En
su nueva novela, el británico William Boyd construye una sólida historia de
espías, amor y traumas de infancia ambientada en la Guerra Fría
William Boyd nació en Acra, la capital de Ghana, en 1952. Sus padres eran escoceses que se trasladaron al país africano en 1950. Su padre, doctor especializado en medicina tropical, fue nombrado director de la clínica de salud de la Universidad de Ghana y su madre trabajó como profesora. A comienzos de los 60, la familia se trasladó a Nigeria, donde fueron testigos de la guerra de Biafra. Boyd estudió en su infancia en Ghana y Nigeria y cuando tenía nueve años fue enviado a un colegio de Escocia. Luego cursó estudios en las universidades de Niza y Glasgow y obtuvo el doctorado en Literatura Inglesa en Oxford. Mientras ejercía la docencia publicó su primera novela, “Un buen hombre en África”, y desde entonces se dedicó plenamente a la creación literaria. Es autor de casi una veintena de novelas, varias colecciones de relatos cortos, un par de libros de no ficción, una obra de teatro y guiones televisivos y cinematográficos. Varias de sus obras se han adaptado a la televisión. Ha sido galardonado con numerosos premios y es miembro de la Real Sociedad de Literatura británica y oficial de la Orden de las Artes y las Letras francesas. Está casado con una conocida editora y guionista y vive entre su casa de Chelsea, en Londres, y su granja viñedo del suroeste de Francia. Tras sus últimas novelas “Trío” (2020) y “El romántico” (2022), Alfaguara ha publicado recientemente en España “La luna de Gabriel”, con traducción de Laura Martín de Dios.
“La luna de Gabriel” es, sobre todo, una novela de espías. Admirador declarado de Ian Fleming, a cuyo personaje cinematográfico (el agente secreto 007) hizo protagonista de su novela “Solo” (2013), William Boyd ha abordado la temática de espías en algunas de sus mejores obras, como “Sin respiro” (2006) y “Esperando el alba” (2013). En este aspecto, se inscribe en una larga tradición de brillantes escritores británicos (Graham Greene, Somerset Maugham, Kingsley Amis, Muriel Spark…) que han realizado inmersiones en la novela de espionaje. Otro de sus motivos literarios más o menos recurrentes es colocar a seres comunes y corrientes en situaciones extraordinarias y complicadas, en ocasiones enviándolos al extranjero, fuera de su ámbito británico habitual. Todos estos elementos, y algunos más, se conjugan magistralmente en “La luna de Gabriel”, una novela ambientada a principio de la década de los 60, en plena Guerra Fría entre el bloque occidental capitalista, liderado por Estados Unidos, y el bloque oriental comunista, liderado por la Unión Soviética.
En este caso, el protagonista es Gabriel Dax, un joven escritor londinense de literatura de viajes que, en 1960, se encuentra en la recién creada República Democrática del Congo buscando documentación para uno de sus libros. Allí se le presenta la oportunidad de entrevistar a Patrice Lumumba, el nuevo presidente del país, que le confiesa que teme por su vida. Unos meses después, Lumumba es derrocado y fusilado por sus adversarios y las cintas guardadas de aquella entrevista se convierten en un objeto muy codiciado. A la vuelta de ese viaje, Gabriel conoce a Faith Green, una mujer fría y calculadora, que trabaja para el M16, el servicio secreto británico. Ella no le pregunta por las cintas, pero le irá pidiendo pequeños encargos en diversos lugares del mundo (España, Polonia…), que Gabriel va aceptando por su aparente poco peligro, su pasión por viajar y la buena remuneración económica que suponen. Y por la creciente atracción y dominio que ejerce sobre él esa misteriosa y fascinante mujer. Poco a poco, el joven escritor se irá viendo atrapado en el laberíntico mundo del espionaje internacional del que le va a resultar difícil salir.
Gabriel Dax es un personaje complejo y literariamente bien logrado. Además de su progresiva abducción por Faith y su telaraña de espionaje, la novela cuenta otros aspectos de su vida: su relación inestable y sexualmente gratificante con la joven Lorraine, su infructuosa lucha contra un ratón invasor de su cocina y, sobre todo, un trauma de la infancia que ha condicionado su vida. Cuando Gabriel era niño, sobrevivió milagrosamente al incendio de su casa en el que murió su madre. Ese hecho le provoca pesadillas, un insomnio crónico y un sentimiento de culpa por creer que el fuego fue provocado por una lamparilla en forma de luna que tenía en la mesilla de su habitación. Para intentar superar ese trauma, Gabriel asiste a sesiones terapéuticas con la doctora Katerina Haas, supuesta discípula de Freud, y comienza a revisar las investigaciones sobre el incendio en el que perdió a su madre.
William Boyd tiene una magistral habilidad para convertir historias complejas en lecturas que, sin perder un ápice de calidad literaria, siempre resultan interesantes y amenas para el lector. “La luna de Gabriel” es la primera entrega de una trilogía. Su continuación, “The Predicament”, ya ha sido publicada en Reino Unido. Esperemos que no tarde mucho en ser editada en nuestro país.
“La
luna de Gabriel”. William Boyd. Alfaguara.
2026. 336 páginas.
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