La
escritora francesa Isabelle Autissier recrea la vida de Arnarulunguaq, una
pionera mujer inuit que participó en la expedición ártica de Rasmussen entre
1921 y 1924
Isabelle
Autissier (París, 1956) es una navegante, divulgadora y escritora francesa que
alcanzó fama mundial cuando en 1991 se convirtió en la primera mujer que dio la
vuelta al mundo en un velero en solitario. Estudió Ingeniería Agrícola y, tras
su exitosa carrera como regatista, dedica ahora su tiempo a la defensa del
medioambiente y la escritura. Ha publicado ensayos y narraciones sobre
navegación y en 2015 fue finalista del Premio Goncourt con la novela “De
repente solos”, que narra la lucha por la vida de una pareja varada en una isla
cerca del cabo de Hornos. “La hija del gran invierno” se publicó con enorme
éxito en Francia en 2025. Ahora, la magnífica editorial Nórdica, que acaba de
cumplir veinte años, la publica en nuestro país con traducción de Íñigo
Jáuregui.
“La
hija del gran invierno” cuenta la vida de Arnarulunguaq (“mujer fuerte o
poderosa”), una mujer inuit de la aldea de Uunmmannaq (actual Qaanaaq), situada
en las costas noroccidentales de Groenlandia. Tras la muerte prematura del
padre, desaparecido buscando caza, estuvo a punto de ser sacrificada por su
madre que, siguiendo un ritual ancestral inuit de supervivencia, estaba
dispuesta a matar a su hija de ocho años para garantizar la salvación del resto
de la familia. Su hermano varón impidió su sacrificio y ella siempre consideró
que había nacido dos veces. Con trece años se casó a la manera inuit con un
joven y valiente cazador que la dejó viuda al cabo de pocos años. Cuando Knud
Rasmussen llegó a Uummannaq, que rebautizó con el nombre de Thule,
Arnarulunguaq consiguió ser incluida en la llamada Quinta Expedición de Thule,
la más importante de las realizadas por el famoso explorador, investigador y
antropólogo danés. Un largo viaje polar en trineo de más de dieciocho mil
kilómetros por el Paso del Noroeste desde Groenlandia hasta el estrecho de
Bering y Alaska, entre los años 1921 y 1924. Solamente Rasmussen, Arnarulunguaq
y otro inuit apodado Miteq (“el pato”) culminaron el itinerario completo y
regresaron a Groenlandia después de atravesar en tren Estados Unidos desde
Seattle a Nueva York. Tras su extraordinaria aventura, esta excepcional mujer
inuit murió de tuberculosis con treinta y nueve años en 1933. El rey de
Dinamarca la condecoró con la Medalla de Plata al Mérito y, en la actualidad,
hay un memorial erigido en su honor en Nuuk, la capital de Groenlandia.
Aunque
aparecen unos cuantos personajes secundarios, el más importante después de Arnarulunnguaq
es Knud Rasmussen. Hijo de padre danés y madre groenlandesa, el famoso
explorador fue un hombre extrovertido y simpático, que antes de dedicarse a las
exploraciones polares fue actor y cantante lírico. Siempre se sintió fascinado
por las costumbres de los pueblos árticos. En 1910, estableció una base
comercial, la Thule Trading Station, en Qaanaaq (cabo de York, Groenlandia),
que sirvió de punto de partida para las conocidas como expediciones de Thule.
Casado con una danesa que le esperaba en Copenhague tras sus largos viajes,
mantuvo una intensa relación con Arnarulunnguaq, aunque con ciertas distancias
racistas y clasistas respecto a los entonces llamados esquimales (hoy inuit)
propias de la época.
“La
hija del gran invierno” es también casi un estudio etnológico sobre la cultura
y las costumbres de los inuit. Muestra la vida dura y llena de privaciones de
estos pueblos de cazadores y pescadores, y su relación indispensable con una
naturaleza hostil, marcada por la dureza del clima —tormentas, ventiscas, frío extremo—,
la caza y las supersticiones ancestrales. Y de cómo la llegada de Rasmussen y
los daneses introdujo el comercio —fusiles, café, alcohol, tabaco, hachas,
tazas de loza, bolsas de agua caliente, jabones, camisas…—, transformó los hábitos
de la comunidad y despertó una incipiente e inédita codicia en un pueblo
acostumbrado a la escasez más elemental. El descubrimiento de las grandes
ciudades estadounidenses, con sus trenes, automóviles o rascacielos, supone
para Arnarulunnguaq una sorpresa mayúscula y el primer contacto con un mundo
cuya existencia la comunidad inuit desconocía por completo. También aprendemos
que la lengua de los inuit es de las llamadas aglutinantes, es decir que
permite juntar varias palabras —sustantivos, adjetivos, prefijos y sufijos— en
una sola palabra, que puede acabar siendo extremadamente larga.
El libro se inicia con un mapa de la Quinta Expedición de Thule y se cierra con un pequeño álbum de fotografías en blanco y negro de sus protagonistas. Con una sólida base histórica —veteada de licencias narrativas que la hacen entretenida y amena—, y con una prosa sobria, precisa y elegante, Isabelle Autissier ha rescatado del olvido la asombrosa vida de Arnarulunguaq, una mujer extraordinaria que merece ser recordada y conocida por el gran público.
“La hija del gran invierno”. Isabelle Autissier. Editorial Nórdica. 2026.184 páginas.

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