domingo, 1 de noviembre de 2026

"OCUPACIÓN": UNA MEMORIA FAMILIAR DE UCRANIA

La escritora ucraniana Margaryta Yakovenko, residente en España, recorre más de cien años de historia de Ucrania a través de cuatro generaciones de su familia 

Margaryta Yakovenko nació en 1992 en la ciudad ucraniana de Tokmak, pero desde los siete años vive en España. En 1999, sus padres emigraron a nuestro país y la familia se instaló en la localidad murciana de Los Alcázares. Margaryta estudió periodismo en la Universidad de Murcia y realizó un máster de Periodismo Político Internacional en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Ha trabajado en diversos medios escritos y audiovisuales y en 2020 publicó su primera novela, “Desencajada”, editada por Caballo de Troya y protagonizada por Daria Kovalenko Petrova, una joven nacida en Ucrania en 1992 y trasladada a España durante su infancia. En ella se narra una ruptura amorosa y la reconstrucción de un relato familiar marcado por la emigración y las dificultades económicas, el desarraigo, la soledad y la búsqueda de identidad. Siguiendo en esa línea de autoficción y rastreo de sus orígenes familiares en Ucrania, Margaryta Yakovenko ha publicado recientemente su segunda novela, “Ocupación”, editada por Seix Barral.

En marzo de 2022, tras ocho días de asedio, la ciudad ucraniana de Tokmak, en la región de  Zaporiyia, fue tomada por los rusos. Allí había nacido treinta años antes Margaryta Yakovenko, que siete años después emigró a España con sus padres. En Tokmak, quedó el abuelo Víctor, quien al mes de la entrada del ejército invasor murió en la casa familiar, ocupada a los pocos días de su muerte, y hasta hoy, por una familia rusa, compuesta por un médico militar, su esposa y su hijo de diez años. Víctor Yakovenko, de 82 años, no tuvo una muerte heroica, no murió en el frente ni por un proyectil enemigo. Viudo desde el año anterior, aunque cuidado en sus últimos días por su consuegra Liudmila, que había huido de la también asediada Mariúpol, murió en una ciudad fría, en un piso oscuro, sin calefacción ni medicinas, con sus piernas varicosas que ya no lo llevaban, “en la cama, debajo de varias mantas pesadas”. Una víctima anónima de una guerra que él, “que había amado hasta el tuétano a la Unión Soviética”, nunca pudo comprender. Esa muerte en la distancia es el detonante de la novela, en la que la autora intenta reconstruir las vidas de cuatro generaciones de su familia: la suya, la de sus padres y, especialmente, las de sus abuelos Víctor y Raísa y sus bisabuelos Konstantín y María. Para ello combina con destreza biografía, material familiar e Historia, y recurre a la ficción verosímil para llenar los huecos a los que no llegan la memoria y la documentación.

La novela se divide en tres partes. En la primera, la más intensa y dramática, se recrean la invasión de Tokmak por los rusos y la muerte del abuelo Víctor, “que nació en una guerra y murió en otra guerra”. En la segunda, la más larga, la autora se remonta en su árbol genealógico y llega hasta sus tatarabuelos, de los que solo alcanza a conocer dos nombres, y se centra en los bisabuelos y abuelos. “Mi bisabuelo nace en el Imperio ruso y muere en la República Socialista de Ucrania. Mi abuelo nace en la Republica Socialista de Ucrania y muere en la Ucrania ocupada por Rusia”.  Arranca en 1914, con la boda de sus bisabuelos Konstantín y María. Enseguida comienza la Primera Guerra Mundial y él será movilizado y hecho prisionero, pero con astucia y sagacidad consigue escapar y volver a Ucrania. Ya dentro de la Unión Soviética dirigirá un “koljós” o granja colectiva. Su hijo, Víctor, también trabajará allí y en la industria de Tokmak. Ambos abrazaron las ideas soviéticas, al principio con cierto fervor y luego por necesidad. También se hace referencia a un tema tabú en la familia, y del que Margaryta Yakovenko se entera poco antes de empezar a escribir su libro: su abuela Raísa, mujer de Víctor, era descendiente de “kulaks” rusos, campesinos acomodados desposeídos de sus propiedades por Stalin y reubicados de manera forzosa en Ucrania como colonos. Por eso Raísa “hablaba un ruso cristalino” y Víctor no entendía la invasión rusa de Ucrania: “¿Por qué nos atacan si somos hermanos?”. Margaryta no se avergüenza de ello, porque “los matrimonios mixtos en el sureste ucraniano han sido siempre habituales; demasiado cercanos unos de otros para no acabar mezclados, y más en tiempos en los que todo era un país”. En la tercera parte, la narradora vuelve al presente y al dolor de los recuerdos: “En Tokmak no hay nada; en Tokmak está todo lo que significa algo para mí”.

“Ocupación” recorre más de un siglo de historia de Ucrania a través de cuatro generaciones de la familia Yakovenko. Un periodo de cambios políticos, finales de imperios, revoluciones, dos guerras mundiales, auge y caída del comunismo soviético, modificación de fronteras y relaciones fluctuantes con tensiones permanentes, que llegan hasta hoy, entre Ucrania y Rusia. Y esa Historia con mayúscula se encarna aquí en el relato emocionante y conmovedor, literariamente sólido y bien construido, de una familia concreta que ha sufrido, y aún sufre, los vaivenes sociales y geopolíticos que alteran y destruyen las vidas de personas comunes y las convierten en víctimas anónimas de intereses y estrategias que les son ajenas. Margaryta Yakovenko ha conseguido fundir lo general y lo concreto en una novela concisa, a la que no le sobra ni le falta nada, porque condensa en menos de doscientas páginas la esencia de unos conflictos que desgraciadamente siguen asolando nuestro continente.

“Ocupación”. Margaryta Yakovenko. Seix barral. 2026. 184 páginas


No hay comentarios: