domingo, 19 de marzo de 2017

QUÉ VERGÜENZA




Paulina Flores (1988) ha irrumpido brillantemente en el mundo literario con su magnífico libro de relatos “Qué vergüenza”. En 2014, la escritora chilena ganó el Premio Roberto Bolaño con el cuento que da título al libro, que obtuvo en su conjunto el galardón del Círculo de Críticos de Arte a la mejor autora novel. Publicado en Chile en 2015, la editorial Seix Barral, con acertado criterio, lo publicó en España a mediados del pasado año.

“Qué vergüenza” se compone de nueve relatos, todos más bien breves salvo el último que es algo más largo y podría ser considerado como una “nouvelle” o novela corta. Todos los cuentos están ambientados en diversos lugares de Chile y tienen un destacado fondo social, de crisis económica, diferencias de clase, situaciones de desamparo, lucha por la vida o repercusión directa de la economía en las relaciones familiares. Otra característica es la destacada presencia de personajes infantiles o juveniles, para cuya creación parece tener la autora una habilidad especial. En un rasgo más de realismo y verosimilitud, los textos recogen un lenguaje coloquial acorde con la condición de los personajes. No siempre es fácil para el lector entender ese vocabulario específicamente chileno. El contexto y la consulta al diccionario permiten saber, por ejemplo, que los “cuicos” son los pijos o esnobs de Chile, o que los “blocks” son los bloques de pisos pequeños de las ciudades. Relatos densos, crudos, tiernos, sinceros, complejos, intensos, directos, actuales, bien escritos y construidos. Paulina Flores no parece una principiante, sino una experimentada narradora de historias breves que logran captar con fuerza fragmentos de pura vida.

El primer relato, “Qué vergüenza”, da título al libro y tiene como protagonista a un padre cesante en paro que acompañado por sus dos pequeñas hijas se presenta a un casting en una sospechosa casona de Santiago. La hija mayor, que ve a su padre tan guapo como Luis Miguel, está segura del éxito de su progenitor. Sin embargo, como ocurre en casi todos los cuentos del libro, los acontecimientos dan un giro extraño e inesperado. “Teresa” cuenta una rápida y fugaz seducción y relación sexual entre un hombre y una mujer con la ambigua presencia de una niña de por medio. “Talcahuano”, uno de los relatos preferidos de la autora, narra los planes de un grupo de jóvenes que vive en una de las poblaciones más feas y pobres del país. Uno de los chicos tiene un padre exmilitar en paro cuya salud empeora cuando la pandilla prepara un robo de instrumentos musicales. “Olvidar a Freddy”, de reminiscencias cinematográficas, nos presenta a una deprimida mujer (“estoy tan triste que podría empezar un diario de vida”) en la bañera, donde, aunque quiere desaparecer con el agua, se queda allí como la piedra de un río seco. “Tía Nana” es un relato lleno de ternura, narrado por una niña que recuerda a su tía, una mujer cuya constante es “preocuparse por las vidas de todos menos de la  propia; entregarse a los otros y ser olvidada por los otros”. “Espíritu americano” cuenta el encuentro de dos antiguas amigas que de muy jóvenes trabajaron de meseras en un local de comida americana y la aclaración, muchos años después, de una chivatada que tuvo consecuencias laborales en la empresa. “Laika” es un ambiguo relato de iniciación sexual de una niña engañada con la excusa de ir a ver ovnis en la noche. En “Últimas vacaciones”, un niño pobre recuerda unas vacaciones estivales en la playa con su tía y sus primas ricas. Y “Afortunada de mí” cuenta, también a través de los ojos de una niña, las relaciones entre dos familias y los inesperados descubrimientos infantiles que suponen la pérdida definitiva de la inocencia de la protagonista.

La propia autora declara su admiración por Flannery O'Connor y es obvio que sus cuentos se incluyen en la mejor tradición de autores como Chéjov, McCullers o Munro. Y tienen similitudes con los de escritores de reciente éxito como la estadounidense Lucia Berlin o la argentina Mariana Enríquez.

Sorprenden la calidad, el manejo narrativo, la madurez de los contenidos y las técnicas de composición de esta obra de debut de Paulina Flores, que se pone el listón muy alto ya desde el punto de partida. Desde luego, tras este brillante inicio literario, habrá que estar atentos a las siguientes obras de la narradora chilena.

“Qué vergüenza”. Paulina Flores. Seix Barral. 2016. 216 páginas.

Carlos Bravo Suárez