martes, 19 de febrero de 2008

SENDER EN ÁFRICA

Entre las obras referidas a Sender aparecidas recientemente destaca "El soldado occidental", de Vicente Moga Romero. Se trata de un libro editado en Melilla (1) en el que se sitúa la estancia del escritor altoaragonés en esa ciudad norteafricana durante su servicio militar, entre febrero de 1923 y enero de 1924. Sender tenía entonces 22 años y, aunque había escrito diversos artículos en varias publicaciones, todavía no se había producido su despunte literario, que comenzará en 1930, con su primera y redonda novela "Imán", ambientada en la guerra de Marruecos. Este libro probablemente nunca hubiera sido escrito sin la fermentación que siguió a la experiencia vivida por su autor siete años antes en tierras africanas.

Hay que agradecer a Vicente Moga su interés por la presencia de Sender en Africa y por la huella vital y literaria que esta experiencia - breve pero fructífera - dejó en el escritor de Chalamera. Porque aunque este libro es el más completo estudio de ese periodo de la vida de Sender, Vicente Moga ya había tratado el tema en diversos artículos periodísticos - uno en la tristemente desaparecida revista "Trébede" en el número dedicado al centenario del escritor en 2001 -, y había realizado en Melilla en 1990 la edición de "Cabrerizas Altas", la otra novela senderiana de ambiente marroquí, incluida en 1965 dentro de la extensa "Crónica del Alba". Con "El soldado occidental", Moga culmina un completo trabajo de documentación que permite insertar en una época - los primeros años veinte - y en una ciudad - Melilla y sus aledaños del protectorado español en Marruecos - el periodo del servicio militar de Sender, que literariamente cristalizó en una decena de artículos escritos y publicados en esos meses en el diario melillense "El Telegrama del Rif", tres breves relatos de ambiente africano aparecidos en los años veinte y, más tarde y con más notables resultados literarios, las mencionadas novelas "Imán" y "Cabrerizas Altas".

Del año que Sender pasó en Melilla sabemos las fechas de su llegada y de su partida - aunque sobre la primera hay alguna duda -, las de sus sucesivos ascensos cumpliendo los plazos reglamentarios - cabo, sargento, suboficial -, las de sus artículos en la prensa de la ciudad y algunos nombres de los lugares en los que estuvo. El libro de Moga ofrece una detallada información sobre esos escenarios geográficos - barriadas, campamentos militares, enclaves varios del protectorado - y sobre el momento histórico - militar, social, cultural, urbanístico - de la ciudad de Melilla. Sender llega a la plaza norteafricana dos años después del desastre de Annual, cuando la ciudad va recuperando el pulso tras el tremendo descalabro. La derrota - salvo en la exigencia de responsabilidades militares - no supuso cambios en la mentalidad colonial imperante, ni en la tópica visión del moro como el atrasado, cruel y tornadizo al que hay que dominar y someter "manu militari" en una misión civilizadora a la que España está llamada y a la que no puede ni debe renunciar. No hay discrepancias ni en Melilla ni en la península sobre esas cuestiones; nadie, tampoco los intelectuales, se aparta de la línea oficial. Sender no es una excepción. Al menos antes y durante su estancia en Melilla. La novela "Imán" es posterior, de las vísperas de la II República, cuando el escritor altoaragonés - como buena parte de la sociedad española - había ido evolucionando hacia posiciones más críticas y radicales. Pero, como transcribe Moga en el primer capítulo del libro, el 16 de junio de 1922, en un artículo titulado "Responsabilidades" publicado en "La Tierra", Sender considera al líder rifeño Abdelkrin el único responsable de la debacle de Annual y, en pleno proceso del expediente Picasso, exime de toda culpa a los mandos militares españoles. El escritor se suma así - siete meses antes de su viaje a Melilla - a la fiebre patriótica y al sentir de casi toda la sociedad española.

"El soldado occidental" es, en buena parte, una historia de la Melilla de esos años. "La hija de Marte" - también llamada "la ciudad de cristal" y "la Bilbao del norte de Africa" - vive pendiente, desde la asignación a España de su protectorado norteafricano, de los aconteceres militares y presenta sus luces y sus sombras en fuerte contraste: negocios boyantes y corrupción, riqueza y ostentación junto a la pobreza más escandalosa, bellas avenidas y proyectos urbanísticos y míseras barriadas de chabolas y prostíbulos infectos, afanes de progreso y sucesivas epidemias que exigen vacunaciones y permanente desinfección. Todo ello se observa con detalle en los primeros capítulos del libro, que constituye un paseo, escrito pero también visual - por las numerosas ilustraciones que llenan sus páginas de gran formato -, por las calles, los barrios y los cuarteles de la Melilla de los primeros años veinte. Sender sirvió en el Regimiento de Ceriñola, que tomó su nombre de una victoria de las tropas del Gran Capitán sobre el enemigo francés en la campañas militares de Nápoles en el siglo XVI. El regimiento estaba instalado en el barrio periférico y marginal de Cabrerizas Altas, cuya denominación tiene que ver con las cabras que desde tiempo inmemorial ocupaban sus roquedos. Los recuerdos de ese barrio inspirarán más tarde la novela homónima y aparecen tanto en sus páginas como en las de "Imán". También lo hacen otros lugares de la geografía melillense - descritos en "El soldado occidental" - como el Polígono, Monte Arruit, Rostrogordo, Kandussi, Zoco el Had, Ras Medua y otras posiciones de Yebala y del Rif en los que estuvo Sender en su deambular por el protectorado africano.

Sender escribió tres relatos de trama marroquí en los años veinte: "Una hoguera en la noche" (1923), "Ben Yeb el cobarde" (1925) y "El negro Tcho-Wack" (1926). Los tres se inscriben dentro de una literatura de estética colonial que produjo unos cuantos títulos en aquellos años. Estas novelas cortas son analizadas con cierto detalle por Vicente Moga. "Una hoguera en la noche" fue escrita al parecer en los años adolescentes del autor y luego retocada. Estando el escritor altoaragonés en Melilla, el relato recibió el primer premio del concurso de novela corta de la revista "Lecturas". Sender se lo dedicó a Francisco de las Cuevas, subdirector del diario "El Telegrama del Rif" en el que el soldado aragonés publicará poco después varias colaboraciones. Francisco de las Cuevas era hermano de Enrique de las Cuevas, ingeniero de montes en Huesca y amigo "dilectísimo" de Sender. Sobre él escribió un artículo en el citado diario, titulado "Un apóstol del árbol" por su defensa de la repoblación forestal. "Una hoguera en la noche" narra los amores entre el teniente Ojeda y la mora Dayyeda. Sender modificó de nuevo el relato acentuando sus rasgos orientalistas y su erotismo, y en 1979 lo incluyó en sus novelas zodiacales. Ni en "Ben-Yeb el cobarde" ni en "El negro Tcho-Wack" se observa la crítica a la guerra que encontraremos años después en "Imán" o "Cabrerizas".

El libro de Moga tiene un capítulo dedicado a la prensa melillense de la época y a su principal diario: "El Telegrama del Rif". Fundado en 1903, mantuvo ese nombre hasta 1956, con el significativo subtítulo de "Diario ajeno a la política. Defensor de los intereses de España en Marruecos". Se convirtió después en "El Telegrama de Melilla" hasta su desaparición en 1984. Reapareció en 1992 como "El Telegrama de Melilla del Siglo XXI" y en la actualidad es junto a "Melilla hoy" y "El Faro de Melilla" uno de los tres diarios de la ciudad. Hay en este capítulo apartados dedicados a algunos de los principales personajes vinculados a la citada publicación: su fundador y máximo impulsor Cándido Lobera, el cronista social Francisco Carcaño "Parravichino" y el director en funciones en los años de estancia de Sender, y quien abrió a éste la colaboración en el mismo, Francisco de las Cuevas.

Los diez artículos escritos por el autor aragonés para "El Telegrama del Rif" se reproducen íntegros en los últimos capítulos de "El soldado occidental". Los ocho primeros aparecieron bajo el epígrafe de "Arabescos" y fueron publicados entre el 28 de abril y el 27 de octubre de 1923. Los dos últimos salieron como "Impresiones del carnet de un soldado" los días 17 y 29 de enero de 1924, muy poco antes del regreso del escritor a la península el 31 de enero. Ya habían sido publicados por Ricardo Crespo: en 1982 en "El Telegrama de Melilla" y en 1989 en la revista oscense "Alazet". El propio Moga los había incluido en su edición de "Cabrerizas Altas" de 1990. También aparecen recogidos en el libro "Primeros escritos de Sender (1916-1924)" en edición realizada en 1993 por Jesús Vived Mairal para la colección Larumbe. En el libro que aquí comentamos se transcriben con gran apoyo de notas aclaratorias que los sitúan en el contexto en que fueron escritos. No parece, sin embargo, que Sender les concediera gran importancia, pues cuando redactó su currículo para solicitar el ingreso en el diario "El Sol" incluye prácticamente todo lo publicado hasta entonces, pero no hace referencia alguna a estas colaboraciones melillenses.

Los citados artículos son, en general, estampas más o menos costumbristas de algunos aspectos de la vida en el cuartel, redactados en tono amable y tal vez escritos como mero ejercicio literario (2). Sin embargo, el contenido de dichas colaboraciones ha sorprendido a algunos autores que han situado al Sender de ese periodo en una línea militarista y conservadora (3). Es cierto que un tono crítico hubiera sido arriesgado en pleno servicio militar y se habría salido de la línea africanista del diario en que colaboraba, pero hay que pensar que el escritor que llega a Melilla venía de ser redactor-jefe de "La Tierra", cuyo lema era "Religión, Familia, Patria y Propiedad". Ya hemos visto su opinión sobre el desastre de Annual al principio de este artículo. El autor altoaragonés fue un escritor en constante cambio en su pensamiento político. Así se demuestra en el excelente trabajo "Obra periodística de Sender (1925- 1936)" de José Domingo Dueñas Lorente, publicado en la revista "Alazet" en 1988: Sender pasa del liberal "El Sol" a la anarquista "Solidaridad obrera" y de aquí a publicaciones de tendencia comunista como "La Libertad", "La Lucha", "Octubre" o "Pueblo". Después vinieron la guerra civil y el exilio con nuevos cambios en sus opiniones políticas.

Las novelas "Imán" y "Cabrerizas Altas" son consecuencia de una experiencia africana que dejó en su retina imágenes imborrables, las cuales, a la luz de su nuevo pensamiento político, cristalizan unos años más tarde en dos contundentes alegatos antibelicistas - sobre todo la primera -, cuyos protagonistas, los antihéroes Viance y Alfonso Madrigal, son dos "soldados occidentales" - pobres y verdadera "carne de cañón"- mucho más desamparados y escépticos de lo que lo fue unos años antes su propio creador Ramón J. Sender .

NOTAS:
(1) "El soldado occidental". Vicente Moga Romero. Consejerías de Cultura de Melilla y Ceuta y UNED de Melilla. Melilla. 2004.
(2) En "Crónica del Alba", Sender hace decir a Pepe Garcés que cuando fue a Marruecos encontró allí a Ramón I que "publicaba en 'El Telegrama del Rif ' cosas entre filosóficas y poéticas".
(3) Así lo hace Carlos Seco Serrano en su artículo "Un Sender insólito". El País. Madrid. 2-8-1990.

Carlos Bravo Suárez

2 comentarios:

Elías dijo...

En otros libros de Sender aparece la impronta de Annual. En "el jinete y la yegua nocturna" el protagonista es un jinete del regimiento Alcántara que es dado por muerto y en "La mirada inmóvil" un condeuscoma o trasunto del protagonista es un desertor que se pasa a los moros en Annual.

carlos bravo suarez dijo...

Gracias, Elías, por enriquecer el artículo con tus valiosas e interesantes aportaciones.