domingo, 4 de octubre de 2015

EL PENTATEUCO DE ISAAC


                         

“El Pentateuco de Isaac”. Angel Wagenstein. Libros del Asteroide. 2015.  320 páginas.

“El Pentateuco de Isaac” es la primera y más conocida de las novelas de Angel Wagenstein (Plovdiv, Bulgaria, 1922). Fue publicada en 1998 y supuso el inicio de una ambiciosa trilogía dedicada al destino de los judíos en la Europa del siglo XX, que completaría más tarde con “Lejos de Toledo” (2002) y “Adiós, Shangai” (2004). Las tres obras han sido publicadas en España por Libros del Asteroide, que ahora reedita la primera en su colección Décimo Aniversario. Antes de dedicarse a la literatura como narrador, Wagenstein, que actualmente reside en Sofía, había realizado una brillante carrera como guionista y director de cine.

Como reza su subtítulo, “El Pentateuco de Isaac” trata “sobre la vida de Isaac Jacob Blumenfeld durante dos guerras, en tres campos de concentración y en cinco patrias”. Contada en primera persona, y obviamente dividida en cinco partes o libros, la novela narra el periplo de un sastre judío de Galitzia (antiguo territorio del Imperio Austrohúngaro, actualmente dividido entre Polonia y Ucrania) durante la primera mitad del siglo XX. Blumenfeld fue sucesivamente ciudadano del Imperio Austrohúngaro, Polonia, Rusia, Alemania y Austria, sufrió las dos guerras mundiales y fue internado en los campos de concentración del nazismo y en los centros de reeducación del estalinismo en la Siberia más fría y oriental, cercana al Polo Norte.

Lo más destacable del relato es que la tremenda tragedia vivida por el personaje es narrada con ironía y sentido del humor, convirtiendo el fondo dramático de la historia en un relato lúcido y divertido, plagado de chistes y anécdotas que parecen suavizar formalmente las terribles convulsiones que sacudieron al continente europeo durante el pasado siglo y que distancian en cierto modo al lector del horror que se describe. Wagenstein mezcla literariamente de una manera admirable y magistral lo cómico y lo triste, el humor y la tragedia.

La vida y la suerte de los personajes –el protagonista, su suegro el rabino, su mujer, sus hijos, sus jefes militares–, los vaivenes y tragedias, las separaciones y reencuentros, la salvación y el castigo, todo parece estar regido por el capricho y el azar más absolutos. El atolondrado joven al que su tío lleva a Viena para que conozca mujer en un prostíbulo parece una víctima propicia de la guerra y la crueldad que le van a tocan vivir; sin embargo, su capacidad de adaptación al medio y el azar del destino le permiten salir vivo de la carnicería que se lleva por delante a casi todos sus compañeros de viaje.

Tanto el autor como su protagonista son judíos y, desde luego, ese es un aspecto continuamente presente en “El Pentateuco de Isaac”, que, sin embargo, no es en absoluto un libro que trate a la manera de tantos otros el drama de los judíos en la Europa del pasado siglo. El tratamiento de Wagenstein es singular y diferente y la novela es única y extraordinaria. También en este aspecto del libro el autor aplica continuamente el humor y la ironía y, aunque siempre con el drama como fondo, se repiten numerosos chistes sobre judíos que hacen que casi siempre la risa se eleve y triunfe sobre la tristeza. Wagenstein no es religioso y el propio Dios judío es objeto de su ironía desde la cita inicial de la novela: "Si Dios tuviera ventanas, hace tiempo que le hubieran roto los cristales". El propio narrador Isaac, al pensar en lo que les ha pasado a los judíos a lo largo de los tiempos y en su condición de pueblo elegido, llega a exclamar: “¡Gracias, Dios mío, por el honor tan alto!, ¿pero no pudiste escoger a algún otro pueblo?”

“El Pentateuco de Isaac” es una novela excepcional y hay que agradecer a la estupenda editorial Libros del Asteroide que haya publicado la obra narrativa de Angel Wagenstein en nuestro país. Tras la magnífica experiencia de la lectura de este libro, uno se queda con las ganas de leer cuanto antes los otros dos que componen la trilogía judía de este extraordinario escritor ya nonagenario.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 27 de septiembre de 2015

EL PASO DE LAS DEVOTAS

           
        “El Paso de las Devotas”. Carlos Calvera. Gráficas Editores. 2015. 214 páginas.

Nacido en Barcelona en 1964 y vinculado familiarmente a la localidad ribagorzana de Capella, Carlos Calvera trabaja como técnico forestal y ha participado en diversos proyectos relacionados con la gestión de espacios naturales y la prevención de incendios. Como escritor, además de algunos relatos premiados, ha publicado las novelas “El naufragio de La Medusa” (Abraxas, 2005) y “El reverso” (Ediciones B, Grupo Z, 2012). Recientemente la barbastrense Gráficas Ediciones ha publicado su nueva novela “El Paso de las Devotas”, ambientada en tierras altoaragonesas.

Según se explica al inicio de la novela, fue un militar republicano quien en 1938, en plena retirada a Francia de la conocida Bolsa de Bielsa, al proceder a destruir los documentos y archivos del consistorio belsetano, encontró un diario manuscrito firmado por Fernando de Artales, un comisionado real enviado al valle de Bielsa para aplicar el Decreto de Desamortización de Mendizábal en el escondido y recóndito monasterio de monjas de los Oscuros de Arpan. Por medio de este recurso literario, la novela se convierte en la transcripción en primera persona del relato contado por el joven funcionario, que vivirá en aquel aislado valle unos hechos insólitos y sorprendentes que marcarán su vida para siempre.

Conocedor de la geografía pirenaica, Carlos Calvera juega con la realidad y la ficción al describir los lugares en que transcurre su novela. El Paso de las Devotas ha sido siempre el estrecho desfiladero excavado por el río Cinca entre montañas que ha servido de entrada y salida de un valle remoto, durante mucho tiempo aislado en gran medida de las tierras más meridionales. En el siglo XIX, sin la actual carretera, su paso era difícil y arriesgado y, como le ocurre a Fernando, se hacía necesaria la contratación de un experto guía local para cruzar la peligrosa y angosta garganta.

Atravesado el Paso de las Devotas con la ayuda de Carlons, Fernando, que llega a Bielsa en plena celebración de sus carnavales, se va a encontrar con una sociedad endogámica y hermética, regida por un atávico matriarcado, reacia a los forasteros y sumida en prejuicios y supersticiones. Allí hallará supuestas brujas expertas en plantas medicinales y extrañas monjas que viven en un remoto cenobio, construido sobre un misterioso pozo que parece conectar con fuerzas misteriosas procedentes de otros mundos. En su estancia en el valle conocerá a Don Joaquín Castán, secretario y hombre fuerte de la zona; al espeleólogo y montañero francés Lucien de Charbonnières, barón de Saint-Saud; a la supuesta bruja Fetra y su joven hijo Jal; y, sobre todo, a la bella y turbadora Cornelia. El descubrimiento de ese mundo tan distinto al suyo supondrá un choque brutal para un personaje ilustrado y racionalista como Fernando y le abrirá los ojos a una realidad insospechada.

Contada con buena sintaxis y rico vocabulario, “El Paso de las Devotas” narra una historia oscura y tenebrosa en la que, además de describir con acierto una sociedad montañesa de cultura ancestral que el progreso ha ido arrinconando, se muestran otros mundos ocultos que a veces asoman a la superficie de manera extraña y misteriosa. En cierto modo, nos encontramos con la dicotomía, tan presente en la cultura de esa primera mitad del siglo XIX, entre las luces de la Ilustración y las tinieblas del Romanticismo. Muy acertada resulta en ese sentido la elección del cuadro “Viajero frente al mar de niebla”, del pintor romántico Caspar Fiedrich, como portada del libro. Carlos Calvera tiene madera de buen escritor, esperamos nuevas y buenas novelas suyas en el futuro.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 20 de septiembre de 2015

ACOSO

                        
                “Sé dónde estás”. Claire Kendall. Anagrama. 2015. 368 páginas.
       
“Sé dónde estás”, cuyo título original en inglés es “The Book of You”, es otra de las novelas recientes que más éxito han tenido en el mundo anglosajón. Se trata de la primera narración de Claire Kendall, nacida en California pero educada y residente en Inglaterra, donde trabaja como profesora de literatura y escritura creativa. Traducida a un buen número de idiomas, la editorial Anagrama ha publicado recientemente la exitosa novela en nuestro país, tanto en impresión de papel como en e-book, con traducción de Jaime Zulaika.
     
“Sé dónde estás” se inscribe en el género del thriller psicológico que tanto éxito está obteniendo en la actualidad con novelas como “La chica del tren”, recientemente reseñada en esta sección. En este caso, estamos ante una  sombría y perturbadora historia de acoso y de obsesión patológica. Clarissa trabaja como administrativa en la universidad de Bath, una de las mejores de Inglaterra. Acaba de salir de una relación con un profesor casado cuando, tras asistir a la presentación de un libro y beber algunas copas de más, mantiene relaciones sexuales con el anfitrión Rafe Solmes, otro profesor de la universidad de Bath que es especialista en cuentos tradicionales.  A  partir de esa noche, de la que Clarissa casi no recuerda nada y en la que cree haber sido víctima de abusos sexuales, Rafe comenzará a acosarla agobiantemente con continuas llamadas, regalos y apariciones sorpresa. Mientras Clarissa intenta zafarse del acoso al que es sometida, es reclamada para formar parte de un jurado popular que debe juzgar una presunta violación de una prostituta drogadicta por una banda de traficantes. La novela tiene así dos relatos paralelos con ciertas líneas de intersección, aunque la primera línea argumental tiene mucha más presencia, peso e importancia que la segunda.
      
También la estructura narrativa del relato es doble. El uso de la tercera persona y un narrador externo se va alternando con el de la primera (de Clarissa) y la segunda (de Clarissa dirigiéndose a Rafe), a modo de diario de la protagonista. Hay evidentes ecos literarios en la novela. El principal es tal vez el cuento tradicional “Barba Azul”, recogido por escrito por Charles Perrault, uno de cuyos párrafos sirve de cita inicial del libro. En cierto modo, el siniestro Rafe no deja de ser un barba azul moderno que conecta en su biografía los cuentos de hadas con los de terror. También son evidentes algunas semejanzas, tanto en el fondo como en la forma, entre esta novela y “El coleccionista” de John Fowles. La propia Claire Kendall, en una entrevista concedida en Barcelona la pasada primavera, manifestó que el nombre de la protagonista de su libro es un homenaje a "Clarissa o la historia de una joven dama", del novelista inglés del siglo XVIII Samuel Richardson, que es desde siempre su obra literaria favorita.
  
No hay duda de que el thriller psicológico es un género de moda y que el tema tratado en “Sé dónde estás” está de actualidad. Ello ha contribuido probablemente al éxito de la novela, que, además, está contada con soltura y fluidez y mantiene el suspense y la intriga hasta el final. La narración aborda la historia desde una perspectiva femenina y muestra las dificultades de las mujeres para poder demostrar este tipo de acosos obsesivos y sustraerse a la insistente presión de unos amores patológicos no deseados, y las insuficiencias de la justicia para abordar con garantías este tipo de conflictos. Los cuentos de hadas pueden llegar a convertirse desgraciadamente en algunas ocasiones en verdaderas historias de terror.

Carlos Bravo Suárez


domingo, 13 de septiembre de 2015

ALGUIEN

                                           


“Alguien”. Alice McDermott. Libros del Asteroide. 2015. 312 páginas.

Alice McDermott (Brooklyn, Nueva York, 1953) es una destacada narradora estadounidense no demasiado conocida en nuestro país. La magnífica editorial Libros del Asteroide acaba de publicar en España su séptima novela, titulada escuetamente “Alguien” (“Someone” en la edición original inglesa de 2013) y traducida por Vanesa Casanova. Su obra anterior está avalada por la crítica más exigente y ha obtenido importantes premios literarios. Con “Un hombre con encanto”, editada en España por Tusquets, logró en 1998 el National Book Award, y, en tres ocasiones, con “Aquella noche” (1987, Tusquets), “En bodas y entierros” (1992, Tusquets) y “After This” (2006), ha sido finalista del Premio Pulitzer.

“Alguien” cuenta en primera persona la vida de Marie Commeford, una mujer neoyorquina de origen irlandés que vive en el barrio de Brooklyn. De manera desordenada y con algunos saltos temporales, el relato recorre el periplo vital de Marie: su infancia, su iniciación en el amor y el sexo, la decepción del primer enamoramiento fallido, su trabajo en una funeraria, su matrimonio, su doloroso primer parto y los que vienen después pese a las advertencias médicas, las relaciones con su estudioso hermano que enloquece tras abandonar el sacerdocio poco después de ser ordenado, su progresiva ceguera, el deterioro inevitable con los años, la progresiva soledad de la vejez. La vida como una mezcla indisoluble de penas y alegrías, de momentos de felicidad que se alternan con otros de dolor y decepción.

Un entrañable relato contado desde la óptica de una mujer que, como el título de la novela parece indicar, podría representar a muchas de las que vivieron la época de entreguerras del pasado siglo XX en el barrio neoyorquino de Brooklyn. Porque “Alguien” es, en buena medida, una novela femenina; pero también una novela de barrio, que describe con la pincelada realista del detalle cotidiano los entresijos de un barrio obrero y de clase media baja, en una época en que las dos guerras mundiales y los momentos previos y posteriores a las mismas acentúan todavía más si cabe el protagonismo doméstico y la importancia del papel de la mujer. Hay en “Alguien” un cierto determinismo social y humano, porque un Brooklyn en decadencia condiciona y marca el carácter, el presente y el futuro de los personajes, descritos casi siempre desde la infancia y los juegos callejeros en los que se entrecruzan, como en la vida posterior, solidaridad y camaradería con crueldad y dolor. Sin olvidar la influencia que ejercen la cultura irlandesa de origen y su catolicismo,  de donde provienen la fuerza y el coraje ante la adversidad, pero posiblemente también la represión y la culpa que sufren en muchos momentos los personajes de la novela.

 El discurrir de la vida va endureciendo y domando a Marie, desde su inicial rebeldía juvenil hasta convertirla en una sufrida mujer que soporta sobre sus hombros el peso del hogar familiar. Pronto la realidad apaga el romanticismo que, tal vez confundido con el instinto sexual de juventud, pudo haber en aquella primera relación que terminó cuando su novio se fue con otra chica que tenía más dinero.

Es difícil no relacionar a Alice McDermott con otras novelistas más conocidas como Alice Munro o Anne Tylor, que retratan con idéntica maestría literaria la cotidianidad de la vida y de los personajes.  Escrita con una prosa elegante y precisa que, desde una penetrante mirada femenina, se detiene con mimo en el detalle y las pequeñas cosas, y evita siempre confundir el sentimiento con el sentimentalismo, “Alguien” es una espléndida novela de una extraordinaria narradora, que no debería pasar desapercibida entre los lectores españoles.

Carlos Bravo Suárez

viernes, 11 de septiembre de 2015

EL CER Y LOS GR RIBAGORZANOS

        
                          
En estas fechas festivas, el Centro Excursionista de la Ribagorza acude otro año más a su cita anual con el Llibré. Y, como en ediciones anteriores, nuestro balance en este tiempo vuelve a ser muy favorable y satisfactorio. Hemos completado una magnífica temporada de excursiones que han contado de nuevo con una destacada participación de gentes de diversas edades y procedencias geográficas. Seguimos incrementando nuestro número de socios hasta alcanzar los 431 en el momento de redactar estas líneas. En agradable y enriquecedora convivencia, hemos recorrido numerosos caminos, trochas y senderos de nuestra querida comarca ribagorzana y disfrutado de la belleza de las montañas pirenaicas. Es nuestra vocación aunar el ejercicio físico al aire libre con el gozoso conocimiento del rico patrimonio natural, paisajístico y cultural que alberga nuestro privilegiado territorio.
            
Como en años anteriores, queremos dedicar aquí unas líneas a algún aspecto relacionado con el excursionismo y nuestro club. Y, entroncando con la iniciativa “Aragón a pie por GR”, auspiciada por la Federación Aragonesa de Montaña, vamos a referirnos brevemente a los GR que discurren por la comarca ribagorzana. Llamamos GR a los senderos de gran recorrido que están señalizados con marcas rojiblancas. Cuatro son los que atraviesan Ribagorza: los GR 1, 11, 15 y 18. Haremos seguidamente una breve referencia a cada uno de ellos en orden inverso a la longitud de sus recorridos.
            
El GR-18 es el único GR exclusivamente ribagorzano. Recorre nuestra comarca de sur a norte –o viceversa– por su lado más oriental. Comienza en Fonz, localidad hoy perteneciente al Cinca Medio pero muy vinculada histórica y culturalmente a Ribagorza, y termina en el pueblo de Aneto, muy cerca de los grandes picos del Pirineo. Son 138 Km de recorrido cuyos puntos de paso más destacados son Fonz, La Carrodilla, Aguinalíu, Juseu, Purroy de la Solana, Pilzán, Caladrones, Ciscar, Tolva, Luzás, Castigaleu, Cajigar, Coll de Vent, Bonansa, Noales, Ardanuy, Castanesa, Coll de Salinas y Aneto. Un ramal del GR-18 es el GR-18.1, que va desde el cortafuegos de Cogulla, entre Juseu y Purroy, hasta Castanesa. En sus 90 Km transita por Benabarre, Coll de Laguarres, Laguarres, Güel, Roda de Isábena, La Puebla de Roda, Serraduy, Beranuy, Calvera, Obarra, Ballabriga, la borda de Ariño, Laspaúles, Neril, Artadanué, Denuy, Ribera y Castanesa.
            
El GR-15 es un sendero transversal que recorre la provincia de Huesca de oeste a este, desde Fago hasta El Pont de Suert, ya en la vecina Lérida. Sus principales puntos de referencia por la comarca de Ribagorza son Barbaruens, Seira, Gabás, San Martín de Verí, San Feliu de Verí, Abella, Espés Alto, Alins, el alto de Bonansa, Bonansa y Cirés.
            
El GR-11 es conocido como la Senda Pirenaica, que recorre el Pirineo por la vertiente española desde el mar Cantábrico hasta el Mediterráneo. En Ribagorza sus hitos principales son el refugio de Estós, Benasque, Vallibierna y sus ibones, Llauset, los lagos de Anglios y el Puente de Salenques. Otro ramal desciende desde Llauset al pueblo de Aneto.
           
El GR-1 es también denominado Sendero Histórico y recorre España por su zona norte desde Ampurias hasta Finisterre. En nuestra comarca discurre por Montañana, Monesma, Castigaleu, Luzás, Lascuarre, Laguarres, Pociello, Capella, Portaspana, Graus, Grustán y Pano.
           
Hay que decir que la señalización de estos senderos deja hoy mucho que desear a su paso por Ribagorza. En muchos casos, desde su acondicionamiento a mediados de los años 90, no ha habido ninguna reseñalización ni posterior limpieza de estas sendas, lo que hace difícil en la actualidad el seguimiento de algunos de sus tramos.  Sería deseable algún tipo de intervención, por modesta que fuera, que mejorara su actual deterioro y permitiera potenciar su uso con fines tanto turísticos como deportivos.
            
Nuestra despedida no puede ser otra que el más sincero deseo de unas felices Fiestas para todos. Después de estos días tan alegres y especiales, volveremos a encontrarnos caminando.
                                            
(Artículo publicado en el Llibré de las Fiestas de Graus 2015)

domingo, 6 de septiembre de 2015

EL NIÑO 44

                                       


                “El niño 44”. Tom Rob Smith. Salamandra. 2015. 480 páginas.
           
“El niño 44” es la primera de las tres novelas publicadas hasta ahora por Tom Rob Smith (Londres, 1979), hijo de madre sueca y padre inglés y criado y educado en la capital británica, donde antes de dedicarse a la escritura trabajó como guionista de series televisivas. “El niño 44” se publicó en 2008 y obtuvo algunos premios en Inglaterra, aunque en otros países pasó casi desapercibido. Ridley Scott compró los derechos del libro para llevarlo al cine y este año se ha estrenado la película, dirigida por el sueco Daniel Espinosa e interpretada por Tom Hardy, Noomi Rapace y Gary Oldman entre otros. A raíz del éxito del film, la novela, que fue publicada en España por Espasa en 2008 y en una edición de bolsillo de Booket en 2009, ha sido ahora reeditada por Salamandra en su nueva colección Black.

Parte del argumento de “El niño 44” está inspirado en un hecho real: la historia de Andrei Chikatilo, un asesino en serie que entre los años 70 y 90 del pasado siglo XX mató en diversos lugares de Rusia a más de 50 personas, en su mayoría niños. Tom Rob Smith sitúa sin embargo su relato en el año 1953, en pleno apogeo del estalinismo en la URSS, justamente en el año de la muerte del dictador, que tiene lugar en la última parte de la novela. Su principal protagonista es Leo Stepánovich Demídov, héroe de guerra y destacado miembro de la seguridad soviética, que cree ciegamente en la propaganda y los métodos de represión y purga utilizados contra los supuestos elementos contrarios al régimen comunista. Su visión de las cosas empieza a cambiar cuando se ve obligado a detener a un inocente veterinario, acusado de ser un espía al servicio de Occidente. Y todo se complican más todavía cuando se niega a delatar a su mujer y emprende con ella la búsqueda de un supuesto asesino en serie que ha matado a más de cuarenta niños. Las autoridades soviéticas no aceptan la existencia de ese tipo de crímenes en la nueva sociedad comunista y Leo, que como tantos ha caído en desgracia y acaba convirtiéndose en un proscrito, deberá enfrentarse casi sin tregua a numerosos obstáculos e inesperadas sorpresas.

La novela está bien contada y tiene tensión e intriga de principio a fin. Además, se pretende mostrar con detalle la miseria moral y la terrible perversidad del régimen estalinista: el culto al líder supremo, las continuas delaciones, las purgas, las torturas en las checas, la desconfianza permanente y la paranoia de un régimen represor, asfixiante, cruel y vengativo que busca obsesivamente contrarrevolucionarios y espías, y acaba siempre encontrándolos aunque no existan en la realidad. Se impone la máxima de Stalin “confía pero vigila” y todo el mundo está bajo sospecha y es susceptible de caer en desgracia, arrastrando además en su caída a la familia más cercana. El propio protagonista reflexiona sobre la degradación en la que él mismo se sumió durante años: “Tienes una causa en la que creer, una causa por la que merece la pena morir. Muy pronto se convierte en una causa por la que merece la pena matar. Después se convierte en una causa por la que merece la pena matar a gente inocente”.

“El niño 44” es ciertamente un buen thriller, que a la tensión propia del género pretende añadir denuncia política y realismo social, como se pone de manifiesto en el primer capítulo del libro, situado en 1933 en una zona rural de Ucrania donde la crisis ha derivado en una terrible hambruna. En su momento el libro de Tom Rob Smith pasó casi desapercibido en nuestro país, pero el éxito de la película homónima lo ha colocado ahora en un merecido primer plano literario.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 30 de agosto de 2015

LA GUERRA CONTRA LA CONVENCIÓN EN RIBAGORZA

                    


La Guerra contra la Convención fue un conflicto bélico, hoy casi olvidado, que enfrentó a España y Francia entre 1793 y 1795. El escenario geográfico de esta corta guerra fueron las regiones fronterizas entre ambos países y, por lo tanto, la cadena pirenaica en toda su extensión. Aunque por sus menores dificultades orográficas tuvo una mayor incidencia en las zonas extremas de la cordillera, la guerra también se dejó sentir, si bien con menor intensidad, en el Pirineo aragonés.

Eclipsada por la posterior Guerra de la Independencia, de mucha mayor trascendencia y envergadura, la Guerra contra la Convención, que en Cataluña se conoce como Guerra Gran, ha sido poco estudiada por los historiadores modernos. En Aragón, este episodio bélico fue analizado con detalle por José Antonio Ferrer Benimelli en una magnífica tesis doctoral que fue publicada en forma de libro con el título de “El Conde de Aranda y el frente aragonés en la Guerra contra la Convención” (Publicaciones Revista Universidad, Zaragoza, 1965). Ferrer Benimelli es también autor del capítulo “Aragón ante la Revolución francesa”, dentro del libro colectivo “España y la Revolución francesa” (Crítica, Barcelona, 1989), del historiador galo Jean-René Aymes, gran especialista en este periodo.

Desde el punto de vista militar, hay varios gruesos volúmenes del Estado Central del Ejército dedicados al conflicto, publicados entre 1949 y 1959 por el Servicio Histórico Militar con el título de “Campañas en los Pirineos a finales del siglo XVIII”. Más recientemente, en 1997, dentro de las “Actas del III Congreso Internacional de Historia Militar”, editadas por la Institución Fernando el Católico, se incluyen varias ponencias relacionadas con la participación aragonesa en la Guerra contra la Convención.

La causa primera del conflicto fue la Revolución francesa de 1789. El estallido social que supuso y especialmente su contenido anticlerical y antimonárquico pusieron en alerta a la Corona española, cuyo titular Carlos IV había establecido un pacto de familia con su primo, el derrocado y después guillotinado Luis XVI. La nobleza y el influyente y beligerante clero español iniciaron una fuerte campaña antirrevolucionaria y antifrancesa que tuvo una entusiasta respuesta popular en el primer año del conflicto, pero que se fue desinflando a medida que éste avanzaba y llegaban los reveses militares para el ejército español.

No toda la sociedad española estaba a favor de la guerra. Algunas minorías ilustradas e intelectuales –luego tildadas de afrancesadas– preferían evitar el conflicto con Francia. Uno de los más destacados partidarios de la neutralidad armada frente al expansionismo ideológico revolucionario francés fue el Conde de Aranda. El ilustrado aristócrata aragonés era el valido real al inicio del conflicto y su oposición al mismo le costaría el puesto y el exilio interior. Ferrer Benimelli, en su magnífico libro, desmonta las tesis de quienes creen que Aranda era simpatizante de la Revolución Francesa y lo acusan de masón. Aranda simpatizó con las ideas ilustradas, pero se mostró claramente defensor de la Monarquía al ver los derroteros que habían tomado los acontecimientos en Francia. Sus argumentos contra la guerra, luego convertidos desgraciadamente en realidad, eran que España poco tenía que ganar en ella y sí mucho que perder, sobre todo frente a la rapiña inglesa en las colonias españolas en América. Aranda siempre consideró a Inglaterra, y no a Francia, como el verdadero enemigo de España.

Sea como fuere, la escalada entre ambos países tomó un cariz irreversible y Francia declaró la guerra a España el 7 de marzo de 1793. España devolvió la declaración bélica el día 23 del mismo mes. Siguiendo casi en todo a Ferrer Benimelli, pretendo resumir aquí la incidencia que el conflicto tuvo en nuestra comarca ribagorzana y principalmente en el valle de Benasque, escenario de algunas escaramuzas armadas durante la guerra que nos ocupa.

Una de las primeras consecuencias de la Revolución fue la llegada a España de muchos exiliados franceses, nobles y clérigos en su mayoría. Huían de las persecuciones revolucionarias, pero pronto supusieron un problema para las autoridades españolas a quienes, al igual que al pueblo llano, impregnado de galofobia, no inspiraban demasiada confianza.

Ya desde el estallido revolucionario en el país vecino, el gobierno español, con Floridablanca como primer ministro, tomó medidas drásticas para evitar que las ideas revolucionarias penetraran en España. Fue el llamado cordón sanitario, que se estableció a lo largo de la frontera pirenaica desde 1790. Uno de los aspectos destacables de esta guerra fue el uso de espías y confidentes a ambos lados de la frontera. Así, en junio de 1792, llegó al gobernador español del valle de Arán la noticia de la existencia de un complot francés para matar al rey de España. Según las informaciones, tres franceses, cuyo nombre y descripción física se conocían con detalle, pretendían atravesar la frontera haciéndose pasar por caldereros para intentar llegar a Madrid y consumar el magnicidio. El gobernador de Viella escribió al caballero benasqués José Ferraz para ponerlo sobre aviso. El alcalde de Benasque, Juan Ignacio Cornel, ordenó una intensa vigilancia de la frontera y se consiguió detener a uno de los sospechosos, un tal Bautista Labadens, que sabemos falleció en la cárcel unos años más tarde. Los franceses que viajaban con él, y contra quienes nada se pudo probar, seguían en prisión “por si acaso” en 1796, una vez que las hostilidades ya habían terminado.

A finales de 1792 se fue preparando la guerra con la movilización de unidades militares y la formación de milicias populares en cada provincia. En el partido de Benabarre, al que correspondía la comarca de Ribagorza, según un documento fechado el 24 de mayo de 1793, se habían apuntado 288 voluntarios. Las milicias populares fueron, sin duda, fundamentales en el frente de Aragón.

Al iniciarse la guerra se crearon tres ejércitos en el Pirineo. El más numeroso fue el del frente catalán, con unos 32.000 hombres al mando del general Ricardos, barbastrense de nacimiento. El frente occidental vasco-navarro, a las órdenes del general Caro, contaba con un total de unos 20.000 hombres, entre soldados y voluntarios. El frente aragonés estaba al mando de Don Pablo Sangro y Merode, príncipe de Castellfranco, y entre militares y paisanos se aproximaría a los 6.000 hombres. Su misión era defender los difíciles pasos centrales del Pirineo y ayudar, si la situación lo exigía, como así ocurrió, a los otros dos ejércitos pirenaicos.

A finales de marzo, nada más iniciarse las hostilidades, los franceses ocuparon por completo el valle de Arán. La operación resultó fácil por encontrarse esta región en la vertiente norte de los Pirineos. La situación obligó tanto al ejército catalán como al aragonés a defender bien las posiciones montañosas y evitar que los galos continuaran hacia el sur, como al parecer llegó a ser su intención en algunos momentos. Pese a que hubo algunas disidencias entre Castellfranco y Ricardos, el ejército español, con gran participación de paisanos, logró contener los intentos franceses de superar los elevados puertos que separan las dos vertientes pirenaicas.

Cuando el conflicto se declaró, se puso en marcha un gran movimiento patriótico impulsado por la iglesia y la nobleza. Ambos estamentos participaron activamente en la movilización. Desde el primer momento la Iglesia trató de convertir el conflicto en una guerra de religión, en la que los españoles defendían el trono y el altar frente a los impíos franceses, republicanos y ateos. Hubo una activa participación de sacerdotes rurales en las actividades bélicas. En un documento que se conserva, los curas del valle de Puértolas, en Sobrarbe, solicitan armas al mando militar, que les contesta que éstas les serían enviadas desde Benasque. Los clérigos responden que prefieren ir ellos mismos a buscarlas a Barbastro, porque les resulta más fácil y podrán así disponer antes de ellas. El obispo de Barbastro ofreció al ejército los derechos y las rentas de las villas ribagorzanas de Graus y Chía. Cuando Castellfranco subió con su ejército desde Huesca hasta Graus, el obispo barbastrense lo alojó en su palacio episcopal y se sumó a la expedición. El teniente coronel de las Reales Guardias Walonas, en una carta escrita desde Graus a un colega suyo, hace esta irónica observación sobre el hecho de que Castellfranco contara con la compañía del prelado: “El segundo (el obispo) me parece más necesario que el primero (el príncipe), pues nos proporciona víveres y nos prodiga muchas bendiciones”.

Los tres lugares principales de Ribagorza con contingentes militares fueron, por orden de importancia y número de efectivos, Benasque, Vilaller y Graus. Aunque Vilaller pertenece en la actualidad a Cataluña, en aquel tiempo se incluía en Aragón y durante el conflicto fue custodiado por el ejército aragonés de Castellfranco. Vilaller era, además, un punto estratégico para la defensa de las incursiones francesas desde el valle de Arán. En el primer año de guerra, el sector oriental del Pirineo aragonés estaba al mando del comandante Mariano Ibáñez y contaba con 1476 hombres para la defensa de Benasque, Viella, Vilaller y todos sus núcleos agregados.

Fue en los meses de septiembre y octubre de 1793 cuando se registraron importantes combates en el valle de Benasque. Tras una acción española en el valle de Tena, los franceses que ocupaban el valle de Arán intentaron romper las defensas españolas y penetrar en nuestro país: primero por Vilaller, luego por Esterri d´Àneu y más tarde por Benasque. En este último caso, su plan consistía en descender hasta Graus y continuar después hacia Barbastro, Monzón y el valle del Ebro. Los intentos franceses resultaron infructuosos por la enconada resistencia ofrecida por los españoles.

El 4 de septiembre los galos atacaron los puertos de Rius y Viella y el Coll de Toro y el puerto de los Araneses en Benasque. Incendiaron varios barracones y se retiraron. El 3 de octubre el ataque se extendió también a los valles de Bielsa y Gistaín. La fuerte ofensiva de ese mismo día sobre Benasque y Plan obligó al príncipe de Castellfranco a desplazarse con urgencia desde Jaca para dirigir personalmente las operaciones de defensa. Los franceses, con una columna de un millar de efectivos, atacaron la zona del Hospital de Benasque desde los puertos de los Araneses y Gorgutes. Simultáneamente, atacaron también con dos mil soldados el puerto de Plan. Los combates duraron todo el día y los franceses, con muchas bajas, tuvieron que retirarse por la tarde. Sin embargo, los días 6 y 9 de ese mismo mes, aún con más efectivos y con cuatro cañones, volvieron a atacar el valle de Benasque. La situación fue muy delicada para el ejército aragonés que logró detener el ataque en las inmediaciones del Hospital, principalmente en el paraje denominado Esquerrero, entre los Baños y el propio Hospital de Benasque. Tras fuertes combates y una operación envolvente de las fuerzas españolas, los franceses tuvieron que retirarse definitivamente.

Esos días de 1793 serían sin duda de gran agitación y temor en el valle de Benasque. Se conservan dos documentos –uno del 22 de agosto y otro del 6 de septiembre– en los que se insta a todos los pueblos próximos a Benasque a poner a disposición del ejército todas las caballerías existentes. Entre éstas, que son denominadas bagajes, se distingue entre mayores y menores. Las mayores son los caballos y mulos; las menores, los burros. Además, se distingue también entre las caballerías de los infanzones, las del estado llano y las del clero. Los pueblos incluidos en esta lista son: Cerler, Anciles, Eresué, Ramastué, Liri, Arasán, Urmella, Bisaurri, San Feliu, San Martín, Gabás, El Run, Castejón, Sos, Sesué, Villanova, Sahún, Eriste y Benasque. En total hay 335 bagajes mayores y 122 menores. También se demanda un total de 130 mozos, repartidos proporcionalmente entre los distintos pueblos, para conducir las caballerías mayores.

Tras este intento fallido, y con la llegada de los fríos y las nieves, los franceses abandonaron la idea de penetrar en España por el Pirineo central. Aunque hubo algunas escaramuzas en la zona de Canfranc y en el valle de Arán, el valle de Benasque ya no volvió a ser objeto de ataques hasta el final de la contienda. La guerra pasó a librarse en los frentes occidental y oriental del Pirineo y allí fueron desplazados casi todos los efectivos del ejército aragonés. En abril de 1795, cuatro meses antes del armisticio, en las guarniciones ribagorzanas sólo quedaban 511 hombres en Benasque, 443 en Vilaller y 70 en Graus.

Después de los éxitos iniciales del ejército español, la guerra cambió radicalmente de signo en 1794 y 1795. Los franceses llegaron a tomar las ciudades de San Sebastián, Bilbao y Vitoria en el frente occidental y el castillo de Figueras en el oriental. Finalmente, las negociaciones entre ambos países llevaron a la firma de la Paz de Basilea, el 22 de julio de 1795. España cedió a Francia la parte española de la isla de Santo Domingo y reconoció al nuevo régimen francés; a cambio, los franceses se retiraron de los territorios que habían ocupado y la línea fronteriza pirenaica volvió a quedar tal como estaba antes del conflicto. Pocos años tardarían sin embargo España y Francia en enfrentarse de nuevo en otra guerra mucho más larga, desgarradora y cruel que la que acabamos de relatar.

Carlos Bravo Suárez

(Artículo publicado en el Llibré de las Fiestas de Graus 2015 y en Diario del Alto Aragón)

Foto: Estrecho de Esquerrero, cerca de los Baños de Benasque.