martes, 16 de septiembre de 2008

UN PASEO DE GRAUS A LA ERMITA DE SAN PEDRO



Hace unas fechas, el pasado 1 de mayo, como todos los años, muchos grausinos fueron en romería a la cercana ermita de San Pedro de Verona. Algunos llegaron hasta allí en coche, tomando la pista que arranca junto al cementerio, a la derecha de la carretera que lleva a Barbastro. Otros fueron a pie, realizando una oxigenante y bella excursión hasta la ermita. Para quienes deseen hacerlo así, en ese día o en cualquier otro, propongo aquí un itinerario que consiste en subir a la ermita por la basílica de la Virgen de la Peña y el llamado "Pasé" y descender de nuevo a Graus por el camino del Torroc y la Piedra Plana. A ritmo tranquilo, disfrutando del paisaje y el entorno, la excursión propuesta, de unos cuatro kilómetros, se realiza en algo más de una hora. Todo el itinerario se halla señalizado con marcas pintadas de color verde y con pivotes de madera del mismo color. Hay numerosas tablillas indicadoras y el recorrido está jalonado con paneles informativos sobre la flora y la fauna del lugar.

Para disfrutar de algunos de los atractivos de Graus, comenzaremos nuestro paseo en la glorieta de Joaquín Costa, en el inicio de la calle Salamero, que aquí todos conocen como calle del Barranco. Siguiendo su acera izquierda, atravesaremos el portal de Linés para tomar la calle Fermín Mur y Mur, conocida popularmente como de Benasque. Nos llevará hasta la espléndida Plaza Mayor o de España. Disfrutaremos con la contemplación del magnífico conjunto, recientemente restaurado, y en especial del Ayuntamiento y de las casas Bardají, Heredia -nueva sede de la Comarca- y del Barón o Pentineta, esta última con fachada de llamativas pinturas. Atravesaremos la plaza en diagonal para salir a la calle del Prior. A nuestra derecha, dejaremos, en uno de los más bellos rincones de la villa, el balcón y la parte posterior de la casa del Barón, sobre el arco del mismo nombre. Cruzaremos la calle y saldremos a la del Hospital. Tras girar a la izquierda, iniciaremos el ascenso que nos llevará a la basílica.

A los pocos metros, y a nuestra derecha, veremos dos sepulcros góticos de piedra, con gastados motivos heráldicos y enmarcados por dos arcos de medio punto. Fueron trasladados hasta aquí, hace ya algunos años, desde el antiguo cementerio situado detrás de la iglesia parroquial de San Miguel. Pese a que nada permite certificarlo así, se ha dicho que podrían pertenecer a Rodrigo de Mur y a su esposa Marica. Rafael Andolz recoge la leyenda de los amantes de Graus, que se inspira en una famosa inscripción del palacio de los Mur en la que muchos han querido leer "Rodrigo ama a Marica", aunque sea más probable que contenga, con algunas de sus letras entrelazadas, el nombre completo de su antiguo propietario: Rodrigo de Mur y Marca. Siempre puede añadir a nuestro paseo unas gotas de poesía el recuerdo de esta romántica leyenda. Se trata de los amores entre la joven Marica o Marieta y el noble Rodrigo de Mur, hijo homónimo del famoso señor de Lapenilla, ajusticiado en Francia en las postrimerías del siglo XVI. Debía Rodrigo casarse con la rica y bella Margarita, pero suspiraba por Marica, más pobre pero elegida por su corazón. Desafiando las presiones familiares, se desposó con ella y mandó esculpir en piedra la famosa leyenda que recordaría para siempre su amor.

Siguiendo nuestro paseo, dejamos a la izquierda una cruz de piedra y encontramos en la inmediata plazuela el busto del prohombre grausino mosén José Salamero. Tío del gran Joaquín Costa, dejó buen recuerdo entre sus paisanos por su defensa de los más pobres y por la fundación de una Escuela de Artes y Oficios en el antiguo colegio jesuita de la localidad. En ella se formaron desde finales del siglo XIX muchos de los buenos artesanos que la villa tuvo. En este punto, puede tomarse un sendero que rodea la basílica o, siempre más recomendable, adentrarse en el recinto del Santuario de la Virgen de la Peña para admirar el monumento más emblemático de la capital ribagorzana.

Tras pasar la puerta que cierra el recinto y ascendiendo por una rampa cubierta, podemos asomarnos a nuestra izquierda a una balconada en piedra con forma semiovalada que se conoce como la predicadera de San Vicente Ferrer. Según la tradición, desde este púlpito el fraile dominico dirigió en 1415 un sermón al pueblo de Graus que, arremolinado en las faldas de la peña, le escuchaba con fervor. Del éxito obtenido por el santo valenciano deriva su posterior título de patrón de la villa. Tras unos pocos pasos, llegamos a un patio descubierto con un claustro porticado a su derecha. Sirve éste de galería mirador desde cuyas bellas arcadas de columnas helicoidales se contempla una hermosa panorámica. Allí se celebran en verano magníficos conciertos y, en el centro de la empedrada plaza, a los pies del viejo olmo que una reciente tormenta ha dejado muy maltrecho, encontraremos en la estación estival algún botijo de agua fresca que permita calmar nuestra sed.

No hay espacio aquí para describir con detalle la basílica. Al parecer, hubo en su lugar una mezquita en tiempos de dominio musulmán y, más tarde, la iglesia románica de Santa María. El actual es un templo gótico-renacentista de una sola nave edificada sobre cripta y cubierta con bóveda de crucería estrellada. Durante la pasada guerra civil fueron destruidos varios de sus retablos y altares. El templo tiene una bella portada renacentista, tal vez terminada en 1543, según fecha que aparece en la base de una de sus columnas. Desde su origen, la basílica quedó vinculada a la iglesia romana de San Juan de Letrán con la que comparte privilegios. Por ello, a su izquierda, se halla la capilla dedicada a dicho santo, en el lugar donde, según la leyenda, se encontraba la cueva en que los cristianos que huían de los musulmanes escondieron la imagen original de la Virgen. La construcción del santuario se completó en el siglo XVII bajo el impulso del que fuera obispo de Huesca, y grausino de nacimiento, Esteban de Esmir. Los restos del ilustre prelado, que ejerció en la villa un destacado mecenazgo, descansan en el interior de la basílica, a la derecha del altar. Sobre la galería de arcos, en lo que tal vez fueron dependencias ocupadas por los guardeses del recinto, podemos visitar un singular museo de iconos ortodoxos que con toda seguridad sorprenderá gratamente a quien decida entrar en él. Unos metros más arriba, las aguas de una pequeña balsa dan cobijo a algunos peces de colores con cuya contemplación suelen disfrutar los más menudos. Desde aquí, por camino de escaleras con barandilla en la parte exterior, se asciende hasta lo alto de la Peña del Morral ("mur alt") donde se encuentra una imagen de Cristo conocida como Corazón de Jesús. Para llegar hasta allí hay que desviarse a la derecha del camino que lleva a San Pedro, como señalan los indicadores colocados en el cruce.

Desde lo alto se abre ante nuestros ojos un magnífico espectáculo: el caserío grausino en vista aérea de sus tejados entre los que se adivina el trazado de sus calles, la confluencia de los ríos Ésera e Isábena y una panorámica de gran belleza y amplitud. Un panel explicativo nos permite reconocer los diferentes puntos que pueden divisarse desde tan privilegiada atalaya. Unos metros detrás del lugar, en la cúspide del cerro y entre árboles, quedan los restos del antiguo castillo de Graus. Fue importante fortaleza musulmana, tomada para los cristianos en 1083 por el rey Sancho Ramírez, cuyo padre Ramiro I había muerto pocos años antes en el campo de Zapata, frente a las murallas que defendían Graus. Recientemente la zona del castillo ha sido objeto de una interesante excavación que ha permitido descubrir una parte de lo que fue la antigua fortificación medieval. A la luz de esos hallazgos, es muy probable que fuera aquí donde se hallara el núcleo original y primigenio de la población gradense.

De vuelta al camino de San Pedro, tras un breve recorrido con más vegetación, el sendero discurre por terreno rocoso que se acentúa en el tramo conocido como "El pasé", donde una barandilla algo suelta evita posibles vértigos a más de un excursionista. Tras este punto, el camino sube hasta alcanzar en poco tiempo la ermita de San Pedro. Es ésta de construcción moderna, no hace mucho ampliada y remozada. Aunque su situación hace suponer alguna construcción previa, tal vez de tipo defensivo, la ermita no parece anterior al siglo XVIII y no existe documentación más antigua sobre ella. El lugar serviría de refugio y parada a quienes desde Lapenilla y Puy de Cinca (Pui Zinca) se dirigían a Graus. Está dedicada a San Pedro de Verona, cuya festividad se celebra el 29 de abril, aunque, para facilitar una mayor participación en la romería, ésta se trasladó al primer día de mayo. Se trata de un santo dominico del siglo XIII que, antes de morir mártir, fue inquisidor en varias ciudades italianas. También San Vicente Ferrer, patrono de la villa, fue fraile dominico. Esta orden religiosa tuvo convento en Graus, del que, hasta no hace mucho, aún quedaba en la actual calle Salamero el armazón y la fachada de la que fue su iglesia de Santo Domingo.

En las romerías de tiempos pasados, se subía a la ermita en una procesión presidida por el sacerdote que bendecía los términos y por el abanderado que portaba un estandarte rojo. Se celebraba una misa y las diferentes cuadrillas se agrupaban para ingerir copiosas comidas, compuestas en muchos casos de ensalada y conejo y caracoles con "ajaceite", regadas con los mejores vinos de cada casa. Tras la comida se realizaba un animado y concurrido baile. Era costumbre de ese día dejar ramas bendecidas de olivo y de laurel por los campos de la localidad. Cuando durante la siega algún labrador encontraba una de estas ramas, llamaba a otros y todos juntos rezaban una oración y bebían un largo trago de vino. El dueño del campo llevaba el ramo a su casa para que la protegiera de los rayos de las tormentas. Algunos jóvenes aún suben a San Pedro la tarde anterior para pasar la noche junto a la ermita.

Retrocediendo unos metros sobre nuestros pasos, volvemos al cruce de caminos en que se nos indica el sendero que lleva a Graus por la Piedra Plana. Éste era el antiguo camino que seguían los romeros, y el más corto y rápido entre el pueblo y la ermita. Se desciende con rapidez hasta llegar a un olivar cultivado. Salimos luego a una pista que enseguida abandonamos para bajar en paralelo al curso del barranco del Torroc. De inmediato llegamos a la llamada Piedra Plana, una pequeña roca de superficie lisa junto al camino. La existencia antaño de una fuente en el lugar hacía que los romeros pararan por la tarde en su descenso de la ermita. Allí merendaban con las sobras de la comida y continuaban la fiesta. Se les unían desde el pueblo quienes no habían podido asistir a la romería y todos juntos celebraban otro animado baile.

Desde la Piedra Plana se llega a Graus en muy poco tiempo. Antes se deja a la derecha la fuente del Torroc, donde, salvo en años de sequía, suele manar el agua en un agradable paraje de gran tranquilidad y frescor. En los aledaños del manantial se ha acondicionado un pequeño parque. El camino nos conduce a la placeta de San Miguel, junto a la iglesia parroquial del mismo nombre. Allí terminaba antiguamente la romería con una rifa y con algunos bailes más, el último de los cuales era siempre el de la escoba, que iba circulando de mano en mano entre las animadas parejas.

Hemos llegado así al final de nuestro recorrido, justo en el otro extremo de la calle del Barranco en que lo habíamos comenzado, y sabiendo algunas cosas más sobre nuestra hermosa villa, rica en paisajes, historia y tradiciones.

Carlos Bravo Suárez
(Fotos: Plaza Mayor de Graus, sarcófagos, basiílica de la Virgen de la Peña, predicadera, claustro,, interior, Graus desde la basílica de la Virgen de la Peña -varias fotos-, Corazón de Jesús, Graus desde el camino, el Pasé, ermita de San Pedro-dos fotos- y Piedra Plana)

(Artículo publicado en el Llibré de las fiestas de Graus de 2008)

4 comentarios:

ChusdB dijo...

Me encanta este blog,he llegado hasta aquí buscando información sobre el señor de Erill y el valle de Benasque (Bisaurri,tal vez)... todavía no he llegado,ya me dirás dónde escribiste a propósito de esto. Te añado a mis favoritos.

carlos bravo suarez dijo...

Gracias por tu amable comentario. No he escrito ningún artículo sobre el señor de Erill,sí sobre Arnau Mir de Tost. También, como habrás visto, sobre diferentes aspectos del valle de Benasque. Un saludo y espero que te sigan gustando los artículos que irté añadiendo.

Anónimo dijo...

He oido hablar de la Casa Esmir de Graus, pero no se donde encontrar imagen alguna. ¿Podria indicarme la direccion exacta de dicha casa?

carlos bravo suarez dijo...

Para Anónimo: La casa Esmir de Graus, donde probablemente nació el después obispo de Huesca y mecenas ribagorzano,se encuentra en el nº 2 de la plaza de Coreche, un poco más arriba del palacio de los Mur en el que hoy se encuentra el cafe Solanet o la Bullanga.La casa Esmir se denominó posteriormente casa Solano y en la actualidad ha sido rehabilitada para ser convertida en hotel. Las obras parecen terminadas y se supone que el establecimiento hotelero será pronto abierto al público.
No sé dónde puede haber alguna imagen de la casa,yo ahora no la tengo fotografiada, pero si tiene usted mucho deseo de ver su imagen puedo hacer una foto y mandársela por correo electrónico si me da el suyo.
Gracias por leer mi blog y un cordial saludo.