La escritora ucraniana Margaryta Yakovenko, residente en España, recorre más de cien años de historia de Ucrania a través de cuatro generaciones de su familia
Margaryta
Yakovenko nació en 1992 en la ciudad ucraniana de Tokmak, pero desde los siete
años vive en España. En 1999, sus padres emigraron a nuestro país y la familia
se instaló en la localidad murciana de Los Alcázares. Margaryta
estudió periodismo en la Universidad de Murcia y realizó un máster de
Periodismo Político Internacional en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.
Ha trabajado en diversos medios escritos y audiovisuales y en 2020 publicó su
primera novela, “Desencajada”, editada por Caballo de Troya y protagonizada por
Daria Kovalenko Petrova, una joven nacida en Ucrania en 1992 y trasladada a
España durante su infancia. En ella se narra una ruptura amorosa y la
reconstrucción de un relato familiar marcado por la emigración y las dificultades
económicas, el desarraigo, la soledad y la búsqueda de identidad. Siguiendo en
esa línea de autoficción y rastreo de sus orígenes familiares en Ucrania,
Margaryta Yakovenko ha publicado recientemente su segunda novela, “Ocupación”,
editada por Seix Barral.
En
marzo de 2022, tras ocho días de asedio, la ciudad ucraniana de Tokmak, en la
región de Zaporiyia, fue tomada por los
rusos. Allí había nacido treinta años antes Margaryta Yakovenko, que siete años
después emigró a España con sus padres. En Tokmak, quedó el abuelo Víctor,
quien al mes de la entrada del ejército invasor murió en la casa familiar,
ocupada a los pocos días de su muerte, y hasta hoy, por una familia rusa,
compuesta por un médico militar, su esposa y su hijo de diez años. Víctor
Yakovenko, de 82 años, no tuvo una muerte heroica, no murió en el frente ni por
un proyectil enemigo. Viudo desde el año anterior, aunque cuidado en sus
últimos días por su consuegra Liudmila, que había huido de la también asediada Mariúpol,
murió en una ciudad fría, en un piso oscuro, sin calefacción ni medicinas, con
sus piernas varicosas que ya no lo llevaban, “en la cama, debajo de varias
mantas pesadas”. Una víctima anónima de una guerra que él, “que había amado
hasta el tuétano a la Unión Soviética”, nunca pudo comprender. Esa muerte en la
distancia es el detonante de la novela, en la que la autora intenta reconstruir
las vidas de cuatro generaciones de su familia: la suya, la de sus padres y,
especialmente, las de sus abuelos Víctor y Raísa y sus bisabuelos Konstantín y
María. Para ello combina con destreza biografía, material familiar e Historia,
y recurre a la ficción verosímil para llenar los huecos a los que no llegan la
memoria y la documentación.
La
novela se divide en tres partes. En la primera, la más intensa y dramática, se
recrean la invasión de Tokmak por los rusos y la muerte del abuelo Víctor, “que
nació en una guerra y murió en otra guerra”. En la segunda, la más larga, la
autora se remonta en su árbol genealógico y llega hasta sus tatarabuelos, de
los que solo alcanza a conocer dos nombres, y se centra en los bisabuelos y
abuelos. “Mi bisabuelo nace en el Imperio ruso y muere en la República
Socialista de Ucrania. Mi abuelo nace en la Republica Socialista de Ucrania y
muere en la Ucrania ocupada por Rusia”. Arranca
en 1914, con la boda de sus bisabuelos Konstantín y María. Enseguida comienza
la Primera Guerra Mundial y él será movilizado y hecho prisionero, pero con
astucia y sagacidad consigue escapar y volver a Ucrania. Ya dentro de la Unión
Soviética dirigirá un “koljós” o granja colectiva. Su hijo, Víctor, también
trabajará allí y en la industria de Tokmak. Ambos abrazaron las ideas
soviéticas, al principio con cierto fervor y luego por necesidad. También se
hace referencia a un tema tabú en la familia, y del que Margaryta Yakovenko se
entera poco antes de empezar a escribir su libro: su abuela Raísa, mujer de
Víctor, era descendiente de “kulaks” rusos, campesinos acomodados desposeídos
de sus propiedades por Stalin y reubicados de manera forzosa en Ucrania como
colonos. Por eso Raísa “hablaba un ruso cristalino” y Víctor no entendía la
invasión rusa de Ucrania: “¿Por qué nos atacan si somos hermanos?”. Margaryta
no se avergüenza de ello, porque “los matrimonios mixtos en el sureste
ucraniano han sido siempre habituales; demasiado cercanos unos de otros para no
acabar mezclados, y más en tiempos en los que todo era un país”. En la tercera
parte, la narradora vuelve al presente y al dolor de los recuerdos: “En Tokmak
no hay nada; en Tokmak está todo lo que significa algo para mí”.
“Ocupación”
recorre más de un siglo de historia de Ucrania a través de cuatro generaciones
de la familia Yakovenko. Un periodo de cambios políticos, finales de imperios,
revoluciones, dos guerras mundiales, auge y caída del comunismo soviético,
modificación de fronteras y relaciones fluctuantes con tensiones permanentes,
que llegan hasta hoy, entre Ucrania y Rusia. Y esa Historia con mayúscula se
encarna aquí en el relato emocionante y conmovedor, literariamente sólido y
bien construido, de una familia concreta que ha sufrido, y aún sufre, los
vaivenes sociales y geopolíticos que alteran y destruyen las vidas de personas
comunes y las convierten en víctimas anónimas de intereses y estrategias que
les son ajenas. Margaryta Yakovenko ha conseguido fundir lo general y lo
concreto en una novela concisa, a la que no le sobra ni le falta nada, porque
condensa en menos de doscientas páginas la esencia de unos conflictos que
desgraciadamente siguen asolando nuestro continente.
“Ocupación”.
Margaryta Yakovenko. Seix barral. 2026. 184
páginas

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