














Familias como la mía. Francisco Ferrer Lerín. Tusquets Editores. 2011. 332 páginas
Sobre Francisco Ferrer Lerín he escrito ya en varias ocasiones en este diario. La última, en la reseña de Fámulo, libro que ganó el pasado año el premio de
Familias como la mía no puede, sin embargo, considerarse del todo como un libro nuevo del autor. En realidad consta de la ya citada novela Níquel, con algunas pequeñas variaciones y añadidos que mejoran levemente el texto original, y de Nora Peb, novela o conjunto de textos hasta ahora inéditos que en algunos momentos se refieren a personajes, situaciones o aspectos de Níquel. Para mi gusto, esta segunda parte rompe tal vez demasiado con el contenido de la primera y resta sentido de unidad al libro. Níquel me pareció una magnífica novela en mi anterior lectura y aún me lo ha parecido más en esta segunda. Sin embargo, y para ser sincero, Nora Peb, segunda parte de Familias como la mía, aun con momentos espléndidos en algunas de sus hiperbólicas fantasías, se me ha hecho algo más pesada en su conjunto.
Quien haya leído algo suyo ya sabe que Ferrer Lerín es un escritor diferente, atípico y nada convencional. En Familias como la mía se cuenta la historia de Pablo Amatller Moragas, alter ego, no sabemos hasta qué punto, del propio escritor y ornitólogo. Sobre el fondo de
En resumen, otra incursión en el singular universo literario de Francisco Ferrer Lerín, un escritor heterodoxo y diferente, con una literatura propia, personal y absolutamente intransferible.
Carlos Bravo Suárez

Tanta pasión para nada. Julio Llamazares. Alfaguara. 2011. 157 páginas.
Aunque Julio Llamazares es conocido sobre todo como novelista, su obra literaria contiene también poesía, ensayos, libros de viajes y algunos cuentos. El último libro publicado por el escritor leonés corresponde a este último género y reúne, con el poco optimista título de Tanta pasión para nada, doce relatos breves y una fábula brevísima de apenas siete líneas.
Se trata de unos cuentos escritos a lo largo de los años, que en unos pocos casos ya habían sido publicados en la prensa o en alguna antología colectiva y en otros habían permanecido inéditos hasta la fecha. El denominador común de todos ellos, perfectamente definido en el acertado título del libro, es un cierto nihilismo existencial que, por otro lado, impregna el conjunto de la obra del autor de La lluvia amarilla.
En estos trece relatos está casi todo el universo literario de Llamazares: el mundo rural, los pueblos abandonados, la guerra civil, el maquis, la soledad, la búsqueda de la evasión. Los personajes de estos cuentos son casi siempre unos tristes perdedores, individuos cuyos afanes han sido a la postre un estéril esfuerzo en vano. Personajes con unas pasiones inútiles, con ilusiones y esperanzas que con el paso del tiempo se han quedado irremisiblemente en nada. Derrotados por la vida porque la vida tal vez sea ya en sí misma una derrota inevitable, un absurdo viaje sin sentido.
El primer relato del libro es un cuento de fútbol. Su protagonista es Djukic, un jugador que ha quedado en el recuerdo por fallar un penalti decisivo en el último minuto de un partido decisivo. El público del estadio asiste a una tragedia moderna, una metáfora de la tragedia humana, del individuo solo y desvalido ante un terrible destino implacable y cruel. Ese será el tono de todo el libro. Encontraremos a un hombre que llega tarde al reencuentro con el amor de su vida. A un escritor que ha perdido la inspiración y hace de esa pérdida el tema del que tal vez sea su último relato. A personajes que encuentran su perdición cuando creen estar salvándose, que siguen señales engañosas que los llevan a la boca del lobo del que creían haber escapado. Crueles ironías paradójicas de un destino que suele jugar malas pasadas.
Llamazares rinde un homenaje a su paisano el escritor Antonio Pereira en la introducción del libro y, en el último cuento, A Primout no vuelve nadie, aparece un poeta ovetense llamado don Ángel que no puede ser otro que Ángel González. Pereira y González han muerto recientemente y Llamazares ha querido mostrarles también a posteriori su admiración y su tributo. La brevísima fábula que cierra el libro es en realidad un poema abierto al futuro, que se puede prolongar infinitamente en el tiempo.
Tal vez toda pasión acabe resultando siempre inútil, pero el lector agradece la que ha puesto el autor al escribir estos cuentos.
Carlos Bravo Suárez
Los once. Pierre Michon. Anagrama. 2010. 144 páginas.






Hace unas semanas realicé con el Centro Excursionista de la Ribagorza una larga excursión desde La Puebla de Roda, junto al río Isábena, hasta Morillo de Liena, en las orillas del Ésera. Se trata de un recorrido que, siempre en sentido este-oeste, une los valles de estos dos importantes ríos ribagorzanos.