“San, el libro de los
milagros” ha supuesto para mí una de las mayores sorpresas literarias de los
últimos meses. Un libro singular y diferente que, dentro de una ambientación
rural con cierta tendencia al alza en nuestra literatura presente, combina
originalidad e innovación creativa con un excepcional uso del lenguaje y una
gran calidad literaria. Una narración que parece por encima de cualquier moda y
llamada a perdurar en el tiempo.
Su autor es Manuel Astur (Grado, Asturias,
1980), una persona con una intensa y variada trayectoria cultural. Escritor y profesor,
poeta, periodista, productor musical, ha publicado el poemario “Y encima es mi
cumpleaños” (2013), la novela “Quince días para acabar con el mundo” (2014) o
el ensayo “Seré un anciano hermoso en un gran país” (2016). Colabora en
diferentes proyectos y publicaciones y en 2017 fue elegido por la asociación
de festivales europeos de literatura Literature Across Frontiers como una de
las diez nuevas voces más interesantes del continente y único representante
español. Con “San, el libro de los milagros”, editado por la prestigiosa
Acantilado, parece haber dado un importante salto hacia una mayor proyección
cualitativa y cuantitativa dentro del panorama literario de nuestro país.
Lo
primero que sorprende de la novela es su título, de aire evangélico, bíblico o
hagiográfico. Y el narrador, que en cierta consonancia con el título, es
colectivo y, en principio, desconocido para el lector. Adquiere así la
narración un tono mítico, próximo a la parábola o la leyenda. La historia
transcurre en una zona rural de Asturias. El personaje principal es Marcelino,
al que llaman Lino, que vive en una aldea próxima a San Antolín, una pequeña
localidad de la montaña asturiana. Lino es el tonto del pueblo y, casi sin
querer, ha matado a su hermano que ha pretendido engañarlo con su casa y su
hacienda. Tras el crimen, Lino huye y se esconde un tiempo en un pueblo
abandonado y deshabitado. En su periplo, y por la presencia de la noticia en
los medios de comunicación, el personaje ve experimentando un proceso de
popularización, convirtiéndose en cierta medida en un ídolo, una especie de
santo moderno.
Al
inicio de la novela, encontramos al personaje Lino ya mayor tras la muerte de
su hermano pero, a modo de flash back y con saltos aleatorios en el tiempo,
vamos conociendo diversos episodios de su infancia y de sus años más jóvenes.
De todas maneras, no estamos para nada ante una narración convencional sobre un
personaje, pues en la novela se van intercalando un buen número de historias
míticas, creencias y dichos populares, sucesos acaecidos a otros personajes del
pueblo y episodios legendarios. En esa línea, el libro se divide, como el “Mío
Cid” y no parece casualidad, en tres cantares.
El
crítico Santos Sanz Villanueva ha resumido perfectamente los méritos literarios
de la novela: “Manuel Astur combina la libertad imaginativa y el vanguardismo
en la forma con la creatividad verbal. Su prosa es fluida y dúctil, y el gusto
por la palabra le lleva a encadenar en un párrafo aislado medio centenar de
verbos. Todo ello sirve a una libérrima observación de la naturaleza humana en
clave de parábola. Esta novela literaria tiene el sello de una resuelta originalidad
y es obra de alto mérito”.
En
cierto modo, aunque con una incuestionable originalidad, se puede inscribir
esta novela dentro de la corriente literaria conocida como neorruralismo, que
ambienta sus relatos en la naturaleza y en los lugares despoblados o poco
habitados de la España vacía. En ese sentido, hay alguna concomitancias, aunque
no demasiadas, con otras novelas como “Intemperie”, de Jesús Carrasco, o “Los
asquerosos”, de Santiago Lorenzo, ambas reseñadas aquí en su momento.
Se
puede escribir mucho más sobre esta novela de casi inagotables lecturas, pero
voy a terminar con esta certera y conclusiva frase del crítico Víctor Amella: “La
voz de Manuel Astur trae cantos ancestrales; con ella escribe “San, el libro de
los milagros”, relato salvaje y hermoso, lírico y crudo, tremendista y
delicado, sobre un tonto del pueblo, Marcelino, cándido y noblón, primordial,
un santo que mata a su hermano y nos deja solos ante un espejo, el espejo de la
tribu humana”. En cualquier caso, no es fácil hacerse una idea de este libro
con lo que pueda escribirse sobre él. Solo leyéndolo y recreándose en cada una
de sus páginas puede el lector intentar aprehender su denso y rico contenido.
“San,
el libro de los milagros”. Manuel Astur. Acantilado. 2020. 176 páginas.