domingo, 3 de mayo de 2026

"KOLJÓS", UN APASIONANTE RELATO FAMILIAR DE EMMANUEL CARRÈRE

El escritor francés narra en su nueva novela la vida de cuatro generaciones de su familia y recorre la historia de Francia y Rusia de los siglos XX y XXI

Emmanuel Carrère (París, 1957) es posiblemente el escritor francés con mayor éxito internacional. Sobre todo, por sus novelas de no ficción, relatos inspirados en hechos o personajes reales. Todas ellas han sido editadas en España por Anagrama: “El adversario” (2000), “Una novela rusa” (2008), “De vidas ajenas” (2011), “Limónov” (2012), “El Reino” (2015), “Yoga” (2021) y “V13” (2023). También de no ficción es su última novela “Koljós”, publicada recientemente en España por la misma editorial, en este caso con traducción de Juan de Sola. En Anagrama también se han publicado sus libros de reportajes periodísticos “Conviene tener un sitio adonde ir” y “Calais” y su biografía de Philip K. Dick “Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos”, y se han recuperado cinco novelas de sus inicios: “La amiga del jaguar”, “Bravura”, “El bigote”, “Fuera de juego” y “Una semana en la nieve”; así como el ensayo “El estrecho de Bering”. En reconocimiento al conjunto de su obra, en 2021 Emmanuel Carrère recibió el Premio Princesa de Asturias de las Letras.

“Koljós” es un completo relato del árbol genealógico de Emmanuel Carrère, que recorre la vida de cuatro generaciones de su familia y abarca prácticamente todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI. El libro comienza el 3 de octubre de 2023 cuando, cincuenta y tres días después de su muerte, se rinden honores de estado a Hélène Carrère d’Encausse (Hélène Zurabishvili, de soltera), con la presencia del presidente de la República Francesa Emmanuel Macron, que lee un discurso de alabanza a la nonagenaria fallecida, madre de Emmanuel Carrère. En el despacho de su padre, fallecido en diciembre de ese mismo año, el escritor encontró cinco voluminosas carpetas bien ordenadas que contenían sus investigaciones genealógicas familiares, que habían sido su gran obsesión durante toda su vida. Cuatro de esas carpetas estaban dedicadas a la familia de su mujer y la otra a su propia familia. A partir de ese abundante y documentado material, Emmanuel Carrère ha escrito una magnífica y extensa novela de no ficción sobre su familia, de orígenes rusos y georgianos por la rama materna y franceses meridionales por la paterna. Una narración apasionante que abarca más de cien años de la historia de Europa.

La familia materna del escritor procedía de la burguesía ilustrada zarista que tuvo que abandonar Rusia tras la revolución bolchevique. Los bisabuelos de Carrere se exiliaron en Georgia, que luego también cayó en manos rusas. El exilio llevó a la familia a Francia. El abuelo George fue un personaje errático, marcado por la pobreza y el pesimismo, que por su conocimiento del alemán tuvo relación con los nazis durante la ocupación de Francia en la Segunda Guerra Mundial. Al final de la contienda, fue acusado de colaboracionista y desapareció para siempre misteriosamente. A él le dedicó Carrère su libro “Una novela rusa”. En “Koljós” es su madre, Hélène, quien adquiere un mayor protagonismo. Fue una mujer longeva, de fuerte carácter, con un ascenso social imparable. Escribió libros sobre la historia de Rusia y fue la primera mujer al frente de la Academia en Francia. Más en segundo plano aparece el padre, Louis, discreto y siempre eclipsado por la arrolladora personalidad de su mujer. Hay otros personajes relevantes como su tío Nicolás, hermano de su madre, y se narran viajes del autor a Ucrania, ya invadida por Rusia, o a Georgia, donde Salomé, del tronco familiar materno, llegó a ser presidenta del país tras su independencia de Rusia.

En la revolución rusa de 1917 los “koljós” eran las granjas colectivas, propiedad del estado, que sustituían a las de propiedad individual. Sin embargo, el título del libro hace referencia a la expresión “hacer koljós”, que utilizaba la madre del escritor para describir el apiñamiento con sus tres hijos en el dormitorio familiar: “Marina, que era la más pequeña, ocupaba el lugar de mi padre en la cama de matrimonio. Nathalie y yo sacábamos nuestros colchones o simplemente poníamos cojines alrededor de la cama. Nuestra madre había dado un nombre a ese ritual del dormitorio: ‘hacer koljós’. Nos encantaba hacer koljós. No sé hasta cuándo lo hicimos, pero diría que hasta mucho después de que dejáramos de creer en Papá Noel”. La foto de la portada del libro hace referencia a ese apiñamiento de los hijos en torno a la madre, aunque sus protagonistas estén en ella de pie.

Emmanuel Carrère ha escrito una apasionante biografía familiar, que combina las historias personales de cuatro generaciones, desde sus bisabuelos al propio autor, con la Historia de Europa, desde la Revolución rusa hasta la actual guerra de Ucrania. Un relato de ritmo ágil y fluido, en el que el propio Carrère se toma algunas licencias novelescas para dar contenido narrativo a los materiales documentales que su padre fue acumulando en vida. Es decir, que el escritor francés ha vuelto a demostrar que es un maestro en la llamada novela de no ficción, una literatura testimonial que se basa en hechos reales. En este caso, la historia de su familia ya contenía en sí misma todos los ingredientes de una magnífica novela, a los que él solo ha tenido que dar la forma literaria adecuada.

“Koljós”. Emmanuel Carrère. Anagrama. 2016. 448 páginas

sábado, 18 de abril de 2026

"LOS DÍAS QUE NO EXISTIERON", LA PRIMERA NOVELA DE DANIEL RAMÍREZ

El periodista navarro firma un trepidante thriller sobre el periodismo moderno y la banalización del mal, con un viejo nazi y un asesinato de ETA sin resolver

Daniel Ramírez García-Mina (Pamplona, 1992) es actualmente uno de los jóvenes periodistas con mayor proyección y presencia en los medios de comunicación de nuestro país. Trabaja como redactor jefe en “El Español” y es autor de la revista de prensa en “Más de uno”, el programa matinal de Carlos Alsina. Además, colabora y participa en diversos programas y tertulias televisivas. Es autor del poemario “Es sólo vivir” (2022) y de los libros de no ficción “Paso marcial” (2016), donde investiga la trayectoria de su abuelo, médico militar durante la guerra civil; “La otra vuelta del camino” (2018), en el que sigue las huellas de Pío Baroja; Eusebius, capitán de la Nave de Baco” (2019), un retrato de la música en los años de la guerra; “Porque somos Osasuna” (2020), sobre su equipo de futbol favorito; y “Salvoconducto-19” (2020), una crónica de los años de la pandemia. Ahora, ha dado el salto a la novela y ha debutado con “Los días que no existieron”, un thriller trepidante, ambientado en la España actual, con varias tramas narrativas y protagonizado por una joven periodista. 

La protagonista de “Los días que no existieron” es Julia Mendieta, una periodista de treinta años, nacida en San Sebastián, que ejerce su profesión en Madrid como redactora del diario “El Universal” y participa habitualmente en las tertulias políticas televisivas. Julia mantiene una relación algo inestable con su novio, Iván, y se siente presionada por el director de su diario, que la apremia para que publique un reportaje impactante. Esa posibilidad se le presenta al conocer, a través de un librero de viejo, la existencia de un anciano nazi alemán que vive refugiado en Madrid bajo una falsa identidad y que participó en el bombardeo de Guernica en su juventud. Por otro lado, Julia está obsesionada con descubrir al asesino de su abuelo, un periodista que fue asesinado por ETA en una calle de San Sebastián en presencia de su hijo, y padre de Julia, y cuyo crimen nunca ha sido esclarecido. La agitada vida periodística madrileña de la joven y estas dos líneas narrativas históricas paralelas que se entrecruzan, contadas a un ritmo casi frenético, constituyen el argumento de un thriller absorbente y vibrante que, a pesar de sus más de quinientas páginas, mantiene la atención del lector desde la primera hasta la última página.

Tal vez el principal tema de la novela sea la banalización del mal. Las dos citas que abren el libro son ilustrativas sobre el mismo. La primera es del humanista renacentista francés Sébastien Castellion: “Matar a un hombre no es defender una idea; es matar a un hombre”. La segunda, del novelista ruso León Tolstoi: “Pon a desfilar a un muchacho, hazle marchar con música, dale un fusil… y tendrás un asesino”.  Tanto el nazi alemán como el etarra vasco no parecen arrepentidos de sus crímenes. Ellos creen formar parte de un proyecto superior para cuya consecución puede ser necesario sacrificar vidas humanas. Y, por otro lado, puede deducirse que, en cierta manera, cualquier joven que crezca en una efervescencia ideológica grupal contagiosa puede llegar a cometer o a exculpar determinados comportamientos destructivos y homicidas.

Aunque las historias contadas en la novela son ficticias, el autor se nutre de algunas experiencias propias. Su condición de periodista y tertuliano político le ha podido servir de base para mostrar las guerras sucias entre medios de comunicación y la del propio gobierno contra los medios hostiles que investigan y desvelan sus corruptelas. Como el propio autor cuenta, dos hechos le ayudaron a orientar el rumbo de su relato. Por un lado, la entrevista que le hizo, desde el anonimato, a la hija de uno de los pilotos nazis que bombardearon Guernica. Por otro, la revelación tardía de su abuelo al contarle que él había sido extorsionado por la banda terrorista ETA en Pamplona durante los llamados “años del plomo”. Esos años oscuros de la sociedad vasca tardaron un tiempo en ser abordados por la literatura. Fue Fernando Aramburu, que acaba de publicar otra novela sobre el tema, quien comenzó a tratarlo en libros como “Los peces de la amargura”, “Años lentos” y, sobre todo, “Patria”. Ahora escritores más jóvenes, como Daniel Ramírez, se atreven a escribir sobre ello con una mayor distancia y sin los miedos y condicionantes de aquellos años.

“Los días que no existieron” se enmarca claramente en los parámetros del thriller, un relato de intriga contado a un ritmo trepidante y con un personaje central complejo, del que se describe su día a día, sus obsesiones, sus problemas laborales, familiares y sentimentales y sus altibajos emocionales. Se añaden elementos históricos que inciden en dos episodios de violencia confluyentes en un tipo de fanatismo político que justifica el asesinato del discrepante en aras de un bien superior. Daniel Ramírez García-Mina ha tardado, según confiesa, seis años en escribir este libro. En ese tiempo ha realizado también un intenso trabajo periodístico. El esfuerzo ha merecido la pena y el resultado de su debut en la narrativa es más que notable y satisfactorio.   

“Los días que no existieron”. Daniel Ramírez. Espasa. 2026. 520 páginas

 

domingo, 5 de abril de 2026

"LA DOBLE DESAPARICIÓN DE ABRIL DEL PINO", UNA DIVERTIDA FICCIÓN DE MISTERIO


Marina Sanmartín publica una novela negra sin crímenes ni sangre, y con muchos guiños literarios, que transcurre entre Madrid y Valencia

Marina Sanmartín Pla lleva toda su vida ligada al mundo de los libros, de los que es una apasionada. Nacida en Valencia en 1977, vive desde hace tiempo en Madrid, donde es socia administradora y gestora de la librería Cervantes y Compañía. Escritora, periodista y librera, es autora de cinco novelas, con la última de las cuales, “Las manos tan pequeñas”, ganó en 2022 el Premio a  la Mejor Novela en el festival Valencia Negra. Colaboradora habitual en prensa escrita y emisoras de radio, en 2023 publicó su primer ensayo: “Desde el ojo del huracán. Una historia íntima de las librerías”. A principios de 2026 ha publicado “La doble desaparición de Abril del Pino”, una divertida novela negra, sin crímenes ni sangre, y con numerosos guiños literarios a la novela de misterio y enigma más clásica y tradicional.

“La doble desaparición de Abril del Pino” transcurre entre Madrid y Valencia en muy pocos días, entre el 23 de diciembre de 2024 y el 6 de enero de 2025. En vísperas navideñas, su agente literaria denuncia que la famosa escritora de novela negra Abril del Pino ha desaparecido misteriosamente. Su última aparición pública fue en una cena a la que asistió como invitada de honor de una intrigante y semisecreta sociedad literaria, especializada en novela policiaca, que responde al enigmático nombre de Reme-Tep, tomado de la película “El secreto de la pirámide”, estrenada en los años ochenta. La velada se celebró en la librería “Las palabras mágicas”, situada en el centro de Madrid y regentada por Ágata Caballé y su extravagante y erudito socio, conocido como Bergman. La investigación del caso recae sobre el inspector José Manuel Castillo, un hombre común, felizmente casado, con dos hijos que se parecen al actor Charles Laughton y una madre bastante dominante. Castillo dirige enseguida sus pesquisas a la librería madrileña, donde descubre que su propietaria, Ágata, es la atractiva mujer con la que se cruza con frecuencia en El Retiro cuando sale a correr por las mañanas. También descubre, a través de una periodista jubilada que vive en Valencia, algunos hechos extraños que vivió la desaparecida Abril del Pino en aquella región cuando era niña. El inspector visitará algunos escenarios de la novela “Cañas y barro”, en busca de datos del pasado que le ayuden a resolver el caso y hacer encajar las piezas que componen el puzle de la misteriosa desaparición de la escritora.

“La doble desaparición de Abril del Pino” se inscribe dentro del llamado “cozy crime”, un subgénero de novela de misterio que combina intriga, humor y escenarios idílicos o espacios cerrados y evita la violencia explícita, centrando la historia en la resolución del enigma que constituye el nudo del relato. Cansados de la novela negra de origen nórdico, cargada de sangre, escenas truculentas, asesinos despiadados y exceso de muertes, algunos escritores actuales han buscado su modelo en los autores clásicos de la edad de oro de la literatura de misterio: Agatha Christie, Arthur Conan Doyle, Dorothy L. Sayers, Anthony Berkeley Cox...  Y esa línea es la que sigue en su novela Marina Sanmartín, que se declara lectora devota de Agatha Christie y cuyo nombre ha puesto a uno de los principales personajes femeninos del libro. Dado el amplio bagaje de lecturas de su autora, la novela está plagada de referencias cultas (tanto literarias como cinematográficas) y guiños al lector.

La novela está organizada en capítulos que corresponden a cada uno de los días en que transcurre el relato. Con unos personajes trabajados y bien construidos: el inspector Castillo, próximo a los cincuenta y siempre intentando corregir sus malos hábitos alimentarios; su locuaz y culto ayudante Alfredo Pontones y su congénita habilidad para irse por las ramas; la enigmática librera Ágata Caballé y su perspicaz socio Bergman; la periodista veterana Tina Cremades y sus martinis con aceitunas; los seis sospechosos miembros de Reme-Tep, cuya identidad secreta irá saliendo a la luz; el misterioso chico del camping; el viejo y cadavérico campista Fermín y su caravana llena de viejos cachivaches; la gata Tempestades… Y, por descontado, la escritora Abril del Pino, más nombrada y buscada que físicamente presente en el relato.

“La doble desaparición de Abril del Pino” es una novela negra inteligente, inocua y llena de humor, ligera y agradable, con un delicioso toque costumbrista. Un sutil juego intelectual, un homenaje a la buena literatura, una historia que entretiene y reconforta al lector, que sigue con atención creciente y una sonrisa en los labios la evolución y el desenlace de la intriga. Un oasis de paz en medio de la vorágine truculenta y sanguinaria que inunda buena parte de la novela policiaca actual. Su final, sorprendente e inesperado, deja abierta la puerta, como ha declarado su autora, a una continuación con presencia de algunos de sus personajes en una posible futura novela. En cualquier caso, Marina Sanmartín es una escritora cuyo recorrido literario es obligado seguir de cerca.

“La doble desaparición de Abril del Pino”. Marina Sanmartín. Salamandra. 2026. 288 páginas

domingo, 22 de marzo de 2026

"COLOQUIO DE INVIERNO", LA NUEVA NOVELA DE LUIS LANDERO

 

El escritor extremeño pone a contarse historias a siete personajes atrapados en un pequeño hotel de montaña durante la Filomena de 2021

Luis Landero (Alburquerque, 1948) es uno de los mejores y más reconocidos escritores españoles actuales. Trabajó en diferentes oficios desde los catorce años, fue guitarrista, estudió Filología Hispánica y dio clases en varios institutos madrileños. Desde su deslumbrante debut con “Juegos del amor tardío” en 1989, el escritor extremeño, afincado en Madrid, ha recorrido una larga y brillante trayectoria literaria que incluye una docena de novelas, algún ensayo y un par de relatos de memorias autobiográficas. Dos años después de “La última función”, Landero acaba de publicar, como siempre en Tusquets, “Coloquio de invierno”, una novela en la que vuelve a poner de manifiesto su maestría como narrador y contador de historias.

“Coloquio de invierno” transcurre durante cuatro días del mes de enero de 2021; desde la noche del día 8 hasta la mañana del 11, cuando siete viajeros se quedan aislados en un pequeño hotel de montaña por la borrasca Filomena que azotó España en esas fechas. Incomunicados y sin cobertura, tras la cena, los siete comensales, que ya se han presentado entre ellos, “sin saber qué hacer ni qué decir, se quedan como alelados, viendo nevar, sintiendo el lento, el anodino, el fastidioso y desesperante transcurrir del tiempo”. Entonces, evocando tiempos antiguos, cuando no había internet, ni radio, ni televisión, y la gente se arrimaba al fuego para conversar hasta la hora de dormir, deciden hacer lo mismo y contarse historias, cosas que les hayan pasado o hayan oído o que ellos mismos se inventen. “Lo mismo que hicieron aquellos jóvenes, también confinados, a los que Boccaccio hace hablar maravillas en el ‘Decamerón”’.

Al inicio del libro, se presenta a los personajes que se encuentran en el hostal y van a participar en el coloquio. De ellos, solo se nos dice su nombre y primer apellido y su profesión: un médico, un periodista, un comandante de Caballería, un empleado de ferrocarriles jubilado, un profesor de diversas materias, una profesora de Filosofía y una librera; estas dos últimas, compañeras de viaje. A estos, se suman Jimena y Eladio, la pareja que regenta el establecimiento. El libro se divide en capítulos cortos que dan título a las historias que se cuentan: “Historia de un instante”, “Licor de menta”, “Time’s Up”, “El hombre que perdió un mechero y encontró un perro” y “Verano del 69”. Cada una de estas historias se reparte en varios capítulos, pues los relatos se interrumpen y se retoman en momentos diferentes e incluso se intercalan unos con otros. Además, hay varios capítulos que, bajo el epígrafe de “Glosas”, incluyen diálogos  y reflexiones sobre temas diversos (el amor, los celos, la nostalgia…) que impregnan las historias contadas.

En los relatos encontramos historias diversas, unas vividas y otras escuchadas o conocidas por quienes las cuentan; unas más realistas y verosímiles y otras más fantasiosas o inventadas. En ellos aparecen personajes interesantes como Fausto Monroy y Claudio Bermúdez (don Claudio); el primero, impulsivo y atrevido; el segundo, racional e ilustrado; enfrentados por el amor de Valeria y víctimas de los rumores, conjeturas e infundios que sobre ellos fue extendiendo el mismo barrio madrileño de Arganzuela en que vivían. O el tío de Monroy, llamado Servando, “que merecería una novela para él solo”, un hombretón rural, pendenciero, fuerte y temido por todos, que robaba ganado como los cuatreros del oeste americano. O Ginés, el ferroviario jubilado que cuenta la extraña peripecia que vivió el día que iba a casarse con Lolita. O las confesiones íntimas, el sentimiento de culpa y el arrepentimiento y miedo presentes por sus juegos seductores con una de sus alumnas menor de edad que explica el profesor Martín. Y no digamos el inolvidable personaje Eloy, que, sin ser un vagabundo, quiso romper con todo e irse a vivir a un banco de un parque madrileño. Permanecen en la memoria del lector los personajes del relato “Verano del 69”: don Leandro, que había sido guitarrista flamenco con el nombre del Niño Leandro (obsérvese la relación fonética entre Leandro y Landero y recuérdese la condición de guitarrista del escritor en sus años mozos) y el grupo con el que actuó aquel verano y que componían el entonces famoso bailaor extremeño Roberto Iglesias, una aristócrata polaca conocida como la princesa Tatiana y los bailaores gitanos Joaquín Mérida y su novia Conchita. El relato, hermoso y trágico, no tiene desperdicio.

“Coloquio de invierno” es una reivindicación y una añoranza de las historias que se cuentan oralmente, de las conversaciones sosegadas, relajantes y sustanciosas, tan inusuales en los tiempos modernos, siempre impelidos por la prisa y lo inmediato. Solo el aislamiento por la tormenta y la falta de cobertura en sus móviles permite a los personajes disfrutar de esa oralidad tranquila, tan presente en la literatura desde “Las mil y una noches”, “El Decamerón” o en las posadas y las ventas del “Quijote”. Y lo hacen con la cadencia y el vocabulario tan rico, y a veces casi añejo, de la prosa que Landero pone en sus bocas. Quizás ya nadie habla como ellos, pero el escritor extremeño tiene como bandera su amor y cuidado por el lenguaje y la palabra. “Coloquio de invierno” es, tal vez, la novela más cervantina de nuestro escritor más cervantino. Un valor siempre seguro de nuestra literatura.   

“Coloquio de invierno”. Luis Landero. Tusquets. 2026. 312 páginas


domingo, 8 de marzo de 2026

"CINCO MESES DE INVIERNO", UNA NOVELA NEGRA DE CULTO

Un apasionante relato policiaco que nos lleva desde Hawái a Tokio durante los cinco años de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico

James Kestrel es un pseudónimo de Jonathan Moore (California, 1971). Antes de diplomarse en Derecho, Moore ejerció diversos trabajos: guía de barcas en el río Grande; investigador para un abogado de Washington; dueño del primer restaurante mexicano abierto en Taiwán, donde aprendió chino mandarín… Posteriormente se instaló como abogado en Hawái, donde reside actualmente con su esposa china, y comenzó su carrera como escritor. Con su nombre de pila escribió varias novelas, entre las que destaca “De entre los muertos”, publicada en España por RBA, aunque no obtuvo demasiada repercusión. Cuando mandó el manuscrito de “Cinco meses de invierno” firmado con su nombre real, varias editoriales lo rechazaron por creer que, dado su historial previo, el libro no iba a tener buenas ventas. Lo envió entonces con el pseudónimo de James Kestrel y fue publicado por la mítica Hard Case Crime, una editorial muy pequeña, pero asociada con Titan Books en Londres y depositaria de los aromas de la novela negra más clásica, con sus añejas portadas de coleccionistas. El libro tuvo mucho éxito, ha recibido varios galardones importantes y ha sido alabado por autores como Stephen King, Dennis Lehane o Lee Child. Traducido a varios idiomas, ha tenido una importante repercusión internacional y se ha convertido en una novela de culto. Ahora, Salamandra lo ha publicado en España en su colección Black con traducción de Jofre Homedes Beutnagel.

“Cinco meses de invierno” es una magnifica novela negra y policiaca que transcurre entre los meses de diciembre de 1941 y 1945. Ese lapso de tiempo de un lustro queda más evidente y precisado en su título original “Five Decembers”. A finales de 1941, el inspector Joe McGrady lleva una apacible y rutinaria vida laboral en la comisaria de Honolulú, en Hawái, hasta que recibe el encargo de investigar el cruel asesinato de un joven sobrino del almirante de la marina estadounidense destinado en la zona, hallado muerto junto a una chica japonesa en una granja próxima a la ciudad. McGrady, que tiene una relación sentimental con una joven universitaria, es un policía honesto y trabajador, que se toma en serio su oficio y va a iniciar una concienzuda investigación del caso. Las pesquisas en busca del posible asesino lo van a llevar hasta Hong Kong y Tokio, mientras los japoneses han bombardeado Pearl Harbor y van a conquistar Hong Kong. McGrady consigue sobrevivir a la guerra en la capital nipona y regresar a Honolulú, donde las cosas han cambiado sustancialmente en su ausencia. Pero su testarudo empeño lo llevará a continuar su investigación, pese a múltiples obstáculos que tendrá que superar.

“Cinco meses de invierno” sitúa los ingredientes clásicos de la novela policiaca en el contexto histórico muy documentado, aunque siempre de fondo, de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico. El relato es un viaje de ida y vuelta, una odisea con su complejo regreso a Ítaca, y también un viaje interior, con descenso a los infiernos incluido, en el que McGrady sufre una transformación personal con su dosis de sentimiento de culpa y posterior redención. McGrady es un héroe moderno, con las características de detectives clásicos de la novela norteamericana como Philip Marlowe, Sam Spade o Lew Archer: escepticismo, honestidad, tenacidad, ironía y un cierto halo de romanticismo y desamparo. Es obvia la conexión de la novela con las de los grandes maestros del género Dashiell Hammett, Raymond Chandler o James  Ellroy. También es una novela muy cinematográfica y el lector no puede evitar visualizarla en clave de las  películas clásicas del género negro. Según parece, el libro será llevado próximamente a la pantalla.

Aunque la novela está escrita en tercera persona, el narrador omnisciente está siempre pegado a McGrady y nos cuenta la historia únicamente desde su perspectiva, mostrándonos lo que hace, ve, oye y piensa. Pero además del joven inspector, hay otros personajes interesantes en el relato: su turbio jefe inmediato capitán Beamer, su poco ortodoxo compañero de investigación Fred Ball, su dulce novia Molly o los japoneses, padre e hija, Takahashi y Sachi, en cuya casa de Tokio vive un tiempo el joven inspector. El componente romántico de la novela es importante y las relaciones sentimentales de McGrady son determinantes en su comportamiento y en su devenir y transformación interior.

“Cinco meses de invierno” es una novela amena y bien construida, con una prosa sobria y sin florituras, que alterna la narración y el diálogo y que, aunque con algún ligero decaimiento narrativo en su tramo medio, mantiene la intriga y la tensión hasta el final. James Kestrel ha conseguido un equilibrio entre lo clásico y lo moderno, construyendo un sólido relato policiaco con ingredientes históricos, románticos y psicológicos. Una lectura absorbente y muy recomendable. Una novela brillante que se ha convertido ya en un título de culto entre los lectores más exigentes del género negro y policiaco.

“Cinco meses de invierno”. James Kestrel. Salamandra. 2025. 416 páginas

 

domingo, 22 de febrero de 2026

"EL MONTE DE LAS FURIAS", LA SIMBIOSIS DE UNA MUJER CON LA MONTAÑA

En  su última novela, la escritora uruguaya Fernanda Trías nos ofrece un hermoso texto que transita del realismo social al misticismo panteísta 

Fernanda Trías ((Montevideo, 1976) es una de las voces emergentes de la nueva literatura hispanoamericana. Forma parte de una pléyade de escritoras nacidas en los años 70  y principios de los 80, entre las que figuran las argentinas Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Selva Amada y Dolores Reyes; las mejicanas Fernanda Melchor, Valeria Luiselli y Guadalupe Nettel; la boliviana Liliana Colanzi; o la colombiana Pilar Quintana. Nacida en Uruguay, pero residente en Colombia desde hace una década, Fernanda Trías, profesora y traductora, ha publicado cinco novelas y un libro de relatos. Entre sus novelas destacan “La azotea” (2001), “Mugre rosa” (2020) y la reciente “El monte de las furias” (2025). Las tres han sido publicadas en España por Random House y las dos últimas han obtenido el prestigioso Premio Sor Juana Inés de la Cruz en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en México.

“El monte de las furias” es una novela con dos protagonistas: una mujer que vive y trabaja en lo alto de una montaña y la propia montaña. La mujer, cuyo nombre de pila nunca se cita, se encarga de cuidar los lindes de la zona más elevada de un monte, propiedad de una empresa que explota una cantera. Ella escribe en primera persona lo que le pasa, en un cuaderno que constituye la mayor parte del libro. Intercalados entre los cuatro cuadernos de su relato, encontramos textos más breves en los que, aunque en tercera persona, la protagonista exclusiva es la montaña, dotada de voz propia y consciencia. En sus textos, la mujer escribe sus actividades del presente y sus recuerdos desde la infancia. En ese pasado, se contraponen las figuras de la madre y la abuela. La primera llevaba una mala vida y no trataba bien a su hija; al contrario que su abuela, que la quería mucho y la animaba a estudiar. Lo mismo que la maestra Nidia, a quien recuerda con cariño. Su vocación de saber quedó truncada, pero el gusto por el lenguaje y las palabras hacen que, aunque no pudiera realizar más estudios, escriba sus cuadernos con la mayor precisión y esmero.  Ahora vive sola en una cabaña y su único contacto con el exterior son las visitas al celador, que trabaja en la cantera y vive un poco más abajo, y con quien mantiene una relación algo ambigua, y dos mujeres testigos de Jehová que suben a verla de vez en cuando para intentar llevarla a su religión. De repente, la tranquila vida de la narradora se ve alterada por la sorprendente aparición de sucesivos cadáveres en el terreno de vigilancia que tiene asignado.

La novela conjuga un plano narrativo más realista, de descripciones sociales y económicas de precariedad y explotación en un pequeño marco rural y geográfico, con un plano de fondo más trascendente y simbólico, en el que subyace, de manera más o menos explícita, una relación simbiótica, de carácter panteísta o místico, entre la mujer protagonista y la propia montaña. En el plano más realista se trasluce una cierta denuncia política, social y ecológica que, afortunadamente para el resultado final del texto, nunca deriva hacia el alegato panfletario o activista. En el plano simbólico, y más fructífero desde el punto de vista literario, vemos en la narradora un cierto tránsito entre la cordura y el delirio, entre la realidad y la locura. La sucesiva aparición de los cadáveres lleva el relato a este terreno lindante con la alucinación, pero en ningún caso a un relato negro o de investigación policiaca. Y este carácter de historia oscura y ambigua, de esa fusión íntima envuelta en bosque, niebla y muerte, convierten a la novela en una singular y potente experiencia estética y literaria.

Otro aspecto destacado del libro es su lenguaje lírico y poético, que concede un gran valor a las palabras a la hora de describir paisajes y emociones. La narradora, como le pedía su maestra Nidia, cuida con devoción y celo las palabras. Y eso a pesar de reconocer la inefabilidad o insuficiencia del lenguaje: “Porque en mi mente no hay dos árboles iguales, no hay dos plantas del mismo verde. Y puedo decir: acacia, aliso, romero, pero esos nombres no van a reflejar ni el color ni la textura de las hojas, no van a reflejar los agujeros que dejan las mandíbulas de las hormigas ni la rugosidad exacta de los troncos”. En cuanto a los paisajes, la propia autora nos dice que escribió “El monte de las furias” en Bogotá, entre 2020 y 2023, contemplando desde su ventana los Cerros Orientales, y dedica también en parte su libro a los bosques de niebla (solo el 2,5% de los bosques tropicales del mundo tienen niebla perenne) que son el marco natural donde se desarrolla la novela.

Como ella misma ha explicado, su narrativa “es heredera de la literatura que trabaja con la extrañeza y lo insólito” y engarza con cosmovisiones indígenas latinoamericanas donde la naturaleza es concebida como una entidad viva. Fernanda Trías dedica tiempo y mimo a la confección de sus novelas. El resultado es más que convincente y “El monte de las furias” constituye un nuevo eslabón en su notable progresión literaria y una de las mejores novelas publicadas en nuestra lengua durante el pasado año.

“El monte de las furias”. Fernanda Trías. Random House. 2025. 248 páginas

domingo, 8 de febrero de 2026

"AFANES SIN PROVECHO", LOS RELATOS DE LORENZO SILVA


En su nuevo libro, el escritor madrileño reúne veinticinco relatos de diversa temática escritos a lo largo de los últimos cuarenta años 

En un giro inesperado en su larga y ecléctica carrera literaria, Lorenzo Silva (Madrid, 1966) acaba de publicar “Afanes sin provecho”, un libro en el que reúne veinticinco relatos escritos a lo largo de cuarenta años, entre 1984 y 2024. En ese largo periodo, el prolífico escritor madrileño se ha convertido en una de las figuras más conocidas y respetadas de nuestras letras. Con  más de cincuenta obras publicadas, es autor de libros para jóvenes, libros de viajes, ensayos, artículos periodísticos y novelas de temática variada, entre las que destacan las protagonizadas por los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro.

En “Afanes sin provecho”, encontramos relatos muy heterogéneos, de variada temática, tonos diversos y diferente extensión. Los hay que habían visto la luz en algunas publicaciones y otros que son absolutamente inéditos. No están ordenados cronológicamente; los más recientes son los primeros y los tres últimos son los más antiguos. En concreto, el último y más extenso, “Boceto de muchacha al atardecer”, escrito en 1984, cuando el autor tenía 18 años, es la pieza narrativa más temprana que ha publicado. El libro se completa con un apéndice que contiene tres textos de propina, escritos en 2018 para una web, ya desaparecida, que contenía relatos escritos en forma de chat. El título, “Afanes sin provecho”, está tomado de uno de los relatos y hace referencia a la escritura como una actividad que no busca un rédito inmediato.

Uno de los mejores cuentos es “El verdadero crimen perfecto”, que abre el libro. Es la crónica de una venganza y el narrador usa la segunda persona para dirigirse a quien indefectiblemente va a ser asesinado. La historia está ambientada en el Rif, en la guerra de Marruecos, en los años veinte del pasado siglo, cuando el ejército español sufrió severas derrotas a manos de los rifeños. “Carabanchel blues” tiene como protagonista a una joven policía que ha de investigar la muerte de un chico que todo parece indicar ha sido víctima de una pelea entre bandas latinas. Hay un par de relatos en los que aparece el ciberacoso y los engaños sexuales a jóvenes y las técnicas de la guardia civil para identificar y detener a los acosadores. Encontramos varios cuentos de corte histórico: uno sobre los sucesivos intentos fallidos de la armada española, entre los siglos XVI y XVIII, de invadir Inglaterra; otro que narra la  huida de Toledo, una fría noche de febrero de 1522, de María Pacheco, mujer del comunero castellano Juan de Padilla; otro sobre los días finales del Papa Luna Benedicto XIII en Peñíscola… De este tipo, el más interesante es “Una compañía de hombres libres”, donde se cuenta que en la Castilla del siglo XVI, en pleno gobierno del emperador Carlos V, con personajes como Adriano de Utrecht, Bernaldino de los Ríos, el monje Alonso de Castrillo o el almirante don Fabrique de Castilla florecieron ideas adelantadas a su tiempo sobre la primacía de la soberanía popular sobre el poder real. De un hecho histórico más reciente trata “El día en que morí”, con el fondo del atentado del 11-M.

Encontramos otros relatos sobre temas más actuales. “Nacida en la noche” cuenta, a través de un militar español destinado en Afganistán, una ilustrativa historia de zapatos y represión contra la mujer en el aquel país musulmán.  En “Por un puñado de euros”, conocemos las vicisitudes de una joven periodista becaria en busca de una historia para su diario. En “Edith, luchadora”, seguimos a una mujer de Sierra Leona que, tras atravesar África y cruzar el Estrecho en patera, acaba ejerciendo la prostitución en Madrid. “La fresa jugosa” narra la relación entre un maduro empresario onubense de la fresa y una joven recogedora ucraniana. La polarización actual subyace en “Equidistando en Navidad”, donde el narrador tiene que lidiar las conversaciones políticas de Nochebuena con su yerno y su futura nuera. De tipo más autobiográfico serían  los relatos donde el autor recuerda aquellas Navidades en blanco y negro viajando a casa de la abuela en un Cuatro Latas o un R-6, su año de servicio militar en 1984, su relación sentimental en Barcelona con su futura mujer o el emotivo recuerdo de su madre al año de su muerte. “La luz de Madrid” es un canto a su ciudad natal y a su tolerancia frente al exclusivismo de otros lugares. Cierra el libro “Boceto de muchacha al atardecer”, un recorrido por todo el siglo XX español a través de una mujer que recuerda su atribulada vida.

Como muy bien indica el crítico Manuel Terol, en “Afanes sin provecho” Lorenzo Silva ha agrupado unos textos que habían permanecido guardados y “que revelan una trayectoria marcada por la mirada ética, la atención a lo que nadie observa y la voluntad de entender la condición humana sin atajos”. En esta recopilación encontramos unas historias bien contadas, con una prosa clara y concisa, un vocabulario rico entre lo coloquial y lo culto, una sintaxis impecable, unos diálogos verosímiles y unas descripciones breves y precisas. Y un uso de diversas voces narrativas, con aparición de las tres personas gramaticales en la función de narrador Aunque la literatura de relatos se considere con frecuencia un género menor y venda menos que la novela, no hay duda de que Silva ha puesto el mayor de los afanes a la hora de escribir los que componen esta colección, que en absoluto desmerece de sus narraciones más largas y conocidas. 

“Afanes sin provecho”. Lorenzo Silva. Destino. 2025. 304 páginas.