martes, 29 de julio de 2014

ENVUELTO EN LA SENYERA (O TREINTA AÑOS DESPUÉS)

He tenido que esperar treinta años. En 1984, yo vivía en Barcelona cuando estalló el caso Banca Catalana. Recuerdo cómo el entonces presidente Jordi Pujol se envolvió en la senyera y dijo que aquello era una jugada indigna de Madrid y un ataque a Cataluña. Recuerdo cómo, sin levantar la voz y con argumentos, me atreví a criticar esa actitud con un grupo de amigos y conocidos que me tacharon de anticatalán, centralista y algunas cosas peores, en medio de una exaltación que nunca había visto antes en ellos. 

Yo, hasta entonces y aun después y ahora, había defendido siempre el Estatut y la lengua y la cultura catalanas; pero aquello supuso un punto de inflexión en mi percepción de la realidad catalana y la constatación del peligro que significaba para la razón y la tolerancia el creciente fervor nacionalista. Ahora sé que aquel líder que clamó contra Madrid y llamó a los suyos a manifestarse a su favor ya tenía entonces dinero sin declarar en una cuenta suiza y, treinta años más tarde, sospecho que todo aquello fue un ejercicio cínico de hipocresía y el inicio de una estrategia que nos ha llevado hasta la complicada situación actual que vive la sociedad catalana.
                                                                                                                                       
Carlos Bravo Suárez


Carta publicada en los diarios La Vanguardia, El Mundo (con ligeras variaciones y con el título de "Jordi Pujol y la cuestión catalana")  y El País.



domingo, 27 de julio de 2014

REIVINDICANDO A PLINIO

                                  
“El reinado de Witiza”. Francisco García Pavón. Rey Lear. 2013. 264 páginas.

Doctor en Filosofía y Letras, catedrático y director de la Escuela Superior de Arte Dramático, editor, novelista, autor de relatos y ensayos y crítico de teatro, Francisco García Pavón (Tomelloso, Ciudad Real, 1919 – Madrid, 1989) fue un interesante escritor español del pasado siglo XX que se hizo especialmente famoso por ser el creador de Plinio, jefe de la policía municipal de Tomelloso cuyo verdadero nombre era el muy común y prosaico de Manuel González. Con este protagonista, popularizado por una serie televisiva de principios de los años setenta, García Pavón escribió unas cuantas novelas que ahora, con buen criterio, está reeditando la editorial Rey Lear. En el caso de “El reinado de Witiza”, la edición cuenta con un certero prólogo de Raúl Guerra Garrido y un glosario final donde se aclaran algunos de los muchos localismos que aparecen en la obra.

“El reinado de Witiza” fue publicada en 1969, obtuvo en su época un importante éxito de ventas, quedó finalista del premio Nadal y fue galardonada con el premio de la Crítica. Narra un extraño y curioso caso, sucedido como en otras novelas de la serie en la localidad manchega de Tomelloso, que el policía Plinio y su ayudante don Lotario, rentista y veterinario de mulas del lugar con cada vez menos trabajo en su oficio, acabarán como siempre resolviendo no sin dificultad y engorro. Esta vez se trata de la insólita aparición de un cadáver en un nicho del cementerio municipal que el lugareño Antonio el Faraón estaba acondicionando para su ya maltrecha suegra. Todo el pueblo desfila ante el muerto pero nadie consigue identificarlo ni saber quién pueda ser. Unas ricas señoronas de la ciudad vienen a reclamarlo, pero Plinio, ante la falta de pruebas, se niega a entregárselo y continúa sus investigaciones con la ayuda de don Lotario.

Francisco García Pavón combina con maestría el relato policial con precisas pinceladas costumbristas; su mucho sentido del humor con las dosis de crítica social y política que la dictadura franquista podía tolerar en aquel tiempo. La novela es divertida, original y entretenida, aunque por momentos pueda parecer algo disparatada. Además, nos retrotrae a aquellos años sesenta en que los personajes bebían mucho vino, fumaban “caldo” liado y “celtas cortos” y se desplazaban en coche con el popular “seiscientos”. De vez en cuando, el registro literario cambia y el autor nos deleita con líricas descripciones de su ciudad y su región natales.

Ahora que las novelas negras y policiacas brotan como hongos tras la lluvia por todos los lugares y en todos los idiomas, parece más que acertado reivindicar a un escritor como García Pavón, que frente a los escépticos y muy cinematográficos detectives norteamericanos de la época, creó a un policía local y modesto que con su trabajo y sus pálpitos intuitivos resuelve un caso tras otro en las rurales y quijotescas tierras manchegas. Aunque, como con tan buen criterio dijo algún crítico, las novelas de la serie Plinio más que pertenecer al género policiaco pueden ser consideradas casi un género en sí mismas.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 20 de julio de 2014

EL CAMINO COMO TERAPIA

       
 “Salvaje”. Cheryl Strayed. Roca Editorial. 2013. 368 páginas.

“Salvaje” no es estrictamente una novela, pero se lee como si lo fuera. El libro es, en realidad, el apasionante relato en primera persona del viaje a pie que su autora, Cheryl Strayed, realizó en 1995, cuando tenía 26 años, por el Sendero del Macizo del Pacífico. Durante más de tres meses, la joven, nacida en Pennsylvania y criada en Minnesota, recorrió en solitario casi dos mil kilómetros de este largo itinerario que discurre, de sur a norte, desde el desierto de Mojave hasta la frontera con Canadá, siguiendo la larga cadena montañosa que se extiende por la zona más occidental de los Estados Unidos. Un itinerario que constituye, en palabras de la autora, “un mundo cuyas dimensiones eran medio metro de ancho y 4.285 kilómetros de largo”. Tal como había proyectado desde el principio, Cheryl Strayed caminó por los estados de California y Oregón, desde el inicio del SMP –así se abrevia al sendero en el libro– hasta el llamado Puente de los Dioses, sobre el río Columbia, en la frontera entre los estados de Oregón y Washington.

Pero “Salvaje” no es en absoluto una guía para montañeros o el relato contado por una excursionista experta. Todo lo contrario. Para Cheryl Strayed el camino se convierte en un aprendizaje y en una terapia. Cuatro años antes de iniciar su caminata, la joven había perdido a su madre, víctima de un cáncer. A ello siguió un periodo de inestabilidad emocional que le llevó a separarse de su marido, a la promiscuidad sexual y a un peligroso coqueteo con la heroína. La aventura en solitario por el SMP supondrá para ella una ruptura con su vida anterior y una especie de renacimiento desde sus propias cenizas.

En el libro, la narradora va alternando el relato lineal de la aventura excursionista con retazos de su vida pasada. Sin ninguna experiencia previa como caminante, con una pesadísima mochila –a la que llama Monstruo– cargada a sus espaldas y unas botas demasiado pequeñas que le harán perder una tras otra casi todas las uñas de sus pies, Cheryl Strayed inicia un recorrido en el que vivirá agotamientos, penalidades y privaciones junto a algunos reconfortantes momentos de alegría. Padecerá días de calor intenso y jornadas de lluvia y frío, deberá desviarse momentáneamente de la ruta principal por la mucha nieve que ese año batió todos los récords en la Sierra Nevada, verá algunos osos y numerosas serpientes de cascabel y conocerá a otros excursionistas con quienes, en general y salvo alguna excepción, confraternizará en buena camaradería. Ellos le harán ganar confianza en sí misma y en la bondad y amabilidad de las personas desconocidas y el género humano en su conjunto.

Al final de su relato, la escritora hace una relación de los libros que ha leído durante el camino y que ha ido quemando a medida que terminaba su lectura para aligerar el peso de su descomunal mochila. De esas lecturas en las noches solitarias, a la luz de una linterna en el interior de una pequeña tienda de campaña, se va forjando en la joven excursionista la decidida voluntad de hacerse escritora.

Escrito con sinceridad, mucha pasión y buenas dosis de intriga y sentido del humor, “Salvaje” es un libro muy recomendable por su componente geográfica y excursionista y, sobre todo, por la fuerza de un personaje que decide con determinación dejar atrás el pasado y, superando todos los obstáculos, seguir el camino emprendido mirando ya siempre hacia adelante.

Carlos Bravo Suárez   

domingo, 13 de julio de 2014

LOS CUENTOS DE CLARICE LISPECTOR


“Cuentos reunidos”. Clarice Lispector. Siruela Ediciones. 2013. 504 páginas.

Clarice Lispector (Ucrania, 1920 - Río de Janeiro, 1977) es la más importante autora  de la literatura brasileña del siglo XX. Aunque nacida en Ucrania, su familia huyó de las persecuciones bolcheviques y se instaló en Brasil, donde Clarice desarrolló en lengua portuguesa toda su brillante carrera literaria. En un solo volumen, y con un interesante y amplio prólogo de Miguel Cossío Woodward, la editorial Siruela publicó hace unos años –y va haciendo sucesivas reediciones de la obra– los “Cuentos reunidos” de la gran escritora brasileña.

Hay que decir que esta edición de “Cuentos reunidos” contiene, si mis cálculos no fallan, setenta y tres relatos de Clarice Lispector. Figuran completos sus libros “Lazos de familia” (1960), “La legión extranjera” (1964), “Felicidad clandestina” (1971), “El viacrucis del cuerpo” (1974), “¿Dónde estuviste de noche?” (1974) y “La bella y la bestia” (1979). Siguiendo una costumbre de posible intención simbólica, las cinco primeras obras contienen trece relatos cada una; el último es un libro póstumo que recoge ocho cuentos escritos al inicio y al final del itinerario narrativo de Lispector. Son también diferentes los traductores de las obras aquí reunidas: Cristina Peri Rossi y Mario Morales –en dos ocasiones cada uno– Juan García Gayó y Marcelo Cohen.

Los cuentos de Lispector son de temática variada, aunque con determinadas constantes que se repiten a lo largo de su obra. Algunos, muy vinculados a la estética literaria de los años sesenta y setenta del pasado siglo XX, tal vez puedan resultar algo espesos a los lectores actuales. De tema y estilo totalmente diferentes son los del libro “El viacrucis del cuerpo”, con explícitas referencias al sexo y con algunas mujeres –como Miss Algrave– que pasan sin solución de continuidad de la castidad y el puritanismo más absolutos a la prostitución y el desenfreno. Aquí, Lispector usa un estilo más directo, de frase corta y fluida, con una mayor carga de ironía y de crítica social.

La mayoría de los relatos transcurre en Brasil y muchos de ellos tienen como protagonistas a mujeres. En buena medida, Clarice Lispector puede considerarse como pionera de un feminismo cuyos postulados se convirtieron desde aquellos años y posteriormente en mayoritarios en las sociedades occidentales. Lispector plantea las contradicciones vividas por algunas mujeres casadas y sometidas al rol secundario de los matrimonios tradicionales. Un ejemplo de ello es el relato “La fuga”.

Muchas de las mujeres de estos cuentos son de clase acomodada, pero también asoman en ocasiones algunos personajes económicamente más desfavorecidos o claramente marginales. Otro aspecto destacable de la narrativa breve de la escritora brasileña es la presencia de animales en sus cuentos, frecuentemente con una clara función simbólica. En este sentido, destaca la presencia de gallos, gallinas y huevos en varios de los cuentos reunidos en este volumen.

Es imposible abordar en pocas líneas toda la complejidad del universo literario de Clarice Lispector, una figura de primer orden de la literatura latinoamericana del pasado siglo.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 6 de julio de 2014

¿QUÉ SON LOS SUEÑOS?


“¡Melisande! ¿Qué son los sueños?” Hillel Halkin. Libros del Asteroide. 2014. 264 páginas.
            
Hillel Halkin (Nueva York, 1939) es un escritor, crítico literario y traductor estadounidense afincado en Israel desde hace más de cuarenta años. Es autor de varios ensayos históricos sobre la cuestión judía y su país de residencia y ha traducido al inglés obras de importantes escritores israelíes actuales como A. B. Yehoshua, Amos Oz y Meir Shalev. En 2012, y con 73 años cumplidos, publicó “¡Melisande! ¿Qué son los sueños?”, su primera y aclamada novela que Libros del Asteroide acaba de editar en nuestro país.
           
“¡Melisande! ¿Qué son los sueños?” es una hermosa novela que cuenta la apasionada y fluctuante relación de amistad y amor entre Mellie, Rick y Hoo; desde sus años más jóvenes, en que coinciden en la redacción de la revista literaria del instituto donde estudian, hasta el mismo momento en que se escribe la novela, que en realidad es una carta que Hoo –ahora catedrático de literatura griega– dirige a Mellie varias décadas más tarde. Se trata de un largo texto epistolar, con continuas referencias en segunda persona a su destinataria, escrito por Hoo desde la madurez y el recuerdo. El relato del trío protagonista se inicia en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo XX, con los últimos coletazos del macartismo y el reclutamiento y las protestas juveniles contra la guerra de Vietnam. En el camino queda la fuerte amistad entre los tres personajes, la aventura hinduista que deja psicológicamente maltrecho a Rick, el amor de Mellie hacia los dos amigos, el aborto y los problemas de maternidad y de adopción, y el inevitable desvanecimiento final de algunos sueños de juventud.
            
“¡Melisande! ¿Qué son los sueños?”, cuyo título procede de un verso del poeta alemán Heinrich Heine, tiene una estructura literaria muy rica y compleja, con una atractiva mezcla de diversos recursos narrativos perfectamente ensamblados en el relato. Aunque a través de la larga misiva de Hoo recomponemos la vida y la relación de los tres personajes, a esta narración prácticamente lineal y cronológica se añaden algunas historias externas relacionadas de manera más o menos evidente con el hilo central de la novela: la historia de raíz bíblica de la mujer que va quedando viuda de los sucesivos hermanos con los que se casa y la de la princesa que escapa de su castillo para unirse a dos peregrinos que a nadie más dicen que lo son. En el libro hay muchas referencias a la literatura y la filosofía helenas y una presencia geográfica –como sueño primero y como realidad después– de una isla griega que puede ser la Ítaca particular en la que Hoo espera a su Ulises, esta vez reencarnado en mujer en un cambio de sexos y papeles respecto a la originaria historia homérica.
           
“¡Melisande! ¿Qué son los sueños?” es una bella novela, creíble y verosímil, con tres peregrinos en busca de una felicidad que a veces se extravía o se rompe, pero que pese a los reveses sufridos siempre se sigue soñando. Un hermoso ejercicio literario hecho desde la doble madurez del personaje Hoo y del septuagenario Hillel Halkin, autor final de la novela. Una mirada hacia atrás que se debate entre la nostalgia y la esperanza.

Carlos Bravo Suárez
                

domingo, 29 de junio de 2014

UNA DAMA EXTRAVIADA


    “Una dama extraviada”. Willa Cather. Alba Editorial. 2012. 208 páginas.

Willa Cather (Virginia, 1873 – Nueva York, 1947) es una destacada escritora estadounidense de la primera mitad del siglo XX.  Autora de un buen número de novelas -entre las que sobresale “Mi Antonia” (1918) y “Uno de los nuestros”, ganadora del Premio Pulitzer en 1923-, buena parte de su obra ha sido publicada en nuestro país por la impecable editorial Alba. “Una dama extraviada”, que vio la luz en Estados Unidos en 1923, es su más reciente publicación. Aunque, posteriormente, la Editorial Impedimenta haya traducido por primera vez al español “Sapphira y la joven esclava”, la última novela publicada en vida por la autora norteamericana.

Willa Cather pasó parte de su infancia y adolescencia en el oeste, donde se impregnó de las aventuras y formas de vida de los duros y emprendedores pioneros que colonizaron y comenzaron a modernizar aquellas lejanas tierras. Un mundo que la rápida industrialización del país dejó muy pronto atrás y que siempre fue añorado por la novelista nacida en Virginia pero criada en Nebraska, en un rancho al que habían emigrado sus padres desde el este. Willa Cather vio morir aquel mundo originario y salvaje que, en un proceso repetido en otros muchos lugares, fue sustituido rápidamente por la codicia, la vulgaridad y la baja catadura moral de los nuevos ricos. Ese es también el eje temático en torno al cual gira  “Una dama extraviada”.

La novela transcurre en un lugar llamado Sweet Water, donde se ha retirado el viejo capitán Forrester y su bella y elegante esposa Marian. Una dama admirada por todos y especialmente por el joven Niel, sobrino del juez Pommeroy, un muchacho dotado de gran sensibilidad, amor a la lectura y sentido moral, un personaje íntegro que contrasta con la vulgaridad y pocos escrúpulos de otros jóvenes de su edad, solo preocupados por el dinero y los placeres inmediatos. Sin embargo, y por motivos que no voy a contar en esta reseña para no adelantar acontecimientos al posible lector del libro, el pedestal en el que Niel ha colocado a la idealizada señora Forrester caerá hecho pedazos, provocando en el joven una fuerte decepción que le sirve de aprendizaje e iniciación en la vida adulta. Niel siente que no solo era un escrúpulo moral lo que la señora Forrester había profanado, sino también un verdadero ideal estético.

“Una dama extraviada” es una espléndida novela sobre los vaivenes y los cambios de la vida, la fuerza de algunos sentimientos, el cotilleo maligno y destructor de algunos lugares pequeños, el inevitable poder de los desaprensivos y los interesados que buscan conseguir sus fines a cualquier precio. También sobre los peligros de la idealización que conduce con frecuencia a decepciones frustrantes que enseñan la verdadera faz de la vida. Y, además, sobre la añoranza del pasado y los mundos que se acaban y fueron supuestamente mejores.

Influida por la literatura de Henry James, la narrativa de Willa Cather tiene mucho en común con su coetáneo Sherwood Anderson, de quien reseñamos la semana pasada “La chica de Nueva Inglaterra”, o con la escritora Edith Wharton, a cuya novela “La solterona” también nos referimos no hace mucho en esta página. Desde luego, Willa Cather es un rico filón narrativo del que afortunadamente muchas de sus obras han sido editadas en los últimos años en nuestro país.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 22 de junio de 2014

LA CHICA DE NUEVA INGLATERRA Y OTROS RELATOS


La chica de Nueva Inglaterra.  Sherwood Anderson. Nórdica Libros. 2014. 232 páginas.

Sherwood Anderson (Ohio, EE. UU., 1876 – Panamá, 1941) es un escritor norteamericano poco conocido en nuestro país. No así en Estados Unidos, donde se considera una figura muy influyente en la literatura posterior y en autores como  Hemingway o Faulkner. Su obra más conocida es Winesburg, Ohio, una novela publicada en 1919 y estructurada como una colección de veintidós relatos que tienen como nexo común a un joven reportero local de una pequeña localidad estadounidense. A través de su mirada, conocemos la vida cotidiana y casi siempre gris de un buen número de habitantes del pueblo, en un relato lleno de realismo poético y de una fina y aguda observación, que logra traspasar lo superficial para adentrarse en los problemas interiores de los personajes.

En esta misma línea está La chica de Nueva Inglaterra, publicada recientemente en España por Nórdica Libros. Se trata de una colección de trece relatos extraídos del libro El triunfo del huevo, editado en Estados Unidos en 1921 y considerada como la segunda gran obra de la carrera literaria de Anderson. Son narraciones breves, a excepción de la última, “De la nada hacia la nada”, que es casi una pequeña novela.

Sherwood Anderson rompe con la tendencia a los relatos fantásticos más habitual en la narrativa breve estadounidense de su época y desarrolla un estilo nuevo, personal e inconfundible, que pasó a denominarse “slice of life”, o “narración de lo cotidiano”, y que tiene ciertas similitudes con el estilo de algunos escritores modernos como la reciente premio Nobel Alice Munro.

Los cuentos de La chica de Nueva Inglaterra se ambientan en los primeros años del siglo XX, en plena industrialización de los Estados Unidos, y tienen con frecuencia como fondo el contraste entre el mundo rural y el urbano y la emigración del campo a la ciudad. En este aspecto, destaca el magnífico relato que cierra el libro, “De la nada hacia la nada”, en el que una joven que ha emigrado a Chicago vuelve por unos días a su pueblo natal y constata que en ninguno de ambos mundos halla respuesta a sus preguntas e inquietudes personales.

Son frecuentes los personajes femeninos desconcertados, con un impulso sexual sin cauce definido, a veces jóvenes todavía vírgenes o mujeres indecisas ante situaciones nuevas, que buscan en la naturaleza el refugio a sus inquietudes y a los interrogantes y fuegos interiores que las agobian y atenazan. El devenir de los cuentos puede parecer en ocasiones improvisado, pero eso les proporciona mayor verosimilitud y realismo. Un realismo que se basa en lo cotidiano y que alcanza también bellos momentos de lirismo y poesía. Sobre todo, en descripciones de la naturaleza o en metáforas o comparaciones entre esta y el mundo interior de algunos personajes. Sherwood Anderson pretende atravesar la fachada superficial de unos tipos cotidianos para adentrarse en su realidad más profunda, sus mundos interiores y las causas reales de sus miedos y desasosiegos.

Importante es la presencia de la naturaleza y una cierta consciencia de la brutalidad que supone la industrialización del país y del desarraigo que provoca la vida urbana, aunque no faltan algunas muestras del puritanismo nocivo del mundo rural y su efecto pernicioso sobre los jóvenes.

A pesar de haber pasado casi cien años desde que fueron escritos, los relatos de Sherwood Anderson siguen teniendo hoy bastante vigencia y se leen con fruición y deleite.

Carlos Bravo Suárez