domingo, 16 de abril de 2017

BAJO LOS MONTES DE KOLIMA




            “Bajo los montes de Kolima” es una mítica novela de espías y aventuras del escritor inglés Lionel Davidson (Kingston upon Hull, 1922 – Londres, 2009). Tras seis novelas anteriores (entre las que destaca “The night of Wenceslas”, que fue adaptada al cine),  Davidson publicó esta obra cumbre en 1994, después de dieciséis años de silencio. Inédita hasta ahora en España, ha sido recientemente incluida en la colección “black” de Salamandra, en una magnífica traducción de Mª Cristina Martín Sanz.

            La edición de Salamandra incluye un laudatorio prólogo del escritor Philip Pullman. El autor de “La materia oscura” considera “Bajo los montes de Kolima” el mejor thriller que ha leído en su vida. Destaca la estructura clásica de la novela: “Adopta la antigua forma de la búsqueda: el protagonista viaja a un lugar remoto, consigue algo valioso y regresa. 'Jasón y los argonautas', 'La isla del tesoro' y 'Las minas del rey Salomón' son sólo tres de la multitud de relatos que siguen este patrón básico. Quizá el ejemplo moderno más famoso sea 'El señor de los anillos'”. En “Bajo los montes de Kolima”, “el protagonista, Johnny Porter, tiene que viajar desde Canadá hasta un instituto científico de Siberia, oculto en un lugar remoto y protegido por un fuerte sistema de seguridad, y averiguar la razón por la que un antiguo amigo suyo le ha pedido con tanta urgencia que acuda a un sitio tan desolado. Y, luego, naturalmente, tiene que regresar”.

            Debo decir que el lector (al menos a mí me ocurrió) tarda en entrar en la intriga de la novela. Debe superar todo el primer capítulo (con sus nueve partes), en el que, entre otras cosas, se intentan descifrar los extraños mensajes encriptados que llegan a los servicios secretos ingleses y estadounidenses. Pero a partir del segundo capítulo con la aparición de Johnny Porter, protagonista absoluto del libro, el relato inicia una trepidante sucesión de aventuras con viaje incluido desde las costas japonesas a las frías y desoladas tierras de Kolima, en el noreste de Siberia, antiguo lugar de gulags y buscadores de oro y donde ahora se esconde un centro clandestino de investigación en el que se realizan turbios y secretos experimentos que Porter, un indio canadiense, deberá intentar desentrañar. Para ello, y tras viajar como falso marinero, tiene que hacerse pasar por nativo de una de las varias etnias que habitan esta zona de Siberia, no muy alejada del estrecho de Bering y de las tierras de Alaska. La preparación previa de la misión, la excepcional facilidad del protagonista para aprender idiomas y su mezcla de valentía, astucia, pericia y sangre fría le permitirán acercarse a su objetivo.

            Un aspecto muy destacable de la novela es la magnífica recreación de la geografía siberiana, de sus numerosas etnias, lenguas y dialectos, montañas, ciudades, clima, carreteras y hasta vehículos (los omnipresentes bobiks). Algunos mapas ilustran la narración y ayudan al lector a situarse en aquellas extensas y remotas tierras. En cuanto a los personajes, ya se ha dicho que el camaleónico e inteligente Johnny Porter es el protagonista absoluto de la novela. Un verdadero héroe, único y extraordinario, que algunos han comparado a James Bond y otros héroes excepcionales de la literatura y el cine. Pullman resume espléndidamente las características de los personajes secundarios del libro: “Rogachev, el anciano director del misterioso centro científico, con su oscuro secreto; Lazenby, el académico de Oxford de cabeza bamboleante; la coqueta y provocativa Lidia Yakovlevna, que quiere irse a casa con Johnny y “hacer de todo” con él; la dulce y ciega Ludmila, que quizá sea el personaje más extraordinario de todo el libro; Komarova, la fría y reservada doctora, que sabe más de lo que parece; el brutal contramaestre japonés del Suzaku Maru... Todos ellos están bien dibujados y llenos de vida”.

            La novela va de menos a más y su final es una verdadera apoteosis de la narrativa de aventuras. “Bajo los montes de Kolima” es un excepcional thriller, una magnífica mezcla de la novela de espionaje con la mejor narrativa de aventuras. Cuesta algo entrar en ella, pero luego uno no puede parar de leerla. Aunque con muchos años de retraso, merece un aplauso que Salamandra haya traducido y editado por fin en nuestra lengua este aclamado thriller de Lionel Davidson.

“Bajo los montes de Kolima”. Lionel Davidson. Salamandra Black. 2016. 544 páginas.

viernes, 14 de abril de 2017

EXCURSIÓN FAMILIAR POR LOS ALREDEDORES DE GRAUS




















Casi una treintena de personas participamos el pasado sábado en una excursión circular por los alrededores de Graus, organizada por Montañeros de Aragón de Barbastro y que contó con la colaboración del Centro Excursionista Ribagorza de Graus en tareas de diseño y preparación del itinerario y guía durante el recorrido.

Poco antes de las diez de la mañana, los participantes en la actividad, en la que predominaban padres y niños del club barbastrense, nos dimos cita junto al puente de Abajo de Graus para iniciar nuestra excursión andando. Siguiendo el itinerario del GR-1, pasamos por el lugar de encuentro de los ríos Ésera e Isábena y por el paraje conocido como Las Forcas y nos dirigimos por pista en dirección al despoblado Portaspana. Después de andar aproximadamente una hora, siempre por bosque de pinos y por la margen izquierda del río Isábena, nos desviamos unos metros a la derecha del GR-1 y llegamos a la ermita de San Bartolomé, junto a la cual hicimos una parada para el desayuno. La iglesia conserva íntegro su originario ábside románico, pero sobre los restos de sus viejas paredes se levantó una construcción de uso agrícola que camufla y hace que puedan pasar desapercibidos los viejos restos medievales.

Enlazamos aquí con el sendero de los Miradores de Graus, con marcas blancas y amarillas de PR. Adentrándonos en el bosque, cruzamos la pista anterior y, en dirección al este, descendimos hasta la orilla del río Isábena para ver los restos de la vieja palanca, o cajón, que, construida con sirgas y poleas, permitía hasta no hace tanto el paso del río hacía Portaspana, La despoblación del lugar en la segunda mitad del siglo pasado hizo que este rudimentario pero funcional mecanismo cayera en desuso.
  
Desde este punto, retrocedimos por el PR y, ya siempre por la margen izquierda del río Isábena, y salvando algunos pinos cruzados en el sendero por los efectos de la reciente nevada, llegamos a la moderna pasarela de madera por la que cruzamos el río para dirigirnos de regreso a Graus. Lo hicimos por el camino de las Huertas, donde vimos algunos animales domésticos que hicieron las delicias de los niños. Pasada la una de la tarde, entramos en la población grausina, cuyo casco urbano, incluida su magnífica Plaza Mayor, cruzamos andando. Salimos por el Portal de Chinchín o Puerta de Barbastro para llegar hasta el puente medieval o de Abajo y cerrar así el círculo de nuestro itinerario. Allí tenían sus coches los amigos de Barbastro que volvieron por carretera a su ciudad.

Habíamos recorrido aproximadamente once kilómetros, en casi cuatro horas contando las paradas. Fue una agradable mañana de primavera en la que los niños se comportaron como una excelente cantera de futuros y buenos montañeros. Hay que agradecer también las tareas de limpieza en el tramo del sendero más obstaculizado por los muchos pinos caídos tras la reciente nevada, realizadas poco antes de nuestro paso por un técnico del ayuntamiento grausino. Todo se conjugó para que pudiéramos disfrutar de una espléndida jornada de excursionismo infantil y familiar por los atractivos parajes de los alrededores de Graus.

Carlos Bravo Suárez

Recorrido: Puente de Abajo - GR-1 (pista de Portaspana) - Ermita de San Bartolomé - Sendero de los Miradores - Palanca de Portaspana - Pasarela del Isábena - Camino de las Huertas - Graus - Puente de Abajo.

jueves, 6 de abril de 2017

DE BENABARRE A LASCUARRE Y COMIDA CAMPESTRE EN CAPELLA

 Ermita de San Medardo
Ruinas del convento de Linares
 Árboles en el camino
 Puente sobre el barranco de Catró
 Aldea Ecológica
 Castillo de la Mellera
 Grupo en el mirador de la Mellera
 Font Freda
 Cara norte de la sierra de la Mellera
 Caixigo en la bajada
 Lacuarre
 Lacuarre
 Lascuarre
 Puente de Capella
 Merendero de Capella
 Comida


          Como todos los años en estas fechas, el Centro Excursionista Ribagorza celebró su tradicional comida campestre de primavera en el merendero de Capella. Antes, el club grausino organizó una atractiva excursión matinal desde Benabarre a Lascuarre por la sierra de la Mellera. En un magnífico día de sol y suaves temperaturas, participaron en la actividad más de cuarenta caminantes y sesenta comensales, entre los que se contaban los miembros de la Peña La Meliguera, que un año más estuvo a cargo de la preparación de la estupenda comida al aire libre, junto al majestuoso puente medieval de Capella sobre las aguas del río Isábena.

         Los participantes en la excursión nos dimos cita a las ocho de la mañana en la Glorieta Joaquín Costa de Graus, para dirigirnos en autobús hasta el parque de San Medardo, situado a las afueras de Benabarre. Allí, junto a la ermita dedicada al patrón de la villa benabarrense, nos hicimos una foto de grupo e iniciamos nuestro recorrido a pie. Tras andar unos metros por el GR.18.1 que sube al Coll, nos desviamos a la derecha para tomar el PR-HU131, que íbamos a seguir hasta la Font Freda, ya en lo alto de la sierra. En el cruce de ambos senderos se hallan las escasas ruinas del antiguo convento dominico de Nuestra Señora de Linares, de importancia histórica en la comarca.

Al poco de iniciar el camino en dirección al barranco de Catró, tuvimos que sortear un buen número de pinos caídos sobre la pista como consecuencia de la reciente nevada. Fue una verdadera carrera de obstáculos, pero finalmente conseguimos llegar a la Font de Catró y cruzar el barranco por un pequeño puente de madera. Tras un corto tramo de sendero en subida, alcanzamos una pista más ancha que asciende hasta lo alto de la sierra de la Mellera. Pasamos por una explotación ganadera y llegamos a la llamada Aldea Ecológica, una serie de construcciones modernas diseminadas por la zona con orientación al mediodía. Saliéndonos un poco del camino, ascendimos al llamado mirador de la Mellera, donde quedan algunos restos del castillo medieval del mismo nombre, documentado ya en el siglo XII. A 1.100 m. de altitud, el lugar ofrece unas magníficas vistas del valle del Isábena y de algunas cimas del Pirineo.

Tras la obligada parada, iniciamos el camino de descenso por la cara norte de la sierra. Encontramos enseguida la Font Freda, en un umbrío paraje bajo rocosas paredes verticales. Ya siempre en bajada, continuamos hasta Lascuarre, adonde llegamos algo antes de las 14 horas. Atravesamos este bonito pueblo y nos dirigimos al autobús, que nos esperaba en la carretera de entrada a la localidad. Habíamos recorrido 14 km en casi cinco horas con largas paradas. 

En pocos minutos llegamos al merendero de Capella, donde los cocineros de la Peña La Meliguera y sus ayudantes ya habían dispuesto las mesas para empezar a degustar la magnífica comida que habían preparado mientras nosotros caminábamos. Alrededor de las 17 horas dimos por terminada una espléndida jornada, en la que disfrutamos plenamente de los placeres del excursionismo y la gastronomía. 

Datos de la ruta: 

Distancia - 14 Km
- Tiempo total - 4h 52 min
- Tiempo en movimiento - 4h 0 min
- Altura máxima - 1.096 m
- Altura mínima - 633 m
- Desnivel de subida - 444 m
- Desnivel de bajada - 594 m
 


Carlos Bravo Suárez

Artículo publicado hoy en Diario del Alto Aragón.