domingo, 15 de febrero de 2015

FELICES LOS FELICES

     
“Felices los felices”. Yasmina Reza. Anagrama. 2014. 192 páginas.   

Yasmina Reza (París, 1959) es una destacada escritora francesa de origen judío. De padre ruso-iraní y madre húngara, comenzó en el mundo artístico como actriz y pasó después a escribir varias obras teatrales por las que ha recibido importantes premios en el país vecino, incluido el Gran Premio del Teatro de la Academia Francesa del año 2000 en reconocimiento a toda su carrera como dramaturga. Tras una década sin escribir teatro, regresó en 2007 con “Un dios salvaje”, que fue adaptada al cine en 2011 por Roman Polanski, para quien había traducido anteriormente “La metamorfosis” de Kafka. “Felices los felices”, publicada recientemente en nuestro país por Anagrama, es su séptima novela.
            
“Felices los felices” es una obra coral dividida en dieciocho capítulos en los que otros tantos personajes, que al principio parecen no tener nada en común, cuentan en primera persona un episodio de su vida que, aunque en algún caso aparenta ser banal, siempre acaba resultando significativo. A la manera de la película “Vidas cruzadas”, de Robert Altman, las existencias de estos dieciocho personajes se van entrelazando componiendo una compleja telaraña de relaciones vitales. Una cita de Borges (“Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor. Felices los felices”) sirve de arranque a esta polifonía de voces y sentimientos dispares. Como reza la contraportada de la edición española, se trata de un conjunto de relaciones extramatrimoniales, tendencias sadomasoquistas, insatisfacciones sexuales y fantasías consumadas, rupturas, decepciones, y, también, algunos finales felices.

La abundante presencia de relaciones extraconyugales hace que la novela se pueda interpretar en buena medida como una clara y explícita crítica a la pareja tradicional y al matrimonio. Algo que la autora ha manifestado claramente en alguna entrevista reciente, en la que llega a afirmar que “el matrimonio es una construcción perfecta para la práctica del adulterio”. Pero no sólo hay relaciones adúlteras en “Felices los felices”, hay personajes esclavos de su situación social, mujeres a las que les gusta sentirse dominadas, un homosexual que sólo tiene sexo pagando por él, una anciana que implora a su padre muerto para que desde el más allá le conceda una persona que la acompañe en sus paseos por el campo, un jugador de cartas compulsivo que en un arrebato colérico llega a comerse un naipe, un joven que enloquece porque se cree Céline Dion, una mujer que sufre alzhéimer, algunas parejas y varios padres e hijos que discuten por cualquier nimiedad, y también la siniestra presencia de la muerte y las discrepancias sobre la conveniencia o no de la incineración de los cadáveres después de que esta llegue. En su mayoría son seres heridos, desolados, casi siempre solos en el fondo, que buscan la felicidad por diversos y tortuosos caminos y no siempre la hallan.

Yasmina Reza es atrevida y políticamente incorrecta. Desbarata tópicos y no cree demasiado en los sentimientos como camino a la felicidad. Uno de los personajes de la novela afirma que “es una estupidez pensar que el sentimiento acerca, por el contrario, consagra la distancia entre las personas”. Tampoco, por otro lado, prescindir de ellos evita la desdicha y la soledad, aunque tal vez las atempera. En resumen, una novela áspera y amarga, aunque no exenta para nada de ironía, que por momentos parece rozar el existencialismo y que, si no pude decirse que lo abraza por completo, se mueve casi siempre en las antípodas de cualquier romanticismo más o menos edulcorado.

Carlos Bravo Suárez
                                                                                                                           

domingo, 8 de febrero de 2015

LA SANGRE DE LOS LIBROS



“La sangre de los libros”. Santiago Posteguillo. Planeta. 2014. 224 páginas.

Además de filólogo, lingüista y profesor de literatura inglesa en la Universidad Jaume I de Castellón, Santiago Posteguillo (Valencia, 1967) es un prolífico escritor que en los últimos años ha alcanzado una merecida fama por sus largas y documentadas novelas ambientadas en la antigua Roma. Primero fue la Trilogía sobre Escipión el Africano y después la Trilogía de Adriano, de la que se han editado los dos primeros títulos: “Las asesinos del emperador” y “Circo Máximo”. Posteguillo es también autor del libro “La noche en que Frankenstein leyó El Quijote”, un ensayo donde en forma de relatos breves el autor repasa algunos de los acontecimientos y enigmas más significativos de la literatura universal. En esta misma línea de combinar el relato breve y el ensayo para contar diversos e interesantes episodios vividos por algunos de los mejores escritores a lo largo de la historia, se inscribe su última obra titulada “La sangre de los libros”.

Desde la Roma clásica hasta prácticamente nuestros días, “La sangre de los libros” hace un largo recorrido por anécdotas y vivencias de importantes escritores de diferentes lenguas, culturas y tradiciones literarias. La portada  del libro, que muestra a dos hombres a punto de batirse en un duelo a pistola en medio de un paisaje nevado y frío, nos remite a uno de los episodios relatados en sus páginas: el duelo entre Alexander Pushkin, que había sobrevivido a veintinueve duelos previos, y un oficial francés que insistía en cortejar a la mujer del calderoniano escritor ruso. Volveremos a encontrar a ese duelista militar francés en otra de las treinta historias relatadas en el libro. Consiste este en un paseo alternativo por la historia de la literatura universal que nos lleva desde Cicerón a Asimov pasando por Virgilio, Séneca, Petrarca, Dante, Boccaccio, Gutenberg, Lope de Vega, Calderón, Quevedo, Shelley, Coleridge, Espronceda, Bécquer, Víctor Hugo, Balzac, el citado Pushkin, Charlotte Brontë, Poe, Emily Dickinson, Stevenson, Bram Stoker, D.H. Lawrence, Salgari, Pessoa, Blasco Ibáñez. Robert Graves, Agatha Christie, Dionisio Ridruejo, Elías Canetti, Ángeles Mastretta o, la tal vez menos conocida, Justine Larbalestier. Un largo recorrido ameno y pedagógico, en el que se recrean diferentes y variadas anécdotas y sucesos vividos por el completo elenco de escritores citados. 

Un viaje en el tiempo en el que se aprenden cosas como que el aparentemente serio y piadoso Calderón de la Barca fue capaz de violar por venganza en su juventud el sagrado recinto de un convento de clausura madrileño, que el cordobés Séneca ostenta el record insuperable de haber sido condenado a muerte por tres emperadores romanos diferentes, que Francesco de Petrarca salvó un bello texto de Cicerón de ser quemado para encender el fuego en un monasterio de Lieja, o que Agatha Christie fue protagonista ella misma de un episodio de intriga y misterio propio de sus mejores novelas. En esas historias breves, escritas en tono novelado, siempre con elegancia y con ocasional ironía, el autor juega también a las adivinanzas para poner a prueba los conocimientos del lector en materia de cultura literaria, y no desvela el nombre del escritor u obra a que se refiere hasta bien avanzado el relato en que aparecen.

Santiago Posteguillo no sólo es autor de largas novelas históricas ambientadas en la Roma clásica, también escribe divertidos libros más breves como “La noche en que Frankenstein leyó El Quijote” o esta “La sangre de los libros”, donde, de manera muy entretenida y amena, nos hace partícipes de su vasto conocimiento de la literatura universal.

Carlos Bravo Suárez

viernes, 6 de febrero de 2015

LA CONSPIRACIÓN PERMANENTE

Las declaraciones del presidente del F.C Barcelona, Josep Maria Bartomeu, tras ser imputado por el juez Ruz en el caso Neymar son un ejemplo más, y seguro que no será el último, del recurso cliché que utilizan ciertos sectores de la sociedad catalana en cuanto son investigados por posibles irregularidades o mala gestión. La respuesta automática es considerar que todo es un ataque orquestado desde el pérfido Madrid, una conspiración del gobierno central, un ataque a Cataluña. Lo hemos visto en repetidas ocasiones desde que Jordi Pujol se envolviera en la senyera y saliera de rositas en el caso Banca Catalana. A pesar de su cansina reiteración, es ésta una respuesta que siempre encuentra un considerable apoyo en una sociedad en buena medida educada en un maniqueísmo enfermizo y algo paranoico, que suele achacar todos los males propios a los ataques conspiratorios de un supuesto enemigo exterior.

Carlos Bravo Suárez

Carta publicada hoy en los diarios El País y El Mundo.



domingo, 1 de febrero de 2015

EL LIBRO DE LOS VICIOS


“El libro de los vicios”. Adam Soboczynsky. Anagrama. 2013.168 páginas.

Adam Soboczynski (1975) es un escritor y analista cultural polaco afincado en Alemania que, además de numerosos artículos, ha publicado tres libros de gran éxito en el país germánico. Dos de ellos han sido traducidos en los últimos años al español: “El arte de no decir la verdad” y “El libro de los vicios”, cuyo título original en alemán equivaldría a “Tiempos brillantes. Casi una novela”.

“El libro de los vicios” es una mezcla de ensayo y narración donde el autor, siempre en primera persona, critica con acidez e ironía algunos aspectos de las actuales sociedades modernas europeas. El libro se  estructura de una manera original en 29 capítulos breves, en los que se combinan la reflexión crítica con algunos elementos narrativos de menor extensión. En las anécdotas y pequeñas historias contadas, se incluyen varios personajes que reaparecen a lo largo de los capítulos y casi nunca son designados con su nombre de pila, sino por expresiones como “un amigo que se dedica con éxito a algo relacionado con la cultura” u otras de ese estilo.

Centro de las críticas de Soboczynski son los nuevos convencionalismos sociales que hacen, por ejemplo, que las ciudades europeas sean hoy como clones, en los que todo es previsible, repetido y monótono, y donde el encuentro con lo inesperado resulte más que improbable. Así, en el segundo capítulo, “Amabilidad”, el autor cuenta que en una reciente visita a Barcelona, donde años atrás vivió una experiencia sorprendente, “si no hubiera sido por el calor y las impertinencias arquitectónicas de Antonio Gaudí, habríamos podido creer que no habíamos viajado”. “Los tranvías tenían la misma línea elegante que en nuestra ciudad, en las cafeterías proliferaban los profesionales autónomos con gafas de pasta gruesa sentados frente a portátiles y lectores electrónicos, recorriendo las pantallas con el dedo índice con aire misterioso y mágico. Desde el taxi que tomamos en el aeropuerto divisamos el logotipo de una tienda de muebles que nos resultó de lo más familiar. Las pequeñas tarjetas de plástico blancas que han reemplazado a las llaves de los hoteles eran exactamente iguales a las de Frankfurt, incluso las tazas de váter y los cuadros de mando del baño eran de la misma marca que los de mi casa”.

En todas partes impera la misma amabilidad impostada y falsa que identifica al viajero con el cliente. Todos los lugares se muestran abundantemente iluminados, con fachadas acristaladas que exponen a todo el mundo a la vista, sin dejar espacio a las viejas oscuridades más sugerentes y encubridoras de defectos. Si antes era fácil conocer la marca de los coches, hoy, la dictadura de la moda aerodinámica hace que todos los modelos parezcan iguales. En todas partes encontramos gentes de cualquier edad y condición que corren o hacen jogging por las aceras exponiendo impúdicos sus sudorosas carnes. Víctimas de los cánones estéticos y esclavos de una férrea autodisciplina ascética, los europeos de hoy deben controlar desde la borrachera, la alimentación y el tabaco hasta la manifestación en público del enfado o la cólera. Si el libro se titula “de los vicios” es porque, según Soboczynski, estos están siendo desterrados de la modernidad en aras de un ascetismo tiránico y absurdo.

Así vemos a ese pobre amigo del autor acomplejado por ser un hombre peludo en una época en que los varones se depilan. O a esa otra amiga que en su paroxismo antitabaco agrede a un invitado a la inauguración de su piso porque osa encender en él un cigarrillo. Una sociedad en la que, en términos metafóricos, lo pornográfico predomina sobre lo erótico. Dice el autor que “hoy en día tenemos libertades de forma superficial, ya que nunca en la historia habían existido tantas normas y tantas leyes" que todo lo regulasen.

Se podrá estar más o menos de acuerdo con las muchas críticas que vierte Soboczynski en este “Libro de los vicios”, pero desde luego las formula con elegante ironía, exquisito ingenio y un impecable y brillante estilo literario.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 25 de enero de 2015

LA NOCHE MÁS OSCURA


"La noche más oscura”. Ana Alcolea. Anaya Editorial. 2011. 280 páginas.

Como ya he escrito aquí en alguna otra ocasión, por mi trabajo debo leer y recomendar con cierta frecuencia algunos libros de literatura juvenil. Así llegué no hace mucho a “La noche más oscura”, de Ana Alcolea (Zaragoza, 1962), una de las voces más destacadas de la literatura para jóvenes de nuestro país. Autora de un buen número de novelas de notable calidad, con “La noche más oscura” la escritora zaragozana obtuvo el VIII Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil del año 2011. Se trata de un libro con una buena edición en tapa dura y un precio razonable, cuya lectura es muy recomendable para estudiantes de institutos de enseñanza secundaria.

“La noche más oscura” transcurre en Noruega. Mercedes y su hija adoptada Valeria, de quince años y de origen chino, van a pasar unas tranquilas vacaciones en un alejado faro situado en una pequeña isla cercana a la costa. El lugar está regentado por Lars y su hijo adolescente Williams, que viven en una casa cercana y han perdido recientemente a su esposa y madre respectivamente. La parte quizás más obvia del relato es la relación que se establece entre ambas parejas casi simétricas de sexos opuestos. Sin embargo, la novela tiene otra línea argumental mucho más densa e interesante. En ese mismo lugar, hubo durante la Segunda Guerra Mundial un campo de trabajo de prisioneros rusos a los que los ocupantes nazis obligaban a construir una base aérea que facilitara la conquista de Inglaterra y acelerara la toma de Rusia por los alemanes. Un episodio histórico que se revela a las atípicas turistas españolas en una sugerente mezcla de sueños y fantasmas del pasado, realidad histórica y lectura veraniega de viajero que lee sobre el lugar al que viaja.


En un breve apéndice añadido al final del libro, se desvela la génesis de la novela por parte de su autora. Todo surgió a partir de un viaje a Noruega que Ana Alcolea y su marido realizaron en el verano de 2010. Antes de subir a una lancha para ir a un faro situado en una pequeña isla, los viajeros realizaron una parada en un almacén que hoy alberga un museo sobre la Segunda Guerra Mundial. Durante los años 1941 y 1942, el lugar se convirtió en una cárcel donde los ocupantes nazis encerraron a casi doscientos prisioneros rusos que durante el día trabajaban en la construcción del anteriormente citado aeropuerto. En el museo había fotos tomadas por los propios nazis y se citaban los nombres de algunos de aquellos prisioneros de guerra, muchos de los cuales murieron por los efectos del frío. A partir de esos datos, como ella misma indica, la realidad y la ficción se mezclaron en la memoria de la escritora y surgió esta magnífica novela. Un relato bien contado, entretenido y ameno, con una equilibrada dosis de suspense para mantener hasta el final la atención del lector.

“La noche más oscura”, dirigida especialmente a jóvenes lectores pero que también gustará a los adultos, es una novela que mezcla de manera sugerente y atractiva los mundos reales y ficticios, el pasado y el presente, donde la historia, la imaginación, la literatura y los sueños caminan de la mano por las frías y remotas tierras escandinavas.

Carlos Bravo Suárez

jueves, 22 de enero de 2015

DESDE PANO HASTA TRONCEDO

                               Pano
                                Bosque
                                Ermita de San Vicente
                                Ermita de San Vicente - interior
                                Iglesia de Caneto
                                Camino
                                De Caneto a Trillo
                                Subiendo a Trillo
                                            Roble cerca de Trillo
                                Llegando a Trillo
                                Trillo
                                Trillo
                                Iglesia de Trillo
                                Trillo
                               Iglesia de Salinas de Trillo
                                Iglesia de Salinas de Trillo
                                Casa Palacio de Salinas de Trillo
                                Ermita de San Victorián del barrio de Santángel de Troncedo
                                Iglesia de San Esteban de Troncedo
                                Castillo de Troncedo
                                Troncedo
                                Ermita de San Antón de Pano
                                Ermita de San Antón de Pano
                                Ermita de San Anton de Pano
                                       Ventana de la ermita de San Antón de Pano


El pasado año recorríamos en estas mismas páginas la etapa del GR-1 que por tierras ribagorzanas lleva desde Graus hasta Pano pasando por Grustán. Hoy describiremos en estas líneas la etapa siguiente de este sendero histórico de gran recorrido, el itinerario que lleva de Pano a Troncedo y que discurre casi en su integridad por las tierras más orientales del Sobrarbe.

A Pano se puede llegar desde Graus por la carretera HU-V-6441, que se toma a la salida de la capital ribagorzana en dirección a Benasque, justo en la curva de entrada al puente que cruza el río Ésera. A unos diez kilómetros de ese punto, y tras pasar por Panillo y el desvío al templo budista Dag Shang Kagyu, llegamos a la llamada collada de Pano, donde abandonamos la HU-V-6441, que continúa hacia Troncedo y Tierrantona, para tomar a nuestra izquierda una antigua pista recientemente asfaltada que en poco más de un kilómetro nos lleva a Pano. Algo antes de llegar a esta pequeña localidad, a poco más de cinco minutos andando desde la carretera, se encuentra la ermita de San Antón, una rústica y hermosa construcción románica de triple ábside que al parecer formó parte de un antiguo monasterio medieval dedicado a San Juan Bautista.

De Pano a Caneto

Desde Pano (894 m.), un poco antes de su iglesia parroquial de San Miguel, actualmente en fase avanzada de restauración, debemos girar a la derecha y pasar al otro lado de las casas de la localidad, hoy propiedad del infatigable Kurt Fridez, un suizo afincado desde hace años en estas tierras. Una bajada también por la derecha nos lleva hasta un pequeño barranco. Ya siempre por un bosque mixto de pinos y encinas, y siguiendo las marcas rojiblancas, llegaremos al cabo de una media hora a otro barranco algo más caudaloso llamado de San Vicente. Desde allí iniciamos una subida por un terreno de lastras en cuyo final encontramos a nuestra izquierda un poste indicador que nos dirige a la ermita de San Vicente, una pequeña construcción de tipo popular a la que llegamos enseguida y desde la que tendremos amplias vistas del valle del Cinca.

Tras visitar la ermita, regresamos al GR-1 y continuamos  por una pista de tierra que abandonamos a los pocos metros para tomar un sendero a nuestra izquierda –atención a las marcas en este punto– y adentrarnos de nuevo en un espeso bosque. Durante un rato veremos en la otra ladera, frente a nosotros, la casa conocida como La Selva, antes de que el sendero desemboque en una pista que, por nuestra izquierda, nos deja en pocos minutos en Caneto (750 m.). Desde Pano hasta aquí habremos recorrido unos 5,5 kilómetros en algo menos de hora y media.

Caneto es una pequeña localidad habitada por nuevos pobladores llegados al lugar hace ya varias décadas. Hoy, una de sus casas es un establecimiento de turismo rural y el pueblo respira paz y tranquilidad por los cuatro costados. Desde la ermita que preside su pequeña plazuela, hay que girar a la derecha y tomar una pista que va descendiendo hacia el noroeste. Sin hacer caso de los desvíos que quedan a nuestra izquierda, seguimos recto en suave bajada. La hilera de cipreses que flanquea nuestro camino por su margen derecha puede servirnos de referencia ante la escasez de marcas.

El barranco del Salinar

Cuando la pista se va desdibujando y termina, hay que estar atento para tomar un sendero a nuestra derecha. Desde aquí hasta Trillo, el camino está muy mal marcado y necesitaría una nueva señalización. Nos internamos otra vez en el bosque, cruzamos un pequeño barranco y, al poco rato, descendemos de manera más pronunciada hasta el barranco del Salinar o barranco de Trillo que suele vadearse sin problemas. Desde la otra orilla se inicia una corta pero empinada subida que, en paralelo al viejo camino que hace tiempo quedó intransitable, nos lleva a la localidad de Trillo, cuya silueta en lo alto de la ladera ya hace un rato que divisamos. De Caneto a Trillo hemos recorrido sólo un par de kilómetros en aproximadamente cuarenta y cinco minutos.

Trillo (660 m.), repartido en tres pequeños barrios, llamados La Plaza, Planiello y O Tozalón, es una localidad que ha recuperado varias de sus casas, en las que creo que hay ya una presencia humana permanente durante todo el año. También su iglesia barroca del siglo XVII, dedicada a San Andrés, ha sido recientemente arreglada y el pueblo ya no presenta el aspecto ruinoso de hace un tiempo.

Desde Trillo hasta Salinas de Trillo, el GR-1 transita por el kilómetro y medio de carretera asfaltada que une las dos localidades. Abajo, a nuestra derecha, discurre el barranco del Salinar, que durante siglos proporcionó la riqueza de ambas poblaciones. Sus salinas abastecían de sal a los pueblos vecinos del valle de la Fueva e incluso a los de la montaña de Benasque. En Salinas de Trillo (780 m.), destaca su bonita iglesia románica de la Asunción, no hace mucho restaurada, que queda a la izquierda de nuestro camino, y, junto a la carretera, se levanta la casa Palacio, una casona torreada posiblemente originaria del siglo XVI.

El primer tramo del GR-1 que lleva de Salinas a Troncedo sigue la carretera durante casi un kilómetro. A la derecha de la calzada, un poste indicador nos manda por una pista de tierra que a los pocos metros hay que abandonar para tomar un sendero que sale a nuestra izquierda. El camino asciende sin pausa por un terreno de margas que se conoce en la zona como las Saltaderas.

Troncedo

Al cabo de unos 45 minutos desde nuestra salida de Salinas de Trillo, entraremos en Troncedo por el barrio bajo o de Santángel, que esconde la restaurada ermita románica de San Victorián, antes de San Miguel, con ábside de bóveda de horno y espadaña de doble ojo sobre su puerta de entrada.

Enseguida llegamos a la parte alta del pueblo, donde destacan el castillo y la iglesia parroquial. El primero es un torreón en ruinas de base pentagonal que data del siglo X y fue mandado construir por el rey Sancho el Mayor como defensa de la frontera sur de sus posesiones. La iglesia parroquial de San Esteban es del siglo XII, aunque con añadidos posteriores, tiene ábside semicircular y una torre de tres plantas que data del siglo XVI. Troncedo (1.008m.) es un pueblo arreglado y acogedor, que, como todos los que hemos recorrido en nuestro itinerario (salvo Pano perteneciente a Graus y a la Ribagorza), está hoy incluido en el extenso municipio sobrarbense de La Fueva. Aquí termina la descripción de esta etapa del GR-1, sendero histórico cuyo recorrido continúa, en dirección oeste y sentido descendente, hacia Formigales y Tierrantona.

Datos técnicos:

Distancia: 12 Km.
Tiempo: 3 horas 15 minutos, aproximadamente y sin las paradas.
Desnivel positivo: 680.
Desnivel negativo: 530.
Tipo de recorrido: travesía.

Carlos Bravo Suárez
(Centro Excursionista de la Ribagorza)

Artículo publicado hoy en el Suplemento “Aragón, un país de montañas”, de Heraldo de Aragón.

Fotos del recorrido, muchas de ellas tomadas a finales de diciembre de 2014. Ordenadas siguiendo el itinerario -excepto las cuatro últimas que son de la ermita de San Antón, situada un poco antes de llegar a Pano-  y con descripción al pie de cada una de ellas.

domingo, 18 de enero de 2015

DEL COLOR DE LA LECHE

                                             
      
“Del color de la leche”. Nell Leyshon. Sexto Piso. 2014. 176 páginas.

“Del color de la leche”, de Nell Leyshon, fue mi última lectura del pasado 2014 y uno de los libros que más me gustaron de los leídos durante el año que acaba de terminar. Por eso, coincido plenamente con el buen gusto y criterio mostrados por el gremio de libreros de Madrid, que eligió esta novela como la mejor de las publicadas el pasado año en nuestro país.

Galardonada en varias ocasiones en el Reino Unido por sus obras teatrales, Nell Leyshon (Glastonbury, Inglaterra, 1961) es una escritora más conocida por su brillante trayectoria como dramaturga que como novelista. En España, creo que “Del color de la leche” es hasta ahora su única obra publicada. Un absoluto acierto de la editorial Sexto Piso, cuya edición traducida por Mariano Peyrou va precedida por un breve prólogo de Valeria Luiselli.

“Del color de la leche” es una novela ambientada en la Inglaterra rural del siglo XIX, entre las primaveras de 1831 y 1832. El relato está escrito en primera persona por la joven Mary, que tiene quince años y nació con el pelo del color de la leche y un defecto en una pierna que la hace cojear cuando camina. Mary vive con su abuelo, sus padres y sus tres hermanas en una granja que obliga a toda la familia a trabajar sin tregua y sufrir numerosas privaciones. Su abuelo enfermo es su preferido, mientras que odia al despótico padre que descarga sobre sus hijas su brutalidad y la frustración de no haber tenido un hijo varón. Analfabeta y sin más mundo que su granja pero espontánea, sincera hasta el descaro y con una gran inteligencia natural, Mary es enviada a la vecina casa del rector de la comarca para que cuide de la mujer de este, que padece una enfermedad terminal. En su nueva residencia, la joven descubrirá un mundo diferente al suyo y aprenderá a leer y a escribir, pero se verá sometida a nuevas e insospechadas ataduras y pagará un alto precio por su aprendizaje.

“Del color de la leche” es una novela realista y conmovedora, “un texto lleno de belleza y espanto”, un relato tan hermoso como desgarrador. En un ambiente bucólico, de verdes colinas y mugientes vacas, se nos presenta una realidad atroz, una familia campesina dominada por un trabajo físico extenuante y un implacable dominio patriarcal, con la supervivencia física como único objetivo. Y, al otro lado de la colina, gozne entre los dos únicos escenarios del relato, un mundo aparentemente más refinado y culto, pero dominado por las bajas pasiones y la hipocresía más descarnada y falsa. Pocos son los personajes de la novela, pero perfectamente caracterizados con unos pocos trazos y el eco de sus actos. Sólo el abuelo, aparcado y casi olvidado por el resto de la familia, se muestra sincero y verdaderamente cariñoso con la joven narradora.

También en el estilo, la prosa y el vocabulario utilizados, la novela mantiene su realismo y verosimilitud. Es la propia Mary, que acaba de aprender a escribir, quien relata la historia a modo de confesión y carta dirigida a un interlocutor que, aunque tal vez lo adivine antes, el lector no conoce del todo hasta el final. Y así, la escritura se revela también como un arma única de comunicación y denuncia, que permite a Mary, con su lenguaje directo y espontáneo pero todavía balbuciente, desahogar su angustia y componer una hermosa y desgarradora novela.

Carlos Bravo Suárez