Licenciada
en Filosofía y Ciencias de la Educación y en Psicología, Inma Pelegrín (Lorca, 1969) había publicado
hasta ahora siete libros de poesía: “Trapos sucios” (2008), “Óxido” (2008), “Universo
improbable” (2009), “Cuestión de horas” (2012), “Error de cálculo” (2016), “Todas
direcciones” (2020), y “La teoría de las cosas” (2022). Cinco de ellos
obtuvieron importantes premios literarios en el ámbito nacional e
internacional. Con su primera novela, “Fosca”, la escritora murciana se ha
revelado también como una magnífica narradora y ha ganado el Premio Lumen 2025.
“Fosca”
es una novela rural que transcurre en unos pocos días y está ambientada en un
pequeño pueblo murciano, cuyo nombre no se cita en ningún momento del libro.
Aunque sí hay referencias geográficas a poblaciones como Águilas o Almendricos,
al río Guadalentín o al pico de la Almenara. Tampoco hay en la novela referencias
cronológicas concretas, pero la autora dice haberse inspirado en recuerdos de
su infancia. En cualquier caso, se desarrolla en un ámbito rural atrasado y
pobre, sin agua corriente en las casas y con un solo teléfono público en el
pueblo. Donde las porquerizas (“cebaderos” en el léxico rural murciano) de los
cerdos están contiguos a las viviendas, separados de ellas por una pared, por
lo que “por más que te laves en el barreño y te des con jabón de sosa, la peste
a marrano se te queda entrapizada en la piel”. La religión tiene una presencia
muy importante y a los fallecidos se les vela en su propia casa durante toda la
noche anterior a su funeral en la iglesia y a su entierro en el cementerio
local. Los roles familiares están muy marcados: el padre ejerce una autoridad
severa sobre los hijos y la madre se muestra más compasiva con ellos y es
esclava de las labores domésticas.
El
principal personaje de “Fosca” es Gabriel (Gabi), narrador en primera persona,
un niño con una sensibilidad especial, lleno de verrugas en las manos y con
dificultad para retener el rostro de las personas a las que ve. Una enfermedad
que ha heredado de su abuelo y que se llama prosopagnosia, que la propia Inma
Pelegrín dice padecer. Vive con sus padres, a quienes siempre llama Padre y
Madre, y sus tres hermanos (Miguel, Rafa y Serafín). “Tampoco me ayuda, para
aclararme con mi lío de las caras, tener tres Hermanos que se llevan menos de
un año, del mismo tamaño y que se intercambian la ropa. Dos de ellos,
melguizos. Entre los cuatro nos llevamos tres años en total y yo soy el
pequeño”. Los hermanos se burlan con frecuencia de Gabi, al que, desde una
masculinidad mal entendida y propia de la época, consideran afeminado, débil y
enfermizo, y lo envidian por creerlo el favorito y protegido de su madre. Gabi
está siempre acompañado por la perra Sombra, cuya inesperada muerte le
producirá una honda pena y una obsesión, con deseos de venganza, por descubrir
quién pudo acabar con su vida. Otro personaje muy presente en el libro es
Marcela, una mujer que vive sola y en cuyos remedios naturales de curandera la
gente del pueblo tiene una fe inquebrantable.
Un
elemento fundamental de la novela es el lenguaje. Inma Pelegrín mezcla un
lenguaje poético con otro coloquial y popular, entreverado de localismos
murcianos (lorquinos para ser más concretos). La palabra “fosca” que da título
al libro se refiere a la calima de origen africano que cubre el cielo murciano
en los días de calor bochornoso y sofocante. Así lo explica el narrador: “Hoy
nos espera otro día de fosca. […].En días como este no se ve el sol. Sabes
dónde está porque ves la claridad refulgir detrás de una sopa marrón, pero no
se distingue. El cielo se pone pardo y las montañas, que normalmente se ven
clarísimas, apenas se reconocen. Es la tierra del desierto que viene con el
aire. Llega desde muy lejos porque el desierto está en África. La arenas nos
cubre y se mete en todos lados”. También se usa varias veces la palabra
“tolvanera”, para referirse a los remolinos de polvo o arena frecuentes en los
días de fosca, una falta de claridad que parece envolver a toda la realidad
descrita en la novela. Lenguaje y paisaje, árido y pobre, tienen gran
protagonismo y estrecha relación en el relato.
“Fosca”
se inscribe en la narrativa rural, tan presente en la tradición literaria
hispana y revitalizada en los últimos años. El propio jurado del Premio Lumen
ha destacado la “mezcla de la tradición española con una novela moderna” en el
texto premiado, en el que pueden encontrarse “ecos que van de Ana María Matute a
Jesús Carrasco”. También se destaca su condición de thriller rural, aunque,
como descubrirá el lector, se trate de un thriller muy atípico y fuera de los
estándares más modernos del género. Podríamos hablar también de una novela de
iniciación en la que, en un ambiente muy opresivo, “un chico dotado de una
sensibilidad especial debe aprender a defenderse en un entorno claustrofóbico y
hostil”. Lola Larumbe, miembro del jurado, resume muy bien la esencia de esta
novela: “Fosca tiene un brillo muy especial. Es una novela hermosa y a la vez
cruel. Es antigua y moderna. Las palabras están esculpidas una a una. Es breve,
pero muy impactante, muy estremecedora por esa labor de condensación. Inma
Pelegrín sabe muy bien que la poesía es pura esencia, y Fosca lo es”. Una novela
muy recomendable.
“Fosca”.
Inma Pelegrín. Lumen. 2025. 192 páginas

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