domingo, 24 de noviembre de 2013

EL ÚLTIMO LAPÓN


El último lapón. Oliver Truc. Destino. 2013. 505 páginas.

El último lapón es la primera novela de Oliver Truc (1964), un periodista francés de extensa trayectoria que lleva veinte años afincado en Suecia, donde ha trabajado como corresponsal para importantes medios de comunicación de su país. En su debut en la narrativa,Truc crea un interesante relato de intriga magníficamente ambientado en Laponia, en las tierras escandinavas más septentrionales situadas por encima del Círculo Polar Ártico. Una región ─repartida en la actualidad entre los estados de Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia─, en la que viven los samis, un pueblo aborigen con una rica y diferenciada cultura.

Cuando, después de cuarenta días de oscuridad, vuelve a brillar el sol aunque solo sea durante unos minutos, dos sucesos van a romper la tranquilidad de la ciudad de Kautokenio en la Laponia central: el robo de un valioso tambor sami que acaba de llegar al museo local procedente de Francia y la muerte de uno de los más conocidos pastores de renos que tiene su campamento a las afueras de la población. Los policías Klemet y Nina investigarán el caso. Él es un sami que ha vuelto a la región que abandonó de niño; ella, una joven  noruega que desconoce por completo la cultura y las tradiciones laponas. La trama policiaca se irá enredando con la aparición de intereses económicos ligados a la extracción de los valiosos minerales que la región parece esconder desde tiempos remotos en sus tierras más vírgenes.

Si la trama policial mantiene siempre viva la intriga del relato, este destaca sobre todo por la gran información que proporciona sobre la vieja cultura sami, que resiste a duras penas los fuertes embates de la supuesta modernidad. Una cultura ancestral en la que, pese a la penetración de corrientes luteranas de carácter puritano, perviven algunos chamanes que expresan su relación con el pasado y con el más allá a través de extraños cánticos guturales llamados yoiks y de viejos tambores profusamente ilustrados con simbólicos dibujos de contenido hermético para los profanos. En este gélido y extenso territorio, todavía sobreviven algunos pastores que ahora cuidan sus rebaños de renos con las modernas motos de nieve y que, de vez en cuando, se enzarzan en discusiones por los pastos que no suelen ir demasiado lejos. La documentación histórica y el conocimiento de primera mano han permitido a Olivier Truc llevar a cabo una impecable y completísima ambientación de su novela, que constituye una verdadera inmersión en la desconocida y ancestral cultura de los habitantes aborígenes de aquellas frías y lejanas tierras.

Además de intriga y buena ambientación, la novela encierra una notable carga crítica de carácter ecologista y una llamada de atención sobre la necesidad de preservar unos territorios y una cultura que pueden sufrir las nefastas consecuencias de la codicia y de la especulación que parecen presidir los principales afanes de nuestro tiempo.

“El último lapón” es un largo relato que, sin embargo, engancha al lector desde el primer momento y lo transporta a las lejanas tierras del Gran Norte europeo, haciéndole disfrutar de una espléndida y equilibrada combinación de documento casi antropológico y absorbente novela negra.                                                                                   

Carlos Bravo Suárez

  

domingo, 17 de noviembre de 2013

PEORES MANERAS DE MORIR


Peores maneras de morir. Francisco González Ledesma. Planeta. 2013. 375 páginas.

Con una larga y brillante trayectoria en el género, Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927) es uno de los mejores escritores españoles de novela negra. Inició su carrera literaria a finales de los años 40, fue reiteradamente censurado por el franquismo e incluso firmó con el seudónimo de Silver Kane un buen número de novelas del oeste que algunos recordamos haber leído en nuestra adolescencia. Junto a su paisano Manuel Vázquez Montalbán, ha sido considerado el mejor representante de la novela policiaca de corte social en nuestro país. En esta línea, destaca su serie de relatos protagonizados por el inspector Méndez, siempre ambientados en la ciudad condal. La última aventura de este veterano y desencantado policía curtido en las calles barcelonesas es la recientemente publicada Peores maneras de morir.

En esta nueva novela del veterano escritor barcelonés, el inspector Méndez se enfrenta a un complejo caso de trata de blancas. La novela se inicia con la muerte de una chica ucraniana en una ruinosa casa del barrio chino de Barcelona. Otra joven de la misma nacionalidad ha huido de una potente mafia europea de prostitución tras eliminar de la manera más inesperada y sorprendente a uno de sus más crueles miembros. Méndez, policía de la vieja escuela, escéptico, desencantado y siempre mal visto por unos superiores que esperan y desean su pronta jubilación, investigará el caso en las degradadas calles de El Raval y Ciutat Vella, y usará sus propios métodos al margen de la ley siempre que lo estime oportuno. El viejo inspector no cree demasiado en la justicia porque sabe que los recursos para escapar de ella de las mafias internacionales que controlan la prostitución son casi tan grandes como la crueldad que ejercen sobre las jóvenes que caen atrapadas en sus redes.

El asunto de la trata de blancas a gran escala se verá conectado en la narración con la existencia de organizaciones altruistas de ayuda social a los más desfavorecidos, de las que forman parte tanto personas verdaderamente caritativas y generosas como algún mafioso que pretende así encubrir mejor sus actividades delictivas.

Peores maneras de morir es una novela policiaca con un ritmo trepidante, lenguaje directo, capítulos cortos, muertes violentas, fina ironía y una latente crítica social de fondo. En cuyas páginas encontramos buenas descripciones de Barcelona, de sus diferentes capas sociales, de sus barrios y sus calles, que tanto ha pateado y conoce el incansable inspector Méndez. Un policía de la vieja escuela, amigo de las gastadas prostitutas y de los bares más cutres del barrio chino barcelonés, a quien le cuesta adaptarse a los cambios de una ciudad que cada vez se parece menos a aquella en la que él vivió tiempo atrás sus mejores momentos.

Según he leído recientemente en algún medio, Francisco González Ledesma sufrió un ictus cuando estaba escribiendo este libro, que logró terminar con la ayuda de su hija. Deseamos su pronto restablecimiento y que pueda seguir publicando novelas tan atractivas como esta que acabamos de reseñar.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 10 de noviembre de 2013

LA HABITACIÓN OSCURA

        
         La habitación oscura. Isaac Rosa. Seix Barral. 2013. 256 páginas.

Isaac Rosa (Sevilla, 1974) es uno de los escritores más destacados e innovadores de la literatura española actual. Sus seis novelas anteriores han obtenido un considerable reconocimiento de la crítica y han recibido diversos premios. Una de las más relevantes fue El país del miedo, editada en 2008 y reseñada en su momento en esta sección. La habitación oscura es su última novela y mantiene el carácter innovador y diferente de sus libros anteriores.

En La habitación oscura se cuenta cómo un grupo de jóvenes, durante un periodo de unos quince años, dispone de un local común en el que ha sido habilitada una habitación que se encuentra siempre en total y absoluta oscuridad. Allí, con un pacto de silencio en su interior aceptado por todos, mantienen promiscuas relaciones sexuales, buscan tranquilidad y refugio, o simplemente se evaden de sus agobios cotidianos. A medida que avanza la novela, van surgiendo diversos problemas que complican la situación de muchos de los personajes que frecuentan el oscuro habitáculo en el que, de manera inevitable y creciente, se va filtrando de una o de otra manera la realidad exterior.

Aunque no sé hasta qué punto logra este objetivo, La habitación oscura ha sido presentada en su promoción como una crónica generacional. Es cierto que, en el lapso de tiempo en que transcurre el relato, se pasa de una situación general económicamente boyante a la irrupción de una profunda crisis que afectará en mayor o menor medida a casi todos los personajes del libro. También es cierto que estos personajes no adquieren demasiada profundidad ni dimensión porque apenas constituyen un bosquejo que no va mucho más allá de unas pocas líneas dedicadas a cada uno.  El rápido paso del tiempo en la narración pretende explicarse simulando lingüísticamente a una cámara que rebobina a gran velocidad la película de los acontecimientos.

Isaac Rosa mantiene también en esta novela su personal línea innovadora en el aspecto estilístico. Las frases se suceden sin puntos y aparte a lo largo de los sucesivos capítulos y abundan las largas enumeraciones y la coordinación de oraciones copulativas o disyuntivas. Y, en un recurso poco frecuente y bastante conseguido y eficaz, no hay en la novela uno o varios narradores que cuenten la historia sino un único narrador colectivo, tanto masculino como femenino, que en ocasiones casi parece identificarse con la propia habitación en permanente penumbra. Esta es, sin duda, la verdadera protagonista del relato y adquiere una clara intención metafórico-alegórica que puede admitir diversas y variadas interpretaciones.

Se ha considerado La habitación oscura, y la obra de Isaac Rosa en general, como un ejemplo de la nueva literatura política, social o comprometida. Además de la presencia de la crisis económica y su citado impacto sobre los personajes, aparecen de manera más o menos evidente en la narración las protestas sociales y políticas vividas recientemente en nuestro país y se plantean las posibles líneas rojas que tal vez no deban ser traspasadas. En relación con ello, tiene una importante presencia en la parte final del relato el espionaje informático a personas o empresas y su utilización como una nueva y moderna manera de extorsión y chantaje.

La habitación oscura plantea interesantes y muy actuales asuntos a través de una envoltura formal muy original e innovadora. Otra cosa es que todo eso sea suficiente para convertirla en una gran novela.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 3 de noviembre de 2013

LA TRAMA NUPCIAL


La trama nupcial. Jeffrey Eugenides. Anagrama. 2013. 540 páginas.

Con solo tres novelas publicadas, y con nueve años de intervalo entre cada una de ellas, Jeffrey Eugenides (Detroit, 1960) se ha convertido en uno de los principales nombres de la novela estadounidense actual. Las vírgenes suicidas (1993) supuso toda una revelación y fue adaptada al cine por Sofia Coppola. Con la difícil y compleja Middelsex (2002), Eugenides ganó el premio Pulitzer y se convirtió en un autor de culto. Su última novela, La trama nupcial, editada en Estados Unidos en 2011 y en España hace unos meses, supone un considerable giro en su narrativa, pero también su consolidación como uno de los grandes valores de la literatura norteamericana contemporánea.

La trama nupcial transcurre en los primeros años de la década de los ochenta del pasado siglo XX. Sus protagonistas son tres estudiantes que acaban de graduarse en la universidad de Brown, en Providence, una de las mejores de la Costa Este estadounidense. Madelaine Hanna es una chica de una familia de clase media alta que está preparando un proyecto de fin de carrera sobre la importancia del matrimonio en la novela inglesa de la época victoriana. Además de leer a las escritoras decimonónicas británicas, Madelaine lee multitud de ensayos sobre el amor de algunos de los autores entonces de moda: Lyotard, Derrida y, sobre todo, Roland Barthes, cuyos Fragmentos del discurso amoroso Madelaine absorbe con verdadera fruición.

Al terminar su carrera universitaria, Madelaine se enamora perdidamente de Leonard Bankhead, un brillante y atractivo estudiante de ciencias que padece una enfermedad maniaco-depresiva que le obliga a seguir un estricto tratamiento y condiciona sus relaciones. El tercero en discordia es  Mitchell Grammaticus, un estudiante de teología muy interesado en la religiosidad y preocupado por el sentido final de la existencia humana. Mitchel está enamorado de Madelaine pero no es correspondido y tras su graduación emprende un viaje por Europa y Asia que le llevará hasta la India, donde trabajará un tiempo en los hospitales para pobres que dirige la madre Teresa de Calcuta.

El título del libro alude a que el matrimonio era el primer objetivo de las protagonistas de las novelas del XIX, y por tanto constituía el principal argumento o trama de esas narraciones. Parecería que en nuestro tiempo eso ya no fuera casi nunca así. Madeleine es una chica romántica y enamoradiza a la que gustan las novelas decimonónicas como objeto de estudio, pero que se empapa de las teorías amorosas modernas que están en boga en sus años de universitaria. Las contradicciones parecen crecer en ella y el autor las explota de manera admirable en un largo relato con mucho y muy denso contenido. De hecho, según ha confesado Eugenides en alguna entrevista, la frase que activó su narración fue “Los problemas amorosos de Madeleine empezaron cuando sus lecturas de teoría literaria desconstruyeron la idea que tenía del amor”. Aunque al final todo parece volver a cambiar, y el matrimonio y su problemática harán acto de presencia en la vida de la joven.

Siendo mucho más fácil y lineal que su libro anterior, La trama nupcial no es una novela para cualquier tipo de lector, pues en ella hay, sobre todo en su primera parte, muchas referencias culturas que sirven para completar una brillante descripción de los estudios de semiótica tan de moda durante los años ochenta en muchas universidades americanas y europeas. Pero no se trata solamente de una novela “universitaria”, sino que estamos ante una novela muy completa, y densa en contenidos como pocas. Hay en ella relato de iniciación, muestra de las diferencias de clase en la sociedad americana, sentimientos, viajes, religión… y la urgencia de dar respuestas a las necesidades de una manera que no siempre coincide con las sublimaciones idealizadas de los años juveniles. La trama nupcial es una novela espléndida, una magnífica y equilibrada mezcla de modernidad y clasicismo.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 27 de octubre de 2013

LOS CASTELLANOS

                                                           
   Los castellanos. Jordi Puntí. Xordica Editorial. 2013. 144 páginas.

Jordi Puntí (Manlleu, 1967) es uno de los escritores más destacados de la literatura catalana actual. Sus libros de relatos Piel de armadillo y Animales tristes, y sobre todo su novela Maletas perdidas, han obtenido el reconocimiento de crítica y lectores y han sido traducidos a varios idiomas. Colaborador habitual en diversos medios de comunicación, Puntí ha publicado recientemente en la editorial aragonesa Xordica su libro Los castellanos, que él mismo ha traducido de su edición original en catalán.

En Los castellanos, Jordi Puntí recuerda su infancia y primera adolescencia en Manlleu, una pequeña ciudad industrial de la Cataluña interior a la que en los años sesenta y setenta del pasado siglo XX llegaron numerosos emigrantes procedentes del sur de España, que se instalaron en nuevas barriadas de enormes bloques de pisos y a quienes los autóctonos denominaban genéricamente como els castellans o los castellanos. Se los llamaba así más por su condición lingüística que por su procedencia geográfica, pues en su gran mayoría se trataba de andaluces y extremeños. Entre los catalanes y los castellanos de Manlleu, y es de suponer que así ocurrió en muchas otras poblaciones industriales, se produjo en esos primeros años de encuentro una palpable separación tanto espacial como psicológica. En el caso de los niños y adolescentes, esa distancia se traducía en frecuentes peleas y disputas en descampados o cines, o en el diferente uso temporal de algunos lugares públicos como las piscinas municipales. El autor, que era un niño catalán en aquel tiempo, sentía una mezcla de recelo y admiración por aquellos otros chicos “castellanos”, más morenos y atrevidos, que parecían vivir más libres y mucho menos controlados por sus padres y familiares.

Pero que nadie crea que en Los castellanos se esconden las intenciones nacionalistas o identitarias tan frecuentes y cansinas de la actualidad catalana. Bien al contrario, Jordi Puntí realiza un destacado ejercicio de memoria personal y colectiva que, además de ofrecer casi un documento histórico de aquellos años, convierte sus recuerdos personales en materia literaria con su correspondiente pequeña dosis de invención narrativa. Y más teniendo en cuenta que, como el propio autor se encarga de recalcar, la propia infancia de uno es siempre una ficción. Y lo es tanto en la memoria que de ella perdura tras su pérdida como en su misma vivencia en el instante. Más aún en aquellos años en los que la imaginación infantil se veía modelada por las películas del oeste de los cines de barrio o por las novelas juveniles de moda.

Los castellanos es también un relato diacrónico que muestra los cambios en la ciudad y sus barriadas obreras, desde aquellos años de emigración del sur de España hasta los tiempos posteriores en que fueron llegando nuevas gentes procedentes de otras geografías. La desconfianza, a veces convertida en hostilidad, entre catalanes y castellanos fue en general superada en poco tiempo, y los degradados barrios que aquellos emigrantes fueron abandonando en su relativa prosperidad se vieron luego ocupados por los llamados moros y por otros inmigrantes que llegaban de diferentes lugares del planeta.

Cada capítulo del libro se abre con una fotografía en blanco y negro que ilustra acertadamente su contenido. Todo ello hace que Los castellanos sea una lectura muy amena, con una prosa directa, sencilla y muy bien elaborada; muy recomendable para entender mejor aquellos años de grandes cambios en las sociedades catalana y española.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 20 de octubre de 2013

UN NUEVO CASO DEL DETECTIVE VÍCTOR ROS


La última noche de Víctor Ros. Jerónimo Tristante. Plaza y Janés Editores. 2013. 448 páginas.

Tras la magnífica El valle de las sombras –que reseñamos aquí en su momento–, Jerónímo Tristante (Murcia, 1969) nos ha obsequiado con una nueva entrega de su serie de novelas que tienen como protagonista al detective madrileño Víctor Ros. Después de sus tres libros anteriores de la saga  –El misterio de la casa Aranda (2008), El caso de la viuda negra (2008) y“El enigma de la calle Calabria (2010), este último reseñado también en esta sección–, el escritor murciano acaba de publicar La última noche de Víctor Ros, en la que el sagaz y carismático investigador vivirá otra nueva, trepidante y enrevesada aventura.

Si las novelas anteriores transcurrían respectivamente en Madrid, Córdoba y Barcelona, en esta ocasión el famoso detective deberá trasladarse hasta Oviedo. Allí es requerido por su amigo el juez Agustín Casamajó para que intente aclarar el asesinato del hijo mayor de un rico empresario de la ciudad. El caso, del que hay dos sospechosos, se irá complicando con nuevas muertes que aumentan el misterio y obligan a Víctor Ros a emplearse a fondo y a enfrentarse a unos delincuentes tan sanguinarios como astutos y escurridizos. Para no estropear al lector el disfrute de la novela, no explicaré nada más de una trama compleja que, como en los casos anteriores, mantiene la intriga y el suspense hasta el último momento.

Quienes hayan leído las otras novelas de la saga se encontrarán con algunos personajes ya conocidos, entre los que destaca el pequeño Eduardo, que Ros ha adoptado como hijo tras haberlo recogido de la mendicidad de las calles de Barcelona en el libro anterior y que, ahora, al estar de vacaciones veraniegas, ayuda a su padre en las investigaciones ovetenses. Esto acentúa aún más el carácter familiar, algo atípico en el género, del detective, cuya esposa Clara también cobra protagonismo en el tramo final de la novela.

También la ambientación histórica en la década de los ochenta del siglo XIX en la provinciana Oviedo está muy lograda en esta nueva aventura de Víctor Ros: la descripción de las calles y plazas de la ciudad, las marcadas diferencias de clases, las duras condiciones de trabajo de los mineros, la penetración de las ideas socialistas, etc. Tristante se permite incluso algún guiño literario al lector, como la aparición puntual en el relato de algunos personajes de La regenta, de Clarín, novela coetánea de los acontecimientos narrados.

Aunque La última noche de Víctor Ros puede inscribirse en el género negro y policiaco, participa también de aspectos costumbristas y de muchos elementos del folletín decimonónico tan popular en la época. No hay duda de que el carácter inteligente, racional y deductivo de Víctor Ros bebe directamente del famoso Sherlock Holmes. El detective madrileño muestra siempre su devoción por la cultura anglosajona y es lector de autores como Dickens o el francés Dumas, aunque se declara sobre todo admirador de las magníficas novelas de Wilkie Collins.

Escrita con un lenguaje fácil y directo, y dirigida a un amplio público lector, esta nueva aventura de Víctor Ros gustará de nuevo a quienes disfrutan con la literatura de misterio, acción y continuos sobresaltos.


Carlos Bravo Suárez

domingo, 13 de octubre de 2013

INFANCIA Y MEDITERRÁNEO

         
Solsticio. José Carlos Llop. RBA LIBROS. 2013. 128 páginas.

Escribe José Carlos Llop (Palma, 1956) al principio de Solsticio que cuando el paraíso desaparece siempre aparece la literatura. El paraíso perdido que describe el escritor mallorquín en este breve y hermoso libro es el de los veranos de su infancia, en los años sesenta, en una batería del ejército español –su padre era militar– situada en una zona alejada y solitaria de la costa insular de Mallorca. A principios del mes de agosto, todos los años, un Simca de color cereza llevaba a la familia a este tranquilo rincón isleño donde el tiempo se paraba en una quietud rutinaria que al pequeño José Carlos le parecía infinita.

Esos veraneos en una isla todavía rural y aún no invadida por las hordas de turistas son recordados en Solsticio desde dos planos literarios y temporales distintos: el del niño que ni siquiera podía sospechar su posterior dedicación a la literatura y el actual escritor que hace pasar el recuerdo de aquellos años felices por el tamiz de su vasta cultura y su exquisita sensibilidad actuales. Porque en ese paisaje arquetípico y primario late la esencia mediterránea que se extiende de Algeciras a Estambul, “de Mallorca a Corfú, pasando por la Sicilia de Lampedusa”. Y ese lugar, curiosamente llamado Betlem, de estíos rutinarios y tranquilas vacaciones, se relaciona con un lejano mundo antiguo y primitivo del que todo procede y con unos paisajes poblados por una pléyade de mitos tanto cristianos como paganos. Son los paisajes de La Biblia y La Odisea, dos libros que aquel niño leía, o le leían, en aquellos días felices y que encarnan en cierto modo la esencia cultural del Mediterráneo.

Pero si en la Biblia la tierra prometida puede ser el premio final a un camino doloroso, en Solsticio la tierra prometida de la infancia es aquello que se pierde de manera inevitable porque la vida va dejando atrás el paraíso, que también dispone de sus ritos de iniciación, sus miedos y su posterior y casi seguro sufrimiento.

Desde el punto de vista narrativo, pocos son los personajes que aparecen en las páginas del libro. Destaca sin duda entre ellos la figura del padre; ordenado, obedecido por todos y profundamente religioso. Pero en ningún momento asoma la menor crítica social a un orden que a los ojos del niño nada ni nadie puede alterar ni mucho menos cuestionar. Sólo en el epílogo, el autor reflexiona brevemente sobre algunas formas casi feudales que han pervivido en las relaciones humanas insulares, de las que culpa a la ausencia de un verdadero siglo XVIII en la historia reciente del país.

La memoria se convierte así en Solsticio en una brillante forma de literatura. Y la literatura de Juan Carlos Llop es, en su sencillez y ritmo, siempre elegante, contenida y armoniosa. Buscando las palabras justas y rememorando un amplio vocabulario ligado a la flora y la fauna del paisaje mítico de la infancia. Pese a lo dicho, no estamos ni mucho menos ante un libro de memorias, tampoco del todo ante una novela. De ambas cosas tiene algo este Solsticio, pero en su brevedad, estilo y elegancia, hay también mucho de lirismo y de poesía.

José Carlos Llop es un escritor que ha cultivado antes la novela, los relatos, el dietario y el verso. Con este libro híbrido transciende lo que de anecdótico y particular pueda tener un periodo de su infancia al que convierte en una rica y sugestiva pieza breve de la mejor literatura. 


Carlos Bravo Suárez