jueves, 16 de febrero de 2017

DE ESCALONA A SAN VICENTE DE LABUERDA POR MURO DE BELLÓS Y MORILLO DE SAMPIETRO























El Centro Excursionista Ribagorza pudo realizar el pasado domingo la excursión por el Sobrarbe que el mal tiempo había obligado a suspender el fin de semana anterior. Aunque de nuevo el pronóstico meteorológico era algo incierto, treinta participantes nos dimos cita para recorrer andando el itinerario que va desde Escalona a San Vicente de Labuerda, pasando por Muro de Bellós y Morillo de Sampietro y combinando tramos del PRHU-40 y el PRHU-185. La jornada transcurrió con cielos siempre cubiertos, pero sin lluvia y con una temperatura ideal para la práctica del senderismo.

A las siete de la mañana salimos de Graus en autobús en dirección a Escalona, adonde llegamos poco después de las ocho. En Escalona (610 m.), tomamos el PRHU-40 que, cortando varias veces una pista recientemente asfaltada, nos dejó en una hora de subida en Muro de Bellós, precioso despoblado a 960 m. de altitud y magnífica atalaya sobre el valle del Cinca con inmejorables vistas de la Peña Montañesa, la Peña Solano y la Punta Llerga con sus cimas ahora cubiertas de nieve. Hicimos una parada para reponer fuerzas y nos detuvimos en una borda de las afueras que se está acondicionando para hacer las veces de vivienda en la película “Bajo la piel del lobo”, cuyo rodaje está a punto de iniciarse.

Desde Muro de Bellós, el camino asciende en dirección al oeste para, tras pasar por un corto tramo arcilloso, llegar a un collado donde confluyen el PR-HU40, que lleva a San Vicente de Labuerda por el camino más corto, y el PRHU185, que va a Morillo de Sampietro y permite también, dando un mayor rodeo, dirigirse después a San Vicente. Nosotros elegimos esta segunda opción y nos adentramos en un bonito sendero que transcurre en un continuo sube-baja por un húmedo y frondoso bosque de pinos, bojes y preciosos ejemplares de carrasca. Desde el camino, disfrutamos de magníficas vistas de la sierra de Sestrales, el Castillo Mayor y, más al norte, las Tres Sorores y las Tres Marías. Después de pasar por el Portillo de los Valles, situado a poco más de 1300 m. de altitud, el sendero desemboca en una pista que hay que seguir hasta alcanzar un cruce de caminos que por nuestra izquierda nos lleva a San Vicente de Labuerda y por la derecha a Morillo de Sampietro. Tomada esta última opción, seguimos un corto tramo de pista para desviarnos a nuestra derecha por un sendero señalizado que, en alrededor de media hora de bajada, desemboca en Morillo de Sampietro. Esta localidad, situada a 970 m. de altitud, ha recuperado algunas de sus viviendas y cuenta hoy al menos con un habitante, que nos hizo una foto de grupo delante de la magnífica iglesia románica de San Lorenzo, con interesantes restos de pinturas en su interior.

Desde Morillo de Sampietro desanduvimos, ahora en ascenso, el camino hasta el citado cruce y, tras una ligera subida, iniciamos el camino de bajada hasta San Vicente de Labuerda, donde nos esperaba el autobús. Antes de llegar a él, pasamos por la extraordinaria Abadía de San Vicente, una de las construcciones religiosas más destacadas de la comarca del Sobrarbe. En la misma localidad, destaca también la torre defensiva de Casa Buil, con una bonita ventana geminada.

En San Vicente (780 m.), terminó nuestro recorrido andando. Habían sido casi 16 km en poco más de seis horas de caminata, contando las paradas. El desnivel acumulado de subida fue de casi 1300 m. y el de bajada de algo más de 1.100 m. El autobús nos bajó hasta Labuerda donde, en un restaurante de la localidad, disfrutamos de una estupenda comida con la que nos repusimos con creces del esfuerzo realizado.

Carlos Bravo Suárez

Fotos: Grupo en la iglesia de Morillo de Sampietro, Peña Montañesa, Peña Solano y Punta Llerga desde el camino de Escalona a Muro de Bellós, Muro de Bellós ( cinco fotos), bosque, Morillo de Sampietro (tres fotos), Abadía de San Vicente de Labuerda (seis fotos), San Vicente de Labuerda con Peña Montañesa al fondo y Casa Buil (dos fotos)

Artículo publicado en Diario del Alto Aragón (167272017) 

domingo, 5 de febrero de 2017

EL HOMBRE DE LAS DOS PATRIAS


Javier Reverte sigue las huellas del escritor franco-argelino Albert Camus en Orán y Argel.

Es sabido que los viajes y la literatura son las dos grandes pasiones de Javier Reverte (Madrid, 1944). Hemos reseñado aquí unos cuantos libros suyos. El último, hace unos meses, “Un verano chino”, sobre su viaje por aquel gran país de oriente. En algún título anterior, como “El río de la vida: Un viaje por Alaska y Canadá”, el escritor madrileño seguía en cierto modo las huellas del gran escritor Jack London y los febriles buscadores de oro del siglo XIX por el curso del río Yukon. En “El hombre de las dos patrias”, Reverte viaja a Argelia tras los pasos de Albert Camus (Argelia, 1913 – Francia, 1960).

“Albert Camus fue uno de los escritores del siglo XX que más me emocionaron y yo creo que le debía un pequeño homenaje. Así que un día de invierno, cuando iban a cumplirse los cien años de su nacimiento, decidí buscar sus huellas en Orán y en Argel, las ciudades donde situó las tres grandes obras de las que, fundamentalmente, habla este libro: 'El extranjero', 'La peste' y 'El primer hombre'. Camus era un francés, con unas gotas de sangre española, nacido en territorio argelino, un pied-noir. De modo que este es un trabajo sobre un hombre que nació entre dos patrias, que alentó dos almas, que vivió, pensó y escribió contracorriente”. Así explica su autor la génesis y el título de un libro que, como siempre ocurre en él, aúna las descripciones y vivencias del viajero con las abundantes y precisas referencias históricas y literarias, en este caso centradas en el malogrado escritor franco-argelino, víctima de un accidente de circulación en 1960, tres años después de haber recibido el Premio Nobel de Literatura con tan sólo 44 años de edad.

Reverte visita la playa de Orán donde se produce el asesinato con que se inicia “El extranjero” (“¿Quién impulsó a Mersault a matar? Tal vez tan solo el sol”), los lugares, de Orán y de Argel, en los que vivió el escritor sus primeros años de vida, los colegios e institutos en los que estudió y donde uno de sus profesores fue el señor Germain, para quien tuvo un emotivo recuerdo en su discurso de recepción del Premio Nobel en 1957. Es cierto que Reverte comprueba el poco afecto que los actuales argelinos sienten por Camus, que ni siquiera tiene una placa en el instituto de Argel donde estudió con su querido y recordado maestro. La causa de este olvido la explica con claridad uno de los interlocutores del escritor madrileño: “Para él, los árabes, como nos llamaba en sus libros, no existíamos. Y en consecuencia, él no existe para nosotros”. Reverte responde así a esta cuestión: “Camus era un pied-noir de segunda generación y creció en un barrio proletario de Argel habitado mayoritariamente por pied-noirs: el barrio de Belcourt. Nunca hizo amistades, que se sepa, con los 'indígenas'. Y en todos sus libros, tan solo aparece el nombre de un 'árabe', como los llama siempre. Extraño en un hombre que nunca fue racista y siempre se manifestó como un escritor solidario”. Un escritor, por otro lado, que siempre consideró el totalitarismo como una terrible enfermedad, una verdadera epidemia.

Pero no solo aparece el recuerdo de Camus en este libro, también el de Cervantes y su cautiverio en la Argel capital de piratas barberiscos en el siglo XVI, la huella aún en parte reconocible de los españoles en Orán y la reciente historia de Argelia: la ocupación francesa en el XIX, la relación entre los pied-noirs (así llamados porque calzaban zapatos y no babuchas o alpargatas) y los nativos, la rebelión y la independencia de Francia, la dictadura socialista totalitaria del FLN, la victoria de los fundamentalistas musulmanes en 1991, el golpe de estado y el terrorismo islamista de hace pocas décadas... Y la extraordinaria belleza mediterránea de Argel que seduce al viajero, que se atreve a adentrarse por su laberíntica y peligrosa casbah y sale de ella indemne y sorprendido.

En “El hombre de las dos patrias”, Javier Reverte nos obsequia con un libro breve pero vigoroso que, además de un viaje por las ciudades de Orán y Argel, constituye una aproximación y un sentido homenaje al escritor franco-argelino Albert Camus, una de la figuras más destacadas e intelectualmente más libres y honestas del pasado siglo XX.

El hombre de las dos patrias”. Javier Reverte. Ediciones B. 2016. 176 páginas.

Carlos Bravo Suárez


jueves, 26 de enero de 2017

HASTA EL FORAU DE AIGUALLUTS CON RAQUETAS DE NIEVE


























Tras las últimas e intensas nevadas en el valle de Benasque, y después de que el jueves quedara abierta la carretera de acceso a Llanos del Hospital, el Centro Excursionista Ribagorza decidió mantener la excursión de raquetas programada en su calendario oficial para el pasado domingo. A pesar de que el incierto pronóstico del tiempo retrajo a algunos participantes habituales, una veintena de personas salimos de Graus a las siete de la mañana para trasladarnos en autobús hasta el Hospital de Benasque, adonde llegamos poco antes de las nueve. Era nuestra intención realizar una vez más la clásica excursión con raquetas de nieve desde Llanos del Hospital hasta el Forau de Aigualluts, pasando por La Besurta.

Acababa de empezar a nevar cuando llegamos al Hospital de Benasque, lo que hizo que varios de nuestros compañeros decidieran quedarse en la cafetería de este confortable establecimiento hotelero. Sin embargo, viendo que la nevada era ligera, y confiados en los pronósticos meteorológicos que auguraban una mejoría del tiempo a lo largo de la mañana, catorce de los inscritos decidimos calzarnos las raquetas e iniciar la excursión, dispuestos a disfrutar, pese a todo, de la cantidad y calidad de la nieve caída recientemente.

Desde el Hospital, situado a unos 1750 m. de altitud, seguimos un breve trecho por la orilla del río Ésera para girar a la derecha, cruzar de nuevo el río por un puente de madera e iniciar la subida hacia el bosque de pinos por el que transita la ruta balizada para raquetas. Con poco viento y una temperatura no demasiado fría, atravesamos esta zona boscosa hasta alcanzar el Plan de Están que, absolutamente cubierto por la nieve, pudimos atravesar por su centro sin ningún problema. Tras una corta subida, llegamos a La Besurta (1920 m.), bajo cuyo cubierto de madera hicimos una parada para comer algo y reponer fuerzas. Había dejado de nevar y el tiempo mejoraba, por lo que decidimos continuar nuestro recorrido hasta el Forau de Aigualluts, siguiendo la escasa huella existente. Dejamos a nuestra derecha el desvío a La Renclusa y abordamos por nuestra izquierda una zona en ascenso que nos llevó al llano previo al Forau, con la inconfundible y puntiaguda Tuca de Aigualluts como magnífico telón de fondo. Siempre por el centro del valle, alejándonos por precaución de las laderas, antes de las 12 horas, llegamos al Forau (2.074 m.), donde, como es sabido, el agua procedente del glaciar del Aneto y otros torrentes y barrancos, que un poco más arriba se precipita en una bella y estruendosa cascada, se filtra misteriosamente para, en un curioso fenómeno geológico, reaparecer algo más al norte, en la Artiga de Lin, ya en el Valle de Arán, y constituir en los llamados Güells de Joeu una de la fuentes del río Garona.

Tras descansar un rato, hacer una foto de grupo y ascender un poco por nuestra izquierda para intentar ver el Aneto, que se mostraba cubierto, repetimos el camino de retorno hasta La Besurta. Desde allí descendimos al Plan de Están y, ahora por la izquierda del valle, continuamos el regreso hasta el Hospital de Benasque, al que llegamos poco después de las 14 horas. Entre la ida y la vuelta habían sido 12 kilómetros de recorrido, en los que invertimos prácticamente cinco horas justas contando las paradas.

Después de devolver las raquetas de quienes las habían alquilado y tomar algo en la cafetería del hotel, regresamos a Graus contentos de haber inaugurado nuestra temporada oficial y haber disfrutado de una magnífica jornada deportiva en la nieve.


Carlos Bravo Suárez

Artículo publicado hoy en Diario del Alto Aragón.


domingo, 22 de enero de 2017

REY DE PICAS



Rey de Picas” es una narración que mezcla elementos de novela negra y novela psicológica en un sabroso y sugestivo cóctel literario.

Joyce Carol Oates (Lockport, Nueva York, 1938) es una de las voces más destacadas de la narrativa estadounidense actual. Eterna candidata al Nobel, la escritora norteamericana tiene una larga y brillante trayectoria literaria que incluye una extensa nómina de novelas, libros de relatos breves, ensayos y obras de teatro. Tras su anterior y densa novela “Cartaghe”, Oates publicó el pasado año “Rey de Picas”, una narración algo más corta y aparentemente más ligera, que ha sido recientemente editada en España por Alfaguara, con traducción de José Luis López Muñoz. La inquieta y prolífica autora ya ha publicado posteriormente una nueva novela en su país (“The Man Without a Shadow”), aún no traducida al español.

No es fácil clasificar “Rey de Picas”, una narración que mezcla elementos de novela negra y novela psicológica en un sabroso y sugestivo cóctel literario que la propia escritora resume con el subtítulo, entre irónico y simplificador, de “una novela de suspense”. El protagonista y narrador es Andrew J. Rush, un escritor de éxito, autor de veintiocho novelas policiacas con final feliz, un superventas al que se compara con Stephen King (muy citado en la novela), aunque sus obras sean mucho más convencionales, previsibles y conservadoras. Relatos de misterio y suspense con un toque macabro, pero “no un toque excesivo, ni repugnante ni malintencionado, ni tampoco perturbador; nunca obsceno, ni siquiera machista”. Rush es un hombre adinerado y respetable que vive en una tranquila comunidad residencial de Nueva Jersey, con una esposa que lo ama y se preocupa por él y tres hijos ya adultos que vuelan solos, aunque una de sus hijas, estudiosa de la literatura, acude con frecuencia a la casa paterna a husmear entre sus libros. Sin embargo, el famoso escritor esconde a todos un secreto inconfesable. Con el seudónimo de “Rey de Picas” escribe otro tipo de novelas, violentas, macabras y absolutamente incorrectas, perturbadoras y atrevidas. Nadie, ni siquiera su editor, conoce esa faceta oculta, esa segunda personalidad, ese yo escondido y velado que poco a poco irá adquiriendo un mayor y cada vez más inquietante protagonismo.

Además de ser una brillante y original intriga, hay en la novela mucho de divertimento literario, con numerosas referencias a conocidos y destacados libros y escritores. Los dos personajes principales, Andrew J. Rush y la vieja C. W. Haider, son dos bibliófilos compulsivos. Los ecos literarios más evidentes y explícitos son los de Edgar Allan Poe; sobre todo, de sus relatos “El gato negro” y “El demonio de la perversidad”. Una cita de este último encabeza el libro de Joyce Carol Oates: “Estamos al borde de un precipicio. Contemplamos el abismo..., nos sentimos mal y nos mareamos. Nuestro primer impulso es apartarnos del peligro. Inexplicablemente, no lo hacemos”. Sin embargo, aunque no hay referencias explícitas a la obra, creo que pueden establecerse muchos paralelismos entre “Rey de Picas” y “El misterioso caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”, la extraordinaria novela de Robert Louis Stevenson. El tema de la doble personalidad, la falsedad de las apariencias o la lucha de los polos opuestos por apoderarse del control del individuo son comunes a ambas obras. Y, como en muchos otros libros de la escritora estadounidense, la violencia tiene también en este un papel preponderante. Tremendo ese primer capítulo del libro, titulado “El hacha”, que no adquiere pleno significado para el lector hasta casi el final de la novela.

Aunque puede pasar como una obra menor dentro de la amplia bibliografía de la autora, “Rey de Picas” es una deliciosa novela, original y absorbente, perfectamente construida, que se lee casi de un tirón y pone de manifiesto una vez más la maestría narrativa y la enorme cultura literaria de esta excepcional escritora estadounidense. Sin duda, el Premio Nobel sería un justo reconocimiento a su larga, brillante e impecable trayectoria en el mundo de las letras.

Rey de Picas”. Joyce Carol Oates. Alfaguara. 2016. 229 páginas.


Carlos Bravo Suárez

sábado, 21 de enero de 2017

DEL VALLE DE CASTANESA AL DE BARRABÉS POR EL GR-18





El GR-18 es un largo sendero balizado que recorre de sur a norte –o viceversa– la comarca de Ribagorza por su lado más oriental. Se inicia en Fonz, localidad hoy perteneciente al Cinca Medio pero histórica y culturalmente ribagorzana, y termina en el pueblo de Aneto, muy cerca de los grandes picos del Pirineo. La etapa más septentrional del GR-18 es la que une las localidades de Fonchanina y Aneto, ambas pertenecientes al municipio de Montanuy. Un itinerario de 19,7 Km que se recorren, a ritmo tranquilo, en unas 7 horas sin contar las paradas.

Describimos aquí brevemente este recorrido que lleva del valle de Castanesa, formado por el río Baliera, al de Barrabés, en el curso alto del Noguera Ribagorzana. El paso entre ambos valles se realiza por el Coll de Salinas, a 2.177 m. de altitud. Todo el camino transcurre por espacios abiertos, con una sucesión de pequeños barrancos y verdes prados, muy floridos en primavera. Son 10,5 km de subida, en los que se invierten casi cuatro horas; y 9,2 km de bajada, que se recorren en alrededor de tres horas.

Desde el pequeño pueblo de Fonchanina (1.495 m.), situado a dos kilómetros de Castanesa por carretera, tomamos una pista hacia el norte que, siempre con el Baliera a nuestra izquierda, seguimos durante una hora. La abandonaremos cuando veamos, a nuestra izquierda, un poste medio caído con una indicación del PR-HU100 que lleva a Denuy y otro, a la derecha, cuyo indicador ha desaparecido. Seguiremos por el sendero que marca este último, a la derecha de la pista, ascendiendo hacia el barranco de Picalbo. Tras cruzarlo, pasamos junto a unas bordas entre abundante vegetación. Llegaremos al barranco Chinestuso que, con algunas dificultades para encontrar las marcas, remontaremos hasta su cabecera, Desde esta, y siguiendo las estacas rojiblancas, llegaremos al coll de Salinas. Disfrutaremos allí de unas preciosas vistas: al oeste, el valle de Castanesa, los picos Basibé y Castanesa y la Sierra Negra; al este, y como telón de fondo ya en el Pirineo catalán, los Besiberri.

Iniciaremos el descenso siguiendo el barranco de la Font del Bisbe hasta un refugio de pastores del mismo nombre, un edificio solitario cuyo tejado rojo sirve de referencia desde el inicio de la bajada. Allí tomaremos una pista a la izquierda que desciende trazando fuertes lazadas, que podemos atajar en parte caminando campo a través. Cruzaremos el barranco (o riu) de Llauset, que baja desde el embalse homónimo, y llegamos al pinar de Els Pasos. Saldremos a la carretera que va de Llauset a Aneto y la seguiremos hasta el barranco del Cllot o de Farreres, donde el GR-18 se une al GR-11, con el que ya comparte recorrido hasta Aneto.

Seguiremos un kilómetro más de carretera y, dejando a la derecha las bordas de Nestuy, tomamos un sendero a la izquierda que sube al Serrat de la Creu, desde donde ya divisamos el Noguera Ribagorzana. Al final de este sendero, descendemos a la carretera y entraremos en Aneto (1.345 m.). Su caserío se agrupa en torno a su iglesia parroquial, de construcción moderna. Más interesante es la ermita de Sant Climent, o San Clemente, situada junto al cementerio a la entrada del pueblo y de claros orígenes románicos.

Fue esta población la que dio su nombre al pico más alto de los Pirineos. Sucedió en 1817 cuando el geógrafo francés Henry Reboul, consultando los mapas españoles, vio que, en línea recta, el pueblo más próximo a esa montaña era la pequeña localidad de Aneto, en el valle del río Noguera Ribagorzana, en su margen derecha y ya casi en la frontera con Cataluña, pero todavía aragonesa. Por este motivo llamó pico de Aneto a la cima de los Pirineos.

Es este un itinerario poco conocido, que permite disfrutar de bellos y solitarios parajes montañosos.

Carlos Bravo Suárez

jueves, 12 de enero de 2017

EXCURSIÓN POR LA SIERRA DE GÜEL















Como la falta de nieve impidió realizar la actividad de raquetas inicialmente prevista en el calendario oficial, el Centro Excursionista Ribagorza organizó el pasado domingo una salida por la sierra de Güel en la que participamos una veintena de personas. Tras reunirnos a las ocho de la mañana en la Glorieta Joaquín Costa de Graus, nos distribuimos en nuestros vehículos para desplazamos por carretera (en no muy buen estado en alguno de sus tramos) hasta la pequeña explanada situada junto al castillo de Fantova, a 16 km de la capital ribagorzana.

Con las magníficas vistas de esta importante fortaleza medieval a nuestras espaldas, poco antes de las nueve de la mañana, iniciamos la excursión junto a la casa Turmo, a unos 950 m de altitud. Siempre por pista de tierra, y con tramos blancos de escarcha cristalina en las zonas más umbrías del camino, dejamos a nuestra izquierda la casa Collada y los despoblados Bafalluy y Erdao o Yardo y ascendimos por bosque mixto en dirección a los morrones orientales de la sierra de Güel. Después de pasar junto a un pequeño refugio forestal, situado a la izquierda del camino, salimos pronto a espacios más abiertos en los que disfrutamos de las primeras y agradables caricias del sol de la mañana. En continua subida, nos salimos del camino por nuestra derecha para acercarnos a los escarpados promontorios rocosos, conocidos como los morrones de Güel, que confieren a esta sierra su silueta característica.

En uno de estos morrones, situado a 1404 m de altitud, se encuentra un vértice geodésico. En ese punto, con magníficas vistas del valle del Isábena, observamos a varios buitres volando por debajo de nosotros y vimos algunas de las casas del diseminado núcleo de Güel. En lo alto de un cerro, distinguíamos con claridad el pequeño caserío de Roda de Isábena en torno a su magnífica catedral. Retornamos a la pista y ascendimos buscando el punto más alto de la sierra, en esta zona también conocida como sierra de Esdolomada. Caminando entre verdes erizones, llegamos a la que estimamos como su cima, que, según nuestro GPS, se encuentra a una altitud de 1444 m. Cotiella y el Turbón, con poca nieve para las fechas, presidían nuestro horizonte septentrional.

En una amplia panorámica, identificamos pequeñas localidades ribagorzanas como Merli, Carrasquero, Serraduy o Calvera, con la silueta de la sierra de Sis y su mallo conocido como Brocoló o Tozal de los Moros perfilándose al este de nuestra ubicación. Con un sol magnífico y una agradable temperatura, disfrutamos un buen rato del lugar y de sus vistas y emprendimos el camino de regreso por el mismo itinerario por el que habíamos ascendido, pero ya sin asomarnos a los morrones. En la bajada, reconocimos algunos despoblados situados a nuestro oeste. Además de los ya citados Yardo y Bafalluy, identificamos las ruinas de Torroella de Aragón y Abenozas y, algo más alejadas, las de Aguilar y su casi imperceptible ermita de San Saturnino en la elevada ladera meridional de la sierra de Galirón. Desde diferentes perspectivas, disfrutamos también de excelentes vistas de la torre del castillo de Fantova y su ermita de Santa Cecilia.

Eran casi las 15 horas cuando llegamos de nuevo a la casa Turmo donde habíamos dejado los coches. Habían sido unas seis horas de excursión, con más de una hora de paradas, y algo más de veinte kilómetros de recorrido. La sierra de Güel y sus recortados morrones habían sido el magnífico marco de la primera excursión oficial del Centro Excursionista Ribagorza en el nuevo año 2017.

Carlos Bravo Suárez

Artículo publicado hoy en Diario del Alto Aragón.

Fotos: Grupo en la cima, cerca de la cima con Cotiella enfrente, el castillo de Fantova, Yardo o Erdao, Bafalluy, castillo de Fantova (dos fotos más), el Turbón y Merli, Merli, Roda de Isábena, el Brocoló o Tozal de los Moros, escarcha, camino con escarcha y grupo en el vértice geodésico del morrón de Guüel.