Eduardo Mendoza despliega su humor inteligente en su nueva novela, ambientada en Barcelona y protagonizada por el llamado “detective sin nombre".
Desde que hace ya más de cincuenta años se diera a conocer con “La verdadera historia del caso Savolta” (1975), Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) se ha convertido en uno de los escritores españoles más prolíficos y respetados de nuestras letras. Autor de una veintena de novelas, algunas tan exitosas como “La ciudad de los prodigios”, “Sin noticias de Gurb”, “Riña de gatos” o “Tres enigmas para la Organización”, ha publicado también relatos, teatro y varios ensayos. Ha merecido galardones tan importantes como el Premio Cervantes en 2016 o el Princesa de Asturias de las Letras en 2025. Con “El misterio de la cripta embrujada” (1977), inició una serie de novelas protagonizadas por el llamado detective sin nombre, un peculiar antihéroe, cuyo nombre nunca se cita, que ha estado ingresado en un manicomio y se ve envuelto en divertidas y rocambolescas tramas que acaba resolviendo de manera disparatada a la vez que ingeniosa. Componen también esta serie las novelas “El laberinto de las aceitunas” (1982), “La aventura del tocador de señoras” (2001), “El enredo de la bolsa y la vida” (2012), “El secreto de la modelo extraviada” (2015) y “La intriga del funeral inconveniente” (2026), su última entrega, publicada, como todas las anteriores, por Seix Barral.
Como la mayor parte de sus novelas, “La intriga del funeral inconveniente” transcurre en Barcelona. El relato se inicia con un extraño funeral de alguien desconocido y a quien se supone poco importante, porque se celebra en un rincón del tanatorio del barrio de Sants. La ceremonia es oficiada por un funcionario de los servicios funerarios y a ella solo asisten una mujer de pocas luces que llora como una plañidera, un ex inspector de policía y un extraño personaje que, ataviado con una gabardina, un sombrero y unas gafas de sol, observa de refilón sin acercarse demasiado. También está presente un joven aprendiz de periodista, Ramoncito Valenzuela, que escribe una crónica del sepelio para el periódico en el que acaba de empezar a trabajar. A raíz del contenido de esa crónica, el joven es despedido fulminantemente del diario por su jefe Pufo Colorado. Intrigado por su despido, quiere saber sus causas y para ello visita al oficiante del funeral, el señor Francisco de Sales Alibey, que lo recibe en su casa, donde vive con su esposa y la menor de sus tres hijas, llamada Titina, una joven algo veleta que se enamora de Ramoncito y a la que secuestran cuando se iba a encontrar con él junto a la iglesia de Santa María del Mar.
A partir de ese secuestro, y por causas diversas, se reúnen en la casa de los señores Alibey (apellido que coincide con el sobrenombre de un famoso explorador catalán del siglo XIX) unos cuantos personajes estrambóticos y disparatados. Uno de ellos es el ex inspector de policía que asistió al funeral y cuyo nombre es Juan Ignacio Rodríguez Jarana, en otros tiempos apodado el Tigre Malo, un hombre impulsivo y violento, muy aficionado a travestirse de mujer y hoy esbirro de un tal don Basilio. También acude monseñor Gorostiza, miembro de la Comisión Episcopal en la diócesis de Barcelona, que estuvo en México y se arranca en cualquier momento a cantar un corrido. Más tarde se presenta Winston, un vendedor telefónico que dice tener experiencia en secuestros por ser frecuentes en su país de origen. Además de estos personajes, aparecen en la novela otros muchos, a cual más descacharrante y con nombre más llamativo: una baronesa Pía, un señor Riallas i Riallas (Carcajadas y Carcajadas en su traducción del catalán al castellano) en bancarrota, un sicario apodado El Bruto, una Egregia Senhora Maria Pilar Ferreira dos Trastos e Cardoso (catedrática emérita de la Universidad de Lisboa), un tipo oscuro conocido como Manolito el Sentencioso... Y el detective innominado que ya conocemos de novelas anteriores y su hermana Cándida, muy corta de entendederas y que ejerció de joven la prostitución. En esta entrega, el detective anónimo tiene menos presencia que en las otras novelas de la serie y solo aparece en su tramo final.
Con este amplio repertorio de personajes, un Mendoza en estado puro crea una trama rocambolesca y disparatada, con el humor descacharrante y la ironía ácida marca de la casa. Una trama detectivesca con una intrincada red de suplantaciones, engaños y chapuzas criminales. Una historia hilarante y alocada que no decae en ningún momento ni en su intriga ni en su humor desternillante que no concede tregua al lector. En una Barcelona de amplio espectro social, donde encontramos desde poderosos chanchulleros y ambiciosos hasta pícaros, marginados y tipos comunes de barrio, con talleres de bicicletas que funcionan como tapaderas o pastelerías de nombre tan singular como “El amigo de los zombis”. La novela está dividida en tres partes (El funeral, La intriga y El inconveniente), sin continuidad lineal cronológica, como un puzle donde hay que hacer encajar, y encajan perfectamente, las diferentes piezas que lo componen. Un impecable artefacto literario en el que el disparate y el absurdo esconden una divertidísima sátira de subyacente fondo ético. A los 83 años, Eduardo Mendoza demuestra estar en plena forma y firma una novela que puede situarse entre las mejores de su larga y brillante carrera literaria.
“La intriga del funeral inconveniente”. Eduardo Mendoza. Seix Barral. 2026. 256 páginas

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