domingo, 10 de abril de 2016

DOS NOVELAS DE ROBERT WALSER


“Jakob von Gunten” y “El paseo”. Robert Walser. Siruela. 2015 (5ª edición) y 2014 (11ª edición). 128 y 80 páginas.

Entre las muchas lecturas que uno tenía pendientes desde hacía tiempo estaba la del escritor suizo Robert Walser (1878 – 1956). Aprovechando las pasadas vacaciones, unidas a un periodo de reposo obligatorio, he leído dos de sus novelas más conocidas: “Jakob von Gunten” y “El paseo”. Descubierto en nuestro país por Carlos Barral en los años setenta del pasado siglo, fue editado por Pre-textos y Alfaguara antes de la recuperación más reciente de su obra llevada a cabo por la siempre exquisita editorial Siruela, que ha publicado un buen número de sus libros en las últimas décadas. Robert Walser escribía en lengua alemana y las ediciones de Siruela de “Jakob von Gunten” y “El paseo” están respectivamente traducidas al español por Juan José del Solar y Carlos Fortea.

Robert Walser es un escritor singular y diferente, posiblemente sin paragón en la literatura europea contemporánea. En sus inicios fue admirado y citado por figuras destacadas de las letras como Franz Kafka (que al parecer lo leía en voz alta), Robert Musil o Walter Benjamin. Tras un largo periodo de olvido, algunos autores modernos, como Elias Canetti, W. G. Sebald, J. M. Coetze (“El genio de Robert Walser”) o el español Enrique Vila-Matas, han reivindicado la fuerza de su prosa y reconocido su influencia. La vida de Walser también fue singular y distinta. Nacido en la pequeña ciudad suiza de Biel, dejó pronto la escuela y abandonó la casa paterna a los 17 años. Ejerció diversos trabajos, incluso el de criado, y logró publicar, sin demasiado éxito, algunos libros, textos teatrales y poemas. Vivió algún tiempo en Berlín, donde su hermano destacó como pintor e ilustrador. Entre 1907 y 1909 escribió los que son posiblemente sus mejores libros “Los hermanos Tanner”, “El ayudante” y “Jakob von Gunten”. Regresó a Suiza para recuperarse de una depresión y se instaló en Berna. En 1929 entró en una clínica psiquiátrica cercana a la capital suiza y en 1933, después de sufrir sucesivos episodios de alucinaciones auditivas y ataques de ansiedad, ingresó voluntariamente en el sanatorio de Herisau, en cuyos alrededores murió el día de Navidad de 1956, de un ataque al corazón que lo dejó fulminado sobre la nieve tras uno de sus habituales y solitarios paseos.

Robert Walser escribió “Jakob von Gunten” en 1909 y siempre lo consideró el mejor y el más querido de sus libros. También es posiblemente el de contenido más polémico. Se trata de una novela corta en la que se narra el breve paso del personaje que le da título por el extraño Instituto Benjamenta, apellido de los dos hermanos -un varón y una mujer- que lo regentan. Allí apenas hay profesores y la enseñanza que se imparte consiste básicamente en inculcar a los muchachos paciencia y obediencia para convertirlos en futuros sirvientes. Jakob, un chico despierto y atractivo, describe a sus compañeros y su ambigua y cada vez más intensa relación con los dos hermanos propietarios de la academia. Walser presenta unos personajes que huyen del éxito y del pensamiento. Su aspiración es obedecer y rechazar rotundamente cualquier amago de notoriedad. Las ideas defendidas por el personaje son las mismas que el escritor defendió a lo largo de su vida. Las ha definido muy bien Jesús Fernández en su espléndido artículo “Robert Walser, el poeta que prefería ser nadie”.

No puedo extenderme mucho más en este artículo, por eso transcribo aquí varias ilustrativas frases del libro, aunque nada mejor que leerlo entero para poder juzgarlo con propiedad. “Nosotros, los alumnos, no esperamos nada, es más, nos está terminantemente prohibido albergar esperanzas en nuestro corazón, pese a lo cual vivimos muy alegres y tranquilos”. “De algo estoy seguro: el día de mañana seré un encantador cero a la izquierda”.”Los tontos están hechos para llegar lejos, para escalar, vivir bien y mandar, mientras que quienes, como yo, son en cierto sentido inteligentes, han de tolerar que sus propios talentos florezcan y se marchiten al servicio de otros. Yo, seré algo muy humilde o pequeño”. “Cuando los hombres empiezan a contabilizar éxitos y reconocimiento se ponen casi gordos de autosatisfacción saturadora, y la fuerza de la vanidad los va inflando hasta convertirlos en un globo irreconocible. ¡Libre Dios a un hombre honrado del reconocimiento de la masa! Si no lo vuelve malo, sólo servirá para confundirlo y quitarle fuerzas”. O ese afán por dejar la mente en blanco que se resume en ese definitivo “Dios está con los que no piensan”.

“El paseo” es un relato breve que Walser escribió en 1917. Es un texto en primera persona, y en constante diálogo con el lector, en el que, con una mezcla de solemnidad e ironía cargada de crítica social a las prisas, la hipocresía y el afán de aparentar de la modernidad, se cuenta un paseo de unas horas por una pequeña población suiza. El narrador, escritor pobre mantenido por los donativos anónimos de algunas admiradoras, se defiende así de quienes critican su permanente deambular ocioso: “Pasear me es imprescindible, para animarme y para mantener el contacto con el mundo vivo, sin cuyas sensaciones no podría escribir media letra más ni producir el más leve poema en verso o prosa. Sin pasear estaría muerto, y mi profesión, a la que amo apasionadamente, estaría aniquilada”.

Robert Walser es un escritor distinto, ambiguo, con una personalidad que hoy veríamos como provocadora por inusual y un pensamiento lleno de claroscuros, sin el más mínimo afán de notoriedad ni interés alguno por obtener el reconocimiento de los demás. Aunque sea en parte traicionar sus deseos, en este año en que se cumple el sesenta aniversario de su muerte, nada mejor que leerlo para conocer de primera mano su singular obra literaria.

https://lecturassumergidas.com/2014/07/30/tras-los-pasos-de-walser-y-demas-caminantes_/

Carlos Bravo Suárez

domingo, 3 de abril de 2016

FRANCAMENTE, FRANK



“Francamente, Frank”. Richard Ford. Anagrama. 2015. 229 páginas.

Después de su estupenda novela “Canadá”, que reseñamos aquí el año pasado, Richard Ford (Jackson, Mississippi, 1944) ha publicado recientemente un nuevo libro cuyo titulo original en inglés es “Let Me Be Frank With You”, que en español, haciendo un fácil juego de palabras, ha sido traducido como “Francamente, Frank”. En él, el destacado escritor estadounidense ha recuperado a su personaje Frank Bascombe (protagonista de su famosa trilogía compuesta por “El periodista deportivo”, “El Día de la Independencia” y “Acción de gracias”), convirtiéndolo en narrador de esta nueva entrega narrativa, editada como siempre en nuestro país por Anagrama y con la traducción de Benito Gómez Ibáñez.

“Francamente, Frank” está compuesto por cuatro relatos ambientados a finales de 2012, inmediatamente después de que el huracán Sandy devastara buena parte de la costa atlántica estadounidense. Las cuatro narraciones breves están protagonizadas, y narradas en primera persona, por un Frank Bescombe, ahora con sesenta y ocho años y ya jubilado, que nuestra su escéptico desencanto solitario, nunca convertido sin embargo en pesimismo y amargura, con equilibradas dosis de ironía y humor negro y con la lucidez distante que suele proporcionar el paso de los años. Bescombe, que escribió un libro y fue periodista deportivo durante un tiempo, trabajó como vendedor de casas antes de jubilarse y ahora dedica parte de su tiempo a leer textos para ciegos en una emisora de radio y a ayudar cada semana a los soldados americanos que regresan de alguna de las lejanas guerras del imperio y que, a su vuelta, corren el riego de caer en la depresión y el suicidio. Frank, después de hacerlo en otros lugares, vive ahora en una zona residencial de Haddam, en Nueva Jersey, con su segunda esposa Sally, que se dedica a tareas humanitarias de ayuda a los afectados por el reciente huracán. Antes se divorció de su primera esposa Ann, con la que tiene dos hijos que se ganan ya la vida por su cuenta. Otro hijo de ese primer matrimonio murió joven, de una manera prematura, inesperada y dolorosa.

En “Frankamente, Frank” encontramos a un Bascombe sabedor de que entra en el último tramo de su vida e intenta mantener la serenidad ante la proximidad de las enfermedades y, en última estancia, de la inevitable muerte. Consciente de que solo se conoce bien aquello que ya se ha vivido y que la vida ya no es otra cosa que superar sucesivos fracasos que dejan momentáneamente el horizonte despejado de obstáculos para poder dar algunos pasos más. A determinada edad, la vida ya no es sino una continua mengua. “La vida se reduce a una sustracción gradual, tendente a una esencia más sólida, más cercana a la perfección”. Ya no se trata de hacer uno lo que quiere, sino de intentar no hacer lo que no se quiere. Además, como vemos progresivamente en los cuatro relatos del libro, la enfermedad va haciendo estragos entre muchos seres conocidos y próximos. Pese a ello, Frank mantiene su sentido del humor y no pierde ocasión para mostrar sus posiciones políticas favorables a Obama, al menos al de sus inicios como presidente, y su rechazo y mofa de las posiciones republicanas y conservadoras.
En “Aquí estoy yo”, relato que abre el libro, un antiguo amigo cita a Frank para ver cómo ha dejado el huracán Sandy, que parece haberse unido a la recesión anterior, la casa cercana al mar que éste le vendió hace unos años. En “Todo podría ser peor”, Frank recibe en su casa de Haddam la extraña visita de una misteriosa mujer negra (“la gente negra soporta una pesada carga tratando de comportarse normalmente”), que le cuenta que allí tuvo lugar una terrible tragedia que marcó para siempre su vida. En “La nueva normalidad”, Frank viaja en vísperas navideñas para hacer una visita a su primera mujer, que se encuentra internada en una moderna y desnaturalizada residencia para personas que sufren la enfermedad de Parkinson. Y, en “Muerte de otros”, la visita es a un antiguo amigo de la infancia que se halla hundido en la antesala de la muerte, aniquilado por un rápido y destructivo cáncer de páncreas.

No sé cuánto hay de alter ego de Richard Ford en el Frank Bascombe que narra estas cuatro magníficas historias y que es consciente de empezar a recorrer el que será ya el último tramo de su vida. Bascombe/Ford lo hace con dignidad y elegancia y, desde luego, desde el punto de vista literario, con una enorme maestría. También en materia de escritura, la sustracción de los años parece conducir al autor a una esencia bastante cercana a la perfección.

Carlos Bravo Suárez


domingo, 27 de marzo de 2016

EL ADVERSARIO



“El adversario”. Emmanuel Carrère. Anagrama, Panorama de Narrativas (2000) y Anagrama Compactos (2013, 214 y 2015). 176 páginas.

El pasado año reseñé aquí “El Reino”, el último y aclamado libro de Emmanuel Carrère (París, 1957). En él, el escritor francés hacía referencia, entre otras obras suyas anteriores, a “El adversario”, cuya edición original española data del año 2000, pero que Anagrama ha reeditado por tres veces en los años 2013, 2014 y 2015 en su Colección Compactos de bolsillo. De “El adversario” se hizo también en Francia una película, dirigida por Nicole García en 2002. Como, a pesar de su éxito y repercusión, todavía no había leído el libro, lo he hecho recientemente en la última edición compacta de Anagrama, con traducción del francés de Jaime Zulaika, y su lectura me ha resultado de lo más intensa y absorbente. Un libro realmente impactante y, sin duda, y desde todos los puntos de vista, muy recomendable.

Como ocurre en otros libros suyos, “El adversario” no es una obra de ficción y no puede por tanto considerarse estrictamente como una novela. El libro tiene como punto de partida unos terribles y espeluznantes hechos reales. El 9 de enero de 1993, Jean-Claude Romand mató primero a su mujer y a sus dos hijos en su propia casa y, después, a sus padres en la casa de estos. Volvió más tarde a su hogar familiar y, tras permanecer un rato en presencia de los tres cadáveres, prendió fuego al edificio con él en su interior. Aunque sufrió algunas quemaduras de importancia, Romand sobrevivió al incendio, confesó su crimen y fue juzgado y posteriormente condenado a cadena perpetua. Se descubrió que desde su juventud era un mentiroso compulsivo y un impostor. Todos, incluida su mujer y sus padres, lo creían un importante médico de la OMS en su sede de Ginebra. Con argucias, y debido a la confianza y admiración que despertaba entre los suyos, iba consiguiendo el dinero suficiente para poder llevar una vida acorde con el supuesto alto estatus profesional que ostentaba. En los últimos tiempos, tenía una amante a la que colmaba de caros regalos y a la que también engañó, usando en su provecho el dinero que ella le había confiado para lograr un mejor rédito bancario. Cuando todo estaba a punto de descubrirse, no soportó que su familia conociera su impostura y la mató con frialdad y alevosía. Su amante se libró por muy poco de convertirse en otra víctima mortal suya. Tras conocer el caso por los medios de comunicación, el escritor Emmanuel Carrère se interesó por el asunto, contactó con Romand y solicitó y logró entrevistarse con él en la cárcel. De esa experiencia, contradictoria y extrema, nació “El adversario”.

El libro empieza de manera algo engañosa dando protagonismo, tras una breve primera página narrada en primera persona por el propio Carrère, a Luc Ladmiral, uno de los mejores amigos de Jean-Claude Romand. Ladmiral acaba de descubrir las muertes atroces de la familia de Romand y tarda un tiempo en entender y asimilar que su amigo es el responsable de esa incomprensible barbarie. Tras ese corto capítulo íntegramente en tercera persona, el propio escritor Emmanuel Carrère recupera la primera persona y toma el timón de la narración hasta el final del relato.

“El adversario” deviene así un libro híbrido entre la investigación de unos hechos monstruosos y el intento de penetración psicológica en la mente del asesino y en las causas que ocasionaron su espantoso crimen. Además, es también una crónica de la relación personal del escritor con el asesino y de la vida que lleva este en la cárcel tras los crímenes cometidos y la completa impostura que supuso su vida anterior. Hay momentos en que la personalidad de Romand parece atraer en exceso a Carrère, que puede dar muestras de caer tal vez en una inquietante ambigüedad. El verdadero motivo que mueve al escritor queda explicado, antes de mostrar hacia él su compasión, en la primera carta que dirige al asesino al inicio del libro: “Me gustaría que comprendiese que no me dirijo a usted movido por una curiosidad malsana o por el gusto del sensacionalismo. Lo que usted ha hecho no es, a mi entender, la obra de un criminal ordinario, ni tampoco la de un loco, sino la de un hombre empujado hasta el fondo por fuerzas que le superan, y son esas fuerzas terribles las que yo desearía mostrar en acción”.

No tengo yo muy claro que esas fuerzas terribles e incontroladas no fueran otras que las de la impostura y el querer vivir por encima de sus posibilidades, aprovechándose de la buena fe que despertaban en los otros sus buenas y cuidadas maneras. Y que el asesinato de sus familiares, antes de que ellos descubrieran su mentira, no fuera otra cosa que una enorme cobardía y una abyecta e imperdonable vileza. Porque no vamos a creer que ese adversario al que se refiere el título del libro fuera una fuerza satánica como en algún momento parece insinuar el autor del libro. En cualquier caso, cada lector extraerá sus propias conclusiones tras la lectura de una historia cuyo contenido resulta, eso sí, absolutamente excepcional y escalofriante.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 20 de marzo de 2016

COLGANDO DE UN HILO

  “Colgando de un hilo”. Dorothy Parker. Lumen. 2015. 200 páginas.

Dorothy Parker (Nueva Jersey, 1893 – Nueva York, 1967) fue una figura femenina muy destacada y singular del pasado siglo XX. Mujer culta, ingeniosa, inteligente y polifacética, cultivó una escritura cáustica y mordaz, de pluma ágil y lengua afilada (“Lo primero que hago por la mañana es lavarme los dientes y afilar la lengua”) y destacó como periodista, poeta, guionista de cine, dramaturga y cuentista. Colaboradora asidua de importantes revistas y publicaciones neoyorquinas, la película “La señora Parker y el círculo vicioso”, dirigida en 1994 por Alan Rudolph y protagonizada por Jennifer Jason Leigh en el papel de Dorothy, contribuyó, aunque tal vez de una manera no absolutamente fiel, a dar a conocer su faceta más social y literaria.

En España su obra escrita no es demasiado conocida y, pese a que su poesía todavía permanece inédita, la editorial Lumen ha ido publicando en los últimos años casi toda la obra narrativa de la escritora estadounidense. La más reciente de estas publicaciones es “Colgando de un hilo”, una colección de quince relatos breves, publicados originariamente en diversas revistas norteamericanas entre 1926 y 1957, aunque la mayoría date de los años veinte y treinta del pasado siglo. En la edición española de Lumen aparecen tres traductores (Jordi Fibla, Celia Filipetto y Carmen Francí) y es Simone Massoni quien ilustra el libro con unos elegantes dibujos de trazo fino.

El tema predominante en los cuentos de “Colgando de un hilo” es el amor de pareja, casi siempre desde la perspectiva de una mujer, desde un punto de vista femenino pero en absoluto feminista, al menos tal como hoy se entiende este manido término. Los relatos contienen muchos diálogos de un hombre y una mujer, alguno también entre dos mujeres, introducidos brevemente con gran economía de lenguaje, por medio de cuatro trazos que dibujan a los personajes antes de que estos comiencen a conversar: “El joven del esmoquin de corte elegante cruzó la atestada sala y se detuvo delante de la joven vestida de encaje verde y lo que tal vez fueran perlas”.

Con sarcasmo y acidez, Dorothy Parker retrata a la burguesía neoyorquina de los años veinte y treinta del pasado siglo para mostrarnos en algunos de estos cuentos el lado más oscuro de la vida urbana de ese periodo. El teléfono, y de ahí el título de esta colección, adquiere, como herramienta de comunicación entre los enamorados, una importancia capital en muchos de estos relatos. En el de inicio, encontramos el monólogo interior de una mujer que está esperando ansiosa junto al teléfono la llamada del hombre al que ama. Un teléfono fijo, por descontado, en una época en que ni siquiera se sospechaba la existencia futura del actual y compulsivo móvil. Otro elemento muy frecuente en estas narraciones es la bebida. Muchos personajes son asiduos a ella y, aunque hablan de dejarla, está claro que no tienen voluntad suficiente para hacerlo. A pesar de que esas narraciones se ambientan en parte en los años de la ley seca, el alcohol empapa a algunos de los personajes que conversan en los bares bebiendo una copa tras otra. También los celos y la desconfianza entre las parejas están muy presentes en estos cuentos. Los problemas de amor que, como dice uno de los personajes femeninos, pueden verse como “tonterías de una jovencita o como la peor angustia de la humanidad”. Mujeres enamoradas que crean un mundo de ficción pensando en que serán correspondidas, cuando en muchos casos el varón no alberga en absoluto esa intención de reciprocidad. A veces la chica se aferra a lo que le ha dicho en plena borrachera el hombre al que ama y que este ha olvidado una vez sereno; en otras ocasiones, la mujer inventa amantes jóvenes para intentar dar celos al hombre que le cuenta la atracción que siente por alguna muchacha nueva. Salvo algún cuento como el titulado “La liga”, en el que una mujer está sola en una fiesta porque se la ha roto la liga y se le va a caer si se levanta, situación que no parece que pueda darse en la actualidad, la mayoría de estos relatos refleja unas constantes en las relaciones amorosas que, aunque hoy tal vez algo transformadas, responden a los miedos y alegrías que el amor siempre genera en las personas que lo sienten: la necesidad de amar y ser amado, la soledad y el ansia que corroen al enamorado, las dudas e inseguridades, los celos y los miedos, las palabras expresamente hirientes, los malentendidos, la impaciencia o el deseo.

Aunque, según los expertos en su obra literaria, faltan en esta selección dos de sus mejores relatos (“Arreglo en blanco y negro” y, sobre todo, “Una rubia imponente” o “La gran rubia”, que Augusto Monterroso incluyó en su “Antología del cuento triste”), los cuentos que componen “Colgando de un hilo” son una magnífica manera de introducirse en la narrativa breve de esta singular escritora estadounidense del pasado siglo. Y sirven para conocer, de la mano de su mordaz y afilada pluma, algunas de las luces y las sombras que rodean a la condición femenina y a la pasión amorosa.

Carlos Bravo Suárez


domingo, 13 de marzo de 2016

PUERTO ESCONDIDO

               
               “Puerto escondido”. María Oruña. Destino. 2015. 432 páginas.

”Puerto escondido” es la segunda novela de la abogada y escritora María Oruña (Vigo, 1977). Si en 2013 autopublicó “La mano del arquero”, un libro de contenidos jurídicos con hechuras de novela, en 2015 la importante editorial Destino publicó su segunda obra, “Puerto escondido”, una novela que se ha convertido en un considerable éxito gracias, en buena medida, al efecto boca-oreja entre sus lectores.

“Puerto escondido” es una novela negra y de misterio que transcurre íntegramente en Cantabria, recorriendo algunos de los lugares más bellos y atractivos de esa región, desde Suances a Comillas, pasando, entre otras localidades, por la monumental y pétrea Santillana del Mar, cuna de la nobleza santanderina. La geografía, fiel a la realidad en esta obra de ficción, constituye uno de los atractivos de la novela. La autora, nacida en Galicia pero de padre cántabro y veraneante desde la infancia en esa comunidad, muestra su conocimiento del magnífico marco geográfico en que ambienta su narración y lo convierte en un protagonista más de su relato. Se ha comparado a “Puerto escondido” con la “Trilogía del Baztán”, y a María Oruña con Dolores Redondo, y uno de los paralelismos entre las obras de ambas escritoras es, sin duda, la importancia que las tierras cántabras y los valles navarros tienen respectivamente en sus narraciones.

La historia comienza cuando el joven inglés Oliver Gordon, tras una fallida relación sentimental, llega a Suances para ver cómo van las obras de Villa Marina, una vieja casona colonial y antiguo hotel, situada junto a la playa, que ha heredado de su madre española, muerta después de ser atropellada por un borracho en un desgraciado accidente, y que él pretende reformar. Nada más llegar Oliver a Suances, los obreros descubren entre los muros de la casona el cadáver de un bebé, que parece haber sido allí emparedado décadas atrás y junto al que se ha encontrado la extraña figura de una antigua deidad mesoamericana precolombina. A los pocos días, y aparentemente relacionados con este caso, se producen dos misteriosos asesinatos en la zona. El caso será investigado por la Unidad Orgánica de la Policía Judicial de la Guardia Civil y el mando de las operaciones va a recaer sobre la teniente Valentina Redondo, cuyo apellido parece un claro homenaje o guiño a la autora de la antes citada “Trilogía del Baztán”.

En la investigación de los hechos irá creciendo el enredo, creando una compleja trama que parece difícil de desentrañar. En ella encontraremos a antiguas familias nobles de la Cantabria de siempre, a criadas y pescadores, antiguos maquis y hasta a las monjas clarisas de un tranquilo convento donde se restauran obras de arte. Al final, y tras una trepidante y absorbente intriga, todo acaba cuadrando y todas y cada una de las piezas encajan en una bien construida trama narrativa que no deja ningún cabo suelto en su resolución.

Como ocurre últimamente con frecuencia, “Puerto escondido” tiene una estructura narrativa binaria, con dos narraciones paralelas que se van alternando a lo largo de la novela. Junto a la historia presente de muertes e investigación, se van intercalando fragmentos de un diario anónimo, cuya autoría solo se revelará al final del libro, y que abarca desde los sangrientos y trágicos días de la Guerra Civil hasta el presente, pasando por los duros tiempos de la posguerra en los que la supervivencia de los socialmente más desfavorecidos no era tarea fácil. Al final, ambos relatos confluyen, y contribuyen a desvelar una trama que ha tenido sobre ascuas al lector a lo largo de más de 400 páginas.

El gran éxito obtenido por esta novela, a la que se podría denominar con ambigüedad explícita como un verdadero “novelón”, la hace sin duda candidata a una posible adaptación cinematográfica no muy lejana. Se anuncia también que María Oruña está preparando otra novela que, aunque en principio independiente en su trama, tendrá los mismos personajes que “Puerto escondido”. Quedamos a la espera.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 6 de marzo de 2016

EL CASO SANTAMARÍA


          “El caso Santamaría”. Andrea Camilleri. Destino. 2016. 192 páginas.

Andrea Camilleri (Porto Empedocle, Sicilia, 1925) es guionista de cine, director de teatro, realizador de televisión y, sobre todo, escritor con una larga trayectoria literaria que incluye más de cien novelas. El autor italiano es un referente del género negro europeo, conocido principalmente por su serie de novelas (más de treinta) protagonizadas por el comisario Montalbano. De vez en cuando, Camilleri aparca a Montalbano y escribe narraciones con otros protagonistas. Así, el año pasado se publicaron en España la novela “La banda de los Sacco” (Destino), que reseñamos en esta sección, y el conjunto de relatos “Mujeres” (Salamandra) y, ya en este 2016, ha aparecido en nuestro país, editada también por Destino, su última novela “El caso Santamaría”, traducida al español por Juan Carlos Gentile Vitale y publicada en Italia con el titulo original de “La relazione”.

“El caso Santamaría” ha sido calificado como un “thriller” político. Tal vez el título elegido para la edición española de la novela haga más hincapié en este aspecto de la narración que el original italiano, que parece poner más el acento en la relación entre el protagonista de la novela y la mujer que lo seduce con fines espurios. El personaje principal del libro es Mauro Asante, un hombre laborioso y honrado que trabaja en una agencia que supervisa el estado de las cuentas y los elementos de control de los bancos italianos. Durante el verano, y mientras su mujer y su hijo pasan las vacaciones en el campo, Asante permanece en su piso de Roma, situado en un palacete modernista del barrio de Prati, entregado a la conclusión del informe que se le ha encargado sobre el banco Santamaría. En esos días, comenzarán a ocurrirle algunos extraños hechos que, aunque en un principio parecen coincidencias o malentendidos sin relación entre sí, parecen encaminados a desprestigiarlo y apartarlo de la investigación sobre el estado financiero de la entidad bancaria que investiga. En esa sucesión de extraños sucesos, va a intervenir una hermosa joven llamada Carla, a la que parece haber conocido por un equívoco y que va a cambiar la vida y los sentimientos del hasta ese momento trabajador y fiel esposo Mauro.

“El caso Santamaría” es una novela corta pero intensa, que se lee sin aliento, en un suspiro. Con un ritmo vertiginoso y una intriga y un suspense que se mantienen sin altibajos hasta el final. La relación entre Mauro y Carla constituye el eje central del relato, una relación ambigua que puede hacer dudar por momentos al lector sobre su autenticidad y su verdadera naturaleza. El tema principal del libro son las armas diversas que con fines destructivos se pueden utilizar contra una persona para intentar arruinar su reputación y obtener unos determinados fines políticos y económicos. En estos tiempos en que los medios de comunicación tienen un papel tan preponderante, cualquier montaje con visos de realidad puede arruinar la vida de una persona respetable y honrada. Y para conseguir los fines que se persiguen, en esta ocasión apartar a Mauro del caso Santamaría, sirven todos los medios por monstruosos y repugnantes que puedan resultar.

A sus 85 años, Andrea Camilleri mantiene una lucidez y una actividad literaria portentosas. “El caso Santamaría” es una espléndida novela corta, absolutamente entroncada con la realidad social del momento, aunque transcendiéndola con dos personajes, Mauro y Carla, que constituyen auténticos arquetipos literarios y cinematográficos, muy presentes en la tradición de ambos géneros. Tengo pendiente la lectura de “Mujeres”, penúltima obra del escritor siciliano en nuestro país. Espero poder reseñarla aquí en fechas venideras. Y ojalá podamos disfrutar de muchas novelas más de este autor ya octogenario pero todavía en plenas facultades narrativas.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 28 de febrero de 2016

ADIÓS EN AZUL

                                        
“Adiós en azul”. John D. MacDonald. Libros del Asteroide. 2015. 240 páginas.

John MacDonald (Pensilvania, 1916 – Wisconsin, 1986) fue un prolífico y popular novelista estadounidense del pasado siglo, autor de casi ochenta novelas del género policiaco y de misterio. Entre su extensa producción narrativa, destaca la serie de veintiuna novelas protagonizadas por su personaje preferido, el detective privado Travis McGee. Algunas de sus obras han sido llevadas al cine, destacando la película “El cabo del miedo”, basada en su relato “The executioners”.

En el pasado siglo XX se editaron en España algunas de las novelas de MacDonald, casi todas en viejas ediciones de Bruguera hoy descatalogadas. A finales del pasado 2015, Libros del Asteroide editó en nuestro país “Adiós en azul”, con traducción de Mauricio Bach, la primera novela de la serie de Travis McGee, publicada originalmente en Estados Unidos en 1964 con el título de “The Deep Blue Good-by”. La misma editorial anuncia para este año la edición en español de “Nightmare in Pink”, la segunda novela con Travis McGee como protagonista. Por expreso encargo de su editor, las veintiuna novelas de la serie contienen el nombre de un color en su título; de esa manera cada una de ellas era más fácil de reconocer por sus numerosos lectores.

Como ya se ha dicho, “Adiós en azul” es la primera de las novelas de MacDonald cuyo protagonista es Travis McGee, un personaje al que el escritor estadounidense irá perfilando y haciendo envejecer a lo largo de 21 años, desde la década de los 60 hasta la de los 80. McGee es un detective peculiar, un “recuperador”, que vive en un barco atracado en la costa de Florida, ganado en una partida de póker, y que solo trabaja cuando los ingresos anteriores empiezan a escasear. Su especialidad es recuperar dinero o bienes robados y sus honorarios suponen la mitad de la cantidad que debe recuperar. McGee es joven, fuerte y tiene cierto éxito con las mujeres, pero bajo la apariencia de un play-boy mujeriego, se esconde un personaje sensible y solitario. En esta novela, aunque todavía le queda dinero de su caso anterior, no sabe negarse al requerimiento de Cathy, una joven mujer que le pide que la ayude a recuperar un supuesto y misterioso tesoro escondido por su padre que ha muerto en la cárcel. El padre fue piloto militar en la línea India–China, en la que participó una pequeña fuerza aérea estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Tras volver de la contienda el padre mató a un excompañero y fue encarcelado. Fue en la prisión donde lo conoció el taimado y retorcido Junior Allen, quien al salir de la cárcel consiguió seducir a Cathy, madre de un hijo y abandonada por su anterior marido. También Allen la abandona tras maltratarla, para reaparecer luego convertido en un nuevo rico como consecuencia de haber encontrado el tesoro que el padre de Cathy había escondido en un lugar desconocido. Junior Allen se va a convertir en el malo de la novela, y de seductor y astuto ladrón va a devenir en peligroso maltratador y asesino de mujeres. No será fácil para McGee dar con él e intentar recuperar lo que busca.

“Adiós en azul” es una buena novela negra, con un conseguido personaje central protagonista que cuenta la historia en primera persona; pero también con acción, suspense y unos cuantos interesantes personajes secundarios, casi todos ellos mujeres a las que la vida, aun siendo jóvenes, no ha tratado demasiado bien. La novela transcurre en las costas de Florida, en las cercanías de Miami, en días soleados y calurosos, con abundancia de barcos, bañadores, bikinis, cuerpos bronceados y botellas de bourbon.

Es posible que uno de los motivos de la reedición de “Adiós en azul” sea su reciente adaptación cinematográfica. La película, cuyo rodaje al parecer ya está terminado, será probablemente estrenada en Estados Unidos tras el verano. Dirigida por James Mangold,  con el actor Christian Bale en el papel del detective Travis McGee y con la presencia de Peter Dinklage, Rosamund Pike y Nicola Peltz en el reparto. Posiblemente cuando la película llegue a las pantallas españolas ya haya sido publicada en nuestro país la segunda de las novelas de la serie McGee, que esperemos sea tan entretenida e intensa como la primera.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 21 de febrero de 2016

MENTIRA

                                                          
                    “Mentira”. Care Santos. Edebé. 2015. 242 páginas.

Aunque Care Santos (Mataró, Barcelona, 1970) es licenciada en Derecho,  desde prácticamente su infancia ha mostrado una intensa pasión por la literatura que la ha llevado a convertirse en una escritora inquieta, prolífica y versátil. Ha publicado varias novelas para adultos (“El aire que respiras” y “Deseo de chocolate” son las dos últimas) y ejerce regularmente la crítica literaria en un importante suplemento cultural, pero destaca sobre todo como autora de numerosas narraciones para jóvenes lectores. En este género acaba de publicar “Mentira”, novela con la que ganó el Premio Edebé de Literatura Juvenil del pasado año 2015.

“Mentira” cuenta una historia de amor entre dos adolescentes. Xenia es una buena estudiante que quiere cursar la carrera de medicina para complacer a sus padres y está obligada para ello a obtener buenas calificaciones en el instituto. A través de un foro de lectura de internet, conoce a un chico que recomienda apasionadamente el libro “El guardián entre el centeno”, de J. D. Salinger. Xenia espera ansiosa las respuestas de su interlocutor virtual y se obsesiona con el misterioso joven, al que cada vez desea con más fuerza conocer personalmente. A partir de los pocos datos que el desconocido y hermético internauta le ha proporcionado, es ella quien, aun a costa de ver descender su rendimiento académico, se desplaza a la periferia de Barcelona para intentar localizar al muchacho. Enseguida descubrirá con decepción y rabia que son falsas las informaciones que él le ha dado. Abatida por el engaño, cuenta a sus padres la causa de su momentáneo hundimiento en los estudios y decide remontar de nuevo el vuelo. Cuando ya no lo esperaba, recibe un paquete que procede de un correccional de menores y que contiene la historia del joven Eric escrita por él mismo. En esa larga carta, explica su procedencia social y familiar y las causas que lo llevaron al castigo y al encierro que ahora padece. Conoceremos así el mundo de la delincuencia juvenil y los duros ambientes urbanos de la periferia de Barcelona, en los barrios azotados por el paro, la droga y la delincuencia que lindan con el aeropuerto de la ciudad, en El Prat de Llobregat. Y asistiremos a una historia de intereses y fidelidades que nos irá desvelando paulatinamente la verdadera y compleja personalidad del muchacho.

La novela está escrita en un estilo rápido y eficaz, que hilvana con fluidez los cortos capítulos que la componen. No hay en ella en ningún momento un narrador externo que intervenga, moralice u opine desde fuera; son los dos jóvenes quienes narran su propia historia en primera persona y sin intermediarios. Dos adolescentes de procedencia y extracción social opuesta. Ella, hija única de familia acomodada; él, de familia desestructurada y pobre,  obligado a vivir en los ambientes duros en los que se maneja un primo de más edad que lo protege, desempeñando en cierto modo la función del padre ausente. Sólo hay una cosa que une a Xenia y Eric, y que ha sido lo que los ha puesto en contacto: su mutua y apasionada afición a la lectura y a las bibliotecas. “A la gente que nos gusta leer, el mundo real nos da lo mismo. La única cosa que queremos es que nos dejen leer.”

Aunque tal vez contenga algunos tópicos del género juvenil de ambientes marginales, “Mentira” es una historia bien contada, que seguramente gustará bastante a la mayoría de los lectores jóvenes a los que va expresamente dirigida. Care Santos es experta en este género narrativo juvenil y se mueve en él como pez en el agua, con absoluta habilidad y destreza. Con esta novela, consigue de nuevo un buen retrato de unos determinados ambientes urbanos y construye un emotivo y sorprendente romance entre dos jóvenes que van a descubrir juntos, y de una manera inesperada, ese hermoso, absorbente y a veces contradictorio sentimiento al que llamamos amor.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 14 de febrero de 2016

FARÁNDULA

                                       
“Farándula”. Marta Sanz. Anagrama. 2015. 240 páginas.

Marta Sanz (Madrid, 1967) es una de las voces más destacadas de la literatura española actual. Doctora en Filología, autora de once novelas, un par de poemarios y el reciente ensayo “No tan incendiario” (Periférica, 2014), ha recibido diversos premios y ha desarrollado una activa y fecunda carrera en diferentes apartados del mundo de las letras como la edición o la crítica literaria. Su revalorada novela “Lección de anatomía”, publicada en 2009 por RBA, ha sido reeditada recientemente por Anagrama, que ha publicado también “Farándula”, la última narración de la escritora madrileña con la que ganó el año pasado el prestigioso Premio Herralde de Novela.

Como puede deducirse de su título, “Farándula” es una novela protagonizada casi exclusivamente por  gente del espectáculo, actores y actrices de diferente pelaje y condición. Unos, como Natalia de Vicente o Manuel Valls, en la cima del éxito; aunque, en el caso del segundo, lejos de la tranquilidad profesional. Otras, como Valeria Falcón y, sobre todo Ana Urrutia, en el declive de su carrera o en una situación de abandono que roza la indigencia. “Farándula” es una novela ácida, de un realismo que mezcla la crítica y la ironía y que destaca las contradicciones, bajezas morales y verdaderos intereses de unos personajes que, además de al mundo del espectáculo, pueden representar a la sociedad actual en su conjunto. La búsqueda y la consecución del éxito que supone el enriquecimiento económico y la mejora de las condiciones de vida y el abandono de los que ya no sirven y quedan orillados en el abandono, el ostracismo y la miseria. Natalia de Vicente encarna el éxito asociado al atractivo físico y al lanzamiento a través de un reality show televisivo. Ana Urrutia, la vejez desamparada y triste tras una vida dedicada al teatro sin ambiciones pecuniarias ni preocupación suficiente por proteger su futuro. “La vida del cómico se caracterizaba por la trashumancia y la zozobra económica”.

Otro personaje interesante de la novela es Manuel Valls, autor español de éxito que vive en pleno centro de París, con su compañera Charlotte Saint-Clair, “una bróker filantrópica” que lo mima y lo cuida y desconfía de las visitas de su marido a Madrid y de sus viejas compañeras como Valeria Falcón. Valls encarna las actitudes contradictorias de un artista moderno que vive en el lujo parisino y firma manifiestos de contenido social contra el poder. Que rechaza pagar la pensión de la vieja Ana Urrutia y que al final se la lleva a su piso de París donde vive oculta en una habitación, odiada por Charlotte y al cuidado de una criada de la casa. Finalmente, el propio Valls será víctima fatal de sus propias contradicciones.

Una referencia muy presente en la novela es la de la película “Eva al desnudo” de Joseph L. Mankiewicz. Valeria Falcón y Natalia de Vicente interpretan a los dos principales personajes femeninos del film en una representación teatral de la misma que se ha montado en Madrid. Se establece un paralelismo entre las relaciones de las dos actrices en la película y en la novela, e incluso Lorenzo Lucas, el interesado novio de Natalia, se muestra como alter ego de Addison De Witt, el personaje interpretado por George Sanders en la pantalla.

La narradora del libro define así al final su oficio de escritora: “Yo no escribo para que nadie se reconozca en su parte inteligente, sino en su más abyecta y entrañable vulgaridad”. Y continúa: “Soy incapaz de salir de mí misma, y la escritura siempre es un modo del ensimismamiento y la autocompasión. La necesidad de hablar desde detrás de una celosía, para que nadie nos mire directamente a los ojos. Y así escribir siempre sería una renuncia. Un exilio. Una manera de fingir que quizá sale al encuentro del otro cuando en realidad rumia, digiere, regurgita, mastica, relame, traga, se nutre, defeca sus propias e intransferibles palabras.”

La farándula, como la define Ana Urrutia, es la síntesis de faralaes y tarántula. De adornos y venenos. De luces y sombras. Como la vida misma.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 7 de febrero de 2016

EL COMENSAL


“El comensal”. Gabriela Ibarra. Caballo de Troya. 2015. 176 páginas.

“El comensal” es la primera novela de Gabriela Ibarra (Bilbao, 1983). En ella, cuenta dos muertes de familiares distantes en el tiempo: el asesinato de su abuelo por ETA en la primavera de 1977 y la muerte de su madre por un cáncer galopante en 2011. Un año después de esta segunda pérdida, Gabriela Ibarra sintió la necesidad de investigar el asesinato de su abuelo y entrelazó ambos relatos en una novela corta, seca, directa, escrita sin la más mínima afectación ni cursilería, alejada de los tratamientos más habituales sobre la pérdida de seres queridos de algunas novelas editadas en nuestro país recientemente. Estos dos sucesos luctuosos son abordados aquí con absoluta neutralidad y casi con el tono aséptico de una crónica, narrados sin sentimentalismos superfluos ni subjetivismos morales que contaminen el relato desnudo y frío de los hechos.

Como escribe la propia autora en la nota previa, la novela es una reconstrucción libre de la historia de su familia. De la muerte de su madre y del rápido proceso destructivo de la enfermedad que la mató, fue ella testigo directo en primera línea; del asesinato de su abuelo, ocurrido antes de su nacimiento y silenciado ante ella por su familia durante su infancia, fue buscando información en internet y las hemerotecas. Pero no todo es autobiografía y documentación en “El comensal”, porque, así nos lo dice la escritora, “a menudo, imaginar ha sido la única opción que he tenido para intentar comprender”.

El primer episodio narrado en el libro es el secuestro en su propia casa, tortura y posterior asesinato de Javier de Ibarra por un comando de ETA en 1977. Ibarra fue un importante empresario y político vasco durante el franquismo, presidente del periódico El Correo Español–El Pueblo Vasco, presidente de la Diputación de Vizcaya entre 1947 y 1950, alcalde de Bilbao entre 1963 y 1969, miembro de la Real Academia de la Historia y autor de varios libros de temática vasca. La familia Ibarra pertenecía al núcleo principal de la burguesía del País Vaso que vivía en Neguri y era, como se dice en el libro, una de las diez o doce familias que coparon el poder político en Vizcaya hasta finales de los años setenta. La nieta narra la muerte de su abuelo con objetividad y distancia, sin opiniones personales ni digresiones morales de ningún tipo. Es tras la muerte de su madre cuando descubre la condición humana de los asesinos de su abuelo, cuyo asesinato siempre había considerado casi como una historial irreal o de ficción, y se asusta cuando pone cara a quienes lo mataron, descubre dónde viven y cómo cualquier persona en determinadas circunstancias puede llegar a considerar normal, e incluso un deber político, la destrucción del otro sin remordimientos.

El relato de la pérdida de la madre es la crónica del avance inexorable de la enfermedad hasta el desenlace final, que se precipita todavía antes de lo esperado y modifica la percepción de la muerte de la hija. “Antes de la muerte de mi madre yo vivía como si lo normal fuera morirse de viejo. […] Ahora creo que lo más corriente es morirse antes de tiempo, como mi abuelo Javier, o como mi madre. […] La muerte antes de tiempo es siempre violenta, irse joven lo es. Igual que partir de un disparo es siempre antes de tiempo. No importa la edad”.

Hay referencias a Robert Walser y a su libro “El paseo” y una cita del escritor suizo cierra “El comensal”: “Sería hermoso tener en el bosque una tumba pequeña y tranquila. Quizá oyera el canto de los pájaros y el susurrar del bosque sobre mí. Lo desearía”. Gabriela Ibarra ha escrito un bello libro sobre la muerte, para mirarla a la cara, saber que no es puede ser esquivada e intentar quitarle, en la medida de lo posible, dramatismo e importancia.


Carlos Bravo Suárez

domingo, 31 de enero de 2016

EL BAR DE LAS GRANDES ESPERANZAS


“El bar de las grandes esperanzas”. J. R. Moehringer. Duomo ediciones. Traducción de Juanjo Estrella. 2015. 460 páginas.
            
J. R. Moehringer (Nueva York, 1964) es un prestigioso periodista estadounidense cuyos trabajos como reportero han recibido diversos premios,  entre los que destaca el importante Premio Pulitzer de Periodismo que se le concedió en el año 2000. En 2005 publicó en Estados Unidos la novela “The Tender Bar”, que ha obtenido un gran éxito en todo el mundo y que en España fue publicada el año pasado por Duomo Editores con el título de “El bar de las grandes esperanzas” y magnífica traducción de Juanjo Estrella. En 2007 se estrenó la película “Resurrecting the Champ”, traducida al español como “El último asalto”, basada en un artículo periodístico sobre el exboxeador Bob Satterfield publicado por Moehringer en Los Angeles Times Magazine. En 2008, el tenista Andrea Agassi le encargó la redacción de su autobiografía, que se publicó con el título de “Open” y que en 2014 fue editada en España por Duomo y también traducida por Juanjo Estrella.
           
“El bar de las grandes esperanzas” es en buena medida una novela autobiográfica que, aunque dé un salto en el tiempo en sus últimas páginas, abarca fundamentalmente los primeros veinte años de la vida del autor. La historia transcurre en su mayor parte en Manhasset, una pequeña ciudad próxima a Nueva York, y el centro neurálgico en torno al que gira toda la novela es el bar Dickens, posteriormente rebautizado como Publicans. Desde muy pequeño, J.R. siente devoción por ese bar cercano a su casa donde trabaja un tío suyo y al que van sobre todo los hombres de su barrio y su ciudad. J.R. vive en la maltrecha casa de sus abuelos, con estos, sus primos y su madre. Su padre los abandonó hace unos años y apenas va a verlo, aunque el pequeño J.R. escucha a veces su voz a través de un programa radiofónico. A través del tío Charlie y sus amigos, el joven descubre la inicialmente atractiva carga de la masculinidad y el alcohol que envuelve a los clientes del Dickens. J.R. pasa alguna temporada en Arizona con su madre, consigue entrar en la importante universidad de Yale, empieza a trabajar como chico de las fotocopias en The New York Times y se enamora perdidamente de la atractiva Sidney, que solo le corresponde a ratos y nunca del todo ni en exclusiva. Tras sus fracasos y tropiezos, el joven siempre vuelve al Publicans, al calor de la camaradería masculina y al consumo cada vez más adictivo del alcohol. Al final, deberá alejarse de ese refugio que, a la vez que lo cobija y se convierte en el sustitutivo de su hogar y su familia, comienza a amenazar con destruirlo y convertirlo en un alcohólico. Porque, además, a la postre, descubre que “todas las virtudes que yo asociaba a la masculinidad –dureza, persistencia, determinación, fiabilidad, honestidad, integridad, agallas– las ejemplificaba mi madre” y que “beber es la única cosa que no se mejora con la práctica”. La conclusión es un retruécano: “Pensé que nosotros, antes, perseguíamos el Publicans, y que ahora el Publicans siempre nos perseguirá a nosotros”.
           
“El bar de las grandes esperanzas” es una gran novela, de las mejores que he leído últimamente. Por sus páginas, como por la infancia y juventud de su protagonista, desfilan multitud de personajes y se suceden las situaciones de iniciación y aprendizaje que van forjando la personalidad de J.R. Parece claro que el autor ha mezclado autobiografía y ficción para lograr una narración de enorme fuerza y solidez, en la que encontramos humor, intensidad,  sentimientos, emoción y pura vida a borbotones.

Carlos Bravo Suárez       


domingo, 24 de enero de 2016

SIETE CASAS VACÍAS

                                        
“Siete casas vacías”. Samanta Schweblin. Páginas de Espuma. 2015. 128 páginas.        
            
Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978) ha estudiado cine, se formó como escritora en diferentes talleres literarios bonaerenses y vive hoy transitoriamente en Berlín, como antes lo hizo, siempre con becas de residencias de escritura, en México, Italia o China. Con sus dos libros de cuentos, “El núcleo del disturbio” y “Pájaros en la boca”, y la novela “Distancia de rescate”, había recibido varios premios literarios que la destacaban como una de las principales promesas de la literatura actual en lengua española. “Siete casas vacías”, su último libro de cuentos, ganó el IV Premio de Narrativa Breve Ribera del Duero y parece confirmar las expectativas existentes sobre la escritora argentina. El libro ha sido recientemente editado en España por la magnífica editorial Páginas de espuma.
            
“Siete casas vacías” contiene siete cuentos breves. Uno de ellos, “Un hombre sin suerte”, ya publicado anteriormente, no figuraba entre los que ganaron el premio Ribera del Duero y sustituye a otro que no era tan del gusto de la autora. El jurado –del que formaron parte los escritores Pilar Adón, Jon Bilbao, Guadalupe Nettel, Andrés Neuman y Rodrigo Fresán como presidente–, valoró en “Siete casas vacías” “la precisión de su estilo, la indagación en la rareza y el perverso costumbrismo que habita sus envolventes y deslumbrantes relatos”. Según Rodrigo Fresán, “la narradora es una científica cuerda contemplando locos, o gente que está pensando seriamente en volverse loca.” Aunque independientes entre sí, podría decirse que hay algunos elementos comunes a todos o casi todos estos cuentos. Por un lado, serían las casas, la presencia de espacios cerrados y bien delimitados de los que los personajes pueden buscar por momentos salir o escapar aunque no siempre consigan hacerlo. Por otro, la presencia de unos personajes extraños, solitarios, víctimas de traumas o pérdidas irreparables, de miedos inconfesables, que transitan entre los bordes exteriores de la normalidad en clara dirección a la locura, con extrañas manías y comportamientos extravagantes, que conviven con otros personajes o con fantasmas del pasado que condicionan y desvirtúan su propio presente.
           
“Nada de todo eso” es el relato que abre el libro y posiblemente el mejor de todos ellos. Cuenta la historia de una madre que, acompañada de su hija, visita casas residenciales de las que se lleva algún objeto con más valor sentimental que material. En “Mis padres y mis hijos”, el divorciado narrador se avergüenza por una insólita y extraña presencia de sus pares y sus hijos ante la llegada a la casa de su exmujer y su nuevo marido. En “Para siempre en casa”, encontramos a un hombre, perturbado por el pasado, que tira continuamente la ropa de su hijo a la casa de sus vecinos. “La respiración cavernaria”, cuya protagonista es una mujer enferma y obsesionada, es el más largo y claustrofóbico de los relatos, tanto que lo reiterado de la situación vivida puede llegar a cansar en algún momento al lector. “Cuarenta centímetros cuadrados” incide en un comportamiento similar en la situación vivida ahora por la nuera y antes por la suegra, con la casa común como eje del relato. “Un hombre sin suerte” se aparta un poco de la temática general y nos presenta a dos hermanas que rivalizan por llamar la atención de los padres; la presencia de un pederasta, acechando a una de ellas al quedar sola, mantiene la tensión del relato. Cierra el libro “Salir”, otro cuento con la presencia de la casa y la necesidad no consumada de una mujer de escapar de ella y de la asfixiante relación que parece mantener con su marido.
            
Con una prosa afilada y directa, y también con notables influencias de escritores estadounidenses como John Carver y otros, Samanta Schweblin parece llamada a convertirse en un nuevo e importante eslabón de la ya larga y brillante tradición cuentista hispanoamericana.

Carlos Bravo Suárez
                 

domingo, 10 de enero de 2016

LOS DIARIOS DE EMILIO RENZI



“Los diarios de Emilio Renzi”. Ricardio Piglia. Anagrama. 2015. 360 páginas.

Ricardo Piglia (Adrogué, provincia de Buenos Aires, 1941) puede considerarse posiblemente como el más destacado de los escritores argentinos actuales. Autor de cinco novelas (las dos últimas –“Blanco nocturno” y “El viaje de Ida”– han sido reseñadas en esta sección) y numerosos cuentos y ensayos, Piglia ha trabajado como profesor en varias universidades argentinas y estadounidenses y también como crítico literario, editor y guionista de cine y televisión.

Ahora, acaba de publicar la primera parte de sus diarios, que lleva escribiendo desde los 16 años. En ellos vuelve a utilizar el nombre de Emilio Renzi, formado por su segundo nombre y su segundo apellido, y que con mayor o menor protagonismo ha aparecido como alter ego o como personaje en algunas de sus novelas y narraciones. El primer tomo de “Los diarios de Emilio Renzi”, que lleva el subtítulo de “Años de formación”, abarca la década de 1957 a 1967 y ha sido considerado por buena parte de la crítica más exigente como uno de los mejores libros publicados en español en el recién terminado 2015. Para este año 2016 que acaba de comenzar y para el próximo 2017, la editorial Anagrama anuncia la publicación en nuestro país del segundo y el tercer tomo, que completan estos diarios personales y llegan en su recorrido cronológico hasta prácticamente la actualidad.

Hay en estos magníficos cuadernos iniciales, escritos fundamentalmente entre Buenos Aires y La Plata, una diversidad de temas que giran en torno a uno fundamental: la voluntad del autor de ser escritor y su entrega incondicional a la literatura desde su juventud. Ahí están la génesis de sus primeros libros, sus muchas y variadas lecturas (sobre todo de autores argentinos y estadounidenses), sus trabajos como prologuista o en la selección de antologías, o sus ideas esbozadas para futuros cuentos y novelas. Y, además, están sus relaciones humanas más importantes: la estrecha relación con su abuelo, que le paga la carrera a cambio de su ayuda en la ordenación de sus recuerdos personales de la Primera Guerra Mundial en la participó por un motivo que no conocemos hasta el final del libro; su pronta independencia de sus progenitores, enemistado con su padre y distanciado físicamente de su madre; las sucesivas mujeres de las que se enamora y con las que vive; sus numerosas relaciones de amistad sobre todo vinculadas a la literatura, salvo la algo más peligrosa con el simpático ladrón Cacho; su ausencia de domicilio fijo y su precariedad laboral y permanente falta de recursos económicos en estos primeros años de formación y vocación definida. (“¿Hasta cuándo soportaré la incertidumbre de vivir al día?”)

El autor de estos diarios pretende a veces verse como un personaje desde fuera del texto y así Renzi y Piglia se desdoblan en dos voces que dialogan desde la tercera y la primera personas en el papel de narradores (“Me preocupa mi predisposición a hablar de mí como si estuviera escindido y fuera dos personas”). En cuanto al método de escritura de los diarios, así lo explica el propio escritor: “No hay preparación, súbitamente uno se sienta y escribe unas palabras sobre algo que ha sucedido o que recuerda o sobre algo que ha pensado, todo sucede en medio de la vida y de la acción, escribir un diario es establecer una pausa, una temporalidad propia, definida por las anotaciones cronológicas. Escribir al día es el único signo formal que identifica a un diario. Todo lo que se escribe ahí es verdad, es pacto pero, sin embargo, muchas veces uno escribe lo que cree que ha sucedido y la realidad puede desmentirlo”. Hay al final algún sorprendente y largo salto cronológico, pero, como el propio Piglia dice, estos cuadernos son para él como una máquina del tiempo que puede manejar a su antojo.

Y, en esa máquina del tiempo, esperaremos con verdadero deseo el segundo tomo de estos diarios cuya publicación se anuncia para este año que comienza. Según Renzi, “serán los años felices de mi vida, que van de 1968 hasta 1975”. Seguro que con su lectura disfrutaremos tanto como lo hemos hecho recorriendo los años jóvenes y de formación de esta figura descollante de las letras hispanas actuales.

Carlos Bravo Suárez
   

domingo, 3 de enero de 2016

SAPPHIRA Y LA JOVEN ESCLAVA

                            
“Sapphira y la joven esclava”. Willa Cather. Impedimenta. 2014. 272 páginas.
            
No hace mucho reseñé en esta misma sección las novelas “Una dama extraviada” y “Mi Ántonia”, de Willa Cather (Virginia, 1873 – Nueva York, 1947), ambas publicadas por la editorial Alba. La escritora estadounidense, todavía poco conocida en nuestro país, es autora de una docena de novelas, numerosos relatos, algunos poemarios y gran cantidad de críticas, reseñas y artículos periodísticos. Nacida en Virginia, se trasladó muy joven a Nebraska, donde ambienta algunas de sus obras, que recrean de manera bastante realista la vida de los primeros colonos blancos que se instalaron en aquellas tierras vírgenes del oeste americano. Publicada en 1940, “Sapphira y la joven esclava” es la última novela escrita por Willa Cather. Recientemente ha sido editada en España por la espléndida editorial Impedimenta, con una magnífica traducción de Alicia Frieyro.
           
“Sapphira y la joven esclava” transcurre casi en su integridad en Black Creek Valley, Virginia, en 1856. Sapphira Colbert, que abandonó las mejores propiedades de su familia para instalarse en estas menos ricas próximas a la pequeña ciudad de Winchester, es una mujer que, aunque ahora enferma y achacosa, sigue gobernando de manera matriarcal sus posesiones, en las que trabajan algunos esclavos negros. Casada con Henry, el matrimonio no comparte lecho desde hace tiempo y el marido trabaja en un molino de la familia donde suele también dormir y recluirse en la lectura de la Biblia. Para el cuidado de su habitación y de sus cosas, Henry muestra preferencia por la joven y atractiva esclava Nancy. Aunque sin fundamento real, Sapphira siente celos y maquina una sibilina venganza sobre la joven esclava, que será acosada por un sobrino del matrimonio, invitado a pasar unos días en la propiedad. Nancy será ayudada por Rachel, la hija de Henry y Sapphira, quien tras quedar viuda de un congresista volvió de la ciudad para vivir en una casa cercana a la de sus padres, aunque entregada a la austeridad y a la ayuda desinteresada a las gentes más pobres de la región.
            
Es en la última parte de la novela cuando aparece más de lleno el tema de la esclavitud y la división entre favorables y contrarios a su existencia en la sociedad estadounidense, con el encontronazo definitivo entre ambas tendencias durante la guerra civil que asoló el país entre 1861 y 1865. También se muestran las redes de huida de los esclavos negros, en este caso desde Virginia hasta Canadá. En un giro narrativo final, el relato da un salto de veinticinco años y pasa de un narrador omnisciente en tercera persona a otro en primera, que parece ser la propia autora situada en sus años de infancia.
            
Willa Cather tiene una gran habilidad en la creación de los personajes, sobre todo los femeninos, que acostumbran a tener mayor presencia y protagonismo en sus narraciones. En un estilo sobrio y sencillo, suele construir relatos lineales de corte realista con cierta penetración psicológica y uso frecuente de la elipsis, para que el lector rellene con su imaginación los espacios vacíos que van dejando sus historias.
            
Aunque ambientada en gran medida en el siglo XIX, la obra de Willa Cather no sólo no ha envejecido, sino que sigue teniendo una gran vigencia literaria en la actualidad. Así lo demuestra el interés de varias editoriales españolas por publicar en los últimos años sus novelas en nuestro país. Algunos lectores agradecemos su descubrimiento y seguimos explorando el interesante filón que supone la obra literaria de esta magnífica escritora norteamericana.

Carlos Bravo Suárez