domingo, 21 de agosto de 2022

LAS GOLONDRINAS DEL PIRINEO

“La frontera lleva su nombre” ha sido una de las sorpresas literarias de este verano. Una hermosa y entrañable novela que relata la vida de cuatro generaciones de mujeres vinculadas al PirineoCon la azarosa historia de fondo de un siglo largo de relación fronteriza entre dos países –el español y el francés– que incluye emigraciones económicas y exilios políticos, dos guerras mundiales y una civil y unas traumáticas postguerras, que dejaron una huella indeleble entre quienes sufrieron los peligros y vicisitudes de aquellos tiempos convulsos.

La autora del libro es Elena Moreno Scheredre, nacida en Bilbao en 1953, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona y colaboradora en varios medios de comunicación, principalmente en El Correo, donde  firma una columna semanal todos los viernes. Ha publicado “El salón de la embajada italiana” (2010), “Dondequiera que estés” (2013) y “Devuélveme la luna” (2018). “La frontera lleva su nombre”, publicada por Grijalbo el pasado mes de mayo, es su última novela.

Las cuatro mujeres protagonistas del libro se llaman Esperanza. Constituyen una saga familiar que tiene sus orígenes en Burgui, un pequeño pueblo navarro del valle del Roncal, a orillas del río Esca. La última de ellas, Esperanza Ayerra, cuenta en primera persona, arrancando desde el día de su boda en 2018, parte de su vida presente y las investigaciones que le han llevado a reconstruir la biografías de su bisabuela, su abuela y su madre, cuyas historias se van narrando en el libro en tercera persona, en capítulos cortos que suelen ir encabezados por el nombre de la protagonista correspondiente y las fechas y  lugares en que transcurre el capítulo. La novela se desarrolla sobre todo en poblaciones pirenaicas de ambos lados de la frontera hispano-francesa, con algunos episodios en París y con la presencia de Barcelona y Roma en la narración presente de Esperanza Ayerra.

La primera mujer de la saga es Esperanza Escaín, nacida en 1898, que, al inicio del libro, en octubre de 1913, con 15 años, cruza andando la frontera con Francia desde Burgui para ir a trabajar como alpargatera a la localidad gala de Mauléon. Así se cuenta en la novela: “Las niñas de los pueblos del valle del Roncal partían a Francia a los doce, trece o catorce años. Desde pequeñas echaban una mano en el campo, cuidaban de sus hermanos, aprendían a ser las mujeres que serían cuando su cuerpo alcanzara la madurez suficiente para casarse y tener hijos. En Francia, ese país al otro lado de las montañas, no se les permitía trabajar a esa edad, pero encontraban la manera de hacerlo. Decían que habían crecido poco, que habían perdido los papeles, que se apañaban con cualquier rincón. Los patronos necesitaban manos pequeñas, ágiles y baratas para coser las alpargatas. Algunas iban en familia; primas, hermanas o incluso con el padre al frente”. “Los más viejos decían que aquello se repetía desde 1895”. “Las alpargatas eran el producto más vendido en toda Europa. Los mineros del norte y del este no usaban otro calzado, y Mauléon, una ciudad situada en los Pirineos atlánticos, en la región de la Soule, País Vasco francés, crecía incesante debido a la industria alpargatera”. A estas niñas y mujeres, que pasaban la frontera desde el valle navarro del Roncal y los aragoneses de Hecho y Ansó, los franceses las llamaban “hirondelles”, es decir, golondrinas, porque, como estas aves, emigraban en octubre y volvían a sus pueblos en primavera.

Me he detenido más en la condición de “golondrinas” de la primera Esperanza y otros personajes femeninos del relato porque es, en buena medida, una aportación histórica del libro, pues son casi inexistentes los estudios documentados sobre este poco conocido fenómeno migratorio hispano-francés de las primeras décadas del siglo XX. Pero en la novela hay muchísimo más y todo muy bien contado. A la joven Esperanza le sorprende en Francia la Primera Guerra Mundial y a su hija, también Esperanza pero conocida como Perla, la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Las historias de ambas son extraordinarias y entrañables, con ingredientes novelescos muy variados y perfectamente desarrollados a lo largo de la narración, que mantiene siempre la intriga y combina con equilibrio episodios sociológicos, bélicos, amistosos, amorosos y sentimentales. Porque, además de las cuatro Esperanzas –la tercera con un papel más discreto–, en la novela aparece un buen número de personajes destacados: Leonora, la patrona de Monléon  que trata  a la primera Esperanza como a una hija; Pilar, la amiga aragonesa que le enseña a leer y escribir y emigra luego a Argentina; el soldado francés Théodore Elissabide, que será el gran amor de su vida; Louis Bernier, que sobrevive a la guerra como mutilado; Adrien Thibault, pediatra del hospital de Pau, elegante, educado y solidario; el joven Tomás Vallejo, que vive una apasionada relación con Perla…

No puedo extenderme más aquí sobre esta magnífica novela cuya lectura recomiendo vivamente. Una narración larga y sólida, que en ningún momento se hace pesada y que gustará a todo tipo de lectores.

“La frontera lleva su nombre”. Elena Moreno Scheredre. Editorial Grijalbo. 2022. 512 páginas.

           

domingo, 7 de agosto de 2022

LOS INICIOS DEL COUNTRY NOIR


Daniel Woodrell (Springfield, Misuri, 1953) pasa por ser el creador del término “country noir” para referirse a novelas policiacas o de intriga ambientadas en el mundo rural estadounidense. Utilizó la expresión respecto a “Give Us a Kiss”, publicada en Estados Unidos en 1996. Aunque, posteriormente, el novelista de Springfield ha preferido utilizar la denominación "realismo social" o "ficción criminal" para definir su narrativa, el término “country noir” se consolidó tras la aparición de su novela “Los huesos del invierno” en 2006, su obra más destacada, llevada al cine en 2010 por Debra Granik y ganadora del primer premio del Festival de Sundance. Esta novela de culto entre los amantes del género fue publicada en España en 2013 por Alba Editorial, que también editó en nuestro país “La muerte del pequeño Shug” al año siguiente. Ambas fueron reseñadas en su momento en esta sección.

Ahora, la meritoria Sajalin Editores, siempre atenta a la literatura estadounidense de calidad, acaba de publicar “Bajo la dura luz”, la primera novela de Daniel Woodrell, editada en su país en 1986 y traducida al español por Diego de los Santos. “Bajo la dura la luz” es la primera entrega de la denominada “Trilogía de los pantanos”, cuyas siguientes dos novelas esperamos que Sajalin publique próximamente en España, también en su destacada colección “Al margen”, dedicada a la novela negra y policiaca más genuina.

Aunque sus novelas posteriores están ambientadas en las montañas de Ozark, en el estado de Misuri, de donde Woodrell es originario, el relato de “Bajo la dura luz” transcurre en la zona pantanosa del estado de Louisiana.  Principalmente, en la ficticia ciudad de Saint Bruno, pero también en los rincones más recónditos y cenagosos de los “bayou”. Saint Bruno está repartida en diferentes barrios donde sus habitantes se agrupan por sus orígenes raciales y culturales. Así, aunque a veces mezclados, encontramos a los negros o afroamericanos, los franceses y los irlandeses, cada uno con su particular y singular idiosincrasia. Y los personajes de la novela, de las tres procedencias, se mueven en buena medida por los bajos fondos de la ciudad (billares, tugurios, prostíbulos…), poblados de perdedores, adictos y delincuentes y matones de las pequeñas mafias locales.

El protagonista de la novela es el detective René Shade, una mezcla de irlandés y francés que fue boxeador y a quien todos recuerdan por sus combates finales perdidos pero nunca por los que ganó. Nació en el barrio más populoso de la ciudad y todavía vive encima de local de billar que regenta su madre, a la que el padre de René abandonó años atrás. En la novela, también aparecen sus dos hermanos, uno regenta un tugurio de los bajos fondos de la ciudad y el otro es fiscal del condado, dispuesto a trepar socialmente a cualquier precio. René Shade, con su sarcástico, divertido y descarado compañero How Lanchette, debe investigar la muerte en pocos días de dos afroamericanos en principio no vinculados entre sí: uno es un concejal con importante proyección política en la ciudad y el otro un mafioso que regenta un negocio de cine porno. La condición política del primero hace que el detective Shade reciba presiones desde la alcaldía para orientar de una manera determinada sus investigaciones. Pero el ex boxeador, aunque escéptico e irónico, es un tipo duro y profesionalmente íntegro, decidido a no dejarse presionar por nadie.

Hay otros personajes destacables, como el joven Jewel Cobb, un  macarra de pueblo, que pretende ascender en el mundo de la delincuencia, a través de un encargo hecho por un pariente. O las mujeres que aparecen en el libro, sacadas en buena manera de los estereotipos clásicos de la novela y el cine negros. Y es que el relato responde en casi todo a los cánones más clásicos de las mejores novelas y películas policiacas norteamericanas. Como ha escrito con gran acierto José María Sánchez Pardo en su página Totalnoir, “si el retrato del mundo delictivo es apabullante, no le queda a la zaga el de las autoridades policiales o políticas, en las que la estupidez, violencia y corrupción parecen florecer con la misma intensidad que la vegetación del pantano”. “Bajo la dura luz” respira esa atmósfera americana de las grandes novelas del género negro, con una trama sumamente rápida, sin tregua, en la que las descripciones, los personajes y los diálogos te sumergen en un ambiente en el que el autor se maneja con soltura, creando un estilo propio, de carácter sureño, que marcará sus siguientes obras.

Pese a no tener la originalidad ni las elaboradas tramas de las otras dos novelas del autor publicadas en España, esta primera obra de Woodrell se lee con sumo gusto y diversión porque, entre otros ingredientes,rebosa ironía, perspicacia, ritmo rápido, intriga, mordacidad, logrados personajes y afilados y chispeantes diálogos. Además del retrato social y de la crítica a la corrupción política tan evidentes en la novela. Esperemos que dos editoriales tan exquisitas como Alba y Sajalin vayan publicando en nuestro país la obra completa de quien es, sin duda, una de las principales voces de la novela negra actual estadounidense.

“Bajo la dura luz”. Daniel Woodrell. Sajalin Editores. 2022. 222 páginas.

EL CER RECUPERA SU EXCURSIÓN CLÁSICA ENTRE LOS HOSPITALES DE BENASQUE Y LUCHÓN


Tras dos años de parón por la pandemia, el Centro Excursionista Ribagorza recuperó el pasado domingo su excursión anual veraniega conocida como La Clásica. Se trata de un recorrido transfronterizo que une los hospitales de Benasque y Bagnères-de-Luchon, a través del puerto del Portillón. Un total de 20 personas realizamos el itinerario completo y cuatro amigos de Benasque y Anciles nos acompañaron en una parte del recorrido.

A las 6.30 horas salimos de Graus en autobús en dirección a Benasque. Eran poco más de las 8 horas cuando comenzamos nuestra excursión en el aparcamiento del vado del Hospital, a 1.735 m. de altitud. Bordeando el incipiente río Ésera, atravesamos la explanada de Los Llanos. A nuestra derecha quedó el actual Hospital de Benasque, un amplio y confortable hotel de montaña. Poco después, asomaron a nuestra izquierda los restos del hospital construido en el siglo XVI y sepultado por un trágico alud el día de Reyes de 1826. Tras cruzar de nuevo el Ésera por un puente de madera, iniciamos la progresiva ascensión hacia la Peña Blanca. Una vez atravesado el camino tallado en la roca, hicimos una breve parada para reagruparnos y tomar fuerzas para lo que quedaba de subida. Ya por terreno más abierto, llegamos a las ruinas de la cabaña de Cabellud, un antiguo albergue que tuvo su importancia hasta los primeros años del pasado siglo. En este punto, ya muy próximo al Portillón, se contemplan bellas vistas del Aneto y las Maladetas y sus hoy menguados glaciares.

         En lo alto del puerto, nos distribuimos en dos grupos. Uno, minoritario, cruzó la frontera por el Portillón (2.444 m.) y descendió al Hospital de Bagnères-de-Luchon (1385 m.) por los lagos conocidos como Boms du Port. El otro, más numeroso, realizó este mismo itinerario, pero subiendo antes al pico Salvaguardia (2.736 m.). Ambos grupos se encontraron en el Hospice de France al final del recorrido.

       En el descenso desde el Portillón hicimos una parada en refugio de Vénasque (escrito con v en francés), junto a los lagos o Boms du Port, un conjunto lacustre de hermosas aguas azules. Siempre por continuos zigzags (se dice que hay 108 curvas en la bajada), fuimos descendiendo hacia el Hospice de France, hoy también un moderno albergue de montaña. En su terraza, comimos nuestra comida de alforja y tomamos varios refrescos y cafés en un ambiente distendido y agradable.

       Según el GPS, el grupo que subió al Salvaguardia recorrió 15,5 km en unas seis horas, incluyendo las paradas, con un desnivel positivo de 1.050 m y uno negativo de 1.400 m. Quienes cruzamos por el Portillón, sin subir al pico, caminamos unas cinco horas, con las paradas, y recorrimos 11,4 km, con un desnivel de subida de 760 m y uno de bajada de 1.106 m. Tras un agradable paseo por Bagnères-de-Luchon, regresamos en autobús, pasando por el túnel de Viella, y llegando a Graus a las 19 horas.

domingo, 24 de julio de 2022

LA LINTERNA DE PAPEL

“La Linterna de Papel” es la primera novela del joven poeta inglés Will Burns. Incorporado como Nuevo Poeta en 2014 por la prestigiosa colección Faber & Faber, es autor del libro de poemas “Country Music“, editado en 2020. El año pasado, tras la pandemia provocada por el COVID, publicó “La Linterna de Papel”, una crónica personal de aquellos días de estricto confinamiento que vivió en su Inglaterra natal. Ahora, la prestigiosa Literatura Randon House ha publicado el libro en nuestro país con la traducción de Javier Calvo.

“La Linterna de Papel” es el nombre del pub que el protagonista de la novela homónima regentaba junto a sus padres cuando estalla la pandemia. Un bar situado en una pequeña ciudad –que de manera exagerada sus habitantes denominan La Aldea– del centro de Inglaterra, en los llamados “home counties”, no lejos de Londres y cercana a Chequers, la residencia de vacaciones del primer ministro británico. El relato está narrado en primera persona por su protagonista, que, cerrado por la pandemia el pub de sus padres, se dedica a pasear y hacer caminatas por los alrededores de su pueblo. Además de describir con precisión y belleza literaria los lugares que recorre, el narrador –parece obvio que un alter ego del propio Will Burns– reflexiona sobre su propia situación personal y acerca de diversos temas: el concepto de trabajo, la degradación del medio natural, las contradicciones de la modernidad, el cambio climático, el clasismo de la sociedad británica y hasta el reciente Brexit, respecto al que se muestra contrario. También aparecen referencias a diversos personajes carismáticos que son clientes habituales del pub y a algunos amigos de la infancia del narrador.

Uno de los aspectos más interesantes del libro son las reflexiones del narrador sobre diversos aspectos contradictorios de la actual Inglaterra o de las sociedades modernas en general. En el primer caso, el autor se encuentra con que la zona por la que él suele salir a caminar se está viendo alterada por la construcción de una nueva vía férrea que tiene como objetivo la mejor conexión del Reino Unido con el continente europeo. Tras el Brexit y la salida británica de la Unión Europea, esa infraestructura parece entrañar una cierta contradicción. También señala el narrador cómo algunas empresas contaminantes de su comarca son las mismas que, paradójicamente, colaboran en proyectos destinados a la protección de la naturaleza. El tono crítico se extiende también al clasismo inglés, extensible incluso al juego del criquet tan presente en esa zona, en la que “el éxito se mide en los logros de los hijos, el precio de los coches y la exuberancia de los jardines”. También hay muchas alusiones al deterioro del medio natural, como puede leerse en este párrafo del libro: “Durante largos tramos del camino no se veía el río por ninguna parte, la senda me alejaba de sus meandros y sus orillas, y el ruido de la autopista lo lejos se convertía en una burla doble: allí estaba yo, circulando por un camino fluvial sin rastro del río y con el ruido de los coches, camiones y monovolúmenes imitando el murmullo del agua sobre las piedras”.

Burns combina a la perfección la descripción más objetiva con la reflexión más intimista y la crítica más punzante con un tratamiento literario más lírico, acorde con su condición de poeta. Salvando las distancias y con un enfoque totalmente personal y diferenciado, el propio autor ha manifestado en alguna entrevista su adscripción en cierto modo a la tradición literaria de los “flaneurs”, paseantes con una tendencia que algunos denominan como psicogeográfica. En la línea del suizo Robert Walser o el inglés Malcom Lowry, más por “su estilo de vida que por una técnica concreta, de comprender de modo vitalista que el movimiento y el paseo afectan al ritmo del pensamiento y la narración”. En cualquier caso, el propio autor ya había utilizado el paseo por la naturaleza en muchos de sus poemas y ahora transfiere parte de ese enfoque más lírico a su prosa narrativa.

La escritora y crítica literaria Berna González Harbour ha resumido con acierto lo que podemos encontrar en el libro: “La Linterna de Papel’ forma parte de una corriente que arrastra una lava no exactamente volcánica, pero sí cargada de autocrítica, de trazas apocalípticas, a ratos de furia, de enfado por el aislamiento británico y de incertidumbre ante el inhóspito país que emergerá de todo esto”. Aquellos días de estricto confinamiento fueron propicios para dar en soledad largos paseos por el campo y reflexionar sobre muchas cosas del presente, el pasado y el futuro. Will Burns ha sabido dar forma literaria a esas actividades cotidianas a las que nos obligó a todos la pandemia. El resultado es un excelente libro que, aunque se centre sobre todo en la geografía inglesa, puede extrapolarse a cualquier otro lugar. Una lectura que, como su propio título indica, resulta iluminadora y muy recomendable.

“La Linterna de Papel”. Will Burns. Literatura Randon House. 2022. 168 páginas.


jueves, 14 de julio de 2022

EXCURSIÓN DESDE BONANSA CON UNA REFRESCANTE TORMENTA


El grupo grausino Tardes al Sol realizó el pasado lunes una excursión desde Bonansa hasta la pequeña localidad de Cirés, en el extremo más oriental de Ribagorza y de la comunidad aragonesa. El itinerario fue en parte circular, con la ida por el GR-15 hasta Cirés y la vuelta por un camino no señalizado que pasa por el despoblado y arruinado Gabarret. Desde Bonansa hasta el paraje conocido como El Prat de Campo, repetimos el mismo recorrido a la ida y a la vuelta.

Los catorce participantes en la excursión salimos de Graus a las 16.45 horas, con una temperatura de 36º. Fuimos en coche hasta Bonansa y la temperatura fue descendiendo hasta los 30º. Habíamos elegido una ruta por bosque y sombra para evitar el calor. A las 17.45, cuando comenzamos a andar, el cielo estaba cubierto y parecía amenazar lluvia. Sin entrar en Bonansa, desde la carretera, buscamos a nuestra izquierda el desvío del GR-15. El sendero empieza en bajada hasta el molino de Bonansa, junto al barranco de la Mola. En ese tramo, invaden el camino algunas ortigas que notamos especialmente quienes llevábamos pantalón corto. Combinando sendero y pista, pasábamos por un bosque de pinos cuando comenzó a llover. Aunque algunos se protegieron con algún paraguas o capas pluviales, otros casi agradecimos la lluvia, que no era muy fuerte, y que refrescara un poco.

Llegamos a un amplio espacio abierto con prados y algunos llamativos árboles que se conoce como El Prat de Campo. Atentos a las marcas del GR y a los cruces, continuamos por un bello sendero entre robles, bojes y musgo. Al llegar a Cirés, arreció la lluvia y nos protegimos en el portal de la iglesia románica de San Cristóbal, donde merendamos. Cuando paró de llover, dimos una vuelta por la pequeña población, perteneciente al municipio de Bonansa y con sus casas bien arregladas. Hablamos con algún vecino y reemprendimos la marcha. Tomamos la carretera que va a Pont de Suert y nos desviamos por una pista, primero a la izquierda y luego a la derecha, que nos llevó hasta Gabarret. También perteneciente a Bonansa, el lugar se halla casi todo él en ruinas. Destaca la iglesia románica de San Pedro, con singular espadaña lateral, y su fuente. Desde aquí, por una estrecha pista fuimos hasta El Prat de Campo, donde, ya atardeciendo, recibimos unos tímidos rayos de sol.

Desde El Prat de Campo retornamos a Bonansa por el mismo camino que a la ida. La distancia recorrida fueron 12,5 km y el desnivel acumulado casi 500 m. Estuvimos siempre entre los 1050 y los 1250 m. de altitud. Y en el recorrido invertimos unas tres horas y media con las paradas.

sábado, 9 de julio de 2022

INICIACIÓN, AMBIGÜEDAD Y FINGIMIENTO

“Mis días con los Kopp” es la primera novela de Xita Rubert Castro, joven escritora nacida en Barcelona en 1996 y criada entre Cataluña y Galicia. Hija del conocido filósofo catalán Xavier Rubert de Ventós, Xita comenzó sus estudios de Literatura en Barcelona y se licenció en Filosofía y Literatura por la Universidad de Warwick, tras realizar estancias de estudios en universidades como La Sorbona en Paris. Actualmente se doctora en Literatura Comparada becada por la Universidad de Princeton, donde imparte clases sobre las relaciones entre filosofía, literatura y medicina. Ha recibido varios premios en la modalidad de teatro y por algunas de sus narraciones breves, entre las que destaca “Flores para el bailarín”, finalista del Premio de Relato Ana María Matute y editada en el libro conjunto “Patas de astracán y relatos finalistas”. Ha escrito artículos e impartido conferencias sobre Clarice Lispector, Leonardo da Vinci o Martin Heidegger en diversas revistas e instituciones extranjeras y españolas. Ahora, Anagrama acaba de publicar “Mis días con los Kopp”, su primera novela, que ha sido muy bien acogida por la crítica.

“Mis días con los Kopp” es una novela corta, que, según su propia autora, iba a ser de inicio un relato breve. En la novela aparecen prácticamente solo cinco personajes. Está narrada en primera persona por la joven Virginia, de diecisiete años. Ella y su padre, Juan, se desplazan al norte de España para encontrarse con los Kopp, matrimonio inglés formado por Andrew y Sonya. Andrew, compañero de Juan desde su época universitaria, va a recibir un premio por su labor cultural, entregado por los Reyes de España, y el padre y la hija españoles van a acompañarlos y a pasar unos días con ellos. Sin embargo, los Kopp llevan consigo a su hijo Bertrand, un joven aparentemente enfermo, con alguna deficiencia psíquica, al que los padres presentan como escultor y performer, obsesionado por la idea de que las esculturas son efímeras. La joven Virginia se va a sentir progresivamente atraída por la ambigüedad de Bertrand, que se mueve entre la demencia y la creación artística y que puede mostrarse tan violento como tierno.  En su proceso de despertar e iniciación propio de la adolescencia, Virginia se va a dejar arrastrar hacia un laberinto de sensaciones encontradas, un territorio nuevo para ella, peligroso y excitante a la vez, ambiguo e inexplorado.

Además de en Bertrand, la novela también se adentra en los personajes del matrimonio Kopp y en la relación de Virginia con su padre. Andrew Kopp es presentado como un artista e intelectual que, a pesar de su prestigio, mantiene una vena transgresora y provocadora que puede parecer en cierto modo infantil y poco adecuada a su edad y status. El lector juzgará si la broma que lleva a cabo en el relato se ajusta más a la transgresión o a un capricho de persona consentida por su situación intelectual, social y económica. No sé cuánto de crítica y reproche hay por parte de la autora a ese tipo de comportamientos. En cualquier caso, lo mejor de la novela es su ambigüedad y ausencia de juicio moral por parte de la narradora y, a través de ella, de la autora del libro.

Sonya es una mujer más altiva y distante, siempre preocupada por esconder las posibles deficiencias psicológicas de su hijo bajo el manto de la genialidad artística. Bastante protagonismo tiene también en la novela la estrecha relación de Virginia con su padre, de quien la narradora, haciéndose omnisciente en este plano, nos desvela su futura enfermedad que va a cambiarlo todo. Este aspecto, según la propia novelista, le sirvió para alargar algo el relato inicial y convertirlo en una novela corta. Aunque no siempre está muy clara la frontera entre ambos géneros.

A pesar de su brevedad, la novela aborda varios temas, domina con maestría la ambigüedad y, además, está escrita con una prosa exquisita y una sintaxis perfectamente elaborada. Algo muy meritorio en una escritora de tan solo 26 años, que demuestra una madurez literaria y un oficio sorprendentes. Como se dice acertadamente en su promoción: “En su primera novela, Xita Rubert escribe con la misteriosa sabiduría que emerge del caos para preguntarse si acaso crecer es adentrarse en una ficción sin retorno. ‘Mis días con los Kopp’ es una sugestiva novela de iniciación del siglo XXI que afronta con inteligencia la enfermedad, el fingimiento social y el desamparo. Una singularísima historia que nos anuncia la llegada de una nueva narradora con una voz poderosa y llena de matices”.  Sin duda, el debut literario de Xita Rubert y su sólida formación lingüística y literaria permiten augurarle un brillante porvenir como escritora. Estaremos atentos a su evolución.

“Mis días con los Kopp”. Xita Rubert. Anagrama. 2022. 152 páginas.

 

miércoles, 6 de julio de 2022

EL CER ASCIENDE AL IBÓN Y AL PICO DE BERNATUARA DESDE BUJARUELO





El Centro Excursionista Ribagorza realizó el pasado domingo una excursión al ibón y al pico de Bernatuara. En una mañana soleada, que fue cubriéndose progresivamente, pero sin que llegara a llover durante el recorrido, disfrutamos de uno de los itinerarios más atractivos del valle de Bujaruelo.

Los veinte participantes en la actividad salimos de Graus a las 6 horas para dirigirnos por carretera hasta San Nicolás de Bujaruelo, a donde llegamos a las 7.45 horas. Dejamos nuestros vehículos en el aparcamiento próximo al refugio y, a 1338 m. de altitud, comenzamos a andar. Pasamos junto a las ruinas románicas de la ermita de San Nicolás, cruzamos el puente medieval sobre el río Ara y tomamos el GR-11 que enseguida abandonamos por la izquierda para seguir el sendero que sube al ibón de Bernatuara, anunciado desde el inicio del recorrido con varios indicadores de madera.

El sendero transita al principio por espeso bosque para salir muy pronto a terreno abierto. Durante un tramo, predominaba el color amarillo de los escarpines, moteado con el azul de los numerosos lirios. Detrás de nosotros se recortaban algunas montañas como el pico Otal y Tendeñera. A nuestra derecha, pudimos ver el Taillón o los Gabietos, entre otros. Dejamos a la derecha el refugio de Sandaruelo, cruzamos varias veces un barranco y fuimos ascendiendo hasta un collado desde el que ya vimos abajo el ibón de Bernatuara. A él llegamos tras una corta bajada.

Situado a 2270 m. de altitud, el ibón de Bernatuara es uno de los más escondidos, bucólicos y bellos de nuestro Pirineo. En su orilla realizamos una parada para comer algo e hicimos la foto de grupo. Desde aquí, casi todos los participantes continuamos hasta el pico de Bernatuara, pasando antes por el puerto del mismo nombre, por el que históricamente han cruzado a Francia los rebaños de ganado procedentes del valle de Broto.

En la cima del pico de Bernatuara, a 2516 m. de altitud, hicimos otra parada para disfrutar del lugar y de las magníficas panorámicas que desde él se contemplan. Además de excepcionales vistas del ibón, y de los picos ya comentados en la subida, ahora veíamos unos cuantos del Pirineo francés, entre los que reconocimos una parte del macizo de Vignemale o Comachibosa.

Realizamos el descenso por el mismo camino hasta el refugio de Bujaruelo y concluimos la excursión. Habíamos recorrido poco más de 12 km con 1250 m. de desnivel en algo menos de siete horas con las paradas incluidas.