miércoles, 5 de septiembre de 2018

RUTA DE LOS ONCE LAGOS (ESTANYS DE CABDELLA): EMBALSE DE SALLENTE - TELEFÉRICO - ESTANY GENTO - ESTANYS TORT Y MARIOLA - ESTANY XIC DE COLOMINA - ESTANYS DELS VIDALS - PIC DELS VIDALS (2.904 m.) - ESTANY DE SABURÓ - PASO DEL OSO - ESTANY DE MAR - ESTANY DE COLOMINA - TELEFÉRICO - PANTANO DE SALLENTE

GRUPO COMPLETO EN EL ESTANY BAJO DELS VIDALS
TELEFÉRICO
PANTANO DE SALLENTE
INICIO DEL RECORRIDO







ESTANY TORT



ESTANYS TORT Y DE MARIOLO






ESTANY XIC DE COLOMINA

SUBIENDO ALS ESTANYS DELS VIDALS






ESTANY DELS VIDALS



SUBIENDO AL PIC DELS VIDALS

ESTANYS DELS VIDALS
AL FONDO, LOS GRANDES PICOS DEL VALLE DE BENASQUE



ABAJO, LOS ESTANYS ALTOS DELS VIDALS
EN LA CIMA DEL PICO DELS VIDALS

VISTA DE LOS LAGOS DESDE ARRIBA: A LA DERECHA LOS ESTANYS DE MAR Y DE COLOMINA

EN LA CIMA




AL FONDO, VALLIBIERNA, POSETS, ANETO Y MALADETAS
OTRA VEZ EN LOS ESTANYS DELS VIDALS
ESTANY DE SABURÓ


ESTANY DE MAR


EMPEZANDO LA BAJADA DEL PASO DEL OSO
ESTANYS DE MAR Y COLOMINA


PASO DEL OSO
ESTANY DE MAR



EL CARRILET O VÍA VERDE SOBRE LAS VÍAS DE LAS VAGONETAS


BAJANDO A COGER EL TELEFÉRICO
BAÑO FINAL
ENTRANDO EN EL TELEFÉRICO

El Centro Excursionista Ribagorza realizó el pasado sábado su última excursión oficial de este verano con un magnífico recorrido circular por tierras pirenaicas en la vecina comarca catalana del Pallars Jussà, en la Vall Fosca, en la zona periférica del Parque Nacional de Aigüestortes y Sant Maurici. Un precioso itinerario que, por su contenido lacustre, desde el propio club denominamos como Ruta de los once lagos. Además de pasar por numerosos lagos de montaña o ibones (en esta zona llamados estanys), la excursión también incluyó la ascensión al pico dels Vidals, de 2.904 m. de altitud.

Los participantes en la actividad salimos de Graus en autobús a las seis de la mañana. Durante el recorrido por carretera recogimos a varios participantes y, tras pasar por El Pont de Suert y Senterada, algo antes de las 9 horas, llegamos a la presa de Sallente, situada a 1.765 m. de altitud. Allí, ascendimos en un teleférico hasta el estany Gento, a 2.150 m., desde donde iniciamos nuestra caminata. Nos dirigimos primero hacia el oeste, pasamos entre los estanys Tort  y Mariolo y el estany Xic de Colomina y subimos luego a los estanys dels Vidals (de Abajo y de Arriba). Aunque varios participantes decidieron quedarse en estos lagos, el grueso del grupo abordó desde ellos la ascensión al pico dels Vidals, desde cuya cima contemplamos una vistas extraordinarias. Además de multitud de lagos de la zona, desde este magnífico mirador divisamos algunos de los grandes picos del valle de Benasque, como el Vallibierna y el Culebras, el Espadas y el Posets o el Aneto y las Maladetas.

Descendimos luego a los estanys dels Vidals de Arriba y nos dirigimos hacia el este pasando por los lagos de Saburó. Por el impresionante Paso del Oso, una pronunciada bajada con algunos restos de escalones de cemento, descendimos hacia los estanys de Mar y Colomina, junto al que se encuentra el refugio del mismo nombre. Durante un pequeño tramo, pasamos por el llamado “carrilet”, junto a las vías por las que, décadas atrás, se transportaron los materiales para la construcción de las presas y las centrales hidroeléctricas de la zona. Toda esta red lacustre, conocida como estanys de Capdella, fue objeto durante el pasado siglo de numerosas obras (presas, centrales, construcciones, edificios y vías de trasporte) para su aprovechamiento hidrológico e industrial.

Para cerrar el círculo de nuestro itinerario, regresamos al teleférico y descendimos a la presa de Sallente, donde nos esperaba el autobús con el que retornamos a Graus. Había sido una estupenda jornada de excursionismo en la que, según nuestro GPS, habíamos recorrido 12,67 km en seis horas y media, de las que 4,40 habíamos estado en movimiento. El desnivel fue de 891 m. y, en lo meteorológico, también el día acompañó y tuvimos una excelente temperatura para la práctica del senderismo. Con motivo de las fiestas de Graus, el CER no reanudará su actividad oficial hasta el próximo 23 de septiembre, con una excursión por el vecino Sobrarbe, desde el embalse de Pineta hasta Tella y Lafortunada por el camino del Canal.



martes, 4 de septiembre de 2018

LA RELACIÓN EPISTOLAR ENTRE MANUEL BESCÓS Y JOAQUÍN COSTA

MANUEL BESCÓS 
MANUEL BESCÓS 
                                                         JOAQUÍN COSTA


En nuestro presente de móviles y mensajería digital instantánea, quedan cada vez más lejanos aquellos tiempos en que la comunicación en la distancia se realizaba sobre todo a través de las cartas manuscritas. Joaquín Costa (Monzón, 1846  - Graus, 1911) mantuvo una ingente correspondencia epistolar a lo largo de toda su vida. Gracias al trabajo del hispanista inglés  George J. G. Cheyne (1916 – 1990), una parte de esa correspondencia fue publicada en tres libros a finales del pasado siglo XX: “Confidencias políticas y personales: Epistolario Joaquín Costa – Manuel Bescós (1899-1910)” (Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1979), “El don de consejo: Epistolario de Joaquín Costa y Francisco Giner de los Ríos (1878-1910)” (Guara Ediciones, Zaragoza, 1983) y “El renacimiento ideal: Epistolario de Joaquín Costa y Rafael Altamira (1888-1911)” (Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 1992). Al primero de esos libros, es decir, a la correspondencia entre los altoaragoneses Joaquín Costa y Manuel Bescós, vamos a dedicar este artículo. Veamos primero, de manera sucinta, quién fue Manuel Bescós.

Manuel Bescós Almudévar nació en Escanilla en 1866. Aunque su familia tenía su domicilio en Huesca, vino al mundo en esa pequeña localidad sobrarbense porque su padre dirigía en aquel tiempo las obras de la carretera entre Naval y Mediano. Don Francisco Bescós era un destacado carlista que acabó exiliándose en Francia, donde montó un próspero negocio de exportación e importación de vinos y aceites. El pequeño Manuel pasó en el país vecino los años de la infancia y después fue enviado a Zaragoza a continuar sus estudios con los jesuitas. Licenciado en Derecho, Manuel Bescós fue un hombre activo y emprendedor, ejemplo de una burguesía productiva que históricamente ha sido muy poco frecuente en nuestra tierra. Como hijo primogénito, heredó los negocios de su padre, que supo ampliar y reconvertir, y disfrutó de una desahogada situación económica. En lo político fue un regeneracionista, deseoso de acabar con el caciquismo y la corrupción política que tanto arraigo tenían en nuestra provincia. Bescós llegó a ser alcalde de Huesca en 1923. Fue una experiencia breve y poco feliz, pues dimitió a los cuatro meses de haber ocupado el cargo. Murió en la capital altoaragonesa en 1928.

Manuel Bescós fue un hombre con una gran formación cultural y literaria. Viajó por España y gran parte de Europa y fue un ávido lector, sobre todo de los clásicos, tanto antiguos como modernos. Dominaba el latín y otros  idiomas vivos como el francés, el inglés o el italiano. Tenía también conocimiento de materias tan diversas como la filosofía, la medicina, la electricidad, la física o el cine. En lo religioso se mostró siempre, desde posturas polemistas, irónicas e iconoclastas, como anticlerical y ateo. Y, de manera menos clara y explícita, como defensor de un vitalismo entre hedonista y epicúreo, próximo al nietzschismo finisecular tan presente en algunos autores del Modernismo y el 98. Con el pseudónimo de Silvio Kossti, que al parecer tomó como homenaje a su admirado Costa, publicó tres libros: “Las tardes del sanatorio” (1909), “La gran guerra” (1917) y “Epigramas” (1920). También escribió artículos en diversas publicaciones, entre las que destaca “El iconoclasta”, que se definía como “semanario radical y anticaciquista” y al que el propio Bescós, que firmaba en él como Pico de la Mirándola, alude en su correspondencia con Costa.

Aunque Bescós era veinte años más joven que Costa, ambos mantuvieron una larga e inquebrantable amistad. La correspondencia editada por Cheyne abarca desde septiembre de 1899 hasta agosto de 1910, seis meses antes de la muerte del ilustre polígrafo en su casa de Graus. Por el contenido de estas cartas, queda claro que Bescós idolatraba a Costa, al que consideraba su maestro y a quien mostró siempre una lealtad inmutable al paso del tiempo. La relación epistolar muestra también una confianza creciente y familiar, dentro de una admiración y un respeto mutuos y una sincera complicidad en lo político, lo literario y lo personal.

Cheyne reunió en su edición de 1979 un total de 108 cartas, de las que 58 son de Costa a Bescós y 50 del oscense al grausino. Aunque Bescós hacía frecuentes viajes, salvo una en Barcelona y otra en Zaragoza, todas sus cartas están fechadas en Huesca. Las primeras de Costa están enviadas desde Madrid, excepto una sellada en La Solana, en La Mancha, en 1903. A partir del 4 de noviembre de 1904, Costa escribe ya desde Graus. Sólo dos cartas sucesivas, de noviembre de 1909 y enero de 1910, están enviadas desde Madrid, pero, a partir de marzo de 1910 y hasta la última del 13 de agosto de ese mismo año, Costa vuelve a escribir desde Graus, de donde ya no se va a mover hasta su muerte en febrero de 1911.

Las primeras cartas tratan sobre el origen, la formación, la estrategia y la caída de la Unión Nacional, organización y partido político que se creó en 1900 como consecuencia de la fusión de la Liga Nacional de Productores y las Cámaras de Comercio. Joaquín Costa presidía entonces la Liga de Productores y Manuel Bescós, la Cámara de Comercio de Huesca. Como no se conservan cartas anteriores, todo hace pensar que éste sería el motivo por el que los dos altoaragoneses comenzaron su relación epistolar, que luego fue derivando hacia otros y variados temas. En estas primeras cartas, ambos usan los membretes de las dos organizaciones que presiden. Los dos coinciden en su defensa del regeneracionismo político y en la lucha contra el caciquismo, que en la provincia oscense encarna sobre todo Manuel Camo. Costa consideró siempre a Basilio Paraiso (“el saltimbanquis de Zaragoza que ha sacrificado a su imbécil personalismo el movimiento nacional”) como el principal culpable del fracaso de la efímera Unión Nacional.

Terminado el asunto de la Unión Nacional y el abandono por parte de ambos de los cargos que ostentaban, Bescós y Costa continúan su relación epistolar, estrechando su amistad e intercambiando opiniones sobre diversos temas. Bescós es un hombre de negocios, siempre ocupado, con numerosos viajes por España y el extranjero y con obligaciones familiares (mujer y seis hijos) a las que atender. Costa se muestra siempre en mayor o menor soledad, primero en Madrid y luego en Graus, donde la progresiva enfermedad lo hace cada vez más dependiente de familiares y amigos. El farmacéutico Agustín Rosell, los hermanos Feliciano y Dámaso Carrera y Marcelino Gambón son los amigos más citados en estas cartas.

En lo político, tras la decepción de la Unión Nacional, Bescós y Costa ponen sus ilusiones en el republicanismo. El oscense sigue el ejemplo de Costa y en mayo de 1903 escribe a su maestro: “Convencido por la palabra y el ejemplo de usted, he enviado mi adhesión al comité del censo republicano que funciona en esta capital. Vencida mi repugnancia instintiva a la política de partidos, me encuentro satisfecho de haber cumplido mi deber social. Soy pues un republicano más, dispuesto a ir donde usted me ordene”. En noviembre de 1904 Costa expone a Bescós sus dudas sobre el republicanismo y en junio de 1907, enfermo y abatido, hace una excepción a su silencio y contesta a Bescós en estos términos: “Fracasé; ha fracasado el republicanismo; ha fracasado España. Y no me cumple ya más sino hacer honor a mi fracaso, doblándole la frente, sometiéndome decorosamente, sin patalear, a la fatalidad de mi impotencia, ahogar la ira en el silencio y la oscuridad de este rincón, maldecir a los traidores de 1899-1900 y a los infieles de 1903-1907, llorar los años de vida perdidos en perseguir una utopía –la resurrección de un cadáver putrefacto–, y expresar a usted una vez más el testimonio de mi agradecimiento como español por su concurso de entonces, como por su ofrecimiento y buena memoria de ahora”.

Al referir a Costa algunos de sus viajes, Bescós hace siempre interesantes observaciones. El oscense fue testigo presencial de la inauguración del túnel internacional de Canfranc en 1908, donde estuvo “toda la polilla política que vive sobre Aragón” y cita a algunos caciques provinciales como Camo y Alvarado. Al final de la carta, Bescós sentencia con desencanto: “En medio de tanta garrulería y tanta maldad no nos queda otro recurso que vivir hacia dentro”. Unos meses antes, Bescós había hecho un viaje por el norte de España del que cuenta sus impresiones a su amigo retirado en Graus. Entre las cosas que sorprenden al oscense destaca la abundancia de clérigos en el País Vasco: “Mis impresiones de viaje en cuanto a Navarra y Vascongadas pueden reducirse a una sola nota: El Eldorado de los frailes. Los frailes y curas andan tan espesos que hacen pensar en la plaga de los saltamontes de Egipto. ¿Para qué se batirían los carlistas navarros y vascos en las pasadas guerras? ¿Qué más podrían tener con Don Carlos que ahora no tengan?”.

Un aspecto muy interesante de esta correspondencia son las referencias a los proyectos literarios y librescos de los dos ilustres altoaragoneses. En abril de 1901, Costa le pide a Bescós alguna aportación oral o escrita para el debate “Oligarquía y caciquismo” que se celebra en el Ateneo de Madrid. Bescós, que como su maestro es furibundo detractor del caciquismo, envía finalmente una colaboración escrita que se incluyó en la extensa memoria publicada en libro bajo la redacción y dirección de Costa.  En abril de 1909, Manuel Bescós acaba de publicar “Las tardes del sanatorio” y le manda un ejemplar a Costa pidiéndole por carta que le dé su opinión sobre el libro: “Mucho temo el juicio de usted, que tiene derecho a ser severo conmigo”. Costa no tarda en contestar y, en una magnífica carta de crítica literaria, enjuicia los pros y contras del libro de su amigo, “un libro que deja adivinar una atrocidad de trabajo de cincel, de voluntad y de perseverancia, y que no se ha prodigado en vano”.

En junio de 1910, Manuel Bescós, en una extensa carta, envía a Costa un plan para una novela conjunta que se titularía “El último tirano”, cuyo argumento y desarrollo pormenoriza en la misiva. En la primera parte, que transcurriría en un país imaginario llamado Subpinguinia, “el último tirano” sería un equivalente al “cirujano de hierro”, que “hará una nación nueva sobre las ruinas del desastre”. Tras veinticinco años “de recogimiento, de sabia dictadura y mano de hierro”, que supone la suspensión de las libertades y los derechos democráticos y el castigo, la cárcel y la obligación de la devolución de lo que robaron para los corruptos, y siempre bajo la tutela paternal del tirano, ayudado por “una minoría intelectual y sensata”, surgirían “el país nuevo y la nueva mentalidad” y se restablecerían “todas las libertades e instituciones de la civilización europea”. En este esbozo de argumento, no cabe duda de que Bescós propone una dictadura transitoria que limpie y purifique un país que alcanzaría luego por fin la modernización y el progreso. En la segunda parte, más futurista y literaria, la acción se trasladaría a un ámbito interplanetario, con un argumento de delirantes  pretensiones utopistas.

Costa, enfermo y cansado (“no sé si me entenderá usted; escribo sobre una tabla, desde una mecedora”) contesta con brevedad y certifica que acumula material para el proyecto. Solo se conservan luego tres cartas más de Costa y ninguna de Bescós. Dos son de julio de 1910 y Costa confiesa su imposibilidad de hacerse cargo del proyecto: “No puedo positivamente hacerme cargo de nada de nadie. Fue una sandez mía comprometerme a leer y juzgar su plan de “El último tirano”, estando como estoy, sin poder tenerme ni sentado en mecedora”. Costa reprocha a Bescós su intromisión literaria (“¿Fue Giner quien le puso a usted ese cascabel?’”) y concluye, con cierto tono de enfado: “”Escribimos y escribimos como si Jesús hubiese ordenado ‘Estorbaos los unos a los otros’”

La penúltima carta de Costa es del 15 de julio de 1910 y muestra la proximidad del fin: “He resistido, me he rebelado, pero ya hoy decididamente me doy: ¿para qué luchar más? Mi última crisis ha venido rabiando a acabar de inutilizarme. No me ha quedado ni una chispa de potencia para el trabajo: se me dobla el cuerpo y tengo que recogerlo (le redresser) a cada momento con esfuerzo doloroso. En fin, lo que fuere: el hecho es que estoy arrumbado. ¿Definitivamente? ¿Sin remedio? Mi pensamiento lo tiene por muy probable  aunque me inunde de tristeza el pensar que etc, etc, etc”. La última carta es del 13 de agosto de 1910 y en ella, además de insistir en que “está muy fatigado”, Costa da las gracias por el vino y el agua fresquísima que le han hecho llegar a Graus los hermanos de Bescós.

Joaquín Costa murió en Graus el 8 de febrero de 1911. Manuel Bescós vivió hasta 1928 y siguió considerando a Costa como su maestro y un verdadero titán de la cultura y el pensamiento, al que debían tener como modelo las nuevas generaciones de españoles.

lunes, 3 de septiembre de 2018

PROYECTOS Y COLABORACIONES DEL CENTRO EXCURSIONISTA RIBAGORZA

EXCURSIÓN CONJUNTA CON EL CLUB ATLÉTICO SOBRARBE DE AÍNSA Y CON NABAÍN MONTAÑA DE BOLTAÑA
 EXCURSIÓN CONJUNTA CON MONTAÑEROS DE ARAGÓN DE BARBASTRO
 EXCURSIÓN CONJUNTA CON EL CLUB LITERA DE BINÉFAR
EXCURSIÓN EN EL CONGRESO DE MEDICINA DE MONTAÑA CELEBRADO EN GRAUS


 ENCUENTRO PROVINCIAL DE CLUBES EN SAN ESTEBAN DE LITERA

Un año más, al llegar las Fiestas de Graus, acudimos puntuales a nuestra cita con El Llibré. Y, como en anteriores ediciones, aprovechamos para hacer un breve resumen de algunos aspectos del periodo transcurrido desde nuestra última colaboración en estas entrañables páginas festivas.

El CER ha aumentado en este tiempo su número de socios, que en el momento de escribir estas líneas alcanza los 477, su punto máximo en sus 22 años de existencia. Eso nos sitúa como una de las entidades con mayor número de asociados de toda la comarca ribagorzana. Además, en estos años también se ha incrementado notablemente el número de deportistas que se federan a través de nuestro club, hasta los 140 de la presente temporada.

En nuestra vocación de proyectar y divulgar la imagen de Graus y Ribagorza, el pasado mes de mayo se celebró en Espacio Pirineos la Asamblea General Ordinaria de la Federación Aragonesa de Montañismo, de la que el CER es en la actualidad miembro integrante. En esta misma línea, el CER colaboró en el Congreso de la Sociedad Española de Medicina y Auxilio en Montaña (SEMAN) que tuvo lugar en Graus en octubre del pasado año.

En el aspecto deportivo, además de realizar las correspondientes excursiones del programa oficial, en este 2018 hemos culminado el recorrido del GR-11, el largo sendero pirenaico que atraviesa la vertiente sur del Pirineo desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo. Ha sido la culminación de un proyecto que comenzó hace veinte años y que hemos ido realizado a razón de dos o tres etapas anuales en verano o primavera. Se inició con el recorrido del tramo altoaragonés, en sentido oeste-este, desde Isaba, en Navarra, hasta el hospital de Viella, ya en Cataluña. Simultáneamente, continuamos luego hacia el oeste por el Pirineo navarro y en mayo de 2009, tras pasar por Irún, llegamos al cabo Higuer, en Hondarribia, y alcanzamos las aguas del mar Cantábrico. Posteriormente, continuamos por el tramo catalán, con alguna etapa andorrana, en dirección al mar Mediterráneo, al que llegamos en el cabo de Creus el pasado puente festivo del 1 de mayo.

Otro aspecto de nuestro club que intentamos potenciar es la colaboración con otros clubes excursionistas de la provincia. Así, el pasado mes de febrero organizamos una excursión conjunta con los amigos del club Litera de Binéfar que nos llevó desde Alins del Monte hasta el barranco de Gabasa, pasando por Calasanz y Peralta de la Sal, en la Litera Alta, por unas tierras limítrofes y muy vinculadas histórica y económicamente con nuestra comarca ribagorzana.

También en marzo, y por tercer año consecutivo, hicimos una excursión conjunta con Montañeros de Aragón de Barbastro. En esta ocasión, desde el monasterio de Obarra a la Casa Arro de Montanuy, continuando nuestro proyecto común de seguir la ruta del destierro de San Ramón y llegar en los años próximos a la localidad francesa de Saint Bertrand de Comingues. También con los buenos amigos del Club Atlético Sobrarbe de Aínsa y del club Nabaín de Boltaña hemos mantenido nuestras colaboraciones anuales. El pasado otoño fuimos de Viu a Laspuña, donde disfrutamos de una magnífica comida de hermandad. Y el próximo mes de octubre, siguiendo con los itinerarios que unen las dos comarcas, tenemos programada una excursión desde Barbaruens a Plan, con comida conjunta en esta población sobrarbense.

Y, como ya me extendido bastante, termino esta colaboración como es preceptivo en estas fechas: deseando a todos los grausinos, ribagorzanos y visitantes unas Felices Fiestas de Graus 2018.

Carlos Bravo Suárez
Presidente del Centro Excursionista Ribagorza

domingo, 2 de septiembre de 2018

IGLESIA DE SAN PEDRO (O SANT PERE) DE CORNUDELLA Y RUINAS DE LA ERMITA DE SANTA MARÍA

CON CRISTIAN LAGLERA EN LA IGLESIA DE SAN PEDRO DE CORNUDELLA
PORTADA E IGLESIA DE RIVERA DE VALL

 CAMINO A SAN PEDRO DE CORNUDELLA

 SAN PEDRO DE CORNUDELLA






 SAN PEDRO DESDE LA CARRETERA
 RESTOS DE LA ERMITA DE SANTA MARÍA DE CORNUDELLA





Excursión del 2 de septiembre con Cristian Laglera

http://carlosbravosuarez.blogspot.com/2012/07/san-pedro-de-cornudella.html

LA HERIDA DEL TIEMPO


“La herida del tiempo” es una novela rural, género narrativo cada vez más extraño en una España en la que el mundo rural (la España vacía ya saben) parece en vías de desaparición. Su autor es Agustín García Simón (Montemayor, Valladolid, 1953), periodista y editor prestigioso que, además de numerosos artículos, ha publicado el interesante ensayo historiográfico “El ocaso del emperador. Carlos V en Yuste” (1995), la singular novela “Valcarlos” (Premio Miguel Delibes de Narrativa 2005) y los doce relatos que componen “Cuando leas esta carta yo ya habré muerto”, editados en 2009 por Siruela y alguno de cuyos personajes aparece en su última novela “La herida del tiempo” que aquí reseñamos.
           
“La herida del tiempo” recorre la vida de un pueblo castellano desde los inicios del siglo XX hasta el desarrollismo y mecanización de los años sesenta y el definitivo periclitar de la vida rural española en la década de los setenta, con la inevitable parada intermedia en los convulsos y violentos días de la Guerra Civil. El relato transcurre en el territorio ficticio de Hontanalta, un pueblo situado al noroeste de Castilla, en el que Heliodoro García Vallejo, personaje principal de la novela, se hace con las riendas de una hacendada familia que posee la mayor parte de las tierras de cultivo del lugar. Heliodoro gobierna con mano firme a la familia y se relaciona con los habitantes del pueblo desde la posición dominante del rico terrateniente del que muchos dependen para sobrevivir. Tras la apariencia de lo convencional y de la religiosidad oficial y externa, laten pasiones ocultas, consumadas muchas veces desde posiciones de poder. Destaca la compulsiva pulsión sexual del protagonista y sus conquistas, casi donjuanescas, de numerosas mujeres de distinta edad y condición. Además de la propia, de la que queda viudo, es Paula, su principal amante, la que adquiere mayor protagonismo en la novela. También tienen una destacada presencia algunos de los hijos de Heliodoro, uno de los cuales actúa como narrador en varios capítulos del relato. Otro personaje interesante es Heriberto, vecino y coetáneo de Heliodoro, también selecto conquistador de mujeres y hombre singular y diferente, alejado de los rígidos convencionalismos imperantes en el pueblo.

La contraportada, siempre exquisitas en la editorial Siruela, resume espléndidamente la novela en este párrafo: “Detrás del trampantojo secular de una vida rústica, estancada en las miasmas de la decadencia, surgen las pasiones descarnadas de unos seres ahormados por la inercia y la necesidad. Solo el tajo de la guerra sacudirá con su impacto rotundo las ondas de esta balsa cenagosa, en que sus moradores, lejos de encontrar nuevos caminos, mimetizarán su existencia, adaptándola penosamente a un tiempo oscuro e interminable”.
Agustín García Simón, con una prosa elegante y un castellano con giros rurales de la época y la geografía narradas, penetra en la unamuniana intrahistoria de la Castilla rural, un mundo ya desaparecido del que el autor, como hizo en algunos de sus libros el también vallisoletano Miguel Delibes, levanta brillante acta literaria. Una sociedad y una época que, según él, no ha sido suficientemente tratada en la literatura, que “no se ha detenido en analizar cómo vivieron, pensaron, gozaron y sufrieron sus gentes, qué hubo detrás de esa sociedad y qué inercia la ha movido hasta desaparecer en los años setenta".
            
El gran novelista castellano Luis Mateo Díez ha resumido perfectamente la labor literaria de su paisano y amigo: “Algo de antigüedad y ruina, de esplendor y decadencia, late en las ficciones de Agustín García Simón, una mirada que recompone el pasado desde la actualidad degradada de su espejo, un tiempo hostil que nutre la conciencia de las pérdidas y las desapariciones, entre el sufrimiento y la melancolía”. Esperemos que García Simón nos pueda ofrecer, y a poder ser sin dilatar tanto la espera entre uno y otro, algunos libros más como este magnífico “La herida del tiempo”, una sobresaliente crónica literaria de la Castilla( y de la España) rural del pasado siglo XX.

“La herida del tiempo”. Agustín García Simón. Siruela (Nuevos Tiempos). 2018. 395 páginas.