domingo, 13 de septiembre de 2009

CIEN AÑOS DE "LAS TARDES DEL SANATORIO" DE SILVIO KOSSTI

Silvio Kossti fue el pseudónimo utilizado por Manuel Bescós en sus escritos literarios. Con él publicó en 1909 su primer libro, una obra miscelánea, sorprendente y algo extraña titulada “Las tardes del sanatorio”. El propio Bescós costeó con 968,45 pesetas de su bolsillo la impresión de 1300 ejemplares del libro en la sucursal que tenía en Huesca la imprenta zaragozana Tipografía Blasco. Desde su publicación, hace ahora cien años, sólo una vez ha sido reeditada esa obra. Fue en 1981 en la Nueva Biblioteca de Autores Aragoneses de Guara Editorial, con una magnífica introducción del profesor José Carlos Mainer.

Manuel Bescós Almudévar había nacido en Escanilla en 1866. Aunque su familia tenía su domicilio en Huesca, vino al mundo en esa pequeña localidad sobrarbense porque su padre dirigía en aquel tiempo las obras de la carretera entre Naval y Mediano. Don Francisco Bescós era un destacado carlista que acabó exiliándose en Francia, donde montó un próspero negocio de exportación e importación de vinos y aceites. El pequeño Manuel pasó en el país vecino los años de la infancia y después fue enviado a Zaragoza a continuar sus estudios con los jesuitas. Licenciado en Derecho, Manuel Bescós fue un hombre activo y emprendedor, ejemplo de una burguesía productiva que históricamente ha sido muy poco frecuente en nuestra tierra. Como hijo primogénito, heredó los negocios de su padre, que supo ampliar y reconvertir, y disfrutó de una desahogada situación económica. En lo político fue un regeneracionista, deseoso de acabar con el caciquismo y la corrupción política tan arraigados en nuestra provincia. Se mostró siempre como un acérrimo defensor de las ideas de Joaquín Costa, al que idolatraba y con quien mantuvo una interesante correspondencia que fue publicada hace unos años por George J. G. Cheyne (“Epistolario Joaquín Costa – Manuel Bescós (1899-1910)”, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1979). Bescós llegó a ser alcalde de Huesca en 1923. Fue una experiencia breve y poco feliz, pues dimitió a los cuatro meses de haber ocupado el cargo. Murió en la capital altoaragonesa en 1928.

Manuel Bescós fue un hombre con una gran formación cultural y literaria. Viajó por gran parte de Europa y fue un ávido lector, sobre todo de los clásicos, tanto antiguos como modernos. Dominaba el latín y algunos idiomas vivos como el francés, el inglés o el italiano. Tenía también conocimiento de materias tan diversas como la filosofía, la medicina, la electricidad, la física o el cine. En lo religioso se mostró siempre, desde posturas polemistas, irónicas e iconoclastas, como anticlerical y ateo. Y, de manera menos clara y explícita, como defensor de un vitalismo entre hedonista y epicúreo, próximo al nietzschismo finisecular tan presente en algunos autores del Modernismo y el 98.

Además de “Las tardes del sanatorio”, Silvio Kossti publicó otros dos libros: “La gran guerra” (1917) y “Epigramas” (1920). Él mismo mandó retirar esta última obra tras su publicación por temor a que su contenido pudiera dañar la carrera de dos hijos suyos que habían entrado en el ejército. De estos “Epigramas” existe una edición moderna de 1999, publicada en Huesca por La Val de Onsera con prólogo de Juan Carlos Ara. Kossti es también autor de un pequeño cuento titulado “Los espirituados de Santa Orosia”, editado en Zaragoza en 1910 dentro del libro colectivo “Cuentistas aragoneses”.

Manuel Bescós propuso a Joaquín Costa escribir conjuntamente una novela que se titularía “El último tirano”. Llegó a enviar incluso a su admirado amigo un amplio plan del argumento del libro, que se puede leer en la correspondencia entre ambos publicada por Cheyne. Por distintos motivos el proyecto no llegó a cuajar. Además, Bescós escribió multitud de artículos en diversos diarios y publicaciones de su tiempo. La mayoría de tipo político, pero también algunos de crítica literaria y de otros temas.

Silvio Kossti pertenece a un cierto renacimiento de la literatura aragonesa que se produjo a finales del siglo XIX y principios del XX y que ha sido bien estudiado por el profesor José Luis Calvo Carilla en su libro “El Modernismo literario en Aragón” (Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1989). Sobre la interesante figura de Manuel Bescós ha escrito la profesora Carmen Nueno Carrera el excelente trabajo “Aproximación a la vida y la obra de Manuel Bescós (Silvio Kossti)”, publicado en el libro “Homenaje a José Manuel Blecua” (Instituto de Estudios Altoaragoneses, Huesca, 1986). De la misma autora es el texto “Los artículos políticos de Manuel Bescós” (Revista Argensola, n. 93, Huesca, 1983). Estas dos últimas referencias pueden consultarse también a través de Internet.

“Las tardes del sanatorio” tuvo una gestación lenta y difícil. Como su título indica fue escrito con motivo de la convalecencia de Bescós tras ser sometido a una delicada operación quirúrgica. Los médicos que lo operaron fueron Joaquín Montestruc y Ricardo Royo Villanova, ambos eran amigos del autor y a ellos corresponden las iniciales de la dedicatoria del libro.

“Las tardes del sanatorio” no tuvo demasiado éxito cuando apareció, aunque disfrutó de alguna crítica favorable. Se trata sin duda de un libro original y bien escrito, donde el autor muestra su amplia cultura y su gran erudición, pero de lectura hoy algo pesada en algunas de sus páginas. Silvio Kossti mezcla elementos muy variados en los 18 textos que componen la obra. Hay una parte más científica y filosófica y otra más narrativa y literaria que es la que se lee hoy con mayor gusto. Este cierto desequilibrio ya fue observado por Costa, a quien su amigo envió enseguida el libro para someterlo a su juicio, que fue en general muy favorable. Sin embargo, Don Joaquín, mucho más recatado en esos temas, criticó la excesiva impudicia erótica de algún texto de la obra (“El Pithecanthropos”) y la utilización de algunos arcaísmos y galicismos innecesarios y algo pedantes. El autor defendió su uso apoyándose en que escritores de renombre, como su admirado Valle-Inclán, también los habían utilizado en sus obras.

En la contraportada de la edición moderna de 1981 hay un párrafo que a mi parecer resume perfectamente el heterogéneo contenido del libro. Lo transcribo en su integridad: “‘Las tardes del sanatorio’ es un libro misceláneo donde se habla con desenvoltura de antropología criminal y de experimentos médicos, se defiende un ateísmo combativo y se postula una curiosa filosofía vitalista y “científica”, apoyada en referencias a Darwin, Kropotkin, Spencer, Faure, y todo un significativo parnaso finisecular. Y todo ello, al modo de un moderno “Decamerón”, se ilustra con chistes e historietas picantes, poemas y dramatizaciones, y hasta con una novela corta de lubricidad tan sabrosa como la que componen el cuadrilátero erótico de un sabio antropólogo alemán, su mujer criolla, un criado negro… y un orangután de Borneo”. Una mezcla de elementos que dan al libro su innegable originalidad pero también una cierta falta de unidad entre materiales tan diversos. Entre ellos aparece incluso el relato de la famosa “justicia de Almudévar”, que procede de la tradición popular y que ya encontramos en el “Pedro Saputo” de Braulio Foz. Tampoco faltan en el libro referencias a ciertos temas de moda entre los círculos modernistas de la época. Así ocurre, por ejemplo, con la sugestión mediante hipnosis o la alusión a la existencia de enfermedades físicas producidas por el nerviosismo o la histeria.

En cuanto a su pensamiento religioso, éste aparece algo más explícito en el “Epílogo” del libro. En él Kossti rechaza el dualismo cristiano que distingue entre la materia y el espíritu y aboga por una concepción unitaria del Universo, una “Verdad Monista”, tal vez próxima al panteísmo, que supere en el futuro lo que él llama “el error religioso en sus diferentes ramas aberrantes”. Bescós cree firmemente en el futuro y en el progreso científico y social de la humanidad. Si bien no tanto en el campo de la Belleza, la sensibilidad y el arte, donde coincide con Heinrich Heine a quien cita: “Siempre la Humanidad estará dividida en dos enormes bandos: los Bárbaros y los Helenos”.
El libro del escritor oscense, como era de prever, no gustó nada a la jerarquía eclesiástica provincial y regional. En el Boletín Eclesiástico del Obispado de Huesca del 15 de junio de 1909 puede leerse lo siguiente: “Habiendo sido examinado el libro titulado “Las tardes del sanatorio” impreso y publicado en esta ciudad; su autor, Silvio Kossti, pseudónimo de persona a quien muy bien conocemos; libro cuyo asunto es la negación del alma y del libre albedrío, la afirmación y defensa del materialismo, la necia pretensión de prescindir de Dios y de toda religión positiva, la burla de cuanto se refiere a la Iglesia e institutos religiosos, cuentos y situaciones pornográficos, y el desatinado empeño de convertir al mundo al antiguo paganismo, doctrina contraria al dogma católico, venimos en condenarlo y prohibir su lectura a todos nuestros diocesanos, y mandamos entregar los ejemplares que alguno tuviese, a su confesor o párroco para ser inmediatamente destruidos”. El Boletín del Arzobispado de Zaragoza repetía dos días más tarde la misma condena.

Manuel Bescós (Silvio Kossti) fue un hombre moderno y avanzado en todos los terrenos, abierto a las innovaciones científicas y culturales de su tiempo, al que tocó vivir en una sociedad todavía muy reacia a unos cambios que el país necesitaba con urgencia. Hace cien años publicó “Las tardes del sanatorio”. Ni el libro ni su autor merecen quedar del todo en el olvido.

Carlos Bravo Suárez

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