lunes, 10 de agosto de 2015

RIBAGORZANOS EN MAUTHAUSEN



En mayo de 2005, con motivo del sesenta aniversario de la liberación del campo de concentración nazi, publiqué en el suplemento “Domingo” de este diario un artículo titulado “Altoaragoneses en el infierno de Mauthausen”. Unos años después, y para la publicación comarcal “El Ribagorzano”, añadí al texto originario la posible relación de los internados en aquel terrible lugar que habían nacido en la comarca oscense de La Ribagorza. Desde entonces, y a través de diferentes fuentes e informaciones recibidas, he intentado completar, y corregir de algunos posibles errores, esa lista de nombres y lugares de origen de los prisioneros ribagorzanos que estuvieron en Mauthausen. En el presente artículo, que coincide con el setenta aniversario de la liberación del campo por las tropas estadounidenses en mayo de 1945, mantendré una parte de la introducción escrita hace diez años e intentaré fijar en lo posible la citada relación de los ribagorzanos que sufrieron el horror de aquel infierno.

El campo de concentración nazi de Mauthausen está situado en Austria, a unos 20 Km de la ciudad de Linz, en un hermoso paraje a orillas del Danubio. Los SS alemanes lo convirtieron en uno de sus siniestros campos de prisioneros en los que llevar a cabo sus delirantes planes de exterminio de enemigos y de seres considerados inferiores. Como en el resto de campos creados a este fin (Auschwitz, Buchenwald, Dachau, Flossenburg, Neuengamme, Sachenhausen o Rawensbruck), allí sufrieron y murieron miles de internados de diferentes procedencias. En Mauthausen se explotaba laboralmente a los prisioneros hasta su extenuación antes de ser aniquilados. En él dejaron su vida entre 120.000 y 150.000 prisioneros. Aunque hubo españoles en otros campos, éste fue el que albergó al mayor número de ellos, unos 7.100. Alrededor de 850 eran aragoneses; por lo menos 640 murieron. De estos últimos, como poco, 247 habían nacido en el Alto Aragón y, por lo menos, 21 eran ribagorzanos.

Con la continua llegada de prisioneros, se crearon campos anexos que los alemanes denominaban "comandos". Uno de ellos fue el de Gusen, a tres kilómetros del central de Mauthausen. Era un lugar de exterminio rápido al que se mandaba a los internos que ya no tenían fuerzas para seguir trabajando. Allí acababan en la cámara de gas y en los hornos crematorios encendidos día y noche. El espeso olor de la carne quemada impregnaba el campo y sus alrededores. Algunos de los deportados, extenuados por el trabajo, ya no llegaban a esta prisión terminal porque eran eliminados en el propio Mauthausen con una inyección de bencina en el pecho, o en el llamado "camión fantasma" que servía de ambulante cámara de gas. Los fanáticos médicos nazis utilizaban algunos cuerpos para sus siniestros experimentos realizados en el cercano castillo de Hartheim.

Los españoles internados en Mauthausen eran republicanos que habían pasado a Francia después de su derrota en la Guerra Civil. Tras su estancia en los nada acogedores campos de refugiados, muchos se enrolaron en el ejército del país vecino y lucharon contra los invasores alemanes. Otros formaron parte más tarde de la Resistencia dirigida desde Londres por el general De Gaulle. Muchos fueron hechos prisioneros y fusilados en el acto; un buen número de ellos sería enviado por los nazis a los campos de concentración. La mayoría de estos últimos acabó en Mauthausen. Allí fueron catalogados como "rojos españoles". En la manga del traje de rayas azules y blancas que llevaban los prisioneros, se les puso un triángulo invertido de color azul con una "S" (spanier) de color blanco y un número de cuatro cifras, escrito en negro sobre una banda blanca. Ésta era su nueva identidad y debían saberla de memoria en alemán. Los españoles fueron abandonados a su suerte y en un principio fueron considerados como apátridas. Tras la visita al campo de Heinrich Himmler, jefe de las SS, fueron tratados con especial crueldad, y entre 1941 y 1942 miles de ellos perecieron en aquel infierno. En el momento de la máxima "ofensiva", llegaron a morir unos 3.000 en un periodo de sólo tres meses. La mayoría lo hizo en el campo anexo de Gusen, donde en un solo día perdieron la vida 70 españoles.

Con la llegada masiva de prisioneros soviéticos, fueron éstos, y los judíos, las víctimas preferidas de los nazis, y para ellos se creó un segundo campo en el propio Gusen. El ensañamiento con los nuevos deportados rusos alivió algo la situación de los españoles, quienes, curtidos en mil batallas desde hacía tiempo, resistieron mejor que otros las duras condiciones de vida e incluso llevaron la batuta de la red clandestina de resistencia que se había creado en el interior de la prisión. Suya fue la acción de robar y conseguir sacar del campo los negativos de las fotografías que los propios nazis tomaban de sus atrocidades y de las visitas de sus jefes. Fue ésta una valiosa prueba acusatoria en los juicios de Nuremberg. Cuando los norteamericanos liberaron el campo, una gran pancarta escrita en español, además de en inglés y en ruso en letras más pequeñas, les dio la bienvenida.

 Muchos españoles llegaron a Mauthausen después de su paso por los "stalag", cárceles de menor dureza en las que los alemanes encerraban a los prisioneros hechos al ejército francés. Entre esos españoles estaba Mariano Constante, nacido en la localidad monegrina de Capdesaso en 1920 e hijo de un conocido maestro del mismo nombre. Muerto en Montpelier en 2010, ingresó en Mauthausen en 1941, logró sobrevivir a aquella terrible experiencia y contó en sus libros el drama que le tocó vivir. "Los años rojos", "Yo fui ordenanza de los nazis" o "Republicanos aragoneses en los campos nazis" son magníficos documentos que mantienen en el recuerdo unos hechos que no deben ser olvidados por las sucesivas generaciones. En la última de las obras citadas, recuerda a algunos de los altoaragoneses con los que coincidió en su paso por Mauthausen. En un anexo final, recoge la relación de los 247 prisioneros nacidos en la provincia de Huesca y muertos en el fatídico campo. Casi todos ellos perecieron en Gusen y seguramente fueron algunos más, puesto que la lista está tomada de las actas de defunción expendidas por los propios nazis, que no anotaban todas las desapariciones. También es probable que bastantes altoaragoneses de nacimiento figuraran en la relación como catalanes, por estar afincados en la comunidad vecina cuando vivían en España.

Como ya me referí a algunos de esos altoaragoneses en el citado artículo anterior, voy a centrarme aquí en los ribagorzanos que estuvieron como prisioneros, y en su mayor parte murieron, en el campo de Mauthausen. En la lista de los fallecidos que aparece en el anexo final del libro de Constante, se incluyen catorce prisioneros en cuya ficha consta como lugar de nacimiento una población de la actual comarca oscense de la Ribagorza. A través de otras fuentes consultadas en Internet o por informaciones recibidas en mi blog, he añadido siete nombres más hasta confeccionar la siguiente lista, tal vez no definitiva y con algún posible error de transcripción, de 21 ribagorzanos que encontraron la muerte en Mauthausen y sus campos anexos. Son estos:

Antonio Cosialls Sallant, de Aler.
Vicente Palacín Sirera, de Benabarre.
Martín Sarroca Llaquet, de Capella.
Ramón Sigirán Barrau, de Castejón de Sos (casa Tintorero).
Emilio Demás Mora, de Chía.
José Saura Oliva, de Eresué.
Agustín Terés Miranda, de Estopiñán del Castillo.
Juan Campo Pérez, de Graus.
Gerardo Quiroga Andreu, de Graus.
Antonio Sesa Grau, de Graus.
Teótimo Sesa Grau, de Graus.
Modesto Escales Subirats, de Montanuy.
Simón Sampietro Alegre, de Montañana.
Joaquín Alós Villadier, de Morillo de Liena.
José Gea Ricarte, de Morillo de Liena.
José Senz Sesé, de Morillo de Liena
José Salamero Salamero, de Morillo de Liena
José Lloret Truch, de Neril.
Enrique Espot Badía, de Raluy.
José Demur Abad, de Sahún
Ramiro Porquet Castarlenas, de Torres del Obispo (casa Blasco o Bllasco).

Vicente Palacín Sirera, Martín Sarroca Llaquet, Joaquín Alós Villadier y Antonio Cosialls Sallant murieron en el campo central de Mauthausen en 1944. Todos los demás perdieron la vida en Gusen entre 1941 y 1942, excepto José Gea Ricarte que lo hizo en 1943. Aunque durante un tiempo dudé si el deportado José Mur Castán, muerto en Gusen, era de Alins (Ribagorza) o Alins del Monte (La Litera), he podido finalmente confirmar que era natural del hoy literano Alins del Monte.

En lo que yo he podido saber, solamente tres ribagorzanos lograron salir vivos del horror de Mauthausen:

Román Egea Garcés, de Graus, nacido el  9 de agosto de 1919.
Juan Mayora Murciano, de Benabarre, nacido el 10 de marzo de 1915.
Ángel Torrente Suelves, de Benabarre, nacido el 15 de marzo de 1919.

He podido saber que Román Egea Garcés, a día de hoy, sigue con vida y reside en Toulouse (Francia). Juan Mayora Murciano murió no hace mucho en su Benabarre natal. No he logrado información sobre Ángel Torrente Suelves.

Aunque hoy ya no pertenecen a la actual comarca de Ribagorza, pero sí a su ámbito cultural e histórico, añado los nombres de dos supervivientes de Mauthausen nacidos en Estadilla y Fonz. Se trata, respectivamente, de José Puy Lisa (18-8-1911) y Valero García Vilellas (22-9-1910).

Todos ellos, y todos los que pasaron por los campos de concentración nazis, los que murieron y los supervivientes de todas las nacionalidades, merecen ser recordados como víctimas de una de las experiencias más terribles de la historia de la humanidad, que debe permanecer en la memoria para que nunca más pueda llegar a repetirse.

NOTA POSTERIOR: El grausino Román Egea García falleció el 9 de febrero de 2019 en Toulouse a los 99 años. 

Carlos Bravo Suárez

(Artículo -rehecho de otros publicados anteriormente- que se publica hoy en el suplemento de San Lorenzo de Diario del Alto Aragón)

Añado, el 21 de marzo de 2018, esta relación que parece definitiva:DEPORTADOS A LOS CAMPOS NAZIS ORIGINARIOS DE LA COMARCA DE LA  RIBAGORZA
DEPORTADOS A LOS CAMPOS NAZIS ORIGINARIOS DEL VALLE DE BENASQUE
NOMBRE
F. Nacim.
Lugar Nacimiento
DEPORTACION
FINAL(*)
LUGAR
FECHA
Ramon Sigiran Barrau
15/07/1905
CASTEJÓN DE SOS
MAUTHAUSEN (8/09/1940)
F
GUSEN
5/11/1941
Emilio Delmas Mora
25/08/1914
CHÍA
MAUTHAUSEN (13/12/1940)
F
HARTHEIM
26/09/1941
José Saura Oliva
19/03/1900
ERESUÉ
MAUTHAUSEN (07/04/1941)
F
GUSEN
1/10/1941
MartÍn Salanova Vidaller
10/02/1904
LIRI
NEUENGAME (24/05/1944)
F
NEUENGAME
¿?/03/1945
José Lloret Truch
17/05/1911
NERIL
MAUTHAUSEN (13/12/1940)
F
GUSEN
24/10/1941
José Demur Abad
13/04/1907
SAHÚN
MAUTHAUSEN (08/09/1940)
F
GUSEN
26/10/1941
José Ballarín Campo
25/11/1911
SEIRA
MAUTHAUSEN (03/03/1941)
L
SANKT LAMBRECHT
5/05/1945

OTRAS LOCALIDADES DE LA COMARCA
NOMBRE
F. Nacim.
Lugar Nacimiento
DEPORTACION
FINAL
LUGAR
FECHA
Clotaldo Molina Chillaron
7/09/1908
ABENOZAS (Graus)
MAUTHAUSEN (19/12/1941) /STEYR / GUSEN (7/01/1945)
L
MAUTHAUSEN
5/05/1945
Angel Torrente Suelves
15/03/1919
BENABARRE
MAUTHAUSEN (25/01/1941)
L
MAUTHAUSEN
5/05/1945
Francisco Sala Tolo
26/09/1903
BONANSA
MAUTHAUSEN (8/04/1944)
L
MAUTHAUSEN
5/05/1945
Martín Sarroca Llaquet
22/12/1897
CAPELLA
DACHAU (28/08/1944) MAUTHAUSEN (16/09/1944)
F
MAUTHAUSEN
17/12/1944
Agustín Terés Miranda
11/02/1916
ESTOPIÑÁN DEL CASTILLO
MAUTHAUSEN (25/01/1941)
F
GUSEN
12/11/1941
Ramon Egea Garcés
9/08/1919
GRAUS
MAUTHAUSEN (7/04/1941)
L
MAUTHAUSEN
5/05/1945
Gerardo Quiroga Andreu
7/07/1907
GRAUS
MAUTHAUSEN (3/03/1941)
F
GUSEN
17/08/1942
Antonio Sesa Grau
28/12/1921
GRAUS
MAUTHAUSEN (13/08/1940)
F
GUSEN
6/08/1941
Teótimo Sesa Grau
22/06/1916
GRAUS
MAUTHAUSEN (13/08/1940)
F
GUSEN
27/01/1941
Modesto Escales Subira
15/12/1915
MONTANUY
MAUTHAUSEN (03/03/1941)
F
GUSEN
4/12/1941
Julian Navarro Borruel
28/01/1890
MONTAÑANA
MAUTHAUSEN (27/01/1941)
F
HARTHEIM
18/12/1941
Joaquín Alós Vidaller
6/06/1915
MORILLO DE LIENA
MAUTHAUSEN (19/12/1941)
F
MAUTHAUSEN
30/04/1944
José Gea Ricarte
3/05/1910
MORILLO DE LIENA
MAUTHAUSEN (19/12/1941)
F
GUSEN
18/01/1943
Joaquín Sanz Sesé
8/02/1909
MORILLO DE LIENA
MAUTHAUSEN (19/12/1941) / STEYR ¿?
F
STEYR
16/05/1942
Enrique Espot Badía
28/12/1909
RALUY - VERACRUZ
MAUTHAUSEN (8/09/1940)
F
GUSEN
17/01/1941
Ramiro Porquet Castarlenas
21/05/1913
TORRES DEL OBISPO  (Graus)
MAUTHAUSEN (27/09/1940)
F
GUSEN
6/07/1941
(*) F- Fallecido  L- Liberado

viernes, 31 de julio de 2015

EL DEVENIR DE CATALUÑA



Viví más de veinte años en Cataluña y me fui de ella cansado de la obsesión nacionalista que, en vez de menguar tras la Transición como cabía esperar, iba creciendo y apoderándose de más espacios políticos y sociales hasta hacerse cada vez más asfixiante. La persistente repetición de tópicos maniqueos en la educación y sobre todo en la enseñanza de la historia, y la insistencia en esa línea de TV3 y otro medios oficiales, han ido fomentando entre muchos jóvenes catalanes un sentimiento más o menos antiespañol de fondo. Muchos partidos que no eran nacionalistas en su origen sucumbieron a la ambigüedad y a la excesiva tolerancia con los excesos nacionalistas. Eso ocurrió sobre todo en el antes hegemónico PSC, cuya deriva y falta de proyecto único todavía vemos en casos como los recientemente vividos en Castelldefels y Tarrasa. Buena parte de la izquierda antepuso el nacionalismo a las cuestiones sociales e incluso a la ética frente a los casos de corrupción que en muchas ocasiones esos partidos supuestamente progresistas no hicieron nada por descubrir o incluso han contribuido a tapar. A pesar de ello, y gracias a la valentía de algún partido joven que se ha atrevido sin complejos a mostrar su doble condición española y catalana, es bastante posible que, como indican muchas encuestas y el 9-N pareció corroborar, la sociedad catalana actual no sea todavía mayoritariamente independentista. Por eso, ahora es el momento en que esos sectores deben mostrar claramente sin ambigüedades ni complejos sus posiciones contrarias a la independencia. Desde el resto de España los miramos con expectación y simpatías, pues en sus manos va a estar en buena medida el devenir de su comunidad y el de sus futuras relaciones con las demás comunidades españolas.

Carlos Bravo Suárez

(Texto íntegro enviado a los diarios El País y El Mundo y publicado hoy y el pasado lunes por ambos diarios,  aunque en los dos resumido debido a su extensión)


domingo, 26 de julio de 2015

LA CHICA DEL TREN



“La chica del tren”. Paula Hawkins. Planeta. 2015. 496 páginas.

“La chica del tren” se ha convertido en un fenómeno literario sin precedentes. Publicada en Inglaterra a principios de este año, la novela ha vendido ya más de cinco millones de ejemplares en el mundo anglosajón y ha sido traducida a casi 50 idiomas. Según fuentes editoriales, desde que existen datos estadísticos nunca antes una novela se había vendido tanto en tan poco tiempo. Su autora, la británica Paula Hawkins (Zimbabwe, 1973), dejó el periodismo económico para escribir varias novelas románticas de encargo que no acabaron de triunfar. Con “La chica del tren” parece haber dado plenamente con la clave del éxito. En España, ha sido editada recientemente por Planeta, con traducción de Aleix Montoto, y parece seguir el mismo camino triunfal de otros lugares.

“La chica del tren” es lo que solemos definir como un best seller, con las virtudes y defectos de este tipo de narraciones. La novela ha sido etiquetada también como un thriller psicológico, en el que se han querido ver ecos de Alfred Hitchcock (“La ventana indiscreta”), Agatha Christie, Ruth Rendell o  Patricia Highsmith (“Extraños en un tren”).  Se trata de una historia llena de intriga, suspense y tensión, en la que tienen preponderancia temas como la infidelidad y la mentira, el sexo y la dominación o la soledad, las obsesiones y el alcoholismo agudo que lleva incluso a la pérdida momentánea de la memoria.

Estructurada en muchos capítulos que agilizan su lectura, tres son las narradoras de la novela (Rachel, Megan y Anna) que van alternando sucesivamente sus intervenciones, siempre fechadas en su inicio a modo de un puzzle cronológico que, aunque exige la necesaria atención, no resulta difícil de recomponer. La historia transcurre en la periferia de Londres, principalmente en el verano de 2013. La protagonista y principal voz narradora es Rachel, una mujer frágil, obsesiva y alcoholizada que no ha podido superar la separación de su anterior marido, Tom.  

Rachel sobrevive, gracias a los préstamos de su madre, en una habitación alquilada a las afueras de Londres y cada día a primera hora de la mañana coge el tren para ir a la capital donde supuestamente trabaja. En el trayecto, pasa por delante de su antigua casa, ahora ocupada por Tom y Anna con su pequeño bebé. Unas puertas más allá, en la misma calle, reside una pareja a la que Rachel idealiza como modelo de felicidad y para la que inventa dos nombres falsos. Desde la ventanilla del tren, un día observa algo diferente en la terraza de esa casa y al poco tiempo la mujer (Megan) desaparece misteriosamente. Eso inicia una intriga en la que todos estos personajes se ven involucrados en una red a varias bandas de infidelidades adúlteras, pérdidas no superadas, violencias, mentiras y pasiones ocultas. Unos personajes que no son lo que parecen y muestran de puertas afuera, sino que esconden debilidades y pasiones inconfesables que van a comenzar a salir a la luz a medida que avanza la trama del relato.

Probablemente pueden encontrarse si se buscan muchas trampas y trucos literarios en la narración, pero no hay duda de que en ella se teje una historia bien hilvanada, contada con fluidez y buen ritmo, y que, a pesar de lo reducido de los escenarios en que transcurre, se lee con facilidad y creciente interés. Como no podía ser de otra manera, de la novela se han vendido ya los derechos para que pronto sea llevada al cine, con la actriz Emily Blunt en el papel protagonista de Rachel. Antes, “La chica del tren” será casi con total seguridad el libro de moda de este verano también en nuestro país. 

Carlos Bravo Suárez


domingo, 19 de julio de 2015

POR LOS CAMINOS DEL REY GONZALO


“Por los caminos del rey Gonzalo”. Joaquín Gasquet. Ediciones Atlantis. 2015. 216 páginas.

“Por los caminos del rey Gonzalo” es la primera novela del altoaragonés Joaquín Gasquet Cereza, nacido en la población ribagorzana de Viu de Foradada y actualmente residente en Binéfar. Licenciado en Historia y Geografía por la Universidad de Zaragoza, Gasquet ha ejercido largo tiempo la docencia en diversos institutos de enseñanza secundaria catalanes y aragoneses hasta su reciente jubilación. Aprovechando el tiempo libre que esta proporciona, acaba de publicar en la editorial madrileña Atlantis la novela “Por los caminos del rey Gonzalo”, una interesante narración en la que aúna de manera eficaz ciencia ficción e historia.

Como el autor ha contado en alguna entrevista, dos fueron los motivos principales que le inspiraron la creación de la novela: las investigaciones sobre el acelerador de partículas o Gran Colisionador de Hadrones (LHC) y sus posibles aplicaciones, llevadas a cabo en Ginebra por la Organización Europea para las Investigaciones Nucleares (CERN), y el monumento levantado en memoria del rey Gonzalo en la carretera del alto de Foradada, cerca del lugar donde este efímero rey de Sobrarbe y Ribagorza murió asesinado en 1043. A partir de ahí, el escritor ha hecho posible un viaje al pasado cuyo protagonista es Carlos, un profesor de historia medieval de la Universidad de Zaragoza, nacido en Ribagorza y muy interesado en descubrir las verdaderas causas de la muerte del rey Gonzalo.

Estructurada en seis partes, de las que la más breve –dos páginas– es la primera, más científica, en que se trata sobre el acelerador de partículas, la novela tiene un buen ritmo narrativo y entretiene al lector con una historia amena y bien construida que, además del citado viaje al pasado, contiene, entre otras cosas y como mandan los cánones, una sugerente historia de amor que se prolonga en el tiempo y sirve en buena medida como eje conductor de la narración.

Mención especial merece la espléndida ambientación histórica de la parte central del relato. Perfectamente documentados y verosímiles se presentan muchos de los aspectos de la sociedad ribagorzana y sobrarbense de aquellos remotos tiempos de mediados del siglo XI. Por esos territorios y la frontera –entre comercial y guerrera– que separaba los mundos cristiano y musulmán, realizan tanto el rey Gonzalo como el protagonista de la novela un interesante recorrido geográfico. Para precisar el mapa histórico de la época reproduzco este párrafo del libro: “Cuando Sancho III el Mayor de Navarra repartió su reino entre sus hijos la zona fronteriza de los territorios cristianos de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza con el Islam quedaba marcada por una serie de fortificaciones cristianas que, yendo de oeste a este, eran: Agüero, Murillo, Loarre, Nocito, Surta, Castejón de Sobrarbe, Samitier, Abizanda, Muro de Roda, Troncedo, Pano, Perarrúa, Santaliestra, Erdao, Castellazo, Fantova, Güel, Roda, San Esteban del Mall, Isclés, Cornudella y Arén, enlazando con la fortaleza de Orrit ya en el Pallars”. Como es sabido, al morir Gonzalo, Sobrarbe y Ribagorza se integraron en el Reino de Aragón regentado por Ramiro I. Entre los muchos lugares que aparecen en el libro, adquieren tal vez un mayor protagonismo sobre el resto el monasterio de San Victorián y la población sobrarbense de Buil, actual Santa María de Buil, donde se estaba construyendo en aquel tiempo la magnífica iglesia de triple ábside que, aunque algo reformada, ha llegado a nuestros días.

“Por los caminos del rey Gonzalo” es una novela bien escrita, con el registro lingüístico adecuado a cada momento y con un estilo muy correcto y fluido, que logra combinar con éxito el entretenimiento, la ciencia ficción y la historia. 

Carlos Bravo Suárez       

            

domingo, 12 de julio de 2015

EL CEREBRO DE ANDREW

                                     
“El cerebro de Andrew”. E. L. Doctorow. Miscelánea-Roca Editorial. 2014. 174 páginas.
           
Edgar Lawrence Doctorow (El Bronx, Nueva York, 1931) es uno de los grandes escritores estadounidenses actuales. Aunque ha cultivado también el relato, el ensayo o el teatro, es conocido sobre todo como novelista. Nieto de emigrantes rusos y eterno aspirante al Premio Nobel de Literatura, E. L. Doctorow (como firma todos sus libros) es autor de algunas de las grandes novelas norteamericanas recientes: “El libro de Daniel” (1971), “Ragtime” (1975), “Billy Bathgate” (1989), “El arca del agua” (1994), “La ciudad de Dios” (2000) o “La gran marcha” (2005). En ellas, mezcla de manera admirable la ficción, la historia de su país y la crítica política y social. Poco dado a etiquetas y encasillamientos, en “El cerebro de Andrew”, su novela más reciente, Doctorow se aleja de las grandes narraciones históricas y compone un relato más bien breve, intimista y ambiguo, en el que se adentra, siempre desde la perspectiva de la ficción, en el terreno del conocimiento, la conciencia y los misterios del cerebro. Miscelánea-Roca Editorial publicó el pasado año esta novela en nuestro país, con traducción, imagino que nada fácil, de Carlos Milla e Isabel Ferrer.

“Puedo hablarle de mi amigo Andrew, el científico cognitivo. Pero no es agradable”. Así comienza “El cerebro de Andrew”, donde se nos cuenta la historia de este profesor de ciencias cognitivas a través de una compleja estructura formal con diferentes enfoques narrativos. En el relato predomina el diálogo (o más bien la confesión) del protagonista ante un enigmático interlocutor desconocido que le interrumpe con frecuencia con intervenciones muy breves. Todo parece indicar que se trata de un psiquiatra que controla a Andrew en su también enigmático lugar de reclusión, al que tampoco sabemos con seguridad por qué motivos ha llegado. (“-Usted es un psiquiatra a sueldo del Estado, ¿no?” / -Bueno, tengo el título oficial, si se refiere a eso").

Entre referencias al cerebro que parecen combinar la ciencia y la metáfora (“Es una especie de cárcel, la mente del cerebro. Tenemos estos misteriosos cerebros de mil trescientos gramos y nos encarcelan.”), Andrew nos va contando su vida, desafortunada y triste en su conjunto, hasta llegar al punto de aparente encierro en que se encuentra. Su enamoramiento de la pequeña y bonita Briony, alumna suya en la Universidad y muerta el 11-S, con la que tiene una hija que, al quedar viudo, lleva para que la cuide a su exmujer Martha, como sustitución de la que perdieron juntos cuando él le administró a la niña un fármaco equivocado. Su relación con el corpulento marido de Martha, que siempre lo llama “El Simulador” (¿quién no lo es de una u otra manera o en algún determinado momento?), o la sorprendente aparición del siempre innominado presidente de los Estados Unidos, que resulta haber sido compañero de infancia y juventud de Andrew y que al reconocerlo lo lleva con él a la Casa Blanca y tal vez tenga una influencia decisiva en su enigmática y poco clara situación de reclusión posterior.

Como el propio Doctorow ha dicho en alguna entrevista reciente, este no es el libro adecuado para quien solo busque entretenimiento en la lectura. “”El cerebro de Andrew” no es una novela fácil, pero constituye un brillante, complejo y rico ejercicio literario de un espléndido escritor, capaz de dominar con maestría y eficacia diferentes registros y enfoques narrativos.

Y como del cerebro trata en parte este libro, quiero terminar esta reseña con esta cita del profesor Andrew a sus alumnos: “Les dije que el gran problema al que se enfrentaba la neurociencia era cómo se convertía el cerebro en la mente. Cómo esa madeja de mil trescientos gramos lo llevaba a uno a sentirse como un ser humano”. Pues eso: el enigma del cerebro y de la mente humana constituyen el fondo de la última novela de Doctorow. Pero en ella hay muchas más cosas, porque “El cerebro de Andrew” es otra magnífica aportación literaria, diferente y compleja en este caso, de uno de los grandes escritores actuales.

Carlos Bravo Suárez

domingo, 5 de julio de 2015

BERLÍN, AÑOS 30


                                                        
“Hermanos de sangre”. Ernst Haffner. Seix Barral. 2014. 248 páginas.

Hace un par de años, en 2013, el editor alemán Peter Graff recuperó una novela olvidada que narra las peripecias de un grupo de jóvenes y adolescentes que logran sobrevivir a duras penas en las calles y plazas berlinesas, en medio de la tremenda crisis social y económica que azotaba a la Alemania de entreguerras. Se trataba de un duro relato publicado en 1932 con el título de “Juventud en la carretera de Berlín”. El libro fue prohibido por los nazis tras su ascenso al poder, y de su autor, Ernst Haffner, se perdió la pista para siempre. Sólo sabemos que fue periodista y asistente social, que vivió en Berlín entre 1925 y 1933 y que posiblemente conoció de primera mano la cruda realidad de la que trata su única novela conocida. Al parecer, Goebbels lo llamó tras la publicación del libro y de Haffner nada más se supo. Seix Barral, tras el éxito obtenido en Alemania, editó la novela el pasado año en nuestro país con el título de “Hermanos de sangre” y el subtítulo de “Una novela berlinesa”, en una magnífica traducción del alemán del destacado escritor Fernando Aramburu.

“Hermanos de sangre” es un descenso a los bajos fondos berlineses, donde muchos jóvenes, algunos casi niños, hambrientos y desarraigados, buscan alimento y cobijo, habiendo de recurrir con frecuencia a las formas más elementales de supervivencia. Procedentes de familias desestructuradas, con padres que murieron en muchos casos en la Primera Guerra Mundial, huidos de orfanatos y correccionales de los que entran y salen sin parar, deambulan sin trabajo ni ocupación por las calles berlinesas practicando pequeños hurtos, prostituyendo por necesidad sus cuerpos jóvenes y librándose del frío en atestados cafés, bibliotecas públicas, cines de sesión continua o inmundas pensiones de mala muerte. Pocos son quienes los ayudan y la policía berlinesa los persigue con saña, así que la solidaridad y el apoyo mutuo entre ellos los lleva a constituir pequeñas bandas con estrictas normas de pertenencia, que practican con crueldad la venganza con quienes se enfrenten a ellos o los traicionan. La denominada “Hermanos de sangre” es la banda que protagoniza esta novela y le da título. Una banda que, aunque siempre tiene a la policía pisándole los talones, va aumentando el grado de su actividad delictiva hasta convertirse en unos expertos carteristas.

Con una prosa seca y cortante, el libro se inscribe dentro de un duro realismo social que desnuda las miserias de las sociedades empobrecidas y la salvaje lucha por la vida que se establece para sobrevivir en tiempos de aguda crisis económica. Hay momentos espeluznantes y tremendos en el libro, como cuando uno de los jóvenes viaja de Colonia a Berlín abrazado a un eje del tren a escasos centímetros del suelo, o cuando los propios jóvenes castigan físicamente con obligada crueldad a quien ha intentado engañar a uno de sus miembros.  Se destacan también las dificultades de estos jóvenes para salir de la espiral de delincuencia en la que acaban fatalmente atrapados. Así lo experimentan dos de ellos que intentan alejarse de la banda y montar un pequeño negocio de calzado que les permita sobrevivir honradamente al margen de la delincuencia. A pesar de la ayuda y comprensión que reciben por parte de la dueña de la pensión en que se hospedan –uno de los pocos personajes buenos del libro–, su pasado reciente, la policía implacable y las leyes despiadadas que no entienden de cambios ni de arrepentimientos van a sembrar de obstáculos y hacer difíciles sus buenos propósitos.

La recuperación de “Hermanos de sangre” es una buena noticia literaria. La novela constituye un verdadero documento de cómo la crisis económica golpeó con dureza a los más desfavorecidos en las populosas calles del Berlín de los años 30 del pasado siglo. Un perfecto caldo de cultivo para que el nazismo lograra apoderarse en poco tiempo de los designios de esa sociedad cada vez más empobrecida, cruel y ansiosa de algún tipo de venganza.

Carlos Bravo Suárez