lunes, 18 de agosto de 2008

DE MURO DE RODA A LIGÜERRE DE CINCA POR EL ENTREMÓN












Hace unos meses realicé con el Centro Excursionista de la Ribagorza una magnífica excursión por la vecina comarca de Sobrarbe. Desde el conjunto monumental de Muro de Roda, siguiendo el GR-1 o Sendero Histórico por su itinerario original, llegamos hasta Ligüerre de Cinca, después de atravesar el impresionante congosto del Entremón.

En Tierrantona, capital del extenso municipio de La Fueva, el autobús que nos había transportado desde Graus tomó una pista de tierra y nos dejó a dos kilómetros escasos de la espléndida y altiva fortaleza de Muro. Iniciamos allí nuestra caminata continuando lo que quedaba de pista. En pocos minutos llegamos a las puertas del amplio recinto amurallado, que nos dispusimos a visitar con detenimiento.

Muro de Roda es un lugar magnífico, digno de mayor fama de la que disfruta en la actualidad. A poco más de mil metros de altitud, su emplazamiento fue elegido por su privilegiada situación defensiva, que permitía ejercer un completo dominio sobre los territorios circundantes. Desde lo alto de la montaña en que se ubica se divisa una amplia panorámica de impresionante belleza. Muro de Roda es un extenso recinto rodeado por una larga muralla de perímetro ovalado, cuyos extremos se orientan al sur y al norte, con una longitud y anchura máximas de unos ciento cincuenta y casi cincuenta metros respectivamente. La muralla este es algo más elevada que la oeste, casi innecesaria por elevarse sobre un espolón que sirve de defensa natural prácticamente inaccesible. En el extremo norte del recinto se encuentra la iglesia de Santa María o de la Asunción, con tres magníficos ábsides románicos que ejercen como cubos exteriores de la muralla y cierran una cripta bajo el altar mayor del templo. Tiene éste una torre con forma de prisma cuadrangular, almenada y con claras funciones de vigilancia. Junto a la iglesia se hallan el cementerio, la antigua casa-abadía y algunas otras dependencias arruinadas. En el extremo sur del recinto encontramos la iglesia de Santa Bárbara, del siglo XVII, adosada a un cubo de la muralla y en la actualidad recubierta con yeso y cal. En el extremo norte, a extramuros del recinto, se levanta la ermita de San Bartolomé, que pertenece a un románico muy primitivo y constituye la parte más antigua de todo el conjunto medieval. Junto a ella, se hallan otras dependencias construidas posteriormente y hoy en ruinas, entre las que destaca un reducido claustro de forma cuadrangular distribuido en torno a un pozo central.

Las murallas -de las que se habían desprendido algunos lienzos con el paso del tiempo-, el exterior de la iglesia de Santa María y la ermita de San Bartolomé han sido objeto de una reciente restauración que ha mejorado considerablemente el aspecto exterior del conjunto. Quedan pendientes de actuaciones posteriores el interior de la iglesia y otras dependencias anexas que podrían ser utilizadas con fines turísticos en el futuro. Sería deseable que la fortaleza sobrarbense tuviera el protagonismo que merece, pues es sin duda uno de los lugares históricos más destacados de nuestra provincia.

Muro de Roda fue construido por el rey navarro Sancho el Mayor en el siglo XI, en un momento de fortificación de sus extensos dominios. Por su elevación e importancia el recinto se denominó en un principio Muro Mayor (“muro maiore”). Posteriormente, en el siglo XIII, cuando el rey Ramiro II el Monje donó el lugar al obispado de Roda de Isábena, cambió su antigua denominación por la actual. El conjunto defensivo fue levantado fundamentalmente en dos etapas constructivas: una primera en los siglos XI y XII y otra posterior en los siglos XVI y XVII. La fortaleza comunica visualmente con otros castillos próximos como los de Troncedo y Samitier, situado este último en un impresionante escarpe sobre el desfiladero del Entremón.

Muro de Roda es un ejemplo muy ilustrativo de lo que era una fortaleza defensiva medieval. En caso de guerra servía como refugio a los habitantes de los lugares del contorno, sobre los que desempeñaba funciones de capitalidad y centro. Mantuvo en cierta manera esa condición hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, en que aún ejercía como cabeza de un municipio al que daba nombre. Un total de quince pequeños lugares desparramados por sus laderas tenían allí su ayuntamiento, su iglesia, su escuela y su cementerio. Hasta este último eran subidos desde las diversas aldeas, a hombros y por empinados y serpenteantes caminos, los féretros de los vecinos fallecidos, en un último y verdadero ejercicio de penitencia y esfuerzo físico al que los muertos sometían a los vivos.

Al final del muro oriental de la fortaleza, y en dirección al sur, arranca el antiguo sendero por el que discurría hasta hace poco el GR-1, antes de ser desviado por la ladera desde la pista que sube de Tierrantona. Nosotros seguimos el viejo trazado, sin duda más atractivo y recomendable que el itinerario actual. El camino desciende por un frondoso y húmedo bosque, que en algunos momentos se muestra casi alfombrado de verde musgo. Desemboca en una pista que es necesario cruzar para seguir después por un sendero, bastante oculto e invadido por las ramas de algunos arbustos, que se dirige hacia el pueblo abandonado de Ministirio. Pasamos por algunas de sus antiguas eras antes de alcanzar una nueva pista. Las ruinas de Ministirio quedan a nuestra derecha, pero nosotros continuamos hacia la izquierda e iniciamos enseguida una fuerte bajada que desemboca en la pequeña población de Humo de Muro.

Humo de Muro es un topónimo erróneamente castellanizado. En realidad su nombre correcto y original es el descriptivo Lumo de Muro, es decir, el lomo o la loma de Muro, derivado del término latino “lumbus”. El pueblo, que pertenece al municipio de La Fueva, tiene pocas casas, pero todas ellas bien arregladas en la actualidad. Destaca la casa Clavería, hoy convertida en un conocido establecimiento de turismo rural. Desde Humo descendemos hacía el río, contemplando a la izquierda de nuestro camino un espléndido ejemplar de roble o "caixigo".

El río Usía, que atraviesa por su centro el fértil valle de La Fueva, se deja cruzar fácilmente saltando entre sus piedras. En la otra orilla se encuentra el viejo molino de Palo, pueblo al que no tardaremos en llegar.

Palo es una pequeña localidad con municipio propio, situada en la ladera de un tozal de formas redondeadas al que da nombre. La población tiene algunas construcciones interesantes y en sus proximidades -no hemos pasado muy lejos de él- se encuentra el santuario de Bruis, objeto de una de las romerías más concurridas de las celebradas en el Alto Aragón.

Continuamos el camino, siguiendo las marcas rojiblancas del GR-1, en dirección a la presa de Mediano, embalse que muy pronto vamos a divisar. El camino rodea el rechoncho tozal de Palo, que queda a nuestra izquierda; a la derecha, el río Usía se encajona profundo entre las rocas buscando su desembocadura en el Cinca. De las aguas del embalse emerge frente a nosotros el tozal de Monclús, en cuya cima se hallaba en otro tiempo un importante castillo del que hoy apenas quedan restos. Al parecer fue en su origen fortaleza musulmana, tal vez la que las crónicas medievales denominan al-Muns. Del antiguo pueblo de ese nombre, de su importante puente medieval y de su judería arrasada por los fanáticos “pastorcillos” llegados de Francia en el siglo XIV, escribí hace ya unos años en estas mismas páginas.

Enseguida llegamos a la presa del embalse de Mediano. El actual pantano fue construido en 1974 con la intención de regular el que unos años antes se había levantado en El Grado, aguas abajo del Cinca. El viejo pueblo de Mediano quedó sumergido por el gran embalse. Cuando el nivel del agua desciende aún asoma a la superficie, queriendo recordar su existencia, la vieja torre de su iglesia. Con el pueblo quedaron sepultados muchos retazos de historia de una zona de gran importancia estratégica desde la antigüedad. Cubierto por las aguas, cerca de la actual presa, quedó el legendario puente del Diablo, que algunos remontan a la época romana y que unía en este punto las dos orillas del Cinca. Es probable que este puente hubiera sido construido, sin embargo, en los siglos XVI o XVII y fuera el de Monclús, situado algo más al norte, el que correspondiera a épocas más antiguas.

Desde la presa de Mediano continúa el GR-1 por la margen izquierda del Cinca, hasta adentrarse en las angosturas del desfiladero del Entremón. El camino es bonito y, salvo un pequeño paso con algo más de dificultad, bastante cómodo y llevadero para el caminante. Sobre las verticales paredes de la orilla derecha asoma el impresionante castillo de Samitier. Se trata de un conjunto religioso-militar construido en el siglo XI, bajo el reinado de Ramiro I. En un emplazamiento inverosímil, se conservan los restos de la torre del castillo y, no hace mucho tiempo restaurada, la iglesia románica de San Emeterio -de donde deriva Samitier- y San Celedonio, de planta basilical y tres ábsides. Ramiro I encargó la custodia del recinto defensivo a una comunidad de monjes soldados en aquellos lejanos tiempos medievales, de los que el lugar trae abundantes y sugestivas evocaciones.

Nosotros, bajo la permanente vigilancia de Samitier desde las alturas, salimos del Entremón y llegamos al puente de Ligüerre, donde nos esperaba el autobús y terminaba nuestra caminata. Sólo restaba un obligado alto en el Mesón de Ligüerre para reponer nuestras menguadas energías tras el esfuerzo realizado.

Ligüerre, o Lligüerri en aragonés, pertenece hoy al pequeño municipio de Abizanda. Quedó despoblado tras la construcción del pantano de El Grado y posteriormente fue cedido al sindicato UGT, que lo rehabilitó con buen gusto y ha convertido en un agradable y acogedor lugar de vacaciones y descanso. Tuvo el pueblo su importancia histórica. Madoz cita a mediados del siglo XIX la existencia en sus proximidades de una barca que permitía, previo pago obligado al barquero, el paso de una a otra orilla del río Cinca. Su mesón fue también durante siglos lugar de parada y fonda para muchos viajeros que transitaban entre el somontano y la montaña.

Desde Muro de Roda hasta Ligüerre de Cinca, hemos andado por antiguos caminos que en otros tiempos vieron el incesante trasiego de gentes diversas y afanosas, forjadoras de la rica identidad de estas tierras del Sobrarbe.

Carlos Bravo Suárez

(Artículo publicado en Diario del Alto Aragon el 3 de agosto de 2008)

(Fotos: Muro de Roda -doce primeras fotos, la decimosegunda corresponde al interior de la ermita de San Bartolomé-, Ministirio con el tozal de Palo al fondo, iglesia de Mediano con el pantano bajo, Entremón, conjunto de Samitier desde el Entremón, Ligüerre de Cinca desde el Entremón y Ligüerre de Cinca.)

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