El periodista navarro firma un trepidante thriller sobre el periodismo moderno y la banalización del mal, con un viejo nazi y un asesinato de ETA sin resolver
Daniel Ramírez García-Mina (Pamplona, 1992) es actualmente uno de los jóvenes periodistas con mayor proyección y presencia en los medios de comunicación de nuestro país. Trabaja como redactor jefe en “El Español” y es autor de la revista de prensa en “Más de uno”, el programa matinal de Carlos Alsina. Además, colabora y participa en diversos programas y tertulias televisivas. Es autor del poemario “Es sólo vivir” (2022) y de los libros de no ficción “Paso marcial” (2016), donde investiga la trayectoria de su abuelo, médico militar durante la guerra civil; “La otra vuelta del camino” (2018), en el que sigue las huellas de Pío Baroja; “Eusebius, capitán de la Nave de Baco” (2019), un retrato de la música en los años de la guerra; “Porque somos Osasuna” (2020), sobre su equipo de futbol favorito; y “Salvoconducto-19” (2020), una crónica de los años de la pandemia. Ahora, ha dado el salto a la novela y ha debutado con “Los días que no existieron”, un thriller trepidante, ambientado en la España actual, con varias tramas narrativas y protagonizado por una joven periodista.
La protagonista de “Los días que no existieron” es Julia Mendieta, una periodista de treinta años, nacida en San Sebastián, que ejerce su profesión en Madrid como redactora del diario “El Universal” y participa habitualmente en las tertulias políticas televisivas. Julia mantiene una relación algo inestable con su novio, Iván, y se siente presionada por el director de su diario, que la apremia para que publique un reportaje impactante. Esa posibilidad se le presenta al conocer, a través de un librero de viejo, la existencia de un anciano nazi alemán que vive refugiado en Madrid bajo una falsa identidad y que participó en el bombardeo de Guernica en su juventud. Por otro lado, Julia está obsesionada con descubrir al asesino de su abuelo, un periodista que fue asesinado por ETA en una calle de San Sebastián en presencia de su hijo, y padre de Julia, y cuyo crimen nunca ha sido esclarecido. La agitada vida periodística madrileña de la joven y estas dos líneas narrativas históricas paralelas que se entrecruzan, contadas a un ritmo casi frenético, constituyen el argumento de un thriller absorbente y vibrante que, a pesar de sus más de quinientas páginas, mantiene la atención del lector desde la primera hasta la última página.
Tal vez el principal tema de la novela sea la banalización del mal. Las dos citas que abren el libro son ilustrativas sobre el mismo. La primera es del humanista renacentista francés Sébastien Castellion: “Matar a un hombre no es defender una idea; es matar a un hombre”. La segunda, del novelista ruso León Tolstoi: “Pon a desfilar a un muchacho, hazle marchar con música, dale un fusil… y tendrás un asesino”. Tanto el nazi alemán como el etarra vasco no parecen arrepentidos de sus crímenes. Ellos creen formar parte de un proyecto superior para cuya consecución puede ser necesario sacrificar vidas humanas. Y, por otro lado, puede deducirse que, en cierta manera, cualquier joven que crezca en una efervescencia ideológica grupal contagiosa puede llegar a cometer o a exculpar determinados comportamientos destructivos y homicidas.
Aunque las historias contadas en la novela son ficticias, el autor se nutre de algunas experiencias propias. Su condición de periodista y tertuliano político le ha podido servir de base para mostrar las guerras sucias entre medios de comunicación y la del propio gobierno contra los medios hostiles que investigan y desvelan sus corruptelas. Como el propio autor cuenta, dos hechos le ayudaron a orientar el rumbo de su relato. Por un lado, la entrevista que le hizo, desde el anonimato, a la hija de uno de los pilotos nazis que bombardearon Guernica. Por otro, la revelación tardía de su abuelo al contarle que él había sido extorsionado por la banda terrorista ETA en Pamplona durante los llamados “años del plomo”. Esos años oscuros de la sociedad vasca tardaron un tiempo en ser abordados por la literatura. Fue Fernando Aramburu, que acaba de publicar otra novela sobre el tema, quien comenzó a tratarlo en libros como “Los peces de la amargura”, “Años lentos” y, sobre todo, “Patria”. Ahora escritores más jóvenes, como Daniel Ramírez, se atreven a escribir sobre ello con una mayor distancia y sin los miedos y condicionantes de aquellos años.
“Los días que no existieron” se enmarca claramente en los parámetros del thriller, un relato de intriga contado a un ritmo trepidante y con un personaje central complejo, del que se describe su día a día, sus obsesiones, sus problemas laborales, familiares y sentimentales y sus altibajos emocionales. Se añaden elementos históricos que inciden en dos episodios de violencia confluyentes en un tipo de fanatismo político que justifica el asesinato del discrepante en aras de un bien superior. Daniel Ramírez García-Mina ha tardado, según confiesa, seis años en escribir este libro. En ese tiempo ha realizado también un intenso trabajo periodístico. El esfuerzo ha merecido la pena y el resultado de su debut en la narrativa es más que notable y satisfactorio.
“Los
días que no existieron”. Daniel Ramírez. Espasa. 2026. 520 páginas

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