domingo, 21 de febrero de 2016

MENTIRA

                                                          
                    “Mentira”. Care Santos. Edebé. 2015. 242 páginas.

Aunque Care Santos (Mataró, Barcelona, 1970) es licenciada en Derecho,  desde prácticamente su infancia ha mostrado una intensa pasión por la literatura que la ha llevado a convertirse en una escritora inquieta, prolífica y versátil. Ha publicado varias novelas para adultos (“El aire que respiras” y “Deseo de chocolate” son las dos últimas) y ejerce regularmente la crítica literaria en un importante suplemento cultural, pero destaca sobre todo como autora de numerosas narraciones para jóvenes lectores. En este género acaba de publicar “Mentira”, novela con la que ganó el Premio Edebé de Literatura Juvenil del pasado año 2015.

“Mentira” cuenta una historia de amor entre dos adolescentes. Xenia es una buena estudiante que quiere cursar la carrera de medicina para complacer a sus padres y está obligada para ello a obtener buenas calificaciones en el instituto. A través de un foro de lectura de internet, conoce a un chico que recomienda apasionadamente el libro “El guardián entre el centeno”, de J. D. Salinger. Xenia espera ansiosa las respuestas de su interlocutor virtual y se obsesiona con el misterioso joven, al que cada vez desea con más fuerza conocer personalmente. A partir de los pocos datos que el desconocido y hermético internauta le ha proporcionado, es ella quien, aun a costa de ver descender su rendimiento académico, se desplaza a la periferia de Barcelona para intentar localizar al muchacho. Enseguida descubrirá con decepción y rabia que son falsas las informaciones que él le ha dado. Abatida por el engaño, cuenta a sus padres la causa de su momentáneo hundimiento en los estudios y decide remontar de nuevo el vuelo. Cuando ya no lo esperaba, recibe un paquete que procede de un correccional de menores y que contiene la historia del joven Eric escrita por él mismo. En esa larga carta, explica su procedencia social y familiar y las causas que lo llevaron al castigo y al encierro que ahora padece. Conoceremos así el mundo de la delincuencia juvenil y los duros ambientes urbanos de la periferia de Barcelona, en los barrios azotados por el paro, la droga y la delincuencia que lindan con el aeropuerto de la ciudad, en El Prat de Llobregat. Y asistiremos a una historia de intereses y fidelidades que nos irá desvelando paulatinamente la verdadera y compleja personalidad del muchacho.

La novela está escrita en un estilo rápido y eficaz, que hilvana con fluidez los cortos capítulos que la componen. No hay en ella en ningún momento un narrador externo que intervenga, moralice u opine desde fuera; son los dos jóvenes quienes narran su propia historia en primera persona y sin intermediarios. Dos adolescentes de procedencia y extracción social opuesta. Ella, hija única de familia acomodada; él, de familia desestructurada y pobre,  obligado a vivir en los ambientes duros en los que se maneja un primo de más edad que lo protege, desempeñando en cierto modo la función del padre ausente. Sólo hay una cosa que une a Xenia y Eric, y que ha sido lo que los ha puesto en contacto: su mutua y apasionada afición a la lectura y a las bibliotecas. “A la gente que nos gusta leer, el mundo real nos da lo mismo. La única cosa que queremos es que nos dejen leer.”

Aunque tal vez contenga algunos tópicos del género juvenil de ambientes marginales, “Mentira” es una historia bien contada, que seguramente gustará bastante a la mayoría de los lectores jóvenes a los que va expresamente dirigida. Care Santos es experta en este género narrativo juvenil y se mueve en él como pez en el agua, con absoluta habilidad y destreza. Con esta novela, consigue de nuevo un buen retrato de unos determinados ambientes urbanos y construye un emotivo y sorprendente romance entre dos jóvenes que van a descubrir juntos, y de una manera inesperada, ese hermoso, absorbente y a veces contradictorio sentimiento al que llamamos amor.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 14 de febrero de 2016

FARÁNDULA

                                       
“Farándula”. Marta Sanz. Anagrama. 2015. 240 páginas.

Marta Sanz (Madrid, 1967) es una de las voces más destacadas de la literatura española actual. Doctora en Filología, autora de once novelas, un par de poemarios y el reciente ensayo “No tan incendiario” (Periférica, 2014), ha recibido diversos premios y ha desarrollado una activa y fecunda carrera en diferentes apartados del mundo de las letras como la edición o la crítica literaria. Su revalorada novela “Lección de anatomía”, publicada en 2009 por RBA, ha sido reeditada recientemente por Anagrama, que ha publicado también “Farándula”, la última narración de la escritora madrileña con la que ganó el año pasado el prestigioso Premio Herralde de Novela.

Como puede deducirse de su título, “Farándula” es una novela protagonizada casi exclusivamente por  gente del espectáculo, actores y actrices de diferente pelaje y condición. Unos, como Natalia de Vicente o Manuel Valls, en la cima del éxito; aunque, en el caso del segundo, lejos de la tranquilidad profesional. Otras, como Valeria Falcón y, sobre todo Ana Urrutia, en el declive de su carrera o en una situación de abandono que roza la indigencia. “Farándula” es una novela ácida, de un realismo que mezcla la crítica y la ironía y que destaca las contradicciones, bajezas morales y verdaderos intereses de unos personajes que, además de al mundo del espectáculo, pueden representar a la sociedad actual en su conjunto. La búsqueda y la consecución del éxito que supone el enriquecimiento económico y la mejora de las condiciones de vida y el abandono de los que ya no sirven y quedan orillados en el abandono, el ostracismo y la miseria. Natalia de Vicente encarna el éxito asociado al atractivo físico y al lanzamiento a través de un reality show televisivo. Ana Urrutia, la vejez desamparada y triste tras una vida dedicada al teatro sin ambiciones pecuniarias ni preocupación suficiente por proteger su futuro. “La vida del cómico se caracterizaba por la trashumancia y la zozobra económica”.

Otro personaje interesante de la novela es Manuel Valls, autor español de éxito que vive en pleno centro de París, con su compañera Charlotte Saint-Clair, “una bróker filantrópica” que lo mima y lo cuida y desconfía de las visitas de su marido a Madrid y de sus viejas compañeras como Valeria Falcón. Valls encarna las actitudes contradictorias de un artista moderno que vive en el lujo parisino y firma manifiestos de contenido social contra el poder. Que rechaza pagar la pensión de la vieja Ana Urrutia y que al final se la lleva a su piso de París donde vive oculta en una habitación, odiada por Charlotte y al cuidado de una criada de la casa. Finalmente, el propio Valls será víctima fatal de sus propias contradicciones.

Una referencia muy presente en la novela es la de la película “Eva al desnudo” de Joseph L. Mankiewicz. Valeria Falcón y Natalia de Vicente interpretan a los dos principales personajes femeninos del film en una representación teatral de la misma que se ha montado en Madrid. Se establece un paralelismo entre las relaciones de las dos actrices en la película y en la novela, e incluso Lorenzo Lucas, el interesado novio de Natalia, se muestra como alter ego de Addison De Witt, el personaje interpretado por George Sanders en la pantalla.

La narradora del libro define así al final su oficio de escritora: “Yo no escribo para que nadie se reconozca en su parte inteligente, sino en su más abyecta y entrañable vulgaridad”. Y continúa: “Soy incapaz de salir de mí misma, y la escritura siempre es un modo del ensimismamiento y la autocompasión. La necesidad de hablar desde detrás de una celosía, para que nadie nos mire directamente a los ojos. Y así escribir siempre sería una renuncia. Un exilio. Una manera de fingir que quizá sale al encuentro del otro cuando en realidad rumia, digiere, regurgita, mastica, relame, traga, se nutre, defeca sus propias e intransferibles palabras.”

La farándula, como la define Ana Urrutia, es la síntesis de faralaes y tarántula. De adornos y venenos. De luces y sombras. Como la vida misma.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 7 de febrero de 2016

EL COMENSAL


“El comensal”. Gabriela Ibarra. Caballo de Troya. 2015. 176 páginas.

“El comensal” es la primera novela de Gabriela Ibarra (Bilbao, 1983). En ella, cuenta dos muertes de familiares distantes en el tiempo: el asesinato de su abuelo por ETA en la primavera de 1977 y la muerte de su madre por un cáncer galopante en 2011. Un año después de esta segunda pérdida, Gabriela Ibarra sintió la necesidad de investigar el asesinato de su abuelo y entrelazó ambos relatos en una novela corta, seca, directa, escrita sin la más mínima afectación ni cursilería, alejada de los tratamientos más habituales sobre la pérdida de seres queridos de algunas novelas editadas en nuestro país recientemente. Estos dos sucesos luctuosos son abordados aquí con absoluta neutralidad y casi con el tono aséptico de una crónica, narrados sin sentimentalismos superfluos ni subjetivismos morales que contaminen el relato desnudo y frío de los hechos.

Como escribe la propia autora en la nota previa, la novela es una reconstrucción libre de la historia de su familia. De la muerte de su madre y del rápido proceso destructivo de la enfermedad que la mató, fue ella testigo directo en primera línea; del asesinato de su abuelo, ocurrido antes de su nacimiento y silenciado ante ella por su familia durante su infancia, fue buscando información en internet y las hemerotecas. Pero no todo es autobiografía y documentación en “El comensal”, porque, así nos lo dice la escritora, “a menudo, imaginar ha sido la única opción que he tenido para intentar comprender”.

El primer episodio narrado en el libro es el secuestro en su propia casa, tortura y posterior asesinato de Javier de Ibarra por un comando de ETA en 1977. Ibarra fue un importante empresario y político vasco durante el franquismo, presidente del periódico El Correo Español–El Pueblo Vasco, presidente de la Diputación de Vizcaya entre 1947 y 1950, alcalde de Bilbao entre 1963 y 1969, miembro de la Real Academia de la Historia y autor de varios libros de temática vasca. La familia Ibarra pertenecía al núcleo principal de la burguesía del País Vaso que vivía en Neguri y era, como se dice en el libro, una de las diez o doce familias que coparon el poder político en Vizcaya hasta finales de los años setenta. La nieta narra la muerte de su abuelo con objetividad y distancia, sin opiniones personales ni digresiones morales de ningún tipo. Es tras la muerte de su madre cuando descubre la condición humana de los asesinos de su abuelo, cuyo asesinato siempre había considerado casi como una historial irreal o de ficción, y se asusta cuando pone cara a quienes lo mataron, descubre dónde viven y cómo cualquier persona en determinadas circunstancias puede llegar a considerar normal, e incluso un deber político, la destrucción del otro sin remordimientos.

El relato de la pérdida de la madre es la crónica del avance inexorable de la enfermedad hasta el desenlace final, que se precipita todavía antes de lo esperado y modifica la percepción de la muerte de la hija. “Antes de la muerte de mi madre yo vivía como si lo normal fuera morirse de viejo. […] Ahora creo que lo más corriente es morirse antes de tiempo, como mi abuelo Javier, o como mi madre. […] La muerte antes de tiempo es siempre violenta, irse joven lo es. Igual que partir de un disparo es siempre antes de tiempo. No importa la edad”.

Hay referencias a Robert Walser y a su libro “El paseo” y una cita del escritor suizo cierra “El comensal”: “Sería hermoso tener en el bosque una tumba pequeña y tranquila. Quizá oyera el canto de los pájaros y el susurrar del bosque sobre mí. Lo desearía”. Gabriela Ibarra ha escrito un bello libro sobre la muerte, para mirarla a la cara, saber que no es puede ser esquivada e intentar quitarle, en la medida de lo posible, dramatismo e importancia.


Carlos Bravo Suárez

domingo, 31 de enero de 2016

EL BAR DE LAS GRANDES ESPERANZAS


“El bar de las grandes esperanzas”. J. R. Moehringer. Duomo ediciones. Traducción de Juanjo Estrella. 2015. 460 páginas.
            
J. R. Moehringer (Nueva York, 1964) es un prestigioso periodista estadounidense cuyos trabajos como reportero han recibido diversos premios,  entre los que destaca el importante Premio Pulitzer de Periodismo que se le concedió en el año 2000. En 2005 publicó en Estados Unidos la novela “The Tender Bar”, que ha obtenido un gran éxito en todo el mundo y que en España fue publicada el año pasado por Duomo Editores con el título de “El bar de las grandes esperanzas” y magnífica traducción de Juanjo Estrella. En 2007 se estrenó la película “Resurrecting the Champ”, traducida al español como “El último asalto”, basada en un artículo periodístico sobre el exboxeador Bob Satterfield publicado por Moehringer en Los Angeles Times Magazine. En 2008, el tenista Andrea Agassi le encargó la redacción de su autobiografía, que se publicó con el título de “Open” y que en 2014 fue editada en España por Duomo y también traducida por Juanjo Estrella.
           
“El bar de las grandes esperanzas” es en buena medida una novela autobiográfica que, aunque dé un salto en el tiempo en sus últimas páginas, abarca fundamentalmente los primeros veinte años de la vida del autor. La historia transcurre en su mayor parte en Manhasset, una pequeña ciudad próxima a Nueva York, y el centro neurálgico en torno al que gira toda la novela es el bar Dickens, posteriormente rebautizado como Publicans. Desde muy pequeño, J.R. siente devoción por ese bar cercano a su casa donde trabaja un tío suyo y al que van sobre todo los hombres de su barrio y su ciudad. J.R. vive en la maltrecha casa de sus abuelos, con estos, sus primos y su madre. Su padre los abandonó hace unos años y apenas va a verlo, aunque el pequeño J.R. escucha a veces su voz a través de un programa radiofónico. A través del tío Charlie y sus amigos, el joven descubre la inicialmente atractiva carga de la masculinidad y el alcohol que envuelve a los clientes del Dickens. J.R. pasa alguna temporada en Arizona con su madre, consigue entrar en la importante universidad de Yale, empieza a trabajar como chico de las fotocopias en The New York Times y se enamora perdidamente de la atractiva Sidney, que solo le corresponde a ratos y nunca del todo ni en exclusiva. Tras sus fracasos y tropiezos, el joven siempre vuelve al Publicans, al calor de la camaradería masculina y al consumo cada vez más adictivo del alcohol. Al final, deberá alejarse de ese refugio que, a la vez que lo cobija y se convierte en el sustitutivo de su hogar y su familia, comienza a amenazar con destruirlo y convertirlo en un alcohólico. Porque, además, a la postre, descubre que “todas las virtudes que yo asociaba a la masculinidad –dureza, persistencia, determinación, fiabilidad, honestidad, integridad, agallas– las ejemplificaba mi madre” y que “beber es la única cosa que no se mejora con la práctica”. La conclusión es un retruécano: “Pensé que nosotros, antes, perseguíamos el Publicans, y que ahora el Publicans siempre nos perseguirá a nosotros”.
           
“El bar de las grandes esperanzas” es una gran novela, de las mejores que he leído últimamente. Por sus páginas, como por la infancia y juventud de su protagonista, desfilan multitud de personajes y se suceden las situaciones de iniciación y aprendizaje que van forjando la personalidad de J.R. Parece claro que el autor ha mezclado autobiografía y ficción para lograr una narración de enorme fuerza y solidez, en la que encontramos humor, intensidad,  sentimientos, emoción y pura vida a borbotones.

Carlos Bravo Suárez       


domingo, 24 de enero de 2016

SIETE CASAS VACÍAS

                                        
“Siete casas vacías”. Samanta Schweblin. Páginas de Espuma. 2015. 128 páginas.        
            
Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978) ha estudiado cine, se formó como escritora en diferentes talleres literarios bonaerenses y vive hoy transitoriamente en Berlín, como antes lo hizo, siempre con becas de residencias de escritura, en México, Italia o China. Con sus dos libros de cuentos, “El núcleo del disturbio” y “Pájaros en la boca”, y la novela “Distancia de rescate”, había recibido varios premios literarios que la destacaban como una de las principales promesas de la literatura actual en lengua española. “Siete casas vacías”, su último libro de cuentos, ganó el IV Premio de Narrativa Breve Ribera del Duero y parece confirmar las expectativas existentes sobre la escritora argentina. El libro ha sido recientemente editado en España por la magnífica editorial Páginas de espuma.
            
“Siete casas vacías” contiene siete cuentos breves. Uno de ellos, “Un hombre sin suerte”, ya publicado anteriormente, no figuraba entre los que ganaron el premio Ribera del Duero y sustituye a otro que no era tan del gusto de la autora. El jurado –del que formaron parte los escritores Pilar Adón, Jon Bilbao, Guadalupe Nettel, Andrés Neuman y Rodrigo Fresán como presidente–, valoró en “Siete casas vacías” “la precisión de su estilo, la indagación en la rareza y el perverso costumbrismo que habita sus envolventes y deslumbrantes relatos”. Según Rodrigo Fresán, “la narradora es una científica cuerda contemplando locos, o gente que está pensando seriamente en volverse loca.” Aunque independientes entre sí, podría decirse que hay algunos elementos comunes a todos o casi todos estos cuentos. Por un lado, serían las casas, la presencia de espacios cerrados y bien delimitados de los que los personajes pueden buscar por momentos salir o escapar aunque no siempre consigan hacerlo. Por otro, la presencia de unos personajes extraños, solitarios, víctimas de traumas o pérdidas irreparables, de miedos inconfesables, que transitan entre los bordes exteriores de la normalidad en clara dirección a la locura, con extrañas manías y comportamientos extravagantes, que conviven con otros personajes o con fantasmas del pasado que condicionan y desvirtúan su propio presente.
           
“Nada de todo eso” es el relato que abre el libro y posiblemente el mejor de todos ellos. Cuenta la historia de una madre que, acompañada de su hija, visita casas residenciales de las que se lleva algún objeto con más valor sentimental que material. En “Mis padres y mis hijos”, el divorciado narrador se avergüenza por una insólita y extraña presencia de sus pares y sus hijos ante la llegada a la casa de su exmujer y su nuevo marido. En “Para siempre en casa”, encontramos a un hombre, perturbado por el pasado, que tira continuamente la ropa de su hijo a la casa de sus vecinos. “La respiración cavernaria”, cuya protagonista es una mujer enferma y obsesionada, es el más largo y claustrofóbico de los relatos, tanto que lo reiterado de la situación vivida puede llegar a cansar en algún momento al lector. “Cuarenta centímetros cuadrados” incide en un comportamiento similar en la situación vivida ahora por la nuera y antes por la suegra, con la casa común como eje del relato. “Un hombre sin suerte” se aparta un poco de la temática general y nos presenta a dos hermanas que rivalizan por llamar la atención de los padres; la presencia de un pederasta, acechando a una de ellas al quedar sola, mantiene la tensión del relato. Cierra el libro “Salir”, otro cuento con la presencia de la casa y la necesidad no consumada de una mujer de escapar de ella y de la asfixiante relación que parece mantener con su marido.
            
Con una prosa afilada y directa, y también con notables influencias de escritores estadounidenses como John Carver y otros, Samanta Schweblin parece llamada a convertirse en un nuevo e importante eslabón de la ya larga y brillante tradición cuentista hispanoamericana.

Carlos Bravo Suárez
                 

domingo, 10 de enero de 2016

LOS DIARIOS DE EMILIO RENZI



“Los diarios de Emilio Renzi”. Ricardio Piglia. Anagrama. 2015. 360 páginas.

Ricardo Piglia (Adrogué, provincia de Buenos Aires, 1941) puede considerarse posiblemente como el más destacado de los escritores argentinos actuales. Autor de cinco novelas (las dos últimas –“Blanco nocturno” y “El viaje de Ida”– han sido reseñadas en esta sección) y numerosos cuentos y ensayos, Piglia ha trabajado como profesor en varias universidades argentinas y estadounidenses y también como crítico literario, editor y guionista de cine y televisión.

Ahora, acaba de publicar la primera parte de sus diarios, que lleva escribiendo desde los 16 años. En ellos vuelve a utilizar el nombre de Emilio Renzi, formado por su segundo nombre y su segundo apellido, y que con mayor o menor protagonismo ha aparecido como alter ego o como personaje en algunas de sus novelas y narraciones. El primer tomo de “Los diarios de Emilio Renzi”, que lleva el subtítulo de “Años de formación”, abarca la década de 1957 a 1967 y ha sido considerado por buena parte de la crítica más exigente como uno de los mejores libros publicados en español en el recién terminado 2015. Para este año 2016 que acaba de comenzar y para el próximo 2017, la editorial Anagrama anuncia la publicación en nuestro país del segundo y el tercer tomo, que completan estos diarios personales y llegan en su recorrido cronológico hasta prácticamente la actualidad.

Hay en estos magníficos cuadernos iniciales, escritos fundamentalmente entre Buenos Aires y La Plata, una diversidad de temas que giran en torno a uno fundamental: la voluntad del autor de ser escritor y su entrega incondicional a la literatura desde su juventud. Ahí están la génesis de sus primeros libros, sus muchas y variadas lecturas (sobre todo de autores argentinos y estadounidenses), sus trabajos como prologuista o en la selección de antologías, o sus ideas esbozadas para futuros cuentos y novelas. Y, además, están sus relaciones humanas más importantes: la estrecha relación con su abuelo, que le paga la carrera a cambio de su ayuda en la ordenación de sus recuerdos personales de la Primera Guerra Mundial en la participó por un motivo que no conocemos hasta el final del libro; su pronta independencia de sus progenitores, enemistado con su padre y distanciado físicamente de su madre; las sucesivas mujeres de las que se enamora y con las que vive; sus numerosas relaciones de amistad sobre todo vinculadas a la literatura, salvo la algo más peligrosa con el simpático ladrón Cacho; su ausencia de domicilio fijo y su precariedad laboral y permanente falta de recursos económicos en estos primeros años de formación y vocación definida. (“¿Hasta cuándo soportaré la incertidumbre de vivir al día?”)

El autor de estos diarios pretende a veces verse como un personaje desde fuera del texto y así Renzi y Piglia se desdoblan en dos voces que dialogan desde la tercera y la primera personas en el papel de narradores (“Me preocupa mi predisposición a hablar de mí como si estuviera escindido y fuera dos personas”). En cuanto al método de escritura de los diarios, así lo explica el propio escritor: “No hay preparación, súbitamente uno se sienta y escribe unas palabras sobre algo que ha sucedido o que recuerda o sobre algo que ha pensado, todo sucede en medio de la vida y de la acción, escribir un diario es establecer una pausa, una temporalidad propia, definida por las anotaciones cronológicas. Escribir al día es el único signo formal que identifica a un diario. Todo lo que se escribe ahí es verdad, es pacto pero, sin embargo, muchas veces uno escribe lo que cree que ha sucedido y la realidad puede desmentirlo”. Hay al final algún sorprendente y largo salto cronológico, pero, como el propio Piglia dice, estos cuadernos son para él como una máquina del tiempo que puede manejar a su antojo.

Y, en esa máquina del tiempo, esperaremos con verdadero deseo el segundo tomo de estos diarios cuya publicación se anuncia para este año que comienza. Según Renzi, “serán los años felices de mi vida, que van de 1968 hasta 1975”. Seguro que con su lectura disfrutaremos tanto como lo hemos hecho recorriendo los años jóvenes y de formación de esta figura descollante de las letras hispanas actuales.

Carlos Bravo Suárez
   

domingo, 3 de enero de 2016

SAPPHIRA Y LA JOVEN ESCLAVA

                            
“Sapphira y la joven esclava”. Willa Cather. Impedimenta. 2014. 272 páginas.
            
No hace mucho reseñé en esta misma sección las novelas “Una dama extraviada” y “Mi Ántonia”, de Willa Cather (Virginia, 1873 – Nueva York, 1947), ambas publicadas por la editorial Alba. La escritora estadounidense, todavía poco conocida en nuestro país, es autora de una docena de novelas, numerosos relatos, algunos poemarios y gran cantidad de críticas, reseñas y artículos periodísticos. Nacida en Virginia, se trasladó muy joven a Nebraska, donde ambienta algunas de sus obras, que recrean de manera bastante realista la vida de los primeros colonos blancos que se instalaron en aquellas tierras vírgenes del oeste americano. Publicada en 1940, “Sapphira y la joven esclava” es la última novela escrita por Willa Cather. Recientemente ha sido editada en España por la espléndida editorial Impedimenta, con una magnífica traducción de Alicia Frieyro.
           
“Sapphira y la joven esclava” transcurre casi en su integridad en Black Creek Valley, Virginia, en 1856. Sapphira Colbert, que abandonó las mejores propiedades de su familia para instalarse en estas menos ricas próximas a la pequeña ciudad de Winchester, es una mujer que, aunque ahora enferma y achacosa, sigue gobernando de manera matriarcal sus posesiones, en las que trabajan algunos esclavos negros. Casada con Henry, el matrimonio no comparte lecho desde hace tiempo y el marido trabaja en un molino de la familia donde suele también dormir y recluirse en la lectura de la Biblia. Para el cuidado de su habitación y de sus cosas, Henry muestra preferencia por la joven y atractiva esclava Nancy. Aunque sin fundamento real, Sapphira siente celos y maquina una sibilina venganza sobre la joven esclava, que será acosada por un sobrino del matrimonio, invitado a pasar unos días en la propiedad. Nancy será ayudada por Rachel, la hija de Henry y Sapphira, quien tras quedar viuda de un congresista volvió de la ciudad para vivir en una casa cercana a la de sus padres, aunque entregada a la austeridad y a la ayuda desinteresada a las gentes más pobres de la región.
            
Es en la última parte de la novela cuando aparece más de lleno el tema de la esclavitud y la división entre favorables y contrarios a su existencia en la sociedad estadounidense, con el encontronazo definitivo entre ambas tendencias durante la guerra civil que asoló el país entre 1861 y 1865. También se muestran las redes de huida de los esclavos negros, en este caso desde Virginia hasta Canadá. En un giro narrativo final, el relato da un salto de veinticinco años y pasa de un narrador omnisciente en tercera persona a otro en primera, que parece ser la propia autora situada en sus años de infancia.
            
Willa Cather tiene una gran habilidad en la creación de los personajes, sobre todo los femeninos, que acostumbran a tener mayor presencia y protagonismo en sus narraciones. En un estilo sobrio y sencillo, suele construir relatos lineales de corte realista con cierta penetración psicológica y uso frecuente de la elipsis, para que el lector rellene con su imaginación los espacios vacíos que van dejando sus historias.
            
Aunque ambientada en gran medida en el siglo XIX, la obra de Willa Cather no sólo no ha envejecido, sino que sigue teniendo una gran vigencia literaria en la actualidad. Así lo demuestra el interés de varias editoriales españolas por publicar en los últimos años sus novelas en nuestro país. Algunos lectores agradecemos su descubrimiento y seguimos explorando el interesante filón que supone la obra literaria de esta magnífica escritora norteamericana.

Carlos Bravo Suárez