viernes, 11 de junio de 2021

RUTA CIRCULLAR ENTRTE BERGUA Y ESCARTÍN


El pasado domingo, el Centro Excursionista Ribagorza realizó su segunda excursión oficial después del parón por la pandemia. Fue una ruta circular por la comarca del Sobrarbe, desde Bergua hasta Escartín, por la zona de Sobrepuerto, dentro del municipio de Broto. En la actividad participamos 24 personas que, en su mayoría y salvo un grupo procedente de Barbastro, salimos de Graus con nuestros vehículos a las siete de la mañana para dirigirnos por carretera hasta Bergua, situado cerca de la localidad de Fiscal.

Sobre las 8.30 horas, los participantes iniciamos la excursión andando desde Bergua. Es esta una localidad que en los últimos tiempos ha recuperado la vida con nuevos pobladores y la rehabilitación de algunas de sus antiguas casas y la construcción de otras nuevas. Pasamos por las calles del pueblo y junto a su iglesia, cuya torre sigue en pie pero cuya nave se halla en ruinas, y descendimos hacia el río por un bello sendero lleno de musgo y exuberante vegetación. Por dos puentes metálicos pasamos, sucesivamente, por los barrancos de la Pera y Forcos, que confluyen en este punto.

Nuestro primer objetivo era visitar la llamada Iglesieta de los Moros, situada en la margen izquierda del barranco Forcos. Para ello, tomamos el sendero que se dirige a Ayerbe de Broto y que luego abandonamos para seguir en ascenso por la izquierda. Al cabo de unos veinte minutos desde el cruce de los barrancos, llegamos a este curioso y enigmático lugar. Se trata de los restos de una ermita con una pequeña apertura en la parte izquierda de su altar por la que, agachados, se puede acceder al interior de una pequeña cueva. Probablemente, se trate de un lugar de ritos ancestrales relacionados con la fecundidad que luego sería cristianizado. La alusión a los moros de su denominación no parece tener ninguna base histórica, pues era muy frecuente decir que era “del tiempo de los moros” todo aquello que era antiguo o de difícil datación. Tras visitar el lugar y penetrar en la pequeña gruta con la luz de nuestros móviles, volvimos por el mismo sendero hasta el barranco Forcos e iniciamos la ascensión hasta Escartín.

El camino que sube hasta Escartín es de gran belleza. Sobre todo, en su parte final, tras pasar por una borda que se usa como “descansador” y por tramos con bonitas paredes de piedra seca. Escartín, situado a 1320 m. de altitud, es un lugar deshabitado pero que, a pesar de la ruina progresiva en que se halla, conserva muchos restos de su pasado esplendor. Pueden verse muchas casas con arcos en las puertas, varios hornos y pozos y una magnífica iglesia dedicada a San Julián con dos enormes arcos fajones apuntados. En Escartín, hicimos una larga parada para comer y recorrer con calma las calles de esta bella e imponente localidad que, como tantas otras, quedó despoblada en la pasada década de los sesenta.

Desde Escartín, descendimos hacia el barranco de Otal por el camino que lleva al también despoblado Basarán. Es esta una senda más estrecha y menos transitada, muy invadida por la vegetación y que desciende de manera bastante pronunciada. Tras pasar por el barranco de las Huertas, llegamos  al antiguo molino de Casa Buisán, desde el que nos acercamos a ver una preciosa cascada próxima. Un poco más abajo, se halla el paraje conocido como Puen d’as Crabas, con otra cascada impresionante. Tras cruzar el barranco, seguimos en dirección a Bergua, desechando el camino que sube a Basarán. Tras llegar de nuevo a la confluencia de los barrancos Forcos y de la Pera, subimos de nuevo a Bergua y terminamos la excursión.

Fue un recorrido de 14 km  y 900 m. de desnivel, en el que invertimos algo más de seis horas con las paradas. La próxima excursión programada por el CER será un recorrido por las fajas Racón y Canarellos, en Ordesa.

(Artículo publicado en Diario del Alto Aragón)

https://www.diariodelaltoaragon.es/noticias/deportes/2021/06/10/ruta-circular-en-sobrarbe-desde-bergua-a-escartin-1498564-daa.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=socialshare&utm_campaign=desktop&fbclid=IwAR3SUQqO_PLhRto_-1xyWkhUUuvoCTVWwOx3X_iCSGVsNrc06b2WfE9XtjE

domingo, 6 de junio de 2021

HAMNET

“Hamnet” es, sin duda, uno de los libros más destacados de esta temporada. Su autora es Maggie O‘Farrell (Colaraine, Irlanda, 1972), que había publicado antes otras siete novelas, de las cuales cinco (“La extraña desaparición de Esme Lennox”, “La primera mano que sostuvo la mía”, “Instrucciones para una ola de calor” y “Tiene que ser aquí”) han sido editadas en nuestro país. O’Farrell ha escrito también un libro de memorias titulado “Sigo aquí”, que Libros del Asteroide publicó hace un par de años en español. Ahora, esta misma y meritoria editorial, ha editado, con traducción de Concha Cardeñoso, “Hamnet”, unánimemente alabada por toda la crítica internacional y considerada como la mejor de las novelas de la escritora irlandesa y la culminación hasta la fecha de su brillante carrera literaria. 

“Hamnet” transcurre en la Inglaterra rural del siglo XVI, en la pequeña localidad de Stratford. A partir de algunos datos de la biografía de Shakespeare, Maggie O‘Farrell construye una ficción histórica de enorme fuerza narrativa y gran calidad literaria. Sabemos que Shakespeare, al que nunca se cita con este nombre en la novela, tuvo tres hijos: una hija mayor llamada Sussana y dos hijos gemelos, una niña llamada Judith y un niño llamado Hamnet. Este último murió inesperadamente de una peste bubónica a los 11 años. O’Farrell imagina que si Shakespeare puso el nombre de Hamlet, con solo una letra de diferencia, al personaje principal de su más famosa tragedia fue como homenaje a su hijo muerto. Pero no es este el momento principal de la novela, que cuenta sobre todo los orígenes familiares del dramaturgo y su matrimonio con Anne Hataway, con la que tuvo los tres hijos citados. Anne, llamada en la novela Agnes, tal como se refiere a ella su padre en su testamento, es la verdadera protagonista del relato. 

Partiendo de los pocos datos históricos que nos han llegado sobre ella, Maggie O’Farrell recrea la figura de la mujer de Shakespeare y construye un poderoso personaje femenino. Agnes es una campesina “un poco bruja”, que posee ciertas dotes adivinatorias y conoce las propiedades curativas de las plantas. Los vecinos del pueblo acudirán a su casa en busca de ayuda y consejo para sus dolencias. Su presencia deslumbra al algo torpe preceptor de latín que enseña a sus hermanastros y que es hijo de un fabricante de guantes, interesado, egoísta y tramposo. Agnes y el preceptor, por iniciativa de ella y pese a los obstáculos familiares, acaban casándose y teniendo tres hijos. La narración se adentra en la relación entre esta pareja de personajes tan diferentes entre sí, pero también de ellos con los diferentes miembros de sus respectivas familias. Y, sobre todo, en el terrible episodio de la enfermedad de los hijos y la muerte de Hamnet.

Porque, sin duda, el asunto más profundo y emotivo de la novela es el tratamiento de la pérdida del hijo y el intenso dolor que produce en su madre. Como certeramente ha escrito Inés Martín Rodrigo, esta novela es “un prodigio literario que indaga en el origen del dolor y transita por las sendas más desconocidas del amor y la maternidad. Una historia extraordinaria, que mezcla realidad y ficción, llena de imaginación y empatía. Una maravilla.
Además del extraordinario y logrado personaje que es Agnes y de su marido –ese Shakespeare al que nunca se cita por su nombre para dejar claro que es su mujer la verdadera protagonista del relato–, hay en la novela otros interesantes personajes. Por supuesto los tres hijos del matrimonio, también el padre de él y la madrastra y el hermano de ella, entre otros. Salvo en su parte final en Londres, la novela retrata magistralmente el ambiente rural de una pequeña población de la campiña inglesa en las décadas finales del siglo XVI.

Maggie O’Farrell escribe con una prosa parsimoniosa y precisa, tal vez algo lenta para algunos lectores “modernos”, deteniéndose en los aspectos domésticos y en los detalles de la ambientación histórica que tan bien recrea. “Hamnet” es una extraordinaria novela, que sitúa a su autora en la cúspide de su carrera y de la literatura anglosajona actual. Esperaremos con impaciencia sus nuevas obras, aunque será difícil que pueda superar el listón que tan alto ha puesto en esta.

Hamnet”. Maggie O’Farrell. Libros del Asteroide. 2021. 350 páginas.


viernes, 28 de mayo de 2021

POR LA SIERRA DE GUARA


El Centro Excursionista Ribagorza, con sede en Graus, reanudó su programación oficial después de más de un año de parón a causa de la pandemia. Y lo hizo con una excursión circular por la Sierra de Guara con inicio y final en Las Almunias de Rodellar, en la comarca del Somontano. Hasta allí se desplazaron en sus vehículos los 23 participantes en la actividad, que iniciaron la caminata poco después de las ocho, en una mañana nublada pero en la que en ningún momento llegó a llover. La falta de sol y la temperatura templada resultaron ideales para la práctica del senderismo.

Desde Las Almunias, los excursionistas subimos hacia las crestas de la sierra del Balced, Balcez o Balcés, nombre con el que se denomina al río Isuala en este tramo de su curso fluvial. Ascendimos luego hasta el vértice geodésico de lo alto de la sierra y vimos tres magnífico pozos de nieve, uno de ellos con unas escaleras interiores. Desde lo alto de la sierra disfrutamos de magníficas vistas de la profunda depresión por la que transita el río con la sierra de Sevil al este y de las montañas nevadas del Pirineo hacia el norte.

Descendimos luego hacia la pequeña aldea de Cheto y el pueblo de Rodellar, localidad de la que contemplamos excepcionales vistas aéreas desde el sendero en pronunciada bajada hacia el curso del río Mascún. En Cheto, hicimos una parada para comer de alforja y continuamos hacia Rodellar, que atravesamos en dirección a Pedruel. El camino entre Rodellar y Pedruel transita por la margen izquierda del Mascún, que allí mismo vierte sus aguas en el río Alcanadre, llamado barranco Barrasil un poco más arriba. Pasamos junto a dos preciosos puentes de un solo ojo: el de las Cabras y el románico de Pedruel. Atravesamos este último para dirigirnos a Pedruel, desde donde volvimos a cruzar el Alcanadre para ir de nuevo hasta Las Almunias y así cerrar el círculo y terminar nuestro recorrido.

Según el GPS, el recorrido total de la excursión fue de 24,6 km y el desnivel acumulado de 1093 m. El punto más elevado fueron 1557 m. y 600 m. la altitud mínima. En cubrir el itinerario, invertimos algo más de ocho horas con paradas. Hay que decir que una parte del grupo realizó un recorrido algo más corto, pues volvió antes a Las Almunias sin pasar por Pedruel.

El Centro Excursionista Ribagorza confía en que la mejoría de la situación sanitaria permita mantener a partir de ahora un calendario estable de sus actividades. En esa línea, se ha programado una nueva excursión circular desde Bergua, pasando por la Iglesieta de los Moros y el despoblado Escartín, para dentro de dos semanas.


sábado, 22 de mayo de 2021

OCHO RELATOS OSCUROS

“La oscuridad es un lugar” ha sido una de las mayores y más gratas sorpresas literarias de los últimos meses. Su autora, Ariadna Castellarnau (Lérida, 1979), era, hasta la aparición de este libro, prácticamente desconocida en nuestro país. Licenciada en Filología Hispánica y en Teoría Literaria y Literaturas Comparadas por las universidades de Lérida y Barcelona respectivamente, ha vivido y trabajado durante años en Argentina, donde publicó artículos en diversos periódicos y revistas de aquel país. Es autora de una novela titulada “Quema” (Catedral, 2017), que obtuvo VI Premio Internacional Las Américas. “La oscuridad es un lugar” es su segundo libro y el primero publicado por una editorial española. En este caso, la prestigiosa Destino del grupo Planeta.

“La oscuridad es un lugar” es un conjunto de ocho relatos en los que Ariadna Castellarnau, como se dice en la promoción del libro, “se adentra en el terreno de la fantasía oscura para explorar el lado extraño y tenebroso de las relaciones humanas”. Son relatos de una gran calidad literaria que tienen como eje temático principal la presencia de personajes con características físicas o psicológicas que los hacen diferentes al común de los mortales y que los convierten en protagonistas de historias oscuras e inquietantes, tanto por su propia condición como por su relación con sus familiares más próximos (padres o hermanos) y con el resto de personas, que ven en ellos seres extraños, excepcionales y absolutamente alejados de los patrones de lo que puede considerarse como normalidad

Otra característica de estos relatos es que están principalmente protagonizados por niños. Niños de diferente condición, algunos con poderes sobrenaturales y otros con características físicas que son explotadas económicamente por sus familiares. Y otros que escapan a situaciones de violencia y cuya infancia, que se ven obligados abandonar antes de tiempo, ha sido truncada por el mundo de los adultos. Porque, como escribe Maielis González sobre el libro, puede decirse que en “muchos de los cuentos de ‘La oscuridad es un lugar’, el horror que suscitan no nace de los aspectos supraterrenales que aparecen en ellos, sino de los elementos más realistas; el monstruo es demasiadas veces el hombre común; no ya el loco, el depravado o el psicópata; sino el hombre pragmático, cotidiano e indiferente”.

En “La oscuridad es un lugar”, primer relato del libro al que da título, encontramos a una niña que es liberada de su dura situación familiar por un muchacho que simboliza la naturaleza. En “Calypso”, se cuenta la relación del chófer de una mafia dedicada al trato de blancas con una joven a la que debe transportar a un prostíbulo. En “Marina Fun”, encontramos a un niño mitad hombre mitad pez al que sus padres exhiben como una atracción de feria para hacer negocio y al que su hermano, que cuenta el relato en primera persona, envidia por una situación que él considera de privilegio. En “De pronto el diluvio”, un niño debe enfrentarse a las tremendas inundaciones que, provocadas por la construcción de una urbanización, sufre la isla en la que vive y a la locura que sus consecuencias han ocasionado en su padre.  “Al mejor de nuestros hijos” cuenta la vuelta de una joven a su pueblo natal para recibir un homenaje y las reacciones que su éxito despierta en su propia familia. En “Los chicos juegan en el jardín”, los amigos de una joven que acaba de ser enterrada invaden tras el funeral la casa de su madre, que ve inquietante y progresivamente perturbada su tranquilidad. En “La isla del cielo”, la aparición de un bebé abandonado altera la soledad de una pareja que se ha refugiado en una isla para alejarse del mundo y reflexionar sobre el rumbo que debían tomar sus vidas. “El hombre del agua”, relato que cierra el libro, cuenta la relación entre un padre con poderes de zahorí para descubrir agua subterránea y su joven hija que pretende que herede su preciado don.

Estos relatos se inscriben en una tradición de narrativa breve, conectada con la corriente del realismo mágico, que tiene un mayor y más brillante arraigo en la literatura hispanoamericana. En esa línea, y aunque hay también en ellos otras influencias anglosajonas, estos cuentos de Ariadna Castellarnau sintonizan claramente con los de destacadas escritoras hispanoamericanas actuales, como  Mariana Enríquez, Samanta Schweblin o Paulina Flores, algunos de cuyos libros hemos reseñado en esta sección. En cualquier caso, Ariadna Castellarnau ha sido un verdadero descubrimiento literario y “La oscuridad es un lugar” constituye uno de los mejores libros de relatos publicados recientemente en nuestro país.

“La oscuridad es un lugar”. Ariadna Castellarnau. Ediciones Destino. 2020. 160 páginas.

domingo, 9 de mayo de 2021

LLÉVAME A CASA


Jesús Carrasco  (Olivenza, Badajoz, 1972) obtuvo un enorme éxito con su primera novela “Intemperie”, publicada en 2013 y reseñada en esta sección. La novela fue traducida a numerosos idiomas y llevada al cine por Benito Zambrano y al cómic por Javier Rey. Con ella, Jesús Carrasco fue considerado por una parte de la crítica como heredero de las novelas rurales de Cela o Delibes e incluido como uno de los iniciadores de la actual corriente literaria conocida como neorruralismo. Su segundo libro, “La tierra que pisamos” (2016), pasó más desapercibido y obtuvo menos éxito que el anterior. Sin embargo, con “Llévame a casa”, su tercera novela, también publicada por Seix Barral, el escritor extremeño ha recuperado el éxito de la primera y ha vuelto a situarse en un lugar preminente del presenta panorama narrativo.

“Llévame a casa” transcurre íntegramente en Cruces, un pequeño pueblo de Toledo al que Juan, protagonista de la novela, vuelve desde Edimburgo, ciudad a la que emigró unos años atrás y donde ejerció diversos trabajos, incluido el de friegaplatos, para asistir al entierro de su padre. Tras el funeral, su hermana, que vive en Barcelona, desde donde visita a sus padres con frecuencia, le comunica que por motivos laborales debe desplazarse por un tiempo con su familia a Estados Unidos y que deberá ser él quien se haga cargo de la madre, que se ha quedado sola y sufre un alzhéimer galopante. Juan se ve así obligado a retornar al pueblo, donde se reencuentra con sus viejos amigos de la infancia y juventud y donde deberá también encargarse de la empresa de su padre y, sobre todo, de la atención de su enferma madre, con la que va a convivir de nuevo tras años de ausencia de la casa familiar.

Con una prosa desnuda y austera, podada de cualquier floritura estilística innecesaria, casi sin adjetivos y con escasez de diálogos, Carrasco construye una historia sobria y de un realismo cotidiano, cargado de credibilidad y verosimilitud. Un relato que narra unas situaciones y unos problemas en los que cualquier lector puede verse reconocido o encontrarse en algún momento de su vida. Una novela de relaciones familiares entre padres e hijos y entre hermanos, de obligaciones y responsabilidades filiales ante el inevitable envejecimiento y deterioro de nuestros progenitores y el ocaso de sus vidas. Una historia sencilla y cotidiana que, sin que sucedan grandes cosas, transmite proximidad y está contada con sobresaliente calidad literaria. Con hermosas y sobrias descripciones de las cosas pequeñas, de los objetos cotidianos y de los paisajes manchegos que el autor conoce bien por haber vivido en ellos, como lo hizo también en el Edimburgo al que se hace referencia en algunos momentos de la novela.

 El crítico Santos Sanz Villanueva define perfectamente en este párrafo el realismo del libro: “Yo lo definiría como un realismo pétreo; realismo duro y desnudo como la roca; realismo de verdad, sin ningún componente mágico ni metafísico; realismo de personas reales (o al menos muy verosímiles) y de paisajes y ambientes perfectamente reconocibles: la mencionada comarca toledana en el filo de los años 10 de este siglo, con las correspondientes marchas atrás en el tiempo, pero siempre, o prácticamente siempre, en estos mismos límites, al margen de breves incursiones en Edimburgo (Escocia), Barcelona, y Extremadura, la tierra natal de la madre del protagonista, la tierra o la casa a la que ella parece querer regresar”.

Narrada con la distancia de la tercera persona, tampoco hay en la novela demasiados personajes. Se reducen al ámbito familiar: Juan, su hermana, la madre y el padre, ya muerto pero presente en los recuerdos. Además de un par de amigos, que trabajaban con el padre y ahora ayudan a Juan, con quien toman cervezas en el bar del pueblo. Es Carrasco un escritor que, como él mismo ha dicho en alguna entrevista, concibe la escritura como un ejercicio de poda, en el que va recortando todo aquello que estima innecesariamente añadido al meollo nuclear y escueto del relato. En este sentido, un elemento importante de la narración son los silencios. A veces, lo que no se dice resulta tan importante o más que lo que se dice.

“Llévame a casa” es una novela de muy recomendable lectura, con la que Jesús Carrasco ha recuperado su voz más personal, aquella con la que ya nos deslumbró con “Intemperie”. Esperemos que continúe por esa senda en sus próximas novelas y se consolide como uno de los autores más destacados de la narrativa española contemporánea.

“Llévame a casa”. Jesús Carrasco. Seix Barral. 2021. 320 páginas.

domingo, 25 de abril de 2021

VIDAS SAMURÁIS

“Vidas samuráis” es la primera novela de Julia Sabina (Madrid, 1982), doctora en Ciencias de la Comunicación y Estudios Cinematográficos por la Universidad de la Sorbonne de París y actualmente profesora de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Alcalá. Con “Vidas samuráis”, que ya va por su segunda edición, ha tenido un exitoso y prometedor debut en el mundo de la literatura.

“Vidas samuráis” está narrada en primera persona por Maribel, una joven veinteañera madrileña que, tras terminar Historia del Arte y salir de una ruptura sentimental con su novio, pide una beca para realizar su tesis doctoral en una universidad francesa. Aunque ella prefería París, la poco cuantiosa beca le es concedida para Lille, una ciudad más pequeña y periférica donde va a transcurrir prácticamente toda la novela. En su deseo de integrarse en la vida francesa, Maribel afrontará allí una serie de situaciones nuevas, tanto académicas como sentimentales. Vivirá al principio en una residencia de estudiantes, buscará otra vivienda a través de una inmobiliaria, compartirá piso con personajes algo siniestros, se enfrascará en nuevas y liosas experiencias sentimentales que la van a llenar de indecisiones y dudas, trabajará como camarera en un bar de perdedores e irá resolviendo cada una de las situaciones que se le presenten con ingenio, voluntad y sentido del humor.

Así lo explica la propia autora del libro, que vivió ocho años en Francia, en este texto que transcribo en parte:Esta es una historia en la que me reconozco y me salvo. Maribel, mi protagonista, es una samurái de la vida, una heroína que toma muchas malas decisiones y algunas buenas. Una más de tantos jóvenes que hasta hace poco se movían a sus anchas por el continente, hasta que los Brexit, Italexit, Frexit… y coronavirus han empezado a hacer renacer las fronteras. Por ellos, he titulado a esta novela ‘Vidas samuráis’ porque los samuráis viajaban, aprendían y luchaban, como han hecho tantos de ellos durante estos movidos años de crisis permanente. Y también porque la salsa samurái (una salsa de color rosáceo y de ingredientes inespecíficos) con la que sazonan los kebabs en Lille es lo único que Maribel, la protagonista, termina considerando como realmente francés ya que la Francia que se encuentra no es la de los croissants, las boinas y Sartre y Simone de Beauvoir bebiendo café”.

La novela está dividida en 27 capítulos que tienen una estructura bastante cinematográfica y que son como una sucesión de escenas que transcurren en diferentes espacios. Es una narración lineal, con introducción, nudo y desenlace, con mucho diálogo y con una prosa de frases cortas que hacen que el relato se lea con facilidad. El libro aborda el tema de los jóvenes con preparación que deciden abandonar España, pero desde una perspectiva de cierto sentido del humor e ironía, en un tono más de comedia que de crítica política o social. Hay pasajes o secuencias, como el de la fiesta subterránea en París, que tienen un cierto aire surrealista. También hay una gran variedad de personajes, además de la protagonista y narradora: profesores y profesoras de la universidad, la mujer de la inmobiliaria, los personajes con quienes comparte piso, el dueño del bar en que trabaja…Tal vez, como contrapunto y pareja casi cervantina de Maribel, haya que destacar a Paula, la inicial y tenaz compañera de residencia y luego amiga de la protagonista.

A modo de resumen y conclusión, acudo de nuevo a las palabras de la propia autora sobre la intención de su novela: “En el proceso de intentar ser francesa fui testigo de la soledad de muchos, de situaciones grotescas y otras divertidas. La intención de estas páginas no es contar la compleja realidad de Francia (que también), ni las vicisitudes de la vida académica (que también), sino recrear los sentimientos de una juventud desorientada, pero con muchas ganas de vivir. En mi caso, nunca habría imaginado que el único sentido de aquellos turbulentos ocho años de vida en Francia era escribir esta novela”.

“Vidas samuráis” es una novela bien estructurada, amena y divertida. Un brillante debut como novelista de Julia Sabina, de la que esperamos nuevas narraciones que den continuidad a este prometedor inicio.

“Vidas samuráis”. Julia Sabina. Ediciones Destino. 2021. 304 páginas.

domingo, 11 de abril de 2021

LUZ DE FEBRERO


 

“Luz de febrero” es la última novela de Elizabeth Strout (Portland, Maine, 1956), una de las más destacadas escritoras estadounidenses actuales. Hasta ahora, Strout había publicado seis novelas, de las que cinco han sido editadas en nuestro país: “Amy e Isabelle” (Seix Barral), “Olive Kitteridge” (Duomo),Los hermanos Burgess” (Austral), “Me llamo Lucy Barton” (Duomo) y “Todo es posible” (Duomo). A finales del pasado año, también en la meritoria y exquisita Duomo Ediciones, nos llegó “Luz de febrero”, con traducción del inglés de Juanjo Estrella González.

Luz de febrero”, titulada en inglés “Olive, Again”, es una secuela o continuación de “Olive Kitteridge”, con la que Elizabeth Strout ganó en 2009 el prestigioso Premio Pulitzer de ficción. De la novela, se hizo también una miniserie protagonizada por la actriz Frances McDormand. Olive Kitteridge, profesora de matemáticas jubilada, es ahora una mujer viuda de la que en algún momento del relato se dice que tiene 78 años y que encara el último tramo de su vida con los problemas de la edad y la vejez y con el miedo a la muerte, que se ha llevado ya a algunos de sus seres queridos y merodea peligrosamente en torno a ella.

La novela transcurre en su mayor parte en Crosby, una pequeña población costera del estado de Maine, en el noreste de Estados Unidos, cerca de la frontera con Canadá. Crosby es un pequeño microcosmos literario, en la línea del “Winesburg, Ohio” de  Sherwood Anderson –que reseñamos aquí hace un tiempo– y de otras narraciones estadounidenses. Crosby es un lugar tranquilo y con poca inmigración. Hay algunos personajes de apellidos franceses, a los que algunos llaman despectivamente “franchutes”, y solo en la cercana Shirley Falls hay una comunidad somalí que está vista como algo extraño y exótico. Uno de los antiguos alumnos de Olive dice que “la señora Kitteridge, ya cuando íbamos a séptimo, nos decía que en teoría este país era un crisol de culturas, pero que en ese crisol, en realidad, nunca se acababa mezclando nada, y tenía razón”.

La novela está articulada en torno a la protagonista, Olive, y cuenta su relación con otros personajes vinculados a ella. En primer lugar, con Jack Kennison, un profesor universitario jubilado y también viudo con el que va a entablar una nueva relación y acabará casándose, siendo ya ambos setentones y sedientos de abrazos y cariño para combatir sus respectivas soledades. Hay referencias a su anterior marido, Henry, al que siempre recuerda con devoción. También a las complicadas relaciones con su hijo Christopher, su nuera y sus nietos. Con las mujeres que cuidan de ella cuando cae enferma, una de ellas simpatizante de Trump y otra, inmigrante somalí que viste con pañuelos que cubren su cabeza. Al final, otro personaje interesante es Barbara Paznik, una mujer tímida e introvertida con la que Olive establece una entrañable amistad crepuscular.

Pero, aunque el libro sea una novela, puede considerarse en buena medida como un conjunto de relatos en los que aparecen diversidad de personajes, algunos de ellos solo muy tangencialmente, o ni eso, relacionados con la protagonista. Todo ello compone una semblanza realista y cotidiana de las relaciones humanas, vistas con sus claroscuros y sus diferentes aristas, pero observadas en general desde una perspectiva comprensiva con las virtudes y, sobre todo, con las debilidades de los humanos

Hay evidentes similitudes entre Elizabeth Strout y otras escritoras actuales. Principalmente, con la canadiense y Premio Nobel Alice Munro, verdadera maestra y modelo de este tipo de literatura que intenta reflejar la cotidianidad de la vida con exquisita sensibilidad y extraordinario buen uso de los recursos literarios.

“Luz de febrero” es también, y sobre todo, una novela sobre el paso del tiempo, la vejez y el ocaso. Sobre el intento y la necesidad de vivir ese momento de la vida con dignidad y sin renunciar a sentir las más profundas emociones y sentimientos. No parece que el personaje de Olive pueda tener ya más secuelas literarias, pero seguro que Elizabeth Strout nos obsequiará con nuevas y hermosas novelas en el futuro.  

  “Luz de febrero”. Elizabeth Strout. Duomo Ediciones. 2021. 364 páginas.