sábado, 17 de mayo de 2025

"EN EL VALLE", LA NUEVA NOVELA DE PAOLO COGNETTI


Paolo Cognetti (Milán, 1978) alcanzó en 2018 un gran éxito internacional de crítica y lectores con “Las ocho montañas”. La novela recibió el Premio Strega, el máximo galardón literario de Italia, fue publicada en más de cuarenta países y su adaptación cinematográfica logró el premio del jurado en el festival de Cannes de 2022. Cognetti ha trabajado como documentalista, vivió varios años en Estados Unidos y actualmente reside entre su ciudad natal, Milán, y un pequeño pueblo de los Alpes donde suele escribir. Han sido traducidos al español su diario de la vida montañesa “El muchacho silvestre”, la guía urbana “Nueva York es una ventana sin cortinas” y la crónica de su viaje por el Himalaya “Sin llegar nunca a la cumbre”. Como narrador, tras el éxito de “Las ocho montañas”, en 2021 publicó “La felicidad del lobo” y, ahora, acaba de aparecer en nuestro país su tercera novela, “En el valle”, también editada por Random House y con traducción de César Palma Hunt.

Como las dos novelas precedentes, “En el valle” es un relato breve que transcurre en los Alpes italianos. Si el escenario de “Las ocho montañas” y “La felicidad del lobo” eran los cuatromiles que coronan el Valle de Aosta con sus paisajes de roca y hielo, los prados alpinos y los refugios de piedra, en su nueva novela Cognetti nos traslada a Valsesia, el valle del río Sesia, en el norte de la región del Piamonte. Una zona económicamente bastante deprimida, umbría y lluviosa, que combina usos agrícolas con restos de viejas industrias, escombros contaminantes procedentes de la ciudad, un turismo más bien modesto y una despoblación creciente en los pueblos más montañosos. Con un alcoholismo endémico, los habitantes del valle suelen pasar su tiempo libre bebiendo en los bares.

Los hechos narrados transcurren en 1994. Los personajes principales de la novela son los hermanos Balma: Luigi y Alfredo, de 37 y 35 años. Luigi intentó ser carpintero, pero el negocio no funcionó y, tras aprobar una oposición, ahora es agente forestal en el valle. Está casado con Elisabetta, una milanesa que iba a Valsesia de niña con sus padres y luego volvió para quedarse. Primero conoció a Alfredo, pero acabó enamorándose de Luigi. Es una gran lectora y trabaja esporádicamente en el campo o en restaurantes de la zona. Alfredo empezó a trabajar muy joven en la construcción. Bebedor y camorrista, estuvo un tiempo en la cárcel y al salir se fue a Canadá donde trabajó de leñador. Ambos hermanos conviven con su alcoholismo, que ya heredaron del padre, quien se ha suicidado al habérsele diagnosticado un cáncer terminal. Alfredo ha vuelto al valle por unos días para vender a su hermano su parte de la casa paterna de Fontana Freda, el pueblecito donde nacieron, situado a 1800 m. de altitud, al que Luigi y Elisabetta quieren irse a vivir con el hijo que están esperando. Lo que Alfredo no sabe, y Luigi sí, es que en Fontana Freda está proyectada la construcción de una estación de esquí que pude revitalizar económicamente la zona.

El libro se estructura en seis capítulos con enfoques narrativos distintos. El primer capítulo, con reminiscencias de algunos relatos de Jack London, está narrado desde la perspectiva de una perrita joven que acompaña a un perro macho, agresivo y violento, que ha matado a otros canes del lugar. Nadie sabe si el causante de esas muertes es un perro o un lobo y se organizan batidas para localizarlo y abatirlo. El capítulo final son algunos versos, reescritos por Cognetti, del poema “La batalla de los árboles”, de Taleisin, un bardo galés del siglo VI. Los otros cuatro capítulos están escritos siguiendo la perspectiva de Luigi (dos), Alfredo y Elisabetta. En todo el relato encontramos una serie de dualidades simbólicas, que pretenden reflejar los claroscuros que componen cualquier realidad. Esto se observa ya desde la descripción del valle, con una cara soleada y luminosa y otra tenebrosa y sombría. También la perrita del primer capítulo, que se debate entre acompañar a su agresivo perro amante o volver a su condición doméstica con los humanos. Y, sobre todo, los dos hermanos, simbolizados en el abeto y el alerce que el padre plantó junto a la casa de Fontana Freda cuando nació cada uno de ellos.

En la nota del autor que cierra el libro, Paolo Cognetti nos revela que su principal fuente de inspiración para escribir “En el valle” fue el disco “Nebraska”, publicado por Bruce Springsteen en 1982 y que él escuchaba continuamente en una cinta de casete de su hermana. Hay algunas canciones, como la que da título al álbum, “Highway Patrolman” o “My Father's House” que cuentan historias  similares a algunos pasajes de “En el valle”. “Nebraska” llevó al escritor italiano a un creciente interés por el cine y la literatura estadounidenses, de los que se declara deudor. Así manifiesta la influencia de películas como “La noche del cazador”, de Charles Laughton, o “Malas tierras”, de Terrence Malick. Y de novelas como “El cartero siempre llama dos veces”, de James M. Cain, y, sobre todo, de los relatos de Flannery  O’Connor y Raymond Carver.

Escrita con una prosa seca, directa y concisa, “En el valle” es una magnífica y hermosa a la vez que melancólica, triste y sombría novela. Que aúna una indiscutible defensa de la naturaleza con la descripción de un territorio hostil y nada idílico, y de unos personajes con claroscuros que deben enfrentarse a la dureza del medio en el que viven. Paolo Cognetti se ha convertido en el novelista de los Alpes, pero aborda la vida montañera y montañesa de manera poliédrica y desde diferentes puntos de vista.

“En el valle”. Paolo Cognetti. Random House. 2025. 115 páginas

domingo, 4 de mayo de 2025

MARTA VELA RELACIONA LAS VIDAS DE BEETHOVEN Y GALDÓS


Marta Vela González nació en Coslada, Madrid, en 1985, pero está afincada desde hace tiempo en Zaragoza. Es licenciada en Dirección de Orquesta en el Conservatorio Superior de Aragón, en Piano en el Conservatorio Superior de Navarra y en Filología Hispánica por la Universidad de Alcalá de Henares. Es Doctora en Educación por la Universidad de Zaragoza y pertenece al equipo docente de la Universidad Internacional de La Rioja. Ha actuado como pianista y directora en las salas más prestigiosas de Zaragoza y en algunos de los lugares más emblemáticos de Aragón. Su trayectoria le ha valido sendas candidaturas, en la modalidad de Artes y Letras, al Premio Princesa de Girona en 2020 y 2021, otorgado por la Fundación Princesa de Girona y la Casa de Su Majestad el Rey.

En Radio Clásica presenta y dirige programas como “Música con estilo” y “Temas de música” y colabora habitualmente en Aragón Radio. Como escritora ha publicado “Correspondencias entre música y palabra” (2019), “Las nueve sinfonías de Beethoven” (2020) y los estudios “La jota aragonesa y cosmopolita: de San Petersburgo a Nueva York” (2022), “La jota, aragonesa y liberal: Zaragoza, Madrid y París” (2024) y “Jotas cosmopolitas de Aragón” (2024), un proyecto coeditado por Ediciones Pregunta, el Gobierno de Aragón y la Diputación de Zaragoza. Ahora, aunando su doble condición de música y filóloga, acaba de publicar, en la editorial Verbum, “Beethoven y Galdós. Vidas paralelas”, un brillante y erudito ensayo en el que establece algunos paralelismos entre el escritor español y el músico alemán, dos verdaderos monstruos de la cultura europea y universal.

Ludwig van Beethoven (Bonn, 1770 – Viena, 1827) y Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843 - Madrid, 1920) no fueron contemporáneos ni pudieron conocerse en vida. Nuestro escritor nació dieciséis años después de la muerte del músico germano. Sin embargo, Galdós, gran melómano, fue siempre un ferviente admirador de Beethoven, cuya obra conocía en profundidad y consideraba superior a cualquier otra. En “Beethoven y Galdós. Vidas paralelas”, Marta Vela, con erudición y sobrado conocimiento, rastrea la presencia de la música de Beethoven en algunas de las novelas del gran escritor canario afincado en Madrid. El libro se estructura en ocho capítulos: “Música y narración”, “Galdós, pianista diletante”, “Beethoven y Galdós”, “La desheredada y The Tempest”, “Fortunata y Jacinta: Rienzi, Claro de luna y homenaje a Beethoven”, “Tristana y el sacrificio”, “Diletantismo e instrucción de la mujer” y “Vidas paralelas”. Además de con algunas ilustraciones, el texto se apoya en un amplio aparato de notas a pie de página, que aportan información sobre los muchos nombres, cronología y episodios históricos que aparecen en el ensayo.

Conocemos los infructuosos intentos de Galdós por aprender a tocar el piano. Sin embargo, fue grande su conocimiento teórico y su amor por la música y, entre 1865 y 1868, fue crítico musical del periódico “La Nación”, reseñando en ella los principales acontecimientos musicales del Madrid de aquel tiempo. Es asimismo interesante la presencia del término “diletante” en el libro y cómo su uso evoluciona en Galdós desde su acepción positiva referida al apasionado melómano al despectivo como repelente petimetre y falso experto. El diletantismo también aparece vinculado a “la pobre instrucción de la mujer pequeño-burguesa, siempre a la caza de un matrimonio ventajoso o de un modesto salario como institutriz, uno de los pocos oficios decentes ejercidos por una inhabitual mujer trabajadora, que se instruía en las llamadas ‘primeras letras’ y en una superficial iniciación al piano y al francés por pura convención social”. Saturna, la criada de don Lope, resume en “Tristana” con toda crudeza la situación de la mujer decimonónica: “Sólo tres carreras pueden seguir las que visten faldas: o casarse, que carrera es, o el teatro… vamos, ser cómica, que es buen modo de vivir, o…no quiero nombrar lo otro”.

La presencia de la música de Beethoven en la obra de Galdós se centra  en tres de sus principales novelas: “La desheredada”, “Fortuna y Jacinta” y “Tristana”, pertenecientes a tres etapas distintas de su narrativa. Marta Vela defiende en el libro, y así lo ha hecho en alguna entrevista, que Galdós anticipa en cierto modo el lenguaje cinematográfico posterior,  pues “incluyó determinadas obras de Beethoven que ‘suenan’ detrás de sus textos y que tienen un significado simbólico” en las tres novelas citadas. También la música de Wagner y su ópera “Rienzi” suena de fondo en un pasaje de “Fortunata y Jacinta”, en el que Jacinta se duerme en su palco durante la representación en el Teatro Real de Madrid.

En el capítulo final, se recogen algunos paralelismos entre el músico y el escritor: la impenitente soltería de ambos, la sordera de Beethoven y la ceguera final de Galdós, sus multitudinarios entierros que contrastan con las estrecheces económicas y el abandono por parte de las autoridades que sufrieron al final de sus vidas o su esperanza en la desaparición de las tiranías y el triunfo de la justicia en las sociedades futuras. Marta Vela ha escrito un magnifico ensayo, que gustará, sobre todo, a los amantes de la música y la literatura y de las artes y la cultura en general.

“Beethoven y Galdós. Vidas paralelas”. Marta Vela. Editorial Verbum. 2025. 206 páginas

domingo, 20 de abril de 2025

"HASTA QUE EMPIECE A BRILLAR", UNA NOVELA SOBRE LA VIDA DE MARÍA MOLINER


Coincidiendo con el 125 aniversario del nacimiento de María Moliner (Paniza, Zaragoza, 1900 – Madrid, 1981), el escritor hispano-argentino Andrés Neuman ha publicado “Hasta que empieza a brillar”, una novela sobre la vida de la autora del famoso “Diccionario de uso del español”, más conocido como el María Moliner. Andrés Neuman (1977) nació en Buenos Aires. Hijo de músicos argentinos exiliados (padre de origen judío y madre franco-española), con catorce años se trasladó con su familia a Granada, donde estudió Filología, trabajó como profesor universitario y vive en la actualidad, compartiendo las nacionalidades argentina y española. Brillante y prolífico escritor y traductor, ha publicado poesía, ensayos, cuentos y novelas, entre las que destaca “El viajero del siglo”, ganadora de los premios Alfaguara y de la Crítica en 2009. Ahora, acaba de publicar “Hasta que empieza a brillar”, novela en la que ha estado trabajando casi diez años.

Por utilizar una etiqueta al uso, podríamos decir que “Hasta que empieza a brillar”, título tomado de un poema de Emily Dickinson (“A veces escribo una palabra y me quedó mirándola hasta que empieza a brillar”), es una biografía novelada de María Moliner. Andrés Neuman ha rastreado toda la documentación generada sobre la lingüista aragonesa y ha completado, con imaginación y verosimilitud, su retrato biográfico desde su infancia hasta su muerte. Desde su nacimiento en Paniza, donde su padre ejercía como médico rural, hasta su fallecimiento en Madrid, con su mente ausente y habiendo perdido por completo, qué terrible paradoja, la expresión de la palabra. Aunque la confección de su extraordinario diccionario fue la ingente contribución de María Moliner a la lengua y la cultura españolas, toda su vida constituye materia novelesca y biográfica de interés en el libro de Andrés Neuman.

Desde Paniza, la familia Moliner se trasladó a Madrid. Allí nació Matilde, la tercera hija del matrimonio y también estudiante brillante e intelectual destacada, que se unió a sus hermanos Enrique y María. El padre se enroló en un viaje a Buenos Aires como médico de barco y acabó abandonando para siempre a su familia y formando otra en Argentina. Esto obligó a la madre y sus tres hijos a volver a Zaragoza y aceleró la maduración de María, que contribuyó en lo que pudo al sustento familiar, trabajando para pagarse sus estudios. Tras el bachillerato, tuvo que cursar Historia, pues la Universidad de Zaragoza no ofertaba Filología. Terminó la carrera antes de cumplir los 22 años con Premio Extraordinario al mejor expediente. Trabajó en el archivo de Simancas y después en Murcia y Valencia. Se casó con Fernando Ramón, catedrático de Física en la Universidad de Murcia, con quien tuvo cuatro hijos. Durante la Segunda República dirigió la biblioteca de la Universidad de Valencia, llevó a cabo un destacado trabajo en la creación de una red de bibliotecas escolares y rurales y participó en la Junta de Adquisición de Libros e Intercambio Internacional para dar a conocer al mundo los libros que se editaban en España. Tras la guerra civil, María fue represaliada, descendiendo en el escalafón laboral del cuerpo de archiveros y su marido fue apartado de su cátedra universitaria.

Dos temas constituyen el eje central de la novela: la confección del “Diccionario de uso del español” y el rechazo a la propuesta de su ingreso en la Real Academia de la Lengua Española. Con cincuenta años y su carrera profesional estancada, María Moliner, presa de “la melancolía de las energías desaprovechadas”, comenzó un trabajo ímprobo, titánico y casi quijotesco, desde su casa madrileña, ubicada precisamente el número 1 de la calle Don Quijote. Mientras desempeñaba un rutinario trabajo en una biblioteca de una escuela de ingenieros, robando horas al sueño, María llenaba el comedor de su casa de fichas escritas a mano, hasta culminar un diccionario de 80.000 palabras. A esa desmesurada empresa individual dedicó más de 15 años, hasta que en 1966 y 1967, tras rectificaciones y añadidos producto de su afán perfeccionista, la editorial Gredos publicó los dos tomos del diccionario que, en un rasgo de justicia y reconocimiento, se hizo popular con el nombre de su autora. El diccionario es en buena medida una enmienda al de la RAE, que María veía como tautológico, insuficiente e impreciso. Neuman intercala algunas entradas de palabras en su novela y sugiere la idea de que tal vez pueda rastrearse un cierto vínculo biográfico de la autora en la elaboración de su diccionario.

En 1972, María Moliner es nominada para ingresar en la RAE. Defienden su candidatura pesos pesados como Dámaso Alonso, Laín Entralgo o Rafael Lapesa. Sin embargo, la propuesta fue rechazada en favor de Emilio Alarcos Llorach, brillante filólogo pero con la juventud suficiente para entrar en la RAE en posteriores candidaturas. Uno de los mayores detractores de la admisión de la aragonesa fue Camilo J. Cela. María Moliner hubiera sido la primera mujer en entrar en la RAE, pocos años después lo fue su amiga Carmen Conde. Neuman ficciona una jugosa conversación entre María Moliner y Dámaso Alonso a propósito de este asunto.  

“Hasta que empieza a brillar” es una magnífica novela y un merecido homenaje a María Moliner en el 125 aniversario de su nacimiento.

“Hasta que empieza a brillar”. Andrés Neuman. Alfaguara. 2025. 296 páginas


domingo, 6 de abril de 2025

"HABITADA", LA NUEVA NOVELA DE CRISTINA SÁNCHEZ-ANDRADE


De Cristina Sánchez-Andrade (Santiago de Compostela, 1968) han sido reseñados en esta sección sus dos magníficos libros anteriores en el género narrativo: el conjunto de relatos “El niño que comía lana” (2019) y la novela "La nostalgia de la Mujer Anfibio" (2022). Licenciada en Ciencias de la Información y en Derecho, la escritora compostelana, afincada en Madrid, es crítica literaria y traductora, articulista en diversos medios de comunicación y docente universitaria. Receptora de varios premios literarios y traducida a varios idiomas, ha publicado una docena de novelas, media docena de libros de relatos, un par de ensayos y un libro de poesía. Ahora, también en Anagrama, acaba de publicar “Habitada”, su última novela, nuevamente ambientada en una Galicia rural y profunda, mágica y misteriosa. 

“Habitada” está inspirada en un extraño suceso ocurrido en 1925, que fue conocido como el caso de la espiritada o iluminada de Maeche. En este concello coruñés, Manuela Rodríguez Fraga, una labriega analfabeta de unos veintiséis años, que llevaba cuatro años enferma en la cama, comenzó a hablar en español con acento cubano y con una voz ronca y masculina, mostrando inusitados conocimientos de filosofía y liturgia religiosa e incluso utilizando el latín en ocasiones. En torno a su cama, atraídos por el extraño fenómeno, acudieron vecinos de aldeas próximas, algunos periodistas de la capital y varios médicos que intentaron curarla con diferentes métodos. Manuela les contó que un día bebiendo agua de una fuente entró en su cuerpo el espíritu de un clérigo de Ortigueira que había muerto en La Habana. Se trataba de un fenómeno que en Galicia y Brasil se conoce como “corpo oberto” y consiste en que el espíritu de una persona muerta entra en el cuerpo de otra para manifestarse y hablar a través de ella y, en ocasiones, para terminar algún asunto que le quedó pendiente en vida.

La protagonista de la novela se llama Manuela Fernández Fraga y se presenta como “joven labriega de San Xurxo de Moeche”. Solo hay, pues, un pequeño cambio en el primer apellido de la espiritada del caso ocurrido en 1925, año que también se mantiene como momento central en la cronología del relato. Es la propia Manuela quien narra los hechos en primera persona y divide su historia en dos partes (“muda” y “huésped”), rematados por un breve epílogo (“desalojo”). En “muda”, Manuela cuenta su vida antes de ser “habitada” por el clérigo de Ortigueira. Una vida dura, trabajando sin descanso desde niña, explotada por su padre tras la muerte de su madre. La propia Manuela lo explica así: “nunca pensé que el tiempo fuera algo mío: ir a por agua, lidiar con mi padre, ir a por agua, cortar el tojo y secarlo para la corte y también hacer estiércol, dar de comer a las gallinas, ir a por agua, cocinar, ordeñar a las vacas, plantar patatas y cortar las berzas, ir a por agua, recoger hierbas silvestres y flores: esa es la sustancia de mi tiempo”. Luego, por mediación del señor abad, como llaman al cura del pueblo, Manuela irá a trabajar a la casa del amo, como denominan al cacique local, para cuidar a su mujer que sufre depresión desde que su hija murió ahogada. Manuela empieza a oír voces de los niños no nacidos, de las vagalumes o luciérnagas del bosque… y aprende los secretos de las hierbas y las artes mágicas con Maimiña, la vieja meiga local.

La primera parte está escrita sin uso de mayúsculas tras los puntos, en una prosa más simple, que intenta reproducir las limitaciones de Manuela, que está perdiendo progresivamente su cordura. También usa muchos galleguismos (me gusta especialmente “faladoiros”, lugares donde se junta la gente para hablar). En la segunda parte, con Manuela ya “habitada”, se recuperan las mayúsculas y la prosa es más elaborada, con la inclusión de expresiones cubanas. La novela se ambienta en la Galicia rural del primer tercio del siglo XX, una sociedad pobre y atrasada, violenta y caciquil, donde la religión católica convive con supersticiones ancestrales. Predominan los personajes femeninos potentes, de fuerte personalidad. Además de Manuela, destacan la madre del abad, que tiene a su hijo dominado; la mujer del amo, doña Sinforosa, obsesionada por su hija muerta; la meiga Maimiña, trotadora y aficionada al orujo; o la Jerónima, que trabaja en la casa del amo. Entre los masculinos, sobresalen los representantes del poder en el concello: el artero y rijoso señor abad y, por encima de este, el dominante amo don Diego. También el cura joven Santiago, que amenaza el monopolio eclesiástico del abad en el lugar. Y hasta el espantallo o espantapájaros, que Manuela lleva siempre consigo, acaba siendo casi un personaje más del relato.

Podemos decir que la novela se inscribe en un realismo mágico muy presente en la literatura gallega, que fue antes que el hispanoamericano, pues no olvidemos, entre otras cosas, que la abuela de García Márquez era gallega. Cuyo principal representante es Álvaro Cunqueiro, pero al que se suman Wenceslao Fernández Flórez, el Torrente Ballester de “La saga fuga de J. B.” o tantos otros hasta nuestros días. Esa Galicia misteriosa y mágica, llena de leyendas y tradición oral, de meigas y santas compañas, de bosques encantados, de espíritus errantes, de corpos obertos… Esa Galicia en la que se inspira, y que tan bien plasma, Cristina Sánchez-Andrade en su envolvente literatura.

“Habitada”. Cristina Sánchez-Andrade. Anagrama. 2025. 232 páginas

sábado, 22 de marzo de 2025

"QUERCUS", UNA NOVELA SOBRE LA ESPAÑA RURAL DE LA POSGUERRA

“Quercus” es un caso atípico en la literatura española actual. El libro fue publicado en 2019 por Cuarto Centenario, una modesta editorial con sede en Toledo. El efecto boca a boca hizo que la novela alcanzara una considerable difusión y saltara los límites geográficos de la comunidad castellano-manchega. En este 2025, ha salido la octava edición del libro y, en torno a él, se han creado recientemente algunas rutas senderistas por el Parque Nacional de Cabañeros, en los Montes de Toledo, por cuyos parajes transcurre parte del relato.

El autor de “Quercus” es Rafael Cabanillas Saldaña (Carpio de Tajo, Toledo, 1959), docente que trabaja en la actualidad como profesor de Lengua en un instituto de Ciudad Real y que lo hizo anteriormente como maestro en escuelas rurales unitarias manchegas. Viajero, articulista y colaborador de National Geographic, es autor de varias novelas y libros de viajes. Tras el éxito de “Quercus”, ha publicado, también en Cuarto Centenario, y compartiendo universo literario, las novelas “Enjambre” (2021) y “Valhondo” (2022). Las tres conforman la trilogía narrativa denominada  “En la raya del infinito”.

“Quercus” transcurre durante la posguerra española en un territorio manchego geográficamente no definido. Los lugares y los nombres de los pueblos (Valdelovillos, Hontanares, Valdelagua o Navapuerca) son ficticios y solamente el topónimo Rocigalgo, uno de los picos más altos de los Montes de Toledo, es real. Además, otro de los aspectos más destacados de la novela es el uso de palabras propias de esta zona geográfica. Para facilitar su comprensión, al final del libro encontramos un glosario o vocabulario alfabético de esos localismos. Algunos tan curiosos como “currucaneros” (comerciantes y tratantes de ganado), “espesinar” (monte muy cerrado), “macareno” (jabalí de gran tamaño) o “viajera” (autobús).   

La historia narrada se remonta a la Guerra Civil española, cuando el joven Abel Mejía Romero es testigo del asesinato de su familia y huye despavorido al monte, donde durante tres años largos vive escondido, sobreviviendo de la caza, la pesca y la recolección de frutos silvestres. Tras salvar a una joven de morir ahogada, entrará en contacto con la civilización e irá a parar a un pequeño pueblo donde acabará instalándose. Los campesinos de la región sobreviven a duras penas en un periodo de escasez económica y terror político. La pobreza, convertida por momentos en hambruna, se acentúa cuando un ministro del régimen franquista compra una gran extensión de terreno para uso cinegético con sus ricachones compañeros de la capital. El vallado del latifundio afecta a las labores de pastoreo y la utilización de recursos antes comunales y solo las personas contratadas para trabajar en la finca tienen asegurada su subsistencia. En esas adversas circunstancias Abel y su nueva familia intentarán salir adelante.

En “Quercus”, la naturaleza, el paisaje y los trabajos rurales de los lugareños adquieren un destacado protagonismo: las escarpadas serranías, la berrea de los ciervos, las carboneras vegetales, el descorchado de los alcornoques, el corte de leña en los bosques, las batidas de caza… También asistimos al final de ese tipo de vida y el inicio de la despoblación rural y la emigración a las ciudades. Porque la injusticia social y el latifundismo abusivo actuaron como aceleradores de ese vaciado de la España interior y del éxodo a los crecientes núcleos urbanos demandantes de mano de obra. “En unos años, las dos aldeas se quedaron medio vacías y sus habitantes tuvieron que emigrar a las grandes ciudades, cuyos extrarradios crecían y crecían en un mar de chabolas de chapa y cartón”.  

“Quercus” es una novela dura e impactante. Un relato demoledor sobre unos años de injusticias y miseria, de hambre, suicidios desesperados y abusos de poder de los ricos sobre los pobres. Tal vez los personajes principales encarnan, sin apenas matices intermedios, comportamientos morales y humanos totalmente opuestos y antagónicos. Desde el honrado Abel y la valiente Lucía hasta el despiadado Don Casto, cuyo nombre es una flagrante y casi cómica ironía.  

Con un narrador externo y omnisciente, que a veces se dirige directamente al lector, la novela se inscribe dentro de una corriente de ruralismo literario que parece vivir un cierto rebrote en nuestras letras. Por algunas afinidades obvias, “Quercus” puede vincularse con algunas de las novelas más duras de Miguel Delibes, como “Los santos inocentes” o “Las ratas”. También con otras más recientes como “A la intemperie”, de Jesús Carrasco. “Quercus” es un interesante eslabón en esta literatura que se adentra en la realidad y las causas del vaciado de la España rural. En este caso, en el contexto histórico de la extrema dureza social de la posguerra española.

“Quercus”. Rafael Cabanillas Saldaña. Cuarto Centenario. 2025. 8ª  edición. 352 páginas.

domingo, 9 de marzo de 2025

DOS NOVELA PREMIADAS DE DOS PROMETEDORAS ESCRITORAS


“La casa limón” y “Los hechos de Key Biscayne” son, respectivamente, las dos narraciones ganadoras de la última edición de los premios Tusquets y Herralde de novela. Las sendas autoras de estos libros son Corina Oproae y Xita Rupert, dos prometedoras escritoras que han debutado recientemente en el género narrativo. Ambos relatos están escritos en primera persona por una narradora que recuerda, desde un futuro indefinido, hechos de su vida ocurridos en su infancia, adolescencia y primera juventud. Aunque con tratamiento y enfoques diferentes, son dos narraciones muy originales y de una destacable calidad literaria.

“La casa limón” es la primera novela de Corina Oproae, nacida en Rumanía en 1973, afincada en Cataluña desde 1998 y con nacionalidad española desde 2002. Licenciada en Filología Inglesa e Hispánica, ha publicado dos libros de poesía y traducido a varios autores rumanos al castellano y al catalán. Es autora del libro “La poesía del siglo XX en Rumanía” (2022). Con “La casa limón”, ha ganado la vigésima edición del Premio Tusquets de Novela. El jurado acordó por unanimidad premiar esta obra al considerarla “extraordinaria y singular en la literatura española, por su escritura precisa y evocadora, cruda y onírica, y por el testimonio de vivencias históricas de la Europa del Este”.

“La casa limón” transcurre en la Rumania de la década de los 80, en los  estertores de la dictadura de Ceasescu. La narradora es una niña que vive con su familia: sus padres y su hermanastra, que ya lleva una vida más independiente. La madre trabaja en un hospital y el padre cae enfermo y es enviado a casa de unos tíos. La niña también pasa temporadas con sus abuelos en la Transilvania rural. En su relato combina aspectos más realistas de su descubrimiento de la sociedad rumana con episodios más líricos de onirismo y ensoñación. Ella se refugia en la lectura y construye su mundo debajo de una mesa y rodeada de un castillo de libros.

A medida que crece, irá descubriendo la represión política y la escasez económica de su país, pero también la enfermedad, la muerte de los seres próximos, el sexo desde una relación de abuso y el amor. La familia vivía en una casa unifamiliar (la casa limón) que “los que en nuestro país se preocupan por la gente” han cambiado por un piso pequeño, en un bloque de color gris, al que llaman la caja de cerillas, “donde nos escucharemos los unos a los otros cuando tiremos de la cadena del retrete o cuando resoplemos por la noche”. También, a través de un amigo, descubre el significado de la palabra Securitate: “Son gente como nuestros padres y madres, pero para poder untar el pan de sus hijos por la mañana con mantequilla y no con mostaza vigilan a veces a sus vecinos e incluso a sus amigos, y luego se lo cuentan a nuestro Gran Dirigente”. “La casa limón” es una novela original, escrita con una prosa muy poética, que conjuga la inocencia de la mirada infantil con la memoria retrospectiva desde la adultez.

Tras el éxito de “Mis días con los Kopp” (2022), reseñada en esta sección, “Los hechos de Key Biscayne” es la segunda novela de Xita Rubert (Barcelona, 1996). Con ella ha ganado la 42 edición del Premio Herralde de Novela, compartido con  “Clara y confusa”, de la escritora chilena Cynthia Rimsky. Desde el jurado, Gonzalo Pontón Gijón define así “Los hechos de Key Biscayne”: “Un enrarecido relato de deseos adolescentes procesados por una mente adulta. Un padre seductor, entusiasta e irresponsable; un viaje al corazón del technicolor y la obscena opulencia de Florida; unas amistades ambiguas y quizá peligrosas constituyen las dimensiones de un mundo personal por el que corre un aire nunca puro”.

La novela transcurre en Key Biscayne (Cayo Vizcaino), una isla situada junto a Miami. Ricardo, un profesor de Filosofía, español y divorciado, ha conseguido de su exmujer la custodia temporal de sus dos hijos, una niña de doce años y su hermano algo mayor. El trato es que el padre va a trabajar como profesor visitante en la universidad de Boston y los niños se escolarizarán allí para aprender inglés. Sin embargo, Ricardo logra repentinamente el traslado a una universidad de Miami, en busca de un clima mejor y un ambiente social menos rígido. Allí, la familia entra en contacto con una sociedad de contrastes: famosos, millonarios y mafiosos y trabajadores más pobres a su servicio. Además de, entre otras cosas, niñas que se hacen operaciones de estética para parecer mujeres antes de tiempo.

La novela está narrada por la hija, que recuerda los hechos desde su edad adulta. El relato mezcla misterio, humor, relaciones perturbadoras y reflexiones filosóficas con algunas frases casi aforísticas. Con una madurez y un oficio sorprendentes para su juventud, Xita Rupert se confirma como una de las voces más originales y con mayor proyección de la actual literatura hispana.

“La casa limón”. Corina Oproae. Tusquets. 2024. 256 páginas

“Los hechos de Key Biscayne”. Xita Rupert. Anagrama. 2024. 216 páginas.


domingo, 23 de febrero de 2025

"CAMPOS DE ARAGÓN", LA HUIDA A LA MEMORIA DE JOSÉ LUIS GRACIA MOSTEO


José Luis Gracia Mosteo (Calatorao, 1957) es un escritor todoterreno. Con una extensa obra literaria, ha publicado, siempre con maestría y oficio, novelas, relatos, ensayos y libros de poesía. En este último género, es autor de los poemarios “La balada del valle verde” (2004), “El blues de los bajos fondos” (2009), “Romancero negro” (2017) y “La pierna ortopédica de Rimbaud” (2018). Ahora, acaba de publicar “Campos de Aragón”, un hermoso conjunto de poemas, de título machadiano y tono elegiaco, que el autor aragonés, afincado en Madrid, escribió durante la pasada pandemia.

En aquellos días de confinamiento, desde su casa de Madrid, José Luis Gracia Mosteo dejó volar su memoria hacía los hoy maltratados campos de su tierra aragonesa en los que pasó su infancia. Porque “el 14 de marzo del 2020, algunos huyeron al campo sin moverse de las ciudades”. Como  señala en el colofón de su libro, aquella Arcadia feliz en la que se posaron sus recuerdos e inspiraron sus poemas son “los campos del río Jalón (Calatorao, sobre todo, pero también Épila, La Almunia, Ricla, Calatayud…), así como los del río Gállego en Huesca donde mi padre trabajó en su niñez, y los de Andorra (Teruel) donde gocé de su hospitalidad”. El primer poema del libro ya expresa ese viaje al pasado: “Llévame lejos, memoria amiga, / llévame por la sombría carretera; / llévame a mi barrio y a mi pueblo, / llévame al regato entre la hierba; / llévame a los brazos del silencio, / llévame adonde el agua rumorea; / llévame con el canto de los grillos, / llévame con mi bata a la escuela.  Llévame a mi calle y vuélveme niño, / llévame a las viñas y a las huertas; / llévame con mi manso perro Rufo, / llévame adonde la muerte no llega; / llévame a lomos de los recuerdos, / llévame allí bajo las estrellas; / llévame a la luz de las farolas, / llévame a tomar la fresca eterna.  Llévame sin más pérdida de tiempo, / llévame con mi dulce tía Josefa; / llévame adonde mi padre no se ha ido, / llévame a mi tierra cual cigüeña; / llévame pues ignoran que murieron, / llévame pues aún salen y se sientan, / llévame a los campos de Aragón, / llévame y transforma nunca en mientras”.

A esta introducción, siguen los veinte romances repartidos equitativamente en cuatro bloques (La Tierra, El Agua, El Aire, El Fuego) que componen el libro. En los primeros hay un canto a los frutos de la tierra: el vino, la manzana, el calabacín, las judías, los ajos o el venusiano y orgulloso tomate. Con referencias a los clásicos grecolatinos (Homero, Platón, Virgilio, Ovidio) o a modernos como Plath, Huxley o hasta a Lou Reed y los Beatles. La ironía, siempre presente en la poesía de Gracia Mosteo, asoma en estos versos referidos a la manzana: “[…] o por qué al caerle a Newton / una justo en la mollera, / le inspiró toda una ley / que cambiaría la Tierra; / por qué los Beatles la hicieron / lema de su disquetera, / me dije, entonando Help / y comiéndome una entera”.

Siguen poemas dedicados a la lluvia, el pasado marino de los humanos, la sequía, el riego, la nieve, el sándalo… Y va creciendo un tono elegiaco y pesimista, que lleva al poeta de la nostalgia de las horas felices de su infancia en aquel paraíso perdido a la pena que le produce ver hoy abandonados esos campos otrora poblados y llenos de riqueza. Así lo expresa en el poema “Los demonios del campo”: “Viste el demonio careta, / ¿sabes tú cuál lleva ahora?, / la del progreso y la ciencia, / la tecnología loca, / esa que, ahora, a los hombres / los esclaviza y atonta, / esa que al campo condena, / al olvido y la derrota”. O en “La tormenta futura”: “Como el amor imposible / de la chica adolescente, / como todo eso el campo, / va muriendo lentamente: / nube, árbol, coche, aliento, /niña que sola se muere, / como todo eso el campo, / poco a poco así se pierde”.

Es en los últimos versos donde crece ese lamento y se manifiesta el contraste entre los espacios rurales de campos abiertos y noches estrelladas con los más reducidos y tristes de la ciudad enferma. Especialmente hermoso es el poema “Preguntas al agua del río” con estrofas como esta: “Sentado bajo los arcos, / ¿qué gimes agua del río? / ¿Por qué ahora la lluvia, / falte o sobre da lo mismo? / Tú, que vas a la ciudad, / dime a mí lo que has oído. / ¿Son más felices los hombres / en sus nidos hechos pisos? / Mas el agua murmuró: / “Nada pienso, nada he visto””. En “La balada de la casa sin reloj”, encontramos estos versos que expresan los deseos de fusión panteísta con la naturaleza: “En la vega del Jalón / donde la ciudad no llega, / sueño con las madrugadas, / los trigales y las cepas,/ zarzamoras y carrizos / y chopos en las riberas, / olmos, tejones y barbos / y, con las nieves, ginetas, / que solo salen de día / cuando el aire se congela. / Sueño que ya no soy sueño / y me fundo con la tierra”.

En “Campos de Aragón”, Gracia Mosteo vuelve a mostrar sus dotes para la poesía y su dominio de los recursos poéticos. Tal vez con el deseo de cerrar un ciclo, en muchos aspectos este libro conecta con “La balada del valle verde”, su primer poemario de hace ya veinte años. El escritor ha manifestado su deseo de no volver a escribir poesía. Esperemos que reconsidere esa decisión. En cualquier caso, estamos ante un autor que domina todos los géneros y registros y al que le quedan todavía muchos nuevos libros que regalarnos. 

“Campos de Aragón”. José Luis Gracia Mosteo. Olifante. 2024. 80 páginas.