domingo, 22 de septiembre de 2024

"PIRINEOS. MÁS ALLÁ DE LAS MONTAÑAS": UN VIAJE POR LA CORDILLERA PIRENAICA


 

Kris Ubach, nacida en Barcelona con orígenes familiares pirenaicos, es una reconocida fotógrafa, periodista y viajera. Ha visitado más de ochenta países y publicado numerosos artículos en revistas especializadas y diversos diarios nacionales e internacionales. “Pirineos. Más allá de las montañas”, que creo que va ya por la quinta edición, es su primer libro de viajes.

“Pirineos. Más allá de las montañas” narra un viaje a través de los Pirineos, de extremo a extremo de la cordillera, de oeste a este, desde Irún hasta el Cabo de Creus. Aunque, en cierta medida, sigue el itinerario del GR-11 o senda transpirenaica, no se trata de un recorrido andando, ni siquiera es un viaje lineal ininterrumpido, sino un viaje en coche, con varios puntos de partida desde los que la autora visita diferentes lugares y también hace algunas excursiones a pie, como buena montañera y excursionista que es. Ella misma lo explica en el libro: “Por motivos prácticos y sobre todo porque una modesta escritora de viajes como yo, que vive de publicar artículos en revistas, de hablar sobre viajes en la radio y de hacer fotografías profesionales para los más variados clientes, no puede permitirse el lujo de pasar fuera de casa cuatro meses enteros como hizo Theroux, el viaje en coche desde Irún hasta el Cap de Creus se desarrolló en realidad en cinco viajes largos entre el verano de 2021 y la primavera de 2022: uno para Navarra, otro para Aragón y tres más para la Vall d’Aran, Andorra y Catalunya oriental, además de varias escapadas adicionales para completar informaciones y entrevistas”.

La escritora recorre, por tanto, lugares de los Pirineos vasco y navarro, aragonés (desde el que hace varias incursiones en el francés), aranés, andorrano y catalán oriental. Pero, como indica su título, no se para solo en las montañas y los paisajes, sino que va mucho más allá y atiende a la gastronomía, la cultura, los pequeños pueblos, el patrimonio, las formas de vida, la historia y, sobre todo las gentes que habitan esas montañas. Como símbolo de la condición fronteriza de los Pirineos, el primer capítulo está dedicado a la Isla de los Faisanes, llamada Île de la Conférence por los franceses, situada en la desembocadura del Bidasoa y que, desde el Tratado de los Pirineos en 1659, es española durante seis meses del año y francesa durante los seis siguientes. Luego irán apareciendo historias de brujas, molinos del Batzan, agotes proscritos, monjas de clausura, espías y contrabandistas, el Santo Grial, balnearios, pueblos deshabitados, ciclistas y puertos míticos del Tour, montañeras pioneras, nazis, historias de pastoreo antiguo y de trashumancia  moderna, vírgenes secuestradas, cultivadores andorranos de tabaco, cuadros del Museo del Prado escondidos… También hay muchas referencias gastronómicas y alusiones a personajes importantes de la literatura que visitaron los Pirineos, como Ernest Hemingway, Pío Baroja, Victor Hugo, Gustave Flaubert,  Camilo José Cela, Josep Maria Espinás o George Sand. Pero, como buena periodista, Kris Ubach busca siempre los testimonios personales y orales de gentes que viven en esas montañas o que las conocen bien por su oficio o afición. Muy interesantes son las reflexiones sobre el montañismo actual que se desprenden de la conversación que, en un  día de lluvia que les obliga a suspender la excursión que ambas habían programado, la autora mantiene con Edurne Pasaban en el refugio aranés de Montgarri.

Los lugares del Pirineo oscense visitados se agrupan en los capítulos “El Santo Grial” (San Juan de la Peña), “Canfranc y el oro de Hitler” (Canfranc), “Tomando las aguas” (Panticosa) y “Pirineo deshabitado, I y II” (Valle de Tena). Interesantes son las conversaciones con Ramón Campo sobre el tema de la estación de Canfranc y su importancia durante la Segunda Guerra Mundial; con Tere, una señora con la que habla de las iglesias mozárabes del Serrablo y la ejemplar labor en su restauración de la Asociación de Amigos del Serrablo; y con Enrique Satué sobre Ainielle y los despoblados de Sobrepuerto. Especialmente entrañable es el encuentro con Rosalía Ramón, mujer de 84 años y una de las pocas personas vivas nacidas en Ainielle, que recibe a la autora en su piso de Sabiñánigo.

Según explica Xavier Moret en el prólogo del libro, este responde a las tres fases que debe tener una buena crónica viajera. La primera consiste en documentarse bien antes de partir; la segunda, en emprender el viaje sin prisas, con los sentidos alerta y sin calendario cerrado, dejándote tentar por los desvíos y propuestas que puedan surgir en el camino; y la tercera consiste en saber contarlo, teniendo claro que el diario que recoge el día a día del viaje no es el libro, sino que hay que partir de una estructura bien trabada. Además de otros, el principal modelo literario de la autora, como de tantos cronistas de viajes, es Paul Theroux, cuya obra “El gran bazar del ferrocarril” sembró en ella el germen del interés por los viajes ya en su adolescencia

“Pirineos. Más allá de las montañas” es un buen libro de viajes, bien escrito, perfectamente estructurado y muy ameno, variado y entretenido.

“Pirineos. Más allá de las montañas”. Kris Ubach. Península. 2023. 360 páginas.

jueves, 12 de septiembre de 2024

SAROÏHANDY, EL LINGÜISTA QUE ESTUVO EN GRAUS Y FUE AMIGO DE COSTA


El lingüista y filólogo francés Jean-Joseph Saroïhandy (1867-1932) es considerado el descubridor científico de la lengua aragonesa. Durante más de treinta años, desde 1896 hasta 1932, recorrió las dos vertientes de los Pirineos para estudiar y recoger materiales sobre los idiomas vasco, aragonés, catalán y occitano. En sus vacaciones estivales, a pie o en caballería, visitó multitud de pueblos y aldeas en busca de materiales lingüísticos que le permitieran conocer, estudiar y comparar las diferentes hablas vivas de la cordillera pirenaica. La gran cantidad de fichas y materiales recogidos en sus trabajos de campo le sirvieron para escribir algunos artículos en diversas publicaciones filológicas francesas de su tiempo. Esperaba alcanzar la edad de jubilación para poder elaborar trabajos más ambiciosos y completos. Sin embargo, la muerte le sobrevino en 1932 antes de poder llevar a cabo sus proyectos, y sus materiales, notas y apuntes quedaron olvidados en la Biblioteca Interuniversitaria de Burdeos sin que nadie se preocupara por ellos. En los últimos tiempos, algunos estudiosos aragoneses y catalanes se han interesado por esa valiosa documentación lingüística.

El más interesante de los trabajos sobre el filólogo francés sigue siendo  "Misión lingüística en el Alto Aragón", publicado por la editorial Xordica en el año 2005. Se trata de una edición a cargo de Oscar Latas Alegre (Sabiñánigo, 1968), licenciado en Geografía e Historia, con prólogo de Artur Quintana i Font, profesor de la Universidad de Heidelberg. Abre la primera parte de "Misión lingüística en el Alto Aragón" un inventario del amplio legado aragonés perteneciente al fondo de Burdeos, constituido por 70 paquetes de fichas y 26 cuadernos de campo. Se transcriben varias notas biográficas sobre el lingüista francés, algunas de ellas escritas por colegas suyos, en algún caso como reseñas necrológicas tras su fallecimiento. Se cita a continuación la bibliografía de los ocho artículos que Saroïhandy publicó en vida sobre Aragón y el aragonés, y se traducen tres de ellos inéditos en España. Se citan los apuntes que el filólogo utilizó para sus clases de aragonés en el Collège de France entre 1920 y 1924: se transcribe la lección inaugural del curso y se resumen los apuntes utilizados en las demás sesiones. Se cierra la primera parte del libro con algunas referencias a los criterios de Saroïhandy sobre la delimitación lingüística de Aragón y a su inseguridad y dudas sobre las grafías que deben usarse en la lengua aragonesa.

En la segunda parte, se publican, agrupados por comarcas, los materiales de literatura oral y los escritos recogidos por Saroihandy entre 1896 y 1906 en la provincia de Huesca. Los hay de Jacetania (Ansó, Hecho, Fago y Biniés), Hoya de Huesca (Ayerbe y Agüero), Somontano (Alquézar y Estadilla), Cinca Medio (Fonz), Sobrarbe (Plan, Parzán, Espierba, San Juan de Plan, Bielsa y Gistaín) y Ribagorza (Benasque, Foradada, Grustán, Besians, Graus, Torre de Ésera, Torres del Obispo, Perarrúa, Tierra de Graus –parece que este nombre correspondería a La Terrazuala o La Terrazola–, La Puebla de Castro y La Puebla de Fantova). La tercera parte es un extenso vocabulario recogido en 139 poblaciones del Alto Aragón entre 1896 y 1913.

Jean-Joseph Saroïhandy nació en 1867 en Saint-Maurice-sur-Moselle, en la región de Los Vosgos. Su padre era originario del País Vasco francés, de un caserío que aún conserva el nombre de su apellido aunque nada tenga que ver ya con su familia. Cuando a los 18 años acabó el bachillerato, la muerte de su padre le obligó a ganarse la vida por sí mismo. Estuvo en Inglaterra e Irlanda trabajando como profesor de francés y en 1886 se fue a Argentina, donde aprendió el castellano. Dos años después volvió a Francia y obtuvo el certificado de profesor de español, lengua que enseñó en el College de France y en diversos institutos y centros de enseñanza del país vecino. Impartió además numerosos cursos de eusquera (idioma que dominaba a la perfección) y también de aragonés y catalán. Murió de una crisis hepática en junio de 1932.

Como hemos dicho, Saroïhandy visitó los Pirineos durante más de treinta años de su vida en las vacaciones estivales. En algunos casos tras recibir una beca, pero casi siempre por su cuenta, viviendo con sencillez y austeridad, movido siempre por su apasionado afán de conocer y estudiar las lenguas vivas de los pueblos y las aldeas de las montañas pirenaicas. Hasta 1913 se dedicó a recorrer sobre todo los dominios del aragonés y del catalán, a partir de ese año se ocupó casi en exclusiva de la lengua vasca.

Joaquín Costa tuvo mucho que ver en que Saroïhandy visitara por primera vez el Alto Aragón. En 1878, Costa había publicado un trabajo sobre los dialectos ribagorzanos que interesó al gran lingüista francés Alfred Morel-Fatio, quien envió a su discípulo Saroïhandy a realizar investigaciones sobre el terreno. Morel-Fatio puso al joven estudioso en contacto con Costa y éste le preparó con esmero su estancia en Graus. Así lo explica el gran polígrafo en su prólogo al "Informe Saroïhandy", publicado en 1902 en la Revista de Aragón: "El joven profesor se instaló en Graus, donde ayudado eficazmente y con la mejor voluntad por la juventud inteligente de aquella villa, Dámaso Carrera, Ruperto Sazatornil, Vicente Solano, Vicente Mur, Marcelino Gambón, etc, y previas algunas excursiones a lugares de los contornos, como Grustán, y a poblaciones más apartadas, pero situadas en la misma línea isoglosa de Graus, como Fonz, pudo fijar en breve plazo la gramática, la fonética y demás del primero de los dialectos del grupo, que ya él hablaba a las pocas semanas con la misma propiedad y corrección de los naturales del país.(...) Propónese un volumen dedicado por entero a la lengua aragonesa". Y, constatando la importancia de la visita, concluye Costa: "No olvidemos nosotros que le debemos ese servicio eminente: el haber iniciado el estudio científico del habla aragonesa".

Saroïhandy llegó a Graus por vez primera en 1896 y se hospedó en Casa Samblancat, popular fonda de la calle Barranco. Sobre el excelente recibimiento que tuvo en la villa ribagorzana, escribe una carta en francés a Costa que se encontraba entonces en Madrid: "Estoy desde hace varios días en Graus donde he recibido la acogida más cordial. Se hace demasiado por mí. (...) Me llevaré de Graus el mejor recuerdo, y creo que la lengua que se habla aquí interesará mucho". También Morel Fatio escribe a don Joaquín dándole las gracias por lo bien que dispuso la visita de su discípulo. Durante los años siguientes, Saroïhandy regresaría siempre al Alto Aragón y sobre todo a esa comarca de Ribagorza que tan bien le había acogido.

Se transcriben, como se ha dicho, en el libro de Oscar Latas tres artículos de Saroïhandy hasta ese momento inéditos en castellano. El primero, titulado "Un saint bordelais en Aragón" (1906), es un estudio más bien etnológico sobre San Úrbez con material recogido en Nocito, donde se encuentra el santuario dedicado a este santo francés. Más interesantes desde el punto de vista filológico son las notas sobre el Poema de Yúçuf ("Remarques sur le Poème de Yuçuf", 1905) referidas a una composición en verso sobre la leyenda de José, hijo de Jacob, en su cautiverio en Egipto tras ser vendido como esclavo por sus hermanos. Se trata de un texto aljamiado, es decir, en español pero escrito en caracteres árabes. Existen dos manuscritos incompletos del poema, ambos en Madrid, uno en la Biblioteca Nacional y otro en la Academia de la Historia. Tras una brillante argumentación filológica en la que se comprueba el gran conocimiento que Saroïhandy tenía de las hablas aragonesas, el lingüista francés defiende la tesis de que se trata de una composición escrita por moriscos altoaragoneses que utilizaban alguna de las hablas de la zona geográfica entre Graus y Boltaña mezclada con el castellano, y cree que los manuscritos son copias posiblemente realizadas en el siglo XVI de originales quizás del siglo XIV. El tercer texto es un estudio sobre una pastorada de Perarrúa ("La Pastorada de Perarrúa", 1916), que se transcribe en la segunda parte del libro. Saroihandy explica que en Ribagorza se localiza este tipo de teatro popular representado en las fiestas patronales, al aire libre, en la plaza pública, y que consiste básicamente en un diálogo humorístico entre dos pastores. La de Perarrúa se celebraba el 26 de julio, día de Santa Ana, y la copia que utiliza Saroïhandy cuenta con 459 versos octosílabos, la mayoría con rima asonante. En toda ella, salvo en la despedida en que utilizan el castellano, los dos pastores, Paluguiño y Pericoñón, hablan en el dialecto ribagorzano local. Saroïhandy, para reafirmar la importancia lingüística de estas composiciones populares, recuerda que Costa hizo escribir la de Capella para el filólogo francés G. Herelle, que depositó la copia en la Biblioteca Nacional de París. Entre los materiales de Saroïhandy  encontramos otra pastorada completa, compuesta por el cura de Grustán, mosén Vicente Solano, para las fiestas de Charo en La Fueva, y fragmentos de otras tres: una de Besians y otras dos posiblemente de La Puebla de Fantova y de Foradada del Toscar.

Por lo que se deduce de su principal artículo, "Vestiges de phonétique ibérienne en territoire roman" (1913), y de los apuntes utilizados para sus clases, Saroïhandy dividía el territorio altoaragonés en cuatro zonas lingüísticas: español regional, dialectos aragoneses o aragonés, dialectos catalanes o catalán de Aragón y dialectos de transición entre estos dos últimos. El aragonés ocuparía una amplia franja en toda la zona norte que alcanzaba por el sur hasta Sos, Biel, Ayerbe, Alquézar y Fonz. El catalán de Aragón llegaría quizás un poco más hacia occidente que en la actualidad e incluiría prácticamente todo el valle del Isábena. Los dialectos de transición ocupaban una estrecha franja en la línea trazada de sur a norte por Graus, Perarrúa, Campo, Castejón de Sos y Benasque; esto es, el valle del Ésera. El benasqués o patués presenta más dificultades para su clasificación y Saroïhandy muestra sus dudas a la hora de incluirlo en alguna de las delimitaciones que establece.

Como escribió Joaquín Costa hace ya más de cien años, no debemos olvidar que el lingüista francés fue el iniciador de las investigaciones científicas sobre las hablas aragonesas y ribagorzanas y merece por ello un lugar destacado en nuestro recuerdo.

(Artículo publicado en El Llibré de Fiestas de Graus 2024)

sábado, 7 de septiembre de 2024

EL VALLE, UNA ABSORBENTE NOVELA NEGRA AMBIENTADA EN EL PIRINEO FRANCÉS


 

Bernard Minier (Béziers, 1960) es uno de los autores más destacados de la actual novela negra francesa y europea. Desde su debut en 2011 con “Bajo el hielo”, el escritor galo ha publicado una docena de novelas, muchas de ellas traducidas al español. El año pasado, Salamandra publicó “Lucía”, ambientada en España y, como otras del autor, reseñada en esta sección. Y este año, de nuevo con la traducción de Dolors Gallart, le ha tocado el turno a “El valle”. En realidad, la editorial española no ha seguido el orden cronológico de su aparición en el país vecino, pues “Lucía” se publicó allí en 2022 y “El valle” en 2020.

“El valle” es la sexta entrega de las novelas de Minier protagonizadas por el comandante Martin Servaz, de la Policía Judicial de Toulouse. La saga se inició con “Bajo el hielo” y le siguieron “El círculo”, “No apagues la luz”, “Noche” y “Hermanas”. Hay que decir que, aunque hay muchas referencias a sucesos ocurridos en las precedentes, cada una de las entregas se puede leer de manera independiente y entenderse sin haber leído las anteriores. En esta ocasión, encontramos al comandante Servaz rebajado a capitán y apartado momentáneamente del cuerpo policial hasta que se resuelva el expediente disciplinario que se le ha abierto.

Una noche, Servaz recibe una interrumpida llamada de auxilio de Marianne, su ex mujer, que lleva años misteriosamente desaparecida. La llamada lo lleva hasta un remoto valle del Pirineo francés cuya capital es Aiguesvives. Como escribe el autor al final del libro, se trata de un valle de ficción situado entre Cominges y los Altos Pirineos. En la zona se encuentra un solitario monasterio con algunos monjes, en el que Servaz es inicialmente acogido. En el valle se producen varios horribles crímenes que alteran su tranquilidad. La capitana Irène Ziegler, de la Brigada de Homicidios de Pau, se hace cargo de las investigaciones. Esta joven policía había trabajado en otros casos anteriores a las órdenes de Servaz, quien de manera extraoficial colabora en las pesquisas. Un deslizamiento de tierras provocado deja el valle aislado del exterior, lo que convierte la situación en aún más claustrofóbica y angustiosa.

“El valle” se inscribe en los parámetros de la novela negra, de la que Minier ha demostrado con creces ser un consumado maestro. Estamos, de nuevo, ante un relato absorbente, con un ritmo trepidante y un absoluto dominio en el manejo de la tensión y el suspense, que se mantienen, sin decaer en ningún momento, hasta la última página del libro. Los giros inesperados y la apertura de nuevas líneas narrativas, que no parecen tener relación entre sí, atraen la atención del lector que busca con creciente interés el desenlace de la intriga. Como en novelas anteriores, el Mal tiene gran presencia en el relato y, en este caso, Minier da una vuelta de tuerca en su tratamiento del horror y de las partes más oscuras del ser humano. Así lo dice Servaz en un momento de la investigación: “Más terrorífico que todo a cuanto nos hayamos enfrentado hasta ahora”. Al final, como siempre, todas las piezas del puzle encajan a la perfección.

La novela transcurre en el verano de 2018. Lo sabemos porque los hechos narrados coinciden con la celebración en Francia del campeonato mundial de fútbol que ganó el equipo anfitrión. Está contada en tercera persona, con un narrador omnisciente que, sin embargo, adopta enfoques distintos desde la perspectiva de diferentes personajes. El protagonista es, obviamente, Martin Servaz, aquí ya a punto de cumplir los cincuenta, más maduro, igual de culto, responsable e íntegro y preocupado por su nuevo hijo, Gustav, y su incipiente relación sentimental con Léa. De los compañeros policías que han trabajado con él en otras novelas, destaca Irène, moderna y deportista y ahora preocupada por la enfermedad que corroe a su compañera sentimental. Pero hay en esta narración un elenco interesantísimo de personajes que representan a diferentes profesiones con influencia social en el valle: el profesor Gildas Delahaye; el padre Adriel, abad del monasterio; la psiquiatra Gabriela Dragoman; la alcaldesa Isabelle Torres; el cabecilla de la revuelta popular William Guerrand…

De las opiniones de algunos de ellos y de la atmósfera social del valle, se extrae una lectura que transciende de manera sustancial el relato policial de la novela. Con un claro diagnóstico: el malestar social generalizado que se ha apoderado de la sociedad francesa, y por extensión de la europea, y, en especial, de algunos colectivos como policías y profesores. Son muchos los temas sobre los que se reflexiona, desde cuestiones existenciales y filosóficas a políticas y relacionadas con el uso actual y las influencias de las nuevas tecnologías.

En resumen, otro estupendo thriller de Bernard Minier, que tiene vínculos familiares y vitales con la comarca altoaragonesa de Ribagorza. Sin ir más lejos, el escritor es el pregonero de las fiestas de Graus que se celebran estos días.

 “El valle”. Bernard Minier. Salamandra. 2024. 450 páginas

domingo, 25 de agosto de 2024

"LA MUJER DE LA ARENA", UNA OBRA MAESTRA DE LA LITERATURA JAPONESA MODERNA


 

Kobe Abe (Tokio, 1924 - 1993) fue, junto a Yukio Mishima, Yasunari Kawabata y Kenzaburo Oe, uno de los grandes renovadores de la literatura japonesa moderna. Nacido en Tokio, pasó parte de su infancia en Manchuria y se licenció en medicina, aunque, al contrario que su padre, él nunca llegó a ejercer como médico. Fue inventor y fotógrafo y, sobre todo, escritor. Autor de novelas, relatos breves, poesía, teatro y guiones de cine. Gran conocedor de la literatura europea, ha sido denominado en ocasiones el Kafka japonés, por la presencia de lo absurdo y lo pesadillesco en su obra. Algunos de sus libros han sido editados en español por Siruela y Eterna Cadencia. Su novela más destacada y conocida es “La mujer de la arena”, publicada originalmente en 1962. Con motivo del centenario del nacimiento del escritor, Siruela la ha reeditado en nuestro país con traducción de Kazuya Sakai. De “La mujer de la arena” se hizo una adaptación cinematográfica en 1964, dirigida por  Hiroshi Teshigahara con guion del propio Kobe Abe. Es una película de culto que obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de ese año y que hoy se puede ver en internet en versión original subtitulada. Su visionado, aunque la película sea larga y algo lenta, dentro de la estética de la época, es un perfecto complemento de la lectura de la novela.

“La mujer de la arena” transcurre en el verano de 1955. Jumpei Niki, cuyo nombre conocemos al final del libro, es un profesor aficionado a la entomología que buscando insectos que viven en la arena, llega a una pequeña aldea en la costa japonesa asediada por las imparables dunas que amenazan con engullirla. Se le hace tarde y pierde el autobús de vuelta. Un aldeano le sugiere que se aloje en la casa de una mujer para pasar la noche. La casa está casi sepultada por la arena y tiene que acceder a ella por una escalera de mano. En la casa vive una mujer sola, de unos treinta años, que perdió a su marido y a su hijo en una tormenta de arena. La mujer, cuyo nombre nunca se cita en el libro, se dedica a sacar arena con una pala durante toda la noche y depositarla en unos cubos que hombres de la aldea retiran desde arriba con unas poleas. A la mañana siguiente, cuando el hombre se dispone a marcharse, se da cuenta de que la escalera ha desaparecido y que es imposible salir de allí escalando por las paredes arenosas. Además, los hombres de la aldea han tirado una pala para que ayude a la mujer en la extracción de arena. El hombre se ve atrapado en la casa, maquina formas de huida que devienen imposibles y establece una compleja relación con la mujer en la que se mezclan el erotismo y la violencia. Cada noche, para evitar el calor del día, y en un trabajo sin aparentes resultados reales, los dos personajes deben limpiar la arena que irremediablemente vuelve a asediar la casa al día siguiente.

La novela es un relato bello, claustrofóbico y angustiante, sugerente y misterioso. Con una fuerte carga simbólica y sensorial. Con intenciones de parábola y abierto a interpretaciones diversas. Una metáfora de raíz existencial sobre el sentido de la vida, de su valor real y de su inutilidad. El trabajo sin fin para evitar el avance imparable de la arena remite al mito de Sísifo y su infructuoso ascenso de la piedra a la cima de la montaña. Hay también una crítica social evidente contra el sometimiento y la anulación de la voluntad de los individuos en nombre de supuestos intereses superiores colectivos.

En la novela hay dos personajes principales y la presencia secundaria, pero importante, de los administradores de la comunidad que se erigen en defensores de la supervivencia de la aldea y tienen una actitud controladora y, en ocasiones, lasciva. Podríamos decir que otro personaje fundamental en el relato es la propia arena, siempre activa y en movimiento, impregnándolo todo y con una presencia continua y acechante.

El relato está narrado en tercera persona, aunque con monólogos interiores frecuentes que muestran los pensamientos y recuerdos del protagonista. Tal vez estas introspecciones sean la parte más pesada y prescindible de la narración. Pueden observarse en la novela conexiones con la obra de Kafka, algunas más puntuales con “La metamorfosis” y otras más estructurales con el relato  titulado “La guarida”. “La mujer de la arena” se inscribe claramente en lo que solemos denominar como una historia kafkiana. Por otro lado, se trata de una narración proléptica, es decir, que desde el principio se adelanta ya el final del relato.

“La mujer de la arena” está considerada unánimemente como una de las obras maestras de la literatura japonesa moderna. Se trata, sin duda, de una novela intensa y rica, que muestra un dominio absoluto de los recursos literarios por parte de su autor y que no ha perdido un ápice de vigencia y modernidad. Su reedición en el centenario del nacimiento de Kobe Abe puede considerarse un verdadero acierto literario.

“La mujer de la arena”. Kobe Abe. Siruela. 2024. 248 páginas

domingo, 11 de agosto de 2024

"LAS PROPIEDADES DE LA SED", UNA GRAN NOVELA ÉPICA ESTADOUNIDENSE


La narrativa es el género por excelencia de la literatura estadounidense. Uno de sus permanentes debates es la existencia o no de una gran novela americana, que recoja las esencias de la idiosincrasia, los valores y las luces y las sombras de ese extenso país. Aunque ninguna novela ostenta de momento sin discusión ese título, “Las propiedades de la sed” podría estar, posiblemente, entre el selecto y reducido número de candidatas a alcanzarlo. Su autora es Marianne Wiggins (Lancaster, Pensilvania, 1947), que ha publicado nueve novelas, entre las que destacan “John Dollar” (1989) y “Evidence of Things Unseen” (2003), finalista del premio Pulitzer de ficción. Casada con el novelista Salman Rushdie entre 1988 y 1993, la escritora estadounidense es muy poco conocida en nuestro país. Ahora, la siempre meritoria Libros del Asteroide ha editado en español, con traducción del inglés de Celia Filipetto, su última y más importante novela, “Las propiedades de la sed”, publicada originalmente en Estados Unidos en 2022. En 2016, cuando aún estaba escribiendo el libro, Wiggins sufrió un derrame cerebral que le impedía leer y escribir y mermó en gran medida su memoria. Recuperó en parte sus capacidades y con la  abnegada ayuda de su hija Lara Porzak, que describe este arduo proceso en el epílogo, logró terminar la novela.

“Las propiedades de la sed” es una larga narración, de más seiscientas páginas, que transcurre principalmente en California durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Tras el fallecimiento en Nueva York de su riquísimo padre, Rocky Rhodes se queda con las posesiones más alejadas del amplio patrimonio que ha dejado su progenitor: unas tierras y un rancho (Las Tres Sillas) en el valle de Owens, al norte de Los Ángeles, en California. Rocky, lector de Emerson y de Thoreau y defensor de la naturaleza, tiene que luchar con poco éxito contra el Departamento de Agua de Los Ángeles, que ha comprado las tierras colindantes y ha drenado y secado el valle para abastecer de agua a la creciente urbe angelina. Su mujer, francesa y muy querida en la zona, acaba de morir y Rocky queda con sus dos hijos mellizos, Stryker y Sunny, Su hermana Cas, de gran estatura como él, culta y expeditiva, se desplaza al rancho desde el este para ayudar a Rocky en la crianza de sus hijos. El joven Stryker es un poco tarambana y, tras dar algunos tumbos, se acaba enrolando en el ejército y es destinado a Pearl Harbor. Su hermana Sunny, que ha heredado de su madre el gusto y la pasión por la cocina, se queda en el rancho y regenta un restaurante en una localidad próxima.

Tras estos antecedentes, la novela arranca con el bombardeo japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, que supuso la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Esto hizo que el gobierno de Washington confinara en diversos campos de internamiento a los más de cien mil japoneses que vivían en los estados situados al oeste del país. Uno de esos campos, con más de diez mil internos, se construyó en El Manzanar, en el valle de Owens, muy cerca del rancho de la familia Rhodes. Para dirigir ese campo, llega a la zona el que va a ser otro de los personajes principales de la novela, un joven abogado judío, apellidado Schiff, que trabaja en el Departamento de Interior del gobierno estadounidense y entrará en contacto con los Rhodes y, en especial, con la inquieta y temperamental Sunny.

De esta manera, “Las propiedades de la sed” combina el aliento épico y las vivencias y relaciones de los miembros de la familia Rhodes con dos hechos históricos, algo oscuros y muy relevantes en el desarrollo del relato: la desecación y contaminación de territorios próximos, provocada por el abastecimiento de agua a la ciudad de Los Ángeles, y la creación de campos de concentración para japoneses, muchos de ellos con nacionalidad estadounidense, desde 1942 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

Aunque la autora se toma algunas licencias ortográficas en el uso de mayúsculas y signos de puntuación, la novela tiene una estructura clásica y la historia que cuenta remite incluso, en el mejor de los sentidos, a las grandes narraciones decimonónicas. Se trata de una novela de intención épica con una saga familiar como protagonista central y unos personajes muy potentes y bien definidos. El título hace referencia a los problemas de sequía de la geografía principal del relato y cada capítulo alude a una de las once propiedades de la sed (la sorpresa, el reconocimiento, la memoria, el deseo y la frustración de ese deseo, el sabor de lo inevitable…). Wiggins hace un uso exquisito del narrador omnisciente y del estilo indirecto libre, entrando en los pensamientos de cada uno de los personajes.  Puede rastrearse en algún momento el aliento narrativo de John Steinbeck, el más importante de los novelistas californianos, sobre todo en las alusiones a los años de la gran depresión que él tan bien describió en novelas como “Las uvas de la ira” y, en menor medida, a la profundidad narrativa de William Faulkner. También hay algunos paralelismos con “Lo que el viento se llevó”, el novelón de Margaret Mitchell llevado al cine y al que se hacen algunas alusiones en el libro de Marianne Wiggins.

“No puedes salvar lo que no amas”, es la frase que abre la novela y en cierta manera el leitmotiv del relato. Incluso del también épico rescate y terminación del libro en un admirable ejercicio de amor mutuo y a la literatura de la autora y su hija Lara. “Las propiedades de la sed” es una extraordinaria novela, llamada a ser, probablemente, un clásico de la literatura moderna estadounidense.

“Las propiedades de la sed”, Marianne Wiggins. Libros del Asteroide. 2024. 616 páginas.

domingo, 28 de julio de 2024

"TARÁNTULA", LA ÚLTIMA NOVELA DEL ESCRITOR GUATEMALTECO EDUARDO HALFON


No es exagerado considerar a Eduardo Halfon (Ciudad de Guatemala, 1971) como uno de los mejores escritores actuales en lengua española. Halfon es un caso singular de nuestras letras. Con tres abuelos judíos libaneses y otro polaco, que sobrevivió a los campos de concentración nazis, su familia emigró a Guatemala, donde nació y pasó sus diez primeros años hasta que la dictadura guatemalteca obligó a sus padres a exiliarse en Estados Unidos. De condición nómada por naturaleza, el escritor se casó con una riojana y tiene la nacionalidad española, lengua en la que escribe sus obras. Desde hace tres años, y gracias a una beca literaria, reside en Berlín.

Desde 2003, Eduardo Halfon ha publicado casi una veintena de libros, su obra ha sido traducida a más de quince idiomas y ha recibido importantes galardones literarios. La magnífica editorial Libros del Asteroide ha dado a conocer la obra de Halfon en España con la publicación del libro de cuentos “El boxeador polaco” y las novelas cortas (algunas de ellas reseñadas en esta sección) “Monasterio”, “Signor Hoffman”,Duelo”, “Canción”, “Un hijo cualquiera” y, ahora, “Tarántula”. En todas ellas, Halfon parte de los recuerdos de su infancia para crear unas composiciones literarias que podemos considerar, en cierto modo, y aunque el autor niegue un plan previo de proyecto, lo que algunos han llamado una obra en marcha. Como si cada una de esas entregas fuera un nuevo capítulo de la novela de su vida.

“Tarántula” se inscribe también en esa eficaz mezcla narrativa de memoria y ficción, de invención y realidad. Y, en este caso, combinando los dos aspectos más problemáticos y a la vez más presentes en la obra del escritor: su condición, simultánea e ineludible, de judío y guatemalteco. El propio Halfon confiesa con frecuencia que los libros que más lo han marcado son dos libros que no ha leído: la “Torá” y el “Popol Vuh”, el libro de los judíos y el libro de los guatemaltecos. “Heredé de mis antepasados las ansias de huir” es la ilustrativa cita de la escritora argentina Alejandra Pizarnik que encabeza la novela.

“Tarantula”, narrado como todos sus libros en primera persona, se inicia con un tenebroso recuerdo infantil. En 1984, cuando la familia Halfon ya llevaba tres años en Estados Unidos tras abandonar el país centroamericano, marcado por la violencia desatada entre el ejército y la guerrilla, Eduardo, de trece años, y su hermano son enviados por sus padres a participar en unos campamentos para jóvenes judíos en las montañas del altiplano guatemalteco.  Lo que parecían unas jornadas de supervivencia en el bosque se convierte de repente en una siniestra historia de terror que marcará a los niños para siempre. Muchos años después, el autor se encontrará en París y Berlín, sucesivamente, con dos personajes clave de aquella angustiosa experiencia: Regina, la joven junto a la que Eduardo hacia siempre las guardias nocturnas en el campamento y con quien vivió su despertar erótico y sentimental, y Samuel Blum, el rubio monitor del grupo que llevaba una tarántula tatuada en su brazo. Eduardo resolverá entonces algunos enigmas de aquellos extraños hechos, pero, como suele ocurrir en sus novelas, siempre serán más las nuevas preguntas que se abren que las respuestas encontradas.

El propio autor resume así la estructura del relato: «Hay tres momentos narrativos en esta novela: el recuerdo del campamento, el encuentro en París entre dos supervivientes ya de adultos y la búsqueda en Berlín del monitor del campamento. En el borrador inicial del libro yo tenía los tres relatos separados pero descubrí que el efecto Stephen King, el suspense y el terror lo lograba intercalando las partes. Descubrí que el miedo depende de esperar, de mostrar la daga pero no usarla todavía».

Además de las historias que relata, destaca sobremanera en Eduardo Halfon su brillante manera de contarlas. Su escritura rítmica y pulida, su prosa cadenciosa y a la vez siempre sencilla, comprensible, amena y elegante, con expresiones centroamericanas y sintaxis perfecta. “Tarántula” se lee casi de un tirón y el lector más que leerla parece que la escucha. Como botón de muestra de ese estilo suyo, sirva este pasaje de su reencuentro con Regina, tantos años después, que es además un maravilloso homenaje a Proust: “... se llevó la tacita blanca a los labios y yo me estremecí al reconocer su mano. Una mano que había olvidado por completo, o que creía olvidada por completo. Reconocí su forma. Sus dedos largos y delgados. Las pecas casi invisibles en el dorso. La redondez y el tinte rosáceo de sus uñas. Sin saberlo, había guardado durante años el recuerdo de esa mano, al alcance pero bien sepultado en alguna grieta de mi memoria, nada más esperando ser desenterrado y desempolvado en el instante mismo en que ella alzara una tacita blanca de café”.

Cada nueva novela de Eduardo Halfon es un joyita literaria. Y sus devotos lectores ya estamos esperando la siguiente.

“Tarántula”. Eduardo Halfon. Libros del Asteroide. 2024. 184 páginas.


domingo, 14 de julio de 2024

SE REEDITA "EL PEÓN EN EL TABLERO", UNA NOVELA BREVE DE IRÈNE NÉMIROVSKY


 

Irène Némirovsky (1903 - 1942) nació en Kiev en el seno de una acaudalada familia judía que, en 1919, huyó de la revolución bolchevique para afincarse en París. Hija única, tuvo una infancia no demasiado feliz y solitaria, aunque en la capital francesa recibió una educación exquisita y esmerada. Debutó en la literatura con 19 años con un texto publicado en una importante revista de la época. Se licenció en Letras en la Universidad de la Sorbona y. en 1929, saltó a la fama literaria con el gran éxito obtenido por su novela “David Golder”, ya en formato libro. En los años treinta, publicó un buen número de novelas que la convirtieron en una de las escritoras más prestigiosas de Francia.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial y la invasión alemana de Francia marcaron trágicamente su destino. Su solicitud de la nacionalidad francesa fue denegada varias veces por el régimen de Vichy y, en 1942, fue detenida y deportada a Auschwitz, donde murió asesinada junto con su marido, Michel Epstein. En 2002, y de manera casual, sus hijas descubrieron el manuscrito de su novela “Suite francesa”, que fue publicada en 2004 y obtuvo un enorme éxito, recibió importantes galardones a título póstumo y se convirtió en su obra cumbre y más conocida. La obra literaria de Irène Némirovsky sigue estando de actualidad y sus novelas se siguen traduciendo y reeditando en numerosos países. En España, la editorial Salamandra, al igual que ha hecho con otros libros de la autora, acaba de reeditar “El peón en el tablero”, con traducción del francés de José Antonio Soriano Marco.

“El peón en el tablero” es una novela corta que fue publicada originariamente en Francia en 1934. Está ambientada en el París de esa misma época, en la década de los años treinta, en un periodo de entreguerras marcado por una aguda crisis económica y social. Su protagonista es Christophe  Bohun, un hombre de cuarenta y tres años, que vive en un espacioso piso de París, propiedad de su padre, un anciano moribundo que fue un antiguo magnate del acero y del petróleo, cuyo posterior fracaso financiero lo obligó a vender su empresa a uno de sus socios. Christophe, por recomendación de su padre, trabaja en esa misma empresa con un modesto sueldo y en un puesto monótono que desempeña con desgana y no le proporciona ninguna satisfacción. Además de con su padre, que se ha reservado una pequeña parte de la casa y un sirviente personal, Christophe vive con su mujer Geneviève, su hijo Philippe, de 18 años, y su prima Murielle, separada de su marido. Aunque aparece algún otro muy secundario, estos son, prácticamente, los únicos personajes del libro. Cinco personajes en distintos momentos de la vida y con muy distintas experiencias pasadas y expectativas futuras.

El eje principal del relato es el carácter de Christophe y su devenir familiar, anímico y económico. Se trata de un hombre abúlico, insatisfecho y sin ninguna ilusión por la vida. Así lo expresa él mismo al inicio de la novela: “Pero si me dijeran ‘Mañana morirás’, no me pesaría ni por un instante: no amo la vida. No hay en ella nada bueno salvo lo físico, como suele decirse del amor. Me gustaría ser un animal, una planta, una piedra”. “¡Una existencia humana, que consista en algo más que la preocupación por el dinero, por la comida diaria y por el trabajo!”. Algunos días de lluvia, al salir de casa, me dan ganas de tenderme en mitad de la calle y esperar a que el primer autobús que pase se me lleve por delante”.

Toda la novela desprende un aire gris y desencantado, con el que tal vez la autora, a través de su personaje, un simple peón en el tablero, pretende mostrar el momento general de desasosiego y desilusión que vive la sociedad de la época, y que presagia el desastre que se avecina. La novela adquiere así un tono de un marcado pesimismo, que la inscribe en las corrientes literarias y filosóficas de corte existencialista. Aunque para algunos lectores, la narración tal vez se resienta de cierta falta de trama y movimiento, la autora pretendió, con una prosa directa, ágil y desnuda, condensar en un relato breve toda una visión trágica y fatalista de la existencia humana. La frecuente reedición y demanda de sus obras parece indicar la vigencia de la literatura de Irène Némirovsky en nuestros días. Una vigencia que es aún más evidente en la novela que acabamos de reseñar.  

“El peón en el tablero”. Irène Némirovsky. Salamandra. 2024. 208 páginas