seis diputados fueron republicanos, elegidos por el ochenta por ciento del censo electoral. El 30 de septiembre de 1869 con gran apoyo popular se proclamó la República de Barbastro. La llegada de un regimiento militar hizo que los sublevados huyeran hacia Benasque y Benabarre.

En 1871 fue proclamado rey de España el italiano Amadeo de Saboya que, superado por la complicada situación del país, abdicó dos años más tarde. En agosto de 1871 fue detenido en Graus el francés Paul Lafargue, yerno de Carlos Marx. Había cruzado la frontera por los Pirineos tras ser expulsado de Francia. Su detención en Graus sería muy breve, pues entre 11 y el 22 de agosto lo encontramos en Huesca. Parece que puso en marcha algunas federaciones obreras en Huesca, Boltaña, Graus, Ayerbe, Monzón o Tardienta.

En febrero de 1873 se proclamó la I República en España. Las tendencias federalistas más radicales derivaron hacia el cantonalismo. En julio de 1873 los republicanos aragoneses se inclinaban por una república unitaria frente al fraccionamiento excesivo. Sin embargo, al cesar Pi y Margall como presidente de la República, el barbastrense Luis Blanc proclamó el cantón del Alto Aragón que integraba a Barbastro, Monzón y Graus. Fue disuelto en agosto, aunque parece que tuvo continuidad durante ese mismo mes en un breve cantón ribagorzano.

En 1872 se inició la tercera guerra carlista que duró hasta 1876. Aunque tuvo mayor incidencia en el País Vasco, Navarra y Cataluña, en Aragón también hubo algunos enfrentamientos, sobre todo en las comarcas limítrofes con Cataluña, como es el caso de la Ribagorza. Según recogió Manuel Iglesias Costa en su “Historia del Condado de Ribagorza”, en la primavera de 1873 las fuerzas carlistas procedentes de Cataluña “entraron en Tamarite y Benabarre, hicieron exacciones, cogieron rehenes, quemaron libros del Registro Civil y algunas cosas pendientes en los juzgados”. La partida carlista fue sorprendida en Arén por las tropas liberales y se vio obligada a dispersarse. En los siguientes años de guerra, se produjeron otros incidentes y abundante tránsito de los ejércitos contendientes por las tierras ribagorzanas.

La I República, obligada a luchar contra el cantonalismo por un lado y contra el carlismo por otro, entró en una etapa de dictadura conservadora tras el golpe militar del general Pavía el 3 de enero de 1874. El pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto el 29 de diciembre de ese mismo año significó el final de la I República, la subida al trono del rey Alfonso XII y el inicio de la Restauración.

Hemos visto cómo los acontecimientos y las tendencias políticas en el poder se suceden de manera vertiginosa en el breve periodo del Sexenio Democrático o Revolucionario. Para terminar este repaso histórico, reproduciré una cita de Francisco Navarro Aznar, por aquellos años Jefe de la Biblioteca Universitaria de Zaragoza, que recoge Gil Robles en su libro y que es muy significativa del desencanto que este convulso periodo produjo en algunas mentes lúcidas: “El país, que no hace caso de abstracciones, y sólo atiende a la conducta, verá con dolor, que los moderados han prosperado con la palabra orden, y que los liberales gritan y vociferan libertad hasta que cogen un cargo”.

Carlos Bravo Suárez
(Artículo publicado en el suplemento especial de San Lorenzo del Diario del Alto Aragón, 10-8-09)
Foto: Trabajadores ribagorzanos a principios del siglo XX; extraída del libro "Ribagorza. Historia de una metamorfosis", de Paquita Ballarín, editado en 1998.

jueves, 20 de agosto de 2009

UNA CHICA TRISTE EN PARÍS

“En el café de la juventud perdida”, Patrick Modiano, Anagrama, 2009, 130 páginas.

Patrick Modiano (1945) es uno de los mejores escritores franceses actuales. A pesar de ser autor de numerosas novelas y de algunos guiones de cine, Modiano no es todavía muy conocido en España. Sin embargo, el éxito de Un pedigrí, una novela autobiográfica publicada el pasado año, ha hecho que su libro más reciente, “En el café de la juventud perdida”, haya sido editado con prontitud en nuestro país. Aprovechando el tirón, Anagrama ha publicado también Calle de las tiendas oscuras, su novela más famosa, ganadora del prestigioso premio Goncourt en 1978.

En el café de la juventud perdida es una novela triste y melancólica. Magníficamente escrita. Con un estilo sobrio y elegante y una estructura narrativa poliédrica, con diferentes puntos de vista en primera persona, el relato cuenta, a cuatro voces, la historia de Jacqueline Delanque, una joven parisina que frecuenta el café Condé, donde todos la conocen como Louki. Un estudiante también asiduo de los ambiente bohemios del Condé, un detective seducido por el personaje sobre el que debe buscar información, la propia Louki y, en dos momentos distintos, Roland, que ha ido estrechando su relación sentimental con la joven, componen sucesivamente un retrato de luces y sombras de una muchacha frágil y sensible, perdida en la gran maraña urbana, que busca en la vida sin saber muy bien qué y siempre acaba huyendo, de su pasado, de su presente y, tal vez y sobre todo, de ella misma.

Conocemos algunos retazos de la vida de Louki e intuimos otros a partir de las sugerentes elipsis de la novela: una chica que creció sin padre y con una madre acomodadora en el Moulin Rouge, que comenzó a vagabundear en la noche, que fue introducida en consumos peligrosos por una amiga, que se casó muy joven buscando tal vez un padre más que un amante, que asistía a reuniones de espiritismo, que leía libros como Horizontes perdidos, que se aferraba a algunos “puntos fijos” en el marasmo anónimo y solitario de la gran ciudad, y que acabó, tal vez perdidos del todo sus horizontes, dejándose ir, ingrávida y ligera.

Como ocurre en casi todas las novelas de Modiano, En el café de la juventud perdida transcurre en París. En este caso, el París de los sesenta, una ciudad cambiante donde casi nada permanece y donde transcurrió la juventud también perdida del novelista.

Una novela realmente hermosa; triste y melancólica, pero muy hermosa.

Carlos Bravo Suárez