jueves, 25 de diciembre de 2008

MONCLÚS: CASTILLO, PUENTE Y JUDERÍA

Monclús no existe en la actualidad. Hace mucho tiempo, y por motivos no del todo conocidos, el pueblo desapareció. Sin embargo, en la Edad Media, el lugar tuvo una considerable importancia. Estaba situado en el valle sobrarbense de La Fueva, a unos diez kilómetros de Aínsa, junto al río Cinca, al pie de una colina sobre la que todavía queda algún pequeño resto de su viejo castillo. No sabemos cuándo fue abandonado, pero en 1610 el geógrafo Juan Bautista Labaña no menciona ni la población ni su castillo. Si algún resto quedara de su existencia, se hallaría hoy sumergido bajo las aguas del pantano de Mediano.

Según explica Jaume Riera en su reciente libro sobre la entrada de los "pastorellos" en Aragón en 1320 (1), al que dedicamos un artículo en este diario hace unas semanas, Monclús debería su importancia, además de a su estratégico castillo sobre un cerro desde el que se dominaba el valle, al hecho de ser lugar por donde, a través de un puente de madera o de una barca, se atravesaba el río Cinca.

El castillo de Monclús -"monte cluso", esto es, "monte cerrado"- aparece documentado desde muy pronto. Quizás fuera ya un enclave árabe (al-Muns) en la parte más septentrional de la Barbitania. Según Antonio Ubieto (2), figuraba entre las fortalezas cristianas del rey Sancho el Mayor y tuvo tenentes entre 1036 y 1206. A finales del siglo XIV, seguía siendo uno de los más fuertes castillos de la zona. Tomando como núcleo pueblo y castillo, se creó la baronía de Monclús, que incluía varios lugares próximos, alguno de los cuales, como Murillo de Monclús, aún muestra en su topónimo esa antigua dependencia. Cuando en 1460 Juan II vendió el castillo y el lugar a Rodrigo de Rebolledo, de la familia Palafox, los vasallos se rebelaron y tomaron con violencia la fortaleza. Ésta fue reconquistada, pero siguió el descontento y en 1519 el castillo fue destruido por los aldeanos. Parece que en 1583 Guillén de Palafox aceptó a cambio de dinero la restitución de la baronía a la corona. Esta revuelta antiseñorial es, con las de Ariza, Ayerbe y Ribagorza, una de las principales alteraciones que se producen en Aragón en el siglo XVI. Es probable que el linaje de los Monclús, familia infanzona documentada en Capella desde ese siglo, proceda de este lugar. Adolfo Castán, en su magnífico libro "Torres y castillos del Alto Aragón"(3), realiza una minuciosa y precisa descripción de los escasos restos que todavía quedan de la antigua fortaleza.

No sabemos si en estas feroces luchas el pueblo vería afectada también su integridad, pero, como indica Riera, en un momento indeterminado de los siglos XV o XVI, Monclús deja de ser un lugar de paso obligado y pierde su importancia. Desconocemos la causa; tal vez una riada modificó el curso del río, o quizás resultara decisiva la construcción, algo más abajo, de otros puentes sobre el Cinca. Uno de piedra empezó a levantarse en El Grado en 1405, y Labaña nombra el de Mediano en 1610. Monclús perdió su condición estratégica y eso precipitó su decadencia.

Riera aporta documentos que permiten situar el pueblo con cierta precisión en el valle de La Fueva. En 1314 se produce una disputa entre las gentes de Monclús y las de los vecinos Palo, Samitier, Coscujuela y Muro. En 1391, Juan I, para satisfacer sus deudas, concede a Pere d'Esplugues la jurisdicción sobre Palo, Trillo y Murillo, y dice que los rodeaban Ligüerre, Clamosa, Pano, Troncedo, Salinas, Formigales, Arcusa, Muro y Monclús. En 1460, Juan II vende a Rodrigo de Rebolledo los lugares y castillos de Olsón, Arcusa, Castellazo, Mediano, Plampalacios, Monclús, Palo, Trillo, Murillo y Arasanz. De Monclús se dice que confrontaba con Palo y Muro. Parece que los lugares citados constituyeron la baronía. En 1610, Labaña sitúa Mediano como cabecera de la misma y no nombra ya a Monclús.

En Monclús existía una comunidad judía que fue atacada por los llamados "pastores" que procedentes de Francia cruzaron la frontera en 1320. Al parecer, los judíos se habían ido estableciendo en el lugar desde mediados del siglo XIII. Las principales poblaciones del reino contaban con aljamas judías: eran las más importantes las de Zaragoza, Calatayud y Huesca; también numerosas fueron las de Alagón, Daroca, Teruel y Barbastro; y, un poco menos, las de Jaca, Tarazona, Uncastillo, Ejea, Monzón o Fraga. Tras éstas, en algún momento casi equiparable a ellas, estaba la de Monclús, por encima de las más reducidas de Borja, Sos, Ruesta, Biel, Tauste, Luna o de las oscenses de Pomar, Albalate y Estadilla, aún menores y adscritas a la de Monzón. La de Monclús estaba muy relacionada con esta última y con la de Barbastro, y con ambas compartía intereses.

No tenemos datos del censo de judíos de estos lugares y medimos su importancia por los tributos que pagaban. De Monclús sólo conocemos que en un documento real se dice que los judíos muertos por los "pastores" en 1320 fueron 337. Riera rechaza esa cifra: según dice, no había ningún lugar en Aragón donde los judíos superaran 12% de la población total. Si la cifra de muertos fuera cierta, el conjunto de habitantes de Monclús sería desmesurado para su importancia y situación. Estima, incluso haciendo del lugar una excepción, que en el momento de la matanza no habría allí más de 120 judíos y que los habitantes del pueblo no superarían los 400. Si bien en el documento referido se citan los nombres de los 337 asesinados, el historiador catalán cree que es falso y que el número de muertos se incrementó para que la corona - que había impuesto a los encausados el pago de 500 sueldos por judío asesinado - pudiera recaudar más dinero.

Sin embargo, otros historiadores -aunque ninguno de los que he leído presenta tantos argumentos como Riera- dan por buena la cifra de muertos y consideran que en Monclús podía haber más judíos que cristianos (4). Aducen que aquéllos pagaban más impuestos que éstos, si bien ello podría deberse a sus mayores rentas. Hay otro hecho que puede considerarse importante: Monclús era una judería bastante próxima a la frontera francesa. En el país vecino, los judíos sufrían persecuciones y matanzas, y algunos pasaban a España porque en el reino de Aragón se sentían protegidos. Durán Gudiol (5) escribe que en 1293 un grupo de judíos franceses fue detenido en Bielsa y que, unos años más tarde, cuatro familias judías expulsadas de Francia se refugiaron en Monclús. Aunque en principio no se autorizase a los desterrados a instalarse en el reino, vemos que en ocasiones se toleraba. Incluso durante el año 1306 el rey Jaime II permitió que los judíos expulsados de Francia por Felipe IV fueran acogidos en aljamas de Aragón y Cataluña. La casa real aragonesa mantenía buenas relaciones con la comunidad judía, de la que, además de percibir elevados impuestos, recibía préstamos y los servicios de sus prestigiosos médicos. En esos años, los "pastores" realizaron tremendas matanzas en el mediodía francés -las mayores, en Toulouse y sus alrededores- y parece lógico pensar que muchos hebreos escaparan pasando a España. La proximidad de la frontera de la judería de Monclús y su alejamiento de los lugares más poblados pudo hacer de ella un refugio que pareciera seguro. Lo que no podían sospechar los huidos era que las huestes de fanáticos llegarían hasta allí y que, antes de que las autoridades aragonesas pudieran reaccionar, acabarían con casi todos ellos.

Los judíos de Monclús se dedicaban exclusivamente al préstamo de dinero. Riera señala que realizaban dos tipos de cesiones económicas: aquéllas en las que el solicitante empeñaba a cambio algo de mayor valor que la cantidad prestada, y las que se hacían con acta notarial sobre las cantidades y los plazos de devolución. Los intentos de la corona por cobrar para las arcas reales los préstamos concedidos por los judíos degollados en Monclús permiten destapar la extensa red de deudores existente en toda la comarca. Tan intrincada y compleja que el poder real tuvo que desistir de su empeño. Se descubre que a la aljama de Monclús, asociada en su actividad económica con la de Barbastro, se le debía dinero desde muchos lugares del contorno. Riera cita, además del propio Monclús, localidades como Aínsa, Mipanas, Salinas, Paúl, Crostán (Grustán), Olsón, Nocito, Bara, Formigales, Banesco (¿Banastón?), Buil, Naval y más. Como dice el historiador catalán, "el capital que los judíos de Monclús movían y dirigían no era cosa de broma".

Es evidente que los "pastores" que los asesinaron no les debían dinero y que actuaron por fanatismo religioso, y porque uno de sus principios era eliminar a los infieles y apoderarse de sus bienes. Pero a su ataque se sumaron de muy buen grado muchas gentes de los alrededores, sobre todo -como se observa por el número de encausados- de la vecina villa de Aínsa, donde habían pernoctado los "pastores" que llegaron a Monclús. Los judíos intentaron refugiarse en el castillo, pero tampoco allí encontraron protección. El alcalde de la fortaleza estaba ausente y los dos subordinados que debían custodiarla no movieron un dedo en su favor. Los tres fueron acusados por los hechos y los tres escaparon a Francia. Volvieron años más tarde y consiguieron evitar su condena. Riera da la lista de los lugares de procedencia de los encausados del país que acompañaron a los "pastores" en sus desmanes: veintiséis de Aínsa (al parecer, todos huyeron a Francia), diez de Puértolas, siete del propio Monclús, seis de Boltaña (uno, notario), cuatro de Olsón (uno, el alcalde), tres de Silves, Sieste y Espierlo (¿Espierba?), dos de Naval (uno, notario) y de Estaso (tal vez Ascaso), y uno de Troncedo (el alcalde), de Buil, de Arcusa y de Aineto. En la lista faltan eclesiásticos y militares, más que probables participantes en los hechos, que por pertenecer a jurisdicciones especiales no aparecen en los documentos estudiados. Todos consiguieron, de una manera u otra, evitar su condena física. Lo que a la corona le interesaba era cobrar fuertes multas o confiscar los bienes de los que huían o no podían pagar.

Judíos de Barbastro, Monzón y Lérida acudieron a Monclús a enterrar a los muertos y a tomar represalias. Al parecer destruyeron un puente, cortaron árboles e hicieron varios destrozos más. En Monclús quedaron algunos que habían escapado a la matanza y siguieron residiendo en el lugar. Los niños bautizados por la fuerza fueron considerados como cristianos por orden real. Tal vez se mantuviera allí una pequeña comunidad judía hasta su expulsión definitiva de 1492. Un tiempo después, también el pueblo que había vivido aquella terrible matanza desapareció del mapa para siempre.

NOTAS
(1) "Fam i fe (L'entrada dels pastorells)". Jaume Riera, Pagès editors, Lleida, 2004.
(2) "Historia de Aragón" . A. Ubieto Arteta, Anúbar Ediciones, Zaragoza,1981.
(3) "Torres y castillos del Alto Aragón". Adolfo Castán, Alto Aragón, Huesca, 2004
(4) Así, en "Historia del Alto Aragón". D. Buesa Conde, Editorial Pirineo, Huesca, 2000.
(5) "La judería de Huesca". A. Durán Gudiol, Guara Editorial, Huesca, 1984. Existe una pequeña monografía, en catalán, dedicada a la judería de Monclús: "Montclús: una aljama jueva a la capçelera del Cinca", J. Boix Pociello, en "Homenatge a J. Lladonosa", Barcelona, 1985.

Carlos Bravo Suárez
(Artículo publicado en Diario del Alto Aragón el 20 de marzo de 2005)
(Foto: El tozal de Monclús reflejado en el pantano de Mediano. Vista tomada desde el castillo de Samitier)

http://carlosbravosuarez.blogspot.com.es/2008/12/la-entrada-de-los-pastores-franceses-en.html

http://caminosdebarbastro.blogspot.com.es/2013/03/castillo-y-juderia-de-monclus.html

2 comentarios:

Guillermo dijo...

Espierlo, actualmente en ruinas, es una aldea (una casa) perteneciente al municipio de Boltaña. Se accede por la carretera de Boltaña a la nave por un desvío a la derecha antes de Campodarbe. Un saludo.
Guillermo

carlos bravo suarez dijo...

Gracias por tu aclaración, Guillermo. Me gustan mucho las fotos de tu blog. Un saludo muy cordial.