domingo, 22 de febrero de 2026

"EL MONTE DE LAS FURIAS", LA SIMBIOSIS DE UNA MUJER CON LA MONTAÑA

En  su última novela, la escritora uruguaya Fernanda Trías nos ofrece un hermoso texto que transita del realismo social al misticismo panteísta 

Fernanda Trías ((Montevideo, 1976) es una de las voces emergentes de la nueva literatura hispanoamericana. Forma parte de una pléyade de escritoras nacidas en los años 70  y principios de los 80, entre las que figuran las argentinas Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Selva Amada y Dolores Reyes; las mejicanas Fernanda Melchor, Valeria Luiselli y Guadalupe Nettel; la boliviana Liliana Colanzi; o la colombiana Pilar Quintana. Nacida en Uruguay, pero residente en Colombia desde hace una década, Fernanda Trías, profesora y traductora, ha publicado cinco novelas y un libro de relatos. Entre sus novelas destacan “La azotea” (2001), “Mugre rosa” (2020) y la reciente “El monte de las furias” (2025). Las tres han sido publicadas en España por Random House y las dos últimas han obtenido el prestigioso Premio Sor Juana Inés de la Cruz en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en México.

“El monte de las furias” es una novela con dos protagonistas: una mujer que vive y trabaja en lo alto de una montaña y la propia montaña. La mujer, cuyo nombre de pila nunca se cita, se encarga de cuidar los lindes de la zona más elevada de un monte, propiedad de una empresa que explota una cantera. Ella escribe en primera persona lo que le pasa, en un cuaderno que constituye la mayor parte del libro. Intercalados entre los cuatro cuadernos de su relato, encontramos textos más breves en los que, aunque en tercera persona, la protagonista exclusiva es la montaña, dotada de voz propia y consciencia. En sus textos, la mujer escribe sus actividades del presente y sus recuerdos desde la infancia. En ese pasado, se contraponen las figuras de la madre y la abuela. La primera llevaba una mala vida y no trataba bien a su hija; al contrario que su abuela, que la quería mucho y la animaba a estudiar. Lo mismo que la maestra Nidia, a quien recuerda con cariño. Su vocación de saber quedó truncada, pero el gusto por el lenguaje y las palabras hacen que, aunque no pudiera realizar más estudios, escriba sus cuadernos con la mayor precisión y esmero.  Ahora vive sola en una cabaña y su único contacto con el exterior son las visitas al celador, que trabaja en la cantera y vive un poco más abajo, y con quien mantiene una relación algo ambigua, y dos mujeres testigos de Jehová que suben a verla de vez en cuando para intentar llevarla a su religión. De repente, la tranquila vida de la narradora se ve alterada por la sorprendente aparición de sucesivos cadáveres en el terreno de vigilancia que tiene asignado.

La novela conjuga un plano narrativo más realista, de descripciones sociales y económicas de precariedad y explotación en un pequeño marco rural y geográfico, con un plano de fondo más trascendente y simbólico, en el que subyace, de manera más o menos explícita, una relación simbiótica, de carácter panteísta o místico, entre la mujer protagonista y la propia montaña. En el plano más realista se trasluce una cierta denuncia política, social y ecológica que, afortunadamente para el resultado final del texto, nunca deriva hacia el alegato panfletario o activista. En el plano simbólico, y más fructífero desde el punto de vista literario, vemos en la narradora un cierto tránsito entre la cordura y el delirio, entre la realidad y la locura. La sucesiva aparición de los cadáveres lleva el relato a este terreno lindante con la alucinación, pero en ningún caso a un relato negro o de investigación policiaca. Y este carácter de historia oscura y ambigua, de esa fusión íntima envuelta en bosque, niebla y muerte, convierten a la novela en una singular y potente experiencia estética y literaria.

Otro aspecto destacado del libro es su lenguaje lírico y poético, que concede un gran valor a las palabras a la hora de describir paisajes y emociones. La narradora, como le pedía su maestra Nidia, cuida con devoción y celo las palabras. Y eso a pesar de reconocer la inefabilidad o insuficiencia del lenguaje: “Porque en mi mente no hay dos árboles iguales, no hay dos plantas del mismo verde. Y puedo decir: acacia, aliso, romero, pero esos nombres no van a reflejar ni el color ni la textura de las hojas, no van a reflejar los agujeros que dejan las mandíbulas de las hormigas ni la rugosidad exacta de los troncos”. En cuanto a los paisajes, la propia autora nos dice que escribió “El monte de las furias” en Bogotá, entre 2020 y 2023, contemplando desde su ventana los Cerros Orientales, y dedica también en parte su libro a los bosques de niebla (solo el 2,5% de los bosques tropicales del mundo tienen niebla perenne) que son el marco natural donde se desarrolla la novela.

Como ella misma ha explicado, su narrativa “es heredera de la literatura que trabaja con la extrañeza y lo insólito” y engarza con cosmovisiones indígenas latinoamericanas donde la naturaleza es concebida como una entidad viva. Fernanda Trías dedica tiempo y mimo a la confección de sus novelas. El resultado es más que convincente y “El monte de las furias” constituye un nuevo eslabón en su notable progresión literaria y una de las mejores novelas publicadas en nuestra lengua durante el pasado año.

“El monte de las furias”. Fernanda Trías. Random House. 2025. 248 páginas

domingo, 8 de febrero de 2026

"AFANES SIN PROVECHO", LOS RELATOS DE LORENZO SILVA


En su nuevo libro, el escritor madrileño reúne veinticinco relatos de diversa temática escritos a lo largo de los últimos cuarenta años 

En un giro inesperado en su larga y ecléctica carrera literaria, Lorenzo Silva (Madrid, 1966) acaba de publicar “Afanes sin provecho”, un libro en el que reúne veinticinco relatos escritos a lo largo de cuarenta años, entre 1984 y 2024. En ese largo periodo, el prolífico escritor madrileño se ha convertido en una de las figuras más conocidas y respetadas de nuestras letras. Con  más de cincuenta obras publicadas, es autor de libros para jóvenes, libros de viajes, ensayos, artículos periodísticos y novelas de temática variada, entre las que destacan las protagonizadas por los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro.

En “Afanes sin provecho”, encontramos relatos muy heterogéneos, de variada temática, tonos diversos y diferente extensión. Los hay que habían visto la luz en algunas publicaciones y otros que son absolutamente inéditos. No están ordenados cronológicamente; los más recientes son los primeros y los tres últimos son los más antiguos. En concreto, el último y más extenso, “Boceto de muchacha al atardecer”, escrito en 1984, cuando el autor tenía 18 años, es la pieza narrativa más temprana que ha publicado. El libro se completa con un apéndice que contiene tres textos de propina, escritos en 2018 para una web, ya desaparecida, que contenía relatos escritos en forma de chat. El título, “Afanes sin provecho”, está tomado de uno de los relatos y hace referencia a la escritura como una actividad que no busca un rédito inmediato.

Uno de los mejores cuentos es “El verdadero crimen perfecto”, que abre el libro. Es la crónica de una venganza y el narrador usa la segunda persona para dirigirse a quien indefectiblemente va a ser asesinado. La historia está ambientada en el Rif, en la guerra de Marruecos, en los años veinte del pasado siglo, cuando el ejército español sufrió severas derrotas a manos de los rifeños. “Carabanchel blues” tiene como protagonista a una joven policía que ha de investigar la muerte de un chico que todo parece indicar ha sido víctima de una pelea entre bandas latinas. Hay un par de relatos en los que aparece el ciberacoso y los engaños sexuales a jóvenes y las técnicas de la guardia civil para identificar y detener a los acosadores. Encontramos varios cuentos de corte histórico: uno sobre los sucesivos intentos fallidos de la armada española, entre los siglos XVI y XVIII, de invadir Inglaterra; otro que narra la  huida de Toledo, una fría noche de febrero de 1522, de María Pacheco, mujer del comunero castellano Juan de Padilla; otro sobre los días finales del Papa Luna Benedicto XIII en Peñíscola… De este tipo, el más interesante es “Una compañía de hombres libres”, donde se cuenta que en la Castilla del siglo XVI, en pleno gobierno del emperador Carlos V, con personajes como Adriano de Utrecht, Bernaldino de los Ríos, el monje Alonso de Castrillo o el almirante don Fabrique de Castilla florecieron ideas adelantadas a su tiempo sobre la primacía de la soberanía popular sobre el poder real. De un hecho histórico más reciente trata “El día en que morí”, con el fondo del atentado del 11-M.

Encontramos otros relatos sobre temas más actuales. “Nacida en la noche” cuenta, a través de un militar español destinado en Afganistán, una ilustrativa historia de zapatos y represión contra la mujer en el aquel país musulmán.  En “Por un puñado de euros”, conocemos las vicisitudes de una joven periodista becaria en busca de una historia para su diario. En “Edith, luchadora”, seguimos a una mujer de Sierra Leona que, tras atravesar África y cruzar el Estrecho en patera, acaba ejerciendo la prostitución en Madrid. “La fresa jugosa” narra la relación entre un maduro empresario onubense de la fresa y una joven recogedora ucraniana. La polarización actual subyace en “Equidistando en Navidad”, donde el narrador tiene que lidiar las conversaciones políticas de Nochebuena con su yerno y su futura nuera. De tipo más autobiográfico serían  los relatos donde el autor recuerda aquellas Navidades en blanco y negro viajando a casa de la abuela en un Cuatro Latas o un R-6, su año de servicio militar en 1984, su relación sentimental en Barcelona con su futura mujer o el emotivo recuerdo de su madre al año de su muerte. “La luz de Madrid” es un canto a su ciudad natal y a su tolerancia frente al exclusivismo de otros lugares. Cierra el libro “Boceto de muchacha al atardecer”, un recorrido por todo el siglo XX español a través de una mujer que recuerda su atribulada vida.

Como muy bien indica el crítico Manuel Terol, en “Afanes sin provecho” Lorenzo Silva ha agrupado unos textos que habían permanecido guardados y “que revelan una trayectoria marcada por la mirada ética, la atención a lo que nadie observa y la voluntad de entender la condición humana sin atajos”. En esta recopilación encontramos unas historias bien contadas, con una prosa clara y concisa, un vocabulario rico entre lo coloquial y lo culto, una sintaxis impecable, unos diálogos verosímiles y unas descripciones breves y precisas. Y un uso de diversas voces narrativas, con aparición de las tres personas gramaticales en la función de narrador Aunque la literatura de relatos se considere con frecuencia un género menor y venda menos que la novela, no hay duda de que Silva ha puesto el mayor de los afanes a la hora de escribir los que componen esta colección, que en absoluto desmerece de sus narraciones más largas y conocidas. 

“Afanes sin provecho”. Lorenzo Silva. Destino. 2025. 304 páginas.



 

domingo, 25 de enero de 2026

DOS NOVELAS SOBRE RUANDA Y SU PASADO RECIENTE


 

Gaël Faye triunfa en Francia con “Pequeño país” y “El jacarandá”, donde aborda con delicadeza y rigor el drama del genocidio en el país africano.

La literatura francesa parece gozar de buena salud. Contra la tendencia general, en el país vecino los índices de lectura suben y entre los muchos libros que se publican anualmente destaca un buen número por su alta calidad literaria. Muchos escritores francófonos, procedentes de diversos lugares del mundo, se han instalado en territorio galo y aportan nueva savia a su literatura. Uno de ellos es Gaël Faye (Buyumbura, Burundi, 1982) que, además de ser un destacado cantautor, ha publicado las novelas “Pequeño país” y “El jacarandá”. Tras obtener un enorme éxito de ventas en el país vecino y recibir importantes galardones literarios, ambas han sido editadas en España por Salamandra en 2018 y 2025 y traducidas por José Manuel Fajardo y María Lidia Vázquez Jiménez, respectivamente. Nacido en Burundi, de padre francés y madre ruandesa, siendo un niño Gaël Faye tuvo que huir a Francia a causa de la guerra civil en Burundi y el genocidio de los tutsis en Ruanda. Inspirándose en la experiencia personal y familiar, ha construido dos magníficas novelas que se leen con avidez y amenidad y abordan, con delicadeza y rigor, el inmenso drama que vivieron hace tres décadas los dos citados países centroafricanos.

Tanto “Pequeño país” como “El jacarandá” están narrados en primera persona y se estructuran en una treintena de capítulos breves. Aunque ambos libros tienen un amplio sustrato autobiográfico, están concebidos como novelas; son ficción y no memorias. El narrador de “Pequeño país” es Gabriel, al que todos llaman Gaby, un niño que vive en Burundi con sus padres, un empresario francés y una ruandesa tutsi refugiada. Al inicio del relato, Gaby es un treintañero, residente en París desde hace dos décadas, que recuerda su infancia en Burundi, de donde tuvo que salir en 1994, cuando tenía once años, expatriado junto a su hermana pequeña Ana, en un avión fletado por el gobierno francés tras las matanzas entre tutsis y hutus que dejaron centenares de miles de muertos en esa región del corazón de África. Inadaptado en Paris, Gaby está preparando su retorno a su país de nacimiento. “Me obsesiona ese retorno, lo pospongo indefinidamente. Tengo miedo a encontrarme con verdades enterradas, con pesadillas dejadas en el umbral de mi país natal. Durante la noche, en sueños; de día, con el pensamiento; hace veinte años que regreso a mi barrio, a aquel tiempo suspendido en el que vivía feliz con mi familia y mis amigos”.

Y esa infancia feliz, violentamente truncada, es la que Gaby narra en el libro. Con diálogos fluidos, variedad de personajes y de manera divertida y amena, cuenta cómo juega con sus amigos, muchos de ellos mestizos de padre francés, roba mangos en los jardines vecinos, se baña en el río al atardecer, empieza a fumar y tomar sus primeras cervezas a escondidas, descubre la pasión por la lectura a través de una extravagante vecina griega… Siempre desde una situación privilegiada por la posición económica de su padre y su vida en una buena zona de la capital Buyumbura. Un paraíso que empieza a romperse con la separación de sus padres y queda hecho pedazos por el brutal estallido de violencia y odio que acaba por impregnarlo y destruirlo todo.

El relato de “El jacarandá”, un árbol que tiene un valor simbólico en el libro, se sitúa cronológicamente después de “Pequeño país” y empieza prácticamente donde este termina. El narrador es ahora Milan, un adolescente que vive en París, con su padre francés y su madre ruandesa. En 1994 la familia contempla las imágenes del genocidio tutsi por televisión y poco después acoge en su casa durante unos días a un joven pariente de la madre que, procedente de Ruanda, llega a París malherido y cansado. En Milan se acrecienta el interés por Ruanda y por conocer a la familia de su madre, pero esta se niega rotundamente a hablar del tema. Sin embargo, cuando unos años después ella tiene que viajar a Ruanda por unas gestiones, Milan consigue acompañarla. El viaje, que repetirá con frecuencia en los años siguientes, supondrá una experiencia profunda y transformadora para el joven. Encontrará variados amigos y familiares, vivirá la animada noche de Kigali, visitará el idílico lago Kivu y conocerá los esfuerzos de la sociedad ruandesa por superar el trauma y cerrar las profundas heridas que dejó la desgarradora tragedia del genocidio.

Aunque pueden leerse de manera independiente, la lectura de ambas permite obtener una visión más amplia y complementaria y abarcar un mayor periodo de tiempo. “Pequeño país” y “El jacarandá” son dos magníficas novelas breves, que se leen casi de un tirón, escritas con una prosa directa, de frases cortas, y con una elegancia, calidez y sensibilidad exquisitas. Tras convertirse en un verdadero fenómeno literario en Francia, veremos si Gaël Fade continúa por la línea temática iniciada o aborda nuevos territorios narrativos.

“Pequeño país” y “El jacarandá”. Gaël Faye. Salamandra. 2018 y 2025. 224 y 256 páginas



domingo, 11 de enero de 2026

"LA LISTA DE LOS SIETE", AVENTURAS Y MISTERIO EN LA INGLATERRA VICTORIANA

Aunque se dedicó a la escritura profesional desde muy joven, Mark Frost (Nueva York, 1953) se dio a conocer internacionalmente como creador, junto a  David Lynch, de la  serie televisiva “Twin Peaks”, que obtuvo un enorme éxito de audiencia en España en 1990. Antes había estudiado interpretación, dirección y dramaturgia y se trasladó a Los Ángeles, donde comenzó su trabajo en televisión, escribiendo guiones para series como “El hombre de los seis millones de dólares” y “Canción triste de Hill Street”. Autor de thrillers como “Segundo objetivo” (2009) y de la saga de libros juveniles “The Paladin Prophecy”, Frost publicó en 1993 su primera novela, “La lista de los siete”, una obra de culto que ahora la exquisita editorial Impedimenta publica en nuestro país con traducción de Alberto Coscarelli. A esta novela le siguió en 1995 “The Six Messiahs” (“Los seis mesías”), que Impedimenta anuncia que va a editar aquí próximamente.

“La lista de los siete” es una trepidante novela de misterio y aventuras, ambientada en la Inglaterra victoriana de finales del siglo XIX. Su protagonista es Arthur Conan Doyle, el creador del famoso detective londinense Sherlock Holmes. Aquí Doyle es un joven médico, a punto de cumplir los veintiséis años,  procedente de Edimburgo y licenciado en Cirugía, que vive en un humilde alojamiento de un viejo edificio de un barrio de Londres. Aficionado al espiritismo, muy de moda en esa época, pero a la vez preocupado por los numerosos fraudes y engaños que se dan en ese mundo, Doyle, que ya muestra vocación literaria aunque aún tardará en crear su famoso detective, ha escrito un libro de ficción, ofrecido a varias editoriales londinenses, en el que aparece una siniestra hermandad que pretende controlar el mundo con la ayuda de los espíritus malignos.

El día de Navidad de 1884, el joven médico es invitado a una sesión de espiritismo en una casa del East End londinense. La reunión da un giro macabro y dos personas son brutalmente asesinadas. Doyle consigue escapar gracias a un enigmático personaje que dice llamarse Jack Sparks y ser una agente secreto de la reina de Inglaterra. Sparks es un ser extraordinario, maestro de la deducción lógica y de una cultura, agudeza y valentía excepcionales. Le cuenta a Doyle que, debido a su libro, ha sido marcado como objetivo por una siniestra secta satanista conocida como la Hermandad Oscura, de la que ambos consiguen localizar en sus indagaciones una lista con sus siete integrantes. A partir de ahí se inicia una batalla frenética desde las calles y los sótanos de Londres hasta las ruinas de una vieja abadía situada en el brumoso y nevado norte del país. En ella, Doyle y Sparks, con sus eficaces ayudantes Larry y Barry, van a tener que enfrentarse a poderosas amenazas tanto humanas como sobrenaturales.

Además del protagonista Conan Doyle, que vivirá un proceso de aprendizaje vital acelerado y hasta experimentará su despertar amoroso con la joven y decidida actriz de teatro Eileen Temple, hay otros personajes reales que aparecen en el libro de manera secundaria. Por un lado, la famosa ocultista, teósofa y médium rusa afincada en Londres, Madame Blavatsky; y por otro, el escritor Bram Stoker, autor de la novela “Drácula” y que aquí aparece como gerente del legendario actor Henry Irving y su importante compañía teatral. También encontramos al príncipe Alberto Víctor Edward, duque de Clarence, miembro de la familia real británica y segundo en la línea de sucesión al trono, de vida algo disoluta y de inteligencia y capacidades bastante limitadas. Hasta la propia reina Victoria tiene su momento de aparición en la novela.

“La lista de los siete” es una novela muy cinematográfica, con una esmerada ambientación en el Londres y la Inglaterra finiseculares de espíritu victoriano. Calles adoquinadas y neblinosas en las que refulgen las lámparas de gas y resuenan los cascos de los caballos de los misteriosos carruajes que van y vienen, trenes con locomotoras de carbón, pasadizos tenebrosos y oscuros que nadie sabe a dónde conducen y que parecen habitar seres monstruosos y escurridizos, ruinas de abadías medievales que se recortan en noches brumosas y nevadas, aterradoras gárgolas que pueden cobrar vida, sociedades ocultistas con siniestros planes de dominio… Una sugerente mezcla de misterio y fantasía con evidentes ecos de las novelas protagonizadas por Sherlock Holmes y los relatos de Edgar Allan Poe. Narrado con un ritmo muy visual, progresivamente acelerado, unos diálogos inteligentes e iluminadores y una intriga bien dosificada que se mantiene sin tregua hasta el final del libro. Y unos personajes variados y abundantes sobre los que destacan dos inolvidables: el propio Conan Doyle, más inexperto, vacilante y dubitativo por su juventud, y Jack Sparks, maestro de la deducción lógica y racional a través de la minuciosa y aguda observación, un émulo aventajado del “futuro” Sherlock Holmes.

Una novela de aventuras y misterio de esa estirpe decimonónica clásica, victoriana, romántica y algo gótica, una lucha decisiva entre el bien y el mal, que no se puede dejar de leer y se disfruta mucho.

“La lista de los siete”. Mark Frost. Impedimenta. 2025. 432 páginas