domingo, 19 de mayo de 2013

DISFRACES Y MENTIRAS


                                           

Apuntes de un vendedor de mujeres. Giorgio Faletti. Anagrama. 2012. 390 páginas.

Giorgo Falleti (Asti, 1950) fue cantante, actor y comediante antes que escritor. Participó en algunos programas muy populares de la televisión italiana y compuso canciones para algunos de los intérpretes más conocidos de aquel país. En 2002 publicó su primera novela, Yo mato, que obtuvo un enorme éxito. Le siguieron varias más, todas ellas también ambientadas en Estados Unidos. Con Apuntes de un vendedor de mujeres, Faletti da un giro a su carrera literaria y escribe su primera narración ambientada en Italia.

Apuntes de un vendedor de mujeres transcurre en Milán a finales de los años setenta, en los llamados años de plomo, que culminaron con el asesinato de Aldo Moro por el grupo terrorista Brigadas Rojas en 1978. El protagonista de la novela es un personaje oscuro y escéptico, al que todos conocen como Bravo y que, en un episodio que el lector solo conoce al final del relato, fue castrado en su juventud. Bravo es un  proxeneta de lujo que se dedica a proporcionar mujeres caras a personajes ricos y famosos de la vida social y política italiana. Sus mujeres le adoran porque es atractivo y siempre cumple su palabra, y el negocio funciona a la perfección. Hasta que aparece una chica nueva llamada Carla y las cosas cambian cuando Bravo se ve implicado en el asesinato de un senador durante una fiesta con algunas prostitutas que él había proporcionado.

Apuntes de un vendedor de mujeres es una magnífica novela negra que sigue muchos de los esquemas de los mejores narradores del género, pero que aporta un tema y unas maneras algo diferentes y perfectamente ensambladas entre sí. Faletti juega con maestría con el suspense y logra algunos sorprendentes golpes de efecto, que muestran al lector que nada es lo que parece y que el azar puede cambiar de repente cualquier vida.

También está muy lograda la ambientación del relato en un Milán nocturno, inspirado directamente en algunas de vivencias de juventud del autor. No menos conseguida puede considerarse la recreación de fondo de aquellos años convulsos de la política italiana, con la corrupción política por un lado y el fanatismo despiadado de los grupos terroristas por otro. Pero lo mejor es, sin duda, la brillante trama que mantiene siempre la atención del lector. Y pese a toda la falsedad, crudeza y engaños que presiden siempre el relato, éste no deja de ser en el fondo una hermosa historia de amor.

Según he leído en alguna entrevista reciente, Faletti está trabajando ya en una segunda novela también ambientada en su país. Esperemos que sea tan buena como la que aquí acabamos de reseñar.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 12 de mayo de 2013

LAS POSEÍDAS



Las poseídas. Betina González. Tusquets Editores. 2013. 184 páginas.

Con Las poseídas, Betina González (Buenos Aires, 1972) ha ganado recientemente el Premio Tusquets de novela en su VIII edición. Betina González, que es profesora de literatura, ha realizado varios cursos en universidades estadounidenses y, además de ensayos, poesía y varios relatos, había publicado la novela Arte menor, con la que obtuvo en su país el prestigioso premio Clarín.

Las poseídas es una novela ambientada en un internado religioso para niñas ricas situado en la zona norte de Buenos Aires, a principios de los años ochenta, en el periodo inmediatamente posterior a la sangrienta dictadura militar que provocó más de 30.000 desaparecidos en Argentina. Sus protagonistas son dos adolescentes rebeldes e inadaptadas que coinciden durante un curso en el internado. Una de ellas, María de la Cruz López, cuenta la historia en primera persona  -aunque a veces se distancia algo más del relato adoptando la tercera-, desde el momento de la llegada al colegio de Felisa Wilmer, una chica procedente de Europa, que ha vivido en diversos lugares del mundo y que desde el primer momento muestra instintos y deseos suicidas. En un ambiente bastante opresivo, las dos amigas viven su despertar sexual, descubren la relación de una monja con el padre de una alumna y la presencia y persecución de un exhibicionista en los alrededores del internado. También manifiestan su rebeldía destructora y su rechazo a la moral dominante. La adolescencia aparece como una etapa en la que se está más poseído que nunca, y de una manera irracional, por las propias emociones y sentimientos. Como certeramente expresó el jurado que le concedió el último Premio Tusquets, la novela logra “la recreación poco complaciente del despertar sexual de la adolescencia y su actitud desafiante ante la herencia de los adultos, así como la atmósfera de un colegio religioso que acaba convirtiéndose en un trasunto sutil de un país que sale de la dictadura, todo ello contado con una escritura envolvente y original”

En Las poseídas se mezclan diversos géneros narrativos. Siendo en buena medida una novela de iniciación, contiene muchos elementos de la novela gótica, sobre todo en la atmósfera asfixiante que envuelve el relato y en su gusto por lo oscuro como reacción al racionalismo identificado con las luces. Aunque son muchas las huellas literarias rastreables en el libro, como ha confesado su autora en alguna entrevista, su germen originario fue la lectura muchos años atrás de Los hermosos años del castigo, de la escritora suiza Fleur Jaeggy, que reseñamos aquí a finales de 2009 cuando fue reeditada en España. También en aquella extraordinaria novela ambientada en un internado femenino encontramos fuertemente ensamblados conceptos como belleza, destrucción o locura.

Carlos Bravo Suárez


domingo, 5 de mayo de 2013

MÁRKARIS Y LA CRISIS GRIEGA


    
Liquidación final. Petros Márkaris. Tisquets Editores. 2012. 344 páginas.

Gracias a su serie de novelas protagonizadas por el comisario ateniense Kostas Jaritos, Petros Márkaris (Estambul, 1937) se ha convertido en el escritor griego actual más conocido en Europa y en España. Tras Con el agua al cuello, reseñada aquí el pasado año, Liquidación final supone la segunda entrega de la denominada trilogía de la crisis. El desengañado y escéptico comisario Jaritos debe resolver otro caso difícil en plena crisis económica griega, en medio de un país que vive ahogado por los recortes y la corrupción política.

Si en Con el agua al cuello se trataba del asesinato de banqueros y personas vinculadas al mundo de las finanzas, en Liquidación final los asesinados por un extraño y sorprendente método son algunos grandes defraudadores a la hacienda pública. El llamado popularmente Recaudador Nacional parece lograr con su expeditivo método aquello que el Estado griego es incapaz de conseguir con sus procedimientos legales. Se destapa de esta manera que mientras la mayoría de la población está en la angustia y los apuros económicos –algunos hasta el extremo de acudir al suicidio como única solución a sus problemas–, una minoría logra el enriquecimiento fácil y la evasión de sus obligaciones fiscales amparada en la parálisis burocrática y la corrupción del sistema. En un momento del libro puede leerse en boca de uno de los personajes que “el Estado griego es la única mafia que se ha ido a la quiebra; todas las demás evolucionan y prosperan”.

Como en su anterior novela, también aquí la acción transcurre en medio de una Atenas sacudida a todas horas por las huelgas y las manifestaciones, que provocan continuos atascos en el centro de la ciudad. En paralelo a la investigación policial, se narran los problemas familiares del comisario Jaritos. Sobre todo la relación con su mujer y con su hija, que ahora parece dispuesta a irse a África para mejorar su situación económica y laboral. Por otro lado, el posible ascenso del comisario, que le permitiría incrementar en algo su recortado sueldo, parece quedar siempre aplazado. Aun así, otra vez “el lento, anticuado e insoportable” Jaritos, ayudado esta vez por una guapa y moderna psicóloga, resolverá finalmente un caso que había logrado poner en jaque a las autoridades griegas y detener finalmente a un recaudador justiciero que había despertado las simpatías de una sociedad terriblemente castigada y desencantada con el sistema.

Las novelas de Petros Márkaris, además de hacer pasar un buen rato al lector, logran reflejar de manera admirable la tremenda crisis que vive en la actualidad la empobrecida sociedad helena.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 28 de abril de 2013

TODO SE DESVANECE


                                          

Todo lo que era sólido. Antonio Muñoz Molina. Seix Barral. 2013. 256 páginas.

“Todo lo que era sólido se desvanece en el aire”. Esta frase, que resume en buena medida lo ocurrido en nuestro país en los últimos años, aparece en las primeras páginas del último libro de Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956), un referente de la literatura española de las últimas décadas que ha procurado mantener siempre una línea independiente y honesta, al margen de las modas y de las corrientes protectoras de las que no siempre es fácil diferenciarse en una cultura tan gregaria como la española.

Después de su extensa novela La noche de los tiempos, reseñada aquí a principios de 2010, y de la reedición de sus cuentos en Nada del otro mundo, el escritor y articulista andaluz ha publicado a principios de este año “Todo lo que era sólido”, un brillante ensayo sobre la crisis que vive en la actualidad la sociedad española y algunas de las causas que la han motivado.

Todo lo que era sólido mezcla opiniones, datos e informaciones sacadas de las hemerotecas, recuerdos y experiencias vividas por el autor y algunas propuestas para encarar mejor un futuro que no parece ahora mismo demasiado halagüeño. Muñoz Molina dedica un buen número de páginas de su libro a describir y analizar los años de delirio de nuevos ricos que hemos vivido en España antes de la presente crisis. El despilfarro sin control, el afán de aparentar, las obras faraónicas y desmesuradas, los sueños de grandeza de muchos de nuestros dirigentes, la especulación inmobiliaria sin freno, la destrucción del paisaje y del medio ambiente, la corrupción en todos los sectores, la falta de preparación de muchos políticos que han hecho de la política su única profesión y su modo de vida y que ya no pueden ni saben dedicarse a otra cosa y han convertido a los partidos en verdaderas agencias de colocación de los suyos.

A ese certero análisis de la crisis actual, se añaden muchos recuerdos del pasado y de las experiencias vividas por el escritor. Su infancia en un mundo rural que se hundió en pocos años tras siglos de existencia casi inalterada, sus años de estudiante en el final de franquismo y el inicio de la transición, el asesinato de Carrero Blanco, la muerte de Franco, el 23-F. También hay referencias a las culturas de otros países a las que compara en lo bueno y en lo malo con la nuestra. Sobre todo, la estadounidense, y más en concreto la neoyorquina, por los años vividos como director del Instituto Cervantes en esta ciudad. Incluso en las últimas páginas hay algunas descripciones y referencias a Ámsterdam, donde Muñoz Molina terminó el libro que nos ocupa en una reciente estancia cultural en la capital holandesa.

En fin, en Todo lo que era sólido se mezclan muchas cosas desde una óptica siempre personal y subjetiva. La de un escritor que, además de utilizar con rigor y maestría nuestro idioma, muestra siempre una independencia irreductible. Algo muy de agradecer en los tiempos que corren.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 21 de abril de 2013

AMOR Y FATALIDAD


                                              
El juego serio. Hjalmar Söderberg. Ediciones Alfabia. 2013. 316 páginas.

El juego serio es la obra cumbre de Hjalmar Söderberg (Estocolmo, 1869 – Copenhague, 1941) y uno de los grandes clásicos de la novela sueca del siglo XX. Aunque pueda parecer extraño, este libro, que vio la luz en Suecia en 1912, permanecía aún inédito en España hasta su reciente publicación por Ediciones Alfabia, que ya había publicado el pasado año Doctor Glas, la anterior novela de este escritor escandinavo muy poco conocido en nuestro país. Söderberg es también autor de la obra teatral Gertrud, de la que el gran director danés Carl Theodor Dreyer hizo una espléndida adaptación cinematográfica en 1965.

Según explica Elena Balzamo en su prólogo, El juego serio es en cierta medida una obra autobiográfica, que Söderberg habría escrito después de vivir una intensa experiencia amorosa que acabó con su matrimonio y le llevó al exilio danés del que ya no iba a regresar. El protagonista del libro es Arvid Stjiärnbloom, un joven  procedente del campo que llega a Estocolmo con la intención de abrirse camino en la ciudad. En ella conoce a Lydia Stylle, de la que se enamora y es correspondido. Arvid desea esperar a que su situación económica mejore para poder unir sus vidas. Sin embargo, Lydia se casa con un hombre muy rico y mucho mayor que ella y él acaba haciéndolo también con una chica que le quiere pero a la que él no ama verdaderamente. Cuando esa situación parece consolidada, Lydia reaparece en la vida de Arvid reavivándose la pasión entre ambos.

Aunque El juego serio es sobre todo una novela romántica, la historia está narrada en un estilo sobrio y conciso que huye de la grandilocuencia y del excesivo sentimentalismo. Las escenas están descritas con brevedad y de una manera muy realista y directa. La obra explora con gran fuerza el mundo de las pasiones y los vaivenes del amor desde una perspectiva fatalista y próxima al determinismo. Aunque tiene todavía mucho de la novela decimonónica y encontramos algunas similitudes con Balzac o Flaubert,  el narrador omnisciente presenta aquí un papel más limitado y las descripciones son breves y funcionales, dejando que los personajes se expresen siempre por sí mismos.

Además de la relación entre Arvid y Lydia, la novela da un cierto protagonismo a la ciudad de Estocolmo, donde transcurre casi por completo, y contextualiza históricamente el relato con alusiones a acontecimientos del momento, como el caso Dreyfus, las tensiones entre Suecia y Noruega, la guerra entre España y Estados Unidos, el conflicto ruso-japonés o las discusiones teológicas de la sociedad sueca de la época.

El juego serio es una novela exquisita, con el sabor de los grandes relatos y de la mejor literatura clásica. Tal vez esta cita del autor sea la mejor manera de intentar resumirla:”Creo en el deseo de la carne y en la soledad del espíritu”. Ese es el fatal destino de la relación entre Arvid y Lydia que tan magistralmente contó Hjalmar Söderberg hace prácticamente un siglo.

Carlos Bravo Suárez
           

domingo, 14 de abril de 2013

EL SENTIDO DE UN FINAL



El sentido de un final. Julian Barnes. Anagrama. 2012. 192 páginas.

Julian Barnes (Leicester, 1946) es uno de los escritores británicos más prestigiosos de la actualidad. Se dio a conocer internacionalmente en 1985 con su novela El loro de Flaubert, a la que siguieron otros libros de un alto nivel literario. Con su último relato, El sentido de un final, publicado en España a finales del pasado año, ganó el premio Booker, el más importante galardón de la letras anglosajonas del que Barnes ya había sido finalista en varias ocasiones.

El sentido de un final es una novela corta pero densa, que trata sobre los recovecos y las trampas que nos tiende con frecuencia la memoria. Dividida en dos partes de casi la misma extensión, el relato está narrado en primera persona por Tony Webster, un sesentón acomodadamente jubilado, separado de su mujer y con una hija treintañera con la que se lleva soportablemente bien. En la primera parte del libro,  Tony recuerda sus años de adolescente en el instituto y la amistad con dos amigos inseparables a los que se añadió el recién llegado Adrian, que destaca por su gran inteligencia y su aguda capacidad de análisis. Tony Webster rememora también en esas páginas su noviazgo con Veronica, quien, tras haberlo presentado a su familia, acabó dejándolo por su nuevo amigo Adrián.

En la segunda parte, el narrador recibe, después de muchos años, una extraña herencia de la madre de aquella antigua novia de juventud. Este hecho le hará volver sobre el pasado y descubrir en él cosas que ignoraba. No se puede desvelar aquí nada más del argumento de está novela, cuyo sorprendente desenlace no conocerá del todo el lector hasta llegar literalmente a la última línea del libro.

Con una brillante estructura literaria, Julian Barnes construye un espléndido relato que, además de presentar algunas pinceladas de la sociedad británica, se adentra en el laberíntico mundo de la memoria y de los recuerdos de juventud y el paso del tiempo. Porque, como dice el narrador al principio de su historia, “el placer o el dolor más nimio bastan para enseñarnos la maleabilidad del tiempo; algunas emociones lo aceleran, otras lo enlentecen; de vez en cuando parece que no fluye, hasta el punto final en que desaparece de verdad y nunca vuelve”. Y, sin duda, la memoria falsea con frecuencia nuestro pasado y puede ser fuente, incluso muchos años más tarde, de angustias y desasosiegos ya  inesperados.

Julian Barnes ha escrito una magnífica novela, una pequeña joya literaria, que al llegar a la última página obliga al lector a volver atrás para buscar aquel momento anterior que permite explicar del todo la historia que el narrador nos ha estado contando.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 7 de abril de 2013

AMERICANA



 Americana. Don DeLillo. Seix Barral. 2013. 505 páginas.

Hace unas semanas escribí en esta sección una breve reseña de El ángel Esmeralda, el libro de cuentos de Don DeLillo publicado a finales del pasado año en España. Terminaba aquellas líneas diciendo que los lectores del autor estadounidense estábamos de enhorabuena porque en los inicios de este 2013 se acababa de editar en nuestro país Americana, la primera novela de la larga y brillante carrera literaria de DeLillo.

Americana apareció en Estados Unidos en el año 1971. Del libro había una edición española de 1999 que es la que ahora recupera Seix Barral en su labor de difusión de la obra del novelista neoyorquino, cuyo nombre suena como posible candidato en las futuras ediciones del Premio Nobel.

Americana es una opera prima inusual por su calidad y su fuerza literaria. Un libro de más de quinientas páginas en las que DeLillo se revela como un escritor diferente, con una prosa que oscila entre el realismo y lo poético y un universo literario singular y propio, con muchas referencias al mundo de la imagen, al cine clásico y, en menor medida, a la música americana contemporánea.

David Bell es un joven de 28 años, rico, guapo y exitoso, que trabaja para una cadena de televisión en la ciudad de Nueva York y lleva una intensa vida social entre fiestas, sexo rápido e intrigas laborales. Su proyecto de rodar un documental con los indios navajos de Arizona será la excusa que le permita alejarse de esa vida rutinaria e insustancial de triunfador urbano. Con varios amigos, David inicia un viaje por Estados Unidos en el que va rodando una larga película personal sin ningún guión previo y con los personajes que se encuentra en el camino como actores improvisados.

Americana no es un libro de lectura fácil en todas sus páginas. Hay que situar la novela en su contexto histórico: con la guerra de Vietnam, el movimiento hippie y la psicodelia y la fiebre de muchos jóvenes americanos por recorrer el país en auto-stop. Tiempos en los que se pone de moda En el camino, una novela escrita dos décadas antes con la que Americana tiene algunas cosas en común, aunque los enfoques de Kerouac y DeLillo sean muy diferentes. El viaje de David Bell es en el fondo y en buena medida un viaje interior y de desprendimiento. Así lo expresa el propio narrador cuando escribe que va “en busca del reflejo de las sombras de mi imagen y de mi identidad”.

El libro es también el inicio del largo trayecto literario de un escritor que, ya cercano a los ochenta, aún parece tener la lucidez y energías suficientes para entregarnos a sus lectores algunos buenos libros más.

Carlos Bravo Suárez