domingo, 24 de julio de 2022

LA LINTERNA DE PAPEL

“La Linterna de Papel” es la primera novela del joven poeta inglés Will Burns. Incorporado como Nuevo Poeta en 2014 por la prestigiosa colección Faber & Faber, es autor del libro de poemas “Country Music“, editado en 2020. El año pasado, tras la pandemia provocada por el COVID, publicó “La Linterna de Papel”, una crónica personal de aquellos días de estricto confinamiento que vivió en su Inglaterra natal. Ahora, la prestigiosa Literatura Randon House ha publicado el libro en nuestro país con la traducción de Javier Calvo.

“La Linterna de Papel” es el nombre del pub que el protagonista de la novela homónima regentaba junto a sus padres cuando estalla la pandemia. Un bar situado en una pequeña ciudad –que de manera exagerada sus habitantes denominan La Aldea– del centro de Inglaterra, en los llamados “home counties”, no lejos de Londres y cercana a Chequers, la residencia de vacaciones del primer ministro británico. El relato está narrado en primera persona por su protagonista, que, cerrado por la pandemia el pub de sus padres, se dedica a pasear y hacer caminatas por los alrededores de su pueblo. Además de describir con precisión y belleza literaria los lugares que recorre, el narrador –parece obvio que un alter ego del propio Will Burns– reflexiona sobre su propia situación personal y acerca de diversos temas: el concepto de trabajo, la degradación del medio natural, las contradicciones de la modernidad, el cambio climático, el clasismo de la sociedad británica y hasta el reciente Brexit, respecto al que se muestra contrario. También aparecen referencias a diversos personajes carismáticos que son clientes habituales del pub y a algunos amigos de la infancia del narrador.

Uno de los aspectos más interesantes del libro son las reflexiones del narrador sobre diversos aspectos contradictorios de la actual Inglaterra o de las sociedades modernas en general. En el primer caso, el autor se encuentra con que la zona por la que él suele salir a caminar se está viendo alterada por la construcción de una nueva vía férrea que tiene como objetivo la mejor conexión del Reino Unido con el continente europeo. Tras el Brexit y la salida británica de la Unión Europea, esa infraestructura parece entrañar una cierta contradicción. También señala el narrador cómo algunas empresas contaminantes de su comarca son las mismas que, paradójicamente, colaboran en proyectos destinados a la protección de la naturaleza. El tono crítico se extiende también al clasismo inglés, extensible incluso al juego del criquet tan presente en esa zona, en la que “el éxito se mide en los logros de los hijos, el precio de los coches y la exuberancia de los jardines”. También hay muchas alusiones al deterioro del medio natural, como puede leerse en este párrafo del libro: “Durante largos tramos del camino no se veía el río por ninguna parte, la senda me alejaba de sus meandros y sus orillas, y el ruido de la autopista lo lejos se convertía en una burla doble: allí estaba yo, circulando por un camino fluvial sin rastro del río y con el ruido de los coches, camiones y monovolúmenes imitando el murmullo del agua sobre las piedras”.

Burns combina a la perfección la descripción más objetiva con la reflexión más intimista y la crítica más punzante con un tratamiento literario más lírico, acorde con su condición de poeta. Salvando las distancias y con un enfoque totalmente personal y diferenciado, el propio autor ha manifestado en alguna entrevista su adscripción en cierto modo a la tradición literaria de los “flaneurs”, paseantes con una tendencia que algunos denominan como psicogeográfica. En la línea del suizo Robert Walser o el inglés Malcom Lowry, más por “su estilo de vida que por una técnica concreta, de comprender de modo vitalista que el movimiento y el paseo afectan al ritmo del pensamiento y la narración”. En cualquier caso, el propio autor ya había utilizado el paseo por la naturaleza en muchos de sus poemas y ahora transfiere parte de ese enfoque más lírico a su prosa narrativa.

La escritora y crítica literaria Berna González Harbour ha resumido con acierto lo que podemos encontrar en el libro: “La Linterna de Papel’ forma parte de una corriente que arrastra una lava no exactamente volcánica, pero sí cargada de autocrítica, de trazas apocalípticas, a ratos de furia, de enfado por el aislamiento británico y de incertidumbre ante el inhóspito país que emergerá de todo esto”. Aquellos días de estricto confinamiento fueron propicios para dar en soledad largos paseos por el campo y reflexionar sobre muchas cosas del presente, el pasado y el futuro. Will Burns ha sabido dar forma literaria a esas actividades cotidianas a las que nos obligó a todos la pandemia. El resultado es un excelente libro que, aunque se centre sobre todo en la geografía inglesa, puede extrapolarse a cualquier otro lugar. Una lectura que, como su propio título indica, resulta iluminadora y muy recomendable.

“La Linterna de Papel”. Will Burns. Literatura Randon House. 2022. 168 páginas.


jueves, 14 de julio de 2022

EXCURSIÓN DESDE BONANSA CON UNA REFRESCANTE TORMENTA


El grupo grausino Tardes al Sol realizó el pasado lunes una excursión desde Bonansa hasta la pequeña localidad de Cirés, en el extremo más oriental de Ribagorza y de la comunidad aragonesa. El itinerario fue en parte circular, con la ida por el GR-15 hasta Cirés y la vuelta por un camino no señalizado que pasa por el despoblado y arruinado Gabarret. Desde Bonansa hasta el paraje conocido como El Prat de Campo, repetimos el mismo recorrido a la ida y a la vuelta.

Los catorce participantes en la excursión salimos de Graus a las 16.45 horas, con una temperatura de 36º. Fuimos en coche hasta Bonansa y la temperatura fue descendiendo hasta los 30º. Habíamos elegido una ruta por bosque y sombra para evitar el calor. A las 17.45, cuando comenzamos a andar, el cielo estaba cubierto y parecía amenazar lluvia. Sin entrar en Bonansa, desde la carretera, buscamos a nuestra izquierda el desvío del GR-15. El sendero empieza en bajada hasta el molino de Bonansa, junto al barranco de la Mola. En ese tramo, invaden el camino algunas ortigas que notamos especialmente quienes llevábamos pantalón corto. Combinando sendero y pista, pasábamos por un bosque de pinos cuando comenzó a llover. Aunque algunos se protegieron con algún paraguas o capas pluviales, otros casi agradecimos la lluvia, que no era muy fuerte, y que refrescara un poco.

Llegamos a un amplio espacio abierto con prados y algunos llamativos árboles que se conoce como El Prat de Campo. Atentos a las marcas del GR y a los cruces, continuamos por un bello sendero entre robles, bojes y musgo. Al llegar a Cirés, arreció la lluvia y nos protegimos en el portal de la iglesia románica de San Cristóbal, donde merendamos. Cuando paró de llover, dimos una vuelta por la pequeña población, perteneciente al municipio de Bonansa y con sus casas bien arregladas. Hablamos con algún vecino y reemprendimos la marcha. Tomamos la carretera que va a Pont de Suert y nos desviamos por una pista, primero a la izquierda y luego a la derecha, que nos llevó hasta Gabarret. También perteneciente a Bonansa, el lugar se halla casi todo él en ruinas. Destaca la iglesia románica de San Pedro, con singular espadaña lateral, y su fuente. Desde aquí, por una estrecha pista fuimos hasta El Prat de Campo, donde, ya atardeciendo, recibimos unos tímidos rayos de sol.

Desde El Prat de Campo retornamos a Bonansa por el mismo camino que a la ida. La distancia recorrida fueron 12,5 km y el desnivel acumulado casi 500 m. Estuvimos siempre entre los 1050 y los 1250 m. de altitud. Y en el recorrido invertimos unas tres horas y media con las paradas.

sábado, 9 de julio de 2022

INICIACIÓN, AMBIGÜEDAD Y FINGIMIENTO

“Mis días con los Kopp” es la primera novela de Xita Rubert Castro, joven escritora nacida en Barcelona en 1996 y criada entre Cataluña y Galicia. Hija del conocido filósofo catalán Xavier Rubert de Ventós, Xita comenzó sus estudios de Literatura en Barcelona y se licenció en Filosofía y Literatura por la Universidad de Warwick, tras realizar estancias de estudios en universidades como La Sorbona en Paris. Actualmente se doctora en Literatura Comparada becada por la Universidad de Princeton, donde imparte clases sobre las relaciones entre filosofía, literatura y medicina. Ha recibido varios premios en la modalidad de teatro y por algunas de sus narraciones breves, entre las que destaca “Flores para el bailarín”, finalista del Premio de Relato Ana María Matute y editada en el libro conjunto “Patas de astracán y relatos finalistas”. Ha escrito artículos e impartido conferencias sobre Clarice Lispector, Leonardo da Vinci o Martin Heidegger en diversas revistas e instituciones extranjeras y españolas. Ahora, Anagrama acaba de publicar “Mis días con los Kopp”, su primera novela, que ha sido muy bien acogida por la crítica.

“Mis días con los Kopp” es una novela corta, que, según su propia autora, iba a ser de inicio un relato breve. En la novela aparecen prácticamente solo cinco personajes. Está narrada en primera persona por la joven Virginia, de diecisiete años. Ella y su padre, Juan, se desplazan al norte de España para encontrarse con los Kopp, matrimonio inglés formado por Andrew y Sonya. Andrew, compañero de Juan desde su época universitaria, va a recibir un premio por su labor cultural, entregado por los Reyes de España, y el padre y la hija españoles van a acompañarlos y a pasar unos días con ellos. Sin embargo, los Kopp llevan consigo a su hijo Bertrand, un joven aparentemente enfermo, con alguna deficiencia psíquica, al que los padres presentan como escultor y performer, obsesionado por la idea de que las esculturas son efímeras. La joven Virginia se va a sentir progresivamente atraída por la ambigüedad de Bertrand, que se mueve entre la demencia y la creación artística y que puede mostrarse tan violento como tierno.  En su proceso de despertar e iniciación propio de la adolescencia, Virginia se va a dejar arrastrar hacia un laberinto de sensaciones encontradas, un territorio nuevo para ella, peligroso y excitante a la vez, ambiguo e inexplorado.

Además de en Bertrand, la novela también se adentra en los personajes del matrimonio Kopp y en la relación de Virginia con su padre. Andrew Kopp es presentado como un artista e intelectual que, a pesar de su prestigio, mantiene una vena transgresora y provocadora que puede parecer en cierto modo infantil y poco adecuada a su edad y status. El lector juzgará si la broma que lleva a cabo en el relato se ajusta más a la transgresión o a un capricho de persona consentida por su situación intelectual, social y económica. No sé cuánto de crítica y reproche hay por parte de la autora a ese tipo de comportamientos. En cualquier caso, lo mejor de la novela es su ambigüedad y ausencia de juicio moral por parte de la narradora y, a través de ella, de la autora del libro.

Sonya es una mujer más altiva y distante, siempre preocupada por esconder las posibles deficiencias psicológicas de su hijo bajo el manto de la genialidad artística. Bastante protagonismo tiene también en la novela la estrecha relación de Virginia con su padre, de quien la narradora, haciéndose omnisciente en este plano, nos desvela su futura enfermedad que va a cambiarlo todo. Este aspecto, según la propia novelista, le sirvió para alargar algo el relato inicial y convertirlo en una novela corta. Aunque no siempre está muy clara la frontera entre ambos géneros.

A pesar de su brevedad, la novela aborda varios temas, domina con maestría la ambigüedad y, además, está escrita con una prosa exquisita y una sintaxis perfectamente elaborada. Algo muy meritorio en una escritora de tan solo 26 años, que demuestra una madurez literaria y un oficio sorprendentes. Como se dice acertadamente en su promoción: “En su primera novela, Xita Rubert escribe con la misteriosa sabiduría que emerge del caos para preguntarse si acaso crecer es adentrarse en una ficción sin retorno. ‘Mis días con los Kopp’ es una sugestiva novela de iniciación del siglo XXI que afronta con inteligencia la enfermedad, el fingimiento social y el desamparo. Una singularísima historia que nos anuncia la llegada de una nueva narradora con una voz poderosa y llena de matices”.  Sin duda, el debut literario de Xita Rubert y su sólida formación lingüística y literaria permiten augurarle un brillante porvenir como escritora. Estaremos atentos a su evolución.

“Mis días con los Kopp”. Xita Rubert. Anagrama. 2022. 152 páginas.

 

miércoles, 6 de julio de 2022

EL CER ASCIENDE AL IBÓN Y AL PICO DE BERNATUARA DESDE BUJARUELO





El Centro Excursionista Ribagorza realizó el pasado domingo una excursión al ibón y al pico de Bernatuara. En una mañana soleada, que fue cubriéndose progresivamente, pero sin que llegara a llover durante el recorrido, disfrutamos de uno de los itinerarios más atractivos del valle de Bujaruelo.

Los veinte participantes en la actividad salimos de Graus a las 6 horas para dirigirnos por carretera hasta San Nicolás de Bujaruelo, a donde llegamos a las 7.45 horas. Dejamos nuestros vehículos en el aparcamiento próximo al refugio y, a 1338 m. de altitud, comenzamos a andar. Pasamos junto a las ruinas románicas de la ermita de San Nicolás, cruzamos el puente medieval sobre el río Ara y tomamos el GR-11 que enseguida abandonamos por la izquierda para seguir el sendero que sube al ibón de Bernatuara, anunciado desde el inicio del recorrido con varios indicadores de madera.

El sendero transita al principio por espeso bosque para salir muy pronto a terreno abierto. Durante un tramo, predominaba el color amarillo de los escarpines, moteado con el azul de los numerosos lirios. Detrás de nosotros se recortaban algunas montañas como el pico Otal y Tendeñera. A nuestra derecha, pudimos ver el Taillón o los Gabietos, entre otros. Dejamos a la derecha el refugio de Sandaruelo, cruzamos varias veces un barranco y fuimos ascendiendo hasta un collado desde el que ya vimos abajo el ibón de Bernatuara. A él llegamos tras una corta bajada.

Situado a 2270 m. de altitud, el ibón de Bernatuara es uno de los más escondidos, bucólicos y bellos de nuestro Pirineo. En su orilla realizamos una parada para comer algo e hicimos la foto de grupo. Desde aquí, casi todos los participantes continuamos hasta el pico de Bernatuara, pasando antes por el puerto del mismo nombre, por el que históricamente han cruzado a Francia los rebaños de ganado procedentes del valle de Broto.

En la cima del pico de Bernatuara, a 2516 m. de altitud, hicimos otra parada para disfrutar del lugar y de las magníficas panorámicas que desde él se contemplan. Además de excepcionales vistas del ibón, y de los picos ya comentados en la subida, ahora veíamos unos cuantos del Pirineo francés, entre los que reconocimos una parte del macizo de Vignemale o Comachibosa.

Realizamos el descenso por el mismo camino hasta el refugio de Bujaruelo y concluimos la excursión. Habíamos recorrido poco más de 12 km con 1250 m. de desnivel en algo menos de siete horas con las paradas incluidas.

                 

jueves, 30 de junio de 2022

EXCURSIÓN POR EL VALLE DE ESTÓS HASTA LOS IBONES DE ESCARPINOSA


El pasado sábado, el grupo grausino Tardes al Sol, organizó una excursión matinal por el valle de Estós, en Benasque, con ascensión al ibonet de Batisielles y a los bonitos ibones de Escarpìnosa. En una mañana nublada, pero sin lluvia ni calor durante el recorrido.

Los once participantes salimos de Graus a las 7.15 horas, para dirigirnos a Benasque por la carretera A-139 y la N-260, recién abierta al tráfico para el periodo estival. Pasado Benasque y el desvío de Cerler, cruzamos el puente de San Jaime y giramos a la izquierda para llegar al aparcamiento de Estós, donde comenzamos a andar. En vez de seguir por el GR-11, tomamos un sendero que va en paralelo por la derecha, a algo más de altura, y que desemboca en la pista al cabo de poco rato. Ya en el GR-11, continuamos por la margen izquierda del caudaloso río Estós, que enseguida cruzamos por la palanca de Aguacari.

El ancho camino transita ahora por la margen derecha del río, en suave pero constante subida y con vistas más amplias de prados, bosques y montañas. Dejamos a la izquierda la cabaña-refugio de Santa Ana y, en un bello bosque de hayas, encontramos la fuente de Coronas, construida rústicamente sobre madera. Desde aquí, no tardaremos mucho en llegar a un cruce. Si siguiéramos recto, iríamos al refugio de Estós, pero nosotros cogeremos el camino de la izquierda que, como indican los carteles, nos lleva a la zona de Batisielles.

El sendero va acentuando su subida por espesos bosques y, tras atravesar el barranco o aigüeta de Batisielles por el puente metálico de los Carboneros, se hace más estrecho y asciende en continuo zig-zag hasta el ibonet de Batisielles, un lugar bucólico, rodeado de verdor y custodiado a nuestra izquierda por las tucas de Ixeia y a nuestra derecha, y algo más lejanas, por las prominentes agujas de Perramó. Situado a 1.870 m. de altitud, es este un buen lugar para hacer una parada, recrearse en el paisaje y reponer fuerzas.

Desde aquí, dejamos a la derecha los desvíos al ibón Gran de Batisielles y al Refugio de Estós y continuamos hacía Escarpinosa, bordeando el ibonet de Batisielles por la derecha y dejando a la izquierda el barranco, que nos ofrece durante el camino la vista de varias bonitas cascadas. El sendero, siempre en ascenso, pero sostenido y bien señalizado, nos conduce a uno de los parajes más bellos y concurridos del valle, en el que merece la pena hacer otra parada. Llegados al primero y más grande de los dos ibones de Escarpinosa, decidimos cruzar el barranco por nuestra izquierda y subir hasta el otro ibón, de aguas algo más verdosas. Desde este camino, las vistas del precioso ibón grande y más azulado con el Perdiguero y otros picos al fondo son extraordinarias.

Desde aquí, retornamos al punto de partida por el mismo camino de ida y, ya con el último tramo también por el GR-11, llegamos al aparcamiento. Fueron 15 km de recorrido, con 873 m. de desnivel. El punto de mayor altitud fueron 2036 m.; el más bajo, 1300 m. Invertimos casi 7 horas, incluyendo las paradas y caminando a ritmo tranquilo.

https://www.diariodelaltoaragon.es/noticias/deportes/2022/06/29/excursion-por-el-valle-de-estos-hasta-los-ibones-de-escarpinos-1584886-daa.html

domingo, 26 de junio de 2022

LENGUAS Y VIOLENCIA EN UNA DESTACABLE NOVELA

“Sin tocar el suelo” es la primera novela escrita originalmente en castellano por Jokin Muñoz (Castejón, Navarra, 1963). Hasta ahora, este autor, licenciado en Filología Vasca y profesor de instituto, había publicado todos sus libros en euskera. Entre 1995 y 2008, además de una crónica de un viaje a pie por Navarra, Muñoz publicó un par de libros de relatos y dos novelas. En 2004 ganó el Premio Euskadi de Literatura y en 2008 el Premio Nacional de la Crítica de narrativa en euskera. Todos sus libros han sido traducidos al castellano. Ahora, tras un largo silencio de casi quince años, ha publicado “Sin tocar el suelo”, escrita directamente en castellano y editada por Galaxia Gutenberg, dentro de una serie de libros dirigida por la prestigiosa escritora, historiadora, filóloga y profesora vizcaína Edurne Portela. Toda una garantía de buen criterio, valentía política  y sensibilidad literaria.

“Sin tocar el suelo” es una novela espléndida, original y diferente. Muy bien escrita y con un contexto social y político abordado con objetividad, realismo y con el acertado revisionismo histórico, tan necesario como en buena medida tardío, de un periodo crucial de la reciente historia vasca como fueron los convulsos años 80 del pasado siglo. Un camino abierto por escritores como Fernando Aramburu o la propia Edurne Portela entre otros. En esta ocasión, y eso le da un cierto valor añadido, un libro escrito por un euskaldún, es decir, un vascohablante, que además ha utilizado originariamente la lengua vasca en su producción literaria anterior. En cualquier caso, el protagonista de la novela, que ama el euskera y el castellano, acabará siendo víctima del fanatismo y la violencia etarra

“Sin tocar el suelo” tiene como protagonista a Luis Areta, que perdió a sus padres en un accidente y vive en casa de unas tías, ambas con amplios pisos en los centros históricos, primero en San Sebastián y luego en Pamplona, a donde va a estudiar Filología Hispánica. La novela se sitúa en dos planos temporales: cuando Luis es joven y estudiante y, cuando ya mayor, vive en Madrid con su pareja Tere, que es abuela de una niña china, llamada Mei, que ha sido adoptada por su hija. Luis tiene una relación especial con la joven Mei, que es una mala estudiante pero que está empezando a cantar en un grupo de rock que luego alcanzará el éxito. En su etapa de estudiante en Pamplona, Luis trabaja en una ikastola y entra en contacto con los jóvenes abertzales de Jarrai, que flirtean o directamente abrazan el terrorismo de ETA. Allí Luis conoce a Leire, de la que se enamora, y a Koldo Gartzia, que fue militante de ETA y ahora, en el plano temporal posterior de la novela, acaba de ser nombrado diputado foral de Cultura. Con él, se encuentra ahora Luis para recordar aquellos tiempos que tuvieron consecuencias tan diferentes en sus vidas.

Para explicar mejor la novela, no me resisto a transcribir algunas de las palabras que escribe Edurne Portela en su brillante prólogo: “Cuando leí el manuscrito de ‘Sin tocar el suelo’, lo primero que pensé es que Jokin Muñoz había escrito una novela que reflejaba la capacidad de la literatura para reconstruirnos cuando la vida nos ha roto. Esta novela llena de belleza, ternura y algo de melancolía es una reflexión sobre el silencio y las secuelas de la violencia, sobre la transmisión -consciente e inconsciente- de la memoria intergeneracional, en este caso entre Luis y su nieta Mei, sobre la dimensión subjetiva de la lengua con la que elegimos comunicarnos, sobre el amor en todas sus acepciones, sobre el arraigo y el desarraigo, la búsqueda y la huida. Y sobre la literatura -particularmente la poesía- como la herramienta capaz de articular todo ello. A través de la vida del joven Luis en San Sebastián y Pamplona, Jokin Muñoz nos traslada a los años de la violencia, una violencia que crecía «invisible» porque no éramos capaces de verla, una violencia que absorbió y destrozó a parte de aquella juventud que en el momento se denominaba «alegre y combativa». La literatura de Jokin Muñoz se caracteriza por su capacidad de crear ambientes cargados de ángulos ciegos y de silencios, por examinar cómo las grandes violencias nos atraviesan y se encarnan en violencias cotidianas y cómo la complicidad también genera daño. Muñoz escribió con extrema lucidez sobre estos temas cuando ETA estaba activa. Ahora, diez años después del fin definitivo de la actividad armada, el autor nos confronta con la memoria de ese dolor y nos hace ver, una vez más, que el daño no acaba por decreto y que sus consecuencias siguen vivas mientras siga viva la memoria del dolor. Y así lo refleja este personaje magnífico que es Luis”.

No puedo extenderme ya mucho más aquí sobre esta destacable novela que, además de la memoria de aquellos años de plomo, es una declaración de amor al euskera y al castellano, a la belleza de la traducción o trasvase de los conceptos poéticos entre una y otra lengua. Y una demostración de la necesidad de despolitizar las lenguas para amarlas exentas del componente tóxico de su uso partidista e ideologizado. Algo que en algunos lugares es aún muy necesario y a lo que pueden contribuir novelas tan hermosas como esta.

“Sin tocar el suelo”. Jokin Muñoz. Galaxia Gutenberg. 2022. 216 páginas.

 

miércoles, 22 de junio de 2022

EXCURSIÓN CIRCULAR DEL CER POR EL VALLE DE ORDESA






El pasado domingo, el Centro Excursionista Ribagorza realizó una bonita excursión por el valle de Ordesa. Fue un itinerario circular desde la Pradera de hasta la Cola de Caballo, con el camino de ida por la Senda de los Cazadores y la Faja de Pelay y la vuelta por el camino tradicional que coincide con un tramo del GR-11, por las Gradas de Soaso, el Hayedo y las cascadas de la Cueva y el Estrecho.

Los veinte participantes en la actividad salimos de Graus a las 6 horas y nos dirigimos con nuestros vehículos por carretera hasta el aparcamiento de la Pradera de Ordesa, en el municipio de Torla. Poco después del parking, tomamos un desvío a la derecha, señalizado como Senda de los Cazadores. El camino asciende sin tregua desde el principio, en fuerte zig-zag, por un espeso y sombrío bosque. Tras unos 650 m. de continuo desnivel, llegamos al mirador de Calcilarruego, situado a 1950 m. de altitud y punto más elevado del recorrido. Aquí hicimos una breve parada para reponer fuerzas, hacernos la foto de grupo y disfrutar de las extraordinarias vistas que desde allí se contemplan.

Seguimos el sendero por la Faja de Pelay, llaneando y en suave descenso, con tramos de espeso bosque y abundancia de rododendros y algunas otras flores. Y con vistas de la Brecha de Roldán, la falsa brecha, el Dedo o el pico Tallión, entre otros lugares. Descendimos hasta el imponente circo de Soaso, ya con completas vistas de los picos Cilindro, Monte Perdido y Añisclo, enlazamos con el GR-11 y llegamos a la impresionante cascada de la Cola de Caballo, siempre muy concurrida de excursionistas muy diversos. Tras una indispensable parada y las fotos de rigor, iniciamos el camino de vuelta, ya por el fondo del valle y siguiendo el curso descendente del río Arazas.

Junto a las gradas de Soaso, muy cerca del río, algunos hicimos una parada para comer. Continuamos luego por el espeso bosque de hayas y nos desviamos a la izquierda para contemplar desde todos los miradores posibles las preciosas cascadas de la Cueva y el Estrecho. Ya por terreno más llano y tras contemplar los diferentes miradores con paneles con descripciones de la zona, y con el cielo cada vez más cubierto, llegamos a la Pradera y cerramos nuestro itinerario.

Habíamos recorrido 21,5 km, con un desnivel acumulado de unos 650 m en un tiempo de más de siete horas y media con paradas. Y habíamos disfrutado de uno de los lugares más hermosos de nuestro Pirineo oscense. Unos paisajes tan bellos que uno nunca se cansa de mirarlos por más veces que los recorra.