domingo, 9 de agosto de 2026

"INVENTARIO DE LO QUE QUEDA CUANDO EL BOSQUE ARDE", UNA NOVELA SOBRE EL DOLOR Y LA PÉRDIDA

El escritor italoestadounidense Michele Ruol retrata, con conmovedora delicadeza y originalidad, el duelo de unos padres tras la muerte de sus dos hijos

Aunque Michele Ruol nació circunstancialmente en Chicago en 1986, sus padres son italianos y regresaron a su país de origen cuando él tenía un año. Médico anestesista de profesión, reside en Padua y escribe sus obras en italiano. Ha publicado diversos relatos en revistas literarias y en antologías colectivas y destaca también como dramaturgo. En 2018 ganó el Premio Hystrio Escritura de Escena y fue uno de los autores seleccionados para el Network Drammaturgia Nuova. “Inventario de lo que queda cuando el bosque arde” es su primera novela y ha obtenido un gran éxito de crítica y público en su país. Ha sido traducida a varios idiomas y en España ha sido publicada, ya va por la segunda edición, por Siruela en su colección Nuevos Tiempos, con traducción de Natalia Zarco. 

“Inventario de lo que queda cuando el bosque arde” es una novela sobre la pérdida y el dolor. Narra el duelo de unos padres tras la muerte de sus dos hijos en un accidente de coche, que se produce durante un gran incendio. Los cuatro personajes principales no tienen nombre de pila. Son llamados Padre, Madre, Mayor y Menor. El relato tiene una estructura muy original. Se divide en 99 capítulos muy cortos, cada uno de ellos encabezado por la referencia a algún objeto que evoca los momentos de la vida en común de la familia. Objetos que se agrupan en dos espacios: la casa (recibidor, cocina, salón, terraza, habitación de Menor, pasillo, habitación de Mayor, trastero, baño, dormitorio de matrimonio, garaje) y el automóvil (maletero, habitáculo, techo). El primero de los objetos que aparecen en el libro es un marco de plata 15 x 22 cm: “La foto de los chicos en la mesita del recibidor es la misma que se ha usado para la lápida”.

 La novela cuenta la vida de la familia durante los veinte años anteriores y los veinte posteriores al accidente que arrebató la vida a los dos jóvenes. Sin un orden cronológico lineal, dando saltos en el tiempo de una manera aleatoria. Así lo explica el novelista en una entrevista reciente: "La tragedia ya ha ocurrido al inicio, me interesa el recorrido que hacen estos personajes. Partimos de la tragedia para entender qué les sucede después. No tienen nombre porque quería, de algún modo, contar algo que fuese universal. Todos somos hijos y, eventualmente, somos madre y padre. Estos roles no son neutros, sino que son nombres que identifican funciones y que conllevan una serie de derechos y deberes muy codificados en la sociedad y en la familia".

La familia tiene los roles asignados a la manera tradicional y algo estereotipada: Madre lleva el peso de la casa y Padre se refugia en el trabajo, más aún, si cabe, tras la tragedia. Madre intenta trabajar fuera de la casa, pero a Padre no le parece bien. El duelo parece recluir a cada uno aún más en su mundo y ahondar en su incomunicación, pero también se va vislumbrando un renacer de la esperanza y un afán de reconstrucción familiar con sus crisis y altibajos. En cualquier caso, Padre y Madre son conscientes de que el dolor no puede borrarse y que, como mucho, puede transformarse, dándole formas nuevas. “Hay quien dice que el tiempo lo cura todo. Madre no estaba para nada de acuerdo. Hay cosas que no se curan jamás, pensaba lavándose las manos sucias de tierra; lo único que hace el tiempo es permitir nuevos brotes a quien tiene la paciencia de esperar”.

La novela está narrada con una prosa seca y limpia, depurada de lo superficial e innecesario, en un estilo austero, alejado de cualquier sensacionalismo o tentación de hacer del dolor un espectáculo. Así lo ha expresado el propio escritor haciendo a la vez mención a una de sus principales influencias literarias: “Me siento especialmente en deuda con Ágota Kristóf, que narra la tragedia de la guerra con un lenguaje extremadamente seco y una dureza que nunca cae en el sentimentalismo. Admiro a quien logra contar tanto usando pocas palabras y habla de una tragedia sin buscar la lágrima fácil. Yo he dejado hablar a los silencios, al vacío. De hecho, hay algunas páginas que están en gran parte en blanco, reflejando todo este peso del silencio que, de alguna manera, los personajes se llevan consigo".

Publicada en Italia en una editorial modesta, el inesperado éxito internacional de “Inventario de lo que queda cuando el bosque arde” ha sorprendido a su propio autor, hasta ahora escritor y dramaturgo aficionado, que confiesa sentir una cierta presión en la necesidad de escribir una segunda novela. Veremos qué resulta de ello, porque con su obra de debut ha puesto el listón bastante alto ante las expectativas creadas. Mimbres y habilidades literarias parece que no le faltan. Estaremos a la espera.

“Inventario de lo que queda cuando el bosque arde”. Michele Ruol. Siruela. 2026. 248 páginas.


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