domingo 19 de febrero de 2012

TODOS LOS CUENTOS DE RAMÓN GIL NOVALES

Cuentos completos. Ramón Gil Novales. Prensas Universitarias de Zaragoza e Instituto de Estudios Altoaragoneses. 325 páginas.

Ramón Gil Novales (Huesca, 1928) es un magnífico escritor todavía no suficientemente conocido en la tierra que lo vio nacer. Afincado en Barcelona desde su juventud, es dramaturgo, novelista, traductor y autor de relatos breves. La concesión en 2008 del Premio de las Letras Aragonesas significó un merecido reconocimiento a su trayectoria literaria y ha contribuido en cierta manera a una mayor difusión de su obra, que por sus características literarias tal vez se encuentre inevitablemente alejada de los gustos mayoritarios.

Cuentos completos reúne, como su título indica, toda la obra narrativa breve de Ramón Gil Novales. La edición corre a cargo de José Domingo Dueñas Lorente, quien escribe un espléndido y didáctico prólogo titulado La narración como modo de conocimiento. Son cincuenta y cinco cuentos que pertenecen a cuatro libros de épocas cronológica diversas y alejadas entre sí: Preguntan por ti (1974), El sabor del viento (1988), ¿Por qué? (2005) y el hasta ahora inédito El sueño y la arboleda (2011). Aunque hay unas constantes literarias comunes a todos ellos, cada libro se inscribe en mayor o menor medida en las corrientes estéticas propias del momento en que fue escrito. Hay por ejemplo en los primeros relatos algunos usos literarios, como la mezcla de diversas voces narrativas sin solución de continuidad, que remiten a William Faulkner o a la influyente Tiempo de silencio de Luis Martín Santos. Sin embargo, los cuentos de su segundo libro tal vez tengan más paralelismos con los relatos de Borges o Cortázar, y los más recientes perfeccionan si cabe la estilización anterior y, en algunos casos, conectan la vejez con la infancia de una manera circular, respondiendo quizá a la actual situación vital del propio autor.

Los cuentos de Gil Novales se caracterizan por su considerable brevedad, próxima a veces a la de los llamados microrrelatos. Tal vez sus características principales sean la extrema concisión y la elipsis en su plano formal, y un cierto pesimismo metafísico unido al afán de conocimiento del ser humano en lo que a su contenido y temática se refiere. Dentro de la brevedad imperante, destaca la ausencia casi total de referencias geográficas concretas que permitan situar espacialmente de manera precisa los sucesos y situaciones que se narran. Sí hay, sin embargo, en el habla de algunos de los personajes giros y expresiones que desvelan claramente su origen altoaragonés.

Gil Novales se muestran como un magnífico escritor también en este género literario, un verdadero orfebre del relato corto al que dota de una calculada ambigüedad para obligar al lector a saborear despacio y con verdadero deleite cada una de las pequeñas golosinas narrativas que componen esta espléndida colección de cuentos.

Carlos Bravo Suárez

domingo 12 de febrero de 2012

EL CASTILLO DE SERRADUY ENTRE LA VILETA Y LA FEIXA

Serraduy es una pequeña población ribagorzana cuyo caserío se dispone en varios barrios por la ladera que desde la orilla izquierda del río Isábena asciende hacia el este por las faldas de la sierra de Sis, en dirección al coll de Vent y la Paúl de Iscles.

Junto a la carretera A-1605 se encuentra el barrio conocido como Serraduy del Pon, que toma su nombre del bonito puente medieval de tres ojos que atraviesa el río Isábena. Al otro lado del puente topamos con la pequeña iglesia de San Lorenzo, construcción popular con amplia y llamativa puerta de arco de medio punto. La estrecha conjunción de roca y agua convierte a este barrio ribereño en un rincón verdaderamente hermoso y pintoresco.

La iglesia parroquial de Serraduy es la dedicada a San Martín que hoy está en ruinas. Se halla situada al noreste del Pon, en otra pequeña agrupación de casas que se denomina el Barrio o el Barri. La iglesia, aunque profundamente modificada con formas neoclásicas durante el siglo XVIII, tiene orígenes románicos, con presencia todavía visible del arranque de la antigua bóveda.

A poca distancia del Barrio se encuentra el pequeño núcleo de la Vileta, situado a algo más de dos kilómetros de Serraduy del Pon. La carretera llega hasta la casa Olario y, a escasa distancia de ésta, en dirección al este, se halla la pequeña ermita románica dedicada también a San Martín y restaurada hace unos años, con criterios tal vez discutibles pero con resultados funcionales, por mosén José María Lemiñana, el famoso párroco de Roda que restauró numerosas iglesias ribagorzanas antes de su fallecimiento en 2009. Si bien históricamente sólo se usaría para el culto del caserío aledaño, hoy, tras su restauración y a causa del estado ruinoso de la parroquial, hace las veces de ésta para la escasa y dispersa población de la localidad. Es de nave rectangular con bóveda de cañón y ábside semicircular canónicamente orientada al este. En su lado occidental tiene una pequeña espadaña simple dotada de campana. La puerta de acceso a la ermita, originariamente situada en el muro meridional, se abre hoy en dirección al norte.

Desde la casa Olario de la Vileta sale una pista de tierra que en aproximadamente media hora nos lleva a la ermita de la virgen de la Feixa, un lugar con gran belleza y encanto. La construcción religiosa se halla situada debajo de las impresionantes paredes verticales de la sierra de Sis, en cuyas elevadas oquedades suelen anidar los buitres. La ermita de la Feixa (palabra cuyo significado es faja o pequeña explanada) es de datación muy antigua. La construcción originaria se remonta probablemente a los inicios del siglo XI. Es de nave rectangular, con bóveda de cañón de cinco tramos, orientada al este, aunque su ábside original le fue amputado en algún momento del pasado para construir allí, detrás del altar, una sacristía. Esta fue derribada en el año 2003 por el citado mosén José María Lemiñana, que reconstruyó el desaparecido ábside imitando su forma semicircular románica. Una espadaña con añadido reciente de ladrillo y doble vano se levanta mirando al mediodía. Hoy se accede al interior de la ermita por dos puertas, una abierta al sur y otra a poniente. Sobre esta última destaca una preciosa ventana geminada, probablemente el elemento del templo con más antigüedad y mayor belleza de todo el conjunto. Junto a la ermita se levanta la vivienda del ermitaño, que estuvo habitada hasta no hace demasiado tiempo. Aún hoy una persona de Serraduy, conocedor como nadie de todos los rincones de la zona, es conocida con el sobrenombre de “el ermitaño” por haber nacido y vivido un tiempo en esa casa de la Feixa.

Mucho menos conocidos que los lugares hasta aquí descritos son los restos del antiguo castillo de Serraduy. Conseguí llegar hasta ellos gracias a la guía y las informaciones de mi amigo Joaquín Sesé, de Capella. Se sitúan a la izquierda del camino que lleva desde la casa Olario de la Vileta hasta la ermita de la virgen de la Feixa. Poco después de la citada casa hay que subir campo a través, andando alrededor de media hora, hasta lo alto de un cerro rocoso que se conoce en el lugar como el Castell. El topónimo parece corroborar, por tanto, la existencia de lo que sería un pequeño castillo o torre de vigilancia del que, sin embargo, apenas hay documentación escrita.

En el lado norte del citado cerro puede verse lo que son al menos tres hileras de sillares que, aunque mimetizados en parte con la roca, resultan evidentes al acercarse más al lugar. No es mucho el espacio que queda en lo alto del cerro del Castell, pero desde allí se domina buena parte del valle del Isábena en su tramo medio. Desde esta magnífica atalaya se divisan perfectamente las poblaciones de Roda de Isábena y La Puebla de Roda, así como los cuatro barrios de Serraduy: el Pon, el Barri, la Vileta y Riguala. Por otro lado, hay también una perfecta conexión visual con el cerro donde se hallan los escasos restos del castillo de Güel y con la ermita de la virgen de las Rocas de esta misma localidad. También con lugares donde pudo haber otros puntos de vigilancia como Rin de la Carrasca o Chordal. Rodeando la base del cerro del Castell, nos encontramos en su parte occidental con un pequeño túnel, que al menos a primera vista más parece ser obra de la propia naturaleza que de la mano del hombre.

Como ya he dicho, no he encontrado documentación alguna sobre el castillo de Serraduy, pero su existencia parece segura a la vista de los restos descritos y del topónimo con que se conoce el emplazamiento en que éstos se hallan. Este y otros lugares como los aquí referidos hacen de Serraduy uno de los pueblos más interesantes del tranquilo y solitario valle del Isábena.

Carlos Bravo Suárez.

Artículo publicado hoy en Diario del Alto Aragón.

Imágenes: Cerro del Castell, restos de un muro del castillo, túnel en el cerro del Castell, ermita de la Feixa -cuatro, la cuarta es la bonita ventana geminada, ermita de la Vileta y puente de Serraduy e iglesia de San Lorenzo.

VICIOS OCULTOS EN LA BARCELONA PIJA

El verano de los juguetes muertos. Toni Hill. Grijalbo. 2011. 372 páginas.

El verano de los juguetes muertos es la primera novela de Toni Hill (1966), un escritor de nombre y origen británicos aunque nacido en Barcelona, donde hasta ahora ha trabajado en el mundo editorial y como traductor al español de diversos autores de habla inglesa. Editada a finales de 2011, su obra de debut en la narrativa es una de las apuestas de la editorial Grijalbo para esta temporada literaria.

El verano de los juguetes muertos es una novela negra ambientada en la Barcelona de nuestros días. En un relato que tiene muchos personajes importantes, puede considerarse como su protagonista al inspector Héctor Salgado, un hombre solitario y taciturno, padre de un hijo y separado recientemente de su mujer, con un pasado familiar difícil y algunos arrebatos que no siempre consigue controlar. A su lado aparecen otros policías como el comisario Savall o las investigadoras Martina Andreu y Leire Castro, cada cual con sus preocupaciones y vivencias personales al margen de su trabajo policial.

Sin embargo, la principal trama del libro tiene que ver con el caso del supuesto suicidio de un joven perteneciente a una familia de la burguesía barcelonesa de la parte alta de la ciudad. El caso permite destapar una serie de vicios ocultos y de turbias relaciones entre los miembros de tres familias adineradas de la que coloquialmente suele denominarse como la Barcelona pija. Una trama compleja e intrincada, con diversas ramificaciones y líneas de investigación secundarias, que, tras mantener la intriga y el suspense hasta el último momento, se resuelve de una manera tan inesperada como sorprendente.

A los ingredientes clásicos del género negro añade Toni Hill, que no en balde es licenciado en Psicología, una interesante carga de profundidad psicológica. Así el libro concede su importancia al mundo de los sueños, los deseos reprimidos o los traumas de la infancia que han marcado la personalidad de los personajes.

También la Barcelona más actual y algunos de sus barrios y ambientes sociales, a los que la modernidad ha cambiado en lo esencial menos de lo que podría esperarse, están espléndidamente descritos como telón de fondo de una novela muy intensa, que se añade desde la perspectiva del presente a la lista de novelas negras ambientadas en la siempre literaria ciudad condal.

Carlos Bravo Suárez

jueves 9 de febrero de 2012

LA DERIVA DE LOS PARTIDOS

Pocas veces he leído en El País –y soy lector asiduo de este diario prácticamente desde su fundación- un artículo tan certero y directo como el titulado ¿Ha dicho usted ideas políticas?, firmado por Félix de Azúa el pasado 7 de febrero. ¿Alguien sabría decir en qué ideas políticas se diferenciaban Rubalcaba y Chacón en la recién terminada campaña por la secretaría general del PSOE? ¿No será que a la mayoría de los votantes en el congreso de Sevilla les preocupaba sobre todo quién iba a controlar los empleos y sueldos del partido ahora que éstos escasean como nunca?

¿No estará ocurriendo cada vez más a las claras que los partidos políticos son ya estructuras que trabajan sobre todo para mantener los sueldos de sus burocracias dirigentes cuya principal preocupación no son los problemas de los ciudadanos sino cómo mantenerse en sus cargos? La sensación cada vez más extendida entre la ciudadanía de que las cosas son así, ¿no exige una renovación real y a fondo del funcionamiento de los partidos para que éstos no se alejen cada vez más de la sociedad a la que dicen representar y a la que se deben por encima de cualquier otro interés particular?

Carta publicada hoy en el diario El País.

domingo 5 de febrero de 2012

EL PUNDONOR, LA QUEJA Y EL AMOR FRUSTRADO

Memorias. Joaquín Costa. Edición de Juan Carlos Ara. Larumbe. 570 páginas.

La conmemoración del primer centenario de su muerte ha sido bastante fructífera en lo que respecta a la edición de libros sobre Joaquín Costa. Hace unos meses nos congratulábamos aquí de la reedición del libro Joaquín Costa, el gran desconocido, del hispanista inglés George G. J. Cheyne. Ahora lo hacemos por la publicación, a finales del pasado año, de las Memorias del gran polígrafo altoaragonés en una magnífica edición del profesor Juan Carlos Ara Torralba.

Las Memorias de Costa comprenden las anotaciones manuscritas que, a modo de diario, el León de Graus agrupó en cuatro cuadernillos entre los años 1864 y 1878. A ellos se suman unas pocas hojas sueltas que recogen algunas notas escritas por Costa entre agosto de 1878 y febrero de 1880. Abarcan por tanto y principalmente las vivencias del Costa joven, desde los 18 hasta los 34 años. Se inician con su llegada a Huesca procedente de Graus y terminan con el final de su intensa, turbulenta y a la postre tremendamente frustrante relación con la joven oscense Concepción Casas. En el intervalo conocemos de primera mano los años en la capital altoaragonesa en casa de su tío Hilarión Rubio, la experiencia parisina en la Exposición Universal de 1867, o el periodo como estudiante universitario en Madrid acuciado por la soledad y los apuros económicos.

El tono quejumbroso y fatalista que impregna todas las Memorias queda definido apenas Costa inicia su escritura el 15 de junio de 1864: “Mi vida entera ha sido un tejido de pesares y lágrimas porque el maldito pundonor que sin duda alguna ha puesto la naturaleza en mí en abundancia ha sido la única causa que me ha atraído, atrae y atraerá constantemente desgracias de todo género”. Sin duda ese pundonor a flor de piel hará sufrir enormemente a Costa, pero no es menos cierto que gracias a él consigue superar como un titán con voluntad de hierro los múltiples obstáculos que su humilde origen y su pobreza le van poniendo en el camino.

Destaca como honda vivencia amorosa en primera persona el contenido del cuarto cuadernillo de estas Memorias, donde se describen de manera detallada el torrente de sentimientos y la pasión extenuante que desata en Costa la relación con la joven Concepción Casas entre los veranos de 1877 y 1878. Esas páginas constituyen la impresionante y desnuda confesión íntima de un hombre que vive a los treinta años la pasión desbordante de un primer amor que le hace sufrir hasta lo indecible. Este fracaso amoroso supone el final de una etapa de la vida de Costa y, desgraciadamente para sus posteriores lectores, significa también el abandono definitivo de la redacción de sus memorias.

Carlos Bravo Suárez

domingo 29 de enero de 2012

ASCASO Y SUS RELOJES DE SOL BAJO EL PICO NABAÍN

Estuve en Ascaso el último día del pasado año 2011. Varios amigos quisimos despedir el año montañero subiendo al pico Nabaín, un magnífico mirador del Pirineo de acceso relativamente fácil si uno está medianamente en forma. Iniciamos la ascensión a esta bonita montaña de 1799 metros desde Ascaso, un pueblo cuya visita nos deparó, entre otras, la posibilidad de contemplar sus singulares y llamativos relojes de sol.

Ascaso es una pequeña localidad sobrarbense perteneciente al municipio de Boltaña, población de la que dista unos seis kilómetros. Se accede desde Boltaña por la carretera N-260 en dirección a Fiscal, pero aproximadamente a unos dos kilómetros hay que tomar un desvío señalizado a la derecha. Una pista de unos cuatro kilómetros con un primer tramo asfaltado nos lleva directamente al pueblo.

Ascaso es prácticamente un pueblo calle, con una media docena de casas que se disponen a lo largo de un estrecho espolón rocoso que se prolonga hacia el sur. En el extremo final del caserío se halla la iglesia parroquial y a pocos metros, ya en el límite de promontorio sobre el que la se asienta localidad, se abre una pequeña era con un par de bordas y unas vistas magníficas del valle del río Ara. El lugar quedó despoblado en los años sesenta del pasado siglo; sin embargo, tiene en la actualidad al menos un par de casas rehabilitadas, una de las cuales -la casa Juez- funciona como alojamiento de turismo rural.

Al entrar en el pueblo encontramos su plaza, con una fuente y un pequeño lavadero. Allí, en la fachada sur de la primera casa, antigua herrería comunal del lugar, puede contemplarse un magnífico reloj de sol con llamativas pinturas al fresco y una curiosa inscripción en verso que reza así: “Cuando me relumbre el sol / acércate paso a paso / y sabrás la hora que es / en este reló de Ascaso”. Junto al reloj, en el dintel de una ventana de la casa en que se halla, aparece la fecha de 1831. En el pueblo encontramos otro reloj de sol, más sencillo y sin ningún tipo de pintura que lo adorne, en la fachada orientada al sur de la torre de la iglesia parroquial, una construcción popular en ruinas sin demasiado interés arquitectónico.

Muy parecido al de la fragua de Ascaso es el reloj solar que puede verse en una fachada todavía en pie de la pardina de Santa María de Ascaso, una enorme vivienda, situada más o menos a mitad de camino de la pista que sube a Ascaso, que quedó despoblada en los años sesenta y que hoy se halla en avanzado estado de ruina Por las dimensiones de la casa, que disponía de oratorio exterior y múltiples dependencias, sería ésta sin duda una de las más fuertes de la zona. Su reloj de sol es bastante similar al de la herrería de Ascaso y probablemente serían ambos obra del mismo pintor decimonónico. También aquí encontramos una inscripción con una fecha en su cabecera (ASCASO AÑO 1890) y unos versos en los que, aunque tienen alguna letra borrada, puede leerse lo siguiente: “De casa Santa María / son los dueños a toda costa / Don José Lacort e hijos / y d[oñ]a Teresa Bellosta”. Este reloj está sostenido por una figura masculina, a diferencia del de Ascaso en el que aparece dibujado el rostro de una mujer. Podría decirse, pues, que ambos relojes se complementan y hacen una pareja.

También la Ronda de Boltaña dedica una estrofa al reloj solar de la antigua herrería de Ascaso en su canción “O viento rondador”: “Puya ta Ascaso y verás un reló de sol / que diz que marca o tiempo d’a chen que marchó. / De coloricos pintau en una paré, / como yo, aguarda o día de vielos volvé”.

Desde Ascaso merece la pena acercarse hasta el puente de piedra que cruza el barranco homónimo cercano a la localidad. Se halla a unos diez minutos de ésta, siguiendo a pie un sendero que se toma a la izquierda de la plaza y que coincide con un tramo del PR-HU40 que se dirige hacia Morillo de Sampietro y San Vicente de Labuerda. Se trata de un puente de un solo ojo que se levanta sobre unas magníficas pozas excavadas por el río a lo largo de los siglos y frecuentadas en verano por los bañistas. Aunque algunos lo consideran más antiguo, Adolfo Castán, buen conocedor de la materia, cree que es de construcción moderna, probablemente de los siglos XVIII o XIX.

Como he dicho al principio, Ascaso es el punto de partida para la ascensión al pico Nabaín. El camino de subida a esta montaña se toma pocos metros antes de llegar al pueblo, a la izquierda de la pista que conduce hasta él. El sendero está bastante bien señalizado con sucesivos mojones de piedra. Desde Ascaso, tras superar un desnivel de unos 800 metros, se tarda alrededor de dos horas en alcanzar la cima. Casi en el inicio de la ascensión hay un tramo de suelo de losa que está repleto de pequeños fósiles marinos incrustados en la piedra. En la cumbre del pico quedan los restos de la ermita de Santa Marina, por lo que la montaña es también conocida como punta o puntón de Santa Marina. La ermita, en uno de cuyos muros se levantó una pilona de cemento como punto geodésico, es una construcción religiosa de tipo popular levantada probablemente entre los siglos XVI y XVIII. Antiguamente, a mediados de julio, se subía a ella en romería desde algunos pueblos de la zona, costumbre recuperada recientemente por el club excursionista Nabaín de Boltaña. Con algunos de sus miembros, amables y obsequiosos, coincidimos en la cima de la montaña el día de fin de año y, desde allí arriba, contemplamos juntos las extraordinarias vistas que ofrece este excepcional mirador del Pirineo.

Carlos Bravo Suárez.

Artículo publicado hoy en Diario del Alto Aragón.

Imágenes: Reloj de sol de Ascaso -dos fotos-, reloj de sol de Santa María -dos fotos-, iglesia de Ascaso - dos fotos, en la segunda se ve el sencillo reloj de sol bajo la campana-, panorámica de Ascaso y puente sobre las pozas del barranco -dos fotos- y ruinas de la ermita de Santa Marina en la cima del pico Navaín..

HILARANTE SÁTIRA ITALIANA

Que empiece la fiesta. Niccolò Ammaniti. Anagrama. 2011. 328 páginas.

Que empiece la fiesta es una divertidísima novela que destila a partes iguales sentido del humor y mala leche. Una sátira inteligente y feroz sobre la actual sociedad italiana y un mundo moderno donde, ante la escasez de valores más sólidos, predominan el culto a la riqueza, la frivolidad y las falsas apariencias. Por las páginas del libro desfilan futbolistas, actrices, presentadores, cantantes, escritores, cocineros y ricos constructores megalómanos. Toda una ralea de ricos y famosos de escaso talento que muestran, en una historia ingeniosa e hiperbólicamente disparatada, muchos de los vicios y flaquezas de las sociedades de nuestro tiempo.

Niccolò Ammaniti (Roma, 1966) está considerado como uno de los autores más sobresalientes de la actual narrativa italiana. No he leído otras novelas suyas, pero en Que empiece la fiesta cultiva una estética literaria que recuerda en muchos aspectos al cine de Federico Fellini o al teatro de nuestro Ramón María del Valle-Inclán. También Ammaniti deforma, desorbitándolos, algunos rasgos de la realidad con el fin de subrayar las contradicciones existentes entre el comportamiento de una determinada sociedad y la escala de valores que predica. Podría decirse que el humor y la risa, provocados por la exageración y lo grotesco, contribuyen en cierto modo a hacer más llevaderas la majadería y la estupidez imperantes.

Que empiece la fiesta comienza contando las historias paralelas de dos personajes bien distintos. Por un lado, Fabricio Ciba, un famoso escritor cuya inspiración parece agotarse y que se muestra siempre como un tipo oportunista y vanidoso. De otra parte, Saverio Moneta, alias Mantos, un pobre trabajador, dominado por su mujer y su suegro, con una doble vida como miembro de una secta satánica con la que quiere dar un golpe de efecto que saque a su menguado grupo de la situación terminal en que se encuentra. Ambos estarán presentes por diferentes motivos en una ostentosa fiesta organizada por el magnate Sasa Chiatti en un viejo parque romano donde se va a reunir la flor y nata de la ciudad. Será en esa fiesta donde ocurran unos hechos truculentos y sorprendentes que pondrán al descubierto la verdadera condición y las muchas debilidades de los personajes.

Reflejada en la lente cóncava de la literatura de Niccolò Ammaniti, la realidad se deforma hasta lo inverosímil para lograr un efecto cómico cargado de acerbas intenciones críticas. Una manera divertida y punzante de mostrar algunos aspectos de la decadencia contemporánea.

Carlos Bravo Suárez