lunes, 10 de agosto de 2015

RIBAGORZANOS EN MAUTHAUSEN



En mayo de 2005, con motivo del sesenta aniversario de la liberación del campo de concentración nazi, publiqué en el suplemento “Domingo” de este diario un artículo titulado “Altoaragoneses en el infierno de Mauthausen”. Unos años después, y para la publicación comarcal “El Ribagorzano”, añadí al texto originario la posible relación de los internados en aquel terrible lugar que habían nacido en la comarca oscense de La Ribagorza. Desde entonces, y a través de diferentes fuentes e informaciones recibidas, he intentado completar, y corregir de algunos posibles errores, esa lista de nombres y lugares de origen de los prisioneros ribagorzanos que estuvieron en Mauthausen. En el presente artículo, que coincide con el setenta aniversario de la liberación del campo por las tropas estadounidenses en mayo de 1945, mantendré una parte de la introducción escrita hace diez años e intentaré fijar en lo posible la citada relación de los ribagorzanos que sufrieron el horror de aquel infierno.

El campo de concentración nazi de Mauthausen está situado en Austria, a unos 20 Km de la ciudad de Linz, en un hermoso paraje a orillas del Danubio. Los SS alemanes lo convirtieron en uno de sus siniestros campos de prisioneros en los que llevar a cabo sus delirantes planes de exterminio de enemigos y de seres considerados inferiores. Como en el resto de campos creados a este fin (Auschwitz, Buchenwald, Dachau, Flossenburg, Neuengamme, Sachenhausen o Rawensbruck), allí sufrieron y murieron miles de internados de diferentes procedencias. En Mauthausen se explotaba laboralmente a los prisioneros hasta su extenuación antes de ser aniquilados. En él dejaron su vida entre 120.000 y 150.000 prisioneros. Aunque hubo españoles en otros campos, éste fue el que albergó al mayor número de ellos, unos 7.100. Alrededor de 850 eran aragoneses; por lo menos 640 murieron. De estos últimos, como poco, 247 habían nacido en el Alto Aragón y, por lo menos, 21 eran ribagorzanos.

Con la continua llegada de prisioneros, se crearon campos anexos que los alemanes denominaban "comandos". Uno de ellos fue el de Gusen, a tres kilómetros del central de Mauthausen. Era un lugar de exterminio rápido al que se mandaba a los internos que ya no tenían fuerzas para seguir trabajando. Allí acababan en la cámara de gas y en los hornos crematorios encendidos día y noche. El espeso olor de la carne quemada impregnaba el campo y sus alrededores. Algunos de los deportados, extenuados por el trabajo, ya no llegaban a esta prisión terminal porque eran eliminados en el propio Mauthausen con una inyección de bencina en el pecho, o en el llamado "camión fantasma" que servía de ambulante cámara de gas. Los fanáticos médicos nazis utilizaban algunos cuerpos para sus siniestros experimentos realizados en el cercano castillo de Hartheim.

Los españoles internados en Mauthausen eran republicanos que habían pasado a Francia después de su derrota en la Guerra Civil. Tras su estancia en los nada acogedores campos de refugiados, muchos se enrolaron en el ejército del país vecino y lucharon contra los invasores alemanes. Otros formaron parte más tarde de la Resistencia dirigida desde Londres por el general De Gaulle. Muchos fueron hechos prisioneros y fusilados en el acto; un buen número de ellos sería enviado por los nazis a los campos de concentración. La mayoría de estos últimos acabó en Mauthausen. Allí fueron catalogados como "rojos españoles". En la manga del traje de rayas azules y blancas que llevaban los prisioneros, se les puso un triángulo invertido de color azul con una "S" (spanier) de color blanco y un número de cuatro cifras, escrito en negro sobre una banda blanca. Ésta era su nueva identidad y debían saberla de memoria en alemán. Los españoles fueron abandonados a su suerte y en un principio fueron considerados como apátridas. Tras la visita al campo de Heinrich Himmler, jefe de las SS, fueron tratados con especial crueldad, y entre 1941 y 1942 miles de ellos perecieron en aquel infierno. En el momento de la máxima "ofensiva", llegaron a morir unos 3.000 en un periodo de sólo tres meses. La mayoría lo hizo en el campo anexo de Gusen, donde en un solo día perdieron la vida 70 españoles.

Con la llegada masiva de prisioneros soviéticos, fueron éstos, y los judíos, las víctimas preferidas de los nazis, y para ellos se creó un segundo campo en el propio Gusen. El ensañamiento con los nuevos deportados rusos alivió algo la situación de los españoles, quienes, curtidos en mil batallas desde hacía tiempo, resistieron mejor que otros las duras condiciones de vida e incluso llevaron la batuta de la red clandestina de resistencia que se había creado en el interior de la prisión. Suya fue la acción de robar y conseguir sacar del campo los negativos de las fotografías que los propios nazis tomaban de sus atrocidades y de las visitas de sus jefes. Fue ésta una valiosa prueba acusatoria en los juicios de Nuremberg. Cuando los norteamericanos liberaron el campo, una gran pancarta escrita en español, además de en inglés y en ruso en letras más pequeñas, les dio la bienvenida.

 Muchos españoles llegaron a Mauthausen después de su paso por los "stalag", cárceles de menor dureza en las que los alemanes encerraban a los prisioneros hechos al ejército francés. Entre esos españoles estaba Mariano Constante, nacido en la localidad monegrina de Capdesaso en 1920 e hijo de un conocido maestro del mismo nombre. Muerto en Montpelier en 2010, ingresó en Mauthausen en 1941, logró sobrevivir a aquella terrible experiencia y contó en sus libros el drama que le tocó vivir. "Los años rojos", "Yo fui ordenanza de los nazis" o "Republicanos aragoneses en los campos nazis" son magníficos documentos que mantienen en el recuerdo unos hechos que no deben ser olvidados por las sucesivas generaciones. En la última de las obras citadas, recuerda a algunos de los altoaragoneses con los que coincidió en su paso por Mauthausen. En un anexo final, recoge la relación de los 247 prisioneros nacidos en la provincia de Huesca y muertos en el fatídico campo. Casi todos ellos perecieron en Gusen y seguramente fueron algunos más, puesto que la lista está tomada de las actas de defunción expendidas por los propios nazis, que no anotaban todas las desapariciones. También es probable que bastantes altoaragoneses de nacimiento figuraran en la relación como catalanes, por estar afincados en la comunidad vecina cuando vivían en España.

Como ya me referí a algunos de esos altoaragoneses en el citado artículo anterior, voy a centrarme aquí en los ribagorzanos que estuvieron como prisioneros, y en su mayor parte murieron, en el campo de Mauthausen. En la lista de los fallecidos que aparece en el anexo final del libro de Constante, se incluyen catorce prisioneros en cuya ficha consta como lugar de nacimiento una población de la actual comarca oscense de la Ribagorza. A través de otras fuentes consultadas en Internet o por informaciones recibidas en mi blog, he añadido siete nombres más hasta confeccionar la siguiente lista, tal vez no definitiva y con algún posible error de transcripción, de 21 ribagorzanos que encontraron la muerte en Mauthausen y sus campos anexos. Son estos:

Antonio Cosialls Sallant, de Aler.
Vicente Palacín Sirera, de Benabarre.
Martín Sarroca Llaquet, de Capella.
Ramón Sigirán Barrau, de Castejón de Sos (casa Tintorero).
Emilio Demás Mora, de Chía.
José Saura Oliva, de Eresué.
Agustín Terés Miranda, de Estopiñán del Castillo.
Juan Campo Pérez, de Graus.
Gerardo Quiroga Andreu, de Graus.
Antonio Sesa Grau, de Graus.
Teótimo Sesa Grau, de Graus.
Modesto Escales Subirats, de Montanuy.
Simón Sampietro Alegre, de Montañana.
Joaquín Alós Villadier, de Morillo de Liena.
José Gea Ricarte, de Morillo de Liena.
José Senz Sesé, de Morillo de Liena
José Salamero Salamero, de Morillo de Liena
José Lloret Truch, de Neril.
Enrique Espot Badía, de Raluy.
José Demur Abad, de Sahún
Ramiro Porquet Castarlenas, de Torres del Obispo (casa Blasco o Bllasco).

Vicente Palacín Sirera, Martín Sarroca Llaquet, Joaquín Alós Villadier y Antonio Cosialls Sallant murieron en el campo central de Mauthausen en 1944. Todos los demás perdieron la vida en Gusen entre 1941 y 1942, excepto José Gea Ricarte que lo hizo en 1943. Aunque durante un tiempo dudé si el deportado José Mur Castán, muerto en Gusen, era de Alins (Ribagorza) o Alins del Monte (La Litera), he podido finalmente confirmar que era natural del hoy literano Alins del Monte.

En lo que yo he podido saber, solamente tres ribagorzanos lograron salir vivos del horror de Mauthausen:

Román Egea Garcés, de Graus, nacido el  9 de agosto de 1919.
Juan Mayora Murciano, de Benabarre, nacido el 10 de marzo de 1915.
Ángel Torrente Suelves, de Benabarre, nacido el 15 de marzo de 1919.

He podido saber que Román Egea Garcés, a día de hoy, sigue con vida y reside en Toulouse (Francia). Juan Mayora Murciano murió no hace mucho en su Benabarre natal. No he logrado información sobre Ángel Torrente Suelves.

Aunque hoy ya no pertenecen a la actual comarca de Ribagorza, pero sí a su ámbito cultural e histórico, añado los nombres de dos supervivientes de Mauthausen nacidos en Estadilla y Fonz. Se trata, respectivamente, de José Puy Lisa (18-8-1911) y Valero García Vilellas (22-9-1910).

Todos ellos, y todos los que pasaron por los campos de concentración nazis, los que murieron y los supervivientes de todas las nacionalidades, merecen ser recordados como víctimas de una de las experiencias más terribles de la historia de la humanidad, que debe permanecer en la memoria para que nunca más pueda llegar a repetirse.

Carlos Bravo Suárez

(Artículo -rehecho de otros publicados anteriormente- que se publica hoy en el suplemento de San Lorenzo de Diario del Alto Aragón)

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