lunes, 1 de septiembre de 2014

LOS JESUITAS DE GRAUS Y LA REVOLUCIÓN DE 1868





Que la presencia histórica de los jesuitas en Graus ha sido determinante y fundamental para la educación de sus habitantes y los de su comarca parece algo fuera de toda duda desde que, gracias al mecenazgo de Esteban de Esmir, en 1651 se construyó en la villa un colegio de la Compañía de Jesús. Pese a ello, la relación de los miembros de esta orden religiosa con la capital ribagorzana ha estado sometida a los mismos vaivenes y avatares vividos por la Compañía en nuestro país a lo largo de su existencia. Haciendo algunas breves referencias al antes y al después, trataré en este artículo sobre la corta estancia de los jesuitas en la población durante el año 1868, cuando en Graus, como en todo el territorio español, estalló la revolución liberal conocida como “La Gloriosa”.

La llegada de los padres jesuitas a nuestra localidad en 1868 se produjo pocos días antes del estallido de la citada revolución. Esta era la tercera vez que la Compañía de Jesús abría su colegio en la villa. Desde aquella lejana fundación en unos terrenos donados por el obispo Esmir a mediados del siglo XVII, la orden había ejercido la enseñanza en Graus sin interrupción hasta su expulsión del territorio español en 1767, bajo el reinado de Carlos III. La Compañía fue restablecida brevemente en nuestro país entre los años 1815 y 1820, y el colegio grausino fue reabierto en 1816. En el libro “Política religiosa de los liberales en el siglo XIX”, de Manuel Revuelta González, publicado por el CSIC en 1973, se hace referencia a una carta enviada por el obispo de Barbastro al rey Fernando VII, fechada el 20 de noviembre de 1817, en la que el prelado manifiesta que le parece increíble que los cuatro jesuitas de Graus (“dos profesos de los venidos de su destierro en Italia, y dos novicios de los que han tomado la ropa nuevamente, uno escolar y otro lego”) fueran capaces de tener abiertas dos aulas de Latinidad con más de sesenta discípulos, y una escuela de primeras letras “de más de ciento y tantos niños”. Cuando la Compañía fue de nuevo expulsada en 1820, la de Graus era una de las diecisiete casas de jesuitas que había en territorio español y que fueron entonces cerradas.

Es también Manuel Revuelta González en su obra “La Compañía de Jesús en la España contemporánea. Tomo I: Supresión y reinstauración (1868-1883)”, publicada por Ediciones Mensajero de Bilbao en 1984, quien aporta algunos datos sobre la llegada de los jesuitas a Graus en 1868. El Ayuntamiento grausino les había ofrecido el templo y el edificio de la antigua Compañía en la localidad y, según se desprende de algunas cartas enviadas por su hermano Joaquín, a mediados de agosto de ese año, el Padre Tomás Suárez, de la residencia de Zaragoza, estuvo en Graus para preparar la apertura del colegio. Volvió el 1 de septiembre con el Padre Provincial para “dirigir las obras del antiguo colegio, abrirlo y dejarlo todo arreglado para cuando llegue el Padre que esté nombrado Rector del mismo y que no podrá ir allá hasta fines de mes”. La apertura del colegio se realizó el domingo día 20 de septiembre, entre volteos de campana y músicas de júbilo, “con solemnidad eclesiástica y literaria y con grande entusiasmo del pueblo”.

En esos mismos días de septiembre de 1868, la Revolución había estallado en toda España. El día 17, las fuerzas navales al mando del brigadier Topete se amotinaron en Cádiz. Dos días más tarde, todos los generales sublevados hicieron público un comunicado que terminaba con la famosa frase “¡Viva España con honra!”. El día 28, el ejército realista era derrotado en la población cordobesa de Alcolea y, en la jornada siguiente, la reina Isabel II, que estaba veraneando en San Sebastián, huyó a Francia.

En Aragón, “La Gloriosa” comenzó a extenderse a partir de día 21 y, como en el resto del país, en todas las poblaciones se crearon las llamadas Juntas Revolucionarias. En el libro “La Revolución de 1868 en el Alto Aragón”, de Alberto Gil Novales, publicado por Guara Editorial en 1980, se dice que la de Graus, refrendada definitivamente el 8 de octubre por más de quinientos votos, estaba presidida por Antonio Monclús Balaguer y eran sus vocales Faustino Lacambra Gambón, Justo Lacambra Naval, Teodosio Dumas Lobera y Domingo Lacambra Naval.

Los jesuitas prácticamente no habían acabado de instalarse en Graus cuando se proclamó el triunfo revolucionario. Escribe Manuel Revuelta que “la clase de gramática comenzó con veinticuatro niños, y no se interrumpió cuando el pueblo celebró el triunfo de la revolución”. Según explica, la gente del lugar se mostró unánime en la protección de los jesuitas y solo una persona, un antiguo senador, gritó “mueran los frailes” desde un balcón, “pero el silencio y disgusto con que la turba acogió sus gritos le hicieron meterse de nuevo dentro de su casa”.

La junta democrática grausina no solo no decretó, como la mayoría, medidas hostiles contra los jesuitas, sino que se constituyó en su defensora. Cuando la junta de Barbastro pidió a la de Graus que le entregasen al Padre Tomás Suárez, si es que allí estaba refugiado, esta fue, según transcribe Revuelta, la respuesta de los grausinos: “No podemos buscar al Padre porque se marchó el día 28 de septiembre; no sabemos dónde ni en qué dirección; tampoco sabemos dónde se encuentra; ni nos interesa. Los demás jesuitas permanecen muy tranquilos entre nosotros, pero la junta de Graus, que desde el principio se ha instalado sobre la base del derecho y de la justicia, se ve obligada a comunicaros que no quiere ni puede entregar a los jesuitas a la junta de Barbastro, ni tampoco hacer salir del pueblo a unos varones eminentes en ciencia y en virtud que se han ganado la simpatía de toda la ciudad. Sepan, por tanto, los ciudadanos de Barbastro que tanto esta junta como todo este pueblo están dispuestos a defender a los jesuitas con las armas”. Además de mostrar su independencia respecto a la junta de Barbastro, esta respuesta recogía la simpatía popular hacia los jesuitas. Hay que tener en cuenta que estos habían sido llamados por el pueblo para cumplir, en un modesto colegio para niños externos, una importante labor educativa, y suprimir aquel colegio cuando se acababa de abrir era matar una esperanza y abortar una función educadora largamente deseada.

Alberto Gil Novales hace también referencia a este asunto y alude a la declaración de principios de la junta de Graus en la que defiende su radicalismo liberal, es decir, la defensa absoluta de todas las libertades: “Nuestro lema es radicalismo absoluto. Esto es: desde la más completa libertad individual hasta la abolición del más ínfimo impuesto indirecto”. En defensa de esa libertad, se critica la decisión de la junta de Huesca, que según Gil Novales en realidad fue de la de Zaragoza, de expulsar a los jesuitas. En opinión de la junta grausina, esa decisión iba contra la libertad de culto, la seguridad personal, la inviolabilidad de domicilio y la libertad de enseñanza. Y a los autores de la orden de expulsión los acusa de ser “antimoderados pero no liberales.”

No se cita en la canónica, consultada por Revuelta, en qué día se marcharon los jesuitas de Graus; solo sugiere que, a pesar de la protección que se les ofrecía, lo hicieron por propia iniciativa “para impedir disensiones”. La junta de Huesca expidió el 3 de octubre un decreto que ordenaba “la disolución de todas las comunidades religiosas de varones y las sociedades religiosas de varones y hembras” (art. 3º) y “expulsar de la Provincia a la Compañía de Jesús” (art. 9º).  Parece seguro que los jesuitas abandonaron Graus en esas primeras jornadas de octubre, por lo que apenas llegaron a estar en la villa unos quince días desde su llegada a la misma.

Sin embargo, la Compañía de Jesús retornó de nuevo a Graus dos años después, en 1870. En el tan citado libro de Revuelta se dice que a principios de 1871 solamente había diez jesuitas (seis sacerdotes y cuatro hermanos) en toda la región aragonesa, y que siete de ellos estaban repartidos en dos pequeñas residencias de Zaragoza y los otros tres se hallaban en Graus. Y añade que, según un testigo, esta villa valoraba la presencia de los jesuitas “como el premio gordo de la lotería”. Sin embargo, con la proclamación de la I República, los miembros de la Compañía tuvieron que salir de la capital ribagorzana y su residencia en la localidad se cerró en 1873 “por efecto de su persecución promovida por algunos sectarios”. A pesar de su brevedad, estas dos últimas estancias de la Compañía de Jesús en la villa despertaron la vocación de tres jóvenes grausinos que acabaron ingresando en la orden. Según Revuelta, pudiera tratarse de los padres Vicente Gambón (en cuya casa se hospedaban los jesuitas que enseñaban en el colegio), Anselmo Aguilar y Antonio Coscolla.

Los jesuitas ya no volvieron a Graus, aunque “los de este pueblo lo procuraron años más tarde” y “al no conseguirlo encomendaron el colegio a sacerdotes que establecieron allí unas escuelas del Ave María”. Aunque otros religiosos continuaron de una u otra manera su labor educativa, la presencia de la Compañía de Jesús en nuestra villa había terminado definitivamente.

Carlos Bravo Suárez 

Artículo publicado, con ligeras variaciones, en El Llibré de las Fiestas de Graus 2014 y en el número especial de las Fiestas de San Lorenzo de Huesca del Diario del Alto Aragón.

Fotos antiguas de Graus: Colegio de los jesuitas antes de su demolición, placeta de San Miguel, plaza Mayor y calle del Barranco.

viernes, 22 de agosto de 2014

BREVES NOTAS HISTÓRICAS SOBRE LA IGLESIA DE CAPELLA


          

                   



Uno de los hechos más relevantes ocurridos en Capella recientemente han sido las reformas efectuadas en su iglesia parroquial. Unos trabajos que se prolongaron durante siete meses y que consistieron fundamentalmente en mejorar la techumbre y evitar humedades, mejorar la iluminación, destapar unos arcos de piedra, pintar el interior del templo, restaurar la fachada y cambiar la puerta de acceso y reubicar las cuatro pilas bautismales procedentes de algunas aldeas deshabitadas de los alrededores y guardadas desde hace años en la iglesia de Capella.

La iglesia parroquial dedicada a San Martín de Tours ha sido objeto de numerosas reformas desde sus remotos orígenes medievales. Fue posiblemente en sus inicios la iglesia castrense del castillo de Capella y su construcción se remontaría al momento de la conquista del lugar por parte del rey aragonés Ramiro I, en la segunda mitad del siglo XI. El ábside semicircular de la iglesia actual puede fecharse en el siglo XIII, en un románico ya tardío de influencias cistercienses. Posteriormente, la iglesia fue ampliada con el añadido de tres capillas laterales y, en 1744, se acabó de levantar sobre el viejo ábside románico la actual torre campanario de estilo mudéjar.

La principal joya de la iglesia de Capella es su espléndido retablo gótico del siglo XVI. Fue confeccionado entre los años 1525 y 1533 y consta de dieciocho tablas, distribuidas en cuatro calles y un banco. Las cuatro tablas superiores hacen referencia a la vida de San Martín de Tours; las demás representan escenas de la vida de Jesús y de la Virgen. Las puertas bajas muestran las figuras de San Pedro y San Pablo. El conjunto fue encargado al artista alemán, afincado en Barcelona, Joan de Borgunya, a quien sorprendió la muerte cuando sólo había realizado el enyesado de las tablas. En 1527 se contrató para continuar el proyecto al pintor portugués, también residente en Barcelona, Pedro Nunes (o Núñez), que lo llevó a cabo con la ayuda de su compatriota Enrique Fernandes y la participación de su taller de artistas. Se conserva el documento del contrato de la obra entre los jurados del concejo de Capella y los artistas. En él, se especifican los temas que deben representarse, los materiales y el precio: 8.500 sueldos a pagar en varios plazos. Se proporcionaba al pintor una casa en Capella y el pan y el vino necesarios para su sustento. Sin embargo, el retablo se realizó íntegramente en Barcelona. Durante la Guerra Civil, para evitar su quema, como desgraciadamente ocurrió con otros retablos más pequeños situados en las capillas laterales del templo, el retablo central fue desmontado y escondido en un establo. Al parecer, al volverlo a montar se alteró el orden primitivo de las tablas. En esas fechas desapareció la mazonería original; la actual fue realizada por Joaquín Sarroca, ebanista de Graus.

En el año 2000, se llevó a cabo una oportuna restauración de este precioso retablo de origen gótico que consistió principalmente en trabajos de limpieza y conservación de sus tablas. Desde entonces, y más aún tras las recientes reformas, luce con todo su color y belleza tras el altar mayor de la iglesia parroquial.

A lo largo de los siglos, la iglesia de San Martín de Tours de Capella ha sido objeto de numerosas reformas que la han llevado hasta su actual estado y forma. Desde lo alto de su caserío, el viejo templo de origen medieval sigue vigilando a los habitantes de la villa, que en estas fechas van a celebrar un año más sus Fiestas Mayores. Deseo que todos disfrutéis de unos días de máxima alegría y felicidad.

Carlos Bravo Suárez

Fotos de la iglesia de Capella tomadas en abril de 2014: exterior, retablo, puerta, pilas bautismales de pueblos vecinos, pila bautismal de la propia iglesia y arco limpiado en las recientes reformas.

(Artículo publicado en el Llibré de Fiesta de Capella de 2014)

martes, 29 de julio de 2014

ENVUELTO EN LA SENYERA (O TREINTA AÑOS DESPUÉS)

He tenido que esperar treinta años. En 1984, yo vivía en Barcelona cuando estalló el caso Banca Catalana. Recuerdo cómo el entonces presidente Jordi Pujol se envolvió en la senyera y dijo que aquello era una jugada indigna de Madrid y un ataque a Cataluña. Recuerdo cómo, sin levantar la voz y con argumentos, me atreví a criticar esa actitud con un grupo de amigos y conocidos que me tacharon de anticatalán, centralista y algunas cosas peores, en medio de una exaltación que nunca había visto antes en ellos. 

Yo, hasta entonces y aun después y ahora, había defendido siempre el Estatut y la lengua y la cultura catalanas; pero aquello supuso un punto de inflexión en mi percepción de la realidad catalana y la constatación del peligro que significaba para la razón y la tolerancia el creciente fervor nacionalista. Ahora sé que aquel líder que clamó contra Madrid y llamó a los suyos a manifestarse a su favor ya tenía entonces dinero sin declarar en una cuenta suiza y, treinta años más tarde, sospecho que todo aquello fue un ejercicio cínico de hipocresía y el inicio de una estrategia que nos ha llevado hasta la complicada situación actual que vive la sociedad catalana.
                                                                                                                                       
Carlos Bravo Suárez


Carta publicada en los diarios La Vanguardia, El Mundo (con ligeras variaciones y con el título de "Jordi Pujol y la cuestión catalana")  y El País.



domingo, 27 de julio de 2014

REIVINDICANDO A PLINIO

                                  
“El reinado de Witiza”. Francisco García Pavón. Rey Lear. 2013. 264 páginas.

Doctor en Filosofía y Letras, catedrático y director de la Escuela Superior de Arte Dramático, editor, novelista, autor de relatos y ensayos y crítico de teatro, Francisco García Pavón (Tomelloso, Ciudad Real, 1919 – Madrid, 1989) fue un interesante escritor español del pasado siglo XX que se hizo especialmente famoso por ser el creador de Plinio, jefe de la policía municipal de Tomelloso cuyo verdadero nombre era el muy común y prosaico de Manuel González. Con este protagonista, popularizado por una serie televisiva de principios de los años setenta, García Pavón escribió unas cuantas novelas que ahora, con buen criterio, está reeditando la editorial Rey Lear. En el caso de “El reinado de Witiza”, la edición cuenta con un certero prólogo de Raúl Guerra Garrido y un glosario final donde se aclaran algunos de los muchos localismos que aparecen en la obra.

“El reinado de Witiza” fue publicada en 1969, obtuvo en su época un importante éxito de ventas, quedó finalista del premio Nadal y fue galardonada con el premio de la Crítica. Narra un extraño y curioso caso, sucedido como en otras novelas de la serie en la localidad manchega de Tomelloso, que el policía Plinio y su ayudante don Lotario, rentista y veterinario de mulas del lugar con cada vez menos trabajo en su oficio, acabarán como siempre resolviendo no sin dificultad y engorro. Esta vez se trata de la insólita aparición de un cadáver en un nicho del cementerio municipal que el lugareño Antonio el Faraón estaba acondicionando para su ya maltrecha suegra. Todo el pueblo desfila ante el muerto pero nadie consigue identificarlo ni saber quién pueda ser. Unas ricas señoronas de la ciudad vienen a reclamarlo, pero Plinio, ante la falta de pruebas, se niega a entregárselo y continúa sus investigaciones con la ayuda de don Lotario.

Francisco García Pavón combina con maestría el relato policial con precisas pinceladas costumbristas; su mucho sentido del humor con las dosis de crítica social y política que la dictadura franquista podía tolerar en aquel tiempo. La novela es divertida, original y entretenida, aunque por momentos pueda parecer algo disparatada. Además, nos retrotrae a aquellos años sesenta en que los personajes bebían mucho vino, fumaban “caldo” liado y “celtas cortos” y se desplazaban en coche con el popular “seiscientos”. De vez en cuando, el registro literario cambia y el autor nos deleita con líricas descripciones de su ciudad y su región natales.

Ahora que las novelas negras y policiacas brotan como hongos tras la lluvia por todos los lugares y en todos los idiomas, parece más que acertado reivindicar a un escritor como García Pavón, que frente a los escépticos y muy cinematográficos detectives norteamericanos de la época, creó a un policía local y modesto que con su trabajo y sus pálpitos intuitivos resuelve un caso tras otro en las rurales y quijotescas tierras manchegas. Aunque, como con tan buen criterio dijo algún crítico, las novelas de la serie Plinio más que pertenecer al género policiaco pueden ser consideradas casi un género en sí mismas.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 20 de julio de 2014

EL CAMINO COMO TERAPIA

       
 “Salvaje”. Cheryl Strayed. Roca Editorial. 2013. 368 páginas.

“Salvaje” no es estrictamente una novela, pero se lee como si lo fuera. El libro es, en realidad, el apasionante relato en primera persona del viaje a pie que su autora, Cheryl Strayed, realizó en 1995, cuando tenía 26 años, por el Sendero del Macizo del Pacífico. Durante más de tres meses, la joven, nacida en Pennsylvania y criada en Minnesota, recorrió en solitario casi dos mil kilómetros de este largo itinerario que discurre, de sur a norte, desde el desierto de Mojave hasta la frontera con Canadá, siguiendo la larga cadena montañosa que se extiende por la zona más occidental de los Estados Unidos. Un itinerario que constituye, en palabras de la autora, “un mundo cuyas dimensiones eran medio metro de ancho y 4.285 kilómetros de largo”. Tal como había proyectado desde el principio, Cheryl Strayed caminó por los estados de California y Oregón, desde el inicio del SMP –así se abrevia al sendero en el libro– hasta el llamado Puente de los Dioses, sobre el río Columbia, en la frontera entre los estados de Oregón y Washington.

Pero “Salvaje” no es en absoluto una guía para montañeros o el relato contado por una excursionista experta. Todo lo contrario. Para Cheryl Strayed el camino se convierte en un aprendizaje y en una terapia. Cuatro años antes de iniciar su caminata, la joven había perdido a su madre, víctima de un cáncer. A ello siguió un periodo de inestabilidad emocional que le llevó a separarse de su marido, a la promiscuidad sexual y a un peligroso coqueteo con la heroína. La aventura en solitario por el SMP supondrá para ella una ruptura con su vida anterior y una especie de renacimiento desde sus propias cenizas.

En el libro, la narradora va alternando el relato lineal de la aventura excursionista con retazos de su vida pasada. Sin ninguna experiencia previa como caminante, con una pesadísima mochila –a la que llama Monstruo– cargada a sus espaldas y unas botas demasiado pequeñas que le harán perder una tras otra casi todas las uñas de sus pies, Cheryl Strayed inicia un recorrido en el que vivirá agotamientos, penalidades y privaciones junto a algunos reconfortantes momentos de alegría. Padecerá días de calor intenso y jornadas de lluvia y frío, deberá desviarse momentáneamente de la ruta principal por la mucha nieve que ese año batió todos los récords en la Sierra Nevada, verá algunos osos y numerosas serpientes de cascabel y conocerá a otros excursionistas con quienes, en general y salvo alguna excepción, confraternizará en buena camaradería. Ellos le harán ganar confianza en sí misma y en la bondad y amabilidad de las personas desconocidas y el género humano en su conjunto.

Al final de su relato, la escritora hace una relación de los libros que ha leído durante el camino y que ha ido quemando a medida que terminaba su lectura para aligerar el peso de su descomunal mochila. De esas lecturas en las noches solitarias, a la luz de una linterna en el interior de una pequeña tienda de campaña, se va forjando en la joven excursionista la decidida voluntad de hacerse escritora.

Escrito con sinceridad, mucha pasión y buenas dosis de intriga y sentido del humor, “Salvaje” es un libro muy recomendable por su componente geográfica y excursionista y, sobre todo, por la fuerza de un personaje que decide con determinación dejar atrás el pasado y, superando todos los obstáculos, seguir el camino emprendido mirando ya siempre hacia adelante.

Carlos Bravo Suárez   

domingo, 13 de julio de 2014

LOS CUENTOS DE CLARICE LISPECTOR


“Cuentos reunidos”. Clarice Lispector. Siruela Ediciones. 2013. 504 páginas.

Clarice Lispector (Ucrania, 1920 - Río de Janeiro, 1977) es la más importante autora  de la literatura brasileña del siglo XX. Aunque nacida en Ucrania, su familia huyó de las persecuciones bolcheviques y se instaló en Brasil, donde Clarice desarrolló en lengua portuguesa toda su brillante carrera literaria. En un solo volumen, y con un interesante y amplio prólogo de Miguel Cossío Woodward, la editorial Siruela publicó hace unos años –y va haciendo sucesivas reediciones de la obra– los “Cuentos reunidos” de la gran escritora brasileña.

Hay que decir que esta edición de “Cuentos reunidos” contiene, si mis cálculos no fallan, setenta y tres relatos de Clarice Lispector. Figuran completos sus libros “Lazos de familia” (1960), “La legión extranjera” (1964), “Felicidad clandestina” (1971), “El viacrucis del cuerpo” (1974), “¿Dónde estuviste de noche?” (1974) y “La bella y la bestia” (1979). Siguiendo una costumbre de posible intención simbólica, las cinco primeras obras contienen trece relatos cada una; el último es un libro póstumo que recoge ocho cuentos escritos al inicio y al final del itinerario narrativo de Lispector. Son también diferentes los traductores de las obras aquí reunidas: Cristina Peri Rossi y Mario Morales –en dos ocasiones cada uno– Juan García Gayó y Marcelo Cohen.

Los cuentos de Lispector son de temática variada, aunque con determinadas constantes que se repiten a lo largo de su obra. Algunos, muy vinculados a la estética literaria de los años sesenta y setenta del pasado siglo XX, tal vez puedan resultar algo espesos a los lectores actuales. De tema y estilo totalmente diferentes son los del libro “El viacrucis del cuerpo”, con explícitas referencias al sexo y con algunas mujeres –como Miss Algrave– que pasan sin solución de continuidad de la castidad y el puritanismo más absolutos a la prostitución y el desenfreno. Aquí, Lispector usa un estilo más directo, de frase corta y fluida, con una mayor carga de ironía y de crítica social.

La mayoría de los relatos transcurre en Brasil y muchos de ellos tienen como protagonistas a mujeres. En buena medida, Clarice Lispector puede considerarse como pionera de un feminismo cuyos postulados se convirtieron desde aquellos años y posteriormente en mayoritarios en las sociedades occidentales. Lispector plantea las contradicciones vividas por algunas mujeres casadas y sometidas al rol secundario de los matrimonios tradicionales. Un ejemplo de ello es el relato “La fuga”.

Muchas de las mujeres de estos cuentos son de clase acomodada, pero también asoman en ocasiones algunos personajes económicamente más desfavorecidos o claramente marginales. Otro aspecto destacable de la narrativa breve de la escritora brasileña es la presencia de animales en sus cuentos, frecuentemente con una clara función simbólica. En este sentido, destaca la presencia de gallos, gallinas y huevos en varios de los cuentos reunidos en este volumen.

Es imposible abordar en pocas líneas toda la complejidad del universo literario de Clarice Lispector, una figura de primer orden de la literatura latinoamericana del pasado siglo.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 6 de julio de 2014

¿QUÉ SON LOS SUEÑOS?


“¡Melisande! ¿Qué son los sueños?” Hillel Halkin. Libros del Asteroide. 2014. 264 páginas.
            
Hillel Halkin (Nueva York, 1939) es un escritor, crítico literario y traductor estadounidense afincado en Israel desde hace más de cuarenta años. Es autor de varios ensayos históricos sobre la cuestión judía y su país de residencia y ha traducido al inglés obras de importantes escritores israelíes actuales como A. B. Yehoshua, Amos Oz y Meir Shalev. En 2012, y con 73 años cumplidos, publicó “¡Melisande! ¿Qué son los sueños?”, su primera y aclamada novela que Libros del Asteroide acaba de editar en nuestro país.
           
“¡Melisande! ¿Qué son los sueños?” es una hermosa novela que cuenta la apasionada y fluctuante relación de amistad y amor entre Mellie, Rick y Hoo; desde sus años más jóvenes, en que coinciden en la redacción de la revista literaria del instituto donde estudian, hasta el mismo momento en que se escribe la novela, que en realidad es una carta que Hoo –ahora catedrático de literatura griega– dirige a Mellie varias décadas más tarde. Se trata de un largo texto epistolar, con continuas referencias en segunda persona a su destinataria, escrito por Hoo desde la madurez y el recuerdo. El relato del trío protagonista se inicia en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo XX, con los últimos coletazos del macartismo y el reclutamiento y las protestas juveniles contra la guerra de Vietnam. En el camino queda la fuerte amistad entre los tres personajes, la aventura hinduista que deja psicológicamente maltrecho a Rick, el amor de Mellie hacia los dos amigos, el aborto y los problemas de maternidad y de adopción, y el inevitable desvanecimiento final de algunos sueños de juventud.
            
“¡Melisande! ¿Qué son los sueños?”, cuyo título procede de un verso del poeta alemán Heinrich Heine, tiene una estructura literaria muy rica y compleja, con una atractiva mezcla de diversos recursos narrativos perfectamente ensamblados en el relato. Aunque a través de la larga misiva de Hoo recomponemos la vida y la relación de los tres personajes, a esta narración prácticamente lineal y cronológica se añaden algunas historias externas relacionadas de manera más o menos evidente con el hilo central de la novela: la historia de raíz bíblica de la mujer que va quedando viuda de los sucesivos hermanos con los que se casa y la de la princesa que escapa de su castillo para unirse a dos peregrinos que a nadie más dicen que lo son. En el libro hay muchas referencias a la literatura y la filosofía helenas y una presencia geográfica –como sueño primero y como realidad después– de una isla griega que puede ser la Ítaca particular en la que Hoo espera a su Ulises, esta vez reencarnado en mujer en un cambio de sexos y papeles respecto a la originaria historia homérica.
           
“¡Melisande! ¿Qué son los sueños?” es una bella novela, creíble y verosímil, con tres peregrinos en busca de una felicidad que a veces se extravía o se rompe, pero que pese a los reveses sufridos siempre se sigue soñando. Un hermoso ejercicio literario hecho desde la doble madurez del personaje Hoo y del septuagenario Hillel Halkin, autor final de la novela. Una mirada hacia atrás que se debate entre la nostalgia y la esperanza.

Carlos Bravo Suárez