domingo, 1 de noviembre de 2026

"OCUPACIÓN": UNA MEMORIA FAMILIAR DE UCRANIA

La escritora ucraniana Margaryta Yakovenko, residente en España, recorre más de cien años de historia de Ucrania a través de cuatro generaciones de su familia 

Margaryta Yakovenko nació en 1992 en la ciudad ucraniana de Tokmak, pero desde los siete años vive en España. En 1999, sus padres emigraron a nuestro país y la familia se instaló en la localidad murciana de Los Alcázares. Margaryta estudió periodismo en la Universidad de Murcia y realizó un máster de Periodismo Político Internacional en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Ha trabajado en diversos medios escritos y audiovisuales y en 2020 publicó su primera novela, “Desencajada”, editada por Caballo de Troya y protagonizada por Daria Kovalenko Petrova, una joven nacida en Ucrania en 1992 y trasladada a España durante su infancia. En ella se narra una ruptura amorosa y la reconstrucción de un relato familiar marcado por la emigración y las dificultades económicas, el desarraigo, la soledad y la búsqueda de identidad. Siguiendo en esa línea de autoficción y rastreo de sus orígenes familiares en Ucrania, Margaryta Yakovenko ha publicado recientemente su segunda novela, “Ocupación”, editada por Seix Barral.

En marzo de 2022, tras ocho días de asedio, la ciudad ucraniana de Tokmak, en la región de  Zaporiyia, fue tomada por los rusos. Allí había nacido treinta años antes Margaryta Yakovenko, que siete años después emigró a España con sus padres. En Tokmak, quedó el abuelo Víctor, quien al mes de la entrada del ejército invasor murió en la casa familiar, ocupada a los pocos días de su muerte, y hasta hoy, por una familia rusa, compuesta por un médico militar, su esposa y su hijo de diez años. Víctor Yakovenko, de 82 años, no tuvo una muerte heroica, no murió en el frente ni por un proyectil enemigo. Viudo desde el año anterior, aunque cuidado en sus últimos días por su consuegra Liudmila, que había huido de la también asediada Mariúpol, murió en una ciudad fría, en un piso oscuro, sin calefacción ni medicinas, con sus piernas varicosas que ya no lo llevaban, “en la cama, debajo de varias mantas pesadas”. Una víctima anónima de una guerra que él, “que había amado hasta el tuétano a la Unión Soviética”, nunca pudo comprender. Esa muerte en la distancia es el detonante de la novela, en la que la autora intenta reconstruir las vidas de cuatro generaciones de su familia: la suya, la de sus padres y, especialmente, las de sus abuelos Víctor y Raísa y sus bisabuelos Konstantín y María. Para ello combina con destreza biografía, material familiar e Historia, y recurre a la ficción verosímil para llenar los huecos a los que no llegan la memoria y la documentación.

La novela se divide en tres partes. En la primera, la más intensa y dramática, se recrean la invasión de Tokmak por los rusos y la muerte del abuelo Víctor, “que nació en una guerra y murió en otra guerra”. En la segunda, la más larga, la autora se remonta en su árbol genealógico y llega hasta sus tatarabuelos, de los que solo alcanza a conocer dos nombres, y se centra en los bisabuelos y abuelos. “Mi bisabuelo nace en el Imperio ruso y muere en la República Socialista de Ucrania. Mi abuelo nace en la Republica Socialista de Ucrania y muere en la Ucrania ocupada por Rusia”.  Arranca en 1914, con la boda de sus bisabuelos Konstantín y María. Enseguida comienza la Primera Guerra Mundial y él será movilizado y hecho prisionero, pero con astucia y sagacidad consigue escapar y volver a Ucrania. Ya dentro de la Unión Soviética dirigirá un “koljós” o granja colectiva. Su hijo, Víctor, también trabajará allí y en la industria de Tokmak. Ambos abrazaron las ideas soviéticas, al principio con cierto fervor y luego por necesidad. También se hace referencia a un tema tabú en la familia, y del que Margaryta Yakovenko se entera poco antes de empezar a escribir su libro: su abuela Raísa, mujer de Víctor, era descendiente de “kulaks” rusos, campesinos acomodados desposeídos de sus propiedades por Stalin y reubicados de manera forzosa en Ucrania como colonos. Por eso Raísa “hablaba un ruso cristalino” y Víctor no entendía la invasión rusa de Ucrania: “¿Por qué nos atacan si somos hermanos?”. Margaryta no se avergüenza de ello, porque “los matrimonios mixtos en el sureste ucraniano han sido siempre habituales; demasiado cercanos unos de otros para no acabar mezclados, y más en tiempos en los que todo era un país”. En la tercera parte, la narradora vuelve al presente y al dolor de los recuerdos: “En Tokmak no hay nada; en Tokmak está todo lo que significa algo para mí”.

“Ocupación” recorre más de un siglo de historia de Ucrania a través de cuatro generaciones de la familia Yakovenko. Un periodo de cambios políticos, finales de imperios, revoluciones, dos guerras mundiales, auge y caída del comunismo soviético, modificación de fronteras y relaciones fluctuantes con tensiones permanentes, que llegan hasta hoy, entre Ucrania y Rusia. Y esa Historia con mayúscula se encarna aquí en el relato emocionante y conmovedor, literariamente sólido y bien construido, de una familia concreta que ha sufrido, y aún sufre, los vaivenes sociales y geopolíticos que alteran y destruyen las vidas de personas comunes y las convierten en víctimas anónimas de intereses y estrategias que les son ajenas. Margaryta Yakovenko ha conseguido fundir lo general y lo concreto en una novela concisa, a la que no le sobra ni le falta nada, porque condensa en menos de doscientas páginas la esencia de unos conflictos que desgraciadamente siguen asolando nuestro continente.

“Ocupación”. Margaryta Yakovenko. Seix barral. 2026. 184 páginas


domingo, 18 de octubre de 2026

" EL EJÉRCITO CIEGO" O LA ÉPICA DE LOS VENCIDOS

La novela del mexicano David Toscana, ganadora del Premio Alfaguara 2026, es un relato lleno de imaginación que parte de un hecho real ocurrido en el siglo XI en el imperio bizantino

“El ejército ciego” ha sido la novela ganadora del Premio Alfaguara 2026. Su autor es el escritor mexicano David Toscana (Monterrey, 1961). Estudió ingeniería industrial en Monterrey y ha participado en programas de escritores en Estados Unidos y Alemania. Desde 2016 reside en España. Es autor de dos libros de relatos y una docena de novelas, entre las que destacan “Santa María del Circo”, “El último lector”, “El ejército iluminado”, “Evangelia” o “Olegaroy”. Destaca por su fértil imaginación y entre sus influencias más reconocidas están Cervantes y Calderón de la Barca y los escritores hispanoamericanos Juan Carlos Onetti, Jorge Luis Borges y José Donoso, así como toda la rica tradición fantástica latinoamericana. Sus temas más frecuentes son el fracaso, la muerte y el duelo y la reescritura de asuntos históricos o sagrados, siempre con un enfoque irónico y un humor ácido y corrosivo. Más conocido en su México natal, la reciente obtención del Premio Alfaguara con su última novela, “El ejército ciego”, está contribuyendo a su mayor difusión en nuestro país.

El acta del jurado que concedió el Premio Alfaguara  a “El ejército ciego” resume con precisión las principales características del libro: “A partir de un hecho histórico del siglo XI en el que Basilio II, emperador de Bizancio, ordena cegar a quince mil soldados búlgaros, el autor crea una fábula oscura y poderosa, alejándose del relato histórico convencional para ofrecer una lectura simbólica, casi mítica, sobre la guerra, el poder y la resistencia. Narrada en primera persona por Kozaro el Escriba, la novela adquiere un tono oral y poético que mezcla testimonio, leyenda y humor negro. Una gran épica de los vencidos”.  “El ejército ciego” toma como punto de partida un hecho histórico de gran crueldad. En una crónica medieval bizantina se cuenta que tras derrotar a los búlgaros en la batalla de Klyuch, en junio de 1014, el emperador bizantino ordenó arrancar los ojos de los quince mil soldados prisioneros del ejército enemigo, dejando tuerto a uno de cada cien hombres, para que fueran los tuertos quienes guiaran a los ciegos en la vuelta a su país. Cuando llegaron a la capital búlgara, el zar Samuel no pudo soportar el espectáculo y murió fulminado por la pena y el dolor. Esto es todo lo que cuenta la historia. A partir de ello, David Toscana crea, con una desbordante imaginación, una historia fantástica, llena de situaciones inverosímiles y personajes portentosos que, tras dispersarse por su país, serán convocados de nuevo para intentar vengar su derrota.

“El ejército ciego” está narrado en primera persona por Kozaro el Escriba, aunque a la suya se van añadiendo otras voces. El relato se divide en más de treinta capítulos breves, encabezados por los números del alfabeto cirílico, inventado por los santos Cirilo y Metodio, misioneros del Imperio bizantino en el siglo IX. Cada capítulo se refiere a un personaje distinto, aunque vayan reapareciendo de manera aleatoria a lo largo del libro. Se cuenta cómo vuelve cada ciego a su casa, cómo es recibido por su mujer o su familia, a qué oficio se dedica, de qué manera acepta su condición… Eso crea un efecto mosaico, con una sucesión deliberadamente dispersa y fragmentaria de una multitud de ciegos moviéndose por un amplio territorio. El relato está narrado como si fuera una crónica medieval, aunque se trate en realidad de una fábula que parece combinar lo sagrado, lo apócrifo y lo épico. Con una prosa de cantar de gesta medieval y juglaresco, de plaza de pueblo y transmisión oral. Trufado de referencias bíblicas y de la mitología griega (Edipo, Cupido, Circe, los cíclopes…). Una novela coral, con muchos personajes, cada uno acompañado, a la manera homérica, de su correspondiente epíteto definitorio: Kozaro el Escriba, Kubrat el Centinela, Igorón el Enorme, Bromo el Tarado, Tódor el Tuerto, Bronimir el Mostruo, Zósimo el Meteojos, Seráfim el Ciego, Timotéi el Titiritero, Prémeld el de las Muñecas, Nikifor el Panadero… El lector se va familiarizando con ellos y algunos le acaban resultando entrañables.

Uno de los rasgos principales de esta novela, y de la obra de Toscana, es el uso del humor y la ironía. Puede hablarse de un estilo y, sobre todo, de un humor toscanesco. En este libro, por su propio tema, predomina el humor negro, que el escritor monterregiano domina con maestría. El humor sirve aquí, como señala el acta del jurado, “para atenuar lo trágico de la historia”. Toscana consigue de manera prodigiosa el milagro de que el horror, la fealdad, la crueldad y la tragedia del fondo del relato se conviertan en una lectura divertida y amena, aunque no por ello menos inquietante y perturbadora. Encontramos aquí un logrado equilibrio entre lo grotesco y lo bello, la derrota y la resistencia, lo trágico y lo épico, la crueldad y la clemencia. La portentosa imaginación y el fecundo ingenio de Daniel Toscana hacen de “El ejército ciego” una extraordinaria novela y uno de los mejores premios Alfaguara entregados hasta la fecha. 

“El ejército ciego”. David Toscana. Editorial Alfaguara. 2026. 240 páginas

domingo, 4 de octubre de 2026

"LA VIDA EN EL CAMPO": EL VERISMO DE GIOVANNI VERGA

Editorial Periférica reedita el primer libro de relatos de uno de los grandes escritores de la literatura italiana, ambientados en la Sicilia mísera del siglo XIX

Giovanni Verga (Catania, 1840 – 1922) es uno de los grandes escritores de la literatura italiana. Perteneciente a una familia de nobles terratenientes sicilianos, su narrativa se incluye en una corriente del realismo que se caracteriza por su verosimilitud y crudeza y fue conocida en su momento como verismo. El verismo tiene muchas coincidencias con el naturalismo creado por Emile Zola, de quien Verga fue coetáneo, aunque no adopta el determinismo social ni genético y acentúa los aspectos más fatalistas. Verga no juzga a sus personajes, describe la pobreza y la lucha por la supervivencia de los pescadores, los campesinos, los pastores o los mineros sicilianos, los hace hablar en su dialecto, los presenta como víctimas de sus pasiones más primarias y los muestra como aferrados a su terruño, como “ostras pegados a las rocas”. Su mejor y más conocida novela es “Los Malavoglia”, que fue publicada en 1881 y cuenta la historia de una familia de pescadores sicilianos. En sus primeras ediciones en español fue traducida, no muy acertadamente, como “Los Malasangre” (la recuerdo como una de mis lecturas de juventud que más me impactaron), aunque las ediciones más recientes han mantenido su título original  italiano. La novela inspiró la película “La tierra tiembla”, dirigida por Luchino Visconti en 1948. El libro de relatos “La vida en el campo” (1880) supone el descubrimiento narrativo de Sicilia y el primer libro verista de Giovanni Verga. Editorial Periférica la editó en castellano en 2008 y, tras su éxito, este año la ha reeditado con nueva portada y con la misma excelente traducción de Hugo Bachelli.

Esta edición de “La vida en el campo” se compone de los ocho cuentos o relatos breves de su edición original de 1880. Todos transcurren en la isla de Sicilia, en la segunda mitad del siglo XIX. Con este libro, Giovanni Verga inicia su andadura por el llamado verismo y describe la lucha por la vida de las gentes pobres de la Sicilia rural, marcada por el hambre, el clasismo, la injusticia, las pasiones posesivas, los celos y unos códigos de honor atávicos de consecuencias trágicas y de los que no se puede escapar. Como las vidas de sus personajes, los finales de los relatos de Verga no suelen ser felices. Los presagios fatalistas van impregnando progresivamente las narraciones desde sus inicios. Son historias de vencidos, que ya están condenados desde antes de nacer, pero que luchan contra las adversidades de sus trabajos en el campo, en el mar o en la mina, aferrados a su isla y a su destino hostil.

El libro se abre con “Fantasía” (Fantasticheria), una carta del narrador a una amiga que al ver desde la ventanilla del tren un pintoresco pueblo de pescadores siciliano decide que le gustaría pasar un mes allí. Cuando un tiempo después ambos visitan el pueblo, la dama vio la verdadera realidad del lugar y se marchó al día siguiente. Le sigue “Jeli, el potrero” (Jeli il pastore), la vida de un chico sin padres que solo sabe de caballos y se alquila como pastor a los propietarios de la zona. Está enamorado de Mara, una muchacha que le corresponde, pero que acaba casándose con un campesino con tierras porque Jeli no tiene nada. El protagonista de “Malospelos” (Rosso Malpelo) es un joven pelirrojo (en Sicilia un signo de maldad), al que todos insultan y pegan. Tras la muerte de su padre, sepultado en una mina, él sigue trabajando en ella y se vuelve cada vez más cruel, vengativo y temerario. “Nobleza rústica” (Cavalleria rusticana) es otra historia de amor y celos, resueltos mediante el ancestral código del duelo entre pretendientes. En este relato (sobre todo en la adaptación teatral del propio Verga) se basó la famosa opera que Pietro Mascagni estrenó en 1890 y que en España es conocida como “Caballería rusticana”, con una traducción errónea, pues el término italiano “cavalleria” significa “código entre caballeros”. “La loba” (La lupa) es un impactante relato sobre una apasionada mujer madura que se enamora de un mozo al que obliga a casarse con su hija para poder tenerlo cerca. “La amante de Malahierba” (L'amante di Gramigna) cuenta la historia de una mujer que se enamora de un bandolero al que se une y sigue en sus andanzas y desventuras. “Guerra de santos”  (Guerra di santi) es una sátira brutal sobre dos pueblos vecinos cuyos habitantes se pelean fieramente por ver cuál de sus respectivos santos patronales (San Roque y San Pascual) tiene más poder y hace más milagros. Cierra el libro “Calzonazos” (“Pentolaccia”), que es el mote de un pobre hombre al que su mujer engaña con un joven del pueblo.

Como ha escrito Andrés Trapiello, “la brevedad de estos relatos y el aire poético con que viste la mayor parte de ellos permiten a Verga no cargar las tintas”. “Son de una sobriedad modernísima, borgiana (Borges, que prologó y tradujo algunos de sus relatos, fascinado por el oído del siciliano para reproducir el habla de la gente, lo admiraba de veras; no en vano le debe también su dominio en sugerir más que mostrar, abriendo los finales a la interpretación del lector)”. Giovanni Verga es un clásico atemporal de la literatura italiana y hay que agradecer a editorial Periférica la reedición de este magnífico libro de relatos.

“La vida en el campo”. Giovanni Verga. Editorial Periférica. 2026. 152 páginas  

     

domingo, 20 de septiembre de 2026

"LA LUNA DE GABRIEL": EL ESCRITOR QUE SE FUE CONVIRTIENDO EN ESPÍA

En su nueva novela, el británico William Boyd construye una sólida historia de espías, amor y traumas de infancia ambientada en la Guerra Fría

William Boyd nació en Acra, la capital de Ghana, en 1952. Sus padres eran escoceses que se trasladaron al país africano en 1950. Su padre, doctor especializado en medicina tropical, fue nombrado director de la clínica de salud de la Universidad de Ghana y su madre trabajó como profesora. A comienzos de los 60, la familia se trasladó a Nigeria, donde fueron testigos de la guerra de Biafra. Boyd estudió en su infancia en Ghana y Nigeria y cuando tenía nueve años fue enviado a un colegio de Escocia. Luego cursó estudios en las universidades de Niza y Glasgow y obtuvo el doctorado en Literatura Inglesa en Oxford. Mientras ejercía la docencia publicó su primera novela, “Un buen hombre en África”, y desde entonces se dedicó plenamente a la creación literaria. Es autor de casi una veintena de novelas, varias colecciones de relatos cortos, un par de libros de no ficción, una obra de teatro y guiones televisivos y cinematográficos. Varias de sus obras se han adaptado a la televisión. Ha sido galardonado con numerosos premios y es miembro de la Real Sociedad de Literatura británica y oficial de la Orden de las Artes y las Letras francesas. Está casado con una conocida editora y guionista y vive entre su casa de Chelsea, en Londres, y su granja viñedo del suroeste de Francia. Tras sus últimas novelas “Trío” (2020) y “El romántico” (2022), Alfaguara ha publicado recientemente en España “La luna de Gabriel”, con traducción de Laura Martín de Dios.

“La luna de Gabriel” es, sobre todo, una novela de espías. Admirador declarado de Ian Fleming, a cuyo personaje cinematográfico (el agente secreto 007) hizo protagonista de su novela “Solo” (2013), William Boyd ha abordado la temática de espías en algunas de sus mejores obras, como “Sin respiro” (2006) y “Esperando el alba” (2013). En este aspecto, se inscribe en una larga tradición de brillantes escritores británicos (Graham Greene, Somerset Maugham, Kingsley Amis, Muriel Spark…) que han realizado inmersiones en la novela de espionaje. Otro de sus motivos literarios más o menos recurrentes es colocar a seres comunes y corrientes en situaciones extraordinarias y complicadas, en ocasiones enviándolos al extranjero, fuera de su ámbito británico habitual. Todos estos elementos, y algunos más, se conjugan magistralmente en “La luna de Gabriel”, una novela ambientada a principio de la década de los 60, en plena Guerra Fría entre el bloque occidental capitalista, liderado por Estados Unidos, y el bloque oriental comunista, liderado por la Unión Soviética.

En este caso, el protagonista es Gabriel Dax, un joven escritor londinense de literatura de viajes que, en 1960, se encuentra en la recién creada República Democrática del Congo buscando documentación para uno de sus libros. Allí se le presenta la oportunidad de entrevistar a Patrice Lumumba, el nuevo presidente del país, que le confiesa que teme por su vida. Unos meses después, Lumumba es derrocado y fusilado por sus adversarios y las cintas guardadas de aquella entrevista se convierten en un objeto muy codiciado. A la vuelta de ese viaje, Gabriel conoce a Faith Green, una mujer fría y calculadora, que trabaja para el M16, el servicio secreto británico. Ella no le pregunta por las cintas, pero le irá pidiendo pequeños encargos en diversos lugares del mundo (España, Polonia…), que Gabriel va aceptando por su aparente poco peligro, su pasión por viajar y la buena remuneración económica que suponen. Y por la creciente atracción y dominio que ejerce sobre él esa misteriosa y fascinante mujer. Poco a poco, el joven escritor se irá viendo atrapado en el laberíntico mundo del espionaje internacional del que le va a resultar difícil salir.

Gabriel Dax es un personaje complejo y literariamente bien logrado. Además de su progresiva abducción por Faith y su telaraña de espionaje, la novela cuenta otros aspectos de su vida: su relación inestable y sexualmente gratificante con la joven Lorraine, su infructuosa lucha contra un ratón invasor de su cocina y, sobre todo, un trauma de la infancia que ha condicionado su vida. Cuando Gabriel era niño, sobrevivió milagrosamente al incendio de su casa en el que murió su madre. Ese hecho le provoca pesadillas, un insomnio crónico y un sentimiento de culpa por creer que el fuego fue provocado por una lamparilla en forma de luna que tenía en la mesilla de su habitación. Para intentar superar ese trauma, Gabriel asiste a sesiones terapéuticas con la doctora Katerina Haas, supuesta discípula de Freud, y comienza a revisar las investigaciones sobre el incendio en el que perdió a su madre.

William Boyd tiene una magistral habilidad para convertir historias complejas en lecturas que, sin perder un ápice de calidad literaria, siempre resultan interesantes y amenas para el lector. “La luna de Gabriel” es la primera entrega de una trilogía. Su continuación, “The Predicament”, ya ha sido publicada en Reino Unido. Esperemos que no tarde mucho en ser editada en nuestro país. 

“La luna de Gabriel”. William Boyd. Alfaguara. 2026. 336 páginas.

domingo, 6 de septiembre de 2026

DESCENSO A LOS INFIERNOS DE LOS BAJOS FONDOS MEXICANOS


En su nueva novela, “Amor sicario”, Yasmina Khadra narra una historia de amor y violencia en el mundo del narcotráfico y la prostitución de Ciudad Juárez

Yasmina Khadra es en realidad Mohammed Moulessehoul (Kenadsa, Argelia, 1955), un ex comandante del ejército argelino que publicó sus primeros libros con su nombre de pila, pero que, en sus años como militar, decidió utilizar un pseudónimo femenino para evitar la censura previa del ejército de su país. Eligió el nombre de su mujer, que significa “jazmín verde”, como homenaje a las mujeres argelinas que “mantienen una llama de esperanza en un país desesperado”. En el año 2000, abandonó el ejército y reveló su verdadera identidad como escritor. Se trasladó a Francia, escribe sus libros en francés y es uno de los escritores francófonos más vendidos en el mundo. Ha publicado más de treinta novelas (algunas de gran éxito como “Las golondrinas de Kabul”, “El atentado” o “Lo que el día debe a la noche”) que han sido traducidas a más de cincuenta idiomas y llevadas al cine, el teatro o el cómic. Ha tratado temas como la violencia y el integrismo islámico, los problemas de Argelia y Oriente Medio, la situación de la mujer en el mundo árabe o asuntos universales como el destino, la culpa, el amor y la complejidad de la condición humana. Actualmente vive entre París, Argelia y Alicante, donde pasa largas temporadas. Ha recibido numerosos galardones y, en nuestro país, el pasado año le fue concedido el Premio Pepe Carvalho de novela negra. También vivió un tiempo en México, donde ha ambientado su última novela, “Amor sicario”, editada recientemente en España por Alianza Editorial, con traducción de Wenceslao Carlos Lozano.

“Amor sicario” es una cruda novela negra sobre amor y violencia. El título de la edición española aúna esa doble temática, aunque el de su versión original francesa sea “Pour l’amour d’Elena”. El relato está ambientado en México y, casi en su totalidad, en la fronteriza Ciudad Juárez, una de las urbes más violentas del mundo. Está narrado en primera persona por Diego, un muchacho que vive en Recinto de Trinidad, un pequeño pueblo del México rural y profundo, un lugar pobre, de viejos y supersticiones, donde el tiempo parece detenido y los jóvenes, atraídos por el dinero fácil y la proximidad de Estados Unidos, emigran al norte para no volver. Diego, un chico inteligente y sensible al que le gusta leer, es huérfano, al cuidado de un tío y un primo que viven con las estrecheces propias del lugar, pero feliz por el amor correspondido que siente por Elena, su novia desde la infancia. Un día, Elena es violentada a las afueras del pueblo en su presencia y Diego queda paralizado sin saber reaccionar. Al cabo de un tiempo, Elena desaparece misteriosamente y en el pueblo se dice que ha sido raptada por Osorio, otro joven del lugar que emigró a Ciudad Juárez y vuelve de vez en cuando alardeando de triunfador. Para aclarar la situación y aliviar la angustia de las madres de Elena y Osorio, Diego y su primo mayor y protector, al que siempre se le llama Ramírez, parten hacia Ciudad Juárez. Tras las peripecias del viaje, ambos serán engullidos por los bajos fondos de la gran urbe y atrapados por las violentas redes del narcotráfico en las que medran, pero de las que ya no podrán escapar. Sin embargo, Diego nunca deja de pensar en Elena ni de buscarla desesperadamente.

Como se explica en su guía de lectura, la novela es un verdadero descenso a los infiernos de los bajos fondos de Ciudad Juárez: “‘Amor sicario’ puede leerse como la crónica de un descenso: de la promesa juvenil a la cloaca del narco, del chico que soñaba con ser periodista al hombre que mata a un adolescente en un callejón. La novela acompaña a Diego en cada peldaño: su primer viaje en camiones destartalados, la primera noche en un hotel de paso, el primer cadáver torturado ante sus ojos, el primer disparo, la primera bala que recibe él mismo. No hay épica ni redención fácil: lo que se ofrece al lector es un tour íntimo por la maquinaria del horror, visto desde el punto de vista de alguien que nunca quiso ser héroe ni villano. Esa mirada —culpable, asqueada, a veces fascinada— convierte ‘Amor sicario’ en algo más que una historia de narcos: en una reflexión sobre qué nos hace cruzar ciertas líneas… y si es posible volver después de haberlas cruzado."

En esa progresiva degradación que sufre Diego, solo permanece puro el amor que siente por Elena, aunque contaminado en buena parte por el sentimiento de culpa de su masculinidad herida y el deseo de reparar su pasada cobardía. En una narración trepidante, el lector pasa del pueblecito rural a la gran urbe, descrita con su ritmo despiadado, con los nombres de sus antros, prostíbulos, calles y barrios. Y con un desfile de personajes casi todos ellos violentos y sin más afán que el poder y el dinero: “el Osorio fanfarrón, que vive de apariencias y destruye vidas; Cisco, que convierte el honor en coartada para el asesinato; Ramírez, que abraza el cinismo y la ambición; los chavales de las bandas, que solo conocen la hombría a través de las armas” y cuyas vidas no valen nada; o Maribel, destruida por la prostitución y la droga. “Amor sicario” es una novela realista, dura y descarnada, que demuestra una vez más por qué Yasmina Khadra es uno de los grandes novelistas de nuestro tiempo. 

“Amor sicario”. Yasmina Khadra. Alianza Editorial. 2026. 264 páginas

domingo, 23 de agosto de 2026

"LA HIJA DEL GRAN INVIERNO", UN VIAJE A GROENLANDIA Y EL GRAN NORTE

La escritora francesa Isabelle Autissier recrea la vida de Arnarulunguaq, una pionera mujer inuit que participó en la expedición ártica de Rasmussen entre 1921 y 1924

Isabelle Autissier (París, 1956) es una navegante, divulgadora y escritora francesa que alcanzó fama mundial cuando en 1991 se convirtió en la primera mujer que dio la vuelta al mundo en un velero en solitario. Estudió Ingeniería Agrícola y, tras su exitosa carrera como regatista, dedica ahora su tiempo a la defensa del medioambiente y la escritura. Ha publicado ensayos y narraciones sobre navegación y en 2015 fue finalista del Premio Goncourt con la novela “De repente solos”, que narra la lucha por la vida de una pareja varada en una isla cerca del cabo de Hornos. “La hija del gran invierno” se publicó con enorme éxito en Francia en 2025. Ahora, la magnífica editorial Nórdica, que acaba de cumplir veinte años, la publica en nuestro país con traducción de Íñigo Jáuregui.

“La hija del gran invierno” cuenta la vida de Arnarulunguaq (“mujer fuerte o poderosa”), una mujer inuit de la aldea de Uunmmannaq (actual Qaanaaq), situada en las costas noroccidentales de Groenlandia. Tras la muerte prematura del padre, desaparecido buscando caza, estuvo a punto de ser sacrificada por su madre que, siguiendo un ritual ancestral inuit de supervivencia, estaba dispuesta a matar a su hija de ocho años para garantizar la salvación del resto de la familia. Su hermano varón impidió su sacrificio y ella siempre consideró que había nacido dos veces. Con trece años se casó a la manera inuit con un joven y valiente cazador que la dejó viuda al cabo de pocos años. Cuando Knud Rasmussen llegó a Uummannaq, que rebautizó con el nombre de Thule, Arnarulunguaq consiguió ser incluida en la llamada Quinta Expedición de Thule, la más importante de las realizadas por el famoso explorador, investigador y antropólogo danés. Un largo viaje polar en trineo de más de dieciocho mil kilómetros por el Paso del Noroeste desde Groenlandia hasta el estrecho de Bering y Alaska, entre los años 1921 y 1924. Solamente Rasmussen, Arnarulunguaq y otro inuit apodado Miteq (“el pato”) culminaron el itinerario completo y regresaron a Groenlandia después de atravesar en tren Estados Unidos desde Seattle a Nueva York. Tras su extraordinaria aventura, esta excepcional mujer inuit murió de tuberculosis con treinta y nueve años en 1933. El rey de Dinamarca la condecoró con la Medalla de Plata al Mérito y, en la actualidad, hay un memorial erigido en su honor en Nuuk, la capital de Groenlandia.

Aunque aparecen unos cuantos personajes secundarios, el más importante después de Arnarulunnguaq es Knud Rasmussen. Hijo de padre danés y madre groenlandesa, el famoso explorador fue un hombre extrovertido y simpático, que antes de dedicarse a las exploraciones polares fue actor y cantante lírico. Siempre se sintió fascinado por las costumbres de los pueblos árticos. En 1910, estableció una base comercial, la Thule Trading Station, en Qaanaaq (cabo de York, Groenlandia), que sirvió de punto de partida para las conocidas como expediciones de Thule. Casado con una danesa que le esperaba en Copenhague tras sus largos viajes, mantuvo una intensa relación con Arnarulunnguaq, aunque con ciertas distancias racistas y clasistas respecto a los entonces llamados esquimales (hoy inuit) propias de la época.

“La hija del gran invierno” es también casi un estudio etnológico sobre la cultura y las costumbres de los inuit. Muestra la vida dura y llena de privaciones de estos pueblos de cazadores y pescadores, y su relación indispensable con una naturaleza hostil, marcada por la dureza del clima —tormentas, ventiscas, frío extremo—, la caza y las supersticiones ancestrales. Y de cómo la llegada de Rasmussen y los daneses introdujo el comercio —fusiles, café, alcohol, tabaco, hachas, tazas de loza, bolsas de agua caliente, jabones, camisas…—, transformó los hábitos de la comunidad y despertó una incipiente e inédita codicia en un pueblo acostumbrado a la escasez más elemental. El descubrimiento de las grandes ciudades estadounidenses, con sus trenes, automóviles o rascacielos, supone para Arnarulunnguaq una sorpresa mayúscula y el primer contacto con un mundo cuya existencia la comunidad inuit desconocía por completo. También aprendemos que la lengua de los inuit es de las llamadas aglutinantes, es decir que permite juntar varias palabras —sustantivos, adjetivos, prefijos y sufijos— en una sola palabra, que puede acabar siendo extremadamente larga.

El libro se inicia con un mapa de la Quinta Expedición de Thule y se cierra con un pequeño álbum de fotografías en blanco y negro de sus protagonistas. Con una sólida base histórica —veteada de licencias narrativas que la hacen entretenida y amena—, y con una prosa sobria, precisa y elegante, Isabelle Autissier ha rescatado del olvido la asombrosa vida de Arnarulunguaq, una mujer extraordinaria que merece ser recordada y conocida por el gran público.

“La hija del gran invierno”. Isabelle Autissier. Editorial Nórdica. 2026.184 páginas.


domingo, 9 de agosto de 2026

"INVENTARIO DE LO QUE QUEDA CUANDO EL BOSQUE ARDE", UNA NOVELA SOBRE EL DOLOR Y LA PÉRDIDA

El escritor italoestadounidense Michele Ruol retrata, con conmovedora delicadeza y originalidad, el duelo de unos padres tras la muerte de sus dos hijos

Aunque Michele Ruol nació circunstancialmente en Chicago en 1986, sus padres son italianos y regresaron a su país de origen cuando él tenía un año. Médico anestesista de profesión, reside en Padua y escribe sus obras en italiano. Ha publicado diversos relatos en revistas literarias y en antologías colectivas y destaca también como dramaturgo. En 2018 ganó el Premio Hystrio Escritura de Escena y fue uno de los autores seleccionados para el Network Drammaturgia Nuova. “Inventario de lo que queda cuando el bosque arde” es su primera novela y ha obtenido un gran éxito de crítica y público en su país. Ha sido traducida a varios idiomas y en España ha sido publicada, ya va por la segunda edición, por Siruela en su colección Nuevos Tiempos, con traducción de Natalia Zarco. 

“Inventario de lo que queda cuando el bosque arde” es una novela sobre la pérdida y el dolor. Narra el duelo de unos padres tras la muerte de sus dos hijos en un accidente de coche, que se produce durante un gran incendio. Los cuatro personajes principales no tienen nombre de pila. Son llamados Padre, Madre, Mayor y Menor. El relato tiene una estructura muy original. Se divide en 99 capítulos muy cortos, cada uno de ellos encabezado por la referencia a algún objeto que evoca los momentos de la vida en común de la familia. Objetos que se agrupan en dos espacios: la casa (recibidor, cocina, salón, terraza, habitación de Menor, pasillo, habitación de Mayor, trastero, baño, dormitorio de matrimonio, garaje) y el automóvil (maletero, habitáculo, techo). El primero de los objetos que aparecen en el libro es un marco de plata 15 x 22 cm: “La foto de los chicos en la mesita del recibidor es la misma que se ha usado para la lápida”.

 La novela cuenta la vida de la familia durante los veinte años anteriores y los veinte posteriores al accidente que arrebató la vida a los dos jóvenes. Sin un orden cronológico lineal, dando saltos en el tiempo de una manera aleatoria. Así lo explica el novelista en una entrevista reciente: "La tragedia ya ha ocurrido al inicio, me interesa el recorrido que hacen estos personajes. Partimos de la tragedia para entender qué les sucede después. No tienen nombre porque quería, de algún modo, contar algo que fuese universal. Todos somos hijos y, eventualmente, somos madre y padre. Estos roles no son neutros, sino que son nombres que identifican funciones y que conllevan una serie de derechos y deberes muy codificados en la sociedad y en la familia".

La familia tiene los roles asignados a la manera tradicional y algo estereotipada: Madre lleva el peso de la casa y Padre se refugia en el trabajo, más aún, si cabe, tras la tragedia. Madre intenta trabajar fuera de la casa, pero a Padre no le parece bien. El duelo parece recluir a cada uno aún más en su mundo y ahondar en su incomunicación, pero también se va vislumbrando un renacer de la esperanza y un afán de reconstrucción familiar con sus crisis y altibajos. En cualquier caso, Padre y Madre son conscientes de que el dolor no puede borrarse y que, como mucho, puede transformarse, dándole formas nuevas. “Hay quien dice que el tiempo lo cura todo. Madre no estaba para nada de acuerdo. Hay cosas que no se curan jamás, pensaba lavándose las manos sucias de tierra; lo único que hace el tiempo es permitir nuevos brotes a quien tiene la paciencia de esperar”.

La novela está narrada con una prosa seca y limpia, depurada de lo superficial e innecesario, en un estilo austero, alejado de cualquier sensacionalismo o tentación de hacer del dolor un espectáculo. Así lo ha expresado el propio escritor haciendo a la vez mención a una de sus principales influencias literarias: “Me siento especialmente en deuda con Ágota Kristóf, que narra la tragedia de la guerra con un lenguaje extremadamente seco y una dureza que nunca cae en el sentimentalismo. Admiro a quien logra contar tanto usando pocas palabras y habla de una tragedia sin buscar la lágrima fácil. Yo he dejado hablar a los silencios, al vacío. De hecho, hay algunas páginas que están en gran parte en blanco, reflejando todo este peso del silencio que, de alguna manera, los personajes se llevan consigo".

Publicada en Italia en una editorial modesta, el inesperado éxito internacional de “Inventario de lo que queda cuando el bosque arde” ha sorprendido a su propio autor, hasta ahora escritor y dramaturgo aficionado, que confiesa sentir una cierta presión en la necesidad de escribir una segunda novela. Veremos qué resulta de ello, porque con su obra de debut ha puesto el listón bastante alto ante las expectativas creadas. Mimbres y habilidades literarias parece que no le faltan. Estaremos a la espera.

“Inventario de lo que queda cuando el bosque arde”. Michele Ruol. Siruela. 2026. 248 páginas.