domingo, 22 de junio de 2008

LA ERMITA DE MIRALPEIX DE CAPELLA

A ocho kilómetros de Graus y a tres de Capella, a cuyo municipio pertenece, se encuentra, sobre un pequeño altiplano en la margen izquierda del río Isábena, la ermita de Miralpeix. Se llega a ella por la carretera A-1605 que lleva de Graus al Valle de Arán. Inmediatamente después de cruzar el llamado puente de Torrelabad, se toma una pista agrícola a la derecha en dirección a unas granjas que se divisan desde la carretera. Muy cerca de la explotación ganadera, y también visible desde la calzada, se halla esta pequeña y sencilla ermita de estilo románico, en medio de un campo de labor y cubierta cada vez más por una frondosa hiedra que parece querer envolverla por completo. También se puede acceder al lugar desde el vecino pueblo de Pociello, siguiendo la pista que lleva hasta el cementerio y continuando desde allí campo a través.

Sobre Capella, su magnífico puente medieval, su iglesia parroquial de San Martín y el bello retablo que alberga en su interior, ya he escrito en estas páginas en alguna otra ocasión. Muy cerca de la ermita de Miralpeix que hoy nos ocupa, se encuentra el pequeño pueblo de Pociello, con una iglesia románica también de tamaño reducido y formas sencillas. Siguiendo la carretera A-1606, y tomando otro desvío a la derecha, se halla Laguarres. En su cementerio, al otro lado de la carretera, se levanta la ermita de la Virgen del Llano, también románica y con un destacado ábside semicircular. Los dos pueblos  -Pociello y Laguarres-, situados como la ermita de Miralpeix en la cara norte de la Sierra del Castillo de Laguarres, o del Castell de Llaguarres en el habla local, pertenecen al municipio de Capella.

Por un desvío que arranca desde la izquierda del puente que atraviesa el Isábena, en sentido opuesto al camino que lleva a la ermita de Miralpeix, se llega al pequeño pueblo de Torrelabad. Otra carretera secundaria que arranca del mismo punto conduce a El Soler. Ambos pueblos, como el diseminado Güel, pertenecen, sin embargo, al municipio de Graus. En la entrada de El Soler se levanta la bonita ermita de San Marcos, románica y restaurada hace unos años por el famoso mosén José María Lemiñana, hasta no hace mucho cura párroco de Roda de Isábena y restaurador infatigable de numerosas iglesias y ermitas de la comarca.

Parece seguro que la ermita de Miralpeix formaba parte de un pequeño caserío o mas del mismo nombre. Tal vez algunos viejos edificios situados entre la ermita y las granjas próximas pertenecieran en su origen a la pequeña aldea. El apellido Miralpeix aparece entre los vecinos de Capella en la relación de los fogajes medievales de 1381, 1385 y 1549. En 1381, se cita a un Pere Miralpeix, que se incluye también en el fogaje de 1385 junto a su yerno y su hijo. En 1549, uno de los jurados de Capella que se entrevistaron con el futuro conde don Martín de Gurrea y Aragón en su visita a la localidad fue Joan de Miralpeix. Pere de Miralpeix aparece también como uno de los prohombres u hombres importantes de la villa presentes en ese encuentro. En el informe de esta visita condal, del que se conserva una copia en el monasterio de Montserrat en Barcelona y otra en la colección Salazar de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia en Madrid, aparece el apellido escrito como Mira el pex, separado en tres palabras. La de los Miralpeix sería sin duda una de las casas fuertes de la zona y sus propietarios tendrían gran influencia en Capella y en la comarca de la Ribagorza. El apellido aparece asimismo con frecuencia en Cataluña, ligado en ocasiones a algunas familias influyentes.

Sobre el topónimo hay que decir que la “x” final corresponde al sonido prepalatal fricativo sordo [s], inexistente en el castellano, pero muy presente en el aragonés y el catalán (ixo, buixo, caixa, etc). Transcribo las primeras líneas que Chesús Vázquez dedica a Miralpeix en su interesante librito “Toponimia ribagorzana. Municipio de Capella” (Editorial Milenio, Lérida, 2003): “Nombre de una masía y del terreno circundante, situada junto al río. Es un topónimo compuesto, formado con el verbo mirar y el sustantivo ribagorzano peix (pez). Parece que los lugares así llamados (abundantes en la toponimia de regiones vecinas), se encuentran casi siempre junto a una zona del río en la que hay bastantes peces, y el verbo ha tomado el sentido de estar encarado hacia”.

El topónimo Miralpeix aparece ciertamente en varios lugares de Cataluña, siendo tal vez el más conocido el denominado los Colls y Miralpeix, en Sitges, donde antes hubo un castillo y hoy hay una ermita. En la provincia de Lérida, en el municipio de Tiurana, existe asimismo un pequeño pueblo llamado Miralpeix. Aparece también este nombre en otro lugar aragonés. Se trata del monumento funerario romano conocido como el mausoleo de Miralpeix, que actualmente se levanta en Caspe, adonde fue trasladado desde su antigua ubicación, sumergida hoy bajo las aguas del pantano de Mequinenza. Aguas arriba del río Isabena, en Serraduy, a unos veinte kilómetros de la ermita de Miralpeix de Capella, se encuentra, muy próxima al río y haciendo honor al significado del topónimo, la Casa “El Peix”, conocido y afamado restaurante de la comarca de Ribagorza.

En 1586, la aldea o casa de Miralpeix aparece documentada como un ente autónomo, aunque parece probable que siempre dependiera directamente de Capella. Según se cita en documentos medievales, a esta población pertenecían las aldeas o masías de Casa Chorchi, L’Heréu, Estorianz, La Bruballa, La Buixeda, La Serranía, La Sierra, Miralpeix y San Chenís. Algunas de estas casas siguen existiendo en la actualidad y varias de ellas están todavía habitadas. Estorianz y La Buixeda, también en la margen izquierda del río Isábena, conservan sendas ermitas junto al caserío vivienda. Son muchos los mases y casas de la zona que tenían su propia ermita u oratorio, uniendo a la autosuficiencia económica la religiosa.

La ermita de Miralpeix es de dimensiones reducidas, de gran simplicidad y con casi total carencia de ornamentación. Se encuentra abandonada desde hace tiempo y se levanta en la actualidad, como hemos dicho, en medio de un extenso campo de labor. Estuvo en tiempos dedicada a la Transfiguración del Señor, cuya festividad se celebra el seis de agosto; aunque en documentos más antiguos aparece bajo la advocación de San Salvador.

El edificio es de una sola nave, rectangular, casi trapezoidal, con un ábside románico preceptivamente orientado al este. La parte peor conservada de la ermita es la techumbre; a dos vertientes y de losas, aunque muchas de ellas se desprendieron hace tiempo. Su ausencia da a la construcción un aspecto algo incompleto en la actualidad. Una frondosa hiedra, a la manera de un verde penacho sobre la mitad del edificio, parece querer sustituir hoy al viejo tejado caído. La nave es de bóveda de cañón y el ábside de cuarto de esfera. Las paredes son de sillares pequeños e irregulares. La parte mejor construida es el ábside y los arcos de la bóveda, algunos de los cuales están hechos con piedra tosca para aligerar el peso de la cubierta.

No puede apreciarse bien el pavimento de la ermita por estar actualmente cubierto de tierra, aunque autores que la vieron antes indican en sus escritos que era de losas; la parte del ábside se halla ligeramente elevada sobre el resto de la nave, pero no hay restos de ningún altar en ese espacio.

La puerta de la ermita se abre a poniente, opuesta al ábside. Está construida con grandes dovelas que forman un arco de medio punto. Esta puerta es posterior al resto de la ermita, consecuencia de una reforma más moderna. La puerta original sería más humilde, en consonancia con la sencillez y simple rusticidad de todo el conjunto. Delante de esta entrada actual aún puede adivinarse un pequeño escalón de acceso, aunque prácticamente esté hoy enterrado y oculto.

La ermita presenta tres únicas ventanas, muy pequeñas y sencillas. La más grande, con doble hendidura, se halla sobre la puerta de entrada. Las otras dos, una en el centro del ábside, frente a la puerta, y la otra en el muro meridional, son muy reducidas, en forma de aspillera, con la hendidura abierta hacia el interior.

La nave interior sólo contiene los huecos de dos armarios para guardar objetos litúrgicos. Uno pequeño en la pared meridional y otro más grande y más moderno en la septentrional. No hay ningún otro tipo de ornamentación en la ermita.

Salvo la fachada principal y la puerta, que son claramente posteriores, el resto del edificio fue construido en la misma época. Los pocos autores que han escrito sobre ella datan su construcción, como mínimo, en la primera mitad del siglo XII, aunque otros creen más probable que fuera levantada durante la segunda mitad de esa misma centuria.

El pequeño edificio se encuentra hoy pese a su abandono en un estado de conservación bastante aceptable, pero la ausencia de losas en su cubierta podría acelerar lamentablemente su deterioro. Creo que no sería ni costoso ni difícil evitarlo en parte reparando cuanto antes su desprotegida techumbre.

La ermita de Miralpeix de Capella es un ejemplo más, de los muchos que hay en la comarca de la Ribagorza, de una pequeña construcción religiosa perteneciente a un románico popular y sencillo, muy en consonancia con la austeridad que ha presidido estas tierras a lo largo de buena parte de su larga y dilatada historia.

Carlos Bravo Suárez
(Todas las fotos son de la ermita de Miralpeix)
(Después de escribir y publicar este artículo en el Diario del Alto Aragón, he comprobado que el acceso a la ermita desde el puente de Torrelabad se puede hacer de manera más fácil. A escasos trescientos metros de la pista que sale del final del puente en dirección a la granja que se cita en el artículo, se ha abierto una nueva pista a mano izquierda que nos lleva en pocos minutos al campo de labor en que se encuentra la ermita)

domingo, 8 de junio de 2008

BREVES NOTAS SOBRE PUERTOS, HOSPITALES Y REFUGIOS DEL VALLE DE BENASQUE




Las relaciones entre España y Francia a través de los valles de Benasque y Luchon se han producido de forma más o menos fluida desde tiempos muy antiguos. Por los pasos fronterizos que separan ambos valles han transitado a lo largo de los siglos peregrinos, montañeros, contrabandistas, mulateros, exiliados, comerciantes, refugiados, emigrantes, maquis y viajeros de todo tipo y condición.

Para conocer con detalle cómo han sido estas relaciones transfronterizas en la historia, es muy recomendable visitar la magnífica exposición permanente que se ubica en los sótanos del Hospital de Benasque, convertido hoy en un moderno hotel de montaña. En las vitrinas de dicha exposición -que es posible recorrer virtualmente en Internet en la página web de Los Llanos del Hospital- pueden conocerse, con abundancia de ilustraciones, algunos aspectos del pasado histórico de las localidades de Luchon y Benasque. También se describen los diversos pasos fronterizos y hospitales que han servido para facilitar a lo largo del tiempo la conexión entre ambas poblaciones pirenaicas.

Es asimismo recomendable la lectura del folleto "Hospital, Hospitalidad y Hospedaje. Historia del Hospital de Benasque", disponible en versión PDF en la citada página web. Fue escrito por Vicente Juste Moles, cronista benasqués fallecido hace unos años y autor de una magnífica "Aproximación a la historia de Benasque", en la que se puede encontrar más información sobre el tema que nos ocupa en este artículo.

Cuatro han sido los pasos fronterizos utilizados históricamente en el alto valle de Benasque. El Puerto Viejo o Paso de los Caballos, al parecer usado ya por los romanos, fue el más antiguo. En la Edad Media, el más transitado fue el Puerto de la Glera o de Gorgutes. Posteriormente, el protagonismo pasó al llamado Puerto Nuevo, también denominado Portillón o Puerto de Benasque. Algo más al este, y ya acondicionado desde el siglo XIV, se encuentra el Puerto de la Picada, que conecta el valle de Benasque con el vecino valle de Arán a través de Artiga de Lin, por lo que es también conocido como Puerto de los Araneses. Desde él se puede acceder al Hospital de Bagnères de Luchon por el llamado paso de la Escaleta.

Sabemos que el Puerto de la Glera fue acondicionado por los Caballeros Hospitalarios de la Orden de San Juan de Jerusalén en el siglo XII, y que ellos mismos construyeron o se hicieron cargo de los dos hospitales que acogían a los viajeros a ambos lados de la frontera. La palabra hospital tenía entonces un significado diferente del que tiene en nuestros días. Los hospitales no sólo servían para acoger a enfermos sino, sobre todo, a los peregrinos y viajeros de todo tipo que se atrevían a cruzar los duros puertos pirenaicos. Con ellos, las órdenes religiosas encargadas de su custodia ponían en práctica la virtud de la hospitalidad a la que estaban obligados. Del viejo hospital medieval español del Puerto de la Glera sólo han quedado algunas ruinas. Las excavaciones realizadas recientemente han permitido sacar a la luz los restos de una antigua capilla románica construida junto al albergue. En el año 1200 está documentado el Hospital de Saint Jean de Joeu, equivalente francés del hospital español ubicado al otro lado de la frontera. En el lugar donde se hallaba antiguamente, existe hoy un edificio que la Universidad de Toulouse utiliza como laboratorio.

Por motivos que desconocemos -tal vez fuera destruido por un alud-, el viejo hospital benasqués de Gorgutes o de la Glera fue abandonado y sustituido por otro al que se llamó Hospital Nuevo en contraposición al anterior. Este nuevo hospital, ya propiedad del Ayuntamiento de Benasque que lo ponía en régimen de arriendo, sería construido a finales del siglo XVI y estaría al servicio del también nuevo y cada vez más transitado paso fronterizo que se había abierto entre los picos Salvaguardia y de la Mina. Las ruinas de la planta rectangular de este edificio pueden verse en la actualidad en un extremo del llano del Hospital, casi al pie de la ladera que queda a la derecha del curso descendente del río Ésera. En esa misma época fue construido el llamado Hospice de France, situado al otro lado de la frontera, a unos once kilómetros de la villa de Bagnères de Luchon.

Sabemos que el nuevo hospital de Benasque fue destruido por un devastador alud el día de Reyes del año 1826. En el terrible suceso murieron cinco mujeres: la esposa y las tres hijas del hospitalero y una criada que trabajaba en el lugar. El hospitalero pudo salvarse porque en el momento de la tragedia se hallaba fuera del edificio. Este trágico suceso obligó a construir un nuevo hospital, que ya estaba terminado en 1840, en una ubicación más protegida que el anterior. Se trata ya del hospital actual que, tras abandonos, ampliaciones y distintas peripecias, es desde hace unos años un moderno hotel de montaña, punto de partida de un circuito invernal de esquí de fondo. La primera foto conocida de este edificio fue realizada en 1875 por el gran pirineísta francés Maurice Gourdon.

En el lado español, a pocos metros del paso del Portillón y en su confluencia con el camino de la Picada, existió en la segunda mitad del siglo XIX y hasta los años treinta del pasado siglo XX un pequeño refugio albergue conocido como Casa Cabellud. Estuvo regentado por Francisco Cabellud, bodeguero y comerciante de Benasque que quiso aprovechar económicamente el auge del pirineísmo y el creciente tránsito de viajeros por el Puerto de Benasque. Se conservan algunas fotos de la casa, de la que aún quedan algunas ruinas, y al menos una del propio Cabellud, un hombre alto y encorvado, tuerto, de nariz aguileña y larga barba blanca. Al parecer tenía un gran sentido comercial. Tal vez algo excesivo, pues en aquellos tiempos llegaba a cobrar una peseta a cada montañero que ascendía al pico Salvaguardia, que algunos llamaban Tuca Cabellud, aduciendo que el dinero recaudado era para acondicionar el camino de subida a la cumbre y que disponía de autorización real para efectuar dicho cobro. La Casa Cabellud fue lugar de parada de muchos pirineístas franceses en su paso por la frontera. Con algunos de ellos su propietario mantuvo buenas relaciones de amistad. Sobre todo con Henri Russell, de quien se conserva una postal que el excéntrico conde franco-irlandés envió al avispado comerciante ribagorzano en 1903.

Una de las causas del ocaso de la Casa Cabellud fue la construcción del nuevo refugio de la Renclusa. La Renclusa empezó siendo una pequeña cabaña de pastores que fue ampliándose para hacer cada vez más funciones de refugio de montañeros. La construcción de un gran refugio que sirviera de punto de partida a las ascensiones al Aneto y a los Montes Malditos fue impulsada sobre todo por Juli Soler i Santaló, ilustre pirineísta, pionero de la fotografía de montaña y presidente del Centro Excursionista de Cataluña. Tras superar múltiples trabas burocráticas y continuos retrasos, las obras del nuevo refugio quedaron terminadas en 1914. Soler murió de penosa enfermedad poco antes de la inauguración del edificio, que quedó finalmente fijada para el 5 de agosto de 1915. Una semana antes, un terrible suceso obligó a retrasar el acto inaugural. El 27 de julio, el prestigioso guía benasqués y encargado de administrar la nueva Renclusa, José Sayó, murió fulminado por un rayo en el Paso de Mahoma junto a uno de los dos clientes alemanes a los que acababa de acompañar hasta la cima del Aneto. El otro viajero teutón y el cura montañero catalán mosén Jaume Oliveras, que iban unos metros por delante de los fallecidos, lograron salvar sus vidas. El suceso conmocionó a todo el valle de Benasque porque José Sayó, "Pepe el de Llausia", era una persona muy conocida y apreciada en la villa ribagorzana y sus alrededores y por todos los aficionados a la montaña. Finalmente, La Renclusa fue inaugurada sin celebraciones festivas a finales de 1916. Fue nombrado administrador del nuevo edificio el yerno de Sayó, Antonio Abadías, que regentó el lugar ininterrumpidamente durante casi cincuenta años. Abadías continuó de manera destacada el trabajo de guía de montaña que había ejercido su suegro, y por sus numerosas ascensiones a la máxima cima pirenaica fue conocido como "El león del Aneto". El pasado año 2006 se terminó la ampliación del emblemático refugio montañero, gestionado en la actualidad por el Ayuntamiento de Benasque, el Centro Excursionista de Cataluña y la Federación Aragonesa de Montañismo.

Otro refugio ubicado en el término de Benasque es el de Estós, situado casi al final del hermoso valle de ese nombre. En su origen fue también una cabaña de pastores que los lugareños conocían como El Cantal, denominación que todavía hoy se utiliza. La idea de construir allí un gran refugio para montañeros y excursionistas fue impulsada en este caso por la Federación Española de Montaña. Tras superar también numerosos retrasos por las continuas trabas administrativas, el nuevo edificio fue inaugurado a finales de julio de 1949, en una celebración que duró una semana y que llegó a reunir a más de doscientas personas. Un incendio, probablemente intencionado, destruyó el refugio el 4 de octubre de 1979. En 1983 se iniciaron las obras de construcción del nuevo albergue montañero, más grande y moderno que el destruido por las llamas. El 15 de noviembre de 1987 terminaron las obras del edificio actual, que el pasado año cumplió por tanto dos décadas de existencia.

Sirva este modesto resumen, escrito con intenciones didácticas y divulgativas, para conocer mejor algunos aspectos históricos del valle de Benasque, uno de los lugares más hermosos y atractivos de nuestros montes Pirineos.

Carlos Bravo Suárez


(Fotos: Ruinas de la ermita románica del antiguo hospital de Gorgutes, ruinas del hospital sepultado por un alud en 1826, tres imágenes de la desaparecida Casa Cabellud, dos del Hospital de Benasque antes de su reforma -la segunda es una foto de Maurice Gourdon de 1875-, una de La Renclusa en 1919 y las dos últimas del antiguo refugio de Estós antes de quemarse -la primera, de la inauguración del refugio en 1949-).

Artículo publicado en Diario del Alto Aragón, el 8 de junio de 2008.