martes, 4 de marzo de 2008

LAS CONDESAS RIBAGORZANAS EN LA NOVELA "VOCES TRAS LAS SOMBRAS"

“Voces tras las sombras” es una interesante novela histórica. Se trata de un relato en el que se recrean de forma amena los primeros tiempos del condado de Ribagorza. Y se hace, sobre todo, a través de las voces - recuperadas en la ficción literaria - de algunas de las mujeres que tuvieron un protagonismo destacado en aquellos oscuros tiempos medievales, en los que, en pleno dominio musulmán de la península, nació una primigenia entidad ribagorzana en un alejado rincón de las tierras pirenaicas del norte.

La autora de la novela - que va por la segunda edición - es Marisa García Viñals. Según se lee en la solapa del libro, nació en los Pirineos y se trasladó después a Lérida, donde se hizo maestra e historiadora del arte. Ha escrito varios ensayos en catalán y ahora, tras su vuelta al Pirineo aragonés y cinco años de investigación histórica, acaba de publicar su primera obra narrativa.

“Voces tras las sombras” desarrolla su acción en dos planos temporales. El relato de los acontecimientos pasados se va alternando con el presente cotidiano de la autora y con el devenir de sus propias investigaciones sobre la historia contada. Es éste un esquema que alcanzó gran éxito con la novela “Soldados de Salamina”, de Javier Cercas, y que también han seguido algunas novelas aragonesas recientes como “Por escribir sus nombres”, de Víctor Juan Borroy. Pero en “Voces tras las sombras” se lleva a cabo con una mayor polifonía; porque en el plano del pasado son las voces de las propias mujeres protagonistas las que, en diálogo entre ellas mismas o con la narradora, van contando los hechos desde sus propios puntos de vista.

La narradora vive en el pequeño pueblo ribagorzano de Sos, muy cercano a Castejón de Sos y Benasque, en la margen izquierda del río Ésera. El lugar tuvo importancia histórica en época medieval y su castillo se documenta ya en el siglo X. La comarca circundante era denominada en aquel tiempo Sositania o valle Sositano, y tenía una cierta autonomía dentro del pequeño condado ribagorzano que pugnaba por extenderse hacia el sur. Según se desprende de algunos documentos históricos, en ese lugar tuvo su última residencia la condesa Mayor, y allí habría muerto y estaría enterrada. Esa posible tumba, o las voces que de ella parecen provenir, es lo que mueve a la investigación a la narradora, que ha comprado una casa en Sos con la intención de alejarse un poco de la especulación inmobiliaria y del gregarismo “todo a cien” de otros lugares más turísticos del valle. En el pueblo viven ocho familias y la escritora se mueve a gusto entre sus hospitalarias gentes. En una cueva próxima cree oír ecos del pasado, y sobre la historia medieval de esas tierras ribagorzanas decide indagar y construir su novela.

La narradora muestra especial interés por el universo femenino y, por ello, las protagonistas de su novela son mujeres. En primer lugar, las condesas ribagorzanas a las que enseguida nos referiremos con mayor detalle, pero también, en menor medida, las laboriosas y activas mujeres de Sos, que simbolizan la importante función desempeñada por la mujer en las sociedades rurales. Además, las principales referencias culturales del libro fuera del ámbito medieval son siempre femeninas: María Zambrano y Hanna Ardent, como pensadoras y escritoras de gran talla intelectual, y Electra o Lady Macbeth, como símbolos literarios universales.

Quien adquiere el principal protagonismo en el relato es la condesa Mayor, pero también su hija Mayor II y, algo menos, las condesas Ava y Toda. Contra la tendencia general de unos historiadores tal vez demasiado rutinarios, en la narración aparecen, a partir de la observación del profesor Antonio Ubieto en su libro “Historia de Aragón”, dos condesas, madre e hija, con el mismo nombre de Mayor. Eso parece casar mejor con las fechas que figuran en algunos documentos históricos, y permite a la novelista presentar a dos mujeres homónimas, cada una con voz e historia propias, en su creación literaria.

El relato se inicia en junio del año 960 con la boda entre la condesa Ava, hija de Ramón II, conde titular de Ribagorza, y García Fernández, heredero al condado de Castilla. La ceremonia va a celebrarse en Roda, adonde la comitiva se desplaza desde el castillo de Ripacurza, situado sobre los congostos de Obarra y su importante monasterio. Es una boda concertada, como todas en la novela, por motivos de alianzas y estrategias que convienen a la casa condal ribagorzana. La misa es oficiada por el obispo Odesindo, hermano de Ava, y a ella asiste el resto de sus hermanos: Unifredo, Arnaldo, Isarno y Toda. Su madre, Garsenda de Fezensac, entrega a Ava un viejo códice que aparecerá repetidamente en la narración, como elemento ilativo entre las sucesivas generaciones de mujeres de la dinastía condal.

No le fueron demasiado bien las cosas a Ava en tierras castellanas, donde siempre fue considerada una extranjera. Incluso parece haber inspirado una desafortunada leyenda en la que aparece como traidora a Castilla y a su marido y es acusada de mantener relaciones con los musulmanes y su caudillo Almanzor. Podría haber ocurrido en realidad que Ava, procedente de unas tierras en las que la convivencia con el Islam era más fluida - su abuelo Raimundo I se había casado en segundas nupcias con la hija del señor musulmán de Lérida -, hubiera defendido una política de aproximación a los árabes que habría sido rechazada de plano por la nobleza castellana, en esos momentos enemiga acérrima e irreconciliable de los sarracenos.

Sin adquirir un gran protagonismo, la condesa Toda tiene a lo largo de la novela una repetida presencia. Tras la muerte de sus hermanos varones, Toda se vio obligada a acceder a la titularidad del condado en un momento especialmente difícil para éste, en vísperas de la anunciada y temida “razzia” de Abd-al Malik. El conde Isarno, hermano menor de Toda, había muerto luchando contra el belicoso caudillo musulmán en las proximidades de Monzón, en un desesperado intento por evitar lo inevitable. En 1008, dos años después de la devastadora incursión del hijo de Almanzor sobre Ribagorza, Toda decidió contraer matrimonio con su tío el conde Suñer de Pallars, viudo y padre de tres hijos. La boda, a la que ambos llegaban con bastante edad, permitía restablecer la unión de los dos condados y proporcionaba un sólido punto de apoyo a la desamparada Toda. Suñer murió dos años después, tras haber dividido sus posesiones entre sus tres hijos. Ante los deseos pallareses de anexionarse Ribagorza, el abad Galindo de Obarra, hombre ambicioso e intrigante pero siempre celoso defensor de la independencia ribagorzana, propuso a Guillermo Isárnez, hijo ilegítimo de Isarno, como el nuevo conde, a quien todos los ribagorzanos parecen dispuestos a aceptar. Guillermo, que había sido educado en la corte castellana junto a su tía Ava, será recibido casi como un salvador en la maltrecha Ribagorza. Toda abandona la escena y se retira al valle de Chistau. Desde allí se mantendrá siempre atenta a la política ribagorzana, y presta a intervenir cada vez que la situación lo requiera.

En casi todos los libros de historia sólo se hace referencia a una condesa Mayor. Es hija de Ava, y por lo tanto nacida en Castilla. Viene a Ribagorza a petición de su tía Toda para casarse con Raimundo III, conde de Pallars. Tras la muerte de Guillermo Isárnez, asesinado en extrañas circunstancias cuando se dirigía al Valle de Arán, es repudiada por su marido y se refugia en Sos, donde la nobleza sositana se rebela contra ella. Cede el poder a Sancho de Navarra, que reclama Ribagorza por estar casado con Munia, nieta de Ava y sobrina de Mayor, y se retira al monasterio burgalés de San Miguel de Pedroso, de donde fue abadesa hasta su muerte.

Pero en “Voces tras las sombras”, que es una novela y no un libro de Historia, aparecen - como se ha dicho - dos mujeres llamadas Mayor, madre e hija, como no es del todo descartable que pudiera haber ocurrido en la realidad. En el libro, Mayor I se casa con Gassián, importante señor de Benasque, y juntos administran la Sositania. Mayor es propietaria de los castillos de Sos, Dos y Benasque . Cuando muere Guillermo Isárnez, y tanto el conde de Pallars como Sancho el Mayor de Navarra amenazan la independencia de Ribagorza, Mayor se mantiene fuerte en su reducto sositano. Pero tras una rebelión de los nobles contra ella, probablemente inducida por intereses espurios, y pese a resistir hasta el límite en su castillo de Benasque, acaba cediendo el poder a su sobrina Munia y, por tanto, a Sancho el Mayor de Navarra. Hasta la muerte de éste, Mayor continúa formando parte de la corte ribagorzana, para recluirse más tarde en el citado cenobio burgalés donde acabó sus días.

Su hija Mayor II es quien se casa en la novela con Raimundo III, conde de Pallars. Vive, sobre todo en unas ardientes jornadas en el castillo de Fantova, una intensa pasión amorosa con Guillermo Isárnez, que escandaliza al abad Galindo de Obarra y sin duda llega a oídos de su marido. Tal vez fue ésta la causa, o una de las causas, de la posterior muerte violenta del apuesto conde ribagorzano. Más tarde, cuando Raimundo III ve defraudadas sus ambiciones sobre Ribagorza, Mayor es repudiada por su esposo por consanguinidad entre ambos y por no haberle proporcionado el hijo varón que deseaba, aunque juntos tuvieran una hija llamada Ricarda. Es entonces, en el verano del año 1028, cuando Mayor II se refugia en Sos, donde permanece hasta su muerte. Ella es, pues, la dama allí enterrada y cuya voz, si se presta atención, aún se escucha tras las sombras.

La ficción narrativa permite conectar presente y pasado, y pasar de uno a otro con suma facilidad. Así ocurre en el último capítulo del libro, en que la narradora salta de Sos a Fantova y al zoco medieval de Graus, lleno de vida y de color, para regresar de nuevo a Sos, donde surgieron unas sombras del pasado que han ido adquiriendo forma literaria. Un sugerente relato en el que varias voces femeninas nos cuentan cómo fueron, o pudieron haber sido, los oscuros y lejanos orígenes del viejo condado de Ribagorza.

NOTA: “Voces tras las sombras. Tragedia y pasión de la condesa Mayor en el valle de Benasque”. Marisa García Viñals. Editorial Milenio, Lérida, 2007

Carlos Bravo Suárez

2 comentarios:

Victor Juan dijo...

Hola Carlos, no encuentro otro medio que este blog para agradecerte la lectura de "Por escribir sus nombres" y los comentarios que le has dedicado.
Un saludo,
víctor

Anónimo dijo...

Acabo de leer el libro. Lo compré en la tienda de la catedral de Roda y me lo vendieron como "una novela histórica ambinetada en la Ribagorza Medieval".

Nada más lejos de la realidad. Hay poco de novela histórica, se narran unos hechos que ocurrieron pero de una manera muy vaga y recurriendo a sobrenaturales encuentros de una autora actual con el fantasma de una de las condesas.

Además el libro tiene un constante tufo "misándrico", parece subvencionado por el ministerio de igualdad para atacar constantemente al género masculino.

En fin, una gran desilusión de libro. Menos mal que son 200 páginas, sino no lo habría acabado.