domingo, 28 de diciembre de 2025

"MESOPOTAMIA", UNA INTRÉPIDA MUJER EN LA FORJA DEL ORIENTE PRÓXIMO ACTUAL

Olivier Guez (Estrasburgo, 1974) es escritor y periodista, colaborador en grandes medios internacionales, como “The New York Times”, “Le Monde” o “Frankfurter Allgemeine Zeitung”. Es autor de varios ensayos geopolíticos y guionista de la película “El caso Fritz Bauer”, en torno al fiscal alemán que persiguió a numerosos nazis. En 2017 publicó “La desaparición de Josef Mengele”, gran éxito de ventas y reseñada en su momento en esta sección, donde aborda la vida clandestina del médico y criminal de guerra nazi desde que llegó al Buenos Aires peronista hasta su muerte. Ahora, también en Tusquets, y con traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona, vuelve a la novela histórica con una monumental biografía de Gertrude Bell, una intrépida y fascinante mujer que, al servicio de la corona británica, contribuyó de manera decisiva a la configuración de las fronteras de Oriente Próximo tras la Primera Guerra Mundial.

Gertrude Bell (Durham, Inglaterra,1868 - Bagdad,1926) fue arqueóloga, viajera impenitente, geógrafa y escritora. Nacida en una rica familia de la alta burguesía industrial inglesa, viajó desde muy joven por buena parte del mundo y, principalmente, por los extensos territorios árabes de Oriente Próximo. Participó en excavaciones arqueológicas en Mesopotamia, donde hizo amistad con su compatriota T. E. Lawrence (Lawrence de Arabia) y conoció profundamente la geografía y las costumbres de las tribus árabes que, secularmente enfrentadas entre sí, habitaban la zona. Por ello, puso sus conocimientos al servicio de la Corona y trabajó denodadamente en defensa de los intereses del imperio británico, como espía en un principio y como miembro destacado de la administración inglesa después. Bell se debatió siempre entre sus simpatías por los árabes y el servicio a los intereses de su país. Y aunque intentó conciliar ambas tendencias, la segunda siempre acabó prevaleciendo sobre la primera.

Tras el final de la Primera Guerra Mundial, los extensos territorios árabes que habían pertenecido al desmoronado imperio turco otomano fueron controlados por Gran Bretaña y -en menor medida- por Francia. Gertrude Bell fue la única mujer que participó en la Conferencia de El Cairo de 1921, organizada por Winston Churchill, y contribuyó destacadamente en la configuración de las fronteras de los nuevos países árabes que se crearon en aquel momento y han llegado a nuestros días. Especialmente obra suya fue la creación de Irak, nuevo país en el que, por insistencia suya, se incluyeron tres zonas tan diferentes y enfrentadas como el norte kurdo, el centro sunita  y el sur chiita, con capitales respectivas en Mosul, Bagdad y Basora. También contribuyó decisivamente a coronar al rey Faisal como primer monarca del recién creado país.

Olivier Guez ha logrado en “Mesopotamia” un perfecto equilibrio entre la composición biográfica, con evidentes toques novelescos, y el ensayo histórico, fielmente documentado, sobre los intereses geopolíticos del imperio británico, en su afán por controlar a las diferentes facciones árabes y mitigar sus crecientes deseos de emanciparse de la tutela inglesa. En lo biográfico, aparte de la intervención política, conocemos muchos aspectos de su vida más íntima y personal de Gertrude Bell. La prematura muerte de la madre y su estrecha relación con su padre, cuyo consejo siempre solicita y acepta; su soltería permanente, a pesar de algunos romances infructuosos; su osadía viajera al adentrarse en zonas del desierto arábigo a las que pocos occidentales, y mucho menos mujeres, se habían atrevido a penetrar; la aparente contradicción entre su actitud independiente y pionera (fue la primera mujer licenciada, con matrícula de honor, en Historia Moderna por la Universidad de Oxford) y su conservadurismo político que la llevó a estar en contra del sufragio femenino...

Escrita en tercera persona en una prosa nítida, amena y precisa, la novela va alternando, de manera aleatoria, lugares y fechas en la vida de Gertrude. Los hechos transcurren entre 1871 y 1926 y los lugares de referencia, además de algunos ingleses, son Basora, Persia, Ispahán, Bagdad, Región del Éufrates Medio, Konya, El Cairo, Desierto del Néyed y la isla de Lemnos. Un aspecto interesante de la novela es la comparación entre Gertrud Bell y Lawrence de Arabia, cuya amistad se mantuvo inalterada desde sus tiempos jóvenes. En el epílogo, Olivier Guez destaca cómo el éxito comercial de su libro “Los siete pilares de la sabiduría” y su posterior adaptación cinematográfica convirtieron a Lawrence en una leyenda que eclipsó durante décadas la de Gertrude Bell. También de la vida de esta se hizo, en 2015, una película titulada “La reina del desierto” que, a pesar de estar dirigida por Werner Herzog y protagonizada por Nicole Kidman, no resultó demasiado afortunada y pasó prácticamente desapercibida.

“Mesopotamia”, que se lee con la intriga y el interés de una novela, pone en el lugar que se merece la vida y la importancia de una mujer excepcional, que supo abrirse camino, sin renunciar nunca a sí misma ni a sus principios, en un mundo absolutamente dominado por los hombres.

 “Mesopotamia”. Olivier Guez. Tusquets Ediciones. 2025. 360 páginas

 

domingo, 14 de diciembre de 2025

"EL SUEÑO DEL JAGUAR", UNA ÉPICA SAGA FAMILIAR ENVUELTA EN REALISMO MÁGICO

Miguel Bonnefoy (París, 1986) es un escritor francés de padre chileno y madre venezolana. Estudió Literatura en La Sorbona y, como hijo de diplomático, ha vivido en diferentes lugares del mundo. Su obra literaria se ha publicado en más de una veintena de países y obtenido numerosos premios y reconocimientos. Aunque domina perfectamente el español, escribe sus libros en lengua francesa. Entre sus novelas destacan “El viaje de Octavio” (2015), “Azúcar negro” (2017) o “El inventor” (2023). Esta última publicada en España por Libros del Asteroide, que también ha publicado recientemente en nuestro país su más reciente novela, “El sueño del jaguar”, ganadora del Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y del Premio Femina, y traducida del francés por Regina López Muñoz.

“El sueño del jaguar” recorre cien años de historia venezolana a través de cuatro personajes pertenecientes a tres generaciones de una familia excepcional de aquel país caribeño. La novela se estructura en cuatro partes, una para cada uno de estos personajes: el matrimonio compuesto por Antonio y Ana María, la hija Venezuela y el nieto Cristóbal. El primer personaje de la novela es Antonio. La novela se inicia con esta frase: “Al tercer día de su vida, Antonio Borjas Romero fue abandonado en los escalones de una iglesia, en una calle que hoy lleva su nombre. Una mujer, a la que todos conocían como la muda Teresa, que pedía limosna a la puerta de esa iglesia de Maracaibo recogió y crio al recién nacido. El niño creció en la pobreza y sobrevivió trabajando como vendedor de cigarrillos, estibador y mozo en un burdel, antes de convertirse en uno de los cirujanos más ilustres de su país y fundador de la Universidad de Zulia, en Maracaibo, de la que fue muchos años su rector. Ana María Rodríguez procedía de una familia de clase media baja y terminó también siendo una de las primeras mujeres médico (ginecóloga) de Venezuela y la primera del estado de Zulia. Estos dos personajes excepcionales se enamoran en su época de estudiantes, se casan y tienen una hija a la que ponen de nombre Venezuela, que, sin embargo, abandonará su país para cumplir su sueño de irse a París. Allí nace su hijo Cristóbal, que va a cerrar el círculo para volver a Venezuela y escribir la historia de sus abuelos y de su madre y, como fondo, la del siglo XX del convulso país sudamericano.

Como el propio autor ha contado, “El sueño del jaguar” relata la historia, con generosas licencias literarias, de su familia materna. Antonio Borjas Romero y Ana Mará Rodríguez fueron sus abuelos y él es el Cristóbal de la novela, que viaja de Francia a Venezuela para investigar sus orígenes familiares y escribir el libro que estamos reseñando. De fondo, hay prácticamente un siglo de la historia de Venezuela. Antonio Borjas Romero viene al mundo en un Maracaibo pobre y atrasado: “Los niños vivían en cueros en los palafitos e iban de aquí para allá sobre el esqueleto de un millar de troncos de árboles constantemente recompuestos, chapoteando en la superficie del lago como los “palazos” de Venecia, lo que en otros tiempos había inspirado a los navegantes venecianos a afirmar que allí reconocían a una “pequeña Venecia”, una “venezziola”, una Venezuela”. Pero un día un extraño géiser provocó un diluvio negro y llovió petróleo durante nueve días seguidos. El oro negro cambió la economía del país y a Maracaibo llegaron compañías petrolíferas extranjeras y trabajadores de todas partes.

 En el libro, hace referencia a otros momentos de la turbulenta historia venezolana, como al decenio de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Justo el día de su caída nace la hija de Antonio y Ana María, la gente grita por las calles “¡Viva Venezuela!” y en ese instante los padres deciden poner a su hija el nombre del país. Otro momento de especial bonanza para la economía del país es la crisis del petróleo de 1973, que provoca la subida de su precio y una mayor exportación del venezolano. El dinero corre en abundancia y los nuevos ricos dilapidan su riqueza a manos llenas (“Ta barato, dame dos”). También hay referencia a la revolución chavista. Recibida con esperanza en un primer momento por muchos sectores, acabó cayendo en la misma corrupción que criticaba y provocó deficiencias económicas profundas, inseguridad, inflación, penurias y el exilio de millones de personas. El propio Cristóbal vivió esa decepción y se cayó del guindo: “Jamás se le había pasado por la cabeza que la corrupción pudiera crecer a sus anchas, hija del exceso, en la tierra húmeda de las revoluciones, alimentada por quienes la combatían, en los mismos despachos donde se proclamaba su destrucción, en boca de los dirigentes más progresistas. No imaginaba que la corrupción no era patrimonio exclusivo de los regímenes imperialistas, sino que estaba por todas partes”.

El libro está escrito en una prosa rica y luminosa, y nos sumerge en las selvas, la exuberancia y la loca desmesura caribeñas, con un estilo que recuerda por completo a Gabriel García Márquez y su famoso realismo mágico. Una magnífica novela, tanto por lo que cuenta como por la manera de contarlo.

“El sueño del jaguar”. Miguel Bonnefoy. Libros del Asteroide. 2025. 272 páginas

 

domingo, 30 de noviembre de 2025

"FOSCA", UNA SORPRENDENTE NOVELA EN UNA ESPAÑA RURAL Y PROFUNDA


Licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación y en Psicología,  Inma Pelegrín (Lorca, 1969) había publicado hasta ahora siete libros de poesía: “Trapos sucios” (2008), “Óxido” (2008), “Universo improbable” (2009), “Cuestión de horas” (2012), “Error de cálculo” (2016), “Todas direcciones” (2020), y “La teoría de las cosas” (2022). Cinco de ellos obtuvieron importantes premios literarios en el ámbito nacional e internacional. Con su primera novela, “Fosca”, la escritora murciana se ha revelado también como una magnífica narradora y ha ganado el Premio Lumen 2025.

“Fosca” es una novela rural que transcurre en unos pocos días y está ambientada en un pequeño pueblo murciano, cuyo nombre no se cita en ningún momento del libro. Aunque sí hay referencias geográficas a poblaciones como Águilas o Almendricos, al río Guadalentín o al pico de la Almenara. Tampoco hay en la novela referencias cronológicas concretas, pero la autora dice haberse inspirado en recuerdos de su infancia. En cualquier caso, se desarrolla en un ámbito rural atrasado y pobre, sin agua corriente en las casas y con un solo teléfono público en el pueblo. Donde las porquerizas (“cebaderos” en el léxico rural murciano) de los cerdos están contiguos a las viviendas, separados de ellas por una pared, por lo que “por más que te laves en el barreño y te des con jabón de sosa, la peste a marrano se te queda entrapizada en la piel”. La religión tiene una presencia muy importante y a los fallecidos se les vela en su propia casa durante toda la noche anterior a su funeral en la iglesia y a su entierro en el cementerio local. Los roles familiares están muy marcados: el padre ejerce una autoridad severa sobre los hijos y la madre se muestra más compasiva con ellos y es esclava de las labores domésticas.

El principal personaje de “Fosca” es Gabriel (Gabi), narrador en primera persona, un niño con una sensibilidad especial, lleno de verrugas en las manos y con dificultad para retener el rostro de las personas a las que ve. Una enfermedad que ha heredado de su abuelo y que se llama prosopagnosia, que la propia Inma Pelegrín dice padecer. Vive con sus padres, a quienes siempre llama Padre y Madre, y sus tres hermanos (Miguel, Rafa y Serafín). “Tampoco me ayuda, para aclararme con mi lío de las caras, tener tres Hermanos que se llevan menos de un año, del mismo tamaño y que se intercambian la ropa. Dos de ellos, melguizos. Entre los cuatro nos llevamos tres años en total y yo soy el pequeño”. Los hermanos se burlan con frecuencia de Gabi, al que, desde una masculinidad mal entendida y propia de la época, consideran afeminado, débil y enfermizo, y lo envidian por creerlo el favorito y protegido de su madre. Gabi está siempre acompañado por la perra Sombra, cuya inesperada muerte le producirá una honda pena y una obsesión, con deseos de venganza, por descubrir quién pudo acabar con su vida. Otro personaje muy presente en el libro es Marcela, una mujer que vive sola y en cuyos remedios naturales de curandera la gente del pueblo tiene una fe inquebrantable.

Un elemento fundamental de la novela es el lenguaje. Inma Pelegrín mezcla un lenguaje poético con otro coloquial y popular, entreverado de localismos murcianos (lorquinos para ser más concretos). La palabra “fosca” que da título al libro se refiere a la calima de origen africano que cubre el cielo murciano en los días de calor bochornoso y sofocante. Así lo explica el narrador: “Hoy nos espera otro día de fosca. […].En días como este no se ve el sol. Sabes dónde está porque ves la claridad refulgir detrás de una sopa marrón, pero no se distingue. El cielo se pone pardo y las montañas, que normalmente se ven clarísimas, apenas se reconocen. Es la tierra del desierto que viene con el aire. Llega desde muy lejos porque el desierto está en África. La arenas nos cubre y se mete en todos lados”. También se usa varias veces la palabra “tolvanera”, para referirse a los remolinos de polvo o arena frecuentes en los días de fosca, una falta de claridad que parece envolver a toda la realidad descrita en la novela. Lenguaje y paisaje, árido y pobre, tienen gran protagonismo y estrecha relación en el relato.

“Fosca” se inscribe en la narrativa rural, tan presente en la tradición literaria hispana y revitalizada en los últimos años. El propio jurado del Premio Lumen ha destacado la “mezcla de la tradición española con una novela moderna” en el texto premiado, en el que pueden encontrarse “ecos que van de Ana María Matute a Jesús Carrasco”. También se destaca su condición de thriller rural, aunque, como descubrirá el lector, se trate de un thriller muy atípico y fuera de los estándares más modernos del género. Podríamos hablar también de una novela de iniciación en la que, en un ambiente muy opresivo, “un chico dotado de una sensibilidad especial debe aprender a defenderse en un entorno claustrofóbico y hostil”. Lola Larumbe, miembro del jurado, resume muy bien la esencia de esta novela: “Fosca tiene un brillo muy especial. Es una novela hermosa y a la vez cruel. Es antigua y moderna. Las palabras están esculpidas una a una. Es breve, pero muy impactante, muy estremecedora por esa labor de condensación. Inma Pelegrín sabe muy bien que la poesía es pura esencia, y Fosca lo es”. Una novela muy recomendable.

“Fosca”. Inma Pelegrín. Lumen. 2025. 192 páginas


domingo, 16 de noviembre de 2025

"CORAZÓN DE ORO", DE PASOLOBINO A CALIFORNIA EN UNA NOVELA DE AMOR Y AVENTURAS

+

Tras la magnífica y ambiciosa “Lejos de Luisiana”, con la que ganó el Premio Planeta en 2022, Luz Gabás (Monzón, 1968) vuelve a escenarios norteamericanos con su nueva novela “Corazón de oro”. Desde su exitoso debut literario en 2012 con “Palmeras en la nieve”, y con media docena de novelas en su haber, la escritora montisonense, licenciada en Filología Inglesa y afincada en Anciles, en el valle de Benasque, se ha convertido en una de las novelistas más consolidadas de la literatura española actual. “Corazón de oro” es un nuevo peldaño narrativo que viene a confirmar y afianzar esa consagración en su firme y segura carrera literaria.

“Corazón de oro”, que toma su título de una conocida canción de Neil Young, es otra novela larga, de más de quinientas páginas, en la que hay muchos personajes y pasan muchas cosas y muy deprisa. Con un itinerario geográfico preciso y bien documentado, y una recreación histórica impecable, Luz Gabás construye un sólido relato repleto de amor, amistad, viajes, venganzas, luchas violentas y múltiples aventuras. La historia transcurre a mediados del siglo XIX, desde 1849 a 1865, y comienza en el pequeño pueblo ficticio del Pirineo altoaragonés llamado Pasolobino, nombre tomado de una montaña próxima a Cerler y, ya desde “Palmeras en la nieve”, presente en otras novelas de la autora. Allí, el joven Lorién, segundo varón de su familia, tras una muerte accidental de la que es injustamente acusado, debe abandonar el lugar, donde queda su prometida, Marot, con la que estaba a punto de casarse. Lorién, acompañado por el francés Baptiste y su novia Ponciana, cruza la frontera, pasa a Francia y acaba embarcándose, primero en Bayona y luego en Bilbao, en dirección a California, donde ha estallado la llamada “fiebre del oro”, que atrae a gentes de todas partes en busca de un enriquecimiento rápido y aparentemente fácil. Después de atravesar el Atlántico y hacer una escala en La Habana, llega a Nueva Orleans y, remontando el río Misisipi hasta San Luis de Misuri, se enrola, con Baptiste y otros compañeros que ha conocido en el viaje, en una de las muchas caravanas de colonos que se dirigen al lejano oeste. En ese largo viaje, Lorién conocerá Cynthya, una mujer decidida, testaruda y valiente que viaja con su hermano transportando ganado y de la que se enamorará perdidamente. Al final, tras muchas vicisitudes de toda índole, algunos de los principales personajes de la novela se reencontrarán en una localidad, próxima a la cada vez más poblada y tumultuosa San Francisco, llamada San Luis Obispo, en la que la propia Luz Gabás residió un año en su juventud.

Escrita en tercera persona, y con el viaje de Lorién como eje central del relato, “Corazón de oro” es una novela coral, con un buen número de personajes que reflejan con acierto la complejidad y diversidad cultural, racial y social que confluyen en la tierra de promisión californiana en aquellos trepidantes años del siglo XIX. Porque un aspecto muy destacado de la novela es la bien construida y muy documentada –como se pone de manifiesto en la nota de la autora del final del libro– recreación histórica de la época, con sus trepidantes cambios, complejidades y conflictos. Vemos la afluencia de personas de todos los lugares que acuden a California movidas por la fiebre del oro, las luchas con los indios autóctonos de la zona, las disputas entre grupos de procedencias distintas (estadounidenses, chilenos, irlandeses…), los conflictos entre los que se consideran los primeros en llegar y los que llegan más tarde, los cambios legales en los títulos de propiedad de las nuevas tierras colonizadas, la indefinición territorial de California (que pasa en poco tiempo de pertenecer a México a convertirse en un nuevo estado de la Unión), la existencia de la esclavitud y las primeras luchas por abolirla, la ausencia de ley, los linchamientos, el racismo o la exclusión, el rapidísimo crecimiento de ciudades como San Francisco, el inicio de la guerra de Secesión entre el norte y el sur… Podríamos decir que, para cada uno de estos colectivos y elementos diferenciados, encontramos alguno de los personajes de la novela y que, con todo ello, se configura un muy completo y fidedigno mosaico del panorama histórico y geográfico del periodo narrado.  

“Corazón de oro” mezcla en dosis equilibradas muchos y diversos géneros narrativos: el de aventuras, el romántico, el western, el de viajes, la novela histórica… Y es también una novela muy cinematográfica, con evidentes ecos de dos grandes películas (antes novelas) como “Lo que el viento se llevó” y “Gigante”, y de las muchas películas del oeste que algunos vimos en las primeras televisiones de nuestra infancia y que, en muchos casos, han quedado como clásicos del género y del séptimo arte. Luz Gabás las enumera en su nota al final del libro. También la autora se ha documentado sobre la existencia real de más de un centenar de aragoneses que, aunque un siglo más tarde de la época en que transcurre la novela, viajaron al oeste americano para trabajar como pastores de ovejas.

Hay bastantes concomitancias, por el espacio norteamericano común y la lograda recreación histórica, entre “Lejos de Luisiana” y “Corazón de oro”, aunque en la primera tal vez destaque más el componente histórico y en la segunda el literario y novelesco. En cualquier caso, ambas novelas son, en mi opinión, las mejores de la carrera de la escritora altoaragonesa, que ha encontrado en ellas un registro de creación literaria que domina con inspiración y cada vez mayor oficio. Quedamos a la espera de la siguiente entrega.

“Corazón de oro”. Luz Gabás. Editorial Planeta. 2025. 560 páginas


domingo, 2 de noviembre de 2025

"MORIR EN LA ARENA", CRÓNICA GENERACIONAL DE UNA CUBA EMPOBRECIDA Y TRISTE


Leonardo Padura (La Habana, 1955) es actualmente, sin duda, el mejor escritor cubano vivo. Además de libros de relatos, ensayos, artículos periodísticos y guiones de cine, es autor de una quincena de novelas, diez de las cuales están protagonizadas por el policía Mario Conde, convertido luego en vendedor de libros de segunda mano. Además de esta exitosa serie negra, Padura ha firmado novelas tan destacadas como “La novela de mi vida” o la extraordinaria “El hombre que amaba a los perros”, basada en la historia del español Ramón Mercader, el asesino de León Trotski que vivió sus últimos años en La Habana. Ahora acaba de publicar “Morir en la arena”, otra gran novela que lo consolida como el gran cronista contemporáneo de la historia de Cuba. Con setenta años recién cumplidos, el escritor sigue viviendo en el barrio de La Habana en el que nació, aunque sus libros ya no se editen en la isla y sus lectores cubanos tengan que leerlos en ediciones piratas.

A partir de un hecho real (un parricidio ocurrido en una familia cercana a la del escritor), Padura construye un complejo y conflictivo relato familiar, ambientado en una Cuba empobrecida y triste, cuyos habitantes sobreviven a duras penas a las estrecheces económicas: frecuentes apagones, carencia y carestía de alimentos básicos y sueldos y pensiones miserables. La historia arranca en 2023, cuando Eugenio (Geni), con setenta años y por enfermedad terminal, va a salir de la cárcel en la que ha cumplido condena por haber matado a su padre en 1992. El parricida va a retornar a la casa familiar donde, en dos viviendas separadas por un muro, viven respectivamente Rodolfo y Nora, los dos personajes principales de la novela que, por la abundancia de otros personajes, podríamos considerar casi coral. Rodolfo y Nora, ambos ahora sesentones, fueron novios de adolescentes, aunque ella acabó casándose con Geni, con quien tuvo una hija que vive en Estados Unidos. Rodolfo, que acaba de jubilarse, fue abandonado por su mujer y tiene otra hija, Aitana, que emigró a Barcelona donde le ha ido bien la vida y es madre de la joven Karla, independentista y simpatizante de Alianza Catalana. Rodolfo y Nora, como tantos otros cubanos, subsisten gracias a los envíos económicos de sus hijas desde el extranjero. Con la vuelta de Eugenio y la visita de Aitana a la isla, se produce un complejo reencuentro familiar a cuyo desenlace el lector asistirá impaciente.

La novela va alternando capítulos en tercera persona, que siguen a Rodolfo, Nora, Eugenio o Aitana, con otros en primera persona narrados por Raymundo Ferrero, escritor y único amigo, ya desde la infancia, del parricida Geni. Su hijo Humberto es el único personaje exitoso de la novela, un balawabo o santero, que en una Cuba que se desmorona vive con lujos impensables para sus compatriotas: un moderno apartamento, un Audi, estancias en hoteles o cenas en los mejores restaurantes turísticos. El borracho y maltratador Fermín y la pusilánime Lola, padres de Rodolfo y Geni, tienen también su presencia e importancia en la novela.

Pero “Morir en la arena” es también una crónica generacional de los últimos cincuenta años de la historia de Cuba. Así lo ha explicado el propio Padura en un artículo reciente: “Y es que se trata de la historia de una generación que, al llegar a sus años finales viviendo en Cuba, se encuentra en una situación realmente calamitosa, tanto en sentido económico como existencial. Después de tantos años de trabajo, de esfuerzos, de sacrificios, de haber estudiado y trabajado, de haber incluso participado en guerras, pues llegan a un final en el que son más pobres que nunca, más vulnerables, como se suele decir ahora. Porque, además, muchos de ellos, han visto partir a sus hijos y sufren ese desgarramiento que puede complicarse con la soledad. Y mientras, a su alrededor, todo se está desintegrando o ya se desintegró: ellos también forman parte de esa desintegración. Son esas personas que tienen mi edad y que se han jubilado con una pensión de 2000 pesos en un país donde hace falta mucho, mucho más dinero para vivir”.Como la novela triste que es, ‘Morir en la arena’ responde a una exigencia civil que he asumido como escritor. Contar y preservar así la memoria de una época, mi época vital, la de una generación a la que se le prometió el horizonte y, como suele ocurrir con el horizonte, se le alejó, y tanto, que se difuminó. Qué tristeza”.

La novela recorre la triste historia cubana reciente: la intolerante ortodoxia marxista, el miedo a la disidencia, el inmovilismo político incluso tras la caída del muro de Berlín (Geni estaba allí) y de la Unión Soviética, los cubanos que fueron enviados a la guerra de Angola (Padura la cubrió como como periodista y Rodolfo volvió de ella con "el mal de la tristeza culposa"), los balseros y la inmigración a Estados Unidos desde Nicaragua, el desmoronamiento de un falso sueño y la actual miseria imperante. Hay una frase muy ilustrativa de uno de los personajes: "Todo lo que nos contaron sobre el comunismo era mentira y todo lo del capitalismo era verdad". Pero también hay en la novela una búsqueda de la redención y una hermosa historia de amor otoñal. Padura ha escrito otra extraordinaria novela. Tal vez la mejor de su larga y brillante carrera.

“Morir en la arena”. Leonardo Padura. Tusquets Editores. 2025. 384 páginas

domingo, 19 de octubre de 2025

"EL ATAQUE DE LAS CABRAS", ENTRE EL APRENDIZAJE, EL DESENCANTO Y LA FANTASÍA


Laura Chivite (Pamplona, 1995) debutó en la literatura con el libro de relatos “Gente que ríe”, editado por Caballo de Troya en 2022 y ganador del Premio Ojo Crítico de Narrativa. Tres años después, ha publicado en Random House su primera novela, “El ataque de las cabras”, con la que parece consagrarse como una de las voces más brillantes y singulares de la joven literatura española. Chivite estudió Literatura Comparada en la Universidad de Granada y más tarde se especializó en la relación entre literatura y cine. Ha colaborado en publicaciones como “Cuadernos Hispanoamericanos” o en el programa de televisión “Un país para leerlo”. En la actualidad reside en Madrid y compagina la docencia y la escritura.

“El ataque de las cabras” es una novela que escapa a etiquetas literarias definitorias. Tiene mucho de novela de aprendizaje, lo que en inglés se denomina "Coming of age", el proceso de crecer desde la infancia o adolescencia hasta la edad adulta, un período de desarrollo interior, madurez y autodescubrimiento. La narradora se reencuentra casualmente en Madrid en una tarde lluviosa con su tía Lidia, hermana de su madre, en cuyo piso de Pamplona ella vivió diez años antes, cuando tenía dieciséis y cursaba bachillerato en un instituto próximo. Su tía se acababa de divorciar de su pareja femenina y vivía sola con su gato. La joven estudiante admiraba a esa tía “rara” y estaba fascinada por las conversaciones con sus amigas y las historias que le contaba. Esa relación entre tía y sobrina constituye el núcleo narrativo de la novela. Luego la narradora va a estudiar Literatura Comparada a la Universidad de Granada y posteriormente se instala en Madrid y va abandonando los sueños juveniles para adaptarse a la realidad adulta. Desde esa inaugurada madurez ve con otros ojos a su tía, que deja de ser la mujer idealizada en sus años de adolescente.  

Podría pensarse que estamos ante otra novela de autoficción, pero la autora lo desmiente. Solo una parte del personaje es autobiográfica: “Hay fragmentos en los que ni siquiera me cae bien la narradora, la verdad. Y la familia que tiene no se parece en nada a la mía: ni sus padres, ni su abuela, ni nada. Pero luego, en la última parte de la novela, los últimos cinco capítulos sí que son mucho más autobiográficos: ella en Granada, estudiando literaturas comparadas. Todo este mundo tal y como se describe, y también el venir a Madrid. Eso es claramente mi vida. Entonces me gustaba jugar con la autoficción, pero de una manera tramposa, porque era solo a ratos”.

En una audacia narrativa que mezcla lo real con lo absurdo, en la novela se añade a este tronco realista y cotidiano una parte fantasiosa y casi surrealista: las tres fabulas protagonizadas por la insolente y cineasta cabra Juana, que la tía Lidia le cuenta a la joven narradora en tres episodios intercalados en el relato. Son los únicos momentos en los que Lidia tiene voz propia, pues en el resto de la novela siempre la vemos a través de los ojos de su sobrina. En el proceso de maduración que obliga a tomar decisiones, las fabulas terminan con tres opciones que se le ofrecen a la joven para que elija una sola respuesta. Ese ataque de las cabras que da título al libro es explicado por la autora de esta manera: “Luego hay un fragmento en el que la tía Lidia está totalmente desquiciada y muy triste, y fantasea con un montón de cabras arrasando con absolutamente todo, con una destrucción del mundo tal y como lo conocemos. El ataque de las cabras hace referencia a ese momento, a ese anhelo que a veces se tiene de que todo se destruya para poder empezar de nuevo. Para que algo pueda nacer, primero tiene que destruirse tal y como se conocía”.

“El ataque de las cabras” es también un libro de familia –la “rara” familia de la joven narradora sin nombre– y un libro de mujeres, pues prácticamente lo son todos los personajes de la novela: la corajuda abuela Refugio; la madre Irene; la tía Lidia y sus amigas; María, la novia de la narradora; o la sentenciosa Sheila, su profesora de cerámica. El único hombre es el vampírico tío Antonio, al que su sobrina se encuentra en la noche madrileña. Aunque se presente un universo femenino, en cierta medida “queer” o lésbico, no hay en él hostilidad hacia los hombres. Sí hay en la autora una atracción por lo raro y lo fantasioso. Incluso en la parte más realista de la novela. Como en esos momentos en que la tía Lidia, en sus crisis depresivas, tiene poderes paranormales en lo que denomina “telequinesis melancólica”.

La madurez, como sinónimo de desencanto, aceptación o fatalismo se va apoderando de la parte final de la novela: “En el mediodía de un martes de febrero la realidad te golpea con su viejo bastón de apabullante honestidad y te demuestra que sí: que aunque tengas gustos diferentes, y hayas logrado huir de tu ciudad, y te expreses de otro modo, y sepas bailar, eres como tu madre, como tu abuela, como tu bisabuela. O al menos arrastras el mismo dolor que ellas, lo has heredado, y eso es casi lo mismo que ser como ellas”.

Construida con una estructura fragmentaria y sin un orden cronológico lineal, “El ataque de las cabras” está muy bien escrita y muestra las notables dotes literarias de su autora. Con solo dos libros publicados, Laura Chivite  es ya una de las voces más prometedoras de la nueva narrativa hispana. Esperemos que no se cierre en universos literarios limitados y confirme las esperanzas en ella depositadas.  

“El ataque de las cabras”. Laura Chivite. Random House. 2025. 176 páginas

domingo, 5 de octubre de 2025

"MISIÓN EN PARÍS", UNA NUEVA AVENTURA DEL CAPITÁN ALATRISTE

 

Hace casi treinta años, en 1996, con la novela “El capitán Alatriste” se inició una de las sagas narrativas más exitosas de la literatura española. Ahora, catorce años después de “El puente de los asesinos”, Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) ha publicado “Misión en París”, la octava entrega de la serie protagonizada por Diego Alatriste, soldado de los temibles tercios españoles que dominaron Europa, buscavidas y espadachín a sueldo y protector del joven Iñigo Balboa, quien ya de mayor escribió en sus memorias las aventuras de su famoso mentor, compañero de armas de su padre muerto en combate. Sobre el popular personaje hay una película, una serie de televisión, comics, juegos de rol, sellos postales y hasta una ruta cultural por Madrid. Alatriste ha contribuido a dar más fama, si cabe, a su autor: Arturo Pérez-Reverte, periodista y reportero en conflictos armados, miembro de la RAE, autor de cientos de artículos de prensa y de más de una treintena de novelas, es hoy uno de los escritores más destacados y traducidos de nuestra literatura, con ventas millonarias y lectores en todo el mundo.

“Misión en París” transcurre íntegramente en territorio francés, en el siglo XVII, durante el año 1628. A la capital gala llegan desde Madrid don Francisco de Quevedo, escoltado por el soldado Juan Tronera y, desde la fortaleza española de Milán, el capitán Alatriste y su compañero Sebastián Copons. En París los espera el joven Iñigo Balboa, correo real que ha entregado unos despachos secretos a Álvaro de la Marca, conde de Guadalmedina y embajador temporal español en la corte francesa. En ese momento gobiernan Francia el rey Luis XIII y su poderoso ministro el cardenal Richelieu, mientras que en España lo hacen Felipe IV, casi siempre ocupado en actividades cinegéticas, y su influyente valido el Conde Duque de Olivares. “Después de las guerras civiles que por la religión habían agitado Francia, los protestantes de allí, llamados hugonotes, habían conservado territorios cuya obediencia escapaba al monarca francés. Hartos de rebeliones, resueltos a conseguir a toda costa la unidad política y religiosa, el rey y el cardenal habían puesto sitio militar a La Rochela, enclave de la resistencia rebelde, socorrido por una Inglaterra siempre dispuesta a incomodar a Francia como lo hacía con España”. En este contexto, Alatriste y sus amigos deberán llevar a cabo una misteriosa y difícil misión, urdida por la diplomacia española y el Conde Duque de Olivares, y cuya ejecución concreta les será mantenida en secreto hasta el último momento.

El relato va alternado pasajes narrados en primera persona por el joven Iñigo Balboa con otros en tercera persona siguiendo al capitán Alatriste. Quienes hayan leído entregas anteriores encontraran a muchos personajes ya conocidos. El propio Balboa ha cumplido los dieciocho años y desde hace seis meses viste la casaca negra y amarilla de los correos reales del rey de España y hace gala de valentía y discreción. Como ya sabemos, relata las andanzas del capitán Alatriste desde la admiración, el amor y la gratitud. El gran escritor Francisco de Quevedo vuelve a aparecer en funciones de espía y trabajando ahora para el Conde Duque de Olivares, a quien tanto había criticado antes en sus versos. Diego Alatriste tiene ya cuarenta y cinco años muy bregados (“Había matado a una veintena de hombres en duelos y desafíos –unos por dinero y otros gratis–, sin contar los acuchillados o arcabuceados en la guerra”). Es valiente y orgulloso y la lealtad y el honor son su estandarte, pero también se muestra cada vez más sombrío, escéptico y desencantado. Sabe que mientras él y sus compañeros, siempre pagados tarde y mal, exponen su vida por su país, sus superiores cubren sus espaldas y viven en la abundancia. Le acompaña de nuevo su viejo amigo Sebastián Copons, aragonés recio y duro, que cuando Quevedo le muestra la catedral de Notre-Dame de Paris él contesta: “Pues como la iglesia mayor de Huesca ¿no? Sólo que un poco más grande”. Igual de valiente y aguerrido es el cordobés Juan Tronera, otro soldado viejo del tercio hispano. Y también reencontraremos a Angélica de Alquézar, cuya mezcla de encantos y perfidia tiene absolutamente cautivado a Iñigo Balboa.

Como nuevo homenaje a la novelas de aventura y de capa y espada, esta vez Pérez-Reverte ha introducido en “Misión en París” a los famosos Tres Mosqueteros y D’Artagnan de Alejandro Dumas. Incluso en otro guiño a “Los duelistas” de Josep Conrad, Alatriste y Athos van aplazando el desenlace de su desafío inicial. Como en todas las novelas de la serie encontramos un intrigante y entretenido relato de aventuras en un documentado contexto histórico, económico, político, militar y social. La novela opera aquí como una forma de conocimiento de la Historia y de lo humano. Es obvio que Francia emerge como nueva potencia europea y que el imperio español va acentuando sus signos de agotamiento, debilidad y decadencia. Sólo en lo cultural, España permanece en la cima con su glorioso e insuperable Siglo de Oro. Otro aspecto en el que sobresale la novela –que como las anteriores está ilustrada por Joan Mundet–  es la notable recreación del habla coloquial de la época en sus chispeantes diálogos.

Ha dicho Pérez-Reverte que al menos le queda por escribir una nueva entrega de la serie. Esperemos que esta vez no tarde tanto tiempo en ofrecérnosla.

“Misión en París”. Arturo Pérez-Reverte. Alfaguara. 2025. 360 páginas